martes, 4 de febrero de 2014

Geopolítica petrolera cambiante



Dr. Kenneth Ramírez
El pasado 28 de enero, el Presidente Obama dirigió al Congreso estadounidense el Discurso sobre el Estado de la Unión de 2014, donde señaló sin ambages que la “estrategia integral para la energía que anuncié hace unos años está funcionando y, hoy por hoy, EEUU está más cerca de la independencia energética”. En realidad, el Presidente Obama intentó adjudicarse una situación energética que si bien es benigna para EEUU, no se debe totalmente a su política energética. De hecho, su política “Nueva Energía para EEUU” (New Energy for America) ha sido una apuesta por las energía renovables y la eficiencia energética con marcado sesgo anti-petrolero y resultados mixtos.
EEUU ha logrado mejorar sus niveles de autoabastecimiento energético gracias al gran aumento de la producción de hidrocarburos no convencionales a partir de la llamada “revolución de los esquistos” (shale oil); que si bien tiene un costo de producción que oscila entre 70 $/Bl y 90 $/Bl según el yacimiento, han podido desarrollarse gracias a los niveles de precios actuales.
De manera que, el Presidente Obama ha terminado cediendo a la realidad: el petróleo estará aquí por mucho tiempo, y es parte vital del futuro de EEUU y la matriz energética mundial. Esto lo confesó sin decirlo al cambiar el Secretario de Energía en 2013, sustituyendo a un físico proclive a las renovables como Steven Chu, por Ernest Moniz, otro físico cercano a la industria petrolera y nuclear.
Así, un Presidente Obama más pragmático señaló en esta ocasión “las empresas pretenden invertir casi 100 mil millones de dólares en nuevas fábricas que usan gas natural. Eliminaré los impedimentos para ayudar a construirlas (…) Mi administración continuará trabajando con el sector”. La producción de gas natural en EEUU ha aumentado 21% desde 2010 gracias a yacimientos de gas de esquistos como Marcellus, haciendo que los precios bajen y la economía reciba oxígeno. Las importaciones de gas han disminuido en 23% respecto a 2010.
Aunque el Presidente Obama no lo mencionó, la producción petrolera de EEUU también ha aumentado considerablemente gracias a yacimientos de petróleo de esquistos como Bakken y Eagle Ford -alcanzando niveles similares a 1989. Por primera vez en 25 años, la producción petrolera en EEUU superó las importaciones en 2013, las cuales han disminuido en casi 15% desde 2010. Según las proyecciones, EEUU podría elevar su producción hasta 8,5 millones de barriles diarios (MMBD) en 2014 y 9,6 MMBD en 2015, niveles que no se han visto desde 1970 cuando alcanzó su pico de producción.
Aún así el Presidente Obama intentó tranquilizar su conciencia al señalar que aumentó la producción de energías renovables y disminuyeron las emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, coloquemos las cosas en contexto: En 2014 sólo 13% de la energía eléctrica en EEUU tiene un origen renovable.
Todo esto se traduce en una mayor seguridad energética para EEUU y en una posición de fortaleza en el ámbito geopolítico. Por ello, en el apartado de política exterior de su discurso, el Presidente Obama se comprometió con alcanzar un acuerdo nuclear con Irán este año que podría derivar en una ampliación de su sistema de alianzas en el Medio Oriente y permitiría un regreso del petróleo persa a los mercados, lo cual ha causado malestar en Arabia Saudita -aliado petrolero tradicional de EEUU y mayor productor de la OPEP. Además, el Presidente Obama señaló que seguirá utilizando la diplomacia en Siria y culminará la retirada de tropas de Afganistán en 2014.
En definitiva, reiteró su voluntad de disminuir la implicación estratégica directa de EEUU en el Medio Oriente -donde ha gastado cuantiosos recursos en una larga década de guerras y del cual dependerá menos energéticamente en el mediano plazo.
También reafirmó su compromiso con el “pivote” al Pacífico, región donde el ascenso de China plantea un gran reto geopolítico para EEUU en las próximas décadas.
Todo lo señalado implica que la demanda petrolera se concentrará en China, hacia donde se dirigirá el interés de los productores de Medio Oriente. También que EEUU tendrá mayor margen de maniobra respecto a estos últimos al menos por una década –momento en el cual su producción de esquistos declinará.
Por su parte, China tendrá un abanico de alternativas de suministro, desde Rusia, Asia Central y Medio Oriente hasta África y América del Sur.
De hecho, el Informe Mensual del Mercado Petrolero de la OPEP de enero de 2014, señala que la demanda petrolera mundial aumentará en +0,9 MMBD este año para ubicarse en 90,91 MMBD, con 38% de este crecimiento en China. Empero, el informe agrega que el espacio para el crudo OPEP en 2014 disminuirá en -0,4 MMBD para ubicarse en 29,6 MMBD. Esto último se debe al aumento de la producción en países No-OPEP, y sobre todo como vimos en EEUU.
Además, el informe agrega que China desplazará a EEUU como primer importador petrolero mundial a finales de 2014 –puesto que ocupa desde hace cuarenta años. China importó 5,74 MMBD en noviembre de 2013 e importará 6,04 MMBD a finales de 2014, mientras las importaciones de EEUU se ubicaron en 7,35 MMBD en diciembre de 2013 y caerán hasta los 6 MMBD a finales de 2014.
Como respuesta a este cambio de tendencia, China -que ya tiene una relación energética importante con Irán- está buscando estrechar vínculos con Arabia Saudita, y lo mismo empieza a considerarse en Riad donde ya se habla de una “Nueva Ruta de la Seda”. Sin duda, la revolución de esquistos en EEUU empieza a generar impacto en el mercado petrolero y reacomodos de alianzas.
Venezuela debe tomar nota de todo esto. PDVSA se ha planteado mantener a largo plazo el nivel de exportaciones actuales a EEUU –esto es 0,8 MMBD- y elevarlas a China desde 0,64 MMBD en 2012 hasta 1 MMBD en 2015 -transformándose en nuestro principal cliente- y 2 MMBD en la década de 2020, a partir del desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco. Más allá de las dudas sobre la capacidad de PDVSA para concretar estas metas, lo primero que salta a la vista es que no hay espacio en el mercado mundial para más producción venezolana sin afectar la cohesión de la OPEP y la estabilidad de los precios –ya en riesgo por la rivalidad entre Irán y Arabia Saudita. En segundo lugar, también resulta evidente que nuestros propios socios OPEP –con la geografía a su favor- buscarán satisfacer la demanda china. A la luz de todo esto, se requiere una profunda revisión del Plan Siembra Petrolera.
Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

Brasil: ¿potencia ambiental?



José Miguel De Sousa Costa

Brasil se enfrenta a un dilema constante. Por un lado, es uno de los países que más destaca en el continente suramericano, teniendo el reto de convertirse en una gran potencia ambiental gracias a la biodiversidad de su inmenso territorio, poseedor del 30% de los bosques del planeta y numerosos recursos naturales. Por otro lado, el país está experimentando un gran desarrollo económico que le ha permitido desplazar al Reino Unido como quinta economía mundial, y lo ha convertido en una de las potencias económicas emergentes capaces de transformar, junto a China e India, el orden mundial.
La gran extensión territorial de Brasil comprende diferentes ecosistemas, como la Amazonia, reconocida por albergar la mayor diversidad biológica en el Mundo, que sustenta una gran biodiversidad, por lo cual Brasil es clasificado como un país mega diverso. La mega diversidad brasileña es notable en su áreas de 8,5 millones de kms², sus variadas zonas climáticas y seis biomas: La Amazonia, el Cerrado, el Pantanal, las Pampas, la Mata Atlántica y la Caatinga.
La diversidad de fauna y flora brasileña es reconocida mundialmente, ya que 20% del número total de especies del planeta se encuentran en estos biomas. La vida silvestre de Brasil refleja la variedad de hábitats naturales. Se estima que el número total de especies vegetales y animales en Brasil es de aproximadamente cuatro millones.
El patrimonio natural de Brasil, al igual que el de otros países del Mundo, está seriamente amenazado por la ganadería, la agricultura, la explotación forestal, la minería, el reasentamiento, la extracción de petróleo y gas natural, la pesca excesiva, el comercio de especies salvajes, las presas e infraestructura, la contaminación del agua, y el Cambio Climático. En muchas áreas del país, el ambiente natural está amenazado por el desarrollo urbano. La construcción de carreteras en medio de la vegetación, tales como la BR-230 y la BR-163, abrieron áreas anteriormente aisladas a la agricultura y al comercio; las presas inundaron valles y hábitats salvajes y las minas crearon cicatrices en la superficie terrestre que alteraron el paisaje.
El gobierno brasileño ha impulsado ciertos mecanismos y acciones por medio del Ministerio del Medio Ambiente para atacar los problemas anteriormente mencionados. Entre algunas de dichas acciones destacan el cuidado del agua, establecimiento de áreas protegidas y la biodiversidad, impulso de ciudades sustentables, cuidado de bosques, educación ambiental, etc.
Sin embargo, la política ambiental gubernamental no ha sido suficiente, ya que el problema ambiental anteriormente descrito aun es de considerable magnitud, y es en gran medida causado por la falta de educación y por otras acciones impulsadas por el propio gobierno. En consecuencia, el problema ambiental debe ser tratado con mayor énfasis, interés y coherencia por parte del gobierno y la sociedad brasileña, quienes parecen estar demasiado centrados en el desarrollo económico nacional.
Por otra parte, el gobierno brasileño ha intentado posicionarse a nivel multilateral como una potencia ambiental, y en este sentido albergó la Cumbre Rio+20 en 2012, que no logró el éxito de la Cumbre de la Tierra hace dos décadas.
Ahora bien, ¿los gobiernos de Lula Da Silva y Dilma Rousseff han cumplido con los acuerdos o los planteamientos acordados en la Cumbre Rio+20? En Brasil, según afirmó la Presidenta Rousseff, en su discurso de apertura de la Cumbre, el 45% de la energía utilizada proviene de fuentes renovables. Principalmente las hidroeléctricas -consideradas por la comunidad ambientalista como una fuente de energía no verde-, el etanol para los automóviles y el uso del carbón vegetal en la siderurgia.
Además, es importante resaltar el tema de las represas, ya que, si por un lado se ha logrado reducir radicalmente en los últimos años la deforestación de la selva amazónica y potenciado las renovables, por el otro, el país no duda en impulsar para desarrollarse masivos proyectos de infraestructura, que incluyen hidroeléctricas y carreteras en la Amazonia los cuales causan un impacto enorme al ambiente.
El gobierno brasileño ha permitido en los últimos años la creación de nuevas plantas hidroeléctricas en zonas vírgenes del Amazonas a costa de causar daños al medioambiente y las poblaciones indígenas, alegando la creciente necesidad energética del país. De esta forma se ha acelerado la construcción de las presas del Santo Antonio y Jirau en el río Madeira en 2009 y la de Belo Monte en el río Xingu en 2011. Además, en enero de 2012, el gobierno decidió reducir la extensión de ocho áreas protegidas de la región de Tapajos para construir más represas.
Estos datos son corroborados por Philip M. Fearnside, profesor del Instituto Nacional para Investigación del Amazonas (INPA) en Manaus, que afirma que los planes de expansión energética de Brasil entre 2011 y 2020 contemplan la construcción de 48 presas adicionales, 30 de ellas en el Amazonas.
Una de esas grandes construcciones es la presa de Belo Monte, un proyecto polémico que ha estado a punto de ser paralizado en numerosas ocasiones. Los planes originarios datan de la época de la dictadura en los años 70, fueron retomados en los 90 y, tras largas discusiones y una gran oposición internacional y nacional, encabezada por personajes como Sting y James Cameron. Empero, parece que va a salir adelante tomando en cuenta que los trabajos de la obra colosal ya marchan a toda máquina, lo cual cambiará la vida de la comunidad indígena del río Xingú, formada por unas 2.000 personas.
Según datos de la ONG Amazon Watch, para llevar a cabo las obras de Belo Monte, el 80% del curso del río Xingú será desviado de su cauce original, lo que podrá causar una sequía permanente en varias áreas y afectará directamente a los territorios de Paquiçamba y Arara, y a los pueblos indígenas de Juruna y Arara. Según esta organización, se excavarán dos grandes canales de 500 mts de ancho y 75 kms de largo, se moverá más tierra de la que fue necesario eliminar para construir el Canal de Panamá, y los dos depósitos de agua y canales de la presa inundarán un total de 668 kms², 400 de los cuales son de selva. La inundación forzará la evacuación de 20.000 personas de sus hogares. Además se espera que la presa atraiga a unas 100.000 personas al área donde se construye, modificando la zona y el ecosistema donde se ubica.
Evidentemente no son los niveles en los que debería estar Brasil a estas alturas con respecto al desarrollo sustentable, reducción de niveles de contaminación y altos niveles de pobreza; basta con ver en una de las ciudades más importantes de Brasil, Sao Paulo, el nivel de contaminación del aire por el uso de combustibles convencionales y poca presencia de planes de reciclaje. Entonces entendemos que el gobierno brasileño ubica en primer lugar el desarrollo económico del país, sin tomar en cuenta los problemas ambientales que le causa a la presente y futuras generaciones de brasileños.
Además, la deforestación en Brasil representa un problema importante. Los cambios en el Código Forestal habrían supuesto una grave amenaza a la Amazonia. Aunque en los últimos años Brasil ha reducido sensiblemente la deforestación, que alcanzó en 2011 una cifra récord a la baja -de 2004 a 2009 la reducción acumulada fue de un 53%, según el balance del gobierno-, la introducción de los cambios propuestos inicialmente en el Código Forestal por parte del Congreso hubiera supuesto una grave amenaza para importantes áreas del Amazonas, estimada según el Instituto gubernamental para la Investigación Económica Aplicada (IPEA) en la destrucción de 47 millones de hectáreas de ecosistemas naturales en los años venideros.
En este sentido los ambientalistas lograron reunir casi dos millones de firmas para detener el proyecto, la Presidenta Rousseff vetó algunos de los puntos más polémicos, pero la decisión firme no ha sido alcanzada aún. "El voto del Gobierno en los cambios del Código Forestal arroja una sombra oscura a la reputación de Brasil como líder global en la lucha contra la deforestación y el Cambio Climático", expresa Paulo Adario, director de la campaña de Amazonia en Greenpeace Brasil.
A todo este cuadro preocupante, se suma los descubrimientos de petróleo en las áreas pre-sal en 2007, que se ubican en áreas marinas del Atlántico Sur. Brasil aspira a convertirse en un gran exportador petrolero apalancado en estas reservas, pero para su explotación se requieren operaciones con un alto nivel de riesgo de derrames debido a la profundidad, lo cual puede afectar considerablemente los ecosistemas marinos. De hecho, en noviembre de 2011, las empresas Chevron y Transocean provocaron un derrame en uno de sus pozos exploratorios en el campo de Frade frente a las costas de Rio de Janeiro, con un vertido total de alrededor de 3 mil barriles.

Marina Silva, Ex–Ministra de Medio Ambiente del Ex-Presidente Lula entre 2003 y 2008, compitió en las elecciones presidenciales de 2010 con el Partido Verde, ya que consideró que el ecologismo constituía una bandera abandonada en el camino por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). Aunque no pasó a la segunda vuelta, obtuvo un impresionante 19,3% de los votos, por lo cual se transformó en un actor político destacado. Recientemente, ha decidido formar coalición con el Partido Socialista Brasileño (PSB) y apoyar como candidato presidencial al Gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, para las elecciones de octubre de 2014. En este sentido, Marina Silva ha buscado construir una tercera vía entre el PT y la oposición liderada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) para las próximas elecciones, siendo central propuestas ambientalistas en la oferta electoral como el Plan Amazonia Sustentable (PAS). Este plan contempla apoyar la conservación y expansión de las áreas forestales protegidas, la conservación de los recursos naturales del bioma amazónico ante problemas como la deforestación amazónica, la construcción de centrales hidroeléctricas y la reanudación de obras para nuevas centrales nucleares, algo inaceptable en su opinión para la protección del ambiente.

Brasil no es ni un héroe ni un villano en materia ambiental, pero tiene grandes contradicciones que resolver si desea proyectarse como una potencia emergente ambientalmente responsable.

viernes, 17 de enero de 2014

El fin del experimento democrático en Egipto


Dr. Kenneth Ramírez
Los egipcios se han dirigido a las urnas esta semana para votar una nueva constitución -la segunda en poco más de un año-, la cual pretende legitimar el golpe de Estado del 3 de julio de 2013 contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes.
En el referéndum constitucional de 2012 se produjo una participación de 33% del padrón electoral, con una votación a favor del “Sí” de 64%; mientras en el referéndum constitucional de 2014, las cifras que se han adelantado a través de los medios de comunicación oficiales apuntan a una participación de 37%, con más del 90% de los votos a favor del “Sí”. En consecuencia, los resultados de este referéndum constitucional de 2014 llaman mucho la atención, ya que con una participación ligeramente superior al anterior –a pesar del llamamiento al boicot de los Hermanos Musulmanes-, se está hablando de un altísimo porcentaje a favor del “Sí”, lo cual recuerda las elecciones fraudulentas de los tiempos de Mubarak -quien casi siempre obtenía 90% o más de los votos. De manera que, la nueva Constitución nace bajo el signo de la sospecha y la exclusión, proporcionando un aval limitado al golpe de Estado de 2013.
Así parece cerrarse, al menos por ahora, el primer experimento democrático en la historia del país del Nilo. Recordemos que las masivas protestas de los egipcios desde la Plaza Tahrir -con ayuda de la presión externa sobre el Ejército- lograron la caída del dictador Mubarak en 2011, para luego volver a propiciar el derrocamiento del Presidente Morsi electo democráticamente en 2013. Esto último, con la ayuda del Ejército y los jueces -miembros del “Estado Profundo”-, los cuales esperaron el momento propicio para retomar el poder.
El problema en resumen, fue que la celebración de elecciones democráticas en Egipto no llevó a un demócrata al poder. Mohamed Morsi en particular y los Hermanos Musulmanes en general, fallaron las pruebas más básicas de la apertura y diálogo, y más preocupante aún fueron sus ataques al Estado de Derecho y al laicismo. Todo lo cual aunado a la incompetencia para luchar contra la crisis económica e incapacidad para alcanzar acuerdos con el Ejército, reactivaron las protestas en la Plaza Tahrir y desembocaron en un nuevo golpe.
Muchos aplaudirán la nueva Constitución de Egipto por la retirada del islamismo. Recordemos que la Constitución de 2012 impulsada por Morsi consagraba la jurisprudencia de la Sharia como fuente de derecho y otorgaba a la institución teológica Al Azhar la potestad de interpretarla, lo cual generó preocupación y descontento. Pero lo que la Constitución de 2014 le falta de islamista, le sobra en nuevos instrumentos para apoyar el regreso de la dictadura militar.
Hoy por hoy, el General Abdel Fatah al-Sissi –líder militar del golpe contra Morsi- se ha convertido en el nuevo hombre fuerte de Egipto, y parece estar sopesando presentarse a las elecciones presidenciales que se celebrarán en breve con la imagen de un “nuevo Nasser”. Su voluntad y los intereses del Ejército están detrás de la nueva Constitución que limita las protestas pacíficas, la disidencia y el activismo político. A partir de ahora, el Ministro de la Defensa y el presupuesto militar serán responsabilidad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, escapando de cualquier control parlamentario. Esto por no hablar, del amplio margen que tendrán los tribunales militares para enjuiciar a civiles, la imposibilidad de formar partidos políticos de base religiosa y de recibir fondos externos.
El Ejército se ha esforzado en fortalecer la sensación de orden, reprimiendo las protestas –lo cual ha llegado incluso al allanamiento de universidades-, y criminalizando a los Hermanos Musulmanes como terroristas, siendo ahora nuevamente como en los tiempos de Mubarak los culpables de todos los males de Egipto. Sin embargo, todo esto, resulta una afrenta para aquellos que están cansados ​​de vivir bajo el yugo de la opresión militar y han aprendido el valor de la protesta. Asimismo, resulta muy peligroso, ya que los Hermanos Musulmanes como organización disciplinada con gran penetración social y pericia en la resistencia contra la dictadura, podrían radicalizarse y generar una espiral de violencia en un Medio Oriente convulso.
Por el momento, muchos egipcios han decidido que vale la pena echar por la borda sus libertades a cambio de la estabilidad y laicismo que promete la nueva Constitución. EEUU y Europa parecen mirar hacia otro lado, mientras las petro-monarquías del Golfo y Bashar al-Assad desde Siria -por paradójico que parezca- aplauden el nuevo orden egipcio. Turquía como aliado de los Hermanos Musulmanes ha quedado aislada, tras la abdicación del Emir de Qatar.
¿Será el Egipto de Sissi más estable que el Egipto de Mubarak? En el largo plazo no parece que sea así. Los ingredientes que generaron la Primavera Egipcia en 2011 -detención arbitraria, estancamiento económico, alto desempleo y la corrupción- permanecen. Y los Hermanos Musulmanes y demás islamistas descontentos no se quedarán de brazos cruzados. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2014 es 1956. Entonces, ¿qué debe hacer la Comunidad Internacional? La respuesta parece clara: impulsar una reconciliación nacional y redoblar su apoyo a liberales e islamistas moderados que lideraron la Plaza Tahrir.
La cancillería venezolana debe tomar nota de esto y diseñar una estrategia coherente, evitando seguir dando bandazos respecto a Egipto como lo ha hecho desde 2011, bien por razones del debate político doméstico como por una política exterior anti-estadounidense automática e irreflexiva.
Recordemos que el finado Presidente Chávez y el otrora Canciller Maduro recibieron la caída de Mubarak con simpatía inicial al ser un aliado de EEUU; pero luego la calificaron de “golpe de Estado” y optaron por el recelo, cuando analistas políticos empezaron a establecer comparaciones entre la situación política de ambos países. La llegada de Morsi al poder fue percibida con cierta cautela por su apoyo a los rebeldes sirios contra Assad, pero luego la cancillería venezolana empezó a percibirlo con cierto interés cuando estrechó vínculos con Irán y lucía más autónomo frente a EEUU. Finalmente, las nuevas comparaciones que quisieron establecerse entre ambos países a raíz del golpe contra Morsi en 2013, llevaron al ya Presidente Maduro a retirar a nuestro Embajador Victor Carazo; para meses después pasar a designar como nuevo Embajador venezolano a Juan Antonio Hernández y manifestar su voluntad de estrechar las relaciones bilaterales, cuando afloraron diferencias entre el nuevo gobierno egipcio tutelado por el Ejército y EEUU por la dura represión de los Hermanos Musulmanes, y cuando se produjo un nuevo acercamiento entre El Cairo y Damasco. En definitiva, una política errática que debe corregirse.
@kenopina

jueves, 12 de diciembre de 2013

Panorama retador para la OPEP


Dr. Kenneth Ramírez
El pasado miércoles 4 de diciembre, el edificio blanco de estrechas ventanas que alberga la sede de la OPEP en la Helferstorferstrasse 17 del Distrito 1 de la ciudad de Viena, volvió a convertirse en centro de la atención mundial al albergar la 164° Reunión de Ministros del grupo. La OPEP aprobó mantener por cuarta vez consecutiva el techo de producción conjunto en 30 millones de barriles diarios (MMBD). Sin embargo, bajo este aparente clima apacible, fue discutido el complicado panorama que se plantea para la OPEP en 2014 y los próximos años.
 
El grupo encara un peligroso coctel de débil demanda petrolera mundial, revolución de esquistos en América del Norte, creciente oferta petrolera en otros Estados No-OPEP y dentro de la propia OPEP, debilitamiento de la cohesión del grupo producto de la rivalidad entre Riad y Teherán, todo ello junto al  rol de Arabia Saudita como productor de equilibrio o en lenguaje coloquial “el que pone lo que falta” (swing producer).
 
De hecho, el informe de pronóstico petrolero mundial publicado por la OPEP a principios de noviembre, señala que la demanda del crudo OPEP permanecerá invariable hasta 2020, considerando un crecimiento económico mundial en torno a 3,8% y un crecimiento de la economía china en torno a 8% para los años que restan de la presente década; lo cual es optimista al comparase con los pronósticos de otras agencias, que ya hablan de una desaceleración de China. Es decir, la demanda de crudo OPEP más allá de permanecer estable, podría reducirse en lo que resta de década. Dos premisas básicas para 2014, será una demanda petrolera mundial que aumentará solamente en +1,1 MMBD, e inventarios que cerrarán a finales de este año en aproximadamente +0,3 MMBD.
 
Por otra parte, la producción petrolera No-OPEP aumentará en 2014 en +1,8 MMBD, debido a EEUU y Canadá. La producción petrolera de EEUU ascendió a 7,7 MMBD en octubre de 2013 –su nivel más alto desde 1990-, de los cuales 2,6 MMBD fue petróleo de esquistos. Esto ha llevado a las importaciones petroleras de EEUU a descender desde 12 MMBD en 2007 hasta 7,6 MMBD en octubre –es decir, por primera vez en dos décadas EEUU produce más de lo que importa. Debido a esto, China desplazará a EEUU como primer importador de petróleo mundial en 2014. Además, el informe de pronóstico de la OPEP, señala que la producción de esquistos de América del Norte aumentará desde 2,5 MMBD en 2012 hasta 4,7 MMBD en 2020 para luego disminuir hasta 2,7 MMBD en 2035.
 
Además, debemos tomar en cuenta los pronósticos de mayor oferta en México y Brasil. México acaba de aprobar una Reforma Energética de corte neoliberal –mucho más amplia y aperturista a la inversión extranjera que la presentada por el Presidente Peña Nieto al Congreso-, con lo cual se espera que México aumente su producción desde 2,5 MMBD en la actualidad hasta alrededor de 3,5-4 MMBD en 2025. En el caso brasileño, la producción ha caído sorpresivamente en 2013 reflejando la creciente utilización de PETROBRAS por el gobierno brasileño para objetivos distintos a los petroleros, así como la complejidad de producir en aguas profundas, aumentará en los próximos años. El plan de negocios de PETROBRAS espera elevarla desde 2,4 MMBD en 2012 hasta 3,4 MMBD en 2017, apalancada en las áreas pre-sal.
 
Todo esto implica una reducción del espacio de mercado para la OPEP en aproximadamente -1 MMBD en 2014, ubicándose en aproximadamente 29 MMBD a partir del próximo año y hasta 2020. No obstante, los pronósticos apuntan a un crecimiento de la oferta del crudo OPEP en aproximadamente +1,5 MMBD en 2014, en medio de problemas de cohesión interna del grupo. Libia en 2013 ha experimentado la toma de sus terminales petroleros por milicias, lo cual ha llevado su producción a sólo 0,55 MMBD y ha reducido sus exportaciones a niveles ínfimos. Empero, con apoyo externo, el gobierno libio intenta formar nuevas fuerzas de seguridad para fortalecer su control sobre las instalaciones petroleras, por lo cual es probable que su producción aumente en +0,5 MMBD en 2014, intentando volver paulatinamente a los niveles de 1,6 MMBD que tenía antes de la guerra civil de 2011.
 
El reciente acuerdo provisional del G-5+1 con Irán permitirá a las aseguradoras europeas respaldar sus embarques, permitiendo a Teherán llevar sus exportaciones a niveles promedio de 2012, lo que implica un aumento entre +0,3 MMBD y +0,5 MMBD en los próximos meses. Si un acuerdo definitivo toma forma y las sanciones son levantadas en 2014, Irán podría recuperar paulatinamente sus niveles de producción y exportaciones pre-sanciones. Así, el Ministro de Petróleo iraní Zanganeh anunció a sus socios OPEP su firme propósito de llevar su producción hasta 4 MMBD –actualmente produce 2,7 MMBD niveles similares a 1990- a partir de 2014: “aunque el precio llegue a 20 $/Bl, es nuestro derecho” sentenció amenazante. Aunque Irán alcance un acuerdo definitivo bien sabe que no podrá recuperar esos niveles inmediatamente, lo cual ha reconocido en el borrador del presupuesto 2014; sin embargo, ya ha dejado claro su intención. Con un acuerdo definitivo en 2014, Irán podría elevar su producción en los siguientes seis meses hasta 3,5 MMBD, pero le tomará más tiempo alcanzar 4 MMBD.
 
Arabia Saudita ha cubierto el vacío dejado por Libia e Irán en los últimos años, y le será más digerible reducir producción para hacerle espacio al primero. En Riad sentó mal el acuerdo con Irán, ya que fortalece indirectamente la proyección geopolítica persa en Medio Oriente. Hacerle espacio a Teherán, significa para Riad darle más dinero para apoyar a Assad en Siria y el resto de sus aliados.
 
Por su parte, Irak podría aumentar en +0,5 MMBD su producción hasta alcanzar 3,5 MMBD en 2014, aunque el Ministro de Petróleo iraquí Luaibi anunció su propósito en la OPEP de alcanzar la meta de 4 MMBD y no ha aceptado regresar al sistema de cuotas. Irak ha desplazado a Irán como segundo productor OPEP, y las agencias esperan que alcance 6 MMBD para 2020. Esto implica un desafío para Irán que no quiere verse relegado. Sin embargo, las cuestiones para Irak siguen siendo la seguridad –este año fue el más violento desde 2008-, los déficits de infraestructura –sobre todo de terminales- que han llevado a las empresas a cortar entre 2,35 y 2,65 MMBD las metas de producción para los principales yacimientos, los problemas político-burocráticos que han impedido aprobar una ley de hidrocarburos y han generado desencuentros con el gobierno provincial del Kurdistán que desea explotar sus reservas por su cuenta.
 
En consecuencia, Arabia Saudita debe decidir si asumirá como swing producer recortes de aproximadamente -2 MMBD para defender el precio objetivo OPEP de 100 $/Bl a costa de su participación de mercado; o dejará caer el precio hasta el piso de 85-90 $/Bl marcado por el costo de producción de los esquistos para afectar indirectamente a Irán; o buscará negociar un complicado acuerdo colectivo en la próxima reunión OPEP en junio de 2014. Riad que ha inyectado más de 130 millardos de dólares a su economía en 2013 para contener cualquier revuelta, necesita un precio de 70 $/Bl para lograr equilibrio fiscal. Además, posee reservas de 700 millardos de dólares, lo cual le permitiría soportar precios más bajos.
 
Para Venezuela, todo esto implica que no existe espacio en el mercado para el plan de expansión de la Faja Petrolífera del Orinoco que llevaría nuestra producción hasta 4 MMBD en 2015 y 6 MMBD en 2019, más allá de las dudas sobre la capacidad de ejecución de PDVSA. Asimismo, apunta a que debemos prepararnos para vivir con menores ingresos petroleros bien por posibles recortes OPEP o por la reducción del precio apuntando al piso de 85-90 $/Bl en los años que restan de la presente década.

@kenopina

La negociación con Guyana


 

Embajador (r) Sadio Garavini di Turno


En el comunicado conjunto que firmaron en Trinidad los cancilleres Jaua y Rodriguez, el pasado 17 de octubre, después del incidente en el cual el buque Teknic Perdana fue apresado por la Armada venezolana en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco, se menciona el inicio de unas “negociaciones técnicas” entre Venezuela y Guyana. Al respecto es necesario subrayar lo siguiente:
 
Tomando en cuenta que Guyana  ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas, entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. Por tanto al oeste de Punta Playa no hay nada que negociar, sólo hay que patrullar. Sin embargo, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en “su” fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, único marco jurídico vigente entre las partes, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado “lobby” en la ONU y en la comunidad internacional, particularmente en el Caribe.  También hay que reiterar que, de acuerdo al artículo 5 del Acuerdo de Ginebra, Venezuela desconocerá toda actuación de transnacionales  en áreas terrestres, marinas y submarinas en la zona en reclamación.
 
La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del delta del Orinoco son dos temas distintos pero íntimamente relacionados. Hay que  exigir que las negociaciones  deben darse en un ambiente de transparencia, los nombres de los negociadores por Venezuela deben ser conocidos y deberían ser escogidos entre los expertos en la materia.
 
Guyana buscará negociar una línea de delimitación marítima, dejando de lado la negociación sobre la zona en reclamación y aunque teóricamente no sería imposible delimitar, reservando nuestros derechos sobre la zona en reclamación, en la práctica entregaríamos uno de los pocos mecanismos de presión que Venezuela tiene sobre Guyana para que negocie un arreglo práctico a la controversia, porque una vez logrado un acuerdo sobre una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre el estado Delta Amacuro y la Zona en Reclamación, aunque nos reservemos los derechos sobre la misma, Guyana se sentiría en libertad de reiniciar el otorgamiento de concesiones a transnacionales sobre la base de la delimitación acordada con Venezuela. Por tanto, obviamente, se haría mucho más difícil encontrar un arreglo práctico a la controversia.
 
Publicado originalmente en El Universal

Posconflicto y "refundación" del Estado en Colombia



Dr. Gustavo Palomares Lerma

La aplicación de los acuerdos de paz en un escenario de posconflicto en Colombia debe suponer una verdadera refundación del Estado y, por ende, de algunas de sus políticas públicas estratégicas para que este paso histórico cumpla el papel transformador en la sociedad colombiana que impida un “cierre en falso” del proceso de superación histórico de la violencia.
 
El éxito o fracaso en estas políticas transformadoras del Estado dependerá, en buena medida, de la capacidad para fortalecer la estructura territorial en una dinámica decidida descentralizadora y federalizante. La exigencia histórica de un nuevo “pacto” regional —mejor, federal—, acorde a la diversidad geográfica, con una nueva estructura administrativa moderna diversificada que instale capacidades humanas y materiales en las regiones. En resumen, construir Estado presente y activo en el territorio.
 
En Colombia, las políticas públicas se han desenvuelto en una especie de “esquizofrenia” entre el marco jurídico constitucional descentralizador y la práctica gubernamental del día a día, centralista y centralizadora. Sin embargo, las principales dinámicas presentes y futuras que afectan a las políticas públicas esenciales del Estado colombiano en ámbitos estratégicos de los acuerdos de paz y en la gestión del posconflicto, pero sobre todo en el desarrollo y la protección de los derechos fundamentales de la población —especialmente la más vulnerable—, pasan principalmente por la periferia territorial y no por el centro bogotano.
 
Se abre camino en este escenario futurible deseable, la posición de aquellos que defendemos un “Estado inteligente”, en donde la inteligencia radica en poner la ecuación social y la realidad descentralizadora como centros definidores de sus políticas públicas. La resolución de esta ecuación arroja siempre el mismo resultado: una sociedad más justa, igualitaria y avanzada.
 
Sin embargo, para que el Estado pueda realizar ese papel de motor transformador en Colombia en una realidad diaria en paz, es esencial introducir cambios profundos en su cultura democrática. La democracia no es sólo la única forma compatible con la libertad y la justicia; también es la única forma de participación política que basa su esencia en la igualdad y en la equidad. Estos dos principios no sólo son la esencia y el valor de la democracia —como decía Kelsen—, sino que son la base de una verdadera cultura de y para la paz.
 
La consecuencia inmediata de la aplicación de los acuerdos de paz tiene que ser la voluntad decidida para construir ese Estado transformador. Esta nueva forma “inteligente” de entender la realidad estatal y las políticas públicas, en una realidad desigual como la colombiana, es lo contrario de un “Estado bruto”, ese “Estado mínimo” que sólo llega a ser “suficiente” para unos pocos, ausente en gran parte de su estructura territorial, de acciones puntuales y sobre una base asistencial. El Estado que necesitamos para este nuevo tiempo, por el contrario, es aquel que se identifica por tener verdaderas políticas de Estado —no de partidos— en educación, salud, nutrición, cultura; orientado hacia la superación de las gruesas inequidades, capaz de impulsar la concertación entre lo económico y lo social; un gran promotor de la sociedad civil. El Estado de concertación que necesitamos para este escenario de recuperación de valores se opone a ese otro que conocemos bien después de sufrirlo tanto tiempo: el que planifica íntegramente de forma hermética las políticas públicas con una escasa participación de los territorios y ninguna de la ciudadanía.
 
En esta nueva fase histórica necesitamos superar la guerra para poder ocuparnos de los conflictos lógicos en cualquier sociedad democrática; para ello debemos partir de una perspectiva que considere la realidad estatal como un todo complejo en donde la visión descentralizada, a la hora de asegurar la presencia, el buen gobierno y efectividad del Estado colombiano, es una de las piezas fundamentales para el desarrollo y para hacer posible una sociedad colombiana en paz, más justa e igual, para nosotros y para nuestro hijos.
 
En conclusión, la necesaria reforma y “refundación” del Estado colombiano no puede plantearse como hacía el príncipe de Salina en la novela El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuando decía “… cambiémoslo todo para que todo siga igual”.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Irán: La gran apuesta de Obama


Dr. Kenneth Ramírez

Domingo 24 de noviembre. La madrugada ginebrina fue interrumpida por los cancilleres del G-5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania) e Irán para anunciar que habían alcanzado un acuerdo provisional sobre el programa nuclear iraní. El colofón de largas negociaciones y contactos secretos desde la llegada del Presidente reformista Rouhani al Palacio de Sadabad.
Muchos están anunciando el acuerdo como “un avance histórico” hacia “una nueva era”, y en efecto supone un capítulo nuevo e importante, pero aún es pronto para descorchar el champagne. Recordemos el pre-acuerdo de Ginebra de octubre de 2009 que quedó aparcado pocos meses después, o la fallida “Declaración de Teherán” alcanzada en mayo de 2010 por Brasil, Turquía e Irán. Lo alcanzado es un acuerdo temporal sobre algunos aspectos puntuales, ni más ni menos. En palabras del Secretario de Estado, John Kerry: “un buen primer paso”.
El acuerdo de Ginebra no obliga a Irán a cumplir de inmediato con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU –que exigen la suspensión de su programa nuclear y le han impuesto cuatro rondas de sanciones. En cambio, le permite conservar la mitad de sus 200 kgrs de uranio enriquecido al 20%, y rebajar el resto hasta el 5%. También le compromete a no realizar ningún avance en sus instalaciones de Natanz y Fordow, y a no enriquecer más uranio al 5% en los próximos 6 meses -ya dispone de unas seis toneladas-; sin que esto comprometa su derecho a seguir haciéndolo más adelante. Para obtener esto, Irán aceptó proporcionar más información y permitir más inspecciones de la AIEA a todas sus instalaciones -incluyendo el reactor de agua pesada de Arak y la base militar de Parchin. Asimismo, aceptó no instalar ni fabricar más centrifugadoras.
A cambio, Irán verá aliviada su situación económica al poder recuperar parte de sus exportaciones petroleras –han caído en 1 millón de barriles o 40% desde 2011 por las sanciones- y ver desbloqueados algunos fondos retenidos en el exterior. Además, se suspenden las sanciones estadounidenses y europeas a los sectores petroquímico, automovilístico y aeronáutico. A esto debe añadirse el compromiso de no imponer nuevas sanciones en los próximos 6 meses y abrir un canal de comercio para necesidades humanitarias. Según Washington, este levantamiento de sanciones “limitado, temporal y reversible” equivale a 7 millardos de dólares.
En consecuencia, el acuerdo dejó la mayor parte de las sanciones vigentes y, si Teherán lo cumple, evitará que avance más hacia una total capacidad de construir armas nucleares mientras continúan las negociaciones. Pero todavía el asunto no ha concluido. Nada impide que Irán retome más adelante su programa nuclear si en los próximos 6 meses no se llega a un acuerdo “integral”. No obstante, siguen existiendo diferencias entre las partes sobre temas clave como el enriquecimiento; y el Presidente Obama se enfrenta a la dura oposición republicana en el Congreso y de sus grandes aliados en la región (Israel y Arabia Saudita). En otras palabras, aún falta un largo trecho, y podríamos observar tres resultados posibles en 2014:
a) Acuerdo Integral: las partes logran negociar con éxito un acuerdo integral que desmantela todos los aspectos críticos del programa nuclear iraní. A partir de allí, se levantarían las sanciones internacionales. Este sería el mejor resultado para el Presidente Obama que se apuntaría una victoria diplomática contundente, pero resulta poco probable que Irán haga todas estas concesiones.
b) Acuerdo parcial: el acuerdo provisional de 6 meses expira y las partes aceptan extenderlo. Con el tiempo, lo temporal se convierte en permanente. Una variante implica un nuevo acuerdo que apenas iría más allá del provisional. Al aplicarse estrictamente, se impide que Irán obtenga la bomba y se levantan sanciones adicionales, pero Teherán conserva una importante capacidad nuclear latente. Esto recibiría muchas críticas, pero la Casa Blanca lo defendería como un logro.
c) Fracaso: el acuerdo provisional comienza a desmoronarse después de 6 meses o incluso antes, e Irán reanuda con fuerza su programa nuclear. El Presidente Obama tendrá que impulsar más sanciones y considerar seriamente emprender una acción militar costosa, o ver hundida su credibilidad, ya que así como sucedió en Siria sus palabras se le tornarán en contra. Recordemos que siempre ha dicho que un Irán nuclear es “inaceptable”. Los republicanos le acusarán de haber socavado el prestigio y las alianzas de EEUU en Medio Oriente.
Más allá del programa nuclear iraní, el Presidente Obama parece estar apostando por generar una dinámica que le permita mejorar sus relaciones con Teherán y modelar el equilibrio de poder en Medio Oriente, lo cual podría intentar impulsar bien con un acuerdo integral o parcial. Desde la perspectiva del Presidente Obama, los intereses a largo plazo de EEUU se sirven mejor al reintegrar a Irán como potencia regional, expandir sus alianzas para incluirle y evitar que ningún Estado domine Medio Oriente: una suerte de reedición de la política de los “pilares gemelos” vigente hasta la caída del Sha en 1979. Esto además fortalecería teóricamente a los reformistas en Teherán y haría a Irán menos radical en el exterior (por ejemplo, en Líbano, Irak y Siria). Pero todo ello requerirá tranquilizar a Israel y Arabia Saudita que recelan del poder persa en la región; y gestionar la oposición republicana en el Congreso. Tal apuesta puede darle al Presidente Obama un triunfo similar al del Presidente Nixon con China; y llenaría de renovado sentido su errático curso de acción en Siria –que sería visto en retrospectiva como un gambito. Pero Irán, que ya fue la tumba del Presidente Carter, puede ser también la del Presidente Obama si su apuesta termina en un gran fracaso.
@kenopina

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Esequibo y la fachada atlántica


Embajador (r) Sadio Garavini di Turno

La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del Delta del Orinoco son dos temas relacionados pero distintos. El buque Teknic Perdana, contratado por Guyana para actividades de exploración petrolera, fue interceptado recientemente en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco y que ha sido tradicionalmente patrullada por la Armada. Guyana, por su parte, ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico.
 
Antes y durante las negociaciones que anunciaron recientemente los cancilleres Jaua y Rodrígues Birkett en Trinidad, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. En cambio, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en "su" fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado "lobby" en la ONU y en la comunidad internacional en general, particularmente en el Caribe.
 
El hecho que el actual negociador Roy Chaderton es también embajador en la OEA, representante de Venezuela en las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, miembro del Consejo de Estado y diputado principal en el Parlamento Latinoamericano demuestra la falta de interés y la irresponsabilidad que el Gobierno ha tenido respecto a la reclamación. Es importante también aclarar que el representante del Secretario General de la ONU en el proceso de los "buenos oficios", Norman Girvan, debe limitarse a ayudar a las partes a buscar una solución satisfactoria para el arreglo práctico de la controversia sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra.
 
Por cierto, es importante resaltar que Guyana, en estos últimos tiempos, dado que el reglamento de la Comisión de Límites de la Convención del Mar de la ONU impide que la Comisión pueda analizar una solicitud de ampliación de Plataforma Continental en una zona en disputa, ha reiterado en varias ocasiones que no existe una controversia territorial con Venezuela, desconociendo la letra y el espíritu del Acuerdo de Ginebra. Un análisis de este delicado y grave tema escaparía a la economía de estas breves notas, sin embargo en esta materia la posición del gobierno venezolano debe ser muy firme y el buen oficiante Norman Girvan puede y debe intervenir.
 
Publicado originalmente en El Universal

viernes, 25 de octubre de 2013

6 meses de política exterior de Maduro


Dr. Kenneth Ramírez
 
Han pasado poco más de 6 meses desde que Nicolás Maduro juró el cargo como Presidente de Venezuela. Maduro ha empleado 33 de sus 190 días en el Palacio de Miraflores, para realizar 15 viajes al exterior por 19 países diferentes –visitando Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay en más  de  una  oportunidad-, ha participado en cumbres de la ALBA, MERCOSUR, UNASUR, PETROCARIBE, CARICOM y el FPEG, y ha recibido altos representantes de diferentes países.
 
Para efectos de análisis, podemos dividir su política exterior en dos etapas. La primera que se extiende desde su rauda asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril –horas antes de su juramentación- para discutir la situación política venezolana marcada por la tensión posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio; caracterizada por un gran activismo internacional de Maduro para lograr reconocimiento y legitimidad. Mientras la segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio hasta el presente, caracterizada por un menor activismo, la reivindicación del legado internacional de Chávez y la crisis económica doméstica.

Debido a su ajustada y controvertida victoria en las elecciones del 14-A y la impugnación de la misma por la MUD a nivel interno y externo, Maduro no gozó de la luna de miel que acompaña a los mandatarios en sus primeros días. Después de la Cumbre Extraordinaria de Lima, UNASUR saludó a Nicolás Maduro como Presidente, hizo un llamado a que todo reclamo se realizase dentro del ordenamiento jurídico y tomó nota positiva de la decisión del CNE de implementar “una metodología” –sin ahondar en detalles- para auditar el total de las mesas electorales. Acto seguido los líderes de Argentina, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Cuba, Honduras, República Dominicana, Nicaragua e Irán asistieron a la toma de posesión de Maduro. Esta fue, sin duda, una primera victoria diplomática.

A pesar de esto, en sus primeros días, Maduro acumuló varios desencuentros internacionales debido a la crisis electoral. Al canciller español, José García-Margallo, lo mandó a “sacar sus narices de Venezuela” cuando manifestó su disposición a ayudar. Al Ex-Canciller peruano, Rafael Roncagliolo, le dijo haber “cometido el error de su vida” al presentar un pedido a la UNASUR para evaluar una segunda declaración que solicitara “tolerancia y diálogo”. Tildó al Presidente Obama de ser “el jefe mayor de los diablos” y acusó al Ex-Presidente Uribe de encabezar un “complot” para derrocarlo, lo cual hizo extensivo al Presidente Santos cuando sostuvo una reunión privada con Henrique Capriles. Además, acusó al Secretario de la OEA de “cínico e injerencista”, por solicitar diálogo.

Maduro utilizó PETROCARIBE, ALBA y MERCOSUR para desactivar los intentos de la MUD de formar un bloque de parlamentos y gobiernos a nivel hemisférico para presionar a favor de la realización de una auditoría integral de todo el material electoral desde UNASUR y la OEA, así como toda posible activación de la Carta Interamericana Democrática.

Además, desplegó iniciativas diplomáticas de apertura –hoy vistas como meras tácticas tendientes a afianzar su reconocimiento-, como la Reunión Jaua-Kerry al margen de la Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala el 5 de junio y la gira europea realizada del 16 al 20 de junio por Italia, El Vaticano, Francia y Portugal, que incluyó la simbólica audiencia con el nuevo Papa Francisco. Esas dos reuniones, fueron nuevas victorias diplomáticas, ya que le dieron mayor legitimidad y cerraron la puerta a las denuncias que realizaba la MUD. Maduro coronó esta etapa con una gira por Rusia y Belarús, y su asunción de la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR en la Cumbre de Montevideo -a pesar de las objeciones del nuevo Presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

Una vez superada la crisis electoral y con amplio reconocimiento, Maduro ha disminuido la frecuencia de sus viajes al exterior y ha retomado el discurso anti-imperialista. Esto pudo observarse con la visita a Cuba en el 60° Aniversario del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio, la definitiva salida de la Convención Americana sobre DDHH, y las protestas de la ALBA por el espionaje denunciado por Snowden y la irrespetuosa retención del avión del Presidente Morales en Europa. No obstante, estos últimos eventos mostraron también que su liderazgo en una ALBA en declive, se encuentra disputado por Rafael Correa. Asimismo, en esta segunda etapa, Maduro ha buscado apoyos para paliar la crisis económica -al tiempo que intenta desviar la atención de la misma-, mediante la profundización de las relaciones con los socios considerados estratégicos, la reconciliación con el Presidente Santos y por nuevas puestas en escena frente a EEUU.

Cuando lucía inminente un ataque de EEUU a Siria a principios de septiembre, el Presidente Maduro le envió una carta –tan poco diplomática como intrascendente- al Presidente Obama para intentar liderar la opinión pública mundial contra EEUU, tratando de emular a Chávez en la antesala de Irak. No obstante, el Acuerdo de Ginebra entre EEUU y Rusia para destruir el programa químico sirio, le tomó con el pie cambiado y prefirió por ello no acudir a la Asamblea General de la ONU.

La crisis económica le obligó a viajar a China en septiembre para pedir un nuevo préstamo y ofrecer nuevos bloques de la Faja, así como solicitar nuevos préstamos a empresas petroleras a través de PDVSA. Asimismo, le llevó a cerrar el canal de diálogo con EEUU a finales de septiembre, mediante la expulsión de su Encargada de Negocios, Kelly Keiderling, para tratar de desviar la atención de los problemas económicos. En octubre, la agudización de la crisis y la cercanía de las elecciones municipales, han generado sendas ausencias de Maduro en una cita con Morales y Correa en Bolivia y en la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, y el ofrecimiento de ayuda de Brasil a través de Marco Aurelio García.

En definitiva, hemos visto a un Maduro que ha optado por retomar la política exterior de Chávez -incluyendo su falta de contundencia respecto al Esequibo. Sin embargo, la ausencia del líder carismático, las capacidades económicas y petroleras mermadas, y el cambio de la coyuntura internacional –marcada por el repliegue de EEUU y la transición a la multipolaridad- introducen varias incógnitas sobre la viabilidad del proyecto internacional del chavismo a largo plazo.

Irán: un nuevo camino

 
Embajador (r) Julio César Pineda
 
Arabia Saudita ha sorprendido al mundo con la renuncia al puesto en el Consejo de Seguridad, que recientemente había conquistado a pesar del interés que había manifestado para formar parte del más importante órgano de decisión de la ONU.

La molestia la justificaba por la necesaria reforma del actual sistema de Naciones Unidas y especialmente los cambios en el Consejo de Seguridad, para servir a la paz y la seguridad internacionales. Criticaba la ausencia de una solución justa y permanente a la causa palestina luego de 65 años de confrontaciones, como la ineficacia de este organismo frente al "gobierno de Siria" que "mata y quema a su pueblo con armas químicas"; y la incapacidad de la ONU para implementar una región libre de armas de destrucción masiva, seguramente refiriéndose a Israel e Irán. Esto ratifica la actitud asumida en la 68 Asamblea General, cuando el canciller de Arabia Saudita sin previo aviso retiró su derecho de palabra en el tradicional discurso que pronuncian los Jefes de Estado y los ministros de Relaciones Exteriores. Tratándose del mayor productor y exportador de petróleo y un cercano aliado de Washington, llama la atención y obliga a una explicación. La monarquía saudita está molesta con la diplomacia de Barack Obama en el Medio Oriente, especialmente con el acercamiento y el diálogo con el nuevo presidente iraní Hassan Rouhani. Irán es la expresión opuesta del Islam sunita que dirige la casi totalidad de Estados árabes, el arco chiíta manejado por Teherán tiene una fuerte presencia en Siria, pero también en Iraq y una importante representación en el Líbano con el Hezbolá, por eso las críticas de Riad, que hubiera preferido el ataque militar contra Siria y una línea más fuerte contra los Hermanos Musulmanes en Egipto.

El calentamiento de los vínculos diplomáticos entre Teherán y Washington no solo preocupa a Arabia Saudita y a otros gobiernos árabes que ven el régimen iraní como rival político-hegemónico y como factor religioso y etnocéntrico. En muchos de los gobiernos árabes sunitas, hay fuertes contestaciones chiítas que miran siempre hacia Teherán.

Paradójicamente la nueva política de Arabia Saudita la acerca a Israel, frente al deshielo diplomático de Washington y Moscú. El Primer Ministro Netanyahu ha advertido, que a diferencia de Ahmadinejad que era un lobo vestido de lobo, Rouhani se presenta como un lobo vestido de cordero, y que lo que está tratando al ofrecer el diálogo a Occidente, es ganar tiempo para su programa nuclear militar, Israel no olvida la amenaza de Ahmadinejad de borrar al Estado judío del mapa. Sin embargo el Ministro israelí de Finanzas Yair Lapid, recomendó a su pueblo estar abierto a todas las negociaciones, para soluciones pacíficas e incluso criticó la orden de Netanyahu de retirar sus diplomáticos de la sala de ONU cuando hablaba el presidente Rouhani. Siempre Israel ha afirmado la posibilidad de un golpe preventivo, para impedir el acceso de Irán al arma nuclear. Con Barack Obama ha habido discrepancias también en relación a su propuesta de un Estado Palestino independiente en Cisjordania, región ocupada por Israel.

Estuvimos presentes en Nueva York en esta Asamblea General que marca una nueva era en las relaciones internacionales, con un nuevo espíritu de diálogo y de cooperación. Todo producto del discurso del presidente Hassan Rouhani, cuando tendió su mano y ofreció el diálogo y la negociación al mundo occidental. Seguimos la respuesta favorable del presidente Barack Obama primero en los medios de comunicación y luego la llamada telefónica de 15 minutos al Presidente Rouhani, rompió el hielo de 34 años desde la última llamada del presidente Carter al Sha de Irán, días antes de su derrocamiento.

Un proyecto de paz entre Washington y Teherán ayuda como estamos viendo a resolver el caso sirio, con un primer paso en la destrucción de las armas químicas, donde Rusia y China en armonía con Irán, se han puesto de acuerdo con Francia, Inglaterra y EEUU. El 23 de noviembre será la Conferencia de Paz de Siria. Pero también puede ayudar a una solución definitiva del diferendo palestino-israelí y de otras confrontaciones en el Medio Oriente, donde es posible que ahora Irán no sea visto como una amenaza para Occidente, ni para sus vecinos árabes e Israel. El nuevo gobierno iraní debe dar garantía de uso pacífico del átomo y facilitar los controles internacionales de su industria nuclear, como lo hacen los 60 Estados que desarrollan la energía nuclear con fines pacíficos.

América Latina y particularmente Venezuela no puede estar ajena a estos cambios en el sistema internacional.
 
Publicado originalmente en El Universal