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viernes, 5 de agosto de 2016

Papelón diplomático


Embajador (r) Oscar Hernández Bernalette

Confieso que no me alegra por respeto al país y por haber dedicado mi vida profesional a la diplomacia, observar a este gobierno dando trastazos por el mundo con su política exterior errática y la falta de buen criterio diplomático para enfrentar diferentes escenarios internacionales.

Si algo demuestran los últimos episodios vergonzosos de nuestra política exterior es que falta criterio y profesionalismo en la casa amarilla .La OEA y MERCOSUR son buenos ejemplos.

De los pocos diplomáticos de carrera y con experiencia que quedan en nuestra cancillería han salido recomendaciones para actuar debidamente en los distintos escenarios. Sin embargo, no los escuchan.

Por el contrario, como diría Milos Alcalay, prefieren la diplomacia del carrito chocón.

El caso de MERCOSUR es patético. Resulta que la cancillería no evaluó debidamente el escenario de confrontación que se les avecinaba con la presidencia del organismo.

En primer lugar, hay un patrimonio normativo que no se han cumplido y los lapsos se vencieron, lo que genera una debida interpretación en el caso de Brasil. Un país puede no aceptar la norma de rotación alfabética por razones de fuerza mayor y es totalmente legítimo. Pasa constantemente en los organismos internacionales. Con una situación de crisis política el gobierno debió ser más honesto con sus socios.

Venezuela no está en condiciones de asumir tamaña responsabilidad en una situación de crisis política como la que atraviesa. Pensó, por el contrario, que esa responsabilidad sería una máscara de oxígeno.

Además, Venezuela al retirarse de la CAN y entrar por la puerta de atrás a MERCOSUR basada en alianzas estratégicas ideológicas, ya anunciaba que temprano o más tarde, se sumergiría en una crisis.

Un país que no cree en el libre comercio no tenía nada que buscar en esa alianza comercial.

@bernalette1

miércoles, 27 de julio de 2016

El temporal llega a las Presidencias pro-témpore


Embajador (r) Milos Alcalay

El tormentoso período de dificultades que atraviesa la diplomacia bolivariana en los últimos meses, es el resultado lógico de la torpe confrontación contra personas, países y organismos por el simple hecho de disentir o mostrar su preocupación por la inocultable crisis que vive el país. Resulta vergonzoso oír al Presidente, a la Canciller o a las más altas autoridades del Gobierno llegar a los extremos de insultar de manera injustificada, violando las reglas de la convivencia internacional como cuando acusa públicamente al Secretario General de la OEA Luis Almagro, una reconocida personalidad vinculada a la izquierda democrática latinoamericana, de ser un agente de la CIA; o de denunciar al respetado Canciller del Paraguay, Eladio Loizaga, de cobardía al encerrarse supuestamente en el baño para no saludar a la máxima representante internacional del país, o acusar al Presidente Obama de preparar una invasión militar contra Venezuela, o insultar al ex-candidato presidencial del Brasil, José Serra, como un “pseudo Canciller de facto”, y tantos otros tristes episodios que ya forman parte del folklore de las relaciones internacionales convertida en una diplomacia de “carritos chocones” contra todo y contra todos.

El resultado no puede ser distinto sino el de un aislamiento diplomático que se origina en la ausencia de confianza en el papel que debería tocarle jugar en la representación pro-témpore que le correspondería en los organismos regionales o sub-regionales. Es el caso de las trabas que le impiden asumir la presidencia rotativa de MERCOSUR. Es el caso del rechazo a la convocatoria de reunión de Cancilleres hecha por Venezuela como Presidente pro-témpore de UNASUR que no fue aceptada por los Cancilleres por coincidir con la fecha de la presentación en la OEA del Informe del Secretario General el mismo 23 de junio; o la votación de 20 Estados que se opusieron a la posición  venezolana que intentaba impedir la discusión en la OEA sobre el incumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, a lo que se suma la preocupación de la reunión de Cancilleres de la Unión Europea en días pasados, las preocupaciones manifestadas por la ONU y las expresiones críticas de Jefes de Estado, Cancilleres y Parlamentos de diferentes países.

Esta actitud difiere del tono que inicialmente mantuvo Chávez en el Hemisferio, quien expresaba admiración sobre las lecciones del maestro Fernando Henrique Cardoso, o las buenas relaciones iniciales con el hoy vituperado Álvaro Uribe; o el respaldo que le dio a Vicente Fox al retirar la candidatura de Venezuela del Consejo de Seguridad para endosar a México; o cuando refería sus acciones para realizar contactos con sus colegas Hugo Banzer o Alberto Fujimori o los múltiples intentos de reunirse con George Bush. Es cierto que una vez que Fidel Castro logra ofuscarlo alabándolo como el “Mariscal de los Pueblos de América” su visión de exportación del modelo ALBA, radicalizó sus posiciones, pero sin llevarlo a desaciertos tan graves como los actuales, logrando en los Foros una “solidaridad automática “en eventos Internacionales, que ya no los tiene la actual administración que permanentemente está obligada a campear la tempestad y no acepta que para salir de la tempestad, debe enterrar el hacha de la guerra y aceptar que debe darse una transición que marque un nuevo rumbo que resuelva el grave colapso que vivimos.

@milosalcalay

Inhabilitados por irresponsabilidad en MERCOSUR


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Venezuela ha sido sometida a uno de los episodios más humillantes y rocambolescos de la integración regional, al ser rechazada por dos de los fundadores del MERCOSUR (Brasil y Paraguay), su Presidencia pro-témpore. El Canciller de Brasil, José Serra, propuso que se postergue un cambio en la presidencia del bloque hasta agosto, siempre y cuando demuestre que ha cumplido con los compromisos de ingreso al grupo.

Chávez aprovechándose de la crisis política en Paraguay, con motivo de la destitución de Fernando Lugo en 2012, logró ingresar al MERCOSUR por la puerta de atrás. A raíz de ello, Kirchner, Rousseff y Mujica aprobaron el 12 de agosto de 2012, la incorporación condicional del nuevo socio, otorgando un plazo de cuatro años para incorporar el acervo legal al ordenamiento jurídico interno. Paradójicamente, la condicionalidad que vencerá el 12 de agosto de 2016, y hoy es el argumento esgrimido por Brasil para cuestionar y bloquear la Presidencia pro-témpore de Maduro.

Lo rocambolesco de esta tragicomedia es que Venezuela debió asumir el pasado 1 de julio la Presidencia pro-témpore del bloque, pero esta se ha visto cuestionada: las razones de fondo son las violaciones a los DDHH; al Protocolo de Ushuaia; a la Carta Democrática y al estado de derecho. Sin embargo, los argumentos públicos son de tipo técnico y administrativo. El MERCOSUR tiene unas características incompatibles con el modelo chavista como son el libre mercado, libertad cambiaria y la libre circulación de los factores de producción; pero además el Canciller brasileño advierte que el finado Presidente Chávez al ingresar se comprometió a incorporar a la legislación nacional “documentos esenciales” como son: el Compromiso con la Promoción y Protección de los DDHH; el Acuerdo de Residencia y el Acuerdo de Complementación Económica; este último, espina dorsal del MERCOSUR; pero además debió haber aprobado más de 1.100 normas correspondientes a más de 50 tratados, entre ellos 4 tratados de libre comercio –por no mencionar las actuales negociaciones para un Acuerdo de Asociación con la UE, en las cuales el gobierno venezolano decidió  irresponsablemente no participar-; 3 acuerdos de complementación económica y unos 10 acuerdos comerciales.

La no incorporación de la legislación del MERCOSUR a la legislación venezolana por negligencia del gobierno y en particular de la Cancillería y la anterior Asamblea Nacional hacen de Venezuela “un país paria en materia de integración”; un socio incompleto y moroso en relación a sus deberes fundamentales con el bloque; razones por las cuales al no poseer las cualidades técnico jurídico, lo inhabilitan para ejercer la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR.
@grevanales

lunes, 25 de julio de 2016

Venezuela entró al MERCOSUR por la puerta de atrás, y sin rectificación de políticas no logrará ponerse adelante


Prof. Carolina Abrusci

Este mes la agenda ha estado intensa en Uruguay en relación al tema del MERCOSUR. El Canciller de Brasil, José Serra; el Ex-Presidente de dicho país, Fernando Henrique Cardoso; el Presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez, y su Canciller, Rodolfo Nin Novoa, acordaron el pasado 5 de julio aplazar la reunión en la cual estaba previsto el traspaso de la Presidencia pro-témpore del bloque a Venezuela, país al que le correspondería asumirla después de Uruguay. ¿En qué irá a parar este desacuerdo regional?

Lo legal sería el traspaso a Nicolás Maduro: luego de Uruguay, la Presidencia le corresponde a Venezuela tras una rotación de la misma que tiene lugar cada seis meses por orden alfabético. Pero la dinámica política complica las cosas. No sólo hay una compleja situación interna en la República Bolivariana, sino que el bloque tiene prevista una apertura en la que la posición venezolana pudiera representar algunos contratiempos. Y no sólo eso. Si bien es cierto que le correspondería  a Venezuela asumir la conducción política del bloque después de Uruguay, también se trata de una decisión que debería ser fruto de una unanimidad que en este momento no existe.

Es cierto que el MERCOSUR no atraviesa su mejor etapa. Entre tantas dudas y tareas pendientes, la mayor incertidumbre política que tiene  quizá en este momento es la Presidencia pro-témpore que le corresponde asumir a Venezuela. Con el tiempo en contra, las negociaciones para que esto no suceda son un secreto a voces. Brasil ya logró ponerle “un parao” al traspaso que estaba previsto para el 12 de julio, y esto será discutido nuevamente el próximo 30 de julio tras las reuniones de alto nivel que tuvieron lugar en Montevideo. Argentina también promueve que la Presidencia se mantenga en manos de Tabaré Vázquez, o que en su defecto recaiga en el propio Mauricio Macri. Un “tubazo” que lanzó el propio Presidente argentino en su reciente gira por Europa, aún a pesar de la incomodidad que la noticia pudiera generar a la Canciller argentina, Susana Malcorra.

Y así como aprovechando la visita a la casa del futuro socio, Mauricio Macri no dejó pasar la oportunidad para dilucidar la dirección hacia la cual se orientará al MERCOSUR a partir de ahora. Frente a la pregunta de un periodista internacional que le increpó sobre la posibilidad de demoras en las negociaciones en torno al acuerdo MERCOSUR-Unión Europea por la posición de una Venezuela en la eventual Presidencia pro-témpore, Macri fue contundente en dar seguridad del nuevo rumbo, asegurando que nada ni nadie podrá atentar contra el avance hacia un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

Por cierto: fueron los acuerdos de libre comercio precisamente los que generaron un roce letal en la Comunidad Andina de Naciones. ¿Será nuevamente un tema que genere tensión de Venezuela con el resto de los Estados Partes, en esta oportunidad, del MERCOSUR? Pareciera que no es sólo el Protocolo de Ushuaia sobre el Compromiso Democrático en el MERCOSUR el que le genera dolores de cabeza a la administración de Nicolás Maduro cuando del MERCOSUR se trata.

Y mientras los países MERCOSUR apuntan a la superación de lo que se ha llamado el “giro post-liberal”, Venezuela se afinca en su propuesta de fortalecimiento y consolidación del Plan Estratégico de Acción Social del MERCOSUR durante su eventual ejercicio de la Presidencia. Jorge Arreaza, Vicepresidente del Área Social, ha señalado recientemente que la apuesta de Venezuela se enfoca en la dimensión social que el bloque alcanzó tras superar la etapa originaria de la búsqueda de la consolidación de una unión aduanera. Es cierto: la dimensión social del MERCOSUR no estaba contemplada desde el principio en esos términos, y fueron Lula da Silva y Hugo Chávez quienes pilotearon ese viraje del bloque. Su llamado en aquel momento pudo haber sido realmente noble. Promover la máxima felicidad y bienestar de los pueblos del sur es definitivamente una inspiración real.

Sin embargo, los gobiernos que integran al bloque hoy, y la Suramérica del  siglo XXI, parecieran haber comprendido que no hay bienestar posible sin progreso económico, y que no hay riquezas para repartir si las mismas no se producen. El comercio y la economía vuelven a cobrar fuerza en la agenda, sin que esto suponga un abandono de la superación de la desigualdad y la pobreza como banderas de lucha. Todo lo contrario: una región próspera será una región que permita, definitivamente, avanzar en esa enorme y prioritaria tarea de superación de la pobreza y de las desigualdades en nuestras tierras. Pareciera que esa es precisamente la apuesta de un MERCOSUR que está construyendo puente a Europa y que quiere poner en evidencia el peso de un bloque que equivale, nada más y nada menos, que a la quinta economía del Mundo.

@caroabru

martes, 10 de mayo de 2016

Brasil en fase menguante


Dr. Kenneth Ramírez

En diciembre de 2010, Lula dejaba a un Brasil celebrado como una de las potencias emergentes que transformaba al Mundo, cuyo éxito sería exhibido en la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016. Ahora su sucesora Dilma Rousseff se encuentra al filo de la destitución. ¿Qué ha ocurrido?

En una maratónica y mediática sesión en la Cámara Diputados a mediados de abril, fue aprobado el pedido de juicio político (impeachment) a Dilma por más de los dos tercios requeridos. Una vez en el Senado, se necesita mayoría simple para que el proceso sea finalmente abierto. La oposición brasileña tiene los votos, y se estima que en esta misma semana, Dilma puede ser apartada por 180 días del cargo para ser juzgada. En ese período debería presentar su defensa para evitar ser destituida en forma definitiva. Maniobras de último minuto intentan frenar la votación en el Senado y generar una nueva votación en la Cámara. Dilma augura que de ser sometida a juicio será encontrada inocente, o al menos impedirá que la oposición reúna los dos tercios necesarios para condenarla y removerla del cargo definitivamente. Una deriva política abrupta que nadie pronosticó para Brasil hace algunos años, la cual es producto de una crisis multidimensional.

En primer lugar, Brasil vive la peor crisis económica desde la década de 1930. Según datos del FMI, el crecimiento del PIB pasó desde 7,6% en 2010 hasta 0,1% en 2014 y -3,8% en 2015, y se ubicará -3,5% en 2016 y 0% en 2017. Esto es resultado del agotamiento del modelo de exportación de materias primas vinculado a la reducción del crecimiento de China -principal importador de productos brasileños- y la disminución de su valor en el mercado internacional. A finales del segundo mandato de Lula, la proporción de las exportaciones de materias primas en las exportaciones totales había aumentado desde el 28% al 41%, mientras que a finales del primer mandato de Dilma representaban 50%. Por otra parte, las desgravaciones fiscales promovidas por Dilma para impulsar el crecimiento de la industria en su primer mandato provocaron un fuerte desequilibrio en las cuentas públicas. A principios de su segundo mandato, los empresarios entendieron la suspensión de las mismas como una traición. Además, los problemas se agravaron porque Dilma no hizo el ajuste fiscal antes de las elecciones de 2014.

En segundo lugar, tenemos la crisis social. En 2013, se produjo una ola de protestas debido a la insatisfacción con el aumento y baja calidad de los servicios públicos. Esto se agravó con la crisis económica y el ajuste fiscal que realizó Dilma en contra de sus promesas electorales en 2014. Si decrecer es malo, peor es hacerlo después de una década de altas expectativas. En la opinión pública flota una sensación de estafa. Los niveles de desaprobación de Dilma pasaron desde 25% en 2013 hasta 69% en 2016. Además, los escándalos de corrupción, y sobre todo el Petrolão –esquema de corrupción en torno a PETROBRAS-, dispararon el cuestionamiento hacia las instituciones y toda la clase política.

A todo lo anterior se suma la crisis política, asociada a la mayor fragmentación en la historia del Congreso brasileño. El oficialista PT sólo logró 58 diputados de un total de 513, y 11 senadores de 81, en las elecciones de 2014. Por ello, Dilma llegó a tener en su gabinete 39 ministros de 10 partidos diferentes para construir una coalición mayoritaria. El presidencialismo de coalición -invento político brasileño-, implica que sin coalición no hay Presidente; y allí Dilma demostró falta de habilidad para mantener su base de apoyo, sobre todo al PMDB. Por otro lado, tenemos una oposición liderada por el PSDB que jamás aceptó la ajustada victoria de Dilma sobre Aécio Neves, y que desde 2014 ensayó acoso y derribo.

El impeachment se encuentra consagrado en la Constitución de 1988, la cual incluso protege al Presidente mucho más que la de 1946, fijando mayorías sólidas y un procedimiento metódico. Dilma tiene garantizado su derecho a la defensa y al debido proceso, a sabiendas que estamos ante una figura que es jurídica pero también política. No obstante, el PT ha cuestionado la legitimidad del impeachment, porque a su juicio Dilma no habría cometido un delito de responsabilidad, ya que sólo se le imputa “pedaladas fiscales” (retraso en el ingreso de dinero por parte del Tesoro Nacional a los bancos públicos). Por tanto, el PT sostiene que estamos ante un golpe de Estado; polarizando así a Brasil y la región, y construyendo desde ya una narrativa de cara a las elecciones de 2018.

El artículo 85 de la Constitución brasileña fija como delitos de responsabilidad, los actos del Presidente que atenten contra -entre otros- la probidad de la administración y el cumplimiento de la ley presupuestaria. Las leyes de 1950 y 2000 sobre responsabilidad fiscal son explícitos en vedar créditos de instituciones financieras a sus propios controladores. Dilma lo hizo en su primer período y siguió haciéndolo en 2015, violando la ley. Esto permitió maquillar las cuentas y aumentar gasto público en plena campaña de 2014. Asimismo, la suspensión de Eduardo Cunha –impulsor del impeachment por el caso Petrolão- como Presidente de la Cámara por el Supremo Tribunal Federal y la condena del Tribunal Electoral al Vicepresidente Temer -no podrá postularse en 2018-, nos da idea de la independencia de los poderes existente y derriba la tesis del golpe de Estado.

Hace 24 años, Brasil destituyó al Presidente Fernando Collor de Melo, y su democracia aún menos experimentada que ahora, mostró madurez suficiente. De manera que Brasil tiene la capacidad para superar esta fase menguante. Finalmente, cabe destacar, que la eventual salida de Dilma dejaría al gobierno venezolano aislado y bastante expuesto ante iniciativas de activación de cláusulas democráticas: de la OEA a MERCOSUR. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

miércoles, 30 de marzo de 2016

Venezuela y el XXV Aniversario del MERCOSUR


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela vive tiempos agoniosos. La caída de los precios del petróleo ha vuelto a dejar al desnudo nuestros problemas nacionales: subdesarrollo económico y rentismo; autoritarismo, déficit democrático y militarismo; pobreza y desigualdad; violencia y rezago cultural. La gravedad de nuestra crisis recuerda aquella que sufrió la generación de españoles tras el desastre de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898. La pérdida de Cuba y las últimas colonias de ultramar, significó para España, el fin del espejismo de la otrora grandeza imperial y una dolorosa toma de conciencia de su devaluada posición en Europa. Un país estancado en lo económico y cultural, e inmerso en un proceso de aislamiento, inestabilidad y fagocitación política; que colgaba del extremo de Europa más que formar parte de ella. En ese contexto, José Ortega y Gasset acuñó una de esas frases que se imprimen en la conciencia colectiva para siempre: “España es el problema; Europa la solución”. Se trataba de combatir los males españoles con la integración en Europa. Más que diagnóstico intelectual, la frase resumió todo un programa político; el cual fracasó bajo el reinado de Alfonso XIII y la Segunda República, fue suspendido por Francisco Franco, para imponerse definitivamente con la transición a la democracia. Esto le permitió a España dar un gran salto a la modernidad en los últimos “treinta gloriosos años” desde su adhesión a la Unión Europea en 1985. Todo un éxito histórico, hoy agotado por consumación.

Tomando el caso español como inspiración, Venezuela puede regenerarse con un proyecto de integración moderno y vibrante. He aquí el rol estratégico del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) –primera economía de América Latina y quinta a nivel mundial- que acaba de cumplir -el pasado 26 de marzo- su vigésimo quinto aniversario. No obstante, a diferencia de España con la Unión Europea, Venezuela no puede asumir pasivamente el MERCOSUR para recibir garantías de seguridad, libertad y prosperidad. Hoy por hoy, el MERCOSUR requiere un fuerte reimpulso, donde Venezuela también debe contribuir dinámicamente. Es decir, la relación de Venezuela con MERCOSUR debe ser de virtuosa retroalimentación, con una estrategia que permita al tiempo reconstruirlo y beneficiarse de sus potenciales oportunidades para así “ponernos al día” en pleno siglo XXI. Veamos.

MERCOSUR ha experimentado grandes cambios desde su fundación. En primer lugar, el giro desde su dinámica fenicia inicial hacia una agenda centrada en temas políticos y sociales. Y, en segundo lugar, su ampliación más allá del Cono Sur primigenio –sirviendo allí inicialmente para superar la rivalidad geopolítica entre Argentina y Brasil-, donde se inscribe el polémico ingreso de Venezuela en 2012 y la aún inconclusa adhesión de Bolivia de conformidad a la estrategia “MERCOSURx9”. Estas transformaciones han dado como resultado que el MERCOSUR haya ganado en el plano político-simbólico, pero haya perdido efectividad económica y atractivo a nivel regional y global. Conscientes de esto, los Estados miembros en la XLIX Cumbre de Asunción celebrada en diciembre de 2015, manifestaron su voluntad de relanzar MERCOSUR tomando en cuenta la experiencia acumulada y los cambios suscitados en el sistema internacional. Para ello, resulta necesario una nueva visión que promueva la convergencia hacia objetivos comunes y conecte las múltiples dimensiones en juego.

En materia política y social, es necesario fortalecer las instituciones del MERCOSUR y el cumplimiento de su reglas; impulsar una agenda común de promoción y protección de la democracia y respeto a los derechos humanos -previsto en los Protocolos de Ushuaia I y II, y en el Protocolo de Asunción que acaba de cumplir su décimo aniversario-; consolidar el rol del Fondo de Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM) para combatir las asimetrías; el impulso al Estatuto de Ciudadanía del MERCOSUR para fomentar una integración profunda entre nuestras sociedades; y la necesidad de desplegar una agenda de relaciones externas ambiciosa que privilegie la búsqueda de un acuerdo entre MERCOSUR y la Alianza del Pacífico en el marco de las estrategias “unidad en la diversidad” y “convergencia con UNASUR”, así como la conclusión del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y nuevos acuerdos con EEUU, Canadá, Rusia, China, Japón y Corea del Sur –permitiendo la inserción del bloque en las grandes negociaciones multilaterales en marcha y pivotar al Pacífico.

En materia económica, se requiere trabajar en cuatro condiciones para construir un espacio económico efectivo que fomente la industrialización y fortalezca la clase media de la región: la conectividad física a través del desarrollo de infraestructuras, eliminar las barreras comerciales que aún subsisten entre los socios, la creación de cadenas productivas regionales, y la compatibilidad entre las estrategias de desarrollo y las políticas económicas y comerciales aplicadas.

En este contexto, el gobierno de Venezuela, en el marco de su presidencia pro-témpore del MERCOSUR –que asumirá por segunda ocasión a partir de julio de este año- y en coordinación con la nueva Asamblea Nacional, debe completar la adopción de toda la normativa comunitaria y catalizar el citado relanzamiento del bloque. Esto a su vez implica cambiar urgentemente nuestro modelo económico para aprovechar las potenciales oportunidades que ofrece el MERCOSUR –a diferencia de lo que ocurre actualmente, ya que Venezuela tiene un déficit comercial con los socios del bloque que asciende a 5 millardos de dólares anuales-, respetar las reglas democráticas y los derechos humanos, y abrir los espacios de este mecanismo a todos los actores políticos y sociales –empezando por la elección directa de los diputados al PARLASUR. De esta manera, el MERCOSUR podría ser un instrumento útil para superar nuestra crisis nacional y promover la regeneración de Venezuela. ¿Y usted qué opina?

@kenopina 

martes, 17 de noviembre de 2015

Petróleo y MERCOSUR en las elecciones de Argentina


Dr. Kenneth Ramírez

El próximo domingo 22 de noviembre, tendrá lugar la segunda vuelta de las elecciones de Argentina. La cita viene marcada por una transformación del escenario electoral. Durante meses, varias encuestas mostraban que Daniel Scioli, candidato del “Frente para la Victoria” y sucesor de Cristina Fernández de Kirchner, ganaría la primera vuelta con hasta 10 puntos de diferencia. En lugar de ello, un sorpresivo y apretado resultado (37%-34%) en la primera vuelta del 25 de octubre, ha forzado un ballotage con Mauricio Macri, candidato de la coalición opositora “Cambiemos”. Las últimas encuestas revelan que ahora Macri podría ganar las elecciones con hasta 8 puntos de diferencia, ya que ha logrado atraer un caudal importante de votos peronistas disidentes que apoyaron a Sergio Massa en la primera vuelta. La crisis económica generada por la caída de los precios de las materias primas (sobre todo soya, maíz, trigo, leche y carne; principales rubros de exportación argentinos), ha tenido mucho que ver con este viraje de las preferencias electorales. El FMI señala que Argentina está pasando de una desaceleración a una recesión económica; el PIB creció sólo 0,5% en 2014, y lo hará 0,4% en 2015, para retroceder en -0,7% en 2016.

Gane quien gane, el próximo Presidente de Argentina será mucho más pragmático. En primer lugar, ninguno tendrá el liderazgo político hegemónico que detentaron los Kirchner. La trayectoria de Scioli lo muestra como un peronista realista -capaz de pactar con Menem y los Kirchner-, pero deberá coexistir con grupos afectos a Cristina Fernández de Kirchner, desde su candidato a Vicepresidente, Carlos Zannini, hasta la poderosa juventud de su movimiento político “La Cámpora”. De ganar Macri tendrá que buscar pactos en un Congreso adverso –el kirchnerismo es la primera minoría en la Cámara de Diputados y mayoría en el Senado. En segundo lugar, ambos tendrán que gestionar la crisis económica, lo cual pasa por implementar una política que genere estabilidad y confianza, luchar contra la corrupción, mejorar las relaciones con el empresariado, fortalecer la seguridad jurídica para atraer inversiones y negociar los vencimientos de deuda que ascenderán a 30 millardos de dólares en 2016 –incluyendo 10 millardos de dólares con los fondos de riesgo, los llamados “fondos buitre”. En tercer lugar, tendrán el reto de mantener los indicadores sociales en positivo.

Todo esto les llevará a una política exterior mucho más moderada y realista. En este sentido, el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) impulsó un diálogo entre los equipos de política exterior de todos los candidatos para encontrar un programa mínimo de consenso; lo cual logró con el documento “Seremos afuera lo que somos adentro”, presentado en abril pasado. Allí se establece entre otras cosas, que Argentina debe “revalorizar las relaciones con los centros de decisión que más nos afectan”, es decir, EEUU y la Unión Europea. Además, se señala que debe “priorizarse nuestra alianza estratégica con Brasil” para impulsar una “rápida, amplia y franca discusión” en el MERCOSUR, y propiciar su convergencia con la Alianza del Pacífico a partir de la “dimensión bioceánica” de la política exterior argentina, léase sus relaciones con Chile. Por último, establece que deben fortalecerse las relaciones con México, utilizar su potencial en alimentos y energía, e incorporar valor agregado en la oferta exportable. Es decir, tanto Scioli como Macri buscarán relanzar el MERCOSUR fenicio -en alianza con Brasil- y motorizar una agenda externa centrada en lograr el Acuerdo de Asociación con la UE y un acuerdo con la Alianza del Pacífico, así como revitalizar las relaciones económicas con EEUU. Esto podría ser materializado más rápidamente por Macri que por Scioli, quien tendría obstáculos dentro de su propia base de apoyo. Lo cierto es que todo esto converge con las nuevas prioridades brasileñas y envía un poderoso mensaje a Venezuela: Es hora de tomarse en serio MERCOSUR, y cumplir toda su normativa. Por otra parte, Macri se ha mostrado crítico con la situación política venezolana, mientras Scioli ha preferido guardar silencio, lo que indica un futuro distanciamiento bilateral entre Caracas y Buenos Aires –desde lo conflictivo a lo discreto- gane quien gane.

En materia energética, los candidatos apuestan por el desarrollo del yacimiento de Vaca Muerta en la Provincia de Neuquén -30 mil kilómetros cuadrados de roca con petróleo atrapado en sus microporos, a 3 mil kilómetros de profundidad, para cuya explotación debe utilizarse la polémica fracturación hidráulica-, donde creen tener una joya de esquistos como la que ha dinamizado la economía de EEUU. Por ello, han hablado de mejorar las condiciones para fomentar la explotación de los promisorios recursos de petróleo y gas no convencional que posee Argentina -802 billones de pies cúbicos y 27 millardos de barriles; segundo y cuarto lugar a nivel mundial respectivamente. Empero, se requiere un precio del petróleo en 75-80 $/Bl para hacer estos proyectos rentables en Argentina, y en consecuencia, las empresas petroleras transnacionales se han mostrado cautas. Sólo el liderazgo de la empresa petrolera renacionalizada YPF –que concentra el 86,5% de la producción de este yacimiento en la zona Loma Campana en sociedad con Chevron- ha permitido mantener el proyecto en marcha. Hoy por hoy, Vaca Muerta produce 41 mil barriles de petróleo equivalente diarios, y YPF estima alcanzar al menos 120 mil barriles para 2020, con más pozos horizontales –actualmente sólo 20 de los 380 pozos activos. El objetivo es alcanzar el autoabastecimiento que perdió Argentina en 2010 y convertirse en un exportador neto de hidrocarburos a largo plazo. Para esto, se requiere atraer inversiones cifradas en 88 millardos de dólares –rivalizando con otros proyectos latinoamericanos como la Faja Petrolífera del Orinoco y las áreas pre-sal en Brasil en un contexto de precios bajos-, y cooperación con el gobierno y las empresas de EEUU que tienen la tecnología. Argentina está a las puertas de un reacomodo geopolítico. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 13 de abril de 2015

Cumbre de las Américas: El regreso de EEUU


Dr. Felippe Ramos

Hace tres años, en la ocasión de la Cumbre de Cartagena el 2012, escribí el artículo “Cumbre de las Américas: el fracaso como éxito”. En aquel entonces, la Cumbre Iberoamericana, liderada por España, contaba con baja adhesión de los Jefes de Estado de los países de la región, mientras las cumbres latino o sur americanas (CELAC, UNASUR) contaban con la presencia de todos. La OEA era cuestionada y la Cumbre de las Américas, liderada por los EEUU, terminaba sin consenso, sin declaración final, con retos a la autoridad de la potencia y, en el caso específico de Cartagena, con las ridículas escenas de la Secretaria de Estado Hillary Clinton bailando salsa en una disco llamada “Havana” y los agentes de la CIA con prostitutas latinas en un hotel de lujo. De ese modo, desde la Cumbre de Mar del Plata (2005), en donde líderes carismáticos de izquierda (Lula, Chávez, Kirchner) lograron bloquear las negociaciones del ALCA, hasta el 2012, el aislamiento hemisférico de EEUU y las políticas integracionistas eran las claves para la comprensión de la política internacional en la región. El fracaso de la cumbre con participación de los EEUU era el espejo del éxito de la nueva ola integracionista latinoamericana.

Por supuesto, existían razones muy objetivas por las cuales los EEUU decidieron cambiar sus apuestas. Desde los atentados del 2001 en Nueva York, el Medio Oriente era de nuevo el centro de la atención del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado. La elección de presidentes de izquierda y centro-izquierda en países latino-americanos crearon dificultades adicionales a la política multilateral de EEUU hacia la región, lo que resultó en la decisión por negociaciones bilaterales con miras a firmar tratados de libre comercio (TLC) más modestos pero más efectivos en el corto plazo que las interminables negociaciones con 35 países con la posibilidad de que uno o algunos países, incluso los pequeños, pudiesen vetar los esfuerzos construidos a lo largo de años. Mientras se ocupaban de otras partes del globo, los EEUU intentaban apoyar o usar el liderazgo regional brasilero, como en el caso del comando de las tropas de la ONU en Haití o para complejas negociaciones políticas con países desafiadores de la potencia hegemónica, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

El crecimiento económico brasilero legitimaba esa coordinación implícita, con la diplomacia presidencial de Lula, el aumento de la cooperación sur-sur brasilera y la financiación del BNDES a la internacionalización de empresas brasileras de los sectores servicio y comercio. Bajo liderazgo brasilero fue creada la UNASUR congregando todos los países sudamericanos, incluso los de orientación liberal, hacia una agenda de integración física en los sectores infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones, debido a los ingresos permitidos por el “boom de las commodities”, es decir, los altos precios de las materias primas en el mercado internacional. Países que solían vivir bajo la maldición del subdesarrollo debido a la dependencia de la exportación de productos de bajo valor agregado hacia países desarrollados ahora surfeaban la inversión de los términos de intercambio, con la sobrevaluación de sus materias primas. Esa convergencia de precios altos de commodities y gobiernos populares hizo posible la distribución de la renta y la reducción de desigualdades perversas. Ese fue el tiempo mágico del lulismo y del chavismo, o sea, dos estrategias políticas que atraían otros países para sus modelos y que terminó por diseñar la gran alianza integracionista lulismo-bolivarianismo en la región.

La coyuntura, sin embargo, ha cambiado desde la última cumbre el 2012. El soft landing chino (“aterrizaje suave”, o reducción del ritmo de crecimiento económico) ha tenido como consecuencia la caída de los precios de las commodities. La economía estadounidense se recupera, con el fin del quantitative easing (emisión de moneda por el FED) y la sobrevaluación del dólar frente a las demás monedas nacionales, con impacto fuerte en Rusia, Brasil, Venezuela y muchos otros países. Además, la región se encuentra sin los liderazgos fuertes o, podemos decir, en una fase pos-carisma, con marcada ausencia de la diplomacia presidencial que fue rasgo fundamental de los tiempos de Lula, Chávez, Néstor Kirchner y Mujica. Fuertes dificultades económicas y políticas a nivel doméstico en los países que sostienen el MERCOSUR (el caso de corrupción en PETROBRAS en Brasil, el caso Nisman en Argentina y los fuertes desajustes de la economía en Venezuela con sus impactos políticos) añaden el elemento necesario para que los bloques de integración se tornen blancos de ataques: ¿Quiénes podrían financiarlos?, ¿Cuáles serían los nuevos lineamientos estratégicos? ¿Siguen siendo viables?

Cuando todo ya parecía suficientemente difícil, los EEUU regresan al juego. Primero, con el anuncio del histórico proceso de acercamiento diplomático con Cuba tras año y medio de negociaciones secretas llevadas a cabo en Canadá con intermediación de la Santa Sede. Lo que puede ser interpretado, por un lado, como victoria latinoamericana por la histórica demanda regional del fin del aislamiento del país comunista, puede ser visto también como estrategia norteamericana de superar los escollos diplomáticos en la región y abrir un nuevo sendero en su estrategia hemisférica. Hay que recordar que las negociaciones empezaron justo tras la muerte del Presidente venezolano Hugo Chávez y significa que el pragmatismo cubano indicó que no sería prudente seguir dependiente de la ayuda suministrada por Venezuela a través de PETROCARIBE. Además, con la caída de los precios del petróleo, los EEUU anuncian también una nueva iniciativa de cooperación energética en El Caribe, a partir de la visita de Barack Obama a Jamaica, en más un movimiento para reducir el poder político y diplomático de Venezuela. Poco antes, los EEUU ya habían anunciado nueva ronda de sanciones a ese país. Divulgada en fecha cuidadosamente escogida, tras intento de mediación de la UNASUR con las labores de cancilleres suramericanos, entre ellos el brasilero, las sanciones indicaban que los EEUU estaban dispuestos a recuperar su poder de agenda setting (establecimiento de agenda) en la región. De hecho, la Cumbre de Panamá tuvo como temas fundamentales el acercamiento diplomático con Cuba y las sanciones a Venezuela.

A Brasil no le quedó mucho: El país no tuvo el liderazgo que solía tener en esas ocasiones y al final anunció la visita de trabajo de la Presidente Dilma Rousseff a EEUU para junio de ese año, tras la suspensión de la visita de Estado luego del escándalo de espionaje divulgado por Edward Snowden el 2013. Para no quedar sólo luchando contra el gigante, Venezuela ha anunciado su disposición de también conversar con los EEUU. En términos económicos, la nueva presencia en la región permite a los EEUU una búsqueda de la recuperación de su capacidad de disputar espacio con los chinos, que han alcanzado el puesto de primero o segundo socio comercial en muchos países latinoamericanos y caribeños en los últimos años.

Por lo tanto, la integración regional necesita ser repensada y reinventada, ahora llevando en consideración el innegable regreso de los EEUU al ajedrez hemisférico. La peor decisión para los que defienden esa agenda sería negar la nueva realidad.

Publicado originalmente en América Economía


@felippe_ramos

jueves, 13 de noviembre de 2014

Política exterior de Brasil: Año 2015


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo

Tanto en los años de los gobiernos de Collor de Mello y Cardoso, como posteriormente en los gobiernos del PT, se le han dado un cariz más acorde a los nuevos temas del área internacional; Lula y la Presidente Dilma Rousseff con una visión más social de la democracia entre otros, pero que mantienen un hilo conductor. Estos serán los rasgos definidores de la política exterior en el segundo gobierno de Dilma Rousseff. Los debates entre los candidatos arrojaron oscilaciones y énfasis en temas como EEUU, China, Unión Europea, América Latina, MERCOSUR, los temas de la negociación de Doha entre otros, pero guardando un denominador común estos temas de la agenda internacional del Brasil, en estos ejes, a saber:

Pacifismo: Se fundamenta en la no-confrontación, la búsqueda de soluciones pacíficas negociadas de las controversias, la condena del uso de la fuerza para la obtención de resultados externos.

El universalismo: entendido éste como el todo el acervo de contactos bilaterales que constituyen el patrimonio del Brasil. También la diversidad de contactos bilaterales sirve para la realización de los intereses nacionales. Y finalmente esta vocación universal, encuentra sus raíces en el hecho que los brasileños consiguieron establecer relaciones pacíficas e instrumentalizadas con países situados en todas partes del Mundo.

Juridicismo: respeto a los tratados y convenciones, entendidas como manifestaciones sacrosantas del Derecho Internacional y que son asumidas por la voluntad nacional. Los tratados y convenios son vistos como instrumentos jurídicos que buscan acuerdos con factibilidad de cumplirse y que sean favorables a todas las partes intervinientes.

Realismo y pragmatismo: acciones vinculadas a los intereses nacionales. Se abandona la idea de construcción y el uso del papel de potencia del país, para ganancias internacionales, se despolitiza y desidiologiza la acción internacional.

Autodeterminación y no intervención: son alimentados por el carácter pacificista de la política exterior y sobre todo por el realismo que ilumina a su ejecutoria internacional.

Es decir, hay una tradición de la praxis diplomática, la cual es radicalmente contraria a la intervención, por el rechazo que podría dar, el legitimar eventuales intervenciones o acciones correctivas fuera del sistema o ambiente de poder internacional.

Si partimos desde los años noventa  hay un hilo conductor tanto en la agenda y los temas internacionales tendencia, la cual se acentúo durante los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff y sobre todo en los años venideros, dentro de un contexto de mayor globalización representado por la elevación exponencial de las interconexiones entre países, donde Brasil ha buscado entre otras cosas:

Primero, buscar insertarse en una economía internacional altamente integrada y competitiva, hoy en día con un escenario distinto del precio de los commodities y el giro que está teniendo la política de EEUU, que repercutirá en la economía mundial.

En segundo lugar, mantiene los márgenes de maniobra, para no inviabilizar su histórico proyecto nacional, con base en los principios arriba enunciados. Busca construir un adecuado y perfil político y económico de acuerdo con la nueva configuración del poder mundial que va de la bipolaridad a la multiporalidad.

Ahora bien, la política exterior de Brasil, tiene tres interrogantes hacia el futuro:

En primer lugar, ¿qué es lo que Brasil desea obtener de su relación con el medio internacional? La respuesta evidente y con un claro objetivo, es conseguir el intercambio externo para la realización del desarrollo, tanto en su dimensión económica como social, para lograr profundizar los derechos humanos y un medio ambiente sustentable.

En segundo lugar, ¿cómo Brasil desea relacionarse con la comunidad internacional?, aquí están los principios que tradicionalmente han orientado su política exterior, tales como la no intervención, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos y la solución pacífica de las controversias.

La tercera pregunta, ¿cuál es el Mundo que ellos desean?, puede estar resumida en algunas ideas fuerzas: paz, desarrollo, y participación amplia. Por ello es que el Brasil está trabajando en conjunto con otros países, para la reforma de los organismos multilaterales y ordenar y crear un mundo multipolar en un horizonte a mediano plazo.

En ese sentido, la política exterior del Brasil en los últimos años, busca la autonomía y la integración, en vez de una autonomía aislacionista, procura una autonomía de acción articulada con el medio internacional, buscando la realización de sus intereses.


Publicado originalmente en El Universal

sábado, 18 de octubre de 2014

Venezuela en el Consejo de Seguridad


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela ha sido electa por quinta ocasión como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para el período 2015-2016. Al respecto, resulta importante realizar algunas consideraciones. En primer lugar, es una noticia que debe embargarnos de alegría a todos los venezolanos, ya que denota la importancia de Venezuela a nivel regional y su peso intermedio a nivel global –como medida de comparación, España también acaba de ser electa por quinta vez-; siendo además una oportunidad para desarrollar una posición de Estado que permita dejar huella en la resolución pacífica de los conflictos y en el tratamiento constructivo de problemas globales apremiantes, denotando nuestro carácter como país amante de la paz. No obstante, existen fundados temores de que esto no sea así, y que el gobierno utilice el asiento como caja de resonancia para su discurso anti-estadounidense y anti-capitalista radical bien conocido, lleno de estridencias y posturas maniqueas y parcializadas en los complejos conflictos abiertos –de Ucrania a Palestina y Siria. De ser cierto esto último, constituiría un error y se perdería una gran ocasión para aumentar el prestigio de Venezuela.

En segundo lugar, resulta interesante que Venezuela ganó su asiento prácticamente sin oposición -181 votos a favor, 1 en contra, 10 abstenciones y 1 voto nulo. Esto implica que la candidatura venezolana recibió total respaldo de América Latina y El Caribe, lo que está asociado tanto a un capital relacional acumulado en los últimos 15 años, como a la influencia importante –aunque mermada- de Venezuela en el nuevo orden regional y al apoyo de Brasil a la candidatura venezolana desde que ocupaba la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR –la cual entregó en julio pasado. En este sentido, la diplomacia venezolana tuvo un punto de partida excepcional para hacer cabildeo con países de otras regiones hasta alcanzar mucho más votos de los dos tercios requeridos.

EEUU, por su parte –y a diferencia de 2006-, se limitó  a criticar el déficit democrático de Venezuela y su comportamiento contrario al espíritu de la Carta de Naciones Unidas, pero no utilizó a fondo sus contactos diplomáticos para bloquear la candidatura venezolana en la Asamblea General. Cabe destacar, que la Administración Obama ha descuidado la región porque tiene otras prioridades –y esto continuará hasta que abandone la Casa Blanca en enero de 2017, debido a la campaña abierta contra el Estado Islámico de Irak y Siria. Asimismo, la Administración Obama no desea polarizar con Caracas como lo hizo la Administración Bush; y realiza una última apuesta por normalizar las relaciones diplomáticas con el nuevo Encargado de Negocios, Lee McClenny, quien llegó a Caracas en agosto pasado. Las críticas a la candidatura venezolana deben leerse en clave individual, ya que la Embajadora Samantha Power tiene un Doctorado en Derechos Humanos y es una gran activista; y en clave de política interna, ante unas elecciones legislativas de medio término a tiro de piedra y un conjunto de senadores republicanos presionando al Secretario de Estado, John Kerry, para que tratara de impedir la llegada de Venezuela al Consejo de Seguridad.

Washington solicitó a Bogotá que intentara romper el consenso regional en torno a la candidatura venezolana, pero el Presidente Santos no tenía interés en confrontar a Venezuela, ya que es un país acompañante de la mesa de diálogo de paz con las FARC en La Habana y se sigue apostando por rescatar el comercio bilateral –ahora afectado por la lucha de Venezuela contra el contrabando. Ya existen suficientes perturbaciones en la relación como para añadirle un elemento más; más aún cuando no existe interés de parte de otros países latinoamericanos ni una voluntad clara de EEUU. En consecuencia, no se puede decir que el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad es un “rotundo triunfo” contra una “campaña imperialista”, aunque si debe decirse que es un éxito diplomático.

En tercer lugar, hay que señalar que debería revisarse la posición nacional en diferentes conflictos que marcan la agenda actual, donde se ha tenido una actitud sesgada y extremista que no abona a la búsqueda de soluciones diplomáticas creativas para fortalecer la paz y seguridad internacionales. Asumir una posición anti-estadounidense, anti-israelí e izquierdista radical no representa a todos los venezolanos ni tampoco ese voto latinoamericano que debe honrarse. En este sentido, hay una gran oportunidad para ejercer una posición equilibraba y constructiva, en consulta amplia y permanente con sectores nacionales y regionales, aprovechando la presencia de Ecuador, Uruguay y Argentina, en las presidencias pro-témpore de la CELAC, UNASUR y MERCOSUR, respectivamente. Debe evitarse caer en la tentación de utilizar el Consejo de Seguridad como megáfono para la pugnacidad, la destemplanza y el tremendismo con el único propósito de atraer reflectores, ocupar titulares de prensa, y tratar de desviar la atención de la opinión pública nacional de problemas urgentes como la crisis económica actual que podría agravarse con la caída de precios del petróleo que estamos experimentando. Ya Rusia y China se ocupan perfectamente de bloquear con su veto iniciativas de EEUU; de manera, que una posición confrontativa está de sobra y no aporta estratégicamente nada relevante.

En cuarto lugar, necesario subrayar que el gobierno debe, por coherencia, acatar todas las recomendaciones que los distintos órganos, programas y grupos técnicos de Naciones Unidas le han dado. Por tanto, nuestra llegada al Consejo de Seguridad es también una oportunidad para reactivar el diálogo, y propiciar el encuentro y la reconciliación de todos los venezolanos. No olvidemos que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha hecho llamados a retomar el diálogo; el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de DDHH ha llamado a la liberación de Leopoldo López y Daniel Ceballos; y otros órganos han realizado observaciones sobre importantes violaciones a los DDHH en el país.

Finalmente, resulta fundamental para poder desarrollar esta posición de Estado, pragmática, equilibrada, conciliadora y constructiva, designar un diplomático con formación y experiencia. Respecto a esto sería totalmente inadecuado darle esa responsabilidad a María Gabriela Chávez –como ha trascendido-, quien no tiene la preparación necesaria para interactuar en forma efectiva con otros embajadores como los de Rusia y China, Vitali Churkin y Wang Min respectivamente –ambos internacionalistas y diplomáticos de carrera-, o la citada Samantha Power. El Presidente Maduro bien haría en considerar asignar esta responsabilidad a un embajador experimentado como Alfredo Toro Hardy –quien actualmente se encuentra en un destino poco relevante como Singapur.

@kenopina

martes, 6 de mayo de 2014

Relato de un Náufrago: 1 año de política exterior de Maduro



Dr. Kenneth Ramírez
 
El primer año de Nicolás Maduro en materia de política exterior, trae a la memoria la obra Relato de un Náufrago del inmortal Gabriel García Márquez: “En todo momento traté de defenderme. Siempre encontré un recurso para sobrevivir, un punto de apoyo, por insignificante que fuera, para seguir esperando”.
 
Tras el naufragio que supuso la muerte de Chávez y el agotamiento del modelo económico socialista, la política exterior de Maduro ha estado conformada por acciones erráticas, de quien se aferra a una balsa a la deriva, defendiéndose día a día de los peligros del mar abierto y los trucos que juega la soledad –entre ellos la evasión hacia tiempos pretéritos-, teniendo como único objetivo sobrevivir.
 
A efecto de análisis, podemos dividirla en tres etapas que corresponden a las crisis políticas que ha encarado desde que le fue impuesta la banda tricolor y sintió todo el peso de la desolación sobre sus hombros. La primera etapa se extiende desde su asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril de 2013 –horas antes de su juramentación- para discutir la tensión política posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio de 2013 –donde asumió la presidencia del bloque a pesar de las objeciones de Paraguay-; caracterizada por un gran activismo para lograr reconocimiento y legitimidad, así como desactivar cualquier apoyo a las denuncias de fraude de la oposición. Aquí destacan la reunión Jaua-Kerry al margen de la 43° Asamblea General de la OEA en Antigua (Guatemala) y la audiencia de Maduro con el Papa Francisco, ambas en junio de 2013.
 
La segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio de 2013 hasta su asistencia a la II Cumbre de la CELAC celebrada en La Habana el 28 y 29 de enero de 2014, caracterizada por el retraimiento y la reivindicación del legado de Chávez –que llevó a una crisis diplomática con EEUU tras la expulsión de la Encargada de Negocios, Kelly Keiderling-, debido a su necesidad de ganar las elecciones municipales del 8-D convertidas en plebiscito por la oposición.
 
Tras salir airoso, Maduro convocó la II Cumbre ALBA-PETROCARIBE en Caracas el 17 de diciembre de 2013, con el propósito de renovar sus alianzas regionales, impulsar una zona económica integrada al MERCOSUR, e intentar llenar así de cierto contenido a una presidencia pro-témpore venezolana que ha sido absolutamente grisácea –incluso no ha podido celebrarse la cumbre semestral. Asimismo, realizó su tercer viaje a Cuba el 21 de diciembre de 2013, con el propósito de conmemorar el 9° aniversario de la ALBA. En enero, volvió a La Habana para participar en la II Cumbre de la CELAC como mecanismo de concertación política regional. Dicha cita supuso un éxito para la diplomacia cubana, mientras Maduro tuvo una participación anodina, más allá de aceptar un homenaje a Chávez y asumir como bandera la descolonización de Puerto Rico -a pesar de los resultados del referéndum consultivo boricua del 6 de noviembre 2012 que fueron ampliamente favorables a la anexión a EEUU (61,1%). Así, desaprovechaba una vez más, la oportunidad de promover temas de interés nacional como el reclamo del Esequibo y la defensa de nuestra Fachada Atlántica.
 
Fueron días sosegados que le permitían soñar con relanzar la política exterior de Chávez; una de esas alucinaciones que padecen los náufragos cuando el mar les da tregua: “No sé cuánto tiempo estuve así, embotado, con la alucinación de la fiesta (...) Sólo sé que de pronto di un salto (…) Entonces vi, a unos metros de la balsa, una enorme tortuga amarilla con una cabeza atigrada (…) me preparé para la lucha, con ese monstruo o con cualquier otro que tratara de voltear la balsa”.
 
Finalmente, la tercera etapa estuvo marcada por la diplomacia defensiva frente a la ola de protestas que ha sacudido Venezuela desde febrero de 2014, la cual despertó a Maduro del espejismo festivo -como lo hizo la tortuga gigante con el personaje de García Márquez. La retórica diplomática venezolana convirtió dichas protestas en un “golpe de Estado suave” llevado a cabo por “grupos fascistas” instigados por el “imperialismo norteamericano”. Desde el sesgo ideológico, poco importa la inconformidad con el deterioro de la situación país, así como tampoco el terrible saldo represivo: 41 víctimas, cientos de heridos y miles de detenciones.
 
Para imponer su tesis, Maduro paralizó la OEA –evitando la activación de la Carta Democrática Interamericana-, invisibilizó la CELAC y dejó UNASUR como única opción a la cual recurrir a conveniencia. Para ello, llevó al límite su sistema de alianzas PETROCARIBE-ALBA-MERCOSUR y entró en nuevos conflicto diplomáticos con EEUU y Panamá. Además, logró obtener un conjunto de declaraciones de organismos regionales que favorecieron sus argumentos e hicieron vagos llamados al diálogo –sendos comunicados UNASUR/MERCOSUR del 16 de febrero de 2014, el comunicado CELAC del 18 de febrero de 2014 e incluso la Declaración 51(1957/14) de la OEA del 7 de marzo de 2014, entre otros.
 
No obstante, la continuidad de las protestas y las denuncias de los excesos represivos, empezaron a generar una actitud más crítica en la región –incluso de conspicuos aliados como Brasil-, lo cual desembocó en una Reunión de Cancilleres de la UNASUR en Santiago de Chile el pasado 12 de marzo, en lugar de la cumbre presidencial que deseaba Maduro. Esto terminó desembocando en dos visitas de una Comisión de Cancilleres de la UNASUR -26 de marzo y 7 de abril-, que gracias al esfuerzo y creatividad diplomática lograron allanar el camino para el diálogo entre Maduro y la oposición aglutinada en la MUD, con los cancilleres de Brasil, Colombia, Ecuador y el Nuncio Apostólico como testigos de buena fe. Dicho diálogo arrancó de forma prometedora, pero lamentablemente -tres semanas después- no se han producido gestos concretos que lo hagan creíble. EEUU se ha mantenido silente, aunque ya ha asomado que presiona tras bambalinas, y su disposición a imponer sanciones de no alcanzarse resultados.
 
Hay quienes temen que el diálogo sea una estratagema de Maduro para dividir la oposición, apaciguar la calle y legitimarse a nivel externo: una reedición de la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002-2003. No obstante, esto implicaría una nueva alucinación, que obviaría las diferencias de ambas situaciones, y entre ellas, la falta de carisma de Maduro y el agotamiento del modelo económico. En consecuencia, toda playa que no implique una rectificación como la recomendada por el Ex-Presidente Lula, constituye una nueva y costosa trampa de los sentidos: “Ya me sentía sin fuerzas y, sin embargo, aún no veía la tierra. Entonces volvió a invadirme el terror: acaso, ciertamente, la tierra había sido otra alucinación (…) Ya había nadado mucho. Era imposible regresar en busca de la balsa".
 
@kenopina