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miércoles, 27 de julio de 2016

Cumbre CARICOM en Guyana


Prof. Mirna Yonis

Una Cumbre de Mandatarios Caribeños tuvo lugar esta vez en Georgetown, entre el 4 y 6 de julio. La capital de la República Cooperativa de Guyana, fungió de anfitriona de reunión anual que realiza se realiza en el marco del 4 de julio, fecha que conmemora el día de la integración caribeña, el Día de la CARICOM.

La Presidencia semestral (rotativa) de la CARICOM a partir del 1º de julio 2016 la ejerce Dominica, a través de su Primer Ministro  Roosevelt Skerrit,  y actuaron como co-anfitriones de la reunión de mandatarios el Gobierno de Guyana y la Secretaría General de la organización.

Vale la pena destacar dos dimensiones preparatorias de la Cumbre de 2016. Por una parte, dos encuentros: Primero, la reunión inter-sesional de mandatarios, realizada en Belice 16-17 febrero que se realiza generalmente a inicios de cada año, la cual permite hacer un diagnóstico de la situación regional y hacer un balance de medio año sobre las estrategia/acciones acordadas el año anterior y tomar algunas previsiones. Segundo,  la reunión del Consejo para las Relaciones Exteriores de la Comunidad (siglas en inglés, COFCOR), celebrada el 9 y 10 de mayo en San Vicente y las Granadinas. Por otra parte, dos actividades de promoción con la población: primero, la organización de un evento deportivo que se ha venido institucionalizando: la Carrera CARICOM 10K y 5K en varias categorías que ha ampliado la incorporación de jóvenes y niños de los países de la región; y segundo, la realización de un encuentro “Social Media” del Secretario General de la CARICOM con los jóvenes de la región, permitiendo un evento presencial con transmisión e interacción sincrónica, destacando el papel de las comunicaciones y las redes sociales en términos educativos e incorporando a las nuevas generaciones en el proceso de integración caribeña.

Las dos primeras son reuniones previas, de carácter procedimental son de gran relevancia política y diplomática en la articulación de la agenda regional interna y de relaciones exteriores de la CARICOM. Las actividades de promoción enumeradas constituyen parte de la estrategia regional de fortalecer la incorporación de las sociedades y de los jóvenes en particular en la filosofía-identidad y beneficios del proyecto de integración caribeña.

En una rápida lectura, pudiera pensarse que hay dos encuentros anuales de mandatarios caribeños de la misma categoría, pero hay diferencias sustantivas; la de mayor rango es la que se realiza en el mes de julio. Este es uno de los puntos que han fortalecido institucionalmente y que denominan Normas de Procedimiento de la Conferencia.

La edición Julio-2016 de la Cumbre de CARICOM recibió a 15 Mandatarios de los países miembros, un equivalente similar de delegaciones de miembros asociados y observadores, así como los jefes y representantes de entidades regionales propias y asociadas.  Destacable la presencia de dos distinguidas personalidades que marcan algunas de las prioridades en términos de las relaciones exteriores del grupo regional: la presencia de la Secretaria General de la Commonwealth, Patricia Scotland (nacida en la isla de Dominica) y la  invitada especial de la Conferencia, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, con el fin de sostener un intercambio de puntos de vista (prácticas diplomáticas caribeñas), como parte de la agenda oficial de la Cumbre de Mandatarios.  

El encuentro se contextualiza en el marco global con  los resultados del Referéndum convocado por el Reino Unido, llamado “Brexit”,  los cuales definen su salida de la Unión Europea y genera unos impactos en distintos ámbitos de los cuales no está exenta la región del Caribe. Uno de esos impactos se refiere a los Bancos corresponsables y las regulaciones de riesgo en los llamados “paraísos fiscales”. Otro hecho que enmarca la reunión  es el fallecimiento de Patrick Manning, líder regional de la integración caribeña y Primer Ministro de Trinidad y Tobago, a quien se le rindió tributo en varias ocasiones durante la Conferencia.

En cuanto a los temas abordados, la agenda preliminar anunciada en resúmenes de prensa de la propia CARICOM tuvo algunos cambios  revelando que el debate de los mandatarios asignó las prioridades reflejadas en el Comunicado final. Tomaría mayor espacio detallar los temas mencionados en el comunicado y las razones de los mismos, los cuales pueden ser motivo para otros artículos. En cuanto al tratamiento de situaciones específica de países y posición de CARICOM destacan los casos de Surinam, conociendo detalles de la situación política interna,  el caso de Cuba con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EEUU y reiterando el rechazo al embargo económico, y finalmente el caso de República Dominicana por la delicada situación humanitaria que se presenta debido a la deportación y el tratamiento de los descendientes de haitiano en suelo dominicano. En este último punto, si bien no se acordó una declaración por separado como ocurrió en el año 2015 los países de la CARICOM reafirmaron la preocupación de la situación de derechos humanos y la necesidad de soluciones más justas para la población que está siendo deportada.

El tema de las fronteras se consolidó en “tradición”, ya que desde la Cumbre de 2015 se inició la práctica de acordar una Declaración adjunta al Comunicado donde se ratifica el respaldo a los países miembros de CARICOM frente a sus vecinos; es el caso de Belice-Guatemala y de Guyana-Venezuela. Estas Declaraciones por separado desde el punto de vista procedimental, revela la importancia del tema para los miembros de CARICOM y la necesidad de reafirmar posiciones en dos temas de fronteras que se han mantenido en la agenda de las reuniones desde hace más de una década. El abordaje de este aspecto amerita un tratamiento separado.

Los escenarios que se presentan para la Comunidad del Caribe son complejos pero algunas palabras tuvieron el consenso de los mandatarios en sus discursos y declaraciones de prensa: resiliencia, oportunidades, unidad  y reposicionamiento de la CARICOM. La próxima reunión será en febrero 2017, Guyana en propiedad al asumir la presidencia rotativa de la Conferencia.
@mirnayonis  

viernes, 19 de febrero de 2016

Quincuagésimo Aniversario del Acuerdo de Ginebra


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado miércoles 17 de febrero, se cumplieron 50 años de la firma del histórico Acuerdo de Ginebra. Luego de largas negociaciones y en el umbral de la independencia de la actual República Cooperativa de Guyana, el Imperio Británico accedió a concluir este tratado, reconociendo la reclamación venezolana sobre el Esequibo, el cual fue arrebatado mediante el nulo e írrito Laudo Arbitral de Paris de 1899. Así fue cerrado el largo capítulo de expansionismo y despojo que sufrió Venezuela desde que el Imperio Británico se instaló en nuestra frontera oriental mediante el Tratado de Londres de 1814, y se abrió el promisorio -aunque inconcluso y ya prolongando- capítulo de negociación diplomática de las últimas cinco décadas.

En el artículo I del Acuerdo de Ginebra se estableció la creación de una Comisión Mixta para llegar a “soluciones satisfactorias para el arreglo práctico” de la controversia de común acuerdo. La Comisión paritaria -dos venezolanos y dos guyaneses- funcionaría por un plazo de 4 años. De no llegarse a un arreglo, se estableció en el artículo IV que la Comisión Mixta referiría el asunto a sus respectivos gobiernos; los cuales estaban obligados a escoger uno de los medios de resolución pacífica de controversias previstos en el artículo 33 de la Carta de la ONU. Si dentro de tres meses no se hubiere llegado a un acuerdo sobre este punto, ambos gobiernos podían remitir el asunto al Secretario General de la ONU.

La Comisión Mixta trabajó desde 1966 hasta 1970, pero no se lograron resultados. Guyana sostuvo de manera inflexible que el objetivo del Acuerdo no era otro que establecer la validez de la contención venezolana al Laudo de 1899, negándose a entrar a discutir seriamente la cuestión territorial. Guyana incumplió así la obligación a negociar que imponía el Acuerdo y neutralizó sus efectos, ya que percibió la situación en términos conflictivos o suma cero: Estando en posesión de la totalidad del Esequibo que considera de su soberanía, cualquier negociación implica una pérdida. En cambio, Venezuela insistió en que el objetivo del Acuerdo era llegar mediante la negociación a un “arreglo práctico y satisfactorio”, y por tanto no se trata de un asunto estrictamente jurídico, sino de un asunto político-diplomático, y por tanto se había creado una Comisión Mixta negociadora.

La reclamación se congeló por doce años con el Protocolo de Puerto España de 1970, y posteriormente se optó por el método de los buenos oficios por 25 años (1989-2014); pero nuevamente la intransigencia guyanesa hizo imposible alcanzar un arreglo y tras la muerte de Norman Girvan -último buen oficiante- se ha negado a retomar este método, por lo cual Venezuela tuvo que acudir al Secretario General de la ONU en 2015. Cabe destacar, que en plenas negociaciones para reactivar la reclamación, la Cancillería venezolana emitió un Comunicado el 11 de diciembre de 1981, donde señaló que el artículo IV del Acuerdo asignó al Secretario General la función de “colaborar con las partes en la elección de un medio de solución”; es decir, no se nos puede imponer un método.

Guyana ha intentado dejar de lado el Acuerdo de Ginebra, y ahora busca zanjar unilateralmente la cuestión mediante su eventual remisión a la Corte Internacional de Justicia, debido a una serie de nuevos elementos. La política de cooperación más allá de la controversia seguida por Hugo Chávez, así como la narrativa ideológica utilizada para interpretarla, fueron entendidas por Guyana como abandono de nuestra reclamación. Además, Georgetown ha estimado que la severa crisis que atraviesa Venezuela supone un momento propicio para pasar a la ofensiva. A todo esto, se sumó el “significativo descubrimiento de petróleo” en el pozo Liza del bloque Stabroek realizado en 2015 –una de las concesiones que han sido entregadas por Guyana de forma inamistosa tanto en aguas del Esequibo, como de nuestra Fachada Atlántica que no está en discusión.

El Servicio Geológico de EEUU señala que en toda la zona marítima por delimitar entre Venezuela y Guyana pueden existir recursos entre 13,6 y 15,2 millardos de barriles de crudo liviano, y entre 32 y 42 billones de pies cúbicos de gas natural. Si se transforman en reservas explotables, Guyana podría producir 1 millón de barriles diarios en una década, pasando a ser un exportador petrolero neto, y multiplicando más de 100 veces su actual PIB. Recientemente, Guyana ha otorgado en concesión el bloque Orinduik; ha anunciado el inicio de una campaña exploratoria en el bloque Stabroek; y ha estado buscado apoyos para avalar su posición denunciando “agresiones” de Venezuela: El Mundo al revés.

En consecuencia, debemos celebrar el 50° Aniversario del Acuerdo de Ginebra exigiendo ahora más que nunca su cumplimiento, y desplegando una estrategia coordinada de defensa de nuestros derechos entre el Poder Ejecutivo y la nueva Asamblea Nacional contra las pretensiones guyanesas. En este sentido, debe consensuarse una ley que fije claramente la Fachada Atlántica del  Delta del Orinoco y salvaguarde nuestros derechos en la del Esequibo; debe estudiarse la conveniencia de una ley que transforme en un estado venezolano al Esequibo –siguiendo el ejemplo de Argentina con Malvinas, ya que la soberanía no sólo se reclama, se ejerce-; continuar las labores de patrullaje de la Armada en nuestra Fachada Atlántica; y denunciar en todos los foros multilaterales la negativa de Guyana a retomar los buenos oficios. Asimismo, se debe obstaculizar por todos los medios las concesiones petroleras entregadas por Guyana –ya con una rentabilidad comprometida tras la caída de los precios del petróleo-, volviendo a esgrimir el artículo V del Acuerdo de Ginebra. Por primera vez en cinco décadas, a Guyana no le conviene el statu quo, y esto debemos aprovecharlo generando estímulos apropiados que le obliguen a negociar un arreglo práctico que repare al pueblo venezolano del histórico despojo del cual fue víctima. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

martes, 6 de octubre de 2015

Guyana y Venezuela en Nueva York


Prof. Mirna Yonis

La Asamblea General de las Naciones Unidas, este año 2015, celebró su septuagésimo aniversario. La agenda de trabajo del período de sesiones ordinario se suma a eventos especiales y encuentros paralelos entre muchas otras manifestaciones de la dinámica diplomática multilateral. Entre esos eventos destaca un encuentro trilateral, en la cual el Secretario General de la ONU logra reunir en una misma sala del Cuartel General de la ONU y sentarse en una mesa de trabajo con los Presidentes de Guyana y Venezuela. 

Las fotografías y videos registraron este encuentro que sigue rodeado de un clima de tensión en la relación bilateral debido fundamentalmente, por una parte, al desacuerdo evidente que ha mostrado el gobierno de Guyana frente a la controversia que mantiene Venezuela y respecto a la “metodología” acordada a partir del Acuerdo de Ginebra de 1966 con la figura del Buen Oficiante. Por la otra, a los reclamos y notas de protesta que ha formulado Venezuela respecto a las concesiones exploratorias y de explotación minera que ha otorgado el gobierno guyanés a empresas transnacionales en distintas zonas del territorio objeto de la controversia (Esequibo). A esto se suman de manera general, los decretos que ambos gobiernos emitieron (en momentos distintos) respecto a la definición de sus zonas marítimas nacionales, el ejercicio de una altisonante diplomacia del micrófono por parte de los mandatarios, cancilleres y otras personalidades gubernamentales de ambos países; llegando a un punto álgido de tensión diplomática con el llamado a consultas del Embajador venezolano en Guyana y el retraso en otorgar el placet  diplomático a la nueva Embajadora designada en Venezuela.

Aunque es una controversia fronteriza de carácter bilateral, el marco regional y global no ha escapado de las acciones de información y presión por lograr posicionamiento. Si bien los movimientos diplomáticos de Guyana han sido para denunciar agresión y limitaciones a sus planes de desarrollo y la amenaza a la soberanía que representa el reclamo venezolano, a veces de manera velada y otras de manera explícita, ha sido para cuestionar la eficiencia del método bilateral con apoyo de la ONU y dando argumentos para preferir la solución judicial. 

De parte de Venezuela, el retraso y en ocasiones poco contundente reclamo diplomático frente a las muestras de ejercicio de soberanía en territorio objeto de la controversia, el Esequibo, ha pasado a afirmar, confirmar y reiterar que su preferencia es el marco bilateral con los buenos oficios del Secretario General de la ONU. 

Evidentemente, esto es mucho más complejo que las breves líneas que preceden pero muestran un cambio en la dinámica de la relación bilateral y el uso de los espacios multilaterales para ganar adeptos o declaraciones preferenciales. Están registradas de manera oficial y a través de los distintos medios de comunicación, los discursos y declaraciones en escenarios de CARICOM, Commonwealth, UNASUR y  CELAC, entre otros.

El escenario natural de Guyana ha sido la CARICOM, organismo que ha marcado una tradición en sus declaraciones finales de las Cumbres de Mandatarios y Reuniones de Cancilleres apoyando la solución pacífica de controversias y la defensa de la integridad territorial de Guyana. En el caso de Venezuela, su reclamo ha estado en el marco del Acuerdo de Ginebra, pero durante casi una década en una etapa de parálisis o congelamiento, privilegió una agenda de cooperación y un muy bajo perfil a la agenda de la controversia.

Si bien en lo sustantivo los argumentos de Guyana sobre la controversia se mantienen, con el gobierno que toma posesión en mayo de este año, hay un giro táctico pero también estratégico en la defensa de su soberanía e integridad territorial.  Una muestra que puede pasar como anecdótica, pero revela acciones concretas distintas es el reclamo del gobierno guyanés ante la empresa Google respecto a los nombres “hispanos” de calles y otros lugares cartografía de la región del Esequibo.

La ciudad de Nueva York y el ambiente de las Naciones Unidas son testigos de dos eventos: 

El encuentro Trilateral en el Cuartel General de las Naciones Unidas, del domingo 27 de septiembre, en el cual:

1.     Se valoran los pasos para recibir de nuevo sus respectivos embajadores 
2.  Aprecian la buena voluntad para mantener la tradición de diálogo de sus países mientras se resuelve la controversia de una manera que resulte beneficiosa para ambos.
3.  Resalta la descripción de la tensión y desacuerdos para retomar ese diálogo: “El Acuerdo de Ginebra estableció ciertos mecanismos para resolver la disputa, sin mucho éxito, porque continúa hasta hoy”.

La reunión del Consejo de Relaciones Exteriores (COFCOR) de la CARICOM con una Declaración que resume y confirma posición de los países miembros:

1.    Subraya necesidad que El Caribe se mantenga como Zona de Paz.
2.    Beneplácito por la celebración de la reunión trilateral.
3. Celebraron decisiones para que cada país cuenta con Embajadores en sus respectivos países, Venezuela y Guyana
4.  Complacida de que Venezuela reciba Misión técnica del Secretario General de la ONU
5.    Informe de Misión Técnica acelerará los esfuerzos para poner fin a la controversia
6.    Anotó la petición de Guyana de una solución jurídica por divergencia de opiniones
7.    Refirma apoyo a mantenimiento de la integridad territorial y soberanía de Guyana 

El Acuerdo de Ginebra sigue siendo el marco jurídico que marca pautas y metodología, por lo que es conveniente referir un aspecto que se explica de manera más amplia en el portal de la Cancillería de Venezuela, en una sección especializada denominada Los Derechos Venezolanos de Soberanía en el Esequibo:

El Acuerdo de Ginebra está registrado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas bajo el Nº 8192 (1966), fue distribuido como documento de la Asamblea General el 03MAY1966 bajo las siglas A/6325; y el Secretario General aceptó las funciones derivadas de él, mediante comunicación del 04 de abril de 1966: “He tomado nota de las obligaciones que eventualmente pueden recaer en el Secretario General de las Naciones Unidas en virtud del párrafo 2 del artículo IV del Acuerdo, y me complace informarle que dichas funciones son de tal naturaleza que pueden ser desempeñadas apropiadamente por el Secretario General de las Naciones Unidas”.

La diplomacia bilateral y multilateral en torno a la controversia por el Esequibo sigue con sus altibajos. Es necesario dar seguimiento a los involucrados, sus posiciones, intereses y estrategias pero también otros actores con afectos geopolíticos. Si bien la normalización de las relaciones con la presencia efectiva de los Embajadores de ambos países en el vecino es un rasgo formal significativo, un próximo paso a observar será la visita a Caracas de la Misión Técnica del Secretario General de la ONU, para recabar y verificar procedimientos y documentación de Venezuela. 

@mirnayonis

lunes, 7 de septiembre de 2015

La Historia sí enseña


Prof. Eloy Torres

Citamos ocasionalmente al pensador alemán Hegel quien inexplicablemente dice: “la Historia nos enseña que no enseña nada”. No lo creo. Hay demasiados elementos que instruyen. Entre ellos, los errores políticos. Hay que estudiar y usarlos como referencia. Un buen amigo y contertulio de la panadería Royal, me señala de abusar del isomorfismo en la historia. Lo asumo. Voy a recurrir a tres episodios que se entrelazan, a pesar de responder a realidades distintas.

1) Napoleón III (sobrino de Napoleón, el grande) quiso imitarle. Fue una farsa, bañada de irresponsabilidad geoestratégica. Colocó a Francia bajo la férula germana. Ésta se elevó al rango de gran potencia en Europa, gracias a los  desplantes de Napoleón III contra Bismarck, al crear las condiciones para el estallido del conflicto entre Francia y Prusia. Francia fue derrotada y humillada; él fue hecho prisionero por los prusianos. Las elites políticas francesas enamoradas de ese diletante traicionaron a Francia al permitir que sus tropas bañasen con sangre las calles de un Paris descontento con la derrota; ese Paris promovió un experimento inaceptable para esas elites: La Comuna de Paris.

2) Hitler, hambriento de petróleo y convencido de ser invencible desconoció una regla elemental de la guerra: no puedes enfrentar a dos poderosos enemigos al mismo tiempo. Una guerra contra Europa Occidental y contra la URSS, fue  ejemplo de lo que no se debe hacer. Alemania perdió y fue dividida en dos, hasta que los tiempos cerraron todas sus heridas y ella resurgió como la poderosa Alemania actual, reunificada, pero en paz.

3) Argentina y Las Malvinas. Un grupo de militares acusados de violar los Derechos Humanos en su país, osadamente invadió Las Malvinas y buscó un conflicto con el Reino Unido. Sobredimensionó su papel y no calculó que en las relaciones internacionales lo que priva es el interés. EEUU se plegó al Reino Unido, aliado estratégico de la OTAN en plena Guerra Fría. Y Argentina, a pesar de la justeza de su reclamo por esas islas, fue humillada por Londres.

Hoy, Miraflores, desesperado por la inminente derrota electoral, busca ralentizarla  con el fantasma de conflictos internacionales. Primero fue Guyana, hoy es Colombia, o los dos a la vez. El gobierno  no pondera su escasa capacidad para un conflicto. El Esequibo hay que recuperarlo, pero no como pretenden: vestir, a última hora, el traje nacionalista y jugar a la conflictividad. Lo mismo pasa con Colombia. Los problemas son mucho más que el “bachaqueo” y contrabando. Las relaciones con ese país deben observarse con ponderación y jamás bajo la perspectiva del conflicto. Jugar la carta bélica sin tener con que, es una irresponsabilidad. Los citados ejemplos enseñan lo que pasa cuando se juega irresponsablemente al conflicto.

@eloicito

miércoles, 26 de agosto de 2015

Gira por El Caribe: 3 errores estratégicos


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Lamentablemente, la última gira del Vicepresidente Arreaza y la Canciller Delcy Rodríguez, realizada por partes a lo largo del mes de agosto (Grenada, Dominica, Barbados, Trinidad y Tobago, Santa Lucía, Cuba, Surinam, Jamaica, Haití y Belice), en busca de apoyos en El Caribe, no obtuvo los resultados esperados.

Esto se debe a que el gobierno venezolano ha persistido en tres errores estratégicos en la negociación con Guyana y la reclamación del Esequibo: politizarlo, personalizarlo y polarizar a los países de El Caribe.

El Profesor Roger Fisher, Director del Proyecto de Negociación de Harvard en su libro Getting to Yes basado en cinco principios: “separar las personas del problema”; “centrarse en los intereses, no posiciones”; “Inventar opciones de ganancia mutua”; “Insistir en el uso de criterios objetivos”; “Conocer el MAAN (Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado)”, considera que involucrar terceras partes en una negociación no es lo más aconsejable, debido a los múltiples, ocultos y desconocidos intereses que se involucran.

Como advierte el Profesor Fisher, el involucrar terceras partes, que es lo mismo que internacionalizar el tema del Esequibo, no es la mejor vía para alcanzar un arreglo práctico y satisfactorio como establece el Acuerdo de Ginebra.

El gobierno desde un principio violó el primer principio, al dirigir sus ataques al recién electo Presidente de Guyana, en lugar de centrarse en el problema de fondo que es la reclamación y la violación al Art. V/2 del Acuerdo de Ginebra por los gobiernos de Jagdeo y Ramontar; los verdaderos responsables de la rebatiña de concesiones en la zona en reclamación, beneficiándose entre ellas una de las principales empresas petroleras asiáticas, China National Offshore Oil Company (CNOOC).

Varios errores graves se han cometido: el primero, el sorpresivo e inconsulto decreto 1787 que finalmente tuvo que derogarse debido a las reacciones negativas que generó desde Colombia hasta el Océano Pacifico e Indico a miembros de la Mancomunidad Británica, y el segundo, pensar que con PETROCARIBE se podía condicionar el apoyo de la CARICOM, lo cual significa la falta de conocimiento de El Caribe.

El Acuerdo de Ginebra es específico en su Art. IV al establecer como mecanismo de solución, el Art. 33 de la Carta de la ONU. Los errores están: en no tener una estrategia definida; en no tener presente que CARICOM es el organismo menos indicado para involucrarlo en la reclamación por ser parte interesada; en no tener claro cuál mecanismo de solución de controversias se ajusta a su estrategia; a que organismos o acuerdos regionales pudieran solicitarse su intervención; no tener presente que en una decisión jurisdiccional no funcionan las giras informativas y que el peor aliado es Cuba por sus relaciones históricas con Guyana.

@grevanales

jueves, 30 de julio de 2015

Otra vez el Esequibo


Prof. Eloy Torres

La geopolítica se ocupa del estudio de las causas espaciales de los hechos políticos y de sus futuros efectos. Se nutre de disciplinas como la historia, la geografía descriptiva y la  geografía política, entre otras. Por lo que el verdadero Estadista debe estar consciente de ello para evitar situaciones peligrosas a su país. Venezuela enfrenta un drama geopolítico con Guyana. Gracias a esta revolución, a su líder fundador, junto al presidente obrero, nos encontramos ante la posibilidad de perder territorios y el respeto internacional. Ya lo hemos dicho hasta la saciedad: el Esequibo, es emblemático. A Venezuela, particularmente a la civilista le costó que Gran Bretaña aceptase nuestras razones. Luego, Guyana, heredó esta situación. Nuestros reclamos están ahí. A pesar de algunas indecisiones: la rebelión del Rupununi como la idealista postura: el Protocolo de Puerto España, Venezuela siempre promovió su recuperación. Hubo negociación diplomática. En diplomacia, como en palacio, las cosas van despacio. Eran los tiempos de buscar una solución. Hoy éstos, están ausentes de la agenda exterior venezolana.   

No quiero parecer mezquino. El gobierno actuó, pero, lo hizo tarde. Lo ha debido hacer 16 años atrás. Hoy, éste se cubre con el manto patriótico y asocia la reclamación a su  gestión. Tampoco voy a entrar en consideraciones cartográficas, sino a invocar directamente los elementos vitales para Venezuela. Venezuela debe abandonar ese lenguaje ideologizado. Es el interés nacional. No se trata, como dicen algunos: la culpa es del hoy presidente Granger y la ExxonMobil que le manipula. Eso es una explicación simplista, pues todos los guyaneses mantienen una misma postura: defender ese territorio heredado por Gran Bretaña.

Hemos dicho que Venezuela debe prepararse para enfrentar el desafío de recuperar definitivamente ese territorio. Pero, primero debe cambiar la política exterior. Durante el periodo civilista- democrático, ella fue estructurada en el idealismo político: fijó sus posturas sólo en el terreno diplomático. Hoy la realidad ha cambiado y se requiere un cambio de timón hacia una postura acorde con el realismo político. La añorada “solución práctica” es posible si tuviésemos una dirección asertiva y no ideologizada. Venezuela, no debe repetir lo que ha hecho durante un siglo. Para ello hay que observar el interés nacional como la suma de los intereses y valores de todo el país, nunca de una ideología trasnochada, de una secta, o de un individuo, por demás endiosado. El interés nacional significa maximizar los beneficios y minimizar los sacrificios a la sociedad. Hay que evitar mayores sacrificios al país. La pérdida del Esequibo, es uno de ellos. 

@eloicito

miércoles, 17 de junio de 2015

Unidad nacional frente a Guyana


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 11 de mayo, se produjo un histórico cambio de gobierno en Guyana. David Granger del partido Congreso Nacional del Pueblo, en alianza con partidos minoritarios, ganó las elecciones por un estrecho margen de 1,3% de los votos. Así se cerró un largo ciclo político en Georgetown, ya que el Partido Progresista del Pueblo había gobernado desde 1992, y quedó fuera de juego el Ex-Presidente Donald Ramotar, quien demostró con creces su animosidad contra Venezuela. Lamentablemente, para evitar mostrar debilidad ante una Asamblea Nacional donde apenas tiene un representante más que la oposición, el Presidente Granger decidió ratificar la línea ofensiva de su antecesor contra Venezuela, y confirmó las abusivas concesiones petroleras entregadas en aguas que corresponden tanto al Esequibo como a nuestra Fachada Atlántica. Aquí destaca las actividades exploratorias del buque DeepWater Champion en el bloque Stabroek –participado al 45% por Exxon, 30% por Hess y 25% por la empresa china CNOOC-, donde fue declarado un “significativo descubrimiento de petróleo” el pasado 7 de mayo.

Dado que el Servicio Geológico de EEUU señala que en toda la zona marítima por delimitar entre Venezuela y Guyana pueden existir recursos prospectivos entre 13,6 y 15,2 millardos de barriles de petróleo liviano –similar en envergadura al descubrimiento de Brasil en áreas pre-sal desde 2007-, y entre 32 y 42 billones de pies cúbicos de gas natural, los políticos guyaneses han empezado a hablar de su país en medios diplomáticos como la “Kuwait de El Caribe”. En efecto, si estos recursos son certificados y se transforman en reservas comercialmente explotables, Guyana podría producir en una década al menos 1 millón de barriles diarios de petróleo, pasando a ser un exportador petrolero neto.

Por ello, en los últimos años, Guyana ha pretendido hacer avanzar con una serie de actos unilaterales hostiles su tesis marítima maximalista, ya no sólo desconociendo nuestros derechos sobre las aguas del Esequibo que deben negociase en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, sino incluso intentando cerrarnos nuestra estratégica salida al Atlántico. Su propósito no es otro que crear un conflicto y por esta vía forzarnos a ir a un arreglo judicial: Una estratagema que le resultó con Surinam. Empero, Venezuela a diferencia de Surinam no es signataria de la Convención del Derecho del Mar ni firmó el Protocolo Facultativo sobre Jurisdicción Obligatoria de la Corte Internacional de Justicia. Es decir, que cualquier vía judicial que se quiera explorar requiere la aquiescencia venezolana. Por ello, Guyana también busca victimizarse y promover la intervención de terceras potencias que forzarían eventualmente a Venezuela a aceptar esta vía.

Ya que Georgetown parece haber entendido como debilidad la postura venezolana de profundizar la cooperación bilateral más allá de nuestro legítimo reclamo del Esequibo, y ha interpretado la muerte de Hugo Chávez y la crisis económica como un momento propicio para pasar a la ofensiva, debemos mostrar firmeza y unidad frente a sus pretensiones. En este sentido, el Decreto Presidencial 1787 del 27 de mayo, declarando una Zona Operativa de Defensa Integral Marítima e Insular (ZODIMAIN) en toda la Fachada Atlántica y áreas marinas del Esequibo, es un buen primer paso al enviar un mensaje contundente: Venezuela también tiene una tesis marítima maximalista y puede jugar unilateralmente, de manera que, resulta más conveniente retomar los buenos oficios en el marco del Acuerdo de Ginebra.

Recientemente, el Canciller de Guyana, Carl Greenidge, señaló que acudiría ante el Secretario General de la ONU invocando el Acuerdo de Ginebra para “solicitar un arreglo judicial” sobre el “cuestionamiento” venezolano a la “validez del Laudo Arbitral de 1899”. Esta posición guyanesa absurda –al retrotraerse al Laudo Arbitral y dejar a un lado lo dispuesto en el propio Acuerdo de Ginebra que invoca- e inamistosa –al no tomar la posición de Venezuela-, debe ser enfrentada con decisión. El patrullaje de la Armada Nacional a lo largo de la ZODIMAIN, y una evaluación del acuerdo de petróleo por arroz en el marco de PETROCARIBE que genera tantos beneficios económicos a Guyana -Venezuela suministra 5 mil barriles diarios, esto es, 50% de su consumo; y adquiere 50% de sus exportaciones de arroz-, deberían catalizar una reunión de cancilleres.

No obstante, es crucial forjar una unidad nacional amplia, para lo cual proponemos que el Presidente Maduro explore la creación de una Comisión Presidencial para la Defensa del Esequibo y la Fachada Atlántica, que reúna a miembros de todas las fuerzas políticas, la Fuerza Armada y expertos en el tema, con el propósito de consensuar una sólida posición venezolana frente a Guyana. En este contexto, los partidos de oposición deben ofrecer apoyo –aunque sea crítico- al gobierno. La defensa de la integridad territorial y recursos vitales para futuras generaciones, no debe ser obstaculizada por diferencias ideológicas ni mezquindades políticas. Venezuela dividida no puede prevalecer. Además, debemos aprovechar el interés que por primera vez tiene Guyana en buscar una solución.

Finalmente, resulta de capital importancia designar un negociador venezolano a tiempo completo, el cual a su vez debe encabezar una campaña diplomática para explicar nuestra posición y exigir al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el nombramiento de un nuevo buen oficiante que no tenga pasaporte de la CARICOM, dado los vínculos históricos que le harían proclive a la posición guyanesa. Ya hemos tenido suficiente con Alister McIntyre (1989-1999) de Grenada, Oliver Jackman (1999-2007) de Barbados, y Norman Girvan (2010-2014) de Jamaica. Desde esta tribuna proponemos al Ex–Secretario General de la ONU, Kofi Annan, quien cuenta con una excepcional experiencia para propiciar una solución para este histórico diferendo limítrofe. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 20 de abril de 2015

Con el Esequibo como con las Malvinas


Embajador (r) Julio César Pineda

El histórico diferendo de Venezuela con el Reino Unido (posteriormente con Guyana por el Esequibo) y el caso de las Malvinas, tienen en común el reclamo histórico frente al imperialismo británico y sus injerencias en América Latina. En ambos casos, tanto por Argentina como por Venezuela, se invoca el principio del Uti Possidetis Juris, y el despojo territorial por una potencia extranjera. Reclamos que nuestros países nunca han dejado de presentar, tanto a nivel bilateral como multilateral, aunque últimamente la diplomacia argentina ha sido muy activa frente a las Malvinas, mientras que Venezuela ha dejado de lado el caso del Esequibo por otros intereses estratégicos.

La Constitución argentina es clara cuando establece "las islas Malvinas, y los espacios marítimos e insulares correspondientes, son parte integrante del territorio nacional". Y en su legislación interna sobre la nacionalidad afirma que: son argentinos todos los que nazcan en el territorio de la República, sea cual fuera la nacionalidad de sus padres, y declara inválida y sin ningún efecto jurídico las pérdidas o cancelaciones de la nacionalidad argentina. Por lo tanto, todos los nacidos en las islas Malvinas son argentinos, porque estos territorios son ocupaciones ilegales e ilegitimas del Reino Unido; esto para evitar el principio de autodeterminación que la corona inglesa siempre ha aludido, y fortalecer el principio de integridad territorial del Estado.

Como Argentina, la Constitución venezolana establece que "el territorio y demás espacios geográficos de la República son los que correspondían a la Capitanía General de Venezuela antes de la transformación política iniciada el 19 de abril de 1810, con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos arbitrales no viciados de nulidad".

El laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, donde se le quitó a Venezuela la territorialidad de 159.500 km2 es írrito y carente de toda validez, por eso el Acuerdo de Ginebra de 1966, donde se abre la discusión y la negociación sobre el Esequibo. La Capitanía General de Venezuela desde 1777 tuvo como límite este al río Esequibo.

Los británicos siempre aspiraban estas posesiones por sus recursos naturales. En 1822 el propio Bolívar exigía a Don Pedro Gual comunicarse con el enviado plenipotenciario en Inglaterra José Rafael Revenga sobre esas pretensiones coloniales. La debilidad de Venezuela no solamente fue jurídica, sino política, por la inestabilidad de esa etapa histórica, de golpes y caudillos, más preocupados por el poder interno que por el destino de nuestras fronteras.

Las Malvinas

En el caso de las Malvinas el archipiélago tiene una extensión cercana a los 12.000 km2. En 1833 el imperio británico invadió las Malvinas en un acto ilegal e ilegitimo, con una política expulsión y sustitución de la población original. El gobierno argentino el 17 de junio de 1833 formalmente reclamó la soberanía territorial del archipiélago con nota diplomática, alegando sus derechos territoriales. Reclamo que Argentina nunca ha dejado de presentar frente al Reino Unido.

El gobierno argentino, desde 1945 ha sido muy activo en los foros internacionales y lo presenta como una permanente política de Estado. Ha logrado incluir el tema en el Comité de Descolonización de la ONU. En el MERCOSUR, cuenta con total apoyo, incluyendo el respaldo permanente de Venezuela. Igualmente en la ALADI. Y con los Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Rio. En UNASUR desde 2010, siempre está presente el reclamo argentino, con decisiones como impedir el ingreso en sus puertos de los buques que enarbolen la bandera de las Malvinas y el control del comercio incluyendo la explotación de hidrocarburos y minas en esa región. El 5 de febrero de 2012, el ALBA, donde Venezuela ejerce un papel fundamental, también se solidarizó no solamente con el planteamiento diplomático sino con acciones concretas, frente a los barcos con banderas de las Malvinas.

¿Contundencia?

La diplomacia venezolana no ha tenido tal contundencia en el reclamo internacional por el territorio del Esequibo. Es tiempo para nuevos pronunciamientos y acciones, especialmente cuando Guyana actúa en forma provocativa con autorizaciones y concesiones a compañías extranjeras en el Esequibo. El último acto hostil ha sido el del barco de la Exxon Mobil, compañía que pretende realizar actividades de exploración petrolera en la zona en reclamación, sin contar con la previa notificación a Venezuela contemplada en el Acuerdo de Ginebra, además en momentos de una difícil situación entre Caracas y Washington, y contando con el pleno respaldo de los países del CARICOM, muchos de los cuales se han beneficiado de los programas de PETROCARIBE. 

Publicado originalmente en El Universal

miércoles, 25 de marzo de 2015

EEUU, Guyana y la soberanía Nacional


Luis Peche 

El 5 de marzo -ignórese lo peculiar de la fecha- la trasnacional Exxon Mobil inició labores de exploración petrolera en aguas de lo que todos conocemos como “zona en reclamación”, territorio que a fecha de hoy se mantiene en disputa entre los gobiernos de Guyana y Venezuela. No conformes con esta acción abusiva a las condiciones a las que debe someterse este tema, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la república guyanesa le solicitó al gobierno venezolano que “no interfiera” con estas exploraciones, una declaración que podría calificarse como “soberbia” ante la cual solo hemos visto timidez por parte de los portavoces de nuestro país.
Mientras tanto, decía Maduro hace un par de días en una “concentración antiimperialista”, que “éste es el momento de estar con la patria o estar con los traidores”. Con mucha vehemencia ha calificado su persona y el resto del gabinete de gobierno las sanciones aplicadas por el gobierno de los Estados Unidos, importantes per sé, pero que parecen haber monopolizado la agenda temática del país, opacando la grave situación que se suscita en nuestra frontera.

Es entendible y digno de apoyar que el Presidente de la República encabece la lucha por la soberanía nacional y el posicionamiento de nuestro país como uno autónomo dentro de la región y del contexto actual. Sin embargo, lo que es cuanto menos criticable es actuar con doble moral. ¿Por qué mostrar tanta contundencia ante un comunicado de los Estados Unidos y no asumir una posición clara y firme sobre nuestro territorio en discusión? De igual forma, soy de los que cree que la planificación es la base de la acción eficiente. ¿Ha planificado nuestro gobierno un accionar para buscar el mejor arreglo posible sobre esta disputa territorial desde antes que explotaran los problemas bilaterales con el gobierno estadounidense? Las respuestas, vistas las acciones de los últimos días, parecen claras.

Mientras peleamos con Estados Unidos, hacemos exigencias al gobierno español de que controle los medios de comunicación de su país por ser críticos a nuestro país o acusamos al gobierno colombiano de propiciar un golpe de Estado, nuestra nación vecina informó a la Comunidad del Caribe (CARICOM), a UNASUR, a la OEA, a la Mancomunidad de Naciones y la Secretaría General de Naciones Unidas sobre sus intenciones de exploración petrolera en una zona que ni siquiera debería tener controversia, pues forma parte de la soberanía que nos concede la plataforma continental del estado Delta Amacuro y de las salidas del río Orinoco.

Es momento de que este gobierno deje a un lado el nacionalismo de micrófono y comience a aplicar la diplomacia para solventar las disputas que nos urgen. Nos jugamos lo que se presume que es una de las reservas petroleras más grandes del planeta y pareciese que Venezuela prefiriese mantener la fidelidad de Guyana en los organismos internacionales que exigirle un trato justo con relación al reclamo que nos compete. Con temas como el Esequibo es donde realmente los venezolanos debemos apreciar el valor que le otorga el gobierno al rol de nuestro país en el mundo. Señor Nicolás Maduro, señora Delcy Rodríguez, ¿Observamos cómo perdemos territorio o buscamos el arreglo que mejor nos favorezca en este caso y respete nuestra integridad territorial? La defensa de la soberanía empieza por casa.

martes, 17 de marzo de 2015

La embestida guyanesa


Dr. Kenneth Ramírez

Desde la llegada al poder de Donald Ramotar en 2011, hemos observado una ofensiva guyanesa destinada a desconocer los derechos venezolanos en el Esequibo y la Fachada Atlántica reconocidos en el marco del Acuerdo de Ginebra firmado entre ambos países en 1966 y el Tratado de Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas firmado con Trinidad y Tobago en 1990. Dicha embestida ha consistido en un conjunto de actos unilaterales inamistosos que tratan de preparar el terreno para llevarnos ante la Corte Internacional de Justicia, donde Guyana intentaría victimizarse y presentar dichos actos como “pruebas fehacientes” de soberanía efectiva para hacer valer su tesis territorial maximalista. Recordemos que nuestra reclamación del Esequibo está bajo el mecanismo de los buenos oficios en el marco del Acuerdo de Ginebra para buscar una “solución práctica y satisfactoria”. Empero, Donald Ramotar envalentonado ante nuestra crisis nacional y espoleado por sus intereses electoralistas, ha pasado de rechazar nuestro legítimo reclamo, a intentar apoderarse de buena parte de nuestra Fachada Atlántica mediante una interpretación hostil que extiende las áreas marinas y submarinas del Esequibo hacia el Oeste y corta la proyección marítima del estado Delta Amacuro, lo cual nos supondría una grave pérdida de recursos naturales y cerraría nuestra estratégica salida al Atlántico. Veamos.

El 6 de septiembre de 2011, la Canciller guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett formalizó ante la ONU, una solicitud para extender su plataforma continental de 200 a 350 millas en dirección al territorio venezolano. Dijo haber conversado con Barbados, Surinam, y Trinidad y Tobago; pero no lo hizo con Venezuela. El 9 de marzo de 2012, el gobierno venezolano envió una nota diplomática al Secretario General de la ONU para exigir nuestros derechos, la cual fue transmitida a la Comisión de Límites de la Convención del Mar, que decidió suspender la solicitud. No obstante, Ramotar dio un paso más y reactivó las concesiones petroleras. Así, Exxon inició estudios en el “bloque Stabroek” ubicado en áreas que corresponden al Esequibo y la Fachada Atlántica. Además, en junio de 2012, fue otorgada la concesión del “bloque Roraima” a Anadarko Petroleum en la Fachada Atlántica. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos de 13,6 millardos de barriles de petróleo y 32 billones de pies cúbicos (TCF) de gas en la cuenca costa afuera Guyana-Surinam -una de las áreas sin explorar más prometedoras del Mundo-; mientras en la Fachada Atlántica se estiman recursos de 38 TCF, de los cuales PDVSA ha certificado 7,3 TCF. Esto explica la agresiva arremetida guyanesa, que con estos recursos podría convertirse en un exportador petrolero a largo plazo.

El 10 de octubre de 2013, se produjo la detención patriótica de la embarcación Teknik Perdana por la Armada Nacional, la cual intentaba realizar actividades exploratorias para Anadarko Petroleum en nuestro espacio marítimo. El entonces Canciller Jaua y la Canciller Rodrigues-Birkett acordaron en Puerto España el 17 de octubre de 2013, que la delimitación marítima es un tema pendiente que requerirá negociaciones bilaterales y acordaron nombrar comisiones técnicas.

Sin embargo, el 22 de diciembre de 2014, la Canciller Rodrigues-Birkett volvió a la carga, afirmando que: “Han pasado más de 20 años desde el proceso de buenos oficios. Si en dos décadas no se tiene el progreso que quieres ver, hay que revisar otras opciones”, mencionando el arbitraje y la Corte. Esto fue rechazado por la Cancillería venezolana el 30 de diciembre de 2014, señalando que la búsqueda unilateral de otras opciones puede “interpretarse como un acto inamistoso”.

El 28 de febrero de 2015, la Canciller guyanesa emitió un nuevo comunicado donde advierte al gobierno venezolano que desista de su posición ya que “podría obstaculizar el desarrollo de Guyana y de su pueblo”. Ante esta nueva acción hostil, la Cancillería venezolana emitió un comunicado el 3 de marzo donde muestra sorpresa por el “injusto” comunicado guyanés, y señaló que se reserva todas las acciones diplomáticas para defender nuestra soberanía. Por último, el 6 de marzo se iniciaron las actividades exploratorias del buque Deepwater Champion en el “bloque Stabroek”, y el pasado 14 de marzo la Canciller guyanesa señaló que las objeciones venezolanas son “contrarias al Derecho Internacional”. Con todo esto, Ramotar también procura popularidad ante las elecciones del 11 de mayo, convocadas tras suspender y disolver el Parlamento –recibido con críticas por la oposición y preocupación en la Commonwealth, la OEA y CARICOM.

Donald Ramotar ha demostrado suficientemente su postura poco amistosa hacia Venezuela, a pesar del intento del gobierno venezolano de profundizar la cooperación bilateral más allá de nuestro legítimo reclamo del Esequibo, incluyendo el acuerdo de intercambio de petróleo por arroz en el marco de PETROCARIBE. Ha llegado la hora que Venezuela busque un entendimiento con la oposición guyanesa encabezada por David Granger del partido socialista Congreso Nacional del Pueblo, y promueva su llegada al poder. Esta acción debe acompañarse de una campaña diplomática en El Caribe para explicar nuestra posición, así como la embestida que hemos sufrido. Asimismo, el Presidente Maduro y el nuevo gobierno guyanés deben retomar los buenos oficios, siendo crítica la designación de un negociador venezolano a tiempo completo. En este contexto, la nueva estrategia venezolana debe centrarse en utilizar las ambiciones petroleras de Guyana para lograr una solución respecto al Esequibo.

Finalmente, se debe extender unilateralmente nuestra plataforma continental generada por Delta Amacuro a 350 millas y continuar con el patrullaje de la Armada Nacional, para enviar un mensaje contundente a Guyana: No tiene nada que buscar al Oeste de Punta Playa, nuestra Fachada Atlántica es innegociable. 

@kenopina

jueves, 12 de diciembre de 2013

La negociación con Guyana


 

Embajador (r) Sadio Garavini di Turno


En el comunicado conjunto que firmaron en Trinidad los cancilleres Jaua y Rodriguez, el pasado 17 de octubre, después del incidente en el cual el buque Teknic Perdana fue apresado por la Armada venezolana en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco, se menciona el inicio de unas “negociaciones técnicas” entre Venezuela y Guyana. Al respecto es necesario subrayar lo siguiente:
 
Tomando en cuenta que Guyana  ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas, entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. Por tanto al oeste de Punta Playa no hay nada que negociar, sólo hay que patrullar. Sin embargo, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en “su” fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, único marco jurídico vigente entre las partes, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado “lobby” en la ONU y en la comunidad internacional, particularmente en el Caribe.  También hay que reiterar que, de acuerdo al artículo 5 del Acuerdo de Ginebra, Venezuela desconocerá toda actuación de transnacionales  en áreas terrestres, marinas y submarinas en la zona en reclamación.
 
La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del delta del Orinoco son dos temas distintos pero íntimamente relacionados. Hay que  exigir que las negociaciones  deben darse en un ambiente de transparencia, los nombres de los negociadores por Venezuela deben ser conocidos y deberían ser escogidos entre los expertos en la materia.
 
Guyana buscará negociar una línea de delimitación marítima, dejando de lado la negociación sobre la zona en reclamación y aunque teóricamente no sería imposible delimitar, reservando nuestros derechos sobre la zona en reclamación, en la práctica entregaríamos uno de los pocos mecanismos de presión que Venezuela tiene sobre Guyana para que negocie un arreglo práctico a la controversia, porque una vez logrado un acuerdo sobre una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre el estado Delta Amacuro y la Zona en Reclamación, aunque nos reservemos los derechos sobre la misma, Guyana se sentiría en libertad de reiniciar el otorgamiento de concesiones a transnacionales sobre la base de la delimitación acordada con Venezuela. Por tanto, obviamente, se haría mucho más difícil encontrar un arreglo práctico a la controversia.
 
Publicado originalmente en El Universal