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martes, 21 de abril de 2015

Nuevos temores de un “Grexit”


Aurimar Jiménez

En el año 2008, se inició una severa crisis financiera en EEUU que no tardó en hacerse sentir en la Unión Europea, afectando significativamente a Grecia desde 2010, y que aun hoy, se encuentra sumergida en una situación de incertidumbre y preocupación.

La crisis griega se atribuye principalmente al alto índice de déficit público ubicado en 13,6% a finales de 2009, que llevó al desplome de sus bonos de deuda soberana en el mercado; ya que había perdido credibilidad ante los inversionistas debido a su alto endeudamiento y el maquillaje de sus datos macroeconómicos. Antes de estallar oficialmente la crisis, Atenas debía más del 113,4% de su PIB.

El exacerbado endeudamiento de Grecia, tuvo su origen en la irresponsabilidad de sus gobiernos de incurrir en constantes préstamos para cubrir sus gastos, muchos de estos generados por procesos burocráticos innecesarios, por evasiones fiscales o por asuntos de corrupción.

En mayo del 2010, ante el elevado endeudamiento, Grecia no tuvo otra alternativa que solicitar ayuda a la Unión Europea y el FMI. El primer rescate a Grecia contempló un paquete de préstamos de 110 millardos para el período 2010-2012, al que el FMI aportó 30 millardos. El plazo para reintegrar el crédito, inicialmente previsto hasta 2014, se extendió posteriormente hasta 2017. Sin embargo, el intento de Grecia en hacer recortes en su economía no fue suficiente y la deuda continuó aumentando, llevando a una fuerte depresión económica –la contracción acumulada del PIB fue de 13,8% entre 2008 y 2011-, lo cual obligó al gobierno griego a solicitar un nuevo auxilio financiero.

El 21 de julio de 2011 los líderes de la eurozona acordaron un segundo rescate a Grecia por valor de 159 millardos de euros para el período 2011-2014, de los que 49,6 millardos saldrían del sector privado (37 millardos de los bancos y 12,6 de un programa de recompra de bonos griegos). No obstante, las condiciones del segundo rescate fueron revisadas y finalmente el 27 de octubre, la Unión Europea estableció un paquete de ayuda a Grecia de 130 millardos de euros y una quita del 50% de su deuda con la banca privada. El agravamiento de la crisis, la impopularidad de las medidas que acompañaron el nuevo plan y la falta de apoyo de la oposición, llevaron al entonces Primer Ministro griego, Yorgos Papandreu, a proponer un referéndum sobre su aplicación. La presión de sus socios europeos obligó a Papandreu a rectificar y el 9 de noviembre dimitió, dando paso a un gobierno de unidad nacional que asumiría la aplicación del plan de rescate. En este contexto, se empezó a hablar por primera vez de “Grexit”, abreviatura en inglés para denotar la inminente salida de Grecia del euro, acuñada en un informe de Citibank y luego muy utilizada en diversos medios financieros.

Sin embargo, la sangre no llegó al río. Aunque el plan de rescate permaneció bloqueado hasta el 21 de febrero de 2012, el Eurogrupo finalmente lo aprobó después de que Grecia cumpliera las condiciones exigidas por los socios del euro, es decir, un plan para reforzar la vigilancia sobre el país mediante una presencia permanente de la misión de las instituciones internacionales sobre el terreno para verificar que Atenas cumplía con las condiciones pactadas. Esto fue criticado por las fuerzas de oposición como “la mayor cesión de soberanía de un Estado en tiempos de paz”. El plan implicó la creación de una cuenta bloqueada para satisfacer los pagos de la deuda y el compromiso de Atenas de implementar durísimas medidas de austeridad, incluyendo reducción de las pensiones, retraso de la edad de jubilación, congelación y reducción de salarios, despidos de funcionarios, privatizaciones y aumento de impuestos. El objetivo consistía en reducir la deuda griega desde 165,3% del PIB en 2011 a 120,5% en 2014.

Con este telón de fondo, se produjo la victoria del líder populista Alexis Tsipras el 25 de enero de 2015, el cual enarboló la bandera anti-austeridad en la campaña electoral. Así, el nuevo Primer Ministro Tsipras se embarcó en un duro proceso de negociación con la Unión Europea y el FMI para buscar un  nuevo rescate, disminuir el rigor de las medidas de austeridad y las reformas estructurales, lograr los últimos desembolsos de ayuda por 7,2 millardos de euros para pagar funcionarios públicos y flexibilizar los calendarios de pago.

Bruselas ya da casi por descartado un acuerdo con Atenas el próximo 24 de abril, durante la reunión del Eurogrupo en Riga (Letonia), y mira ya hacia finales de junio, fecha en la que expira la prórroga del calendario del segundo rescate. De manera que, se han disparado nuevamente las preocupaciones de un cese de pagos, dado que Atenas deberá pagar al FMI un monto de 747 millones de dólares el próximo 12 de mayo.

En el caso más extremo de no alcanzar un acuerdo en los próximos meses, Alexis Tsipras podría verse obligado a imprimir su propia moneda y renegociar su deuda: La salida de Grecia del euro, el temido “Grexit”, que no tiene ningún precedente y supondría impredecibles consecuencias para la Unión Europea. Una opción intermedia sería la emisión de “pagarés”, como una especie de moneda paralela de uso interno para pagar a los funcionarios públicos ante la falta de liquidez, lo cual implicaría en la práctica un primer paso para abandonar el euro y regresar al dracma.

Aunque la crisis griega ya cumple 5 años, y los actores han tomado sus previsiones, se teme que un “Grexit” dispare los intereses de la deuda pública en los países del Sur de la Unión Europea (Italia, España y Portugal), y afecte la credibilidad del euro. No obstante, existen voces más pesimistas como la del Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, quien ha dicho que “un ‘Grexit’ sería el infierno”, ya que arrastraría a la Unión Europea a una crisis de confianza, una ola de proteccionismo y una nueva recesión, y todo esto, terminaría contagiando a la economía mundial que no se ha recuperado totalmente.

Sin embargo, Tsipras parece tener una carta bajo la manga para ganar tiempo y fortalecer su posición frente a Bruselas: Putin. Tsipras realizó una visita a Moscú a principios de abril, donde mostró sintonía política con el líder ruso. Por ello, se ha especulado sobre la posibilidad de negociaciones de ayuda financiera, aunque Putin lo ha negado y la economía rusa no atraviesa sus mejores momentos. No obstante, Putin ofreció a Tsipras la posibilidad de realizar inversiones para que Grecia se conecte al nuevo gasoducto ruso-turco, denominado “Turkish Sream”, que está previsto se construya bajo el Mar Negro para llevar gas ruso a Europa -como alternativa a la ruta ucraniana-, y debería estar operativo en 2019. En este marco, Tsipras podría recibir un pago anticipado de entre 3 y 5 millardos de euros por los derechos de Grecia como país en tránsito del gasoducto. Además, Putin ofreció crear empresas mixtas agrícolas para reanudar las exportaciones de alimentos de Grecia a Rusia, bloqueadas el año pasado tras las sanciones de EEUU y la Unión Europea debido a la anexión rusa de Crimea. Por ello, muchos señalan que Putin intenta seducir a Tsipras para dividir a la Unión Europea y debilitar el régimen de sanciones.

@auriUCV

viernes, 8 de junio de 2012

La banca española y las perspectivas de la Eurozona

Prof. Angel Castillo Siri

La voluntad política de los líderes del Euro afronta cada vez mayores pruebas. Desde las elecciones en Francia y en Grecia ocurridas hace un mes, la cotización frente al dólar cayó del nivel de 1,30 USD/EUR a un nivel de 1,24 USD/EUR, cerca de un 5% menos. España, sin embargo, es el centro de las preocupaciones de la Eurozona debido a la posible crisis bancaria que se viene gestando en los últimos meses y cuya señal de alarma fue la nacionalización y rescate de Bankia, principal banco del mercado doméstico, a principios de mayo.
Los problemas de Bankia se relacionan a su exposición a hipotecas y activos del sector inmobiliario, que representaba en España casi la sexta parte del PIB antes de la crisis. Las pérdidas de este año, cifradas en cerca de EUR 3.500 millones y las segundas en la historia de España, llevaron a que el gobierno inyectara hasta EUR 19.000 millones del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Los temores de una crisis financiera son elevados, y el gobierno declara, como es de esperarse, que el problema se limita a solo determinadas entidades. El 11 de junio el FMI emitirá un informe que dará mayores luces sobre el contagio de la crisis dentro del sistema financiero.
A diferencia de la crisis de 2008, cuando España presentaba un superávit fiscal de 1,9% del PIB en sus resultados del año anterior, el gobierno no tendrá capacidad para financiar un plan de rescate masivo. Por ello, España ya avisora, a su pesar, recurrir a la Unión Europea para obtener financiamiento del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). La propuesta, sin embargo, plantea que los fondos sean dirigidos directamente a la banca a través del FROB, no al gobierno, para evitar así atarse a las condiciones de equilibrio macroeconómico para obtener los recursos.
El problema es que parece inevitable una crisis financiera de cierta magnitud en España en pocos meses: solo durante el primer trimestre del año el Banco de España registró una salida de EUR 97.000 millones. Eso equivale al déficit fiscal del año 2010, cuando este indicador se ubicaba en -9,2% del PIB de ese año. La situación actual refuerza esta tendencia, acompañada del aumento de la prima de riesgo del país que se acerca ya al 7% y el reto es evitar que los fondos de rescate se vayan tan rápidamente como entraron.
Una crisis financiera en estas condiciones puede llevar a un “corralito” español, lo cual significa, de facto, una moratoria como la que se ha tratado de evitar en Grecia por los últimos dos años. También este era el temor respecto a Francia en el otoño pasado cuando la calificación de los principales bancos franceses fue reducida por las agencias calificadoras debido a que sus activos estaban contaminados por bonos griegos de alto riesgo, solo que la crisis española es causada por el deterioro de los propios activos y de los negocios de la banca y por la salida masiva de capitales, aumentando el riesgo de insolvencia.
España es la cuarta economía de la Eurozona, representando un 11% del PIB, por lo que las necesidades de financiamiento son sustancialmente mayores que las de Grecia. Solicitar fondos del FEEF implicará nuevas condiciones además de las medidas de austeridad aplicadas por el gobierno de Rajoy, lo que incrementará el descontento y la inestabilidad política. El manejo de la crisis tendrá reflejo en Italia, la tercera economía de la zona, en condiciones parecida a la española e incidirá en el comercio y la producción, exacerbando la crisis.
Si Alemania persiste en el sostenimiento del euro, como hasta ahora, veremos en pocas semanas la aprobación de un plan de rescate a la medida para la banca española luego de precisar las instituciones afectadas, incluyendo reformas en la estructura del sistema financiero a través de fusiones y adquisiciones. Paralelamente, se tratará de corregir otra de las debilidades institucionales del euro a semejanza del propio FEEF y del Pacto Fiscal, generando un mecanismo europeo para la estabilidad bancaria y reforzando la supervisión de los órganos de la UE sobre el sistema financiero, con planes de ayuda preestablecidos. El efecto esperado sería recuperar la confianza en el sistema financiero español y frenar la salida de capitales en un par de meses, con repercusiones positivas en Italia que permitan a Europa concentrarse nuevamente en la situación de Grecia.

martes, 1 de mayo de 2012

Recaída a dos niveles: La nueva recesión europea y la fortaleza de Alemania

Prof. Angel Castillo Siri


Los temores de que Europa cayera en una double-dip recession parecen empezar a materializarse con el anuncio de que España decreció 0,3% en el primer trimestre de 2012, siendo el segundo trimestre de caída y entrando oficialmente en recesión. Se teme que otros países de la Eurozona como Holanda e Italia tengan un desempeño similar pues ya en el cuarto trimestre de 2011 su PIB se redujo en 0,2% y 0,4% respectivamente. Sumado a Portugal, Grecia, Eslovenia y Chipre, que ya están en recesión, podríamos tener a 7 países con decrecimiento económico de los 17 que conforman la Eurozona.
 
¿Cuáles son las implicaciones para la Eurozona? La recesión observada en 2009 fue mucho más dramática, ya que ninguno de los 17 integrantes de la Eurozona escapó a la recesión. Incluso Alemania tuvo una caída de 5,1%. Los gobiernos europeos apostaron a elevar el gasto público de un 47% del PIB a un 51% entre 2008 y 2009, y a endeudarse para evitar una recesión profunda, lo cual deterioró el déficit fiscal que pasó de -2,1% en 2008 a -6,4% en 2009. La deuda de la Zona Euro pasó a representar el 79,9% del PIB en 2009, casi 10 puntos porcentuales más que el año anterior.
 
Si consideramos el peso económico de los países en recesión o a punto de entrar en ella, debemos recordar que 5 de los 17 países representan el 83% de la economía de la Eurozona. Estos países son Alemania (27%), Francia (21,1%), Italia (17%), España (11,5%) y Holanda (6,4%). Los 3 últimos se ven afectados por el actual decrecimiento, lo cual genera mayor preocupación en los mercados financieros. Por ejemplo, España ha sufrido una salida de capitales de 128.000 millones de EUR en el último año, debido a la venta de títulos públicos por parte de inversionistas tanto nacionales como extranjeros. Esto implica un enorme problema de financiamiento para el país, cuya deuda pasó de 436.984 millones de EUR en 2008 (40,2% del PIB) a 734.961 millones en 2011 (68,5% del PIB). La calificación de sus títulos valores públicos fue reducida por Standard & Poor’s desde A a BBB+ el pasado 26 de abril siguiendo este deterioro financiero.
 
Una recesión en estos países similar en términos porcentuales a la de 2009 (-4,3% para la Eurozona) podría ser un duro golpe para la estabilidad del proyecto de la moneda común. El éxito de los planes de austeridad aplicados en los PIGS+N es reducir el déficit fiscal pero minimizando la recesión. La economía griega cayó 6,9% en 2011, pero la de Portugal solo se redujo en 1,6%. Ya no existe capacidad financiera para que los gobiernos dupliquen el déficit fiscal, emitan más deuda y posterguen los ajustes necesarios en sus economías.
 
En caso de una recesión pronunciada, nuevamente será Alemania quien decidirá si mantiene el proyecto del Euro a flote. En 2011 logró reducir del déficit fiscal de -4,3% a solo -1% (el monto cayó de -105.860 millones de EUR a solo -25.800 millones en un año), así como la deuda pública de un 83% a un 81,2% del PIB. Francia, por su parte, mantiene un déficit fiscal de -5,2% y una deuda de 85,2% (esa es la base de partida para el programa de gastos de Hollande). Solo Alemania tendría la sostenibilidad financiera para reforzar su crecimiento a través del gasto público, no Francia, y estimular importaciones desde la Eurozona para revitalizar sus economías e incluso financiar nuevos préstamos a países en crisis. Y dado que las próximas elecciones federales en Alemania se realizaran en septiembre de 2013, el gobierno de Merkel podría contar con tiempo para actuar más agresivamente en rescatar al Euro.

martes, 24 de abril de 2012

Austeridad vs. Expansión: Hollande y la fragilidad del Euro

Prof. Angel Castillo Siri
 
La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, celebradas el pasado domingo 21 de abril, mostró el desgaste político de Nicolás Sarkozy, quien obtuvo 27,1% de los votos frente al 28,6% de François Hollande, luego de 3 años de crisis en Europa. Posiblemente los resultados de las elecciones puedan vincularse con la magnitud de la crisis en sus respectivos países: en España, con un desempleo del 20%, Zapatero fue claramente derrotado por Rajoy quien inmediatamente empezó a materializar la austeridad para evitar caer en el abismo de la deuda; en Francia, que resistió bastante bien la crisis en términos de desempleo aunque elevó sustancialmente su nivel de deuda al pasar de 65% del PIB en2008 a85% en 2011, los resultados son mucho más cerrados. No parece que exista preferencia por una ideología en particular, sino que por el contrario, se aplica el voto castigo y se demuestra el desencanto con la gestión.
 
Francia aun no ha aplicado ajustes que se asemejen a los programas de Grecia, Italia o España. Aun puede darse el lujo de no hacerlo. Sarkozy ha tratado de mantener una economía que al menos crezca (1,5% en 2010 y 1,7% en 2011) y que apuesta a una Zona Euro recuperada, siendo esencial su cooperación conla Canciller AngelaMerkel tanto en los planes de rescate de para Grecia como en la negociación del Pacto Fiscal dela UE. Lasegunda economía dela UEtampoco puede permitir que su sistema financiero sufra con un default griego, pues la tenencia de bonos de este país ha contaminado a los principales bancos franceses (PNB Paribas, Crédit Agricole, Société Générale) cuya calificación crediticia fue reducida el año pasado, causando temores de una nueva crisis financiera en Europa que desencadenara una nueva recesión. Debe conseguir tiempo para que sus bancos saneen sus activos.
 
Hollande está capitalizando el efecto demostración de las políticas de austeridad aplicadas enla UEen cuanto a recortes sociales y pérdida de beneficios laborales proponiendo la fórmula opuesta: incrementar para 2017 el gasto público en 20.000 de Euros, crear 60.000 puestos de enseñanza y 150.000 trabajos subsidiados para los jóvenes. Su lógica recuerda al multiplicador keynesiano. El Estado impulsará a la economía, generará crecimiento y con ello logrará aumentar la recaudación, reduciendo el déficit fiscal a través de una expansión a largo plazo.
 
El problema radica en que la estabilidad el Euro es un asunto de corto plazo. El disenso entre la visión francesa, centrado en lo local y en lapsos de tiempo más cortos, y la alemana, que busca una Europa unida para enfrentar los cambios geopolíticos por venir, puede debilitar aun mas la confianza en la moneda única, sobre todo cuando Hollande propone en este campo renegociar el Pacto Fiscal acordado en enero pasado. De allí el abierto apoyo de Merkel a Sarkozy durante este proceso electoral.
 
La gran incógnita durante un eventual gobierno de Hollande es que la eficiencia y efectividad del gasto que fundamenta su propuesta de gobierno tendrá que ser muy elevada para lograr los objetivos propuestos. El efecto multiplicador deseado puede ser significativo en los primeros años, pero será difícil de mantener hasta 2017, lo que avizoraría una Francia con bajo crecimiento y alta deuda luego de una recuperación inicial. Esto prolongaría los problemas del Euro más allá del umbral de 2013 fijado como año meta para la estabilización.
 
Falta ver si Hollande gana la segunda vuelta y si, una vez en la Presidencia, se demuestra que su discurso era exagerado por las necesidades del momento electoral. A semejanza de Lula en 2003, la dinámica de la política interna y de la presión externa haría prever un gobierno más moderado del que se propone para impactar a los votantes.

miércoles, 4 de abril de 2012

Los ajustes en la Zona Euro desde la perspectiva del Bundesbank

Prof. Angel Castillo Siri

La crisis económica en la Eurozona obligó a una revisión general del Pacto de Estabilidad de 1997 y de los mecanismos para garantizar la viabilidad de la moneda común. La filosofía predominante, basada en criterios de convergencia guías sin capacidad de sanción para los países que los incumpliesen y la supuesta disciplina que generaría la ausencia de fondos y mecanismos de rescate, demostró no ser suficiente en medio de la recesión iniciada en 2008. Son necesarios dos tipos de ajuste para atacar las raíces del problema: el déficit en cuenta corriente y la deuda pública.
 
El primer problema es el más difícil de resolver. Una unión monetaria implica la desaparición del tipo de cambio entre sus integrantes, por lo que los ajustes recaen directamente sobre el nivel de precios, los salarios y la productividad. No es posible devaluar para frenar las importaciones: si el vecino ofrece mejores precios, crecerán las compras del exterior. Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, abordó este problema recientemente en una conferencia en Londres. Existen argumentos de que los países con superávit hagan esfuerzos para reducirlos a través de políticas de demanda interna y con ello ayudar a los países deficitarios. Esto es un pedido para que Alemania, el país más poblado pero también el más competitivo, propicie exportaciones de los PIGS a su territorio incrementando, por ejemplo, los costos laborales a la par de su vecinos.
 
Weidmann hace una clara distinción entre el ajuste y su costo. El ajuste implica tomar las medidas necesarias para ser más competitivos y lograr una mejor inserción internacional. Es un proceso largo y costoso, pero necesario. Los países deficitarios lo son porque tienen poco que ofrecer al resto de la Eurozona, lo cual se proyecta también en los respectivos balances comerciales con terceros. El costo, sin embargo, puede compartirse. Desde el Bundesbank, los paquetes de ayuda financiados por la UE son vistos como una forma de redirigir los superávits con el fin de facilitar el ajuste, y lo que debe reformarse son las políticas de boom del crédito interno que impulsaron el consumo más no la competitividad. Esto a su vez se vincula con el ajuste fiscal y la necesidad de reducir el endeudamiento, no solo renegociar sus plazos.
 
En tal sentido, las reformas institucionales de los últimos años sirven fundamentalmente para ganar tiempo y dar la oportunidad a los PIGS de acelerar sus reformas, lo cual es una clara señal de la intención de mantener a todos los integrantes de la Eurozona como miembros. Por ello, una eventual reducción de miembros podría ocurrir a fines del 2013 de no concretarse las metas trazadas en los compromisos para optar a los paquetes de ayuda, en particular, mejoras en los saldos de cuenta corriente y los niveles de deuda y de déficit fiscal.