miércoles, 27 de noviembre de 2013

Irán: La gran apuesta de Obama


Dr. Kenneth Ramírez

Domingo 24 de noviembre. La madrugada ginebrina fue interrumpida por los cancilleres del G-5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania) e Irán para anunciar que habían alcanzado un acuerdo provisional sobre el programa nuclear iraní. El colofón de largas negociaciones y contactos secretos desde la llegada del Presidente reformista Rouhani al Palacio de Sadabad.
Muchos están anunciando el acuerdo como “un avance histórico” hacia “una nueva era”, y en efecto supone un capítulo nuevo e importante, pero aún es pronto para descorchar el champagne. Recordemos el pre-acuerdo de Ginebra de octubre de 2009 que quedó aparcado pocos meses después, o la fallida “Declaración de Teherán” alcanzada en mayo de 2010 por Brasil, Turquía e Irán. Lo alcanzado es un acuerdo temporal sobre algunos aspectos puntuales, ni más ni menos. En palabras del Secretario de Estado, John Kerry: “un buen primer paso”.
El acuerdo de Ginebra no obliga a Irán a cumplir de inmediato con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU –que exigen la suspensión de su programa nuclear y le han impuesto cuatro rondas de sanciones. En cambio, le permite conservar la mitad de sus 200 kgrs de uranio enriquecido al 20%, y rebajar el resto hasta el 5%. También le compromete a no realizar ningún avance en sus instalaciones de Natanz y Fordow, y a no enriquecer más uranio al 5% en los próximos 6 meses -ya dispone de unas seis toneladas-; sin que esto comprometa su derecho a seguir haciéndolo más adelante. Para obtener esto, Irán aceptó proporcionar más información y permitir más inspecciones de la AIEA a todas sus instalaciones -incluyendo el reactor de agua pesada de Arak y la base militar de Parchin. Asimismo, aceptó no instalar ni fabricar más centrifugadoras.
A cambio, Irán verá aliviada su situación económica al poder recuperar parte de sus exportaciones petroleras –han caído en 1 millón de barriles o 40% desde 2011 por las sanciones- y ver desbloqueados algunos fondos retenidos en el exterior. Además, se suspenden las sanciones estadounidenses y europeas a los sectores petroquímico, automovilístico y aeronáutico. A esto debe añadirse el compromiso de no imponer nuevas sanciones en los próximos 6 meses y abrir un canal de comercio para necesidades humanitarias. Según Washington, este levantamiento de sanciones “limitado, temporal y reversible” equivale a 7 millardos de dólares.
En consecuencia, el acuerdo dejó la mayor parte de las sanciones vigentes y, si Teherán lo cumple, evitará que avance más hacia una total capacidad de construir armas nucleares mientras continúan las negociaciones. Pero todavía el asunto no ha concluido. Nada impide que Irán retome más adelante su programa nuclear si en los próximos 6 meses no se llega a un acuerdo “integral”. No obstante, siguen existiendo diferencias entre las partes sobre temas clave como el enriquecimiento; y el Presidente Obama se enfrenta a la dura oposición republicana en el Congreso y de sus grandes aliados en la región (Israel y Arabia Saudita). En otras palabras, aún falta un largo trecho, y podríamos observar tres resultados posibles en 2014:
a) Acuerdo Integral: las partes logran negociar con éxito un acuerdo integral que desmantela todos los aspectos críticos del programa nuclear iraní. A partir de allí, se levantarían las sanciones internacionales. Este sería el mejor resultado para el Presidente Obama que se apuntaría una victoria diplomática contundente, pero resulta poco probable que Irán haga todas estas concesiones.
b) Acuerdo parcial: el acuerdo provisional de 6 meses expira y las partes aceptan extenderlo. Con el tiempo, lo temporal se convierte en permanente. Una variante implica un nuevo acuerdo que apenas iría más allá del provisional. Al aplicarse estrictamente, se impide que Irán obtenga la bomba y se levantan sanciones adicionales, pero Teherán conserva una importante capacidad nuclear latente. Esto recibiría muchas críticas, pero la Casa Blanca lo defendería como un logro.
c) Fracaso: el acuerdo provisional comienza a desmoronarse después de 6 meses o incluso antes, e Irán reanuda con fuerza su programa nuclear. El Presidente Obama tendrá que impulsar más sanciones y considerar seriamente emprender una acción militar costosa, o ver hundida su credibilidad, ya que así como sucedió en Siria sus palabras se le tornarán en contra. Recordemos que siempre ha dicho que un Irán nuclear es “inaceptable”. Los republicanos le acusarán de haber socavado el prestigio y las alianzas de EEUU en Medio Oriente.
Más allá del programa nuclear iraní, el Presidente Obama parece estar apostando por generar una dinámica que le permita mejorar sus relaciones con Teherán y modelar el equilibrio de poder en Medio Oriente, lo cual podría intentar impulsar bien con un acuerdo integral o parcial. Desde la perspectiva del Presidente Obama, los intereses a largo plazo de EEUU se sirven mejor al reintegrar a Irán como potencia regional, expandir sus alianzas para incluirle y evitar que ningún Estado domine Medio Oriente: una suerte de reedición de la política de los “pilares gemelos” vigente hasta la caída del Sha en 1979. Esto además fortalecería teóricamente a los reformistas en Teherán y haría a Irán menos radical en el exterior (por ejemplo, en Líbano, Irak y Siria). Pero todo ello requerirá tranquilizar a Israel y Arabia Saudita que recelan del poder persa en la región; y gestionar la oposición republicana en el Congreso. Tal apuesta puede darle al Presidente Obama un triunfo similar al del Presidente Nixon con China; y llenaría de renovado sentido su errático curso de acción en Siria –que sería visto en retrospectiva como un gambito. Pero Irán, que ya fue la tumba del Presidente Carter, puede ser también la del Presidente Obama si su apuesta termina en un gran fracaso.
@kenopina

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