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martes, 1 de diciembre de 2015

La Marsellesa en Caracas


Embajador (r) Julio César Pineda

Mientras que París se preparaba para el encuentro de la Comunidad Mundial contra el Calentamiento Global por un desarrollo sostenible y sustentable, donde se espera un acuerdo definitivo que garantice la viabilidad del planeta para las futuras generaciones; el terrorismo internacional con el signo del Islam radical y político, se hizo presente el 13 de noviembre pasado, abriendo lo que algunos han denominado la "III Guerra Mundial por etapas sucesivas". Entre los 129 asesinados por ISIS estuvo un venezolano y varios latinoamericanos, como también entre los 350 heridos hay personas de todo el planeta, pero especialmente el golpe fue contra Francia y sus ciudadanos. El país galo siempre ha sido y será una referencia para la libertad, la igualdad y la fraternidad.

ISIS (Islamic State of Irak and Siria) a diferencia de Al Qaeda y su líder Bin Laden, ya no pretende encabezar la rebelión mundial fuera de las tierras del Islam, como ellos lo hicieron en Afganistán, sino en el corazón mismo del Mundo árabe y musulmán, como es Siria e Irak, donde además del significado religioso del Islam primitivo y los califatos de Damasco y Bagdad, se encuentran las más grandes reservas de petróleo, por eso se llaman también Ejército del Levante, frente al Magreb árabe, Argelia y Marruecos, los últimos lugares donde el sol se oculta.

Abu Bakr al-Baghdadi tomó el nombre del primer Califa después de la muerte del profeta en el 632 y pretende con su revolución de la fantasía tener al planeta de rodillas para instaurar el Mundo del Islam con estas guerras finales. Como yihadistas pretenden establecer después de la batalla final el orden mundial religioso del Corán. En la línea de la profecía en este combate como lo señala un hadith, una tercera parte de los combatientes huirán y la última parte serán los conquistadores.

Así como el Islam venció al Imperio Persa y Bizantino a partir de Siria e Irak, estos nuevos guerreros llegarán hasta la nueva Constantinopla ubicada en Europa y en EEUU; donde la trilogía Alá, Mohammed y el Corán en la unidad de Dios, extenderán sus dominios a toda la Humanidad.

Hoy, fundamentalismo, integrismo, islamismo, después de los atentados de París son el centro del combate de la guerra que ha declarado Francia, como ya lo ha hecho Rusia y EEUU. Este terrorismo va más allá del Islam político religioso que siempre ha querido instaurar un Estado Islámico bajo la Sharía, comprendiendo la Ummah (población islámica sin fronteras). Ahora, con el terrorismo fundamentalista en su triple dimensión, con el uso de la violencia para fines políticos, el efecto mediático y las víctimas civiles, aprovechando las redes sociales y el espacio cibernético ha abierto una nueva era con un creciente proselitismo, armas, recursos y una organización jerárquica cuya finalidad es la toma del poder total.

Una tarea fundamental es la islamización de la sociedad de los no creyentes y una reislamización hacia la fuente primitiva del Islam con el Corán y la Sunna (doctrina). Su éxito dentro del actual desorden mundial y los errores de Occidente, es con el proselitismo en las poblaciones musulmanas empobrecidas y marginalizadas tanto en los ricos estados del Medio Oriente como en los suburbios de las grandes ciudades europeas y en EEUU. Es el caso del barrio Molenbeek de Bruselas.

Más allá del arco shiíta que busca la hegemonía de Irán, con su inmenso poder en Persia, Siria, Irak y en el Líbano con el Hezbollah y del arco sunita con Arabia Saudita, las monarquías del golfo y varias repúblicas árabes; donde el epicentro ha sido la guerra en Siria para mantener o cambiar al gobierno de Bashar al-Asad y ahora la nueva guerra de Yemen. El conflicto se extrapola más allá de Riad y Teherán, con la activa participación de Rusia y China junto a Irán, y de EEUU y Europa con Arabia Saudita.

La nueva variable del Califato y el ISIS rompe la dinámica de esta geopolítica en Medio Oriente y se convierte en un choque de civilizaciones y en la nueva batalla entre creyentes y no creyentes, donde ISIS ubica la deformación del Islam por el shiísmo iraní, pero también por el sunismo revisionista, dentro del cual además de Arabia Saudita, también incluye a Turquía.

Rusos, europeos y norteamericanos no pueden tomar la actitud de dos pesos y dos medidas como ha sucedido en Siria. Como lo ha dicho el Papa Francisco se necesita una nueva ética en las relaciones internacionales y un real compromiso con la paz, la seguridad internacional y una nueva política en la región, superando los conflictos que oponen a Estados y a pueblos, pero también entre las comunidades shiítas y sunitas en lo religioso, así como los persas y árabes en lo étnico y en lo estratégico el control del petróleo y el gas. 

Como en Francia y en el Mundo, acá en Caracas participamos el domingo 15 de noviembre en la Plaza Altamira en el acto de solidaridad con las familias de las víctimas de este atentado y también cantamos “La Marsellesa”, ese himno francés de libertad compuesto en 1792 en plena guerra contra Austria.


@jcpinedap

domingo, 12 de abril de 2015

Napoleón, una gesta irrepetible


Prof. Eloy Torres

Un irónico Hegel decía “…la historia nos enseña que de ella no aprendemos nada”. Con la excepción de Alejandro Magno, ningún hombre logró tanto poder e influencia como Napoleón. Su vida fue una novela, gustaba decir. Dotado de una inteligencia, aprovechó las circunstancias que le ofreció la historia; principalmente, de la Revolución francesa. Él fue no sólo un genio militar, sino que destacó como el Estadista que modernizó a Francia. Creó el Banco de Francia; alcanzó un concordato con El Vaticano, creó la Orden Legión de Honor; impuso una reforma administrativa e   introdujo la institución de la Prefectura; reformó la educación al imponer el liceo; dio vida al todavía Código civil, del cual es epónimo.

En pleno apogeo del poder fue, no sólo Emperador de Francia; también Rey de Italia, protector de la Confederación del Rin, mediador de la Confederación Helvética. Ejerció influencia sobre Holanda, España, a la que invadió; un fracaso, como otros; pero, Napoleón Bonaparte se había topado con la historia. Rodeado de mentes brillantes: Talleyrand, habilidoso negociador internacional; Fouché, en las cuestiones de seguridad pública; Decrés, en la Naval; Gaudón, al frente de la economía; Berthier, en materia de guerra; y Portalis, en cultura, etc. Cada hombre cercano a él representaba el ciclo del momento y era portador de su propia luz. Napoleón simplemente los encarnaba y ellos ejecutaban. El no cambió a Francia, sino a toda Europa. Con  cañones y pólvora intentó modernizarla, pero también con instituciones propias del avasallante capitalismo que forzaba el paso y se imponía en el Mundo. Tras su derrota en 1815, nada fue igual.

No obstante, dueño de una infalibilidad de creer en su superioridad; no respetó los límites ni las proporciones de la historia, como dice Kissinger. Condenado al triunfo, murmuraba con frecuencia, se empeñó en atacar Rusia en 1812. Otro fracaso que señaló el inexorable inicio del agotamiento del ciclo histórico que le permitió surgir como Napoleón, El Grande. Abdicó en 1814, tras ser derrotado y hecho prisionero. Escapó y, pretendiendo alargar su consorcio con la gloria, retomó el poder. Fueron 100 días que le sumaron un poco más de dramatismo a su leyenda, propia de la época. Pero, todo había cambiado. Era muy tarde para comprenderlo. De nuevo, fue derrotado en 1815 y, enviado prisionero a la inhóspita isla de Santa Elena, cerca del Africa, donde 6 años después, murió en los brazos de la historia. Su gloria es irrepetible.

Lo que es permanente es el agotamiento que se produce en los ciclos históricos que dan vida a los liderazgos políticos; por mucho que algunos, abusivamente, pretendan hacer creer que éstos se pueden extender. Napoleón fue grande no por destruir un Mundo, sino por construir otro. En tanto que ciertos personajes en pleno siglo XXI, a quienes la suerte les alcanzó para que destruyeran su Mundo; lo hicieron, pero se fueron sin construir nada. Por lo que es válido el abuso de utilizar la frase de Marx: “…Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. ¿Habrá que leer historia?  

@eloicito

jueves, 19 de septiembre de 2013

El Acuerdo de Ginebra sobre Siria


Dr. Kenneth Ramírez

Lunes 9 de septiembre. Mañana fresca y parcialmente nublada en Londres. El Secretario Kerry se aprestaba a realizar la rueda de prensa con el Canciller británico Hague, en el palacio neo-renacentista italiano que alberga el Foreign Office en Whitehall. Las noticias en Washington resultaban preocupantes. Las últimas encuestas mostraban un aumento de la oposición de los estadounidenses a un ataque a Siria. En consecuencia, se estaba gestando una revuelta silenciosa en la Cámara de Representantes. El Presidente Obama había conseguido victorias tempranas con la aprobación de una Resolución en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el 4 de septiembre, y el respaldo de los líderes de los partidos en ambas cámaras. Empero, los representantes con la mente puesta en las elecciones de medio término a finales de 2014, estaban dispuestos a revelarse contra sus autoridades. El frente internacional volvía a cobrar fuerza.
 
Después de exponer su posición y subrayar el respaldo de 33 países a la declaración que pedía una “respuesta internacional firme en Siria”, le hicieron la pregunta de rigor sobre la posibilidad de evitar el ataque. En lugar de responder negativamente, el Secretario Kerry intentó desarmar al periodista: “Seguro que sí, si Assad entrega todas y cada una de sus armas químicas a la Comunidad Internacional la próxima semana -entregarlas todas y sin retraso. Pero no lo va a hacer y además no se puede hacer” dijo despreocupadamente. No sospechaba que su comentario activaría al ágil Canciller ruso Lavrov, quien en cuestión de horas, presentó una propuesta para colocar todas las armas químicas sirias bajo control internacional y logró el respaldo público de Assad. Acto seguido, el Presidente Putin se permitió publicar una columna en el New York Times dirigida al “pueblo estadounidense” -recurso muy manido por EEUU desde los tiempos de Wilson- donde hacía un llamado a la “cautela”, ya que atacar Siria traería como consecuencia “más víctimas inocentes y una escalada”, además “desataría una nueva ola de terrorismo”. EEUU había sido puesto contra las cuerdas.
 
La maestría de la jugada diplomática rusa estribaba en que ofrecía protección a su aliado Assad, al tiempo que una salida para un Presidente Obama que no quería atacar, que no tenía respaldo de la ONU ni de los estadounidenses y ahora corría el riesgo de una derrota en la Cámara de Representantes; pero que tampoco podía voltear hacia otro lado sin daño a su credibilidad y capacidad disuasiva. El Presidente Obama desde el Salón Este de la Casa Blanca el jueves 12 de septiembre, aceptó la propuesta rusa y la valoró como producto de su amenaza creíble de utilizar la fuerza. Le pidió al Congreso que retrasara la votación sobre Siria – sin descartar un ataque en caso de fracasar esta iniciativa diplomática.
 
El acuerdo final fue alcanzado el sábado 14 de septiembre en Ginebra, tras intensas negociaciones entre el Secretario Kerry y el Canciller Lavrov, el cual quedó compuesto por cuatro grandes aspectos: 1) Siria debe firmar la Convención de Prohibición de Armas Químicas, con el compromiso de EEUU y Rusia de asegurar la destrucción del programa de armas químicas sirio a través de una Resolución en el Consejo de Seguridad; 2) Siria debe presentar en una semana una lista completa de nombres, tipos y cantidades de sus agentes de armas químicas, municiones y sitios de almacenamiento, producción e investigación; 3) Siria debe proporcionar apoyo a los inspectores de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) y la ONU, que deben culminar su verificación en noviembre de 2013; 4) Destruir todos los equipos de producción, mezcla y llenado para noviembre de 2013; y eliminar todas las armas químicas en el primer semestre de 2014.
 
Aún no sabemos si este acuerdo, difícil de implementar en medio de una guerra, tendrá éxito. Lo que sí sabemos es que el Presidente Putin se ha apuntado una victoria diplomática al erigirse como gran árbitro. Por otra parte, el Presidente Obama ha dejado claro que seguirá apoyando a los rebeldes sirios: los perdedores de este acuerdo. Todo esto nos remite a dos escenarios posibles:
 
a) Éxito diplomático: Assad accede a la entrada de los inspectores de la ONU y la OPCW, entrega las armas químicas y se ve forzado a abrir unas negociaciones de paz que le llevarán a ceder el poder a un gobierno provisional. La guerra civil termina y Assad se exilia en Moscú. La experiencia de Irak servirá para no cometer el error de desmontar las instituciones del Estado y el Ejército. Las minorías alawita, kurda, cristiana y drusa son incluidas junto a la mayoría sunita en un sistema de reparto de poder donde es necesario el consenso, siguiendo el modelo del Acuerdo de Taif de 1989 que cerró la guerra civil libanesa. EEUU y Rusia ejercen influencia compartida. Se genera una dinámica que permite incluir a Irán y entrar en negociaciones fiables sobre su programa nuclear. El Presidente Obama deja como legado la culminación de las guerras en el Medio Oriente y el “pivote al Pacífico” para encarar el ascenso de China.
 
b) Estratagema: Assad evita los bombardeos de EEUU gracias a un cumplimiento limitado del Acuerdo de Ginebra, y aprovecha la estratagema diplomática para afirmarse en el conflicto gracias al apoyo de Hezbollah y las armas que le suministran rusos e iraníes. Juega con los inspectores de la ONU y la OPCW y les entrega sólo una parte de su arsenal químico. EEUU y las monarquías del Golfo suministran armas y entrenamiento a los rebeldes. La cruenta guerra civil continúa y la credibilidad internacional de EEUU sufre un serio revés. Siria empaña el legado de Obama y los republicanos le acusan de haber debilitado a EEUU en el Mundo. Lamentablemente el escenario más probable, ya se observan dilaciones.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Obama, el Congreso y Siria


Dr. Kenneth Ramírez
Todo estaba dispuesto. El Secretario Kerry había preparado el caso ante la opinión pública, los líderes mundiales estaban informados y los buques de guerra estaban en posición: pero el Presidente Obama seguía dudando… El sorpresivo voto contrario al ataque a Siria en el Parlamento británico el jueves 29 de agosto, trajo de vuelta su escepticismo… Salió a caminar en el Jardín Sur de la Casa Blanca por alrededor de 45 minutos con su Jefe de Gabinete, Denis McDonough. A su regreso, convocó una reunión en la Oficina Oval aquel viernes 30 de agosto a las 7 pm, donde comunicó a sus asesores una decisión inesperada: retrasaría el ataque, pediría autorización al Congreso, y lo anunciaría al día siguiente en el Rosedal de la Casa Blanca.
De esta manera, el Presidente Obama intentaba salirse del cul-de-sac en el que él mismo se había metido. Tras dos años y medio de conflicto sirio, el Presidente Obama ha vacilado entre la inacción y el cambio de régimen. En agosto de 2011 dijo que Bashar al-Assad debía marcharse, en agosto de 2012 fijó la utilización de armas químicas como “línea roja”, y en diciembre de 2012 afirmó que la Coalición Nacional Siria era el legítimo representante del pueblo sirio. Todo esto sin tener una estrategia delineada y una voluntad sólida para participar en una situación donde los intereses de EEUU no son evidentes. Si bien Assad es un dictador que ha provocado un sangriento conflicto, algunas facciones rebeldes tienen vínculos con Al-Qaeda, lo cual deja a EEUU sin un bando claro al cual apoyar y sin un desenlace que le sea conveniente. Empero, después del ataque con gas sarín en Damasco el 21 de agosto, el Presidente Obama quedó atrapado en su retórica.
No hacer nada implicaba a partir de ese momento poner en riesgo la credibilidad y el compromiso de EEUU con la prohibición en el uso de armas químicas. Por ello, el Presidente Obama optó por un ataque limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –en parálisis por el veto ruso para proteger a Assad-; pero otra cosa era hacerlo en la práctica casi unilateralmente –contando sólo con Francia.
Con todas estas consideraciones en mente, Obama decidió acudir al Congreso, lo cual merece varias reflexiones. En primer lugar, el Presidente Obama ha buscado legitimidad interna y compartir el costo político: colocar tantas manos en la daga como sea posible. Hasta ahora, la Casa Blanca se ha mostrado convencida de obtener el respaldo del Congreso.  De hecho una Resolución ya fue aprobada este 4 de septiembre en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (10 a 7) para un ataque limitado a Siria en un plazo de 60 días, cuyo debate en el pleno de las cámaras se realizará la semana del 9 de septiembre. No obstante, aún existe el riesgo de un rechazo de los congresistas, habida cuenta de la oposición de la mayoría de los electores. Si se produce un voto contrario en al menos una de las cámaras, el Presidente Obama se va encontrar ante un terrible dilema: atacar sin la autorización del Consejo de Seguridad ni de su propio Congreso, o no hacerlo y perder credibilidad, lo cual invitaría a otros actores como Irán a desafiar a EEUU.
En segundo lugar, el Presidente Obama ha tratado de trasladar un mensaje claro a la opinión pública mundial: ni Siria es Irak, ni él es Bush. Si bien es cierto que quizás no haya tiempo suficiente para que los inspectores de la ONU presenten su informe –se ha hablado de unas excesivas 3 semanas-, el Presidente Obama ha demostrado su actitud reacia a la guerra y su talante democrático. No tiene dudas de la responsabilidad de Assad y ha presentado pruebas de inteligencia. Si la CIA y el MI6 perdieron confiabilidad por Irak, la DGSE francesa tiene un record distinto.
En tercer lugar, el Presidente Obama no estaba obligado a acudir al Congreso, ya que se trataba sólo de un bombardeo. La Constitución de EEUU proporciona margen de maniobra al Presidente para acciones militares limitadas, requiriendo la autorización del Congreso sólo en casos de participación en una guerra. Sin embargo, la Resolución de Poderes de Guerra aprobada en 1973, trató de limitar este aspecto, por lo que ha sido objetada por todos los mandatarios desde Nixon –incluso el propio Obama eludió al Congreso por Libia en 2011. En consecuencia, lo que ha hecho el Presidente Obama ha sentado un precedente que puede afectar a sus sucesores, ya que un Congreso que tiende cada vez más al aislacionismo en política exterior, podría exigir de ahora en adelante su aprobación para cualquier acción militar, haciendo a EEUU menos activista en el Mundo.
En cuarto lugar, la eficacia de los bombardeos ha sido comprometida. El Jefe de Estado Mayor Conjunto, General Martin Dempsey, le dijo al Presidente Obama el 24 de agosto, que una demora en los bombardeos no era relevante. Sin embargo, evidencia reciente le han obligado a retractarse. La utilidad de bombardeos como los planteados inicialmente ha sido puesta en entredicho, ya que si bien pueden mantener la credibilidad de EEUU y aliviar conciencias sin provocar una escalada militar; no solucionará el conflicto ni eliminará las armas químicas. Por ello, en la Sección 5 de la Resolución del Comité de Relaciones Exteriores se plasmaron como objetivos estratégicos: la necesidad de cambiar el curso de las hostilidades –que favorece por ahora a Assad-, “crear condiciones para una solución negociada”, y degradar la capacidad química de Assad. Algunas voces plantean que para lograr esto, resultan necesarios unos bombardeos de mayor envergadura a los previstos –que infrinjan grandes costos y provoquen disuasión-, proporcionar armas avanzadas a los rebeldes y aislar a los terroristas. Es decir, parece estar emergiendo en EEUU una estrategia hacia Siria: fomentar su “libanización”, es decir, el reparto de poder entre varias facciones y un condominio con Rusia.

martes, 27 de agosto de 2013

Ataque a la vista en Siria

 
Dr. Kenneth Ramírez
Un ataque con gas venenoso fue perpetrado el pasado 21 de agosto en territorio sirio controlado por los rebeldes. Según algunas fuentes las víctimas ascendieron a 355 y de acuerdo a los rebeldes ascendieron a 1300. La versión más ampliamente aceptada señala al régimen de Assad como responsable, mientras que algunas fuentes apuntaron a los propios rebeldes –habrían hecho una suerte de teatro sangriento para generar una respuesta internacional. Sin duda, lo ocurrido constituye uno de los capítulos más oscuros en una guerra civil que lleva dos años y medio, más de 100 mil muertos y millones de refugiados.
EEUU ha evitado hasta ahora la participación en la guerra civil de Siria, ya que la Administración Obama no lo consideraba beneficioso para sus intereses. Esto no quiere decir que Washington tenga algún tipo de simpatía por Assad. Damasco tiene estrechos vínculos con Irán, Rusia, y la milicia Hezbollah en El Líbano. Sin embargo, EEUU ha aprendido en Afganistán, Irak y Libia, a considerar no sólo las amenazas que suponen regímenes hostiles, sino también lo que podría seguir a los mismos. En aquellos casos, cambiar el régimen terminó rápidamente enredando a EEUU en guerras civiles, cuyos resultados no han valido la pena los costos asumidos. En el caso de Siria, los rebeldes son musulmanes sunitas, con algunas de sus facciones -como el Frente Al-Nusra- con vínculos con Al-Qaeda.
Muchos alrededor del Mundo se han mostrado consternados con la cruenta guerra civil siria, y han estado pidiendo a Washington que haga algo. El Presidente Obama ha sido cauto. Washington no tiene un interés directo en el resultado, ya que todos los posibles lucen malos desde su perspectiva. Por otra parte, los que ahora son enfáticos en pedir que se actúe, serán los primeros en condenar a EEUU cuando algunos de sus ataques provoquen víctimas civiles como daño colateral. No hay formas inocuas para poner fin a una guerra civil.
Empero, la estrategia prudente de Obama dejó un cabo suelto. Expresó que no se involucraría en Siria a menos que el régimen de Assad utilizara armas químicas, a modo de disuasión. A pesar de ser Assad un líder despiadado, también es un actor racional; por tanto, la Administración Obama consideró que no haría nada que diese lugar a una intervención directa de EEUU, sin la cual ha podido contener el avance de los rebeldes, a pesar del apoyo de Arabia Saudita, Turquía, Qatar y las potencias occidentales. En consecuencia, el uso de armas químicas ha comprometido al Presidente Obama, en contra de sus mejores cálculos.
El discurso del Secretario de Estado John Kerry el pasado 26 de agosto ha construido políticamente el caso: es “innegable” que se utilizaron armas químicas en Siria, lo cual significa una “obscenidad moral”, y existen “pocas dudas” de que el responsable es el régimen de Assad, ya que es el único con esta capacidad. Aunque Assad se comprometió a permitir el acceso de los inspectores de la ONU al sitio del ataque, el Secretario Kerry sentenció que esto se ha producido “demasiado tarde para ser creíble” y lo ha acusado de “destruir pruebas”.
Ya no se trata sólo de Siria. El Presidente Obama marcó una línea roja, y esta ha sido traspasada -al menos en la verdad más ampliamente aceptada. La credibilidad es la moneda más importante en las Relaciones Internacionales. Si el Presidente Obama no hace nada, otros Estados que le son hostiles como Corea del Norte e Irán, ya no le tomarán en serio. De manera que el Presidente Obama está conminado a usar la fuerza en Siria. Sólo es cuestión de tiempo. El problema es que la mayoría de los estadounidenses está en contra de una intervención. Además, el déficit presupuestario tampoco admite una opción militar costosa.
En consecuencia, lo más probable es que el Presidente Obama se decante por un ataque punitivo limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –debido al veto de Rusia-, y con el apoyo de la OTAN y la Liga Árabe en su lugar. Ya tiene 4 destructores emplazados en el Mediterráneo y cada uno de ellos puede lanzar entre 30 y 40 misiles crucero Tomahawk. Esto puede ser respaldado con ataques aéreos lanzados desde las bases aéreas de EEUU en Jordania y Turquía, con apoyo de los británicos y franceses, sin ingresar en la zona de alcance del poderoso sistema anti-aéreo sirio de tecnología rusa. La misión consistiría en destruir los emplazamientos que albergan armas químicas y degradar la fuerza aérea de Assad que tanto daño ha hecho a los rebeldes. Esto supone una operación más parecida al bombardeo de Libia en 1986 o el bombardeo de Irak de 1998, que a la invasión a Irak en 2003 o la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia en 2011. Esta es la opción más barata y segura para la Administración Obama. No obstante, todo esto hace pensar en cuales serían los objetivos estratégicos, ya que una operación punitiva no sacaría del poder a Assad ni eliminaría todo su arsenal químico –mucho del cual puede estar disperso y bajo tierra-; sólo le disuadiría de volver a utilizarlo y equilibraría la guerra.
El riesgo más importante es el potencial de desbordamiento regional. A lado de Assad hoy lucha Hezbollah, enemiga de Israel, financiada y armada por Irán. Teherán ha advertido de graves consecuencias si se ataca a Damasco. De manera que, Assad o Hezbollah podrían intentar atacar Israel. Assad también ha amenazado a Turquía y Jordania.
El reto del Presidente Obama consiste entonces en efectuar una operación limitada para mantener su credibilidad y no dejar como legado otra guerra abierta para EEUU en la región. Nada fácil.
@kenopina

martes, 14 de mayo de 2013

Obama y la piscina vacía siria



Dr. Kenneth Ramírez
La revuelta siria lleva más de dos años, 90 mil muertos, más de 4 millones de desplazados y 1 millón de refugiados. No debe ser fácil para el Presidente Obama lidiar con el imperativo moral de estas cifras y recordar el Premio Nobel de la Paz, en sus instantes a solas en el Despacho Oval. No obstante, entendiendo los intereses nacionales de EEUU, el Presidente Obama desea mantenerse lejos de este “segundo Irak” potencial y pivotar a Asia-Pacífico.
 
A la catástrofe humanitaria siria, se le ha añadido recientemente, tanto la noticia de que Bashar al-Assad podría haber cruzado la “línea roja” de Obama utilizando armas químicas, como los supuestos intentos de hacerle llegar armamento a su aliado libanés Hezbollah para atacar Israel. Todo esto arrastra cada vez más al Presidente Obama hacia el conflicto sirio en contra de sus mejores cálculos.
 
Hoy por hoy, se ha instalado nuevamente en Washington el debate de si EEUU debe imponer una zona exclusión aérea y armar a los rebeldes sirios, incluso sin el aval del Consejo de Seguridad, en una solución “tipo Bosnia”. La facilidad con la cual Israel ha bombardeado en dos oportunidades –la última de ellas el 4 de mayo de 2013- supuestos cargamentos de misiles que iban dirigidos a Hezbollah, ha generado que se esté hablando de los bajos costos que un ataque aéreo implicaría para EEUU y la posibilidad de realizarlo desde bases ubicadas en suelo israelí o turco. La novedad del debate, es que ya no son sólo los neoconservadores los que alientan al Presidente Obama a tomar medidas, sino los propios asesores de tendencia liberal dentro de la Administración, así como sus aliados Francia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudita y Qatar.
 
Dennis Ross, quien se desempeñó hasta noviembre de 2012 como principal Asesor sobre Medio Oriente de la Administración Obama, ha pasado a defender públicamente la necesidad de proporcionar “ayuda letal” a los rebeldes sirios. El propio Secretario de Estado, John Kerry -al igual que su antecesora Hillary Clinton-, parece ganado para un rol más activo de EEUU en la solución de la guerra civil siria. Aun así, el Presidente Obama ha sido muy prudente ante una decisión que considera costosa y muy riesgosa.
 
El grupo de partidarios de un mayor involucramiento en Siria afirma, que a menos que EEUU tome medidas perderá credibilidad internacional; seguirá subiendo dramáticamente la terrible cifra de muertos, heridos, desplazados y refugiados; se producirá un desbordamiento regional del conflicto –hacia Líbano, Israel, Turquía e Irak-; y aumentará la posibilidad de que islamistas radicales tomen del poder en Damasco.
 
Sin embargo, el Presidente Obama desea asegurarse de que con una participación de EEUU la situación en Siria en particular y el Medio Oriente en general no sólo no va a empeorar, sino que realmente mejorará. Desde su óptica, EEUU tiene muy poco que ganar –más allá de privarle un aliado a Irán- y mucho que perder en las arenas de Damasco. Los temores presidenciales van desde que las armas proporcionadas a los rebeldes acaben en manos equivocadas –como el Frente Al-Nusra, que se afilió en abril pasado a Al-Qaeda- hasta que la caída de Assad desemboque en una guerra sectaria incontrolable -y no en una nueva democracia islámica-, transformando a Siria en un “nuevo Irak” justo al lado de Bagdad -que todavía no termina de estabilizarse- o en un nuevo santuario para Al-Qaeda. En el peor de los escenarios, EEUU y sus aliados podrían verse forzados, aunque el Presidente Obama lo ha negado reiteradamente, a poner “botas sobre el terreno”.
 
Aunque todos estos cálculos lucen razonables, son utilizados por los neoconservadores y otros miembros del Partido Republicano como los Senadores John McCain y Lindsay Graham, para delinear una imagen de Obama como “Presidente débil”. Esto no ha hecho mella en el Presidente Obama debido a la clara oposición de la opinión pública estadounidense a un rol más activo de EEUU en Siria. Las encuestas muestran que los estadounidenses se inclinan a cerrar la larga década de guerras que siguió al 11-S.
 
Si de todas formas Obama termina por ser arrastrado al país de Sham, esto implicaría un claro desafío a la “Gran Estrategia” que delineó en su primer mandato, la cual está compuesta de tres elementos, a saber: 1) Evitar involucrarse en nuevas guerras en Medio Oriente; 2) El “pivote al Pacífico”, concentrando el poder de EEUU en la región económica más dinámica del Mundo y donde se presenta el ascenso de China como desafío estratégico; 3) La reconstrucción de las capacidades de EEUU con reformas económicas y sociales domésticas, lo que denominó el Presidente Obama en su discurso inaugural “construcción nacional en casa” (“national-building at home”).
 
La nueva “Gran Estrategia” fue puesta a prueba en Libia en 2011, pero la Administración Obama dejó que sus aliados europeos tomaran el liderazgo diplomático y militar, lo cual llevó a acuñar la frase “Liderar desde atrás” (“Leading from Behind”). Sin embargo, Siria no es Libia, y en esta situación más difícil, los aliados europeos de EEUU se muestran incapaces de tomar la iniciativa.
 
Por otra parte, las negociaciones nucleares con Irán no avanzan suficientemente, e Israel continúa presionando al respecto, por lo cual la Administración Obama busca conservar suficiente margen de maniobra para hacer creíble la posibilidad del uso de la fuerza y tener así una baza para obligar a Teherán a negociar. Las próximas elecciones presidenciales iraníes en junio próximo serán cruciales para saber el curso que tomará este asunto.
 
Empero, la lógica del “pivote al Pacífico” -como la de cualquier estrategia- es de largo plazo y alcance. El argumento central es que Asia-Pacífico es el nuevo centro de la economía global, y que si EEUU no muestra compromiso estratégico con Japón, Corea del Sur y otros aliados asiáticos, así como su voluntad de permanecer como la potencia pre-eminente en esta región, la misma se convertirá gradualmente en una esfera de influencia china. Además, cualquier respuesta al ascenso de China pasa por aumentar el peso relativo de la economía estadounidense frente a la economía china, por lo cual EEUU requiere realizar reformas domésticas para salir del letargo económico que le provocó la crisis financiera de 2007-08.
 
No obstante, los partidarios de un mayor involucramiento en Siria, responden que a menos que EEUU haga algo para culminar esta crisis, perderá su credibilidad a nivel internacional, y los aliados asiáticos de EEUU concluirían que ya no tiene la voluntad de seguir siendo la potencia global más importante.
 
Si tomamos este último argumento como cierto, China temería una acción estadounidense decisiva en Damasco. Pero lo cierto es -retórica diplomática y vetos en la ONU aparte-, que los estrategas chinos celebrarían tras bastidores una nueva intervención estadounidense en Medio Oriente que implique un debilitamiento del “pivote al Pacífico”. De hecho, la Cancillería china celebró la salida de Hillary Clinton –arquitecto de esta política- y su reemplazo por John Kerry, quien se cree tiene mayor interés por el Medio Oriente.
 
Todos estos cálculos explican por qué Obama sigue intentando agotar todas las vías diplomáticas en Siria. Por ello, la Casa Blanca envió a John Kerry a Moscú –en su primera visita como Secretario de Estado a Rusia-, el pasado 7 de mayo. Producto de sus gestiones diplomáticas, Washington y Moscú acordaron resucitar el “Comunicado de Ginebra” de junio de 2012 que estipula la formación de un gobierno de transición, el llamado a una Conferencia entre las partes beligerantes para junio próximo y el acuerdo de colaboración entre los servicios secretos para determinar si Assad utilizó efectivamente armas químicas. Es decir, Washington trabaja ahora en una salida diplomática para acabar con la guerra civil y establecer una Nueva Siria en condominio con Rusia y menos alineada a Irán. Empero, el gran escollo aquí sigue siendo la negativa de los rebeldes sirios a aceptar la permanencia de Assad en un nuevo gobierno, y la negativa absoluta del mismo a marcharse.
 
Osama bin Laden logró distraer a EEUU por un década respecto al ascenso de China; ahora sólo resta saber si el Presidente Obama evitará ser lanzado de cabeza en la piscina vacía siria, y logrará sacar a EEUU de las arenas movedizas del Medio Oriente para pivotar a Asia-Pacífico.

martes, 24 de abril de 2012

Austeridad vs. Expansión: Hollande y la fragilidad del Euro

Prof. Angel Castillo Siri
 
La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, celebradas el pasado domingo 21 de abril, mostró el desgaste político de Nicolás Sarkozy, quien obtuvo 27,1% de los votos frente al 28,6% de François Hollande, luego de 3 años de crisis en Europa. Posiblemente los resultados de las elecciones puedan vincularse con la magnitud de la crisis en sus respectivos países: en España, con un desempleo del 20%, Zapatero fue claramente derrotado por Rajoy quien inmediatamente empezó a materializar la austeridad para evitar caer en el abismo de la deuda; en Francia, que resistió bastante bien la crisis en términos de desempleo aunque elevó sustancialmente su nivel de deuda al pasar de 65% del PIB en2008 a85% en 2011, los resultados son mucho más cerrados. No parece que exista preferencia por una ideología en particular, sino que por el contrario, se aplica el voto castigo y se demuestra el desencanto con la gestión.
 
Francia aun no ha aplicado ajustes que se asemejen a los programas de Grecia, Italia o España. Aun puede darse el lujo de no hacerlo. Sarkozy ha tratado de mantener una economía que al menos crezca (1,5% en 2010 y 1,7% en 2011) y que apuesta a una Zona Euro recuperada, siendo esencial su cooperación conla Canciller AngelaMerkel tanto en los planes de rescate de para Grecia como en la negociación del Pacto Fiscal dela UE. Lasegunda economía dela UEtampoco puede permitir que su sistema financiero sufra con un default griego, pues la tenencia de bonos de este país ha contaminado a los principales bancos franceses (PNB Paribas, Crédit Agricole, Société Générale) cuya calificación crediticia fue reducida el año pasado, causando temores de una nueva crisis financiera en Europa que desencadenara una nueva recesión. Debe conseguir tiempo para que sus bancos saneen sus activos.
 
Hollande está capitalizando el efecto demostración de las políticas de austeridad aplicadas enla UEen cuanto a recortes sociales y pérdida de beneficios laborales proponiendo la fórmula opuesta: incrementar para 2017 el gasto público en 20.000 de Euros, crear 60.000 puestos de enseñanza y 150.000 trabajos subsidiados para los jóvenes. Su lógica recuerda al multiplicador keynesiano. El Estado impulsará a la economía, generará crecimiento y con ello logrará aumentar la recaudación, reduciendo el déficit fiscal a través de una expansión a largo plazo.
 
El problema radica en que la estabilidad el Euro es un asunto de corto plazo. El disenso entre la visión francesa, centrado en lo local y en lapsos de tiempo más cortos, y la alemana, que busca una Europa unida para enfrentar los cambios geopolíticos por venir, puede debilitar aun mas la confianza en la moneda única, sobre todo cuando Hollande propone en este campo renegociar el Pacto Fiscal acordado en enero pasado. De allí el abierto apoyo de Merkel a Sarkozy durante este proceso electoral.
 
La gran incógnita durante un eventual gobierno de Hollande es que la eficiencia y efectividad del gasto que fundamenta su propuesta de gobierno tendrá que ser muy elevada para lograr los objetivos propuestos. El efecto multiplicador deseado puede ser significativo en los primeros años, pero será difícil de mantener hasta 2017, lo que avizoraría una Francia con bajo crecimiento y alta deuda luego de una recuperación inicial. Esto prolongaría los problemas del Euro más allá del umbral de 2013 fijado como año meta para la estabilización.
 
Falta ver si Hollande gana la segunda vuelta y si, una vez en la Presidencia, se demuestra que su discurso era exagerado por las necesidades del momento electoral. A semejanza de Lula en 2003, la dinámica de la política interna y de la presión externa haría prever un gobierno más moderado del que se propone para impactar a los votantes.