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martes, 26 de abril de 2016

Aylwin y la posteridad


Dr. Luis Daniel Álvarez

El pasado 19 de abril dejó de existir a sus 97 años una de las figuras más representativas de la lucha política latinoamericana y quien sin lugar a dudas es y será una referencia obligada al momento de conversar sobre las transiciones políticas, la paciencia, los principios ciudadanos y la ética. Don Patricio Aylwin Azocar logró erigirse como el abanderado del sueño que permitió a Chile avanzar luego de una aberrante dictadura militar para convertirse en un país que crece y avanza considerablemente en el marco de las libertades plenas.

Se ha dicho insistentemente que a lo mejor Aylwin no era la figura con mayor popularidad para el momento en que se requería un candidato posterior al triunfo del “no” en el plebiscito y que otros podían calar mucho más en las preferencias de su grupo. Sin embargo, Aylwin tenía la paciencia, la entrega y la sabiduría para poder llevar con cautela y decisión un gobierno que se asomaba complicado y que nacía con factores encontrados al haber mantenido la dictadura la conducción del ejército y representación parlamentaria.

De hecho, al asumir tuvo que enfrentar episodios en los que los que añoraban la dictadura o se vanagloriaban de utilizar un uniforme castrense y trataban de imponerse, quisieron ofender y humillar. Sin embargo, el presidente Aylwin mostró cautela para no sucumbir a las provocaciones que proferían los que pedían excusas para sustituirlo y volver al régimen superado. De igual manera, tuvo que actuar con determinación cuando ciertos grupos actuaban, sin entender que su violencia beneficiaba a los enemigos de la libertad.

Tuvo también el enorme mérito Patricio Aylwin de comandar a un gobierno de unidad nacional en el que hacían vida personalidades de diverso origen político, algunos de los cuales provenían de toldas que estaban enfrentadas desde los años setenta y que se culpaban por la llegada de la dictadura. Finalmente, lograron unirse para derrotar al aparataje de recursos y miedo del régimen criminal y una vez ganaron decidieron seguir unidos (al menos gran parte de ellos), logrando que además del de Aylwin gobernaran Eduardo Frei, Ricardo Lagos y dos veces Michelle Bachelet. Un solo período posterior a la dictadura ha estado en manos de otro grupo cuando triunfó Sebastián Piñera.

En países en los que las transiciones parecen estar más cerca de lo que se piensa, es necesario evocar el pensamiento de Patricio Aylwin y examinar que fue un hombre que supo entender el momento que vivía, que soñó mejores realidades y que presentó en muchos casos la acción sustentada en la razón y no en los arrebatos, para impedir que la democracia colapsara y se perdiera. La sencillez, moderación y humildad son elementos adicionales de un líder que desde hace muchos años se ganó un lugar en la historia y de un ser cuyo legado servirá para izar las banderas de la esperanza y la libertad.

@luisdalvarezva

miércoles, 20 de abril de 2016

Tributo a Patricio Aylwin, 1918-2016


Dr. Abraham Lowenthal
Dr. Sergio Bitar

Patricio Aylwin, abogado constitucionalista y dirigente político, fue una figura fundamental en la recuperación de la democracia en Chile. Jugó roles decisivos ante tres encrucijadas: la militar (1973), la lucha contra la dictadura (1974-88), y la recuperación de la democracia (1989-1994). En cada fase, reveló una postura firme, sustentada en principios, argumentó sus razones y buscó el entendimiento.

Durante el gobierno de Salvador Allende (1970-73), Aylwin fue un duro opositor, encabezando la frontal disputa entre la Democracia Cristiana y la Unidad Popular al final de ese periodo. Pero también participó en las últimas conversaciones en casa del presidente Allende para buscar una salida democrática, las cuales no resultaron exitosas. Aylwin pensaba que la tragedia de 1973 fue la consecuencia de una estructura política formada por tres tercios ideológicamente distintos y no dialogantes. Chile terminó siendo gobernado en minoría, sin el sustento necesario para acometer los cambios que se proponían. Su lección principal fue que para realizar transformaciones importantes, tales como profundizar la democracia, reducir la desigualdad, alentar una cultura de derechos e impulsar una economía con equidad, era indispensable contar con un respaldo mayoritario.

Contra la dictadura, Aylwin reaccionó temprano. Se opuso con firmeza y promovió la convergencia política de los demócratas, creando el llamado Grupo de los 24 es 1979, juristas democráticos de distintos pensamientos políticos, para preparar un proyecto de Constitución alternativo al que finalmente impuso Pinochet en 1980. Como opositor a la dictadura estuvo inspirado en la convicción de sumar y conformar una mayoría. Buscó la unidad de las fuerzas democráticas.

Como Presidente de la República (1990-94), dio inicio a los gobiernos democráticos. Durante su mandato quedaron configurados los contornos estratégicos que encauzarían los 20 años de la Concertación (1990-2010) y en parte también los de la Nueva Mayoría (2014-18). Supo elegir y confiar en personas de alta competencia política y técnica, hábiles para enfrentar situaciones complejas. Fue capaz de interpretar los anhelos del pueblo chileno y animar a los partidos políticos a actuar con responsabilidad y unidad, con ello concitando fuerte apoyo ciudadano.

Aylwin debió conducir el reinicio de la democracia conviviendo con el ex- dictador Pinochet, todavía en la comandancia en jefe del ejército. Esa fase inicial requirió un liderazgo firme en el objetivo y prudente en la forma. La coalición se inspiró en convicciones sólidas, en los derechos humanos, la justicia y en la subordinación de los militares a la autoridad civil.

Para sustentar ese proceso, el gobierno de Aylwin contribuyó a afianzar la unidad de las fuerzas democráticas y progresistas y alentar el “reencuentro de los chilenos”. Aún contra la recomendación de sus asesores políticos, dio un paso decisivo al crear la Comisión de Verdad y Reconciliación en 1990, para dar a conocer la realidad de los desaparecidos y asesinados por la dictadura. Esta iniciativa ayudó a que los familiares de las víctimas a encontrar un camino de justicia en democracia, y provocó un prolongado periodo de procesos judiciales contra los culpables de violación a los derechos humanos. Posteriormente, muchos países han creado semejantes Comisiones de Verdad y Reconciliación para esclarecer los hechos, mitigar el dolor y abrir pasó al reencuentro basado en la verdad y la justicia.

En el ámbito político, Aylwin realizó una afirmación que ha sido motivo de debate: avanzar "en la medida de lo posible". Fue un contrapunto con la afirmación "avanzar sin transar" de sectores partidarios de la Unidad Popular en el periodo final de aquel gobierno. Algunos de los críticos le asignaron, y siguen asignando, a esa expresión de Aylwin un ánimo restrictivo. Para quienes participaron en esa etapa se trataba de conseguir un avance progresivo, aprovechando cada oportunidad.

En el plano económico, desde 1990 se afianzó el concepto de "crecimiento con equidad ", que reemplazó al modelo económico de la dictadura y consiguió simultáneamente crecimiento rápido, fortalecimiento de las organizaciones sociales y una reducción significativa de la pobreza, que a la sazón superaba el 40%.

Hoy, Chile y otros países democráticos encaran nuevos desafíos: alcanzar mayor igualdad y participación, y a la vez superar el desprestigio de la política y la corrupción, el consumismo y el interés personal, el predominio del dinero y la pérdida de sentido colectivo. El antídoto es reafirmar con el ejemplo valores superiores: el humanismo y la austeridad. Aylwin ejemplificó ambas cualidades.

Tuvimos el honor de realizar una entrevista extensa al Presidente Aylwin en 2012 sobre la transición hacia la democracia en Chile, solicitando su consejo para otros países que buscan construir la democracia. Su consejo fue sabio y pertinente: “buscar más lo que une que lo que divide… No hay que partir de cero. Es mejor hacer los cambios a partir de lo que hay… Lo posible va cambiando con el tiempo; no se puede hacer todo a la vez”.

Publicado originalmente en El País

miércoles, 2 de abril de 2014

UNASUR en Venezuela: Balance inicial


Dr. Kenneth Ramírez

La Comisión de Cancilleres de la UNASUR designada en la “Resolución N° 02/2014 sobre la Violencia en Venezuela” del pasado 12 de marzo, para acompañar, apoyar y asesorar un diálogo político “amplio y constructivo” orientado a “restaurar la convivencia pacífica en Venezuela”, ha finalizado su primera visita. 
 
Muchos no esperaban resultados tangibles debido a los intereses y afinidades ideológicas de los países que conformaban el grupo. De hecho, la no asistencia de los Cancilleres de Perú, Chile y Paraguay fue percibida como un mal comienzo, ya que concentraba aún más el peso de los países aliados del gobierno venezolano. En particular, resultó impactante la ausencia del Canciller chileno Heraldo Muñoz, quien prefirió excusarse con reuniones en La Haya y evitar el tema Venezuela, al ser divisivo en la coalición “Nueva Mayoría” que apoya a la Presidenta Bachelet.
 
El Presidente Maduro se apresuró a dar una calurosa bienvenida a la UNASUR aunque manifestó que la oposición venezolana no quería diálogo; mientras los líderes de la MUD y los miembros de la sociedad civil se mostraron cautos, aunque señalaron que aprovecharían la ocasión para presentar sus argumentos. En consecuencia, al ser las expectativas de partida de bajas a moderadas, los resultados positivos alcanzados resultan gratos y sorpresivos. Veamos.
 
En primer lugar, la redacción del “Comunicado de la I Reunión de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR” publicado al final de la visita este 27 de marzo, es bastante moderada y equilibrada tomando en cuenta la gran polarización política existente, el despliegue de dos narrativas ideológicas sobre los acontecimientos en Venezuela –incluso el Presidente Maduro señaló a tres generales de conspirar para un golpe militar el primer día de la visita-, y los citados intereses en juego. En este sentido, cabe destacar la participación altamente profesional de la Canciller colombiana María Ángela Holguín con todo su conocimiento de negociaciones de paz, y la posición ecuánime del Canciller uruguayo Luis Almagro.
 
En segundo lugar, tras describir el conjunto de reuniones que sostuvo la Comisión con los diferentes sectores del país, recoge los puntos de consenso mínimo que constató en todos los actores: 1) Disposición al diálogo y necesidad de moderar el lenguaje para “generar un ambiente” que favorezca las conversaciones; 2) Firme rechazo a los actos de violencia; 3) Condena a cualquier tentativa de ruptura del orden constitucional; 4) Compromiso con el respeto de los Derechos Humanos.
 
De aquí se desprenden tres aspectos positivos. La constatación de la existencia de una crisis política en Venezuela bastante peligrosa. El reconocimiento de la MUD como un actor político legítimo y respetuoso del marco constitucional. Y por último, la necesidad de dialogar y deponer la violencia en todas sus formas como elemento central para pasar de un peligroso escenario conflictivo en un país polarizado hacia el diálogo y reconocimiento para una nueva gobernabilidad. Todo lo cual no resulta baladí al venir de gobiernos aliados del Presidente Maduro.
 
En tercer lugar, reconoce la disposición del Presidente Maduro a asumir un conjunto de recomendaciones realizadas por la Comisión de Cancilleres que curiosamente no menciona el Comunicado –pero que se habrían presentado el pasado 26 de marzo en una reunión nocturna en el Palacio de Miraflores-, y a continuación sólo apunta específicamente que “celebra la voluntad de acordar un testigo de buena fe que facilite el diálogo entre las partes”. Asimismo, expresa la disposición a dar seguimiento al proceso de acompañamiento a través de un grupo de Cancilleres que tampoco señala; y agrega que la Presidencia pro-témpore -en manos de Surinam- presentará un informe detallado.
 
Por declaraciones del Presidente Santos, trascendió que serían tres los cancilleres que darían seguimiento –extraoficialmente fuentes diplomáticas han señalado a los Cancilleres de Colombia, Brasil y Ecuador. Mientras que por declaraciones del propio Presidente Maduro trascendió que aceptaba no sólo la presencia de este grupo de cancilleres sino la designación del testigo de buena fe para facilitar el diálogo, mencionando expresamente al actual Secretario de Estado del Vaticano y Ex-Nuncio Apostólico en Venezuela, Su Eminencia el Cardenal Pietro Parolin, de cualidades diplomáticas extraordinarias y gran conocimiento del país.
 
Además, aunque el Comunicado no proporciona mayores detalles, el Presidente Santos también dijo que el Presidente Maduro “aceptó las condiciones para el diálogo que dio la MUD”, las cuales estarían dentro de las recomendaciones de los Cancilleres. Por su parte, el Presidente Maduro señaló “que no acepta condiciones ni agenda previa para dialogar”, pero lo cierto es que ha dado su asentimiento para nombrar el testigo-facilitador y para moderar la diatriba política, al tiempo que ha empezado a dar otros pasos que reafirman lo dicho por el Presidente Santos.
 
De hecho, fue creado el Consejo Nacional de Derechos Humanos a sugerencia de la Canciller Holguín, que siguiendo el modelo colombiano, servirá como plataforma de diálogo, coordinación de políticas, monitoreo y seguimiento de la situación de los Derechos Humanos en Venezuela entre todos los poderes públicos, representantes políticos y organizaciones no gubernamentales. Interesante decisión de cara a la investigación imparcial de los actos violentos y excesos represivos de los cuerpos de seguridad –incluida las graves denuncias de tortura-, la liberación de los presos políticos y estudiantes aún detenidos, anulación de juicios de criminalización de la disidencia, así como el desarme de los colectivos y el cese de los ataques a la libertades de expresión, información y manifestación.
 
Por otra parte, el Presidente Maduro anunció que la Asamblea Nacional iniciará el proceso de designación de las autoridades con mandatos vencidos, entre los que se encuentra el Contralor, tres Rectores del CNE y varios magistrados del TSJ, lo que también puede leerse en el contexto de las recomendaciones de la UNASUR.
 
En conclusión, se ha iniciado positivamente el proceso de acompañamiento de la UNASUR al diálogo en Venezuela. De ahora en adelante, el testigo-facilitador y la troika de Cancilleres de la UNASUR como mecanismo coadyuvante y de seguimiento, tienen el reto de realizar una labor creíble, imparcial y efectiva.
 
En todo caso, el rol de Brasil será fundamental en la posibilidad de llevar al gobierno venezolano hacia un diálogo real para la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática, por lo cual el resto de la Comunidad Internacional debe impulsarle para que ejerza un liderazgo claro tras bastidores que permita la consecución de resultados substantivos –entre ellos que el Presidente Maduro siga el modelo brasileño, en lugar del modelo cubano-, ya que cualquier fracaso o cierre en falso de esta crisis no resulta ni viable ni duradero en una Venezuela pos-Chávez y en plena crisis económica. Recordemos que para el gobierno venezolano, Brasil es la diferencia entre paralizar la OEA y tener cobertura diplomática legítima, o paralizar la OEA y quedar aislado en el Hemisferio.
 
@kenopina

jueves, 19 de septiembre de 2013

Escenarios de pos-conflicto: errores y recomendaciones

 
Dr. Gustavo Palomares Lerma
 
Las distintas experiencias internacionales en gestión del posconflicto, siendo todas radicalmente diferentes y no comparables —ni tan siquiera como hipótesis— parten de una evidencia que se convierte en axioma: lo fácil es firmar, lo difícil es cumplir.
 
Las dificultades para ejecutar y llevar a cabo los acuerdos en el nuevo escenario propicio de paz no sólo se encuentran en la acomodación de éstos a una realidad diversa, desigual y descentralizada, como es la colombiana, sino también en no cometer errores que provoquen “cierres en falso” que abran espacios a la frustración, al sentimiento de engaño, a la falta de justicia o a la insuficiente reparación.
 
Si revisamos situaciones tan dispares como pueden ser la española, derivada de una guerra civil —sin ser extensible a otra realidad española como la del conflicto vasco—, la de los enfrentamientos sangrientos en Centroamérica, por no hablar de las luchas tribales en el centro de África, los procesos de transición y consolidación democrática en el cono sur latinoamericano o, incluso, la nueva realidad interracial sudafricana; todos estos casos demuestran que, para que no exista vuelta atrás en estos procesos, es fundamental conocer la verdad; no “enterrar” la memoria histórica y resarcir económica y, sobre todo, moralmente a las verdaderas víctimas inocentes. La reconciliación no es posible si las víctimas sienten que existe impunidad.
 
Leyes de víctimas cortas y planes de reinserción mal orientados —origen de bacrim y maras— como ocurrió en Centroamérica; leyes de perdón y “punto final” que suponían claros ejercicios de impunidad —incluso con delitos graves de lesa humanidad— como ocurrió en el cono sur; o incluso, leyes de memoria histórica y de reparación insuficientes, o también amnistías y grandes silencios, como ocurre respectivamente en España y Chile, provocan que estos procesos superadores de la violencia se encuentren condenados a repetirla en sus distintos tipos y formas, reabriendo cada cierto tiempo esas heridas no cerradas.
 
Un error repetido y grave en estos escenarios posteriores a situaciones conflictivas en proceso de transición es la falta de un proceso de legitimación de “abajo arriba” que suponga una apropiación del mismo por parte de la ciudadanía implicada. Es el caso de acuerdos de paz firmados en la mesa de negociación, incluso con proceso constituyente en marcha, con gran despliegue mediático y gran cobertura internacional, que son rechazados electoralmente —como ocurrió en Guatemala— o que no logran una aceptación homogénea dentro de cada una de las filas de los contendientes y que provocan brotes de recrudecimiento de la violencia en escenarios de posconflicto, como ocurrió en el caso de Irlanda del Norte. Es imprescindible crear condiciones sociológicas, simbólicas e, incluso, míticas, capaces de propiciar un imaginario colectivo superador de la violencia, como ocurrió en Sudáfrica. Mandela y su Invictus es un ejemplo de refundación personal y nacional.
 
La pedagogía de la paz es un ejercicio imprescindible para preparar al tejido social en una dura labor de comprensión, aceptación y abandono de la violencia como un elemento de normalidad social. Este ejercicio debe partir de un reconocimiento responsable de los errores cometidos durante el conflicto para desde ahí, plantear nuevos compromisos éticos e, incluso, morales de protagonismo en la paz. Nuevos “pactos” individuales y colectivos transformadores de la violencia y, sobre todo, de las causas que la provocan. En conclusión, crear un nuevo escenario, de verdad; no cambiarlo todo —también la Constitución— para que todo siga igual.

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Volverá Bachelet?


M.Sc. Belén González

El próximo 30 de junio, la oposición chilena decidirá quien será su candidato para las presidenciales del 17 de noviembre, muchos podrían decir que se trata de una elección más, de un nuevo pulso del poder interno en el seno de los partidos, pero el escenario se ha modificado por un detalle pequeño, pero significativo: la participación de la interesante, polémica y respetada, ex presidenta Michele Bachelet, quien participa en estas primarias como abanderada del Partido Socialista y del Partido por la Democracia. Si logra convertirse en la candidata de la Concertación estaría, según todas las encuestas, dando el primer paso en su regreso a La Moneda.
 
La sencilla Michelle Bachelet se convirtió tras su paso por la presidencia, en una referencia constante en su país, y fuera de el, no en vano, y a pesar de que como todo líder siempre se ha movido en un campo minado de seguidores y adversarios, logró con su gestión índices de popularidad históricos, al que no le llegan ni de cerca ningún otro Jefe de Estado en Chile. Hablamos del muy respetable porcentaje de 84,1% de aprobación, por eso no extraña que casi desde el momento mismo de su salida del poder, cuando entregó la presidencia al derechista Sebastian Piñera, en pleno terremoto, su figura se convirtiera en la principal referencia al hablar del gobierno que asumiría el 2014.
 
Verónica Michelle Bachelet Jeria, nació en Santiago de Chile el 29 de septiembre de 1951, hija de la arqueóloga Ángela Jeria y de Alberto Bachelet, Brigadier General de la Fuerza Aérea y miembro del gobierno de la Unidad Popular liderado por Salvador Allende, quien tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, fue detenido por la dictadura y falleció en prisión. Estudió medicina en la Universidad de Chile, donde, a pesar de los tropiezos propios del exilio, obtuvo el título de médico pediatra, especializada en epidemiología. En su época de estudiante ingresó a las filas del Partido Socialista, y le tocó vivir en la clandestinidad, ser detenida por los esbirros de la dictadura y salir huyendo del país. Vivió en Estados Unidos, Australia y Alemania, lo que le permitió dominar dos idiomas: ingles y alemán. Tiene tres hijos y dos divorcios, y se define como una profesional de clase media adicta al trabajo.
 
Tras su regreso a Chile, desarrolló una carrera política de bajo perfil, en el marco del reciente cambio político que se instaló con la victoria de Patricio Aylwin en las elecciones presidencial de 1989, época en la que la Concertación de Partidos por la Democracia asumió el mando para dar inicio al período de la transición a la democracia. Su primer cargo relevante en las filas gubernamentales fue el de ministra de Salud durante el gobierno de Ricardo Lagos Escobar en el año 2000. Su gestión la llevó, en el 2002, a la jefatura de la cartera de Defensa, siendo la primera mujer del país y de Iberoamérica en ocupar ese puesto; pero además, la primera socialista en asumir ese ministerio en 29 años, desde que Orlando Letelier fuera depuesto tras el golpe de Estado. Paradójicamente se convirtió también en la primera ministra de la Defensa torturada por órdenes de las mismas Fuerzas Armadas que ahora estaban a su cargo.
 
A pesar de ser mujer en un mundo de hombres, Bachelet no enfrentó problemas con las jerarquías de las Fuerzas Armadas, por el contrario, muchos analistas coinciden en que este cargo y su buen manejo del ámbito militar le abrieron las puertas para ser designada candidata presidencial de la Concertación de Partidos por la Democracia para las elecciones presidenciales de 2005, comicios que ganó cómodamente.
 
El 11 de marzo de 2006, se convirtió en la primera mujer en la historia del país en ocupar el máximo cargo gubernamental, y en la cuarta Jefe de Estado de la Concertación de Partidos por la Democracia. A pesar de que su gobierno comenzó con muy buen pie, su popularidad se vio afectada por sucesos como la Revolución Pingüina, la crisis del Transantiago y otros conflictos dentro de la coalición de gobierno. Pero además, su mandato debió enfrentar la crisis económica mundial de 2008, un escenario difícil, especialmente para una administración con un marcado sello social, sin embargo sorteó las circunstancias y las cosas se inclinaron a su favor, pues los chilenos aprobaron su desempeño y su gestión.
 
Durante su gobierno, Bachelet tomó medidas importantes, la primera, la gratuidad inmediata en el sistema de salud para los mayores de 60 años, la entrega de bonos de invierno a las familias más pobres del país, la reforma de la salud chilena, la construcción de nuevos hospitales, y la creación de los Ministerios de Seguridad Ciudadana y Medio Ambiente. Educación fue un tema relegado y un punto de roce como lo demostraron la serie de protestas estudiantiles que exigían unas reformas que nunca llegaron, y por las que aún luchan los jóvenes chilenos.
 
La mandataria, la política, la mujer, no se cansa de romper paradigmas, en 2002, durante las graves inundaciones que azotaron diversas comunas del Gran Santiago, se montó en un tanque para dirigir a las tropas en las actividades de asistencia a los afectados; en un concierto de Joan Manuel Serrat, su entrada fue más vitoreada que la del propio cantante. En 2003, las encuestas la convertían en la funcionaria mejor evaluada del gobierno y en 2004 ya era una de las favoritas para la elección presidencial siguiente. Durante su gestión fue la primera presidenta pro tempore de UNASUR, se le consideró, una de las mujeres más poderosas del mundo, la decimoquinta líder más influyente y uno de los 100 pensadores globales más destacados del mundo. No en vano, tras su mandato, asumió como Secretaria General adjunta de las Naciones Unidas con el fin de dirigir la recién creada agencia ONU Mujer, alcanzando así el rango más alto dentro de la jerarquía administrativa del organismo mundial después del Secretario General.
 
Pero volviendo al ahora, y a la polémica de su reaparición en el escenario político chileno, es importante señalar que regresó a Chile el pasado 27 de marzo, tras 30 meses en Nueva York dejando con honores la Dirección Ejecutiva de ONU Mujeres. Al día siguiente, anunció su candidatura a las internas, prometiendo grandes reformas para combatir la desigualdad, de allí que la gran incógnita alrededor de su figura en este momento sea el nivel de profundidad de esos cambios que pretende impulsar si llega de nuevo a La Moneda.
 
Hay quienes aseguran que su plan es realizar cambios de fondo que sorprenderán incluso al establishment de la Concertación, y que incluyen Reforma constitucional, gratuidad de la enseñanza, cambios radicales en materia tributaria. Ahora bien, las dos grandes preguntas en el ambiente son: ¿Los Chilenos apoyaran nuevamente la Concertación a pesar de las desilusiones? ¿Tendrá Bachelet la fuerza y el respaldo político necesario para materializar los cambios sociales en los que está pensando?
 
Responder a ambos cuestionamientos a estas alturas es hacer simples especulaciones sobre una realidad compleja, ella parece estar clara al respecto, pues insiste en sus discursos de campaña en que el nuevo ciclo político, económico y social que vive Chile requiere de una nueva amplia mayoría que incluya a los partidos políticos, los ciudadanos y a todas las fuerzas sociales, con sus virtudes y defectos.
 
Bachelet disputará frente a otros tres aspirantes, el ex alcalde demócrata cristiano Claudio Orrego, el senador radical José Antonio Gómez y el independiente Andrés Velasco, la candidatura única a las presidenciales por la opositora Concertación, coalición de centroizquierda que gobernó Chile entre 1990 y 2010. En el bando oficialista, los candidatos a las internas son Laurence Golborne, ex ministro de Obras Públicas por la Unión Demócrata Independiente, y Andrés Allamand, ex titular de Defensa del actual gobierno y candidato de Renovación Nacional, puesto que el actual mandatario, Sebastián Piñera, no puede presentarse a la reelección.
 
Lo que pasará el próximo 30 de junio podría ser un paso más en la exitosa carrera de las féminas en el sector público en Latinoamérica, pues si Michelle Bachelet obtiene la candidatura de la Concertación, lo que para muchos sería el principal indicador de que el camino a la presidencia se le abre de par en par, se confirmaría, una vez más, la existencia del “girl power” que, al menos en política, se instaló en 1990 con el triunfo electoral de Violeta Chamorro en las presidenciales de Nicaragua. Hoy en día el hecho de que las mujeres alcancen posiciones de poder es un acontecimiento poco menos que ordinario, no en vano el 40% de la población de América del Sur está gobernado por féminas con Dilma Rousseff en Brasil, Cristina Fernández en Argentina y Laura Chinchilla en Costa Rica.
 
El regreso de Michelle Bachelet, la defensora de los derechos de la mujer en el globo, al escenario político en Chile, representa para algunos una vuelta al pasado y sus vicios, para otros, una vuelta al pasado y sus beneficios. Es cierto que como Jefa de Estado, y ser humano, tuvo aciertos y desaciertos, pero no debemos menospreciar el hecho de que tres años después, regresa con mayores experticias gerenciales y nuevas experiencias vivenciales que dan a sus ideas cimientos más fuertes. Resta esperar que se den los acontecimientos. Tras las primarias, tendremos más tela que cortar y más bases para inferir sobre el futuro de Chile, que busca en la ex presidenta el centro que equilibre las desilusiones que han dejado la derecha y la izquierda en el poder. Amanecerá y veremos.