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martes, 6 de octubre de 2015

Guyana y Venezuela en Nueva York


Prof. Mirna Yonis

La Asamblea General de las Naciones Unidas, este año 2015, celebró su septuagésimo aniversario. La agenda de trabajo del período de sesiones ordinario se suma a eventos especiales y encuentros paralelos entre muchas otras manifestaciones de la dinámica diplomática multilateral. Entre esos eventos destaca un encuentro trilateral, en la cual el Secretario General de la ONU logra reunir en una misma sala del Cuartel General de la ONU y sentarse en una mesa de trabajo con los Presidentes de Guyana y Venezuela. 

Las fotografías y videos registraron este encuentro que sigue rodeado de un clima de tensión en la relación bilateral debido fundamentalmente, por una parte, al desacuerdo evidente que ha mostrado el gobierno de Guyana frente a la controversia que mantiene Venezuela y respecto a la “metodología” acordada a partir del Acuerdo de Ginebra de 1966 con la figura del Buen Oficiante. Por la otra, a los reclamos y notas de protesta que ha formulado Venezuela respecto a las concesiones exploratorias y de explotación minera que ha otorgado el gobierno guyanés a empresas transnacionales en distintas zonas del territorio objeto de la controversia (Esequibo). A esto se suman de manera general, los decretos que ambos gobiernos emitieron (en momentos distintos) respecto a la definición de sus zonas marítimas nacionales, el ejercicio de una altisonante diplomacia del micrófono por parte de los mandatarios, cancilleres y otras personalidades gubernamentales de ambos países; llegando a un punto álgido de tensión diplomática con el llamado a consultas del Embajador venezolano en Guyana y el retraso en otorgar el placet  diplomático a la nueva Embajadora designada en Venezuela.

Aunque es una controversia fronteriza de carácter bilateral, el marco regional y global no ha escapado de las acciones de información y presión por lograr posicionamiento. Si bien los movimientos diplomáticos de Guyana han sido para denunciar agresión y limitaciones a sus planes de desarrollo y la amenaza a la soberanía que representa el reclamo venezolano, a veces de manera velada y otras de manera explícita, ha sido para cuestionar la eficiencia del método bilateral con apoyo de la ONU y dando argumentos para preferir la solución judicial. 

De parte de Venezuela, el retraso y en ocasiones poco contundente reclamo diplomático frente a las muestras de ejercicio de soberanía en territorio objeto de la controversia, el Esequibo, ha pasado a afirmar, confirmar y reiterar que su preferencia es el marco bilateral con los buenos oficios del Secretario General de la ONU. 

Evidentemente, esto es mucho más complejo que las breves líneas que preceden pero muestran un cambio en la dinámica de la relación bilateral y el uso de los espacios multilaterales para ganar adeptos o declaraciones preferenciales. Están registradas de manera oficial y a través de los distintos medios de comunicación, los discursos y declaraciones en escenarios de CARICOM, Commonwealth, UNASUR y  CELAC, entre otros.

El escenario natural de Guyana ha sido la CARICOM, organismo que ha marcado una tradición en sus declaraciones finales de las Cumbres de Mandatarios y Reuniones de Cancilleres apoyando la solución pacífica de controversias y la defensa de la integridad territorial de Guyana. En el caso de Venezuela, su reclamo ha estado en el marco del Acuerdo de Ginebra, pero durante casi una década en una etapa de parálisis o congelamiento, privilegió una agenda de cooperación y un muy bajo perfil a la agenda de la controversia.

Si bien en lo sustantivo los argumentos de Guyana sobre la controversia se mantienen, con el gobierno que toma posesión en mayo de este año, hay un giro táctico pero también estratégico en la defensa de su soberanía e integridad territorial.  Una muestra que puede pasar como anecdótica, pero revela acciones concretas distintas es el reclamo del gobierno guyanés ante la empresa Google respecto a los nombres “hispanos” de calles y otros lugares cartografía de la región del Esequibo.

La ciudad de Nueva York y el ambiente de las Naciones Unidas son testigos de dos eventos: 

El encuentro Trilateral en el Cuartel General de las Naciones Unidas, del domingo 27 de septiembre, en el cual:

1.     Se valoran los pasos para recibir de nuevo sus respectivos embajadores 
2.  Aprecian la buena voluntad para mantener la tradición de diálogo de sus países mientras se resuelve la controversia de una manera que resulte beneficiosa para ambos.
3.  Resalta la descripción de la tensión y desacuerdos para retomar ese diálogo: “El Acuerdo de Ginebra estableció ciertos mecanismos para resolver la disputa, sin mucho éxito, porque continúa hasta hoy”.

La reunión del Consejo de Relaciones Exteriores (COFCOR) de la CARICOM con una Declaración que resume y confirma posición de los países miembros:

1.    Subraya necesidad que El Caribe se mantenga como Zona de Paz.
2.    Beneplácito por la celebración de la reunión trilateral.
3. Celebraron decisiones para que cada país cuenta con Embajadores en sus respectivos países, Venezuela y Guyana
4.  Complacida de que Venezuela reciba Misión técnica del Secretario General de la ONU
5.    Informe de Misión Técnica acelerará los esfuerzos para poner fin a la controversia
6.    Anotó la petición de Guyana de una solución jurídica por divergencia de opiniones
7.    Refirma apoyo a mantenimiento de la integridad territorial y soberanía de Guyana 

El Acuerdo de Ginebra sigue siendo el marco jurídico que marca pautas y metodología, por lo que es conveniente referir un aspecto que se explica de manera más amplia en el portal de la Cancillería de Venezuela, en una sección especializada denominada Los Derechos Venezolanos de Soberanía en el Esequibo:

El Acuerdo de Ginebra está registrado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas bajo el Nº 8192 (1966), fue distribuido como documento de la Asamblea General el 03MAY1966 bajo las siglas A/6325; y el Secretario General aceptó las funciones derivadas de él, mediante comunicación del 04 de abril de 1966: “He tomado nota de las obligaciones que eventualmente pueden recaer en el Secretario General de las Naciones Unidas en virtud del párrafo 2 del artículo IV del Acuerdo, y me complace informarle que dichas funciones son de tal naturaleza que pueden ser desempeñadas apropiadamente por el Secretario General de las Naciones Unidas”.

La diplomacia bilateral y multilateral en torno a la controversia por el Esequibo sigue con sus altibajos. Es necesario dar seguimiento a los involucrados, sus posiciones, intereses y estrategias pero también otros actores con afectos geopolíticos. Si bien la normalización de las relaciones con la presencia efectiva de los Embajadores de ambos países en el vecino es un rasgo formal significativo, un próximo paso a observar será la visita a Caracas de la Misión Técnica del Secretario General de la ONU, para recabar y verificar procedimientos y documentación de Venezuela. 

@mirnayonis

lunes, 13 de abril de 2015

Cumbre de las Américas: El regreso de EEUU


Dr. Felippe Ramos

Hace tres años, en la ocasión de la Cumbre de Cartagena el 2012, escribí el artículo “Cumbre de las Américas: el fracaso como éxito”. En aquel entonces, la Cumbre Iberoamericana, liderada por España, contaba con baja adhesión de los Jefes de Estado de los países de la región, mientras las cumbres latino o sur americanas (CELAC, UNASUR) contaban con la presencia de todos. La OEA era cuestionada y la Cumbre de las Américas, liderada por los EEUU, terminaba sin consenso, sin declaración final, con retos a la autoridad de la potencia y, en el caso específico de Cartagena, con las ridículas escenas de la Secretaria de Estado Hillary Clinton bailando salsa en una disco llamada “Havana” y los agentes de la CIA con prostitutas latinas en un hotel de lujo. De ese modo, desde la Cumbre de Mar del Plata (2005), en donde líderes carismáticos de izquierda (Lula, Chávez, Kirchner) lograron bloquear las negociaciones del ALCA, hasta el 2012, el aislamiento hemisférico de EEUU y las políticas integracionistas eran las claves para la comprensión de la política internacional en la región. El fracaso de la cumbre con participación de los EEUU era el espejo del éxito de la nueva ola integracionista latinoamericana.

Por supuesto, existían razones muy objetivas por las cuales los EEUU decidieron cambiar sus apuestas. Desde los atentados del 2001 en Nueva York, el Medio Oriente era de nuevo el centro de la atención del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado. La elección de presidentes de izquierda y centro-izquierda en países latino-americanos crearon dificultades adicionales a la política multilateral de EEUU hacia la región, lo que resultó en la decisión por negociaciones bilaterales con miras a firmar tratados de libre comercio (TLC) más modestos pero más efectivos en el corto plazo que las interminables negociaciones con 35 países con la posibilidad de que uno o algunos países, incluso los pequeños, pudiesen vetar los esfuerzos construidos a lo largo de años. Mientras se ocupaban de otras partes del globo, los EEUU intentaban apoyar o usar el liderazgo regional brasilero, como en el caso del comando de las tropas de la ONU en Haití o para complejas negociaciones políticas con países desafiadores de la potencia hegemónica, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

El crecimiento económico brasilero legitimaba esa coordinación implícita, con la diplomacia presidencial de Lula, el aumento de la cooperación sur-sur brasilera y la financiación del BNDES a la internacionalización de empresas brasileras de los sectores servicio y comercio. Bajo liderazgo brasilero fue creada la UNASUR congregando todos los países sudamericanos, incluso los de orientación liberal, hacia una agenda de integración física en los sectores infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones, debido a los ingresos permitidos por el “boom de las commodities”, es decir, los altos precios de las materias primas en el mercado internacional. Países que solían vivir bajo la maldición del subdesarrollo debido a la dependencia de la exportación de productos de bajo valor agregado hacia países desarrollados ahora surfeaban la inversión de los términos de intercambio, con la sobrevaluación de sus materias primas. Esa convergencia de precios altos de commodities y gobiernos populares hizo posible la distribución de la renta y la reducción de desigualdades perversas. Ese fue el tiempo mágico del lulismo y del chavismo, o sea, dos estrategias políticas que atraían otros países para sus modelos y que terminó por diseñar la gran alianza integracionista lulismo-bolivarianismo en la región.

La coyuntura, sin embargo, ha cambiado desde la última cumbre el 2012. El soft landing chino (“aterrizaje suave”, o reducción del ritmo de crecimiento económico) ha tenido como consecuencia la caída de los precios de las commodities. La economía estadounidense se recupera, con el fin del quantitative easing (emisión de moneda por el FED) y la sobrevaluación del dólar frente a las demás monedas nacionales, con impacto fuerte en Rusia, Brasil, Venezuela y muchos otros países. Además, la región se encuentra sin los liderazgos fuertes o, podemos decir, en una fase pos-carisma, con marcada ausencia de la diplomacia presidencial que fue rasgo fundamental de los tiempos de Lula, Chávez, Néstor Kirchner y Mujica. Fuertes dificultades económicas y políticas a nivel doméstico en los países que sostienen el MERCOSUR (el caso de corrupción en PETROBRAS en Brasil, el caso Nisman en Argentina y los fuertes desajustes de la economía en Venezuela con sus impactos políticos) añaden el elemento necesario para que los bloques de integración se tornen blancos de ataques: ¿Quiénes podrían financiarlos?, ¿Cuáles serían los nuevos lineamientos estratégicos? ¿Siguen siendo viables?

Cuando todo ya parecía suficientemente difícil, los EEUU regresan al juego. Primero, con el anuncio del histórico proceso de acercamiento diplomático con Cuba tras año y medio de negociaciones secretas llevadas a cabo en Canadá con intermediación de la Santa Sede. Lo que puede ser interpretado, por un lado, como victoria latinoamericana por la histórica demanda regional del fin del aislamiento del país comunista, puede ser visto también como estrategia norteamericana de superar los escollos diplomáticos en la región y abrir un nuevo sendero en su estrategia hemisférica. Hay que recordar que las negociaciones empezaron justo tras la muerte del Presidente venezolano Hugo Chávez y significa que el pragmatismo cubano indicó que no sería prudente seguir dependiente de la ayuda suministrada por Venezuela a través de PETROCARIBE. Además, con la caída de los precios del petróleo, los EEUU anuncian también una nueva iniciativa de cooperación energética en El Caribe, a partir de la visita de Barack Obama a Jamaica, en más un movimiento para reducir el poder político y diplomático de Venezuela. Poco antes, los EEUU ya habían anunciado nueva ronda de sanciones a ese país. Divulgada en fecha cuidadosamente escogida, tras intento de mediación de la UNASUR con las labores de cancilleres suramericanos, entre ellos el brasilero, las sanciones indicaban que los EEUU estaban dispuestos a recuperar su poder de agenda setting (establecimiento de agenda) en la región. De hecho, la Cumbre de Panamá tuvo como temas fundamentales el acercamiento diplomático con Cuba y las sanciones a Venezuela.

A Brasil no le quedó mucho: El país no tuvo el liderazgo que solía tener en esas ocasiones y al final anunció la visita de trabajo de la Presidente Dilma Rousseff a EEUU para junio de ese año, tras la suspensión de la visita de Estado luego del escándalo de espionaje divulgado por Edward Snowden el 2013. Para no quedar sólo luchando contra el gigante, Venezuela ha anunciado su disposición de también conversar con los EEUU. En términos económicos, la nueva presencia en la región permite a los EEUU una búsqueda de la recuperación de su capacidad de disputar espacio con los chinos, que han alcanzado el puesto de primero o segundo socio comercial en muchos países latinoamericanos y caribeños en los últimos años.

Por lo tanto, la integración regional necesita ser repensada y reinventada, ahora llevando en consideración el innegable regreso de los EEUU al ajedrez hemisférico. La peor decisión para los que defienden esa agenda sería negar la nueva realidad.

Publicado originalmente en América Economía


@felippe_ramos

sábado, 18 de octubre de 2014

Venezuela en el Consejo de Seguridad


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela ha sido electa por quinta ocasión como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para el período 2015-2016. Al respecto, resulta importante realizar algunas consideraciones. En primer lugar, es una noticia que debe embargarnos de alegría a todos los venezolanos, ya que denota la importancia de Venezuela a nivel regional y su peso intermedio a nivel global –como medida de comparación, España también acaba de ser electa por quinta vez-; siendo además una oportunidad para desarrollar una posición de Estado que permita dejar huella en la resolución pacífica de los conflictos y en el tratamiento constructivo de problemas globales apremiantes, denotando nuestro carácter como país amante de la paz. No obstante, existen fundados temores de que esto no sea así, y que el gobierno utilice el asiento como caja de resonancia para su discurso anti-estadounidense y anti-capitalista radical bien conocido, lleno de estridencias y posturas maniqueas y parcializadas en los complejos conflictos abiertos –de Ucrania a Palestina y Siria. De ser cierto esto último, constituiría un error y se perdería una gran ocasión para aumentar el prestigio de Venezuela.

En segundo lugar, resulta interesante que Venezuela ganó su asiento prácticamente sin oposición -181 votos a favor, 1 en contra, 10 abstenciones y 1 voto nulo. Esto implica que la candidatura venezolana recibió total respaldo de América Latina y El Caribe, lo que está asociado tanto a un capital relacional acumulado en los últimos 15 años, como a la influencia importante –aunque mermada- de Venezuela en el nuevo orden regional y al apoyo de Brasil a la candidatura venezolana desde que ocupaba la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR –la cual entregó en julio pasado. En este sentido, la diplomacia venezolana tuvo un punto de partida excepcional para hacer cabildeo con países de otras regiones hasta alcanzar mucho más votos de los dos tercios requeridos.

EEUU, por su parte –y a diferencia de 2006-, se limitó  a criticar el déficit democrático de Venezuela y su comportamiento contrario al espíritu de la Carta de Naciones Unidas, pero no utilizó a fondo sus contactos diplomáticos para bloquear la candidatura venezolana en la Asamblea General. Cabe destacar, que la Administración Obama ha descuidado la región porque tiene otras prioridades –y esto continuará hasta que abandone la Casa Blanca en enero de 2017, debido a la campaña abierta contra el Estado Islámico de Irak y Siria. Asimismo, la Administración Obama no desea polarizar con Caracas como lo hizo la Administración Bush; y realiza una última apuesta por normalizar las relaciones diplomáticas con el nuevo Encargado de Negocios, Lee McClenny, quien llegó a Caracas en agosto pasado. Las críticas a la candidatura venezolana deben leerse en clave individual, ya que la Embajadora Samantha Power tiene un Doctorado en Derechos Humanos y es una gran activista; y en clave de política interna, ante unas elecciones legislativas de medio término a tiro de piedra y un conjunto de senadores republicanos presionando al Secretario de Estado, John Kerry, para que tratara de impedir la llegada de Venezuela al Consejo de Seguridad.

Washington solicitó a Bogotá que intentara romper el consenso regional en torno a la candidatura venezolana, pero el Presidente Santos no tenía interés en confrontar a Venezuela, ya que es un país acompañante de la mesa de diálogo de paz con las FARC en La Habana y se sigue apostando por rescatar el comercio bilateral –ahora afectado por la lucha de Venezuela contra el contrabando. Ya existen suficientes perturbaciones en la relación como para añadirle un elemento más; más aún cuando no existe interés de parte de otros países latinoamericanos ni una voluntad clara de EEUU. En consecuencia, no se puede decir que el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad es un “rotundo triunfo” contra una “campaña imperialista”, aunque si debe decirse que es un éxito diplomático.

En tercer lugar, hay que señalar que debería revisarse la posición nacional en diferentes conflictos que marcan la agenda actual, donde se ha tenido una actitud sesgada y extremista que no abona a la búsqueda de soluciones diplomáticas creativas para fortalecer la paz y seguridad internacionales. Asumir una posición anti-estadounidense, anti-israelí e izquierdista radical no representa a todos los venezolanos ni tampoco ese voto latinoamericano que debe honrarse. En este sentido, hay una gran oportunidad para ejercer una posición equilibraba y constructiva, en consulta amplia y permanente con sectores nacionales y regionales, aprovechando la presencia de Ecuador, Uruguay y Argentina, en las presidencias pro-témpore de la CELAC, UNASUR y MERCOSUR, respectivamente. Debe evitarse caer en la tentación de utilizar el Consejo de Seguridad como megáfono para la pugnacidad, la destemplanza y el tremendismo con el único propósito de atraer reflectores, ocupar titulares de prensa, y tratar de desviar la atención de la opinión pública nacional de problemas urgentes como la crisis económica actual que podría agravarse con la caída de precios del petróleo que estamos experimentando. Ya Rusia y China se ocupan perfectamente de bloquear con su veto iniciativas de EEUU; de manera, que una posición confrontativa está de sobra y no aporta estratégicamente nada relevante.

En cuarto lugar, necesario subrayar que el gobierno debe, por coherencia, acatar todas las recomendaciones que los distintos órganos, programas y grupos técnicos de Naciones Unidas le han dado. Por tanto, nuestra llegada al Consejo de Seguridad es también una oportunidad para reactivar el diálogo, y propiciar el encuentro y la reconciliación de todos los venezolanos. No olvidemos que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha hecho llamados a retomar el diálogo; el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de DDHH ha llamado a la liberación de Leopoldo López y Daniel Ceballos; y otros órganos han realizado observaciones sobre importantes violaciones a los DDHH en el país.

Finalmente, resulta fundamental para poder desarrollar esta posición de Estado, pragmática, equilibrada, conciliadora y constructiva, designar un diplomático con formación y experiencia. Respecto a esto sería totalmente inadecuado darle esa responsabilidad a María Gabriela Chávez –como ha trascendido-, quien no tiene la preparación necesaria para interactuar en forma efectiva con otros embajadores como los de Rusia y China, Vitali Churkin y Wang Min respectivamente –ambos internacionalistas y diplomáticos de carrera-, o la citada Samantha Power. El Presidente Maduro bien haría en considerar asignar esta responsabilidad a un embajador experimentado como Alfredo Toro Hardy –quien actualmente se encuentra en un destino poco relevante como Singapur.

@kenopina

martes, 6 de mayo de 2014

Relato de un Náufrago: 1 año de política exterior de Maduro



Dr. Kenneth Ramírez
 
El primer año de Nicolás Maduro en materia de política exterior, trae a la memoria la obra Relato de un Náufrago del inmortal Gabriel García Márquez: “En todo momento traté de defenderme. Siempre encontré un recurso para sobrevivir, un punto de apoyo, por insignificante que fuera, para seguir esperando”.
 
Tras el naufragio que supuso la muerte de Chávez y el agotamiento del modelo económico socialista, la política exterior de Maduro ha estado conformada por acciones erráticas, de quien se aferra a una balsa a la deriva, defendiéndose día a día de los peligros del mar abierto y los trucos que juega la soledad –entre ellos la evasión hacia tiempos pretéritos-, teniendo como único objetivo sobrevivir.
 
A efecto de análisis, podemos dividirla en tres etapas que corresponden a las crisis políticas que ha encarado desde que le fue impuesta la banda tricolor y sintió todo el peso de la desolación sobre sus hombros. La primera etapa se extiende desde su asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril de 2013 –horas antes de su juramentación- para discutir la tensión política posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio de 2013 –donde asumió la presidencia del bloque a pesar de las objeciones de Paraguay-; caracterizada por un gran activismo para lograr reconocimiento y legitimidad, así como desactivar cualquier apoyo a las denuncias de fraude de la oposición. Aquí destacan la reunión Jaua-Kerry al margen de la 43° Asamblea General de la OEA en Antigua (Guatemala) y la audiencia de Maduro con el Papa Francisco, ambas en junio de 2013.
 
La segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio de 2013 hasta su asistencia a la II Cumbre de la CELAC celebrada en La Habana el 28 y 29 de enero de 2014, caracterizada por el retraimiento y la reivindicación del legado de Chávez –que llevó a una crisis diplomática con EEUU tras la expulsión de la Encargada de Negocios, Kelly Keiderling-, debido a su necesidad de ganar las elecciones municipales del 8-D convertidas en plebiscito por la oposición.
 
Tras salir airoso, Maduro convocó la II Cumbre ALBA-PETROCARIBE en Caracas el 17 de diciembre de 2013, con el propósito de renovar sus alianzas regionales, impulsar una zona económica integrada al MERCOSUR, e intentar llenar así de cierto contenido a una presidencia pro-témpore venezolana que ha sido absolutamente grisácea –incluso no ha podido celebrarse la cumbre semestral. Asimismo, realizó su tercer viaje a Cuba el 21 de diciembre de 2013, con el propósito de conmemorar el 9° aniversario de la ALBA. En enero, volvió a La Habana para participar en la II Cumbre de la CELAC como mecanismo de concertación política regional. Dicha cita supuso un éxito para la diplomacia cubana, mientras Maduro tuvo una participación anodina, más allá de aceptar un homenaje a Chávez y asumir como bandera la descolonización de Puerto Rico -a pesar de los resultados del referéndum consultivo boricua del 6 de noviembre 2012 que fueron ampliamente favorables a la anexión a EEUU (61,1%). Así, desaprovechaba una vez más, la oportunidad de promover temas de interés nacional como el reclamo del Esequibo y la defensa de nuestra Fachada Atlántica.
 
Fueron días sosegados que le permitían soñar con relanzar la política exterior de Chávez; una de esas alucinaciones que padecen los náufragos cuando el mar les da tregua: “No sé cuánto tiempo estuve así, embotado, con la alucinación de la fiesta (...) Sólo sé que de pronto di un salto (…) Entonces vi, a unos metros de la balsa, una enorme tortuga amarilla con una cabeza atigrada (…) me preparé para la lucha, con ese monstruo o con cualquier otro que tratara de voltear la balsa”.
 
Finalmente, la tercera etapa estuvo marcada por la diplomacia defensiva frente a la ola de protestas que ha sacudido Venezuela desde febrero de 2014, la cual despertó a Maduro del espejismo festivo -como lo hizo la tortuga gigante con el personaje de García Márquez. La retórica diplomática venezolana convirtió dichas protestas en un “golpe de Estado suave” llevado a cabo por “grupos fascistas” instigados por el “imperialismo norteamericano”. Desde el sesgo ideológico, poco importa la inconformidad con el deterioro de la situación país, así como tampoco el terrible saldo represivo: 41 víctimas, cientos de heridos y miles de detenciones.
 
Para imponer su tesis, Maduro paralizó la OEA –evitando la activación de la Carta Democrática Interamericana-, invisibilizó la CELAC y dejó UNASUR como única opción a la cual recurrir a conveniencia. Para ello, llevó al límite su sistema de alianzas PETROCARIBE-ALBA-MERCOSUR y entró en nuevos conflicto diplomáticos con EEUU y Panamá. Además, logró obtener un conjunto de declaraciones de organismos regionales que favorecieron sus argumentos e hicieron vagos llamados al diálogo –sendos comunicados UNASUR/MERCOSUR del 16 de febrero de 2014, el comunicado CELAC del 18 de febrero de 2014 e incluso la Declaración 51(1957/14) de la OEA del 7 de marzo de 2014, entre otros.
 
No obstante, la continuidad de las protestas y las denuncias de los excesos represivos, empezaron a generar una actitud más crítica en la región –incluso de conspicuos aliados como Brasil-, lo cual desembocó en una Reunión de Cancilleres de la UNASUR en Santiago de Chile el pasado 12 de marzo, en lugar de la cumbre presidencial que deseaba Maduro. Esto terminó desembocando en dos visitas de una Comisión de Cancilleres de la UNASUR -26 de marzo y 7 de abril-, que gracias al esfuerzo y creatividad diplomática lograron allanar el camino para el diálogo entre Maduro y la oposición aglutinada en la MUD, con los cancilleres de Brasil, Colombia, Ecuador y el Nuncio Apostólico como testigos de buena fe. Dicho diálogo arrancó de forma prometedora, pero lamentablemente -tres semanas después- no se han producido gestos concretos que lo hagan creíble. EEUU se ha mantenido silente, aunque ya ha asomado que presiona tras bambalinas, y su disposición a imponer sanciones de no alcanzarse resultados.
 
Hay quienes temen que el diálogo sea una estratagema de Maduro para dividir la oposición, apaciguar la calle y legitimarse a nivel externo: una reedición de la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002-2003. No obstante, esto implicaría una nueva alucinación, que obviaría las diferencias de ambas situaciones, y entre ellas, la falta de carisma de Maduro y el agotamiento del modelo económico. En consecuencia, toda playa que no implique una rectificación como la recomendada por el Ex-Presidente Lula, constituye una nueva y costosa trampa de los sentidos: “Ya me sentía sin fuerzas y, sin embargo, aún no veía la tierra. Entonces volvió a invadirme el terror: acaso, ciertamente, la tierra había sido otra alucinación (…) Ya había nadado mucho. Era imposible regresar en busca de la balsa".
 
@kenopina

viernes, 28 de febrero de 2014

La parálisis regional ante las protestas en Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez 


Vivimos en un Hemisferio Occidental pos-hegemónico. La distribución de capacidades ha cambiado con el ascenso de Brasil, la década dorada de crecimiento económico latinoamericano y la crisis económica apenas superada en EEUU. Además, Washington no tiene la voluntad de ejercer su primacía en el Hemisferio –que a pesar de todo aún conserva- para imponer una agenda en torno a la promoción de la democracia liberal y el libre comercio como hizo en los años noventa, al llevar una década concentrado en Medio Oriente y ahora empezar a mirar al Pacífico debido al ascenso de China. Tampoco EEUU ha mostrado habilidad diplomática para liderar la construcción de un nuevo consenso con otras potencias regionales; mientras potencias extra-continentales desde China y Rusia, hasta la Unión Europea, han estado más activas en la región.
El resultado es una difusión del poder, la parálisis de las instituciones hemisféricas, la creación de nuevas instituciones latinoamericanas marcadas por el presidencialismo y la excesiva flexibilidad, y una América Latina más plural y autónoma. Reconociendo esta realidad, el Secretario de Estado John Kerry, en un discurso en la OEA en noviembre de 2013, volvió a decretar la muerte de la Doctrina Monroe y defendió “una relación de iguales” con América Latina.
El reverso de la moneda es una América Latina donde Brasil, México y Venezuela, han reordenado la cartografía regional. Así, tenemos cuatro bloques de integración principales, que se comportan como alianzas estratégicas. El MERCOSUR necesita un relanzamiento pero tiene a Brasil como líder; además, debido a la crisis instalada en Venezuela y la muerte de Hugo Chávez, tiende a atraer a la ALBA: el “MERCOSUR x 9” resultante de la “expansión selectiva” defendida en Brasilia hacia países suramericanos que no hayan adoptado estrategias liberales de inserción en la economía internacional (léase Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam, después de la adhesión de Venezuela). La Alianza del Pacífico ha servido a México para tener mayor presencia en América Latina, a Colombia, Perú y Chile para subrayar su modelo liberal en el contexto suramericano, y a todos en conjunto para defender sus vínculos comerciales con EEUU e intentar volcarse al Pacífico junto a Washington. CARICOM, el bloque más débil en capacidad pero diplomáticamente influyente con sus 15 miembros, se ha beneficiado con una vinculación pragmática, flexible y diferenciada con los demás proyectos; aceptando la cooperación petrolera de Venezuela vía PETROCARIBE, sin que esto implique deteriorar sus relaciones con EEUU en el marco del TIFA, o no escuchar ofertas de cooperación de México y Brasil.
En este contexto regional, se desencadena la ola de protestas que vive Venezuela desde hace quince días, la cual ha dejado un saldo lamentable de 17 muertos, más de 150 heridos y más de 600 detenciones. Unas protestas que más allá de ser detonadas por las movilizaciones estudiantiles y el progresivo descontento social con la crisis económica, se han visto politizadas debido a la fuerte polarización de un país dividido electoralmente en dos bloques equivalentes.
Así tenemos, dos lecturas políticas de las protestas. El gobierno venezolano entiende que se encuentra ante un “golpe de Estado suave” orquestado por grupos radicales que buscan instrumentalizar el descontento de la clase media y cuentan con el apoyo de EEUU, enfatizando por tanto, el respeto a las instituciones democráticas. Por su parte, la alternativa democrática denuncia los excesos represivos de los cuerpos de seguridad y los colectivos armados que han dejado varias víctimas, al tiempo que subraya el derecho a la protesta pacífica y el respeto a los derechos humanos. En definitiva, una situación muy peligrosa en un país fracturado.
Por todo esto, no resulta extraño que los países de la región hayan reaccionado reflejando la pluralidad existente en el Hemisferio. EEUU y los países de la Alianza del Pacífico han pedido el cese de la violencia, el respeto al derecho a manifestar pacíficamente de los estudiantes, y han subrayado la necesidad de respetar las libertades y la institucionalidad democrática, así como la necesidad de un diálogo genuino. Los países ALBA han condenado el “golpe de Estado suave” y el “intervencionismo de EEUU”. Los países del MERCOSUR, presidido en estos momentos por Venezuela y siguiendo sus intereses nacionales, han respaldado al gobierno venezolano desde la militancia de Argentina, el silencio solidario de Brasil hasta la prudencia de Uruguay, sin dejar de llamar al diálogo. Por último, CARICOM ha manifestado su preocupación y también ha llamado al diálogo.
Esta pluralidad de intereses y visiones ha llevado a una parálisis de los foros políticos regionales (OEA, CELAC y UNASUR), justo en momentos donde Venezuela requiere de un apoyo activo para para que los actores políticos hagan las cesiones necesarias para una reorientación de la situación actual desde el conflicto al diálogo y la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática.
La OEA, más allá de los pronunciamientos a favor  del diálogo del Secretario General Insulza, se ha visto impotente. Eminentes personalidades han pedido activar la Carta Democrática Interamericana, pero obvian la actual configuración de poder que ha convertido este tratado en letra muerta y ha sumergido a esta organización hemisférica en la parálisis. De allí, la altivez y el sarcasmo del Embajador Roy Chaderton en la discusión celebrada en el Consejo Permanente de la OEA el pasado 19 de febrero, la cual no llegó a nada debido a la reticencia de Brasil a abrir un debate y a la utilización de Venezuela de la ALBA y PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Tampoco se espera que fructifique el reciente llamado del Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, a una Reunión Extraordinaria de Cancilleres de la OEA para discutir la situación en Venezuela.
De la CELAC sólo se ha visto inmadurez e incapacidad para buscar una solución; bien porque Costa Rica como Presidente pro-témpore se encuentra en pleno relevo presidencial –a la espera de su segunda vuelta de las elecciones en abril- y teme una agudización de sus problemas bilaterales con Nicaragua, bien por la poca voluntad de actuar de los restantes miembros de la Troika –Cuba, Ecuador y San Vicente y Las Granadinas, los cuales también son miembros de la ALBA-, o porque los restantes miembros no han pedido una discusión seria en este foro regional para evitar un deterioro de sus relaciones bilaterales con Venezuela.
UNASUR, por último, parece preparada para convocar una Cumbre Extraordinaria para discutir la situación de Venezuela a petición del Presidente Maduro –que ya mostró su disposición al respecto y envió el pasado 26 de febrero al Canciller Jaua de gira por las capitales suramericanas, en buena medida como respuesta a la petición panameña de activar la OEA-, o cuando lo estime conveniente Brasil como líder del MERCOSUR. Sin embargo, tomando en cuenta las discusiones parcializadas de este foro político en los casos de las crisis políticas de Bolivia en 2008, Ecuador en 2010, Paraguay en 2012 y Venezuela en 2013, es visto con natural reserva por la alternativa democrática. Aunque allí también participan Colombia, Perú y Chile, tampoco se espera que estos países de la Alianza del Pacífico impulsen la búsqueda de una solución equilibrada en UNASUR, debido a los intereses de Colombia en mantener una relación constructiva con el gobierno venezolano -por su participación como país acompañante del proceso de paz y el comercio bilateral-, así como el relevo presidencial en Chile –la Presidenta Bachelet asume el 11 de  marzo y tiene en su coalición al Partido Comunista.
En definitiva, vivimos en un Hemisferio pos-hegemónico y plural, lo cual explica la diversidad de intereses en juego y la parálisis de la diplomacia regional ante la peligrosa situación que hoy encara Venezuela. Los venezolanos sólo contamos con nosotros mismos: dura lección de la realidad que conviene no olvidar.
@kenopina

viernes, 26 de abril de 2013

El peculiar “compromiso con la democracia” de UNASUR


Richard Díaz
El pasado 18 de abril se celebró en Lima (Perú), la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de UNASUR y su Secretario General, Alí Rodríguez Araque, convocada por su Presidente pro-témpore, Ollanta Humala, con el propósito de abordar la crisis política en Venezuela abierta tras las elecciones presidenciales del 14 de abril, en las cuales el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró como ganador al candidato oficialista y Presidente Encargado Nicolás Maduro Moros con el 50,75% de los votos, frente al 48,97% del abanderado de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) Henrique Capriles Radonski, quien desconoció estos resultados, denunció el ventajismo oficial y pidió una auditoría ciudadana al CNE. A pocos días de haberse celebrado dicha Cumbre de UNASUR, es notorio observar que dejó más interrogantes que aportes a la solución de la crisis política venezolana.
 
Quedan muchas dudas por despejarse con el desenlace de la reclamación de la MUD y de su candidato Henrique Capriles Radonski ante el CNE, y de ser necesario, la posible impugnación de la elección ante el Tribunal Supremo de Justicia y otras instancias internacionales. Todo esto en virtud de una realidad innegable: al menos más de siete millones de venezolanos cuestionan actualmente la elección y legitimidad de Nicolás Maduro como Presidente, hasta tanto se demuestre que hubo la debida transparencia en el proceso electoral, mediante una auditoría ciudadana a fondo, y con el fin de que esclarecer la verdadera voluntad mayoritaria de los 15 millones de venezolanos que ejercieron su voto.
 
Si bien el inicio de la Cumbre de UNASUR a sólo cuatro días del evento comicial, estuvo marcado por la tensión que produjeron horas antes las denuncias de fraude y ventajismo de Estado por parte del candidato Henrique Capriles Radonski luego del boletín del CNE, es preocupante ver cómo se dio tan rápido la aprobación de la “Declaración de Lima” que respaldó a Nicolás Maduro como Presidente Electo, la misma noche antes del acto de juramentación. Y que vino además del respectivo acompañamiento y legitimación que le brindaron sus colegas mandatarios al asistir al citado acto en la Asamblea Nacional, ignorando así los reclamos de la otra mitad que se manifestaba con cacerolazos en todas partes. Lo que demuestra una vez más que la teoría realista sigue siendo válida para el estudio de las Relaciones Internacionales: Los Estados actúan de acuerdo a intereses en términos de poder y no en base a principios.
 
Esta clásica premisa del realismo político, tan debatida por pesimista en el ámbito académico, ayuda a comprender las siguientes interrogantes: ¿por qué UNASUR actuó de forma tan apresurada en reconocer y legitimar a Maduro,? ¿Por qué no medió ni ha mediado a estas alturas en el conflicto político abierto en Venezuela? ¿Cuál o cuáles son los intereses que han prevalecido? ¿Por qué le ha restado importancia a la crisis venezolana?
 
Para nadie es un secreto a estas alturas que en el seno de UNASUR, al igual que en MERCOSUR, ALBA y CELAC, existen intereses políticos y económicos directos con el petróleo venezolano, principal promotor de esta nueva integración regional basada en una afinidad política e ideológica, pero que busca con la compra de lealtades entre gobiernos, y por encima de prioridades de orden social a lo interno del país, una mayor participación como bloque en el orden internacional. En la construcción de lo que la Cancillería venezolana denomina un Mundo multipolar, pluripolar y multicéntrico.
 
Como sabemos, la actual crisis política venezolana es producto de la penosa confrontación de larga data entre dos mitades claramente opuestas. Si ese reclamo legítimo de Henrique Capriles Radonski llegase a prosperar en el mediano plazo, sin duda quedaría en entredicho la legitimidad, la credibilidad y el futuro UNASUR por el escaso compromiso asumido con la democracia regional en los momentos más decisivos. Esto puede señalarse, porque de forma irresponsable y siendo la única organización internacional que tuvo acceso al proceso electoral a través de la Misión de Acompañamiento Electoral encabezada por Carlos “Chacho” Álvarez, no valoró el alcance del reclamo realizado por la MUD en la “Declaración de Lima”, y en cambio discriminó de oficio al momento de reconocer y legitimar a Maduro sin mayores preocupaciones. Prueba de ello, es el punto 3 de la citada Declaración en respuesta al pronunciamiento vago del CNE comprometiéndose a realizar la auditoría ciudadana: UNASUR “toma nota positiva de la decisión del Consejo Nacional Electoral de implementar una metodología que permita la auditoría total de las mesas electorales”. Esta postura que no ofrece alternativa alguna ni garantiza la paz ni el respeto a la voluntad soberana, deja sin acompañamiento institucional a las partes en conflicto. Si la crisis se origina por las pruebas de irregularidades y la cuestionada imparcialidad del CNE, no se entiende cómo UNASUR “tomando nota positiva” delegue su confianza y garantía en el agente cuestionado: todo un absurdo.
 
Lo correcto era volver a enviar la Misión de Acompañamiento Electoral de UNASUR a Venezuela, para supervisar todo lo necesario para que se diera cumplimiento a las exigencias de la MUD al proceso de auditoría ciudadana, y develar lo que en verdad ocurrió, con el fin de lograr una solución pacífica, democrática y ajustada a derecho, situación trascendental para el futuro de los venezolanos, y en un segundo plano, para la verdadera integración en América del Sur.
 
El artículo 2 del Tratado Constitutivo es muy claro en los objetivos para alcanzar la integración regional, ya que establece “construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político”. Obviamente, ese diálogo político en la crisis venezolana no se dio. No puede haber diálogo político para la paz y la estabilidad regional mientras las discusiones en UNASUR se den a puerta cerrada entre Jefes de Estado y sin la presencia de otros actores perjudicados, maxime cuando también representan a los pueblos suramericanos. Incluso y sabiendo esto, el candidato Henrique Capriles Radonski manejó la posibilidad de presentarse voluntariamente en la Cumbre de UNASUR para llevar su reclamo, pero es comprensible que no acudiera si ese “exclusivismo presidencialista” no le garantizaba su participación. Por eso cabe la pregunta: ¿dónde estuvo la prioridad al diálogo político?
 
Aunque es debatible al momento de una toma de decisión -según sea el caso- determinar hasta qué punto los intereses particulares de los grupos de poder como líderes políticos, empresarios o funcionarios burocráticos, privan o no sobre los principios generales de una nación, de una organización internacional o en este caso de un bloque regional; lo que no se discute son las consecuencias que la decisión acarrea en el tiempo. Es lamentable que los intereses económicos y políticos de UNASUR sean tan determinantes y están por encima de sus mismos principios de “soberanía, autodeterminación de los pueblos, solidaridad, cooperación, paz, democracia, participación ciudadana y pluralismo” que pregonan el Tratado Constitutivo y el Protocolo de Georgetown sobre Compromiso con la Democracia. Esta defensa notoria y confesa de UNASUR al Poder Ejecutivo venezolano, al gobernante de turno y de espaldas a la voluntad expresa de los ciudadanos, hace que añoremos aquellas brillantes actuaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) en defensa de la democracia, frente a la caída de los regímenes militares del cono sur en los años 80, o más reciente el rol que desempeñó la misión electoral en el 2000, frente a la controversia por la también dudosa tercera reelección de Alberto Fujimori en Perú, entre otras tantas actuaciones en defensa de la Democracia.
 
En resumen, los gobiernos se deben a sus electores quienes ejercen su soberanía mediante el voto. Si la región sudamericana se plantea con UNASUR “construir una identidad y ciudadanía suramericanas”, la organización no puede ser un “club de presidentes” y estar de espaldas a sus pueblos, quienes han exigido y segurián exigiendo pacíficamente que se haga justicia y se respete su voluntad. Y si no, podemos recordar el caso de Paraguay el pasado año donde el pueblo guaraní fue víctima de la injusta exclusión del organismo por destituir al entonces Presidente Lugo apegado a sus normas constitucionales. El caso de Venezuela le brinda una nueva oportunidad a UNASUR para redimirse y comprometerse realmente con sus principios y propósitos. Es momento de reflexionar: o todos somos demócratas, o ninguno lo somos. No existen espacios para medias verdades en un Mundo tan globalizado como el actual, incapaz de desconocer a los actores no estatales que emergen con protestas a cualquier hora y escenario.
 
Como venezolano creyente en la democracia, sólo me toca preguntarle a UNASUR: ¿Por qué no te comprometes realmente con la democracia?