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martes, 6 de octubre de 2015

Diplomacia Vaticana


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Las pasadas semanas han sido especialmente noticiosas en materia internacional por diferentes acontecimientos como fueron: la gira papal, la Asamblea General de la ONU y los discurso de los Jefes de Estado; las reuniones bilaterales dentro del marco de la Asamblea y fuera de ella; y algunos acuerdos alcanzados, donde la Diplomacia Vaticana jugó un papel clave en su definición.
La Diplomacia Papal en términos históricos podría remontarse mas allá de las luchas calvinistas, luteranas y de los Borgia donde la Iglesia como poder espiritual, tuvo sus intereses terrenales; sin embargo, El Vaticano, como Estado obtiene su reconocimiento internacional con personalidad jurídica y responsabilidad internacional con el Tratado de Letrán de 1929 firmado por Benito Mussolini en representación del Rey de Italia, y el Cardenal Gasparri en nombre de Pio XI. Durante el período de Pio XI se caracteriza por un mutismo, posiblemente por sus acuerdos para tratar de apaciguar al nazi-fascismo.
Pio XII enmendó los pasos de su antecesor, oponiéndose en forma cauta al nazi-fascismo y protegiendo a miles de judíos ante la persecución. No obstante, fue el primer político en pronunciarse en contra de las decisiones alcanzadas en Potsdam: No apoya la creación de la ONU y manifiesta en una pastoral que “El edificio de la paz se apoyará en bases débiles que amenazan derrumbarse, cuando se establecen las fronteras con una sola plomada”.
Es a partir de la entrada en vigencia de la nueva constitución del Vaticano, 15 de agosto de 1967, Regimini Ecclesiae universae, que el Secretariado de Estado es reorganizado y encargado de llevar las relaciones con el extranjero.
Con esta reforma, y con la elección del Nuncio Apostólico ante Paris y primer observador de El Vaticano ante la UNESCO, de Angelo Giuseppe Roncalli -quien sería más tarde electo Papa con el nombre de Juan XXIII-, se produce un cambio radical en el Estado eclesiástico. El Papa Juan XXIII al convocar al Concilio Ecuménico bajo el nombre de Vaticano II y pronunciar su encíclica Pacem in Terris, 11 de abril de 1963; por primera vez apoya, en nombre del Estado eclesiástico, los trabajos de la ONU y la coexistencia pacifica. A partir de Juan XXIII comienza el resurgimiento moderno de la Diplomacia Vaticana. En el momento de su muerte, el 3 de junio de 1963, las Naciones Unidas baja la bandera a media asta en su reconocimiento como Jefe de Estado y a los pocos meses de ese mismo año el Secretario General de la ONU,  U. Thant, hace una visita de cortesía al nuevo Papa Pablo VI  quien nombró su observador permanente ante las Naciones Unidas. Pero la mayor prueba de eficiencia de la Diplomacia Papal es su participación en el derrumbamiento del Muro de Berlín bajo el liderazgo del Papa polaco.
Sin dejar la historia de lado; el Papa Francisco le ha dado a la Diplomacia Papal un vuelco público al salirse de los cánones tradicionales y recurrir a una diplomacia de contacto con los ciudadanos, incluso con el uso de las redes publicas que lo ponen a competir en popularidad con las estrellas del Pop y la alfombra roja.
El Papa Francisco en su primer desafío logró sentar a israelíes y palestinos. Hoy en su agenda contabiliza su contribución al restablecimiento de las relaciones EEUU-Cuba, el encuentro del Presidente Santos y las FARC, sus visitas a Paraguay, Bolivia, Ecuador, Cuba y EEUU, su discurso en las Naciones Unidas; todas muestras de una nueva Diplomacia Vaticana en acción.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Stalin preguntó “con cuantas divisiones contaba el Papa”. Hoy vemos que ni con Sukhoi ni fragatas, con sólo la palabra y las “sandalias del pescador”, ha llamado a poner orden en la Casa con su exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio” y su extraordinaria encíclica “Laudato si”.
La Diplomacia Papal tiene que ser un ejemplo para los Jefes de Estado; en particular para Nicolás Maduro. El Estado de confrontación, la carrera armamentista y la compra de vetusto armamento ruso, no son la solución a los problemas de los venezolanos.

@grevanales

viernes, 24 de abril de 2015

Genocidio Armenio: Una herida abierta


Iván Rojas Álvarez

Hoy, 24 de abril de 2015,  se conmemora el primer centenario del inicio del llamado genocidio armenio, el primer acto de esta naturaleza cometido durante el siglo XX. En esta fecha el gobierno otomano decidió apresar a 250 periodistas, intelectuales y otros líderes de la comunidad armenia en Constantinopla (hoy Estambul). Ese día, llamado por algunos el domingo rojo, marcó el inicio un ataque sistemático contra la comunidad armenia en lo que actualmente es Turquía, con el fin de exterminarlos completamente, sometiéndolos a ejecuciones, violaciones masivas, marchas forzadas hacia el desierto y el posterior ultraje y robo de sus propiedades y posesiones. Se estima que entre un millón y un millón y medio de armenios fallecieron en este proceso.

Aún hoy podemos sentir las secuelas de tan devastadores hechos, y es sorprendente que un siglo después el gobierno turco siga minimizando y negando la escala de la tragedia, absteniéndose de considerarla un genocidio y tratando de ponerla en el contexto de las muertes ocurridas durante la Primera Guerra Mundial. Durante los últimos días, tanto el Parlamento Europeo como el Papa Francisco, han hecho referencia de forma bastante notoria a estos deplorables hechos, y la única respuesta obtenida por parte del gobierno turco ha sido el más enérgico rechazo.

La naturaleza de estas acciones como un genocidio no están en discusión, después del holocausto ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, el genocidio armenio es probablemente el más estudiado y documentado, incluso Raphaël Lemkin, jurista quien formuló el concepto de genocidio, se inspiró en el genocidio armenio para poner en marcha su trabajo en la materia. En Venezuela tenemos en la obra del famoso militar y escritor Rafael de Nogales Méndez, “Cuatro años bajo la Media Luna”, en cuyas páginas hay referencias a la masacre armenia, situación la cual movió al militar tachirense a abandonar las filas otomanas.

No está de más que decir que esta postura intransigente del gobierno turco en este tema, la cual podríamos unir a su trato hacia las comunidades kurdas del este del territorio, su injerencia en Chipre a través del apoyo a la República Islámica de Chipre del Norte, han trancado de alguna manera las posibilidades de Turquía de surgir como una verdadera voz de peso dentro de la Comunidad Internacional y un mediador eficiente entre Occidente y los Estados de Medio Oriente. Podría considerarse incluso que con el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Turquía ha de hecho retrocedido en el proceso de maduración política necesario para asumir responsabilidades como potencia regional emergente.

Turquía y Armenia por supuesto carecen de relaciones diplomáticas en la actualidad y sus fronteras están cerradas, hecho que lastima a ambas economías, y no se avizora en el horizonte una solución distinta a que Turquía de su brazo a torcer y reconozca las atrocidades cometidas. Con este centenario, la difusión de lo ocurrido y la presión sobre el gobierno turco se incrementará, en buena medida debido al rol activo de la diáspora de más de 8 millones de armenios en el Mundo, de los que un pequeño y muy laborioso grupo hacen vida en Venezuela –el cual logró que nuestra Asamblea Nacional reconociera el genocidio armenio en 2005. Empero, queda de parte de cada uno de los Estados miembros de la Comunidad Internacional, convertir o no este tema en uno importante en la agenda de sus relaciones con Ankara.

A la sociedad civil solo le queda seguir trabajando en la difusión y educación sobre estos hechos, tal como han hecho iniciativas como el Genocide Education Project, entre muchas otras más, al igual que cualesquiera otros acontecimientos que siguen siendo tapados por los gobiernos y que lo único que logran es perpetuar el estancamiento y no el progreso de las sociedades, pues perpetúan odios y resquemores innecesarios entre grupos étnicos, nacionales, sociales y/o religiosos, que sólo generan muerte, destrucción y desentendimientos, en contraposición a la necesaria cooperación, diálogo, tolerancia y progreso, que siempre son posibles cuando los Estados tratan de construir viendo hacia el futuro en vez de hacia el pasado.


@IvanRojas92

Genocidio Armenio: Tapando el sol con un dedo


Embajador Arturo Sarukhan

A mi abuela Angele Kermezian y a Hrant Dink.

Hoy, Armenia y la diáspora armenia en todo el Mundo, junto con prácticamente toda la Comunidad Internacional, estarán rememorando el centenario del primer genocidio del siglo XX. 

El 24 de abril de 1915, el Imperio Otomano ordenó el arresto de cerca de 250 intelectuales, periodistas, abogados y empresarios armenios en Constantinopla, y con ello inició una política sistematizada, planeada y deliberada de deportación, limpieza étnica y exterminio de la comunidad armenia-otomana. 

A partir de 1915 y sobre todo en 1916, el triunvirato que en aquel entonces conducía el gobierno otomano —Talat Pasha, Enver Pasha y Cemal Pasha— mandó exterminar, mediante marchas forzadas al desierto sirio y ejecuciones, a cerca de 1,5 millones de ciudadanos armenios. Cerca de 800 mil armenios lograron escapar y encontrar refugio en otros países, entre ellos mi abuela paterna.

Estas atrocidades son hechos, no mitos. No están en duda; se encuentran ampliamente documentadas por historiadores, periodistas y diplomáticos de la época, y por los archivos tanto otomanos como armenios y en otras naciones. 

Que hubo la decisión de proceder con el exterminio está comprobado. Y tampoco son, ni pueden ser, explicadas como muertes en el contexto más amplio de pérdida de vidas turcas como resultado del apoyo otomano a Alemania en la conflagración mundial de 1914-1918.

En un intercambio ampliamente comprobado entre el entonces Embajador estadounidense Henry Morgenthau y uno de los integrantes del triunvirato gubernamental, Talat Pasha, éste explícitamente le indica al Embajador que han tomado la decisión de “acabar con todos” los armenios en el Imperio. 

El genocidio fue la peor atrocidad de la Primera Guerra Mundial, y al día de hoy sigue siendo una herida abierta. En gran parte ello es el resultado de 100 años de gobiernos turcos que han respondido al genocidio, al Mundo y a quienes formamos parte de la diáspora armenia —como mi padre, mi hermana y yo y nuestros hijos— con silencio y con negación. 

La herida también supura por el rechazo, la indignación y la rabia de millones de armenios, tanto en Armenia como alrededor del mundo, y que incluso, en algunos momentos llegó a derivar en actos terroristas en contra de diplomáticos turcos en los años setenta y ochenta.

¿Cómo encontrar la reconciliación entre la intransigencia a confrontar y aceptar ante los ojos del Mundo los crímenes del pasado, por un lado, y la rabia y el dolor de quienes sobrevivieron y de sus descendientes, por el otro?

De entrada, Armenia y Turquía deben encontrar la manera de sanar las heridas del pasado y ver hacia el futuro. El bienestar y la seguridad de ambos pueblos lo demanda. Pero para que la reconciliación sea posible, hay que reconocer y confrontar el pasado. 

La amnesia histórica y apostar a que al Mundo se le olvide el genocidio armenio (en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, Hitler subrayó que “al final del día, quién se acuerda del exterminio de los armenios”) —o que por consideraciones geoestratégicas algunas naciones, particularmente Estados Unidos con su enorme población de origen armenio, sigan volteando la mirada— no puede seguir apuntalando la estrategia turca. 

De la misma manera, argumentar que todo aquel, sea éste el Papa, el Parlamento Europeo o cualquier individuo que habla del genocidio miente, difama y conspira contra Turquía o es un “racista”, no debe ser la respuesta de una gran nación como lo es la turca y que muchos de nosotros queremos ver como un jugador internacional responsable y con peso, un pivote entre Occidente y el Mundo musulmán, encuadrado en el gran proyecto de la Unión Europea. 

Pero el precio para jugar en esas ligas debe ser reconocer y confrontar el pasado, el pasado que además no es propio, sino el de un Imperio decrépito que al colapsarse dio pie a la República secular turca. Para Armenia y los armenios desperdigados en el Mundo también habrá decisiones difíciles que tomar. ¿Vale la pena lograr el reconocimiento turco a cambio de dejar a un lado la demanda de reparaciones?

Los relatos que le escuché a mi abuela sobre lo que vivió, vio y tuvo que hacer para escapar del genocidio son el testimonio de un capítulo de la historia mundial que no puede ser, ni será, borrado o acallado. 

El pasado forma parte de todos nosotros. Tenemos que garantizar que el entorno actual no minimice, o deje de reconocer y articular el significado moral del genocidio. La invocación armenia, ‘Djamangen gar oo chagar’ —“había y ya no hay”— es la expresión cotidiana del horror de 1,5 millones de voces armenias silenciadas. Los que quedamos seguiremos levantando la voz.

Publicado originalmente en El Universal de México

@Arturo_ Sarukhan

Panamá, una cumbre de transición


Dr. Kenneth Ramírez

La VII Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, a dos décadas de haberse iniciado este proceso político-diplomático, fue histórica. La primera cumbre sin Hugo Chávez; la última con Barack Obama, Cristina Fernández de Kirchner, y el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza –que deja a la organización en su momento más bajo desde su relanzamiento tras finalizar la Guerra Fría-; y la primera con Cuba, representada por Raúl Castro. Y todo ello con una asistencia récord de mandatarios –todos los del Hemisferio, salvo la Presidenta Bachelet, debido a las inundaciones en el Norte de Chile y escándalos de corrupción-, y bajo la mirada auspiciosa del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon; el Secretario de Estado de El Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, y el Presidente Varela -que se lució como anfitrión con una diplomacia prudente y organizada.

Sin duda alguna, el tema central de la cumbre “Prosperidad con Equidad” quedó eclipsado por la cristalización del acercamiento entre Cuba y EEUU. Esto, aunque lógico desde el ángulo mediático y político, no dejó de ser una oportunidad perdida para lograr una agenda común que respondiera a lo verdaderamente importante. El FMI y la CEPAL advierten que América Latina y El Caribe encara el fin de la “década dorada” de dinamismo económico asociado al boom de las materias primas y los negocios con China -que ha entrado en una fase de desaceleración económica-, lo cual se traduce en una ralentización del crecimiento promedio anual del PIB regional desde un sólido 4% en el período 2003-2012 a un moderado 1,6% en el período 2013-2016. Por su parte, el Banco Mundial y el PNUD advierten sobre el impacto que esto puede tener en materia de equidad social, donde el logro de haber reducido casi a la mitad la pobreza en la región en la pasada década se encuentra en riesgo. Y, todo esto, ya se traduce en un fuerte impacto político en Argentina, Venezuela y Brasil.

Así las cosas, los reflectores se centraron en los discursos y el apretón de manos de Barack Obama y Raúl Castro en el primer encuentro entre líderes de ambos países en más de medio siglo, dando un impulso además al proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas anunciado hace 4 meses. El discurso cubano osciló entre la memoria histórica y el pragmatismo, con un Raúl Castro que desgranó los errores de la política de EEUU hacia Cuba, pero exculpó a Obama de los mismos. Asimismo, subrayó que una cosa es restablecer las relaciones diplomáticas y otra normalizarlas, remitiendo esto último al fin del embargo que depende de la decisión de un Congreso dominado por el Partido Republicano. Empero, la recomendación del Departamento de Estado de sacar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, mostró la determinación de Obama para cerrar este anacrónico y divisivo capítulo de la Guerra Fría.

Aunque el Presidente Obama dejó en evidencia cierta frustración por no haber logrado renovar totalmente las relaciones interamericanas, logró hacer brillar su legado hacia América Latina y El Caribe en Panamá, con cambios en materia de política anti-drogas, ajustes parciales en materia de política migratoria, su apoyo a la paz en Colombia con el nombramiento de Bernard Aronson como Enviado Especial, una nueva política energética hacia El Caribe –con una promesa de 20 millones de dólares para impulsar energías renovables y eficiencia energética-, el Plan “Alianza para la Prosperidad” con Centroamérica –con una promesa de mil millones de dólares para desarrollo y seguridad-, y el acercamiento a Cuba con el propósito de fomentar una liberalización política gradual apalancada en el comercio, las inversiones, las comunicaciones y el turismo. Falta por ver si la nueva política de détente hacia Cuba funcionará como desea Obama; o si marcará el inicio de la “chinización” de Cuba como parece buscar Castro, es decir, su reingreso por la puerta grande al Sistema Interamericano de la mano con EEUU y con una amplia apertura económica para compensar la pérdida del subsidio económico de Venezuela -21% de reducción del suministro petrolero en 2014-, pero conservando su sistema político aunque con un relevo de dirigencia en 2018.

Por otra parte, el Presidente Maduro luce como el gran perdedor de la cita. No logró ni “venezolanizar” la Cumbre con su estrategia de polarización, ni la revocatoria del decreto de Obama sancionando a siete funcionarios venezolanos por violaciones a los Derechos Humanos después de una ardua campaña político-diplomática. Aunque buena parte de esto se debe al hecho material de una crisis económica que agravada con la caída de los precios del petróleo -50% desde junio de 2014- y combinada con la desaparición de Chávez se ha traducido en una pérdida de liderazgo regional; mucho de este resultado también se debe a la labor diplomática de último minuto del Consejero del Departamento de Estado, Thomas Shannon, quien visitó Caracas para bajarle el volumen al desencuentro diplomático ocasionado por el lenguaje utilizado por el decreto presidencial.

El discurso anti-imperialista y de confrontación de Maduro hacia Obama, sólo logró eco en sus aliados ALBA y Argentina, pero incluso Cuba hizo equilibrios. La región si bien ha rechazado el decreto de Obama en diversos foros –de la CELAC a UNASUR- por los intereses en juego, la falta de diligencia de parte de EEUU en explicar el lenguaje y la tradición diplomática latinoamericana, tampoco deseaba confrontar a un Obama que se despide de la región con avances positivos y que aclaró que no consideraba a Venezuela una amenaza. En consecuencia, Maduro tuvo que conformarse con romper el consenso y hacer que nuevamente una Cumbre de las Américas terminará sin una declaración final mediante su exigencia de incluir un rechazo a las sanciones de EEUU; y con una conversación de pasillo de pocos minutos y sin foto alguna con Obama, quien volvió a explicarle las motivaciones de su decreto, su rechazo a la encarcelación de líderes opositores, así como su interés en la reactivación de un diálogo político realmente fructífero en Venezuela. Según el Presidente Maduro el encuentro fue serio, franco y “hasta cordial”, y ha agregado, que podría abrirse un diálogo con EEUU. Empero, tendremos que ver si esto realmente se produce, ya que el gobierno venezolano parece más interesado en lograr polémicas externas para desviar la atención de la población de la severa crisis económica que padece. La clave para materializar la petición regional de diálogos gemelos, entre los gobiernos de EEUU y Venezuela, y entre las principales fuerzas políticas en Caracas, como salida a la compleja crisis venezolana, parece estar en una coordinación tras bastidores nada sencilla entre EEUU, Brasil, Cuba y El Vaticano que son los actores con influencia efectiva. Aquí se hace relevante el otro acercamiento menos espectacular que se produjo en Panamá, entre Dilma Rousseff y Barack Obama, quienes dejaron atrás el impasse provocado por el tema del espionaje en 2013, y acordaron una visita de trabajo de la líder brasileña a Washington el próximo 30 de junio.

En conclusión, asistimos a una cumbre histórica pero de transición, cargada de una naturaleza similar al dios romano bifronte Jano. Reminiscencias del pasado de desconfianza y enfrentamiento entre EEUU y América Latina y El Caribe se hicieron palpables y evitaron concretar una nueva agenda común que sirviera de guía al nuevo Secretario General de la OEA, Luis Almagro; pero al mismo tiempo, se sintieron fuertes vientos de cambio que apuntan a un futuro lleno de pragmatismo y cooperación que aún no aflora completamente. La nueva era que despunta en el horizonte invita a todos los actores a revisar sus agendas y estrategias externas, así como a la necesidad de encontrar una nueva narrativa para abordar las relaciones interamericanas. Toca prepararse para la VIII Cumbre que tendrá lugar en Lima en 2018, la cual desde ya promete ser una transformational summit –como lo fue la de Miami en 1994 que marcó el inicio de las cumbres liberales, y la de Mar del Plata en 2005 que marcó el inicio de las cumbres polarizadas-; con un nuevo gobierno en EEUU que -valorando la importancia del voto latino en las elecciones de 2016- tendrá el interés y un buen punto de partida -gracias a los cambios de coyuntura y al legado constructivo de Obama- para liderar un nuevo consenso hemisférico.

Publicado originalmente en América Economía

@kenopina

martes, 23 de diciembre de 2014

Realismo a la cubana


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 17 de diciembre, Raúl Castro y Barack Obama anunciaron en sendos mensajes televisados, el paso más firme en varias décadas hacia la normalización de las relaciones Cuba-EEUU. En concreto, señalaron que sostendrán discusiones políticas de alto nivel para establecer relaciones diplomáticas a nivel de Embajadas, que han sido inexistentes desde 1961. El Presidente Obama también anunció un intercambio de prisioneros, la flexibilización de las restricciones a las transacciones financieras y los viajes a Cuba, y la autorización a la exportación de determinados bienes y servicios -donde destacan los relacionados con telecomunicaciones y acceso a internet. Además, el Departamento de Estado revisará la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo. Aunque el Presidente Obama puede implementar todas estas medidas, dejó la espinosa cuestión del levantamiento formal del embargo comercial al Congreso de EEUU, ya que está recogido en una ley. Por su parte, Raúl Castro expresó su “respeto y reconocimiento” al Presidente Obama.

En definitiva, estamos ante el inicio de un histórico acercamiento Cuba-EEUU, pero resulta importante reflexionar sobre la variable temporal: ¿Por qué ahora si Barack Obama ofreció todo esto a Cuba desde 2009? Ha trascendido que con la ayuda de Canadá y El Vaticano, La Habana aceptó negociar secretamente con Washington desde hace año y medio; es decir, justo tras el fallecimiento de Hugo Chávez. Y, precisamente ahora, que los precios del petróleo han caído en más de 45% desde junio y los pronósticos muestran que se mantendrán deprimidos en los próximos 2  o 3 años, Cuba decidió liberar al contratista estadounidense Alan Gross, exigido por EEUU para cerrar esta etapa inicial. Incluso, lo hizo sin informar a Caracas –aunque pocos días antes se había celebrado una Cumbre de la ALBA en La Habana-, y sin importarle mucho que con ello torpedeara indirectamente la campaña internacional del Presidente Maduro contra las sanciones aprobadas contra funcionarios venezolanos por el Congreso de EEUU.

La razón del comportamiento cubano es bastante sencilla: Raúl Castro está siguiendo sus intereses nacionales, no solidaridades ideológicas. Cuba percibe que tiene mucho que ganar al iniciar ahora el proceso de acercamiento con EEUU, ya que su socio más importante, Venezuela, se enfrenta a una crisis económica agravada con la caída de los precios del petróleo, lo que limitará su capacidad de seguir financiando y cumpliendo puntualmente con el suministro petrolero a la isla. Por consiguiente, el aumento de las transacciones económicas con EEUU representa un valioso balón de oxígeno para Cuba, mientras está realizando la transición hacia un nuevo liderazgo y un nuevo modelo económico. Recordemos que Raúl Castro anunció que dejará la Presidencia cuando finalice su segundo mandato en 2018; y podría ser sucedido por el Vicepresidente Miguel Díaz-Canel.

Empero, el fin formal del embargo es un largo camino por recorrer. La “Ley de Libertad Cubana y Solidaridad Democrática” de EEUU de 1996, también conocida como Ley Helms-Burton, exige un progreso visible hacia la liberalización política en Cuba. No obstante, las medidas anunciadas permitirán a la Administración Obama profundizar los lazos con Cuba antes de solicitar al Congreso el fin del embargo, lo cual ha indignado al lobby cubano-estadounidense con fuertes vínculos en el Partido Republicano –que controla ambas cámaras legislativas tras las elecciones de medio término. Por tanto, las conversaciones continuarán en 2015 bajo presión, incluso en la VII Cumbre de las Américas que se celebrará en abril en Panamá, donde por primera vez asistirá Cuba. De manera que, parece lógico pensar, que el acercamiento tendrá mayor probabilidad de consolidarse si el Partido Demócrata gana las elecciones –quizás con Hillary Clinton- en 2016.

Otro aspecto crítico a considerar es: ¿Cómo va a responder el Presidente Maduro ante este hecho nuevo, toda vez que al día siguiente el Presidente Obama decidió firmar y convertir en ley las sanciones contra funcionarios venezolanos? No parece aconsejable mantener el statu quo, ya que el inmovilismo aísla a Venezuela –si sumamos a lo ocurrido, la paulatina “lulización” de la izquierda latinoamericana tras la muerte de Chávez-, y no permite responder a la crisis económica.

En consecuencia, con Cuba abandonando de facto la ALBA y soltando amarras con Venezuela para acercarse a EEUU -a pesar de todos los gestos cubanos que intenten afirmar desde ahora lo contrario para mantener hasta último momento una beneficiosa vinculación con tirios y troyanos-; el Presidente Maduro debe evaluar adecuadamente los cambios en el entorno y responder de forma realista, finiquitando la cooperación energética con la ALBA, lo cual ayudaría a la economía venezolana ante la caída de los ingresos petroleros. Un gobernante prudente no puede ni debe mantenerse fiel a compromisos, cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio y de su país, y además han desaparecido las razones que motivaron su inicial promesa. Asimismo, el Presidente Maduro tiene incentivos tanto para reanudar el diálogo con la oposición venezolana tendiente a una nueva gobernabilidad democrática y un cambio del modelo económico que impulse al sector privado en el marco del MERCOSUR; como para buscar su propio acercamiento con la Administración Obama mediante el rescate del “espíritu de Antigua” que generó grandes expectativas tras la reunión Jaua-Kerry en 2013.

En conclusión, los acontecimientos marcan el primer paso en un largo proceso de reconciliación entre Cuba y EEUU, que tiene implícita una dura lección de realismo político para Venezuela: a nivel internacional no hay amigos ni enemigos, sólo intereses. Si bien el resultado final de este movimiento diplomático resulta una incógnita, constituye un hito histórico con implicaciones para toda América Latina y El Caribe. Le toca a Venezuela mover ficha.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

miércoles, 2 de abril de 2014

UNASUR en Venezuela: Balance inicial


Dr. Kenneth Ramírez

La Comisión de Cancilleres de la UNASUR designada en la “Resolución N° 02/2014 sobre la Violencia en Venezuela” del pasado 12 de marzo, para acompañar, apoyar y asesorar un diálogo político “amplio y constructivo” orientado a “restaurar la convivencia pacífica en Venezuela”, ha finalizado su primera visita. 
 
Muchos no esperaban resultados tangibles debido a los intereses y afinidades ideológicas de los países que conformaban el grupo. De hecho, la no asistencia de los Cancilleres de Perú, Chile y Paraguay fue percibida como un mal comienzo, ya que concentraba aún más el peso de los países aliados del gobierno venezolano. En particular, resultó impactante la ausencia del Canciller chileno Heraldo Muñoz, quien prefirió excusarse con reuniones en La Haya y evitar el tema Venezuela, al ser divisivo en la coalición “Nueva Mayoría” que apoya a la Presidenta Bachelet.
 
El Presidente Maduro se apresuró a dar una calurosa bienvenida a la UNASUR aunque manifestó que la oposición venezolana no quería diálogo; mientras los líderes de la MUD y los miembros de la sociedad civil se mostraron cautos, aunque señalaron que aprovecharían la ocasión para presentar sus argumentos. En consecuencia, al ser las expectativas de partida de bajas a moderadas, los resultados positivos alcanzados resultan gratos y sorpresivos. Veamos.
 
En primer lugar, la redacción del “Comunicado de la I Reunión de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR” publicado al final de la visita este 27 de marzo, es bastante moderada y equilibrada tomando en cuenta la gran polarización política existente, el despliegue de dos narrativas ideológicas sobre los acontecimientos en Venezuela –incluso el Presidente Maduro señaló a tres generales de conspirar para un golpe militar el primer día de la visita-, y los citados intereses en juego. En este sentido, cabe destacar la participación altamente profesional de la Canciller colombiana María Ángela Holguín con todo su conocimiento de negociaciones de paz, y la posición ecuánime del Canciller uruguayo Luis Almagro.
 
En segundo lugar, tras describir el conjunto de reuniones que sostuvo la Comisión con los diferentes sectores del país, recoge los puntos de consenso mínimo que constató en todos los actores: 1) Disposición al diálogo y necesidad de moderar el lenguaje para “generar un ambiente” que favorezca las conversaciones; 2) Firme rechazo a los actos de violencia; 3) Condena a cualquier tentativa de ruptura del orden constitucional; 4) Compromiso con el respeto de los Derechos Humanos.
 
De aquí se desprenden tres aspectos positivos. La constatación de la existencia de una crisis política en Venezuela bastante peligrosa. El reconocimiento de la MUD como un actor político legítimo y respetuoso del marco constitucional. Y por último, la necesidad de dialogar y deponer la violencia en todas sus formas como elemento central para pasar de un peligroso escenario conflictivo en un país polarizado hacia el diálogo y reconocimiento para una nueva gobernabilidad. Todo lo cual no resulta baladí al venir de gobiernos aliados del Presidente Maduro.
 
En tercer lugar, reconoce la disposición del Presidente Maduro a asumir un conjunto de recomendaciones realizadas por la Comisión de Cancilleres que curiosamente no menciona el Comunicado –pero que se habrían presentado el pasado 26 de marzo en una reunión nocturna en el Palacio de Miraflores-, y a continuación sólo apunta específicamente que “celebra la voluntad de acordar un testigo de buena fe que facilite el diálogo entre las partes”. Asimismo, expresa la disposición a dar seguimiento al proceso de acompañamiento a través de un grupo de Cancilleres que tampoco señala; y agrega que la Presidencia pro-témpore -en manos de Surinam- presentará un informe detallado.
 
Por declaraciones del Presidente Santos, trascendió que serían tres los cancilleres que darían seguimiento –extraoficialmente fuentes diplomáticas han señalado a los Cancilleres de Colombia, Brasil y Ecuador. Mientras que por declaraciones del propio Presidente Maduro trascendió que aceptaba no sólo la presencia de este grupo de cancilleres sino la designación del testigo de buena fe para facilitar el diálogo, mencionando expresamente al actual Secretario de Estado del Vaticano y Ex-Nuncio Apostólico en Venezuela, Su Eminencia el Cardenal Pietro Parolin, de cualidades diplomáticas extraordinarias y gran conocimiento del país.
 
Además, aunque el Comunicado no proporciona mayores detalles, el Presidente Santos también dijo que el Presidente Maduro “aceptó las condiciones para el diálogo que dio la MUD”, las cuales estarían dentro de las recomendaciones de los Cancilleres. Por su parte, el Presidente Maduro señaló “que no acepta condiciones ni agenda previa para dialogar”, pero lo cierto es que ha dado su asentimiento para nombrar el testigo-facilitador y para moderar la diatriba política, al tiempo que ha empezado a dar otros pasos que reafirman lo dicho por el Presidente Santos.
 
De hecho, fue creado el Consejo Nacional de Derechos Humanos a sugerencia de la Canciller Holguín, que siguiendo el modelo colombiano, servirá como plataforma de diálogo, coordinación de políticas, monitoreo y seguimiento de la situación de los Derechos Humanos en Venezuela entre todos los poderes públicos, representantes políticos y organizaciones no gubernamentales. Interesante decisión de cara a la investigación imparcial de los actos violentos y excesos represivos de los cuerpos de seguridad –incluida las graves denuncias de tortura-, la liberación de los presos políticos y estudiantes aún detenidos, anulación de juicios de criminalización de la disidencia, así como el desarme de los colectivos y el cese de los ataques a la libertades de expresión, información y manifestación.
 
Por otra parte, el Presidente Maduro anunció que la Asamblea Nacional iniciará el proceso de designación de las autoridades con mandatos vencidos, entre los que se encuentra el Contralor, tres Rectores del CNE y varios magistrados del TSJ, lo que también puede leerse en el contexto de las recomendaciones de la UNASUR.
 
En conclusión, se ha iniciado positivamente el proceso de acompañamiento de la UNASUR al diálogo en Venezuela. De ahora en adelante, el testigo-facilitador y la troika de Cancilleres de la UNASUR como mecanismo coadyuvante y de seguimiento, tienen el reto de realizar una labor creíble, imparcial y efectiva.
 
En todo caso, el rol de Brasil será fundamental en la posibilidad de llevar al gobierno venezolano hacia un diálogo real para la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática, por lo cual el resto de la Comunidad Internacional debe impulsarle para que ejerza un liderazgo claro tras bastidores que permita la consecución de resultados substantivos –entre ellos que el Presidente Maduro siga el modelo brasileño, en lugar del modelo cubano-, ya que cualquier fracaso o cierre en falso de esta crisis no resulta ni viable ni duradero en una Venezuela pos-Chávez y en plena crisis económica. Recordemos que para el gobierno venezolano, Brasil es la diferencia entre paralizar la OEA y tener cobertura diplomática legítima, o paralizar la OEA y quedar aislado en el Hemisferio.
 
@kenopina

miércoles, 13 de marzo de 2013

Habemus Papam: Aire fresco para la Iglesia Católica


M.Sc. Belén González

Muchos pensamos que difícilmente la Iglesia Católica nos daría una sorpresa más grande que la renuncia de Benedicto XVI, pero nos quedamos cortos. Tras 5 votaciones del cónclave, apareció la fumata blanca y el anuncio de que Habemus papam, eso se esperaba, pero todos quedamos atónitos al saber que, por primera vez en la historia de una institución con más de 2 mil años, un latinoamericano era el nuevo papa. Se trata del cardenal Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, nacido en Buenos Aires, Argentina, descendiente de italianos, y quien durante el concilio vaticano de 2005 obtuvo la segunda mayor votación después de Joseph Ratzinger.

Durante los cuatro días de especulaciones sobre quién sería designado sucesor de Benedicto XVI, los nombres más citados por los expertos eran: el italiano arzobispo de Milán, Angelo Scola, el brasileño Odilo Scherer, el canadiense Marc Ouellet, prefecto de la congregación para los Obispos, y del mediático estadounidense Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York. Bergoglio, aunque admirado y respetado, era más bien visto por los analistas como un cardenal de gran influencia en la orientación de los votos, pero la mayoría de los cardenales pensó distinto y decidió que el cardenal argentino reunía las condiciones para renovar la cuestionada curia y traer un soplo de aire fresco a la Iglesia, con la modestia, humildad y sencillez que lo caracterizan.
 
Bergoglio, es un hombre especial en muchos sentidos, siendo cardenal, vivía en un sencillo apartamento, no tenía servicio, ni chofer, iba a su trabajo en autobús y se cocinaba su propia comida. Se le reconoce como un teólogo con valiosos aportes a la iglesia, ordenado, dedicado, defensor de los pobres, de ideas firmes y moralista ortodoxo, y se le reconoce por modernizar la iglesia argentina, una de las más conservadoras en América Latina.
 
Quien a partir de este 13 de marzo de 2013, será conocido como el Papa Francisco, a quien no hay que llamar primero porque no es indispensable la numeración cuando un nombre santo se toma por primera vez, es además jesuita, y en eso también ha logrado romper paradigmas, pues es el primer miembro de esa congregación que ocupa la silla de San Pedro. La elección del nombre que ostentará como Santo Padre ha generado una enorme intriga, porque escogió a San Francisco y no a San Ignacio de Loyola. Esta elección es personal, y cada decide ser llamado de una determinada manera para homenajear a una figura que lo haya inspirado a lo largo de su vida.

En este caso, si la elección se hizo en honor a la figura de San Francisco de Asís, podría estar inspirando en el hecho de que este santo, por demás especial, enamorado de la pobreza y el servicio, encarna el sacrificio por los demás. Pero además, él fue convocado por el papa Inocencio III, cuando vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse para que lo ayudara a evitarlo. Amigo de la naturaleza, tocaba corazones e inspiraba nuevas vocaciones. Pero la escogencia, también pudo haberse hecho como homenaje al gran misionero jesuita San Francisco Javier.....