miércoles, 16 de abril de 2014

El impasse entre Irán y EEUU: ¿Leve o preocupante?


 
Iván Rojas Álvarez
Hace un par de semanas se generó una controversia entre EEUU y la República Islámica de Irán, debido al nombramiento por parte del gobierno de Teherán de un nuevo Embajador de Irán ante las Naciones Unidas, el cual tomaría su puesto a partir del 25 de julio de este año. Esto generó el rechazo de distintos sectores de la política estadounidense debido a la supuesta participación del funcionario elegido,  Hamid Aboutalebi (1957) sociólogo de formación y diplomático desde hace mas de 25 años, en la Crisis de los Rehenes de la Embajada estadounidense en Teherán (1979-1980). El 1 de abril fue introducido al Senado un proyecto de ley (S.2195) por el republicano Ted Cruz, el cual le daría al Presidente la capacidad de negar visas a individuos conectados con acciones terroristas. Dicho proyecto fue aprobado por consenso el día 7, y posteriormente el día 10 un proyecto idéntico también fue aprobado por unanimidad en la Cámara de Representantes, introducido por el republicano Doug Lamborn. Aunque aún no ha sido confirmado sí el Presidente Obama firmará el proyecto de ley, el Portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, declaró el día 11 que Le hemos informado a las Naciones Unidas y a Irán que no emitiremos una visa al señor Aboutalebi”. Todo esto sin importar que tanto el Dr. Aboutalebi como funcionarios del gobierno iraní e incluso uno de los artífices de la crisis, han negado que estuviera implicado directamente en el asalto a la Embajada estadounidense, y que solo actuó posteriormente como traductor.
Es importante recordar que desde la Crisis de los Rehenes, estos dos Estados no han mantenido relaciones diplomáticas, y lo más cercano a una misiones diplomáticas que tienen cada uno en el territorio del otro son “secciones de interés” que ambos países mantienen dentro de otras embajadas, la de Suiza en Teherán y la de Pakistán en Washington respectivamente. Además, existe una “Embajada virtual” de los EEUU en Irán. Asimismo -y este ha sido un punto álgido dentro de esta situación-, se ha considerado que con esta acción el gobierno estadounidense está violando el “Headquarters Agreement” firmado en 1947 durante la Administración Truman y que fue la vía para establecer en Nueva York la sede de las Naciones Unidas, el cual en su artículo 4, referido a “Comunicaciones y Transito”, establece claramente que el gobierno de EEUU deberá otorgar visas en la brevedad posible y que las relaciones entre el gobierno de EEUU y el gobierno solicitante no deben ser un impedimento para esto.
En el pasado, EEUU ha usualmente permitido que funcionarios diplomáticos de cualquier Estado entren sin ningún problema, indiferentemente de las relaciones que se tuviese con ellos, como Fidel Castro, Robert Mugabe o Mahmoud Ahmadinejad. Sin embargo, si existen casos similares,  como la negativa de visas durante los años 80 a funcionarios iraníes de bajo nivel, debido a su supuesta implicación con el mismo caso de los rehenes, o el reciente caso de Omar al-Bashir, Presidente de Sudán, a quien no se le negó la visa pero se mostro oposición a otorgársela hasta que el Jefe de Estado canceló sus planes de visitar la sede de Naciones Unidas en Nueva York. El precedente más notorio a ésta situación, mucho más delicado que los anteriormente mencionados, fue el del líder de la entonces Organización para Liberación Palestina (OLP), el finado Yasser Arafat, a quien se le impidió presentarse al Cuadragésimo Tercero Período de Sesiones de la Asamblea General en 1988, en el contexto de los intentos de EEUU por desprender a Palestina de su misión observadora, los cuales lograron que se aprobara en su momento una Resolución de la Asamblea General, 148 a favor 2 en contra, rechazando las acciones de EEUU.
En esta oportunidad la reacción ha sido más cauta. Algunos gobiernos como el de Venezuela y Ecuador han denunciado la situación como una irregularidad, mientras otros países no han mostrado posturas firmes ante el caso, como ha sucedido con los gobiernos de la Unión Europea, los cuales aún no se sabe si generarán una posición conjunta sobre el asunto. El lunes 14 de abril, la representación de Irán ante la ONU pidió que la situación se discutiera en el  Comité de Relaciones con el País Huésped, presidida por Chipre e integrada por 19 miembros, la cual se encarga de discutir la seguridad de las misiones acreditadas ante la organización y la de sus funcionarios. Dicha reunión se llevaría a cabo el 22 de abril y en la misma la representación de Irán relataría el estado de la situación, aunque no pedirá al Comité tomar ninguna acción. No obstante, sería válido aclarar que esta instancia no está en capacidad de revertir la decisión del gobierno de Washington, aunque sí podría propiciar el envío de una comunicación con su punto de vista sobre la situación.
Ahora bien, sabiendo lo que ha pasado hasta ahora, lo interesante es entender el por qué de esta situación, y como podría complicar el panorama para las ya de por si tensas relaciones entre ambos gobiernos y las muy delicadas negociaciones nucleares que Estados Unidos en el marco del P5+1 lleva a cabo con Irán. Primeramente hay que entender qué es tan especial sobre la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense de Teherán, para los Estados Unidos significó un golpe tremendo, la mala gestión de la situación, el intento fallido de rescate y la sensación de incapacidad que mostró el gobierno estadounidense ante sus ciudadanos, no en vano muchos analistas consideran que esta coyuntura fue un factor de gran importancia en la derrota electoral de Jimmy Carter en su búsqueda de la reelección en contra del candidato republicano Ronald Reagan, además que durante el período que duraron los funcionarios como rehenes, 444 días para ser precisos, se generó una ola de demostraciones anti-iraníes en EEUU.
Por otra parte, es necesario entender, aunque de ningún modo justificar, el porqué es tan simbólica la posición iraní. Recordemos que la Revolución Islámica se produce debido a un descontento general con las visiones occidentales, tanto la percibida como “liberal” como la marxista, que habían sido tratadas de implantar sin éxito en el país. Es decir, la Revolución Islámica se puede entender como una respuesta puramente interna, nueva y diferente a los retos que le presentaba la modernidad a Irán, e independientemente del éxito que se considere tuvo esa respuesta, esta situación convierte a casi cualquier tema directamente relacionado con el inicio del período revolucionario como un tema importante, difícil de ver objetivamente, más aún considerando que desde el derrocamiento de Mosaddegh en 1953 motorizado por los gobiernos de EEUU y Reino Unido, la percepción general de los iraníes sobre los gobiernos occidentales empeoró considerablemente. Por lo tanto, no es sorpresivo que el gobierno de EEUU aún esté esperando una disculpa formal por parte del gobierno de Irán en relación con la Crisis de los Rehenes.
La Administración Obama se encuentra en una situación muy difícil en relación a esto, ya que el Congreso en pleno ha mostrado su posición respecto a este nombramiento, y le sería muy difícil ir en contra de una posición tan vehemente y mayoritaria, pero no hacerlo le puede costar los avances que ha logrado en las negociaciones nucleares con Irán. Aunque oficiales del gobierno de Teherán han declarado que esta situación no afectará dichas negociaciones nucleares, es inevitable que genere un clima de menos cordialidad y mayor desconfianza entre ambos gobiernos, que muy bien podrían llevar a negociaciones menos fructíferas. Asimismo, este incidente denota una bien definida visión de los congresistas respecto a Irán, en la cual no caben al parecer pragmatismos, cuestión quizás esperable de los sectores más conservadores de ambas cámaras pero no del órgano en pleno, lo cual dificultará a la Administración Obama ya no el cierre de las complejas negociaciones nucleares, sino plantear el siguiente paso: una normalización de relaciones con Irán a mediano plazo. A todo esto hay que sumar las críticas de los aliados estadounidenses en Medio Oriente -Israel y las petromonarquías del Golfo encabezadas por Arabia Saudita-, respecto a las negociaciones nucleares y en general al menor tono de hostilidad que había caracterizado hasta ahora las relaciones bilaterales entre ambos actores desde la elección del Presidente Rouhani.
Con ambos gobiernos atornillados en su posición, uno de negar la visa y el otro de hacer un nombramiento nuevo, y con resistencias dentro y fuera de EEUU, debemos observar con atención en las próximas semanas sí está situación tendrá un impacto mayor en el curso de las negociaciones nucleares o sí sólo implicará un impasse diplomático de corto plazo, lo cual parece hasta ahora muy posible.

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