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martes, 30 de agosto de 2016

India: un elefante sediento de petróleo


Dr. Kenneth Ramírez

En medio de una economía mundial que crece moderadamente al 3,1% en 2015 y 2016, y 3,4% en 2017 según el FMI, debido al mal desempeño de las economías avanzadas –ahora con mayor incertidumbre debido al “Brexit”-, la crisis de Brasil y Rusia, y la desaceleración de China, destaca un punto brillante: India. El PIB indio avanzó 7,6% 2015, y lo hará en 7,4% tanto en 2016 como en 2017, siendo la economía más dinámica del G-20. Muchos analistas se refieren a este fenómeno como el “efecto Modi” en referencia al Primer Ministro indio, Narendra Modi, elegido hace dos años con la promesa de revitalizar el crecimiento mediante la reducción de la burocracia, el combate de la corrupción, la mejora del clima de negocios y la inversión en infraestructura. Esto ha disparado el consumo energético de este país de casi 1,3 millardos de habitantes.

Durante la última década, la demanda petrolera india -aunque significativa- fue muy por detrás de la demanda china. Una más lenta expansión industrial y una infraestructura colapsada, así como menores ingresos per cápita, explican este rezago. Pero ahora su economía y población están creciendo más rápido que las de China; y el gobierno de Modi está fomentando una mayor industrialización bajo la iniciativa “Hazlo en India” y construyendo 30 kilómetros de carretera por día para mejorar su red vial. Cabe destacar, que sólo 20 indios por cada mil tienen un automóvil, en comparación con 90 chinos y 800 estadounidenses. Empero, con el aumento de los ingresos, los vehículos que transitan las carreteras se duplicaron entre 2007 y 2014. Maruti Suzuki y Hyundai tuvieron las mejores ventas de su historia en India en 2015. Más de 600 millones de indios tienen menos de 25 años, lo cual significa que India se convertirá en el tercer mercado de automóviles para 2020. Asimismo, en 2030, las 5 ciudades más grandes (Mumbai, Nueva Delhi, Bangalore, Ahmedabad y Hyderabad) tendrán economías del tamaño de países de renta media como Malasia, Filipinas, Vietnam, Marruecos y Eslovaquia.

Por todo esto, India pronto superará a Japón como el segundo mayor consumidor petrolero de Asia, y el tercero más grande del Mundo (después de China y EEUU). La demanda petrolera se situó en 4,1 millones de barriles diarios (MMBD) en 2015, y tendrá un crecimiento de 0,4 MMBD este año –el 30% del crecimiento de la demanda mundial. Además, la demanda de India crecerá más rápido que en cualquier otro país en las próximas décadas, ascendiendo a 10 MMBD en 2040; mientras la dependencia de las importaciones que saltó desde 43% en 1990 hasta 76% en 2015, alcanzará 90% en 2040 según la Agencia Internacional de Energía.

En consecuencia, no es sorprendente que India se haya convertido en un objetivo cada vez más importante para los países exportadores. Dada su proximidad geográfica, más de la mitad de los 3,1 MMBD de petróleo que importa India provienen del Medio Oriente. Saudi ARAMCO ha abierto una oficina de ventas en Nueva Delhi, y ADNOC se ha comprometido a proveer las instalaciones de almacenamiento estratégico en Mangalore. Las importaciones de crudo persa se han triplicado desde el levantamiento de las sanciones a Irán, y la empresa estatal NIOC espera recuperar su posición como segundo proveedor de India. Después de fallidas conversaciones con Saudi ARAMCO, Essar Oil podría vender 49% de su negocio a Rosneft a cambio de 5,5 millardos de dólares y un acuerdo de suministro de 200 mil barriles diarios (MBD) a 10 años. Parte de ese crudo ahora podría venir de las empresas mixtas en las que participa Rosneft en Venezuela.

Por otra parte, el gobierno indio ha animado a las empresas petroleras públicas y privadas a adquirir activos petroleros en el extranjero –desde Rusia y Sudán hasta Venezuela- como una forma de garantizar su seguridad energética. Después de un período de cierto retraimiento tras la crisis económica mundial, las empresas petroleras indias parecen estar mirando de nuevo al extranjero, con ONGC, Indian Oil, Oil India y Bharat Petroleum pagando 4,2 millardos de dólares para adquirir participaciones en campos de Siberia Oriental de Rosneft. Además, estas empresas indias están haciendo una oferta por 22% de ADCO en Abu Dhabi.

Venezuela fue el cuarto proveedor de India (12,9% de las importaciones indias; después de Arabia Saudita, Irak y Nigeria) en 2015. Casi la totalidad de los envíos –alrededor de 400 MBD- se hacen a la empresa privada Reliance en el marco del acuerdo de suministro firmado por PDVSA en 2012 por 15 años. La empresa estatal ONGC tiene 40% en la empresa mixta Petrolera Indovenezolana que opera el campo San Cristóbal desde 2008, y las empresas ONGC, Oil India Limited e Indian Oil, tienen 17% en la empresa mixta PetroCarabobo que opera el bloque Carabobo-1 de la Faja Petrolífera del Orinoco desde 2010. Sin embargo, ONGC señaló en 2014 que “los proyectos de la India en Venezuela enfrentan riesgos operativos, fiscales y legales”, por el impago de dividendos aprobados y retraso de los proyectos. Recientemente, ONGC y PDVSA alcanzaron un acuerdo para buscar crédito por 1 millardo de dólares para pagar dividendos y aumentar la producción de Petrolera Indovenezolana que ha caído desde 38 MBD a 28 MBD. Desde 2014, se ha conversado sobre el interés de Reliance en PetroCarabobo –el 11% que Petronas abandonó en 2013- y otros bloques de la Faja, pero nada de esto se ha concretado. Seguramente pesó lo dicho por ONGC. En junio de 2015, el Ministro Eulogio del Pino se reunió con los Presidentes de Essar Oil y Reliance, mencionando la posibilidad de duplicar el suministro de crudo a sus refinerías.

La India de Modi parece encaminada a un renovado ascenso económico; y con ella, el conductor de Mumbai emerge como factor clave del mercado petrolero mundial. PDVSA deber ir más allá de la ofensiva de encanto y la retórica florida, y precisar sus oportunidades de negocio con el elefante indio. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

jueves, 12 de noviembre de 2015

La devaluación de los BRICS


Dr. Carlos Romero

Las señales de alarma sobre el comportamiento reciente de la economía china han llevado a una reconsideración general sobre el papel mundial de los así llamados "países BRICS" y sobre sus posibilidades autonómicas en el contexto de la pos-Guerra Fría.

La configuración de los países BRICS es el resultado de la compleja discusión que se abrió en los primeros años de este siglo sobre la necesidad que tenían algunos autores y diplomáticos de superar el esquema bipolar para la comprensión de la actual realidad internacional. Se trataba entonces de definirla como en una transición hacia lo multipolar. A esta reflexión se le añadió el reconocimiento del papel llevado a cabo por los sectores multilaterales y transnacionales en esta nueva estructura mundial. 

No se trata tan solo de puntualizar los problemas de China, añadiendo el tema de su aspiración militar en el Océano Pacífico. La pretensión rusa de reconfigurar la geopolítica europea y mundial también es observada con ojo clínico, al intervenir directamente, luego de muchos años de pasividad, en el juego del poder. Véanse en particular, tanto los casos de Ucrania y Siria, como la controversial toma de Crimea.

India se debate entre su desarrollo constante de su economía y los problemas sociales que experimenta ese subcontinente, la herencia de unas tradiciones milenarias y del peso de la dominación británica. De igual modo, Brasil presenta tanto problemas de legitimidad de su gobierno como una crisis de productividad y de crecimiento. Sudáfrica es una caldera social a punto de estallar.

Los problemas ya citados han llevado a una especie de devaluación sistemática de la apuesta por los BRICS. Esto no significa necesariamente que estamos ante la presencia de un mundo unipolar o bipolar. Se trata tan sólo de señalar lo relativo que es el poder de esos países y cómo se sobrevaluó su potencial en el momento en que se planteó, con un sobrado optimismo, una nueva configuración global.

lunes, 18 de mayo de 2015

La geopolítica, el Mundo y Venezuela


Prof. Eloy Torres

El lamentablemente fallecido y excelente Profesor, como buen amigo, el Dr. Hans Joaquín Leu, en sus cursos “Estructuras Internacionales” y “Política Internacional”, conceptualizaba los instrumentos analíticos que todo especialista, político, periodista del área  internacional o burócrata (funcionario diplomático) debe tener en cuenta. Por ejemplo: La política exterior; no es sino “… la conducta de un Estado frente al mundo exterior”. Ella representa el interés nacional y debe articular a toda la Nación.

Hoy se observa   en las Relaciones Internacionales como surge una “nueva Guerra Fría”. El Medio Oriente, es un ejemplo. El armamentismo, dolor de cabeza para toda la Humanidad, está presente, en términos muy agresivos, desde finales del siglo XIX. Las tensiones internacionales son el alpiste que alimenta al canario bélico que acosa a los países. Sabemos de la formación de coaliciones: desde la triple alianza, los poderes centrales o la triple Entente. Luego, el siglo XX fue el escenario donde, a partir de la finalización de la II Guerra, la Humanidad se vio afectada por una tensión de niveles globalmente destructivos: la Guerra Fría, entre la extinta URSS y los EEUU, alimentada con el arma nuclear.

No sabemos si feliz o lamentablemente; pero, esa citada Guerra Fría culminó por el  retiro de uno de los contrincantes: La URSS dejó el ring. Gorbachov con su “Perestroika” (reformas) y “Glasnost” (transparencia) encarnó ese abandono. La Guerra Fría fue un estado de tensión extremadamente hostil. La URSS no aguantó más. No obstante, esa guerra sirvió para que Venezuela, diseñara su política exterior; la cual, si bien no era distante de los EEUU; por lo menos, fue cercana a posturas que procuraban la solución a los conflictos por la vía de la negociación.

Según Fukuyama, el Mundo respiró tranquilo por el fin de esa guerra. Aparentemente ello le insufló oxígeno al Mundo asfixiado por las tensiones. Se percibió a los EEUU como la única gran potencia. Hay quienes los compararon con la Roma imperial, cuando liquidó a Cartago en la III guerra púnica (149-146 antes de Cristo). EEUU se veía única y solitariamente imbatible, puesto que la URSS se salió del juego existencial. La mayor desgracia geopolítica del siglo XX, dijo Vladimir Putin.

Éste individuo encarna lo más eficiente que quedó de la vieja URSS: el KGB. Esta agencia, a diferencia del resto de esa sociedad, es el único elemento que mantuvo claro sus objetivos: no sólo de seguridad interna, sino preservar el interés nacional ruso en el Mundo. Imbuido del excepcionalismo eslavo, tomó las riendas del  Kremlin y mostró al Mundo que están ahí y que las circunstancias políticas  cambiaron. Rusia, dicen los analistas, cual Ave Fénix, ha resurgido de sus cenizas.  Ya los EEUU no están solos en el ring.

No obstante ello, también hay otras naciones que muestran, sus dientes, su geopolítica, su estatura estratégica y su particular excepcionalismo: China. Este milenario país, importante no sólo por su población -la mayor del planeta-, sino por haberse introducido en el torrente de las Relaciones Internacionales, desde 1970, con una lenta, segura; pero, ambiciosa visión política. Abandonó la monserga comunista y comunal; luego abrazó al libre mercado, como la solución al hambre que sufría su noble pueblo. Le dijo a las ideas de Mao Tse Tung: Zhie, zhie; es decir, gracias; hoy China es lo que es, sin Mao y sin tanta revolución.

Por sus sabias políticas China representa una amenaza a la hegemonía de  Washington, pero, también a las pretensiones rusas. Es el momento de China. Creen ellos. El Mundo conoce 5 centros de poder fundamentales: Rusia, EEUU, India, la Unión Europea y China.

Actualmente hay grandes coincidencias entre China y Rusia. Se comprueba la creciente oposición de éstos a las iniciativas de Washington, en materia internacional. Experimentan un indetenible  armamentismo que los coloca como los rivales más peligrosos para la Casa Blanca. La India y la Unión Europea mantienen un complicado juego de intereses. Por ahora, con los EEUU; mañana, no sabemos. Esa es la realidad. Son los intereses y no la “hermandad” en las Relaciones Internacionales la que dicen la última palabra. Hoy China y Rusia son aliados y obvian sus diferencias existenciales en aras de superar a su enemigo común: EEUU.

Son muchos los ejemplos que muestran esa confrontación. Hay preocupación, por el apoyo a regímenes emblemáticamente dictatoriales y violadores de los derechos humanos, verbigracia, Corea del Norte, Siria e Irán; así como también la discusión sobre los escudos anti-misiles en Europa. Merece un especial llamado de atención el caso de Cuba, pero más aún el de Venezuela. Todos esos elementos nos inducen a pensar que estamos frente a una “nueva Guerra Fría” y que los factores geopolíticos están en movimiento. Venezuela, absurdamente, se ha implicado en un juego que no conoce. Su errática conducta exterior, se asemeja a un vehículo que marcha sin dirección ni rumbo conocido.

Esta “nueva Guerra Fría” parece al Great Game del que hablaba  Kipling, en referencia al juego geopolítico, a finales del siglo XIX, en Asia. Hoy hay dos boques políticos- militares enfrentados: los EEUU, la Unión Europea e incluso la India, frente a Rusia, China y otros más pequeños, como Irán. Japón juega siempre a favor de EEUU, junto a Corea del Sur.

Venezuela, ¿qué hace en esta fatal ecuación geopolítica? Nada. Nos movemos como un paquidermo perdido; pero, con petróleo. Todos nos buscan para sus intereses: China por el oro negro; Rusia para “ocupar” un lugar en el área vital “gringa” e Irán parar tener un punto de difusión de sus ideas fanatizadas por la religión, entre otras cosas. En los últimos 15 años no hemos tenido política exterior, sino una mala y peligrosa conducta, pues depende de factores no nacionales. Somos, por voluntad de éstos sus vasallos, es decir, de intereses extraños.  

@eloicito

jueves, 3 de julio de 2014

Revisitando 1914



Dr. Kenneth Ramírez
El pasado 28 de junio, se cumplió un siglo del asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Habsburgo –heredero del Imperio Austrohúngaro- en Sarajevo, lo cual desembocó en el estallido de la I Guerra Mundial. Cuatro imperios quedaron liquidados y el Imperio Británico quedó debilitado, dos potencias emergían por el Este y por el Oeste de una Europa destruida, alrededor de veinte millones de muertos, hambruna, auge de los extremismos, y como si fuera poco, una Paz de Versalles –tan utópica como miope- que condujo a la siguiente guerra aún más destructiva.
La larga sombra de la “Gran Guerra” se extiende hasta nuestros días para plantearnos algunos paralelismos inquietantes. Hoy, como entonces, las comunicaciones, el comercio y las nuevas tecnologías –el teléfono, el tren, el barco de vapor y la lámpara incandescente, entre otros- vivían una Edad de Oro –incluso llamada por algunos “primera globalización”. Sin embargo, nada de ello impidió el inicio de una gran conflagración como nunca antes había visto el Mundo, donde incluso se utilizaron por primera vez armas químicas.
Si en 1914 teníamos a Gran Bretaña como potencia hegemónica en declive relativo frente a Alemania como potencia emergente, hoy tenemos una historia similar con EEUU y China. De hecho, el “Pivote al Pacífico” de la Administración Obama en 2014, recuerda al “Compromiso Continental” de Gran Bretaña en 1914 –ambos orientados a crear un sistema de alianzas para fortalecer el statu quo-; así como el “Sueño Chino” de Xi Jinping en 2014, recuerda a la “Weltpolitik” del Káiser Guillermo II en 1914 -ambos obsesionados con la paridad estratégica con la potencia hegemónica.
La remembranza de 1914 se acentúa en Asia Oriental con la rivalidad entre China y Japón -que recuerdan al Imperio Alemán y Francia respectivamente, este último además, aliado del hegemón y una potencia regional declinante-; con las disputas territoriales; con el regreso del nacionalismo de la mano de Xi Jinping en China, Shinzo Abe en Japón y Narendra Modi en India; la competencia económica; las carreras armamentistas y la proliferación nuclear; la división de la Península Coreana; una obsesión con el prestigio; y la casi inexistencia de mecanismos de cooperación para resolver conflictos. La desconfianza y la política de poder están a la orden del día en la Asia de 2014, como lo estuvieron en la Europa de 1914.
Abriendo aún más el lente, se encuentra el Medio Oriente -los “Balcanes Globales”-, de los cuales depende cada vez más energéticamente Asia Oriental en general, y China en particular. El mapa de Medio Oriente fue redibujado después de la I Guerra Mundial siguiendo el Tratado Sykes-Picot de 1916, mediante el cual fue liquidado el Imperio Otomano, mientras Francia y Gran Bretaña como potencias coloniales se encargaban de gestionar conflictos y mantener las fronteras trazadas, que posteriormente constituyeron los actuales Estados. Asimismo, la Declaración Balfour de 1917, puso en marcha el proceso de creación de Israel en Palestina, dando origen a un conflicto que aún sigue abierto.
Después de la crisis de Suez en 1956, EEUU asumió el rol hegemónico en la región. Empero, hoy por hoy, un EEUU agotado y dubitativo tras las guerras de Irak y Afganistán, ha hecho que el “Orden de Sykes-Picot” luzca insostenible. El vacío de poder ha sido ocupado por potencias regionales como Irán, Arabia Saudita y Turquía, grupos terroristas y movimientos islámicos. De hecho, durante la reciente invasión del grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Levante –ISIS, por sus siglas en inglés- a Irak desde Siria, los yihadistas han colocado como etiqueta en Twitter “fin de Sykes-Picot” (#SykesPicotOver), cuestionando las fronteras existentes –más específicamente, la existencia de Siria, Irak, Jordania, Líbano e Israel- con su proyecto de construcción de un Califato Islámico en el Mediterráneo Oriental. En todo caso, las alianzas de estos diversos actores regionales con potencias globales, señalan los riesgos de escalada global de un conflicto local, tal como sucedió en 1914 con los Balcanes.
Mucho hemos progresado desde 1914, y la existencia de armas nucleares como elemento destructivo y disuasivo a la vez, invita a pensar que los altos costos de una guerra a gran escala la hacen absolutamente irracional. Sin embargo, siempre resulta necesario revisitar las lecciones del pasado para construir un Mundo más seguro. No olvidemos que meses antes del estallido de la I Guerra Mundial, los principales actores políticos involucrados consideraban el desastre inminente como “imposible”; y la opinión pública europea en la “Era Eduardiana” creía que la guerra era una “reliquia del pasado”, ya que el último conflicto a gran escala en Europa había sido zanjado en el campo de batalla de Waterloo y los salones diplomáticos de Viena en 1815. Como ejemplo de ello, el escritor y político británico, Sir Norman Angell, publicó La Gran Ilusión en 1910, donde señalaba que una guerra entre Gran Bretaña y Alemania resultaba “impensable” e “irracional”, debido a su gran “interdependencia económica”. Esto nos lleva a concluir, que los mayores peligros pueden estar en el pensamiento utópico, en la complacencia de la opinión pública y la falta de un liderazgo político responsable.
Las Relaciones Internacionales como disciplina científica nació producto de los horrores de la I Guerra Mundial, que políticos, diplomáticos y académicos buscaban que no volvieran a repetirse; de manera que, los Internacionalistas como sus cultores, debemos invitar a reflexionar un día como hoy sobre los ecos de 1914 y los riesgos de repetir errores que nos lleven a un nuevo infierno.
@kenopina

miércoles, 14 de agosto de 2013

Japón vs. China: Redefiniendo el equilibrio político en Asia


 
Victor Hugo Matos
El sureste asiático siempre ha sido un escenario constante de conflictos políticos y militares, que se remontan a las luchas entre la antigua China imperial y Corea, los intentos del Japón feudal de expandirse más allá de las islas o las guerras al sur de Asia. De estos constantes  terminaron por surgir dos actores importantes en la región como son China y Japón, cuya rivalidad influyó en la estructuración del escenario geopolítico actual de la zona, dado el empuje de sus intereses y liderazgos.
 
La rivalidad sino-japonesa se ha caracterizado por una fuerte competencia entre ambos Estados que además de las usuales diferencias en los aspectos comerciales o políticos, se exacerba debido a las disputas territoriales como las de las islas Sensaku / Diaoyu, que abren viejas heridas históricas entre ambos países, que se remontan a la participación del imperio japonés en la rebelión de los Bóxers en China y a las dos guerras sino-japonesas. Esta rivalidad, que había estado latente pero era controlada por la interdependencia económica que existía entre ambos países, empezó a tomar fuerza durante la Administración de Juinichiro Koizumi cuya posición abiertamente nacionalista y su revisionismo sobre el estatus de las autodefensas japonesas generó fricciones con el gigante asiático, situación que  parece  repetirse de forma más pronunciada con el sucesor de Koizumi al frente del Partido Democrático Liberal, Shinzo Abe.
 
No obstante, a primera vista esta no parece ser razón suficiente para que los gobiernos de ambos países permitan o hasta favorezcan la aparición de una retorica agresiva con visos nacionalistas, muy propios del siglo XIX; lo cual, lleva a pensar que la verdadera causa de esta conflictividad se encuentra en un choque entre las visión de Japón y China respecto al futuro del sureste asiático y del continente en general.
 
Vemos de un lado que la imagen de “ascenso pacífico” que siempre intentó vender China al resto del Mundo resulta cada vez más difícil de mantener, sobre todo cuando el gigante asiático asume actitudes agresivas a la hora de lidiar con problemas territoriales con vecinos grandes y pequeños, a la vez que la presencia de EEUU y su nueva visión estratégica del “pivote al Pacífico”, la cual se apoya en su relación con varios países de la región como Japón, genera mucha suspicacia en Beijing, cuyas autoridades consideran cada vez más importante el poder duro como herramienta para lidiar con amenazas y para imponer intereses en la zona, aún a costa de aumentar su percepción como amenaza para el resto de los países de la región.
 
Del otro lado, la Administración Abe en Japón está liderando un cambio en la visión estratégica sobre el papel de Japón para la región,  permitiendo así romper el letargo en el que había estado sumido este país desde la década perdida de los años 80 y que sólo Koizumi pudo quebrar brevemente. Esta nueva visión, pasa por un renovado esfuerzo de Tokio por redefinir el papel de las autodefensas japonesas para ampliar su margen de acción frente a cualquier posible conflicto y permitir un apoyo más efectivo a cualquier operación que realicen los EEUU en la zona; lo cual coincidiría, con el hecho de que en mayor o menor medida Japón ha intentado mejorar sus relaciones y resolver sus diferencias con algunos Estados en la región, que también se sienten amenazados por las intenciones del gigante asiático, como la India, Vietnam o las Filipinas.
 
En conclusión, nos encontramos con que se están produciendo cambios geopolíticos interesantes en el sureste asiático, impulsados en gran medida por esta competencia entre China y Japón, la cual va redefiniendo poco a poco el equilibrio político en la región, obligando a los países a alinearse, muchas veces y de forma muy sutil, en contra de China.