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miércoles, 27 de julio de 2016

Mediación bajo sospecha


Embajador (r) Oscar Hernández Bernalette

Recuerdo que cuando el famoso exhorto del Rey de España a Chávez con el ¿por qué no te callas?, Rodríguez Zapatero le dio una muestra de civilidad cuando le exigió respeto por Aznar a quien su par calificaba de fascista. Le indicó que había un principio en el diálogo, que era “no caer en la descalificación”. Sin duda de aquella diatriba salió airoso.

Para los sectores opositores de aquel entonces Rodríguez Zapatero era un aliado. Han pasado casi diez años y en esta oportunidad la figura del Ex-Presidente del gobierno español se convierte en írrita para parte de la opinión pública. Se desconfía de su equidad mediadora.

Se entiende que la mediación es la facilitación previa a un proceso de negociación por parte de una persona neutral que genera confianza entre las partes en litigio y que ha sido designado por mutuo consentimiento. El rol central de quien o quienes cumplen esta responsabilidad es ayudar a grupos de personas, instituciones y diferentes actores en conflicto que tienen diferencias, llegar a consensos. Un concepto básico de la literatura en esta materia es la afirmación de que el mediador no toma partido por ninguno de los individuos o sectores en conflicto.

Durante el proceso quien tiene la responsabilidad mantiene los avances en secreto y cualquier avance solo se trasmite previa autorización de las partes involucradas. El mediador no es un activista. La discrecionalidad, la modestia y evitar la notoriedad son fundamentales.

Si los actores en disputa, o uno de ellos, no confía en la integridad del mediador, esto es, su capacidad de ser neutral, independiente, imparcial y justo, la posibilidad de que la mediación tenga éxito es limitada. Los códigos establecidos indican que si algunas de las partes levanta una objeción sobre la neutralidad del mediador este debería renunciar.

Si la duda persiste será poco la ayuda que en esta oportunidad podrá brindar el político español.
@bernalette1

martes, 21 de junio de 2016

De diálogos, maniobras y realidades


Dr. Kenneth Ramírez

Desde hace mes y medio, hemos visto un creciente interés de la Comunidad Internacional por la crisis de Venezuela. Más allá de lo declarativo, se han puesto en marcha iniciativas de diplomacia preventiva, cuyo clímax observaremos esta semana. Existe mucha preocupación por el deterioro de la situación venezolana que puede llevar a escenarios de explosión social, violencia e inestabilidad política con consecuencias para todo el vecindario. Desde el gobierno venezolano se cree utópicamente en la posibilidad de cambiar esta realidad con maniobras diplomáticas. Lo cierto, es que si la crisis sólo fuera política, quizás podría hacerlo. Empero, el agotamiento del modelo económico agravado con la caída del petróleo, ha llevado a una severa contracción del PIB en -5,7% en 2015, y los pronósticos del FMI apuntan a que lo hará en -8% en 2016 y -4,5% en 2017. Además, todas las agencias señalan que los precios del petróleo se mantendrán entre 40 y 50 $/Bl en lo que resta de 2016 y apenas repuntarán un poco más en 2017, sobre todo una vez que han constatado que la OPEP no tomará decisión alguna en el corto plazo. Todo esto, a su vez, ha generado una crisis humanitaria debido a la escasez de alimentos y medicinas, el aumento del desempleo y la delincuencia. La CEPAL señala que niveles de pobreza han aumentado hasta alrededor de 40%.

En este contexto, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, presentó un informe contundente el pasado 30 de mayo, el cual concluye que en Venezuela existe una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático, de acuerdo al artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana. Lejos de una suspensión de Venezuela de la OEA para lo cual no existe interés en este momento, de activarse la Carta -se requieren 18 votos- se desplegarían gestiones diplomáticas para destrabar la celebración de un Referéndum Revocatorio este año, liberar los presos políticos, abrir un canal humanitario y resolver el conflicto existente entre los poderes públicos. Este jueves 23 de junio, se ha convocado un Consejo Permanente de la OEA para realizar una apreciación colectiva de la situación venezolana a partir del informe Almagro y tomar una decisión.

Por otra parte, tenemos las gestiones de los Ex–Presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández, para propiciar un diálogo político en Venezuela y hacer recomendaciones para atender la crisis económica. Esto nació de una iniciativa del Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, quien ha tenido un manejo parcializado de la situación venezolana a lo largo de su desempeño, por lo cual estos facilitadores no han sido bien recibidos por toda la oposición venezolana. Incluso, Samper ha sido criticado por Paraguay por no consultar con los países miembros. En consecuencia, estas gestiones no han podido fructificar, aunque fueron avaladas el pasado 1 de junio en una resolución aprobada en un Consejo Permanente de la OEA convocado por Argentina –que busca impulsar a su Canciller a la Secretaría General de la ONU-, donde los países miembros dieron su apoyo a las “iniciativas de diálogo” para la “consolidación de la democracia representativa” y también a los “procedimientos constitucionales” -léase, celebrar un Referéndum Revocatorio. Resultó llamativo que la diplomacia venezolana no pudo suspender esta reunión como quería, ni aprobar una resolución de su autoría, ni modificar la resolución aprobada que contiene un concepto de democracia que ha objetado por años. Atrás quedaron los tiempos donde Venezuela utilizaba PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Este martes 21 de junio, se efectuará un Consejo Permanente de la OEA para escuchar a los Ex-Presidentes; y Samper convocó una Reunión Extraordinaria de Cancilleres UNASUR para los mismos fines este jueves 23 de junio –Paraguay ya objetó esta convocatoria por coincidir con el Consejo Permanente de la OEA donde se discutirá el informe Almagro.

No se extrañe usted, amigo lector, estas reuniones yuxtapuestas son producto de las maniobras de la diplomacia venezolana para impulsar la facilitación de los Ex-Presidentes en el marco de UNASUR, debilitar la discusión del informe Almagro y bloquear la activación de la Carta Democrática Interamericana, mientras gana tiempo para evitar como sea un Referéndum Revocatorio este año. Sin embargo, la geopolítica en UNASUR ha cambiado: Caracas sólo cuenta con Ecuador, Bolivia y Surinam tras la victoria de Macri y el impeachment a Dilma, junto a las ventajas de tener como aliado a Samper y detentar la Presidencia pro-témpore de una organización que ya no ofrece el refugio eficaz de otrora.

Asimismo, en la 46° Asamblea General de la OEA aunque el tema venezolano no estaba en agenda, la Canciller Delcy Rodríguez atacó a Almagro para disminuir su prestigio, evadir la discusión de argumentos y huir hacia adelante; presentando incluso una resolución en su contra: sólo fue aprobado permitir que Venezuela vuelva a presentarla en un Consejo Permanente sin fecha exacta, aunque se cantó “victoria”. Paralelamente, 15 países miembros de la OEA –incluyendo los de mayor peso geopolítico y una mayoría clara de países UNASUR- firmaron un Comunicado en Santo Domingo pidiendo que las gestiones de los Ex-Presidentes tengan “resultados positivos en un tiempo razonable” y una “aplicación justa y oportuna de los procedimientos constitucionales” –léase, otra vez, celebrar un Referéndum Revocatorio.

No puede pasarse por alto, la reunión entre la Canciller Rodríguez y el Secretario Kerry, donde acordaron reactivar el canal de diálogo bilateral con Thomas Shannon a la cabeza. Este diálogo no es, como se ha dicho, para mejorar relaciones e intercambiar Embajadores –no hay desde 2010. A Obama le restan 6 meses en la Casa Blanca y no tiene el apoyo del Congreso para esto. EEUU sólo continúa con su estrategia de propiciar un “aterrizaje suave” (soft landing) de Venezuela, evitando un peligroso colapso con posible desbordamiento regional. Shannon viene a negociar fecha y condiciones para un Referéndum Revocatorio, teniendo como bazas la Orden Ejecutiva N° 13692 prorrogada el 3 de marzo y la eventual activación de la Carta Democrática Interamericana.

Finalmente, en una artimaña de último minuto que revela desesperación, el Embajador venezolano en la OEA, Bernardo Álvarez, envió una misiva el pasado lunes 20 de junio pidiendo desconvocar el Consejo Permanente de la OEA de este jueves 23 de junio, ya que a su juicio el tema venezolano ya había sido suficientemente analizado en el citado Consejo Permanente del 1 de junio; además de intentar descalificar una vez más al Secretario General Almagro por su supuesta ojeriza hacia el gobierno de Venezuela y su supuesta usurpación de competencias al invocar la Carta Democrática Interamericana -en un análisis jurídico muy endeble que revela las carencias de la actual Cancillería venezolana.

De manera que, sea cual sea la fórmula que sea acordada esta semana en las reuniones citadas, toda maniobra de la diplomacia venezolana está destinada a fracasar. Se ha constituido un amplio consenso hemisférico sobre la necesidad de un Referéndum Revocatorio este año como paso inicial para resolver la crisis venezolana en clave de seguridad regional. De mantener su inmovilismo acompañado de represión, el gobierno venezolano encarará ostracismo y sanciones. La realidad geopolítica está en contra del Presidente Maduro, el cual se encuentra en zugzwang en términos de ajedrez. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

A propósito del diálogo


Luis Manuel Esculpi

En los regímenes democráticos más avanzados el diálogo constituye un aspecto esencial de la vida política. La experiencia venezolana durante el período de la República Civil -pese a sus carencias y limitaciones-  contempló rasgos distintivos propios de regímenes progresistas. El intercambio de opiniones, la búsqueda de consenso entre el gobierno y la oposición y los acuerdos constituyeron parte sustancial del comportamiento político, en ese lapso en que el país alcanzó los avances más notables de su historia.

Son suficientemente conocidos los acuerdos para la Directiva del Congreso y para la integración de los otros poderes, es más,  en la República Civil hubo varias experiencias de coaliciones en diferentes gobiernos.

A ese diálogo propio de las democracias modernas no es al que queremos ahora referirnos, por supuesto radicalmente distinto a la relación entre gobierno y oposición en aquellos regímenes caracterizados por el autoritarismo y con un  gran déficit de funcionalidad democrática.

El diálogo político como un medio para resolver controversias agudas se propone evitar que la confrontación pase a niveles de conflictividad tales, que puedan resultar aún más  traumáticos o cruentos. El diálogo político en estas situaciones es una herramienta útil para cada una de las partes, que les posibilitaría alcanzar metas y la búsqueda de objetivos comunes. En otras palabras el diálogo político es un medio, no un fin en sí mismo. Una obviedad que a veces se olvida.

Ante la reunión del Consejo Permanente de la OEA convocado para tratar el caso Venezuela,  el gobierno hace desesperados esfuerzos para proyectar la imagen de ser un propiciador del diálogo, pretende trasmitir la idea de un país  que marcha en esa dirección. Intenta evitar el debate el escenario internacional bajo ese pretexto.

Por supuesto que ninguna organización política puede en medio de una crisis como la que confrontamos negarse a dialogar, la Mesa de la Unidad (MUD) ha mostrado su voluntad en ese sentido, ahora bien, hay que definir muy claramente los objetivos de las fuerzas democráticas al participar en los encuentros que se han convocado.

Fue justo participar en la primera reunión con la comisión de los ex presidentes en República Dominicana, para conocer las proposiciones y la visión de esa comisión a partir de las conversaciones con el gobierno. Igual de justo consideramos no asistir a la segunda convocatoria, cuando el gobierno introducía un recurso contra la Directiva de la Asamblea Nacional, y apelaba a todo tipo de artimañas para dificultar el famoso invento de la validación de las firmas.
El Gobierno tiene claro su objetivo de ganar tiempo para evitar que el Referéndum Revocatorio se realice este año, además pretenderá igualmente comprometer a la oposición en algunos aspectos de su gestión.  La MUD ha establecido como la alternativa democrática y constitucional para el cambio político la realización del revocatorio, en la agenda trasmitida por los facilitadores y propuesta por el gobierno no figuraba el cronograma para el referéndum. Objetivo fundamental para las fuerzas democráticas.

Hay asuntos elementales para constituir una mesa de diálogo, la concertación de una agenda con definición de prioridades, en caso de necesidad de participación de un tercero (como el nuestro) bien como facilitador o mediador debe seleccionarse de mutuo acuerdo para que pueda gozar de confianza de las partes.

La comisión de los Ex-Presidentes fue designada por UNASUR en acuerdo con el gobierno venezolano, los tres han demostrado sus simpatías con el llamado “proceso”, su coordinador ha expresado desacuerdo con el Referéndum Revocatorio, labor impropia de quién tiene la misión de facilitador. El diálogo político solo tendría viabilidad si incluye como aspecto  prioritario de la agenda, el cronograma para la celebración del referéndum, la libertad de los presos, el regreso de los exilados y el respeto al poder legislativo.

Para que la comisión designada por UNASUR pueda cumplir el rol de facilitador, ella debe ser ampliada con figuras imparciales que garanticen el equilibrio necesario.

A menudo para defender el diálogo en cualquier condición, se menciona la Conferencia de París, a las conversaciones sostenidas por vietnamitas y norteamericanos a partir del año 1969.  Entre muchas anécdotas que se relatan; se recuerda como allí se debatió previamente hasta las características de la mesa y el orden de entrada al lugar de las reuniones. De tal manera que no constituye ninguna extravagancia  exigir el cronograma del Referéndum Revocatorio  como tema prioritario y proponer la ampliación de la comisión negociadora.  Propósitos que se inscriben plenamente en la estrategia diseñada -pese a las triquiñuelas y obstáculos del adversario- que se ha venido ejecutando con éxito.

@lmesculpi

sábado, 18 de junio de 2016

La OEA en la encrucijada


Embajador (r) Milos Alcalay

La OEA conmemorará pronto 70 años de existencia. La máxima institución hemisférica  ha vivido varias encrucijadas desde la reunión del Congreso de Panamá convocada por el Libertador en 1826; luego con la Conferencia Panamericana de Washington en 1889 y finalmente en la actual etapa que nace en Bogotá en 1948. La adopción por unanimidad en 2001 de la Carta Democrática Interamericana, incorpora al sistema interamericano los principios y valores de la Democracia Representativa.

Esta semana, los días 21 y 23 de junio, los países miembros han sido llamados a pronunciarse en relación a Venezuela y su decisión marcará los pasos futuros de la institución. Siempre ha animado a los gobiernos procurar la solución de conflictos a través de medios pacíficos como los buenos oficios, la mediación, la conciliación, el arbitraje. Lo cierto es que se evidencia que la “solidaridad  automática” de respaldo incondicional que se produjo a inicios del Siglo XXI con los gobiernos de la ALBA en general y con el gobierno de Venezuela en particular, ya no parece estar vigente, ya que la crisis política, económica e institucional es conocida y reconocida por todos los países miembros del máximo organismo hemisférico. La posición de la OEA no es la única, ya que repite las mismas preocupaciones de otros organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea, el G-7, MERCOSUR, además de las Declaraciones de las  Internacionales Políticas de los más variados signos políticos e ideológicos. Es decir, el actual gobierno venezolano -que estará en el “banquillo de los acusados”- se encuentra cada vez más aislado, y deberá responder sobre los compromisos democráticos asumidos e incumplidos.

La encrucijada en la que se encuentra la OEA esta semana, tiene dos fechas: el 21 y el 23 de junio: El 21 de junio el Consejo Permanente de la OEA se pronunciará sobre el “diálogo” en Venezuela  a instancia del gobierno de Maduro quien solicitó se escuchara a los Ex-Presidentes Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Torrijos. Si bien se trata de personalidades destacadas, lo procedente sería aceptar que la oposición propusiera una lista adicional de otros Ex-Presidentes de UNASUR para que de esa manera se constituya un grupo más equilibrado. Esta semana, 30 ex-mandatarios iberoamericanos le dirigieron una comunicación de respaldo a Almagro, de los cuales la OEA debería aceptar algunos para incorporarlos ya que no puede existir una mediación creíble propuesta sólo por una  de las partes en conflicto tal como ha afirmado acertadamente el ex-candidato presidencial Henrique Capriles y otros destacados dirigentes de la oposición venezolana.

El 23 de junio el Consejo Permanente se reunirá nuevamente, esta vez a instancia del Secretario General  de la OEA, Luis Almagro, haciendo uso de las atribuciones que le otorga la Carta Democrática Interamericana en el artículo 20. El otrora Canciller de Uruguay ha asumido su responsabilidad con mucha dignidad y valentía a pesar de los insultos, amenazas y chantajes recibidos por parte del gobierno venezolano en su desesperado intento de evitar que se evalúe el incumplimiento con ese compromiso internacional. Hubiera sido más fácil para el Secretario General de la OEA no enfrentarse a una “diplomacia de carritos chocones”, pero prefirió asumir riesgos defendiendo los principios y valores democráticos de la OEA.

Ahora le corresponde a los gobiernos del Hemisferio pronunciarse. Uno de los errores de la “diplomacia bolivariana”, ha sido creer que con atropellos y amenazas logrará hacer cambiar las posiciones de los gobiernos. Y por más que convoque múltiples  reuniones del Consejo Permanente, estamos esperanzados de que los gobiernos sigan siendo fieles a la posición interamericana que fomenta la prevención de conflictos, apoyo a un diálogo veraz, contribuir a que se dé una solución pacífica a la controversia, y exija a ambas partes el cumplimiento de la Constitución y de los acuerdos internacionales. En todo caso, el 23 de junio con la presentación del Informe Almagro de 123 páginas -que es una fotografía de la triste realidad venezolana-, será un documento oficial de la OEA. Los gobiernos tienen la palabra para definirse en esta nueva encrucijada.

@milosalcalay

Diplomacia preventiva


Embajador (r) Oscar Hernández Bernalette

En términos generales nos referimos a la prevención de conflictos internos o entre Estados, así como a la posibilidad de que estos se expandan a otras naciones.

Este ejercicio de la diplomacia se ejerce cuando países actúan en el ámbito multilateral, a través de mecanismos previamente establecidos con el objetivo de evitar conflictos internos que se puedan producir como resultado de crisis políticas y económicas. Se pueden aplicar como herramientas de prevención para evitar que estas disputas escalen y afecten a etnias, comunidades locales, grupos políticos, países vecinos, hasta una región en su conjunto. 

Por ejemplo, las alertas tempranas que se están haciendo desde distintos foros, organizaciones intergubernamentales y desde países amigos con relación a la crisis que se vive en Venezuela es diplomacia preventiva. Se preguntará el lector, ¿por qué? Pues, precisamente, la consecuencia de lo  que pase en Venezuela y la escalada del conflicto interno afectará a toda la región. Imagínense, por ejemplo, los efectos que esta crisis tiene para Colombia y cómo la perturba en términos de flujos migratorios, refugiados, comercio, narcotráfico, etc. Piensen en otros vecinos; Trinidad, las Antillas, en  nuestros socios del MERCOSUR o en EEUU.

Si la situación de Venezuela no se resuelve democráticamente, las consecuencias se convierten en una  carga para muchos países. Nadie quiere una escalada y para ello cada uno de los actores que apoyan el diálogo, que se pronuncian o proponen utilizar mecanismos previamente acordados son una importante ayuda para prevenir una crisis humanitaria y, más allá, un conflicto interno que podemos saber cuándo y por qué se inicia, pero no cuándo termina.

@bernalette1

miércoles, 15 de junio de 2016

LA OEA, Cuba, Venezuela y el lenguaje


Prof. Eloy Torres

No es mi deseo personalizar la discusión sobre la política de nuestro país. Sin embargo, no puedo eludir lo aprendido en el seno familiar, por cuanto uno refleja en público lo que se aprende en  casa. Es posible que algunos lectores de estas líneas conozcan buena parte de las cosas que en ellas aparecen; por lo que voy a generalizar, pero al mismo tiempo, prolijo en las cosas que pienso exponer. Yo crecí en un hogar comunista. Mi padre, fue un dirigente del Partido Comunista de Venezuela (PCV), honesto y verdadero sindicalista, que no reposero, forjador de organizaciones obreras, insurrecto, parlamentario, pero también, lo suficientemente inteligente para comprender que lo que él había hecho en su vida de revolucionario, conducía inevitablemente a un desastre, más allá de sus buenas intenciones, forjadas todas, en la creencia de un posible Mundo justo, respetuoso y elevadamente educado. Fundó el Movimiento al Socialismo (MAS), junto con Pompeyo, Teodoro, Freddy, Germán, Caraquita Urbina y otros tantos, al divorciarse del comunismo y de Stalin, como dice Teodoro Petkoff, justamente por creer en la democracia y por la cual luchó hasta sus últimos días, pues murió y se llevó esa creencia in pectore.

Para un hombre, como mi Padre, que hizo de su vida una verdadera universidad, dicho esto en términos de Máximo Gorki: fue un autodidacta. Apenas culminó el tercer grado de instrucción primaria y abrazó la política con espíritu de superación. Combatió la obscuridad de su tiempo con la filosofía galleguiana: superar la barbarie y alcanzar la civilización. Ésta, emanaba de una educación fraguada en la política, concretamente en el sindicalismo, instrumento fundamental de esta época. Se aventuró y escribió 4 libros, centenares de artículos y dictó cátedra de sindicalismo en múltiples cursos y conferencias a lo largo de su vida. Hay todavía muchos testigos vivos que pueden confirmar que lo escrito, no es mentira ni exageración filial.

Esto viene a cuento, pues jamás fue obsceno, vulgar ni escatológico. Su autoridad emanaba de su esfuerzo por superar sus dificultades existenciales con un sentido, por demás, de creer en la necesidad de crecer intelectualmente. Eso nos los inyectó en nuestra familia. Él -junto a mi Madre, a pesar de la enorme multiplicidad de contratiempos: clandestinidades, prisiones, persecuciones, limitaciones materiales- construyó un hogar decente; todos sus hijos graduaron y son gente de bien, como quien dice y siempre vimos en él, una especie de un profesor que busca que sus hijos hablaran correctamente, sin estridencias o vulgaridades. El comunismo, en nuestra familia, se mostraba con un lenguaje elevado y con libros para fortalecerlo. El poeta Goethe en uno de sus escritos sentenciaba: “Al hombre, cuando lo acompaña una recia voluntad, moldea el Mundo a su gusto”. Él, mi Padre, se formó a sí mismo y proyectó en su comportamiento y en nosotros, sus hijos, esa idea goethiana.

La experiencia nos indica que la política trae siempre sacrificios, momentos de tensión, de enfrentamientos, donde incluso, gracias a ella, puedes perder hasta la vida. Corría el año 62 y mi Padre, irresponsablemente, abrazó la insurrección armada para derrocar a Don Rómulo Betancourt. El PCV o una parte de ese partido habían comprado el ticket de la violencia. La ceguera se apoderó de la inteligencia de estos líderes, entre ellos, Eloy. Recuerdo un momento muy interesante. En enero de 1962; Cuba fue excluida de la Organización de Estados Americanos (OEA). Eran los tiempos de tensión por la Guerra Fría. El enfrentamiento con los EEUU estaba a flor de piel. Los discursos del líder cubano, tabaco en mano, eran desde nuestra entonces perspectiva, vigorosamente electrizantes. Fidel siempre fue un buen orador. Éste, sin embargo, a pesar de ser excluido su país, por inscribirlo en una realidad geopolíticamente extraña al Hemisferio: hay que decirlo, con razón o sin ella, Fidel, jamás se comportó procazmente. Fue polémico, duro, agudamente agresivo, empero en público, con sus enemigos, nunca se comportó con vulgaridades. Luego, su Canciller, el Dr. Raúl Roa fue un magistral hombre pleno de humor, sarcasmo y enamorado de su oficio.

El caso es que en una ocasión de intensos debates en la OEA; mientras Raúl Roa defendía con argumentosa su país; el representante norteamericano ante esa organización regional, tras escuchar el discurso de Roa, se le acercó y, palabras más, palabras menos, le dijo: “le felicito por su lenguaje, rico en anécdotas y sobriamente denso en argumentos”. Era una verdadera diplomacia, en la que no cabía la vulgaridad, grosería o actitudes destempladas por parte de ese ilustrado hombre, con quien podías estar de acuerdo o no; lo significativo es que su gobierno, a pesar de las grandes tensiones, en el seno de la OEA fue defendido con argumentos y no con insultos. 

El siglo XXI tenemos un gobierno venezolano que se comporta cual malandro o guapo de barrio. Me viene a la mente una cita del Dr. Hans Joaquín Leu, Profesor de Política Internacional en los cursos de Postgrado en la UCV; él siempre utilizaba la acepción conductista de Robert Merton, según la cual la política exterior es la conducta de un Estado frente al mundo exterior. El actual gobierno se comporta de una manera poco cónsona, no con los patrones elementales de una conducta exterior normal, sino de una manera irreflexiva, grosera y la cual, pasará mucho tiempo para que esos insultos e improperios sean borrados de los anales de las relaciones internacionales. La vieja sabiduría popular indica que nunca debes “tirar” la puerta tan duro, que luego no la podrás abrir. Quedarás encerrado.

La actitud del alto gobierno, sus desplantes ofensivos, su agresividad verbal, repleta de vulgaridades hacia el Secretario General Luis Almagro, demuestra un cocktail, peligroso, por demás, de ignorancia y audacia. Pretender copiar estilos de otros, caso concreto el de Fidel Castro, cuando su país fue expulsado de la OEA confirma su absurda audacia; luego ignoran que su actitud jamás, repito, mostró en público ese lenguaje vulgar. Fidel, pienso yo, hombre formado por los jesuitas, fue esclavo de esa educación. No hay que ser procaz para mostrar tus posturas. Estos chavistas-maduristas no ponderan las cosas. Ellos, reeditan mal los ejemplos. Fidel fue y es una tragedia, mas, repito siempre mostró educación. En tanto éstos, son una farsa, al copiar muy mal las posturas del líder cubano. No les importa el daño que le infringen a Venezuela con esas actitudes. Basta recordar una clásica frase que retrata a estos personajes: Après moi le deluge, atribuida reiteradamente a Luis XV, cuando, en realidad, fue su cortesana favorita: Jeanne-Antoinette Poisson, conocida como Madame Pompadour quien lo dijo. Ella, al consolarle, por sus derrotas militares lo decía, traducido a los términos criollos: ¡No le pares, después de nosotros que importa!

En tal realidad nos encontramos. Para la Venezuela democrática que de nuevo asomó la cabeza el 6 de diciembre de 2015, será muy difícil, que no imposible, reconstruir una nueva política exterior. El recuerdo de estos 17 años cuya sinfonía altisonante, procaz, grosera e irreverentemente torpe, que lejos de alcanzar, con dinero petrolero, lo que la política debe hacer para alcanzar un cierto respeto y liderazgo internacional, lo que ha hecho es mostrar lo contrario: corrupción, limitaciones de ideas, proyectos y una permanente delusion, como dicen en inglés; es decir, una falsa ilusión de creer en una “soberanía e independencia frente al imperio”, para lo cual se ha obligado a todo el país a una “guerra económica” que, desde su inicio, ha sido perdida, gracias a la corrupción edificada por estos mariscales chavistas-maduristas de la muela, del verbo. Nuestra futura conducta frente al Mundo exterior se deberá inscribir en la necesidad de encontrar el punto central del realismo político, que no ideologizado, mucho menos grosero o pendenciero.

No podemos seguir incidiendo en una adumbra que busca esconder lo que queremos realmente. Pero, para ello necesitamos de gente preparada, consustanciada con las ideas de la negociación, conocedores de historia, derecho, idiomas, pero fundamentalmente, el idioma de la buena educación y la prudencia. Ya basta de tanto escándalo, gritos y groserías. Ello no es propio del gentilicio venezolano, más bien es la expresión de este grupo de individuos quienes, en mala hora, conducen al país al desastre. Pero, también hay que decirlo: en sus filas, hay factores que están dando inicio a un proceso oposicionista al interior del oficialismo.

Felizmente, hemos comprendido que las cosas no se pueden presentar en blanco y negro. El chavismo-madurismo revela fisuras. Los más radicales insisten y no son, para nada, comedidos a la hora demostrar su falta de escrúpulos para robar o confiscar al país y convertirlo en su hacienda particular. Otros, exudan que no se puede ser indiferente ante tanta vulgaridad y ante tanto robo a la cosa pública. Ya se perciben los malos y podridos frutos de esta revolución. Son lo que Marx llamó: “la estufa de los nuevos tiempos”. Éstos, se edificarán con un lenguaje elevando, tal como lo quiso Don Rómulo Gallegos, cuando literariamente dibujó su positivismo civilizador, del cual mi Padre fue un seguidor y quien siempre me machacaba: “la política es un acto pedagógico y no un torneo de groserías”. Se trata del país y éste siempre estará aquí, los jerarcas chavistas- maduristas no.

@eloicito

miércoles, 8 de junio de 2016

¿Con quién está El Caribe? ¿Qué pasó en la Cumbre de la AEC?


Prof. Mariano de Alba

El posicionamiento de la etiqueta #ElCaribeConVenezuela en la red social Twitter durante el sábado 4 de junio generó curiosidad en algunos venezolanos. El mensaje fue promocionado por cuentas relacionadas al gobierno venezolano con ocasión de la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), una organización internacional que reúne a los países del Caribe y a los países de Suramérica y Centroamérica cuyas costas dan hacia el Mar Caribe.

Desde el viernes, funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro anunciaban que aprovecharían la Cumbre, que se celebró en La Habana, para demostrar el apoyo que existe entre los países caribeños hacia el gobierno de Maduro y la supuesta molestia generada por la invocación de la Carta Democrática por parte de Luis Almagro, Secretario General de la OEA. “Venezuela denunciará ante la AEC la más reciente agresión perpetrada por el secretario general de la OEA, Luis Almagro”, declaraba por ejemplo, el embajador de Venezuela en Cuba, Alí Rodríguez-Araque.

A pesar de que no estaba previsto en la agenda, durante la reunión de los Presidentes y Cancilleres se trató el tema y los países emitieron un comunicado especial, demostrando la atención y preocupación internacional por la crisis venezolana.

¿Qué dice el comunicado especial de la AEC?

Los países miembros de la AEC, mediante el comunicado especial, declararon lo siguiente:

“Respaldamos la iniciativa de los Ex-Presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de la República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá, para la reapertura de un diálogo efectivo entre el gobierno y la oposición, con el fin de encontrar alternativas para favorecer la estabilidad política, el desarrollo social y la recuperación económica de la República Bolivariana de Venezuela;

Respaldamos asimismo las diferentes iniciativas de diálogo nacional que conduzcan, con apego a la Constitución y el pleno respeto a los derechos humanos, de manera oportuna, pronta y efectiva a la solución de las diferencias y la consolidación de la democracia; y

Apoyamos todos los esfuerzos de entendimiento, diálogo y los procedimientos constitucionales”

¿El comunicado supone que los países del Caribe apoyan al gobierno de Nicolás Maduro?

Al consultar el texto del comunicado, resulta claro que los países del Caribe han acordado adoptar una posición institucional y neutral ante la crisis que vive Venezuela. De hecho, el comunicado especial coincide en gran medida con la declaración emitida por el Consejo Permanente de la OEA el pasado miércoles 1 de junio.

Se respalda la iniciativa de diálogo de los Ex-Presidentes Rodríguez Zapatero, Fernández y Torrijos, se reafirma la importancia del respeto a la Constitución y los derechos humanos y se resalta que el diálogo entre el gobierno y la oposición debe realizarse de una manera pronta y efectiva. Además, encontramos en esta declaración otra nueva referencia de apoyo a los “procedimientos constitucionales”, la cual es una alusión indirecta a la importancia del Referéndum Revocatorio.

El comunicado también es interesante por lo que no dice. Hay que destacar que, pese a las declaraciones del embajador Alí Rodríguez Araque en la víspera de la reunión, el comunicado no contiene una condena a la supuesta agresión perpetrada por el Secretario General de la OEA. Tampoco establece que la Carta Democrática no debe ser aplicada en Venezuela.

Por ende, contrario a lo que quiere hacer ver el gobierno nacional, los países del Caribe no manifestaron su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro.

¿Cómo afecta el comunicado a la posible activación de la Carta Democrática?

El comunicado de los países del Caribe simplemente reafirma la consecuencia que tuvo la declaración del Consejo Permanente de la OEA en la posible activación de la Carta Democrática: un probable retraso a la espera del desarrollo de los acontecimientos en Venezuela.

Pero, al igual que se observó en la OEA, una buena parte de los países del Caribe no apoyan la posición del gobierno sino que en realidad están apostando al diálogo, al respeto de los derechos humanos y a la celebración del Referéndum Revocatorio como el mecanismo para resolver la crisis.

Durante la Cumbre, al igual que en la OEA, el único país del Caribe que adoptó una postura de irrestricto apoyo al gobierno de Nicolás Maduro fue San Vicente y las Granadinas.

Ya veremos en las próximas semanas o meses si lo que observamos en la OEA y en la AEC se traduce en un alejamiento definitivo del apoyo irrestricto que mantuvieron los países del Caribe con el gobierno de Venezuela, un apoyo que muchos atribuyen a PETROCARIBE, el programa de venta de petróleo a descuento implementado durante el mandato de Hugo Chávez.

@marianodealba

martes, 7 de junio de 2016

¿Prohibir la diplomacia parlamentaria en Venezuela?


Embajador (r) Milos Alcalay

Ante el aislamiento internacional del gobierno de Maduro,  en vez de acatar la Doctrina Internacional y  los Acuerdos Internacionales que facultan a que nuevos sujetos de derecho internacional -como los parlamentarios- puedan estar presentes en Foros Internacionales, pretenden impedir su presencia “prohibiendo” por vía del TSJ  tanto  a los voceros oposicionistas como  (por absurdo que parezca)  a los organismos internacionales para exponer y conocer la verdad sobre la profunda crisis humanitaria que vive el país y el incumplimiento de los compromisos internacionales como los establecidos en la Carta Democrática Interamericana.

El más reciente episodio lo dio el Ex-Diputado Elvis Amoroso -de ingrata recordación por su responsabilidad al designar después de las elecciones del 6 D a los “magistrados express” -acudió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para realizar una  nueva embestida contra  la Directiva de la Asamblea Nacional  para prohibirle a los diputados Venezolanos acudir a la OEA o a la ONU alegando que pretenden usurpar funciones del Presidente que es el “responsable de dirigir las relaciones exteriores de la República” (artículo 236 de la Constitución).

Nadie en su sano juicio puede negar esta atribución que tiene el Jefe de Estado, pero tampoco puede negarse el papel protagónico que tiene  en un mundo globalizado la “diplomacia parlamentaria” y en especial el papel de los Presidentes de los Parlamentos en la promoción y protección de la democracia y de los derechos humanos.

No es la primera vez que el oficialismo ha pretendido impedir que voceros oposicionistas hagan sus contactos internacionales. El despojo inconstitucional de las funciones parlamentarias de la Diputado María Corina Machado por acudir a la OEA, es una prueba del carácter autoritario que ejerció el entonces Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y cuyo exceso ahora pretende cumplir el Señor Amoroso desde Miraflores con el TSJ contra los directivos parlamentarios. La  medida ilegal adoptada para impedir las elecciones directas del Parlamento Latinoamericano con lo que pretendían impedir la presencia oposicionista, resultó en un fracaso debido a los resultados aplastantes de la MUD en las elecciones del 6 de Diciembre; el escandaloso episodio del Diputado Darío Vivas en la reunión de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EUROLAT) insultando como un guapetón de barrios al Vicepresidente del Parlamento Europeo Tajani tratando de impedir que se presente en el Foro Euro-latinoamericano la situación de Venezuela; se suman a los vergonzosos episodios en Estrasburgo cuando la eurodiputada liberal Rumana, Renate Weber, desmintió lo afirmado por el Viceministro para Europa Alejandro Fleming que el Parlamento Europeo no podía pronunciarse en relación a Venezuela porque atentaba  contra la soberanía venezolana, la parlamentaria respondió “Nuestra expresión es de respaldo a la democracia y a los derechos humanos, en un país a cuyo pueblo respetamos”. Podríamos referir muchos otros casos absurdos. Por lo pronto concluimos que es imposible prohibir la “diplomacia parlamentaria” como tampoco es posible “tapar el sol con un dedo”.

@milosalcalay

jueves, 2 de junio de 2016

Los datos históricos y claves para comprender el proceso en la OEA


 Prof. Carolina Abrusci

Para el chavismo, tanto en el plano interno como en el internacional, todo es condicional. Deberían ir calculando que sin “real” se pierde fuerza, mientras esa ambigüedad hace ruido. Muchos habrán recordado ayer a un Nicolás Maduro (Ex-Canciller) que, en el caso de Honduras (2009), argumentaba que la aplicación Carta Interamericana era una necesidad y un avance. En el actual contexto, la Carta Interamericana es, según recientes declaraciones del Presidente venezolano, una entelequia y una herramienta imperial. ¿Y entonces?

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, trajo al debate la aplicación de la Carta Democrática Interamericana con respecto al caso de Venezuela, y hoy la región se enfoca en una crisis que cada quien evalúa desde sus zapatos. A continuación algunos datos interesantes en relación a este histórico hecho:

-       Es la primera vez que se llama a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana por iniciativa del Secretario General. En pasadas oportunidades se solicitó siempre por iniciativa de los Estados. En esta oportunidad, Almagro publicó una carta dirigida al Embajador Juan José Arcuri, Representante Permanente de Argentina ante la OEA y Presidente del Consejo Permanente, explicando la situación de la República Bolivariana a través de un informe de 132 páginas que se convierte en una radiografía del drama que vive Venezuela, evidenciando la existencia de una situación (en materia social, institucional, política y económica) que altera gravemente el orden democrático, y que en ese sentido hace viable –y necesaria- la aplicación de la Carta.

-       Luis Almagro y Nicolás Maduro hoy se enfrentan pero la verdad es que compartieron escenarios, simultáneamente, desde las  Cancillerías de sus respectivos países. Han trabajado en conjunto y sus desempeños tuvieron sintonía en no pocas oportunidades durante las administraciones de Hugo Chávez y José Mujica, por razones obvias. Hoy difieren en sus posiciones y las declaraciones han llegado a tocar incluso el plano personal.

-       José Mujica, liderazgo respetado por las filas del chavismo y de la izquierda en la región, se ha pronunciado señalando diferencias con ambas partes. Manifestó desacuerdo con la actuación de Almagro –quien fue su Canciller- y también ha señalado que Maduro “está loco como una cabra”. Sin embargo, ha negado que el primero actúe como un “lacayo del imperio”, como desde el gobierno venezolano se ha pretendido señalar. Mujica asegura que Almagro “no es ningún traidor, es un abogado, esclavo del derecho”, mientras que a Maduro asegura tenerle gran respeto. A pesar de esto, se separa de ambos, advirtiendo que “así no van a llegar a nada”.

-       Con los cambios políticos que hubo recientemente en Argentina y Brasil, Venezuela perdió dos grandes y poderosos aliados regionales. O puede que no. En el caso argentino, Venezuela fue tema en la campaña del actual Presidente, Mauricio Macri. Sin embargo, no son pocas las polémicas que han circulado en relación a Susana Malcorra, actual Canciller de Argentina, en relación al caso Venezuela. Su aspiración a la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas se ha convertido en una prioridad para la política exterior argentina, y traer un tema tan espinoso y costoso como el de Venezuela supondría sacrificar un aliado importante que comprometería la fabulosa hazaña de llevar a la primera mujer a esta instancia en siete décadas de historia. Malcorra ha sido Jefa de Gabinete del Secretario General de la ONU, y es veterana en dicha organización. Su candidatura ya es un hecho confirmado. Su consolidación como sucesora de Ban Ki-moon necesitaría del apoyo de Venezuela, país que actualmente es miembro del Consejo de Seguridad. Es por ello que la crisis actual sólo complica sus cálculos y escenarios. 

-       El gobierno venezolano sigue contando con importantes apoyos en la región, aunque muchos de ellos han perdido la fuerza que solía caracterizarlos, como por ejemplo en el caso de los países del Caribe. Por un contexto determinado preserva –a su manera- la complicidad de un país como Argentina. Pero incluso en las declaraciones de Marco Albuja, Representante de Ecuador ante la OEA, hubo una especie de disonancia generada por el respaldo que se supone debería haber con la administración de Maduro, frente al énfasis en la necesidad de un “diálogo entre partes” que conduzca a una “paz duradera, estabilidad política e inclusión social”. La propuesta de Venezuela ayer quedó en segundo plano, eso no era posible en otros tiempos. La realidad venezolana se posicionó en el tapete y ya es reconocida por todos, aunque el gobierno de Maduro sigue ganando tiempo frente al mundo, mientras los venezolanos lo pierden frente a la crisis.

-       La acción de  Almagro le da un respiro a la OEA  pero en el debate se evidenció que la apuesta en torno a este tema se ha hecho desde UNASUR. En muchas posiciones se observó el respaldo a las gestiones de los Ex-Presidentes Rodríguez Zapatero, Torrijos y Fernández y se reconoció el esfuerzo mediador que han hecho. Pero incluso UNASUR atraviesa sus propias turbulencias.

-       Ayer, sea como sea, se evidenció que la situación de Venezuela no es ni puntual, ni minúscula, ni coyuntural. Se trata de una crisis sin precedentes, interna, pero que no puede dejar de tener relevancia e importancia para la región. El Ejecutivo pisotea a las demás instituciones del Estado y ha abandonado el sendero democrático con sus actuaciones en reiteradas oportunidades. La población venezolana pasa hambre y angustias tanto por la escasez como por la inseguridad desbordada. Ya viene siendo hora de aplicar esas rimbombantes declaraciones y pronunciamientos que emanan de los espacios diplomáticos y que lucen muy bien en el papel, pero muy pocas veces se observan en la realidad práctica. Ayer sólo le dieron largas al asunto. Lamentablemente realidad se los comerá a todos: al gobierno y a la región. Y evidentemente, a Venezuela, por la acción y omisión de su gobierno... y la complicidad del Mundo.

Publicado originalmente en KonZapata.com

@caroabru

martes, 31 de mayo de 2016

La OEA, el "síndrome del Estado Parte" y la fórmula Almagro


Carlos Pozzo

La Organización de los Estados Americanos (OEA), como toda institución internacional creada a semejanza de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), padece de lo que podría denominarse “Síndrome del Estado Parte”, condición que afecta o podría afectar el funcionamiento de los principales órganos de gobierno del cuerpo multilateral. El convenio constitutivo de la OEA, al igual que los de la mayoría de las organizaciones intergubernamentales, atribuye una importancia crucial al “Estado Parte” al convertirlo en el eje fundamental sobre el que giran las decisiones y las acciones de la institución multilateral en toda la dimensión interamericana.

El aspecto controversial de esa atribución es que el “Estado Parte” suele ser representado por un gobierno que, en determinadas circunstancias, asume intereses contrarios a los de la mayoría de sus gobernados, como quedó en evidencia con el caso de Venezuela y el ofrecimiento de la OEA para enviar una misión técnica de observación electoral en la víspera de los comicios parlamentarios realizados el pasado 6 de diciembre. Como se recordará, la reiterada exigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para que se aceptara el ofrecimiento de la OEA fue rechazada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) que, actuando como apéndice del Poder Ejecutivo, se alineó con el sector oficialista y con la posición del gobierno que, en su condición de representante del “Estado Parte” y con base en una motivación más política que técnica, se opuso a la solicitud para que la OEA desplegara una misión de observación electoral como instrumento para generar confianza en los resultados de dichos comicios.  

Tomando en cuenta la incidencia jurídica y política del principio del “Estado Parte”, la postura asumida por el Secretario General de la OEA, antes y después de ese memorable suceso, reviste una incuestionable importancia. Almagro ha dedicado horas extras de trabajo al caso de Venezuela, en vista del empeño del gobierno de Maduro en desconocer la autoridad constitucional del Poder Legislativo derivada de la masiva voluntad popular que se expresó en diciembre. La constante violación del orden democrático venezolano por el Poder Ejecutivo obligó a Almagro a resolver el dilema que impidió a sus antecesores desempeñarse con el coraje que reclama la solución de una crisis política. Es decir, dilucidó el dilema que le impedía al funcionario internacional trabajar en consonancia con las decisiones y orientaciones de los “Estados Partes”, que a la postre son sus mandantes por haberlo elegido como Secretario General, y al mismo tiempo, desempeñarse honrando el compromiso de defender y promover los principios y valores fundamentales que están consustanciados con la existencia misma de la organización, es decir, con la democracia y los derechos humanos.

El significativo impacto que en el ámbito nacional e internacional ha producido la resuelta actitud de Almagro ensu condición de Secretario General de la OEA le ha elevado el costo político al gobierno de Venezuela, mientras que ha colocado en una posición de fortaleza a la oposición democrática. Los múltiples llamados a la solución de la crisis venezolana por parte de gobiernos, instituciones y personalidades con reconocida influencia en la política internacional se produjeron con mayor intensidad a raíz de la última e inusual carta remitida directamente a Maduro. La misiva de Almagro  proporciona, por su crudeza y determinación, un importante camino que puede conducir hacia la justa valoración jurídica y política de los instrumentos interamericanos que han sido adoptados para promover y proteger a la democracia y sus valores fundamentales,de los excesos y abusos del poder en los que, de manera autocrática, suelen incurrir los gobernantes latinoamericanos.

La iniciativa del Secretario General de la OEA de invocar la Carta Democrática Interamericana para examinar el caso venezolano ha sido desafiada por el gobierno de Maduro con base en el argumento de que para ello se requiere la autorización del “Estado Parte”, es decir, del mismo gobierno nacional. Sin embargo, Almagro ha resuelto ir adelante con apego a lo dispuesto en el artículo 21 de la propia Carta y con fundamento en el informe que, sustanciado por la Asamblea Nacional de Venezuela, expone crudamente las flagrantes violaciones del orden constitucional en las que ha incurrido el Poder Ejecutivo, en colusión con Tribunal Supremo de Justicia y el Poder Electoral.

El Consejo Permanente de la OEA puede admitir o desestimar la propuesta del Secretario General de examinar con ojo crítico el caso venezolano, de manera que el éxito o fracaso de su iniciativa depende, paradójicamente, de los “Estados Partes”. No obstante ello, en caso de que el principal órgano de la OEA decida respaldar la propuesta de Almagro, tal como se vislumbra, el sistema interamericano estará frente a un caso inédito en el cual, más allá del infame Fujimorazo contra el desprestigiado Congreso peruano, el Secretario General de la OEA se moviliza para contener la arremetida institucional del Poder Ejecutivo de un “Estado Parte” que, coludido con otros poderes públicos y en clara alteración del orden constitucional, desconoce y asedia al Poder Legislativo recién electo por una abrumadora mayoría de sus conciudadanos. Al aprobarse el planteamiento de Almagro, la OEA habrá abonado el terreno para instituir una suerte de fórmula que se orienta más a proteger la voluntad popular personificada en los parlamentos nacionales, que a los poderes ejecutivos que son amenazados por las típicas asonadas militares. 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Grupo de Amigos para Venezuela


Embajador (r) Sadio Garavini di Turno

La situación socio-económica y política en Venezuela está deteriorándose aceleradamente. La escasez generalizada de bienes básicos viene acompañada ahora por el desabastecimiento casi total de algunos  productos, como la leche. Los saqueos a comercios y transportes de alimentos son cada día más numerosos. La inflación camina rápidamente hacia los cuatro dígitos. Mientras tanto el gobierno Maduro mantiene, con apenas algunos paliativos irrelevantes, el modelo  basado en las “ideas muertas” de un socialismo primitivo que, como decía Bronislaw Geremek: “no sólo no creó riqueza sino ni siquiera distribuyó con justicia la pobreza”. Además,después de la contundente derrota electoral en las elecciones parlamentarias, el gobierno ha optado por desconocer totalmente a la Asamblea Nacional, violando descaradamente la Constitución. El Tribunal Supremo de Justicia, electo inconstitucionalmente a toda prisa en los días de Navidad, sin respetar los procedimientos y los requisitos para los cargos, por una Asamblea Nacional en los estertores de su mandato, ha declarado inconstitucionales prácticamente  todas las leyes que la nueva Asamblea ha aprobado y le ha cercenado la mayor parte de sus atribuciones. El Ejecutivo ha decretado unilateralmente el estado de excepción y de emergencia económica desacatando el voto negativo de la Asamblea Nacional. Para colmo, a través de su control sobre el Consejo Nacional Electoral está tratando, con vulgares triquiñuelas, de impedir ilegítimamente el referéndum revocatorio presidencial que la oposición democrática ha iniciado.

El revocatorio es la única vía constitucional, democrática y electoral disponible para un cambio de gobierno en paz, salvo un teóricamente posible acuerdo para lograr un gobierno transitorio de Salvación Nacional, propuesto por personalidad es como el Padre Ugalde y Eduardo Fernández. Este gobierno utilizaría  los  dos años y medio del mandato de Maduro para enfrentar la gravísima crisis nacional, requeriría de un amplio apoyo político que incluiría además de la oposición democrática a sectores importantes del chavismo. Obviamente, este camino parece una quimera frente a la fuga insensata del gobierno hacia la radicalización del modelo neocomunista, el aumento de la represión y el mantenimiento de una estrategia comunicacional, cada día más menos creíble y ridícula, que culpabiliza a la oposición y al “Imperio” del desastre socioeconómico. Sin embargo, estoy seguro que hay sectores en el chavismo civil y militar que están sufriendo el desastre nacional yen función del Bien Común estarían dispuestos a encontrar, a través del diálogo, una salida pacífica a la crisis.

La tragedia venezolana está preocupando cada vez más a la Comunidad Internacional. Los socios comerciales de Venezuela están siendo afectados duramente por la creciente incapacidad de Venezuela de pagar sus deudas y de seguir  importando. Si la situación empeorase, los vecinos temen enfrentar las consecuencias de una crisis humanitaria y la consiguiente ola de refugiados. La Santa Sede también está preocupada y propiciando el diálogo. Por tanto, dada la exitosa experiencia centroamericana, que acabó con terribles guerras civiles, se está hablando de la conveniencia de formar un grupo de países amigos de Venezuela, para ayudar a encontrar una salida pacífica y democrática a la crisis. El Grupo de Amigos podría ser resultado de las gestiones diplomáticas previstas en el Artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana: “En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional, que afecte gravemente su orden democrático”. A la comunidad democrática internacional le recuerdo: Vigilia pretium libertatis.

@sadiocaracas