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miércoles, 26 de agosto de 2015

Impacto petrolero del "nuevo" Canal de Suez


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 6 de agosto se realizó la fastuosa inauguración del “nuevo Canal de Suez” por el Presidente de Egipto, General Abdel Fatah al-Sissi. Se trata en realidad de una ampliación del histórico Canal construido entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo en 1869, que consta de una nueva ramificación de 35 kilómetros y una ampliación de 37 kilómetros de la vía original -que contaba con 163 kilómetros. La primera inauguración en plena Era Victoriana, reunió al compás de Giuseppe Verdi, al Valí de Egipto, Mohamed Said Pasha, con la esposa de Luis Napoleón Bonaparte y Emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo; el Emperador de Austria y Rey de Hungría, Francisco José I Habsburgo; y el Rey de Prusia y futuro Emperador de Alemania, Guillermo I Hohenzollern. En la segunda inauguración, el General al-Sissi sólo contó con el Presidente de Francia, François Hollande; el Primer Ministro de Rusia, Dimitri Medvédev; y algunos mandatarios árabes y africanos. La primera inauguración dio paso a una auténtica revolución del comercio mundial; mientras la segunda ha dado paso a grandes interrogantes. 

La ampliación del Canal de Suez fue hecha en menos de un año con un costo de 8,6 millardos de dólares, y hará posible el tráfico bidireccional y una reducción del tiempo de tránsito de 18 a 11 horas, pero no ha elevado el máximo tonelaje aceptable. El gobierno egipcio espera que duplique el tránsito desde 43 buques/día en la actualidad hasta 97 buques/día en 2023, lo cual aumentará la recaudación por concepto de derechos de tránsito desde 5,5 millardos de dólares en 2014 hasta 13,2 millardos de dólares en 2023. Sin embargo, los expertos señalan que estas expectativas son muy optimistas. En lugar de un cuello de botella, las estadísticas reflejan un crecimiento más lento del comercio mundial, que el Fondo Monetario Internacional ubica en un promedio de 3,4% en el período 2007-2016, en comparación al 7% en la década anterior. Además, aunque el tonelaje total se ha venido recuperando después de la crisis económica mundial, el número de buques aún sigue 20% por debajo de su nivel en 2008. Asimismo, muchos consideran que el tráfico es más sensible a los derechos de tránsito.

En 2014, el Canal de Suez fue utilizado para transportar 3,7 millones de barriles diarios (MMBD) de petróleo y productos derivados; lo cual representa 9% del volumen comercializado por vía marítima y 4,6% de la producción petrolera mundial. Un aumento respecto a los 1,8 MMBD de 2009 y 2,97 MMBD de 2012. Los mayores volúmenes han sido de petróleo -2,1 MMBD rumbo a Europa y EEUU-, y productos -1,6 MMBD, sobre todo de fuel oil y nafta, rumbo a Asia.

La industria petrolera no espera ningún cambio significativo derivado de la ampliación del Canal de Suez. Actualmente, los buques petroleros VLCC totalmente cargados no pueden navegar por el Canal, y por ello deben descargar parte del crudo que transportan en Ain Sukhna en el Mar Rojo, el cual es trasladado a través del oleoducto SUMED hasta Sidi Kerir en el Mar Mediterráneo, donde los buques deben proceder a recargar una vez realizada su travesía. El Canal de Suez ampliado no permitirá que los buques VLCC naveguen con plena carga, por lo que las empresas petroleras tendrán que seguir utilizando el oleoducto SUMED para transportar cargamentos de más de 1 millón de barriles. Ergo, la industria petrolera no gozará de ningún beneficio concreto. Adicionalmente, el aumento de la demanda petrolera en las próximas décadas se centrará en Asia, y en concreto en India y China, y no se necesitará del Canal.

El mercado de productos derivados nunca ha estado restringido por las limitaciones del Canal de Suez, debido a los buques más pequeños que son utilizados, y los agentes esperan que los flujos comerciales sigan siendo los mismos. Pero existe la preocupación por un aumento de los derechos de tránsito que afecte la cadena de costos. Además, algunos envíos de productos podrían hacerse en el futuro desde el Golfo de México hasta Asia-Pacífico gracias a la proyectada expansión del Canal de Panamá, con ahorro de tiempo y dinero.

Por otra parte, 10% de todo el comercio de gas natural licuado -1,2 billones de pies cúbicos- se realizó en 2014 a través del Canal de Suez. Sin embargo, los buques más grandes Q-Max y Q-Flex seguirán siendo incapaces de utilizar el Canal ampliado si están a plena capacidad, y la opción de cargar y descargar no es rentable. Esto resulta una verdadera limitante para construir un verdadero mercado global de gas, que el proyecto egipcio ha obviado. Además, los flujos han caído un 8% desde 2011, debido a la “revolución de los esquistos” en EEUU.

En consecuencia, la ampliación del Canal de Suez junto a la construcción de un “Nuevo Cairo” en pleno desierto –que contempla un Parque Central que dobla al de Nueva York y un parque de diversiones cuatro veces más grande que Disneylandia-, forma parte de la agenda de obras faraónicas poco justificadas con las cuales el General al-Sissi -que obtuvo el poder tras el golpe de Estado contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes en julio de 2013- pretende legitimarse internamente evocando a Gamal Abdel Nasser –fundador del Egipto moderno al socaire de la nacionalización del Canal de Suez en 1956-, así como proyectar internacionalmente un “Egipto estable” tras la “tumultuosa Primavera Árabe”. Empero, los problemas de competitividad económica, desempleo, ineficiencia burocrática, corrupción y falta de libertades que originaron la caída de Mubarak en 2011 subsisten. Como bien señaló Karl Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, los grandes hechos y personajes de la historia aparecen, como si dijéramos dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa. Gran advertencia en contra de la imitación para todos los políticos del Mundo. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2015 es 1956 o 1869. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

miércoles, 15 de julio de 2015

Túnez: La lucha por ser el Oasis en el Desierto


Lic. Iván Rojas Álvarez

En diciembre de este año se cumplirán 5 años del inicio del fenómeno que todos conocemos como la Primavera Árabe. De toda esa explosión de protestas y demostraciones en las calles y plazas del Medio Oriente, sólo un Estado ha sido capaz de transitar a la democracia en una revolución mayormente civil y pacífica, lo cual más de un “analista” pensó sucedería en toda la región sin mayores traumas. La República Tunecina ha redactado una constitución, pasado ya por dos elecciones pacíficas, presidenciales y legislativas, además de tener dos partidos bastante diferentes, el Ennahda, islamista moderado, y Nidaa Tounes, secular, que han competido durante estos años por la preponderancia de la escena política sin los choques ni la violencia que, por ejemplo, han plagado el intento democrático fallido en Egipto.

Pero como es bien sabido la pequeña República Norafricana ha sido golpeada ya dos veces este año por ataques terroristas de inmensa cobertura mediática, el ataque al Museo Nacional del Bardo en marzo y el ataque en la ciudad de Sousse hace apenas un par de semanas, los cuales dejaron 22 y 38 fallecidos respectivamente, en su mayoría turistas extranjeros. Estos ataques revelan que a pesar de los avances que Túnez ha tenido en materia política, está lejos de tener una situación realmente estable, y es que el país enfrenta una cantidad de retos bastante importantes que tiene que superar para poder convertirse en el Estado pujante y tranquilo que está en toda capacidad de ser.

Habría que mencionar primero a grandes rasgos porque Túnez pudo donde Siria, Egipto y Libia han fallado; y es que este país tenía la combinación de tradición secular, nivel educativo alto, relaciones con los Estados europeos, e institucionalidad remotamente desarrollada que los otros sencillamente no tenían, además del hecho de ser un Estado territorialmente más pequeño, lo cual facilita que los movimientos consoliden su presencia en todo el país, a diferencia de Libia donde el aislamiento y las distancias han generado gobiernos paralelos y territorios rebeldes.

En este mismo orden de ideas vale aclarar que antes de la llamada Revolución de los Jazmines, que sacó del poder a  Zine El Abidine Ben Ali, Túnez era considerada una de las economías más competitivas de África, y uno de los Estados con mejor nivel de vida de Medio Oriente, excluyendo a las monarquías del Golfo.

Sin embargo el país enfrentaba, y aún enfrenta de hecho, altas tasas de desempleo, sobre todo desempleo juvenil, amplia corrupción administrativa, un sistema monetario que no fomentaba la producción nacional y un Estado policial y represivo que no pudo sostenerse ante la explosión revolucionaria. Muchos de estos problemas han sido tratados de solucionar por el actual gobierno, encabezado por el Presidente Baji Caid Assebsi, sin llegar al éxito esperado, lo cual muchos concuerdan es parte de la razón por la cual ha habido un auge en los ataques terroristas en el país, además del hecho de que Túnez es el Estado que más combatientes extranjeros ha proveído a las filas de ISIS, una cifra que ronda 3000 ciudadanos.

En estos momentos el país se encuentra en Estado de emergencia debido al ataque terrorista más reciente, se han hechos múltiples arrestos, se ha allanado mezquitas no autorizadas que supuestamente han extendido mensajes de violencia, e incluso se ha declarado el plan de construir un muro que cierre la frontera con la vecina Libia, actualmente un Estado fallido donde ISIS ha encontrado áreas donde establecer operaciones, y en donde se estima que los dos perpetradores del ataque al Museo del Bardo recibieron entrenamiento.

Pero la pregunta es qué otras medidas puede el gobierno generar para defenderse de la inestabilidad que acecha toda la región, pues a pesar de que las pérdidas humanas son infinitamente más importantes, no se puede dejar de apreciar el golpe que un solo ataque, perpetrado por un solo hombre, ha hecho al turismo del país, en donde playas rebosantes de turistas europeos se han convertido en un campo de arena vacío con tumbonas y sombrillas regadas por doquier, lo cual representará millones de dólares en pérdidas para el país.

Habría que ver este problema como uno integral, en donde medidas puramente económicas o puramente de seguridad no van a ser suficientes, ni tampoco se le puede abordar como un problema solamente tunecino, pues todos estamos más que consientes de la situación actual de toda la región. Entonces el gobierno debe comenzar por profundizar las medidas que dinamicen la economía, sobre todo la agricultura, industria y minería, que tienen capacidad exportadora, y que están deprimidas en la actualidad por problemas como la sobrevaluación de la moneda y la falta de cultura competitiva debido a los controles de importación aún en pie que son heredados del gobierno anterior.

En el plano de la seguridad, se debe caminar por la fina línea que divide a un Estado eficiente en la persecución y captura de sospechosos y criminales, con la de retroceder en el proceso de apertura del país y volver a las prácticas represivas del pasado, debate que hemos visto llevarse con bastante controversia en el parlamento desde el año pasado, y que los ataque terroristas en 2015 han dado fuerzas renovadas. Además, Túnez debe aprovechar sus buenas relaciones con Occidente para coordinar mayor apoyo internacional en su lucha contra el extremismo, pues como los recientes ataques terroristas en Siria, Kuwait y Francia demuestran, esta es una amenaza transnacional, y ningún Estado está preparado para afrontarla en solitario.

La República Tunecina debe continuar el lento proceso de limpieza y afinación institucional que todo régimen en transición a la democracia debe llevar a cabo, pues la corrupción, el clientelismo y otros males de la administración pública no hacen sino sembrar desconfianza y resentimiento en el gobierno, el cual ya ha generado rechazo en la juventud del país, la misma que tomo las calles en primer lugar. Para finalizar habría que decir que, más allá de ciertas circunstancias coyunturales de la región, este país no está pasando por un proceso tan diferente al que otros Estados en procesos de transición han experimentado, por ejemplo Venezuela en 1958 enfrentó muchísimos problemas políticos e incluso experimentó varios intentos de golpes de Estado antes de cumplir su primera década como Estado democrático. Entonces, el camino es complicado, el proceso es lento, pero existen todas las herramientas para que el legado de Mohamed Bouazizi y la revolución de los Jazmines perduren.

@IvanRojas92

miércoles, 8 de abril de 2015

Yemen en clave petrolera


Dr. Kenneth Ramírez

En febrero de 2012, Yemen era citado con optimismo como un capítulo de la “Primavera Árabe”, ya que las protestas populares debilitaron a Alí Abdullah Saleh, quien había gobernado con puño de hierro como Presidente de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) desde 1978, y como Presidente de la República de Yemen después de la unificación –el país estuvo dividido entre 1918 y 1990. La renuncia de Saleh terminó concretándose tras una intensa mediación del Consejo de Cooperación del Golfo –por sus siglas en inglés, GCC- liderado por Arabia Saudita, país vecino que tiene una gama de intereses en Yemen. En primer lugar, Riad ha maniobrado para mantener la “Primavera Árabe” fuera de la Península Arábiga, ya que amenaza su propia estabilidad política; y de hecho, mil soldados sauditas fueron enviados a sofocar el levantamiento de la mayoría shiíta contra la monarquía sunita de Bahréin en 2011. Además, tanto en Bahréin como en Yemen, Arabia Saudita –como líder de los musulmanes sunitas- busca evitar que los levantamientos de la población shiíta sean aprovechados por su rival geopolítico Irán –como líder de los musulmanes shiítas. En tercer lugar, Riad necesita combatir de grupos terroristas desde Al-Qaeda en la Península Arábiga –que se declaró responsable del atentado contra Charlie Hebdo- hasta grupos que le han jurado fidelidad al ISIS, los cuales operan en el Sur de Yemen y amenazan la legitimidad religiosa del Rey de Arabia Saudita como “Guardián de las Dos Sagradas Mezquitas”. Finalmente, Riad necesita asegurar el Estrecho de Bab el-Mandeb que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén -el cual es flanqueado por Yemen-, y por donde pasan 3,8 millones de barriles diarios de petróleo.

Con la salida de Saleh, su Vicepresidente Mansour Hadi, formó un gobierno de unidad e instaló entre marzo de 2013 y enero de 2014, la Conferencia para el Diálogo Nacional de Yemen. No obstante, no pudo resolver la crucial definición de una estructura del Estado. Mientras que los secesionistas del Sur quieren dividir Yemen en dos regiones bajo la hegemonía sureña, los grupos del Norte se posicionan a favor de una federación de seis regiones y un equilibrio de poder. No es coincidencia que en el Sur se encuentre la mayor parte de sus 3 millardos de barriles de reservas de petróleo y sus 17 billones de pies cúbicos de gas natural, que aunque son insignificantes si se compara con las que poseen sus vecinos del Golfo, son claves para el segundo país más pobre del Mundo árabe.

Los Houthis, marginados por ser acusados como agentes de Irán, han luchado para obtener más poder para los zaydíes –secta shiíta que se concentra en el Norte de Yemen y que representa 45% de la población. Se alzaron en armas en 2004, en un conflicto que se extendió hasta 2009, cuando se produjo una intervención puntual saudita. En agosto de 2014, consiguieron capitalizar la indignación por los recortes en los subsidios a los combustibles, y emprendieron una ola de protestas –con la ayuda de su otrora enemigo Saleh que busca regresar al poder y facilitó la movilización de parte de la mayoría sunita. El 21 de septiembre de 2014, se firmó el Acuerdo Nacional para la Paz y el Reparto del Poder, bajo el auspicio de la ONU. El Presidente Mansour Hadi permanecería en el cargo hasta que la nueva Constitución federal fuera aprobada, se restablecería los subsidios y se celebrarían elecciones. Empero, los Houthis reanudaron las protestas y tomaron la capital Saná, el 19 de enero de 2015. Mansour Hadi se declaró víctima de un golpe de Estado y pidió la intervención de la ONU y el GCC.

Ante todo esto, Arabia Saudita decidió la semana pasada emprender la “Operación Tormenta Decisiva”, que implica un bombardeo a gran escala, seguido de una invasión terrestre –que aún no se ha producido-, para debilitar a los Houthis y reinstalar a Mansour Hadi en Saná. Para ello, Riad ha dispuesto 150 mil soldados y 100 cazabombarderos, y cuenta con el apoyo de una amplia coalición que agrupa al GCC –excluyendo Omán-, Jordania, Marruecos, Pakistán, Egipto y Sudán, además del respaldo diplomático de EEUU y Turquía que culpó directamente a Irán de esta nueva crisis. Aunque era de esperar una respuesta saudita, sobre todo porque la toma del poder de los Houthis podría darle a Irán presencia en las dos riberas del Estrecho Bab el-Mandeb –Teherán ha venido fortaleciendo vínculos con Djibouti y Eritrea-, así como una cabecera de playa en la Península Arábiga; lo que resulta muy llamativo es el creciente militarismo de las petro-monarquías del GCC, que siempre habían optado por utilizar aliados o la diplomacia financiera masiva en estos conflictos. Detrás de este nuevo enfoque, se encuentra el nuevo Rey Salman, quien impulsa la constitución de un bloque sunita conservador y militante para llenar el vacío que está dejando la menor disposición de EEUU a intervenir en la región, frenar la proyección geopolítica de Irán, sofocar impulsos revolucionarios árabes y combatir grupos terroristas: El “Invierno Sunita” como punto final de la “Primavera Árabe” y el ascenso de Irán.

Aunque los bombardeos han generado un repunte leve –en torno a 5%- de los precios del petróleo, debido a la preocupación por Bab el-Mandeb, lo cierto es que los rebeldes yemenitas no tienen capacidad para afectarlo; y ya buques sauditas, egipcios y estadounidenses lo resguardan. Empero, todo esto no deja de ser muy peligroso, ya que más allá de la soterrada lucha Riad-Teherán en todo el arco shiíta, la presencia saudita en Yemen podría desembocar en una amenaza mucho más tangible para el principal productor petrolero de la OPEP: Miles de yihadistas alimentando a Al-Qaeda y al ISIS en su frontera Sur, dado que el premio ahora sería la lucha directa contra lo que tipifican como el “régimen apóstata” de Riad.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina


lunes, 4 de agosto de 2014

Israel-Hamás: La Guerra de los Siete Años





Dr. Kenneth Ramírez

Desde la expulsión de Fatah y la toma de Gaza por Hamás en 2007, Israel ha establecido un bloqueo absoluto sobre este pequeño territorio de 360 kilómetros cuadrados donde viven apilados 1,8 millones de palestinos, y lo ha invadido en tres ocasiones: Operación Plomo Fundido (2008), Operación Pilar Defensivo (2012) y Operación Margen Protector (2014). Para Israel se trata de extirpar un “grupo terrorista”, mientras para Hamás se trata de una “guerra santa” de resistencia contra el “enemigo sionista”. Dos visiones extremistas y excluyentes del otro, que se han empecinado en luchar una guerra asimétrica que ya dura siete largos años –un capítulo propio dentro del largo conflicto árabe-israelí-, donde los precarios altos al fuego como el que fue alcanzado a última hora del pasado jueves a instancias del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no se traducen en acuerdos de paz duraderos. Una y otra vez acusaciones recíprocas sobre quién ha empezado, una y otra vez sangrientos combates, declaraciones incendiarias y gran sufrimiento para la población asediada –esta vez con un terrible saldo de 1428 palestinos muertos y 8265 heridos en 24 días-, que terminan en una precaria tregua unilateral o negociada hasta la nueva escalada.
 
Sin importar la superioridad militar de Israel y su avanzado sistema anti-misiles “Cúpula de Hierro”, y por más contundente que sea la destrucción que genere en Gaza, Hamás no será eliminado. Tanto Israel como Hamás se necesitan, ya que han sustituido la política por la guerra. Demonizar al enemigo, jugar con el temor y el resentimiento hacia el otro, y asumir una postura de superioridad moral, genera réditos políticos en cada bando. Netanyahu se convierte en el hombre fuerte de la política israelí y garantiza que un debilitado Hamás gobierne Gaza sin que esta se convierta en un caos yihadista, mientras a su vez debilita a Fatah y justifica la ausencia de concesiones en la mesa de negociaciones de paz que israelíes y palestinos instalan cada cierto tiempo debido a la presión internacional. Muchos recordarán que Israel facilitó la formación de Hamás como contrapeso a Fatah y el liderazgo de Arafat en los años ochenta. Por su parte, Hamás brinda a los famélicos palestinos victorias morales y el sufrimiento que pueda perpetrar al enemigo en cada incursión –63 soldados israelíes muertos y 150 heridos en esta ocasión, mucho más que en las anteriores invasiones- como sustituto tanto de una victoria definitiva que no pueden alcanzar, como de una gestión pública eficiente y un bienestar social que no pueden proporcionar. Los dos se odian, y se necesitan.
 
No obstante, Netanyahu le hace un flaco favor a la causa israelí invadiendo a Gaza cada dos o tres años; mientras Hamás hace lo propio con la causa palestina al mantener la división con Fatah –que controla la Autoridad Nacional Palestina desde Cisjordania-, así como al provocar o responder a los envites de Netanyahu.
 
A todo lo expuesto se le ha añadido otro elemento que atiza el conflicto: los recursos de hidrocarburos de la Cuenca de Levante -que el Servicio Geológico de EEUU estima en 1,7 millardos de barriles de petróleo y 122 billones de pies cúbicos de gas natural-, que comparten tanto Israel como El Líbano y Palestina –sobre todo a través de la fachada marítima de Gaza. Aunque modestos –al compararlos con reservas como las que posee Venezuela-, estos recursos son lo suficientemente atractivos para que Israel busque como mínimo evitar que los correspondientes a Gaza –con un valor estimado de 7 millardos de dólares- sean explotados por los palestinos, y como máximo utilizarlos en su propio beneficio. De manera que mantener el conflicto en Gaza sirve para evitar su explotación, lo cual Fatah desde la Autoridad Nacional Palestina ha estado a punto de lograr en varias ocasiones, llegando incluso a sostener conversaciones a principios de 2014 con el Presidente Putin y la empresa rusa Gazprom. Este resultado tampoco lo desea Hamás, que tiene interés en capitalizar estos recursos en su beneficio exclusivo.
 
Hay una sola salida para este conflicto. Las partes y los mediadores deben utilizar este nuevo cese al fuego como impulso definitivo del proceso de paz, lo cual implica reanudar las negociaciones para la creación de un Estado palestino con las fronteras de 1967, y el compromiso de los miembros del denominado Cuarteto para Medio Oriente (Naciones Unidas, EEUU, la Unión Europea y Rusia) de usar toda su influencia para impedir otro fracaso. Además, es necesario un ambicioso programa de reconstrucción de Gaza y de mejora de sus condiciones sociales. Esto supone el fin del bloqueo, la reconciliación entre Hamás y Fatah en el marco de las instituciones del nuevo Estado palestino, la explotación de los recursos de hidrocarburos presentes en los territorios palestinos en beneficio de su pueblo y la inserción de Palestina en el Mundo. A cambio, Hamás debe desarmar Gaza bajo supervisión internacional, y Fatah debe controlar los pasos fronterizos.
 
Israel no puede continuar con la guerra con Hamás sin erosionar su legitimidad internacional; y Hamás no puede continuar jugando con fuego, ya que la permanente división de las facciones palestinas no contribuye a materializar el Estado palestino y las revueltas árabes desde 2011 le han hecho perder aliados. El mayor revés fue la caída de Mohamed Morsi y la ilegalización de los Hermanos Musulmanes en El Cairo –rama ideológica a la cual pertenece Hamás-, lo cual ha llevado al Egipto de Al-Sissi a proponer altos al fuego claramente desfavorables a Hamás en esta tercera invasión a Gaza, y al duro silencio de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Jordania, quienes temen revueltas instigadas por los Hermanos Musulmanes en sus respectivos países. Por otra parte, la guerra civil siria hizo que Hamás tuviera que tomar parte por la mayoría sunita en contra de Assad. Esto significó la ruptura de su alianza histórica con Irán y el distanciamiento con la milicia shiíta libanesa Hezbollah. Todo ello ha generado el aislamiento regional de Hamás, que hoy por hoy, sólo cuenta con el apoyo de Qatar y Turquía. Aunque se estima que este nuevo conflicto de Hamás con Israel podría acercarle a Irán, no parece fácil debido a la lucha regional abierta entre sunitas y shiítas.
 
Venezuela puede contribuir desde Naciones Unidas en los esfuerzos internacionales que permitan un cambio en la dinámica actual, para lo cual debe evitar seguir teniendo posturas parcializadas en este conflicto. Asimismo, a través de la recientemente creada Petro-Palestina, Venezuela podría facilitar cooperación e intercambio de experiencias para contribuir al desarrollo de los hidrocarburos presentes en Palestina y la transformación de estos recursos naturales en oportunidades de desarrollo y beneficios sociales para el pueblo palestino.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios
@kenopina

viernes, 17 de enero de 2014

El fin del experimento democrático en Egipto


Dr. Kenneth Ramírez
Los egipcios se han dirigido a las urnas esta semana para votar una nueva constitución -la segunda en poco más de un año-, la cual pretende legitimar el golpe de Estado del 3 de julio de 2013 contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes.
En el referéndum constitucional de 2012 se produjo una participación de 33% del padrón electoral, con una votación a favor del “Sí” de 64%; mientras en el referéndum constitucional de 2014, las cifras que se han adelantado a través de los medios de comunicación oficiales apuntan a una participación de 37%, con más del 90% de los votos a favor del “Sí”. En consecuencia, los resultados de este referéndum constitucional de 2014 llaman mucho la atención, ya que con una participación ligeramente superior al anterior –a pesar del llamamiento al boicot de los Hermanos Musulmanes-, se está hablando de un altísimo porcentaje a favor del “Sí”, lo cual recuerda las elecciones fraudulentas de los tiempos de Mubarak -quien casi siempre obtenía 90% o más de los votos. De manera que, la nueva Constitución nace bajo el signo de la sospecha y la exclusión, proporcionando un aval limitado al golpe de Estado de 2013.
Así parece cerrarse, al menos por ahora, el primer experimento democrático en la historia del país del Nilo. Recordemos que las masivas protestas de los egipcios desde la Plaza Tahrir -con ayuda de la presión externa sobre el Ejército- lograron la caída del dictador Mubarak en 2011, para luego volver a propiciar el derrocamiento del Presidente Morsi electo democráticamente en 2013. Esto último, con la ayuda del Ejército y los jueces -miembros del “Estado Profundo”-, los cuales esperaron el momento propicio para retomar el poder.
El problema en resumen, fue que la celebración de elecciones democráticas en Egipto no llevó a un demócrata al poder. Mohamed Morsi en particular y los Hermanos Musulmanes en general, fallaron las pruebas más básicas de la apertura y diálogo, y más preocupante aún fueron sus ataques al Estado de Derecho y al laicismo. Todo lo cual aunado a la incompetencia para luchar contra la crisis económica e incapacidad para alcanzar acuerdos con el Ejército, reactivaron las protestas en la Plaza Tahrir y desembocaron en un nuevo golpe.
Muchos aplaudirán la nueva Constitución de Egipto por la retirada del islamismo. Recordemos que la Constitución de 2012 impulsada por Morsi consagraba la jurisprudencia de la Sharia como fuente de derecho y otorgaba a la institución teológica Al Azhar la potestad de interpretarla, lo cual generó preocupación y descontento. Pero lo que la Constitución de 2014 le falta de islamista, le sobra en nuevos instrumentos para apoyar el regreso de la dictadura militar.
Hoy por hoy, el General Abdel Fatah al-Sissi –líder militar del golpe contra Morsi- se ha convertido en el nuevo hombre fuerte de Egipto, y parece estar sopesando presentarse a las elecciones presidenciales que se celebrarán en breve con la imagen de un “nuevo Nasser”. Su voluntad y los intereses del Ejército están detrás de la nueva Constitución que limita las protestas pacíficas, la disidencia y el activismo político. A partir de ahora, el Ministro de la Defensa y el presupuesto militar serán responsabilidad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, escapando de cualquier control parlamentario. Esto por no hablar, del amplio margen que tendrán los tribunales militares para enjuiciar a civiles, la imposibilidad de formar partidos políticos de base religiosa y de recibir fondos externos.
El Ejército se ha esforzado en fortalecer la sensación de orden, reprimiendo las protestas –lo cual ha llegado incluso al allanamiento de universidades-, y criminalizando a los Hermanos Musulmanes como terroristas, siendo ahora nuevamente como en los tiempos de Mubarak los culpables de todos los males de Egipto. Sin embargo, todo esto, resulta una afrenta para aquellos que están cansados ​​de vivir bajo el yugo de la opresión militar y han aprendido el valor de la protesta. Asimismo, resulta muy peligroso, ya que los Hermanos Musulmanes como organización disciplinada con gran penetración social y pericia en la resistencia contra la dictadura, podrían radicalizarse y generar una espiral de violencia en un Medio Oriente convulso.
Por el momento, muchos egipcios han decidido que vale la pena echar por la borda sus libertades a cambio de la estabilidad y laicismo que promete la nueva Constitución. EEUU y Europa parecen mirar hacia otro lado, mientras las petro-monarquías del Golfo y Bashar al-Assad desde Siria -por paradójico que parezca- aplauden el nuevo orden egipcio. Turquía como aliado de los Hermanos Musulmanes ha quedado aislada, tras la abdicación del Emir de Qatar.
¿Será el Egipto de Sissi más estable que el Egipto de Mubarak? En el largo plazo no parece que sea así. Los ingredientes que generaron la Primavera Egipcia en 2011 -detención arbitraria, estancamiento económico, alto desempleo y la corrupción- permanecen. Y los Hermanos Musulmanes y demás islamistas descontentos no se quedarán de brazos cruzados. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2014 es 1956. Entonces, ¿qué debe hacer la Comunidad Internacional? La respuesta parece clara: impulsar una reconciliación nacional y redoblar su apoyo a liberales e islamistas moderados que lideraron la Plaza Tahrir.
La cancillería venezolana debe tomar nota de esto y diseñar una estrategia coherente, evitando seguir dando bandazos respecto a Egipto como lo ha hecho desde 2011, bien por razones del debate político doméstico como por una política exterior anti-estadounidense automática e irreflexiva.
Recordemos que el finado Presidente Chávez y el otrora Canciller Maduro recibieron la caída de Mubarak con simpatía inicial al ser un aliado de EEUU; pero luego la calificaron de “golpe de Estado” y optaron por el recelo, cuando analistas políticos empezaron a establecer comparaciones entre la situación política de ambos países. La llegada de Morsi al poder fue percibida con cierta cautela por su apoyo a los rebeldes sirios contra Assad, pero luego la cancillería venezolana empezó a percibirlo con cierto interés cuando estrechó vínculos con Irán y lucía más autónomo frente a EEUU. Finalmente, las nuevas comparaciones que quisieron establecerse entre ambos países a raíz del golpe contra Morsi en 2013, llevaron al ya Presidente Maduro a retirar a nuestro Embajador Victor Carazo; para meses después pasar a designar como nuevo Embajador venezolano a Juan Antonio Hernández y manifestar su voluntad de estrechar las relaciones bilaterales, cuando afloraron diferencias entre el nuevo gobierno egipcio tutelado por el Ejército y EEUU por la dura represión de los Hermanos Musulmanes, y cuando se produjo un nuevo acercamiento entre El Cairo y Damasco. En definitiva, una política errática que debe corregirse.
@kenopina

viernes, 25 de octubre de 2013

Irán: un nuevo camino

 
Embajador (r) Julio César Pineda
 
Arabia Saudita ha sorprendido al mundo con la renuncia al puesto en el Consejo de Seguridad, que recientemente había conquistado a pesar del interés que había manifestado para formar parte del más importante órgano de decisión de la ONU.

La molestia la justificaba por la necesaria reforma del actual sistema de Naciones Unidas y especialmente los cambios en el Consejo de Seguridad, para servir a la paz y la seguridad internacionales. Criticaba la ausencia de una solución justa y permanente a la causa palestina luego de 65 años de confrontaciones, como la ineficacia de este organismo frente al "gobierno de Siria" que "mata y quema a su pueblo con armas químicas"; y la incapacidad de la ONU para implementar una región libre de armas de destrucción masiva, seguramente refiriéndose a Israel e Irán. Esto ratifica la actitud asumida en la 68 Asamblea General, cuando el canciller de Arabia Saudita sin previo aviso retiró su derecho de palabra en el tradicional discurso que pronuncian los Jefes de Estado y los ministros de Relaciones Exteriores. Tratándose del mayor productor y exportador de petróleo y un cercano aliado de Washington, llama la atención y obliga a una explicación. La monarquía saudita está molesta con la diplomacia de Barack Obama en el Medio Oriente, especialmente con el acercamiento y el diálogo con el nuevo presidente iraní Hassan Rouhani. Irán es la expresión opuesta del Islam sunita que dirige la casi totalidad de Estados árabes, el arco chiíta manejado por Teherán tiene una fuerte presencia en Siria, pero también en Iraq y una importante representación en el Líbano con el Hezbolá, por eso las críticas de Riad, que hubiera preferido el ataque militar contra Siria y una línea más fuerte contra los Hermanos Musulmanes en Egipto.

El calentamiento de los vínculos diplomáticos entre Teherán y Washington no solo preocupa a Arabia Saudita y a otros gobiernos árabes que ven el régimen iraní como rival político-hegemónico y como factor religioso y etnocéntrico. En muchos de los gobiernos árabes sunitas, hay fuertes contestaciones chiítas que miran siempre hacia Teherán.

Paradójicamente la nueva política de Arabia Saudita la acerca a Israel, frente al deshielo diplomático de Washington y Moscú. El Primer Ministro Netanyahu ha advertido, que a diferencia de Ahmadinejad que era un lobo vestido de lobo, Rouhani se presenta como un lobo vestido de cordero, y que lo que está tratando al ofrecer el diálogo a Occidente, es ganar tiempo para su programa nuclear militar, Israel no olvida la amenaza de Ahmadinejad de borrar al Estado judío del mapa. Sin embargo el Ministro israelí de Finanzas Yair Lapid, recomendó a su pueblo estar abierto a todas las negociaciones, para soluciones pacíficas e incluso criticó la orden de Netanyahu de retirar sus diplomáticos de la sala de ONU cuando hablaba el presidente Rouhani. Siempre Israel ha afirmado la posibilidad de un golpe preventivo, para impedir el acceso de Irán al arma nuclear. Con Barack Obama ha habido discrepancias también en relación a su propuesta de un Estado Palestino independiente en Cisjordania, región ocupada por Israel.

Estuvimos presentes en Nueva York en esta Asamblea General que marca una nueva era en las relaciones internacionales, con un nuevo espíritu de diálogo y de cooperación. Todo producto del discurso del presidente Hassan Rouhani, cuando tendió su mano y ofreció el diálogo y la negociación al mundo occidental. Seguimos la respuesta favorable del presidente Barack Obama primero en los medios de comunicación y luego la llamada telefónica de 15 minutos al Presidente Rouhani, rompió el hielo de 34 años desde la última llamada del presidente Carter al Sha de Irán, días antes de su derrocamiento.

Un proyecto de paz entre Washington y Teherán ayuda como estamos viendo a resolver el caso sirio, con un primer paso en la destrucción de las armas químicas, donde Rusia y China en armonía con Irán, se han puesto de acuerdo con Francia, Inglaterra y EEUU. El 23 de noviembre será la Conferencia de Paz de Siria. Pero también puede ayudar a una solución definitiva del diferendo palestino-israelí y de otras confrontaciones en el Medio Oriente, donde es posible que ahora Irán no sea visto como una amenaza para Occidente, ni para sus vecinos árabes e Israel. El nuevo gobierno iraní debe dar garantía de uso pacífico del átomo y facilitar los controles internacionales de su industria nuclear, como lo hacen los 60 Estados que desarrollan la energía nuclear con fines pacíficos.

América Latina y particularmente Venezuela no puede estar ajena a estos cambios en el sistema internacional.
 
Publicado originalmente en El Universal

sábado, 17 de agosto de 2013

La tormenta egipcia



Dr. Kenneth Ramírez
La “Primavera Árabe” en 2011, que abrió tantas esperanzas con la caída del rais Hosni Mubarak, ha dado paso a una tormenta de arena en Egipto. El 3 de julio de 2013, con la deposición del primer mandatario escogido en elecciones democráticas, Mohamed Morsi, a manos del Ejército y con el respaldo de parte de la población, ha abierto un escenario de gran incertidumbre y violencia. El gobierno interino encabezado por el juez Adly Mansour y respaldado por el Ejército no ha iniciado un nuevo proceso de transición inclusivo, sino que ha intentado imponerse por la fuerza, tal como demuestra la escalada de víctimas en las protestas: 36 muertos el 5 de julio, 50 muertos el 8 de julio, 80 muertos el 27 de julio, y finalmente, la masacre de más de 600 muertos el pasado 14 de agosto.

En respuesta, el Presidente Obama canceló un ejercicio militar conjunto con el Ejército egipcio, previsto para el próximo mes, y ha asomado como amenaza tácita que la ayuda militar estadounidense -1,3 millardos de dólares- podría ser congelada. Esto constituye una dura amenaza a los líderes de Egipto, en particular para el poderoso Ejército y su Comandante, el General Abdel Fatah al-Sissi, que arriesgan un importante aliado que le proporciona entrenamiento y fondos.
Empero, la situación sigue siendo un problema difícil para EEUU, que quiere seguir teniendo en Egipto un aliado, ya que es el país más poblado del Mundo árabe, y resulta clave para garantizar la seguridad de Israel y tener acceso al Canal de Suez –que junto al oleoducto SUMED, facilitaron el tránsito de 3 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados en 2012. La Administración Obama aceptó, pero nunca se hizo grandes ilusiones, con el depuesto Presidente Morsi debido a su islamismo político. Cuando los militares derrocaron a Morsi, EEUU se abstuvo de calificarlo como “un golpe de Estado”, para evitar un congelamiento automático de la ayuda bilateral y tener margen para influir en los acontecimientos. Recientemente, EEUU ha señalado que si bien Morsi fue elegido democráticamente, su gobierno no era incluyente y no respetaba las opiniones de todos los egipcios. Es decir, tenía legitimidad democrática de origen pero había perdido legitimidad democrática de ejercicio, un tema sumamente complicado que está demostrando cada vez más que requiere reflexión y desarrollo en los organismos internacionales. Sin embargo, la Administración Obama tomando en cuenta la gran penetración social y representatividad política de los Hermanos Musulmanes, instó al gobierno interino y al Ejército a llamar a la reconciliación nacional, pero éste último ha lanzado en lugar de ello, una ofensiva para afirmarse en el poder, hasta el punto de tener que volver a imponer el estado de emergencia por un mes, el cual recuerda a los egipcios los días de la dictadura de Mubarak.
La UE ha condenado la violencia y ha llamado a la moderación. Pero los aliados internacionales de los Hermanos Musulmanes, y sobre todo, el Primer Ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha sido más estridente al señalar que EEUU y la Unión Europea están “a punto de fallar la prueba de la democracia” en el Medio Oriente, y ha llamado a su Embajador a consultas. Además, a instancias de Erdogan se ha efectuado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la Presidencia pro témpore argentina ha llamado a poner fin a la violencia y ejercer la máxima moderación.
Venezuela ha retirado su Embajador en Egipto, Victor Carazo, este 16 de agosto y ha abogado por el regreso de Morsi al poder. Esto además de irrelevante y utópico a estas alturas, nos hace tomar partido innecesariamente y nos coloca una vez más en la otra acera de Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes –porque seguimos respaldando a Assad en Siria. Esto ya ha generado una reducción de nuestro margen de maniobra en la OPEP, cuando justamente nuestra posición geográfica nos invita a mediar al surgir conflictos entre nuestros socios petroleros que puedan menoscabar la cohesión política de la Organización. Lo idóneo es respaldar desde la ONU, los esfuerzos de la Comunidad Internacional para buscar el cese de la violencia, la reconciliación y una transición política pacífica en Egipto.
De hecho, EEUU, la Unión Europea, Emiratos Árabes y Qatar han realizado gestiones diplomáticas para alcanzar un compromiso entre el gobierno interino y los Hermanos Musulmanes desde la salida de Morsi, pero han sido hasta ahora en vano.
En todo el Mundo, desde China hasta España, han llamado al diálogo. Alemania y Francia han anunciado que revisarán sus relaciones con El Cairo. Pero la presión internacional se ha mostrado hasta ahora insuficiente. El Ejército egipcio ha cruzado la línea de lo tolerable con el propósito de mantener sus privilegios como “Estado profundo”: a fin de cuentas ellos han gobernado el país del Nilo desde el derrocamiento del Rey Faruk en 1952. El gobierno interino ha insistido en que tiene una hoja de ruta para el retorno de Egipto a la democracia a través de elecciones dentro de seis meses, aunque muchos, y en especial los Hermanos Musulmanes después de la masacre, dudan de que esto se cumpla realmente.
La figura clave es el General al-Sissi, quien con la popularidad que le dio la deposición de Morsi y la fuerza de las armas, es el actual hombre fuerte de Egipto. No obstante, justo por esto, quizás el General al-Sissi ya esté pensando en permanecer en el poder. Bien sabe que EEUU le necesita y Arabia Saudita –incómoda con los ensayos democráticos tras la “Primavera Árabe”- puede ofrecerle ayuda financiera al menos temporalmente. Además, la historia reciente de Egipto le puede estar tentando a creerse el siguiente en la línea de los rais militares después de Nasser, Sadat y Mubarak. Sin embargo, las numerosas víctimas deberían prevenirle contra cualquier ilusión de regresión autoritaria.
A menos que Turquía y Qatar como aliados de los Hermanos Musulmanes, y Arabia Saudita, Emiratos Árabes y EEUU como aliados del Ejército, junto a la Unión Europea, presionen con contundencia hacia un compromiso político efectivo en torno al cese la violencia, la adopción de una constitución inclusiva y la celebración de elecciones libres y justas en el primer trimestre de 2014, Egipto puede descarrilarse irremediablemente. La tormenta de arena abriría así paso al peor escenario: un caluroso verano marcado por la guerra civil, cuyas consecuencias se sentirán en todo el Medio Oriente y el Mundo.

miércoles, 3 de julio de 2013

¿No supo Egipto digerir la democracia?


M.Sc. Belén González

Ya es historia que las protestas de enero de 2011 en Egipto, generaron en apenas 18 días, y en el marco de la llamada Primavera Árabe, un cambio político que se inició con la salida del poder de Hosni Moubarak, quien por 30 años presidió un país donde el 40% de sus 80 millones de habitantes vivía con tan sólo dos dólares o menos al día. Tras la entrega del gobierno al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, la Junta Militar disolvió el Parlamento, suspendió la Constitución y se anunció el llamado, por primera vez, a elecciones libres en un plazo de 6 meses, lapso que se cumplió con cierta dificultad.
 
Fue así como, un año después, Mohamed Morsi, llegó al poder con un 51,9% de los votos, al mismo tiempo se instaló formalmente un Parlamento resultado de elecciones libres, una institución de dos Cámaras y 508 integrantes. El Partido Libertad y Justicia que representa a los Hermanos Musulmanes, alcanzó 235 escaños, le siguió el movimiento Al Nur, de lo salafistas, ala radical de los sunies, con 123 parlamentarios, mientras que los liberales del partido Wafd, el más antiguo de Egipto, apenas lograron 38 curules, lo mismo que los independientes y otras fuerzas menores de carácter laico.
 
Ahora bien, el flamante nuevo gobierno, encabezado por Morsi, se encargó de promocionar una reforma constitucional que, en lugar de calmar un país hastiado de una pésima calidad de vida, solo generó nuevas protestas populares y caos en las calles. El nuevo texto favorecía enormemente a los Hermanos Musulmanes y daba poderes ilimitados a las fuerzas militares, que incluían la posibilidad de arrestar civiles por la fuerza y otras prerrogativas, lo que solo generaba más temores, dudas y rechazo. Pero además la propuesta fue aprobada en un referéndum popular con un 64% aunque solo contó con la participación del 32,9% del electorado.
 
No es un secreto que el sectarismo de los Hermanos Musulmanes y su incapacidad más que probada para compartir el poder, se sumaron a la aguda crisis económica, y es que desde finales de 2012 la Libra egipcia se ha devaluado un 10%, el desempleo supera el 20% y las reservas de divisas extranjeras se han desplomado más de un 60% desde principios de 2011. Una sumatoria de desatinos ha sembrado en la población la sensación de que los viejos problemas no desaparecieron con la nueva democracia; la escasez de productos, la inseguridad, el mal funcionamiento de los servicios públicos, la corrupción, el abuso de poder de los aliados islamistas, forman parte del rosario de razones que esgrimen los ciudadanos al manifestar su descontento.
 
Pero además, el componente religioso no ayudó, no en vano siempre se dijo que sería difícil encontrar el equilibrio entre los musulmanes moderados y los salafistas. Ciertamente el nacimiento de la democracia en Egipto generaba enormes expectativas para los países de la región y para el mundo, pero aprender a vivir en un sistema desconocido no resulta sencillo, en especial, cuando millones de ciudadanos se sienten defraudados tras una lucha que costo literalmente sangre, sudor y lágrimas. Esta nación vive hoy una enorme y colectiva decepción, lo peligroso es que aún no se sabe si es de la democracia o de la persona a quien correspondió dar los primeros pasos. Pan, justicia y libertad, principios de la revolución de 2011 no encontraron respuesta en el gobierno de Mohamed Morsi, por eso, a muchos no les extraña el desenlace.
 
Hace ya varias semanas que la emblemática Plaza Thair, en El Cairo, se convirtió de nuevo en el epicentro del descontento, las manifestaciones de calle, dejaban al gobierno un sinsabor y la certeza de que se vivían días frágiles, pero Morsi no daba su brazo a torcer, a pesar de que incluso su gabinete lo estaba dejando solo. Cuando la situación se hizo realmente critica, le tocó de nuevo a los militares un rol protagónico, dieron al mandatario un plazo de 48 horas para responder al clamor popular, pero este lo ignoró, y fue así como con los tanques en las calles, el jefe del Ejército, Abdel Fattah al Sisi, Ministro de Defensa, jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y antiguo líder de la inteligencia militar del país, anunció a través de la televisión estatal que ya Morsi no era presidente y que se suspendía la Constitución.

Los militares egipcios se han desplegado en las calles para ponerse de lado de los ciudadanos en 1977, 1987 y 2011, y aunque nunca tomaron acciones directas, es un hecho que, en esta oportunidad, estamos ante un Golpe de Estado que se ha justificado como una respuesta a la lucha popular. Abdel Fattah al Sisi anunció además que habrá elecciones presidenciales y parlamentarias a la brevedad posible, y mientras se diseña la arquitectura de un nuevo proceso de consulta popular, el vicepresidente del Tribunal Constitucional, Adly Mansur, nacido en 1945 y graduado en Leyes en 1967, se encargará de la presidencia durante el periodo de transición, a pesar de que un altísimo porcentaje de la población no tiene idea de quién es él.
 
Este miércoles 3 de julio de 2013, con los acontecimientos en desarrollo, ya se cerraron los medios de comunicación de corte religioso, especialmente los manejados por los Hermanos Musulmanes, se suspendieron las garantías, se dieron los primeros enfrentamientos violentos con muertos incluidos, y se prohibió a los más relevantes islamistas, entre ellos al ahora ex mandatario, abandonar el país. Todo esto mientras Morsi, declaraba a través de un comunicado que "Todos los ciudadanos, civiles y militares, líderes y soldados, deben comprometerse con la Constitución y la ley y no deben responder a este golpe de Estado". Sin embargo, los sucesos no parecen respetar el hecho cierto de que él llegó al poder como resultado de un proceso electoral legal y legítimo.
 
En la plaza Tahrir el ambiente es festivo, plagado de banderas, vuvuzelas, tarjetas rojas para decirle adiós a Morsi, láseres y fuegos artificiales, pero en contraparte, en la plaza Rabea al Adauiya, decenas de miles de seguidores del depuesto Morsi llaman a viva voz a la idea de un millón de mártires, insistiendo en que están dispuestos a morir, de allí que entre la celebración y la tensión, el principal temor sea que se desate la violencia, y con ella llegue un nuevo baño de sangre.
 
El futuro democrático del país, cuenta con cierta fortaleza a pesar del crítico momento, considerando que la Hoja de Ruta presentada por las Fuerzas Armadas, que incluye un gobierno provisional de tecnócratas civiles, una nueva Constitución y la convocatoria a nuevas elecciones, cuenta con el apoyo de Mohamed el Baradei, portavoz de la oposición, del máximo representante sunita, el jeque de la institución islámica de Al Azhar, Ahmed al Tayeb, y del Papa copto, Teodoro II. Esta es una historia en desarrollo, la gran pregunta sobre el futuro de la democracia en Egipto es: ¿A quién respaldarán los ciudadanos con su voto?, y no solo hablamos de un hombre, sino de una visión del islam, moderada o radical.