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miércoles, 15 de julio de 2015

Túnez: La lucha por ser el Oasis en el Desierto


Lic. Iván Rojas Álvarez

En diciembre de este año se cumplirán 5 años del inicio del fenómeno que todos conocemos como la Primavera Árabe. De toda esa explosión de protestas y demostraciones en las calles y plazas del Medio Oriente, sólo un Estado ha sido capaz de transitar a la democracia en una revolución mayormente civil y pacífica, lo cual más de un “analista” pensó sucedería en toda la región sin mayores traumas. La República Tunecina ha redactado una constitución, pasado ya por dos elecciones pacíficas, presidenciales y legislativas, además de tener dos partidos bastante diferentes, el Ennahda, islamista moderado, y Nidaa Tounes, secular, que han competido durante estos años por la preponderancia de la escena política sin los choques ni la violencia que, por ejemplo, han plagado el intento democrático fallido en Egipto.

Pero como es bien sabido la pequeña República Norafricana ha sido golpeada ya dos veces este año por ataques terroristas de inmensa cobertura mediática, el ataque al Museo Nacional del Bardo en marzo y el ataque en la ciudad de Sousse hace apenas un par de semanas, los cuales dejaron 22 y 38 fallecidos respectivamente, en su mayoría turistas extranjeros. Estos ataques revelan que a pesar de los avances que Túnez ha tenido en materia política, está lejos de tener una situación realmente estable, y es que el país enfrenta una cantidad de retos bastante importantes que tiene que superar para poder convertirse en el Estado pujante y tranquilo que está en toda capacidad de ser.

Habría que mencionar primero a grandes rasgos porque Túnez pudo donde Siria, Egipto y Libia han fallado; y es que este país tenía la combinación de tradición secular, nivel educativo alto, relaciones con los Estados europeos, e institucionalidad remotamente desarrollada que los otros sencillamente no tenían, además del hecho de ser un Estado territorialmente más pequeño, lo cual facilita que los movimientos consoliden su presencia en todo el país, a diferencia de Libia donde el aislamiento y las distancias han generado gobiernos paralelos y territorios rebeldes.

En este mismo orden de ideas vale aclarar que antes de la llamada Revolución de los Jazmines, que sacó del poder a  Zine El Abidine Ben Ali, Túnez era considerada una de las economías más competitivas de África, y uno de los Estados con mejor nivel de vida de Medio Oriente, excluyendo a las monarquías del Golfo.

Sin embargo el país enfrentaba, y aún enfrenta de hecho, altas tasas de desempleo, sobre todo desempleo juvenil, amplia corrupción administrativa, un sistema monetario que no fomentaba la producción nacional y un Estado policial y represivo que no pudo sostenerse ante la explosión revolucionaria. Muchos de estos problemas han sido tratados de solucionar por el actual gobierno, encabezado por el Presidente Baji Caid Assebsi, sin llegar al éxito esperado, lo cual muchos concuerdan es parte de la razón por la cual ha habido un auge en los ataques terroristas en el país, además del hecho de que Túnez es el Estado que más combatientes extranjeros ha proveído a las filas de ISIS, una cifra que ronda 3000 ciudadanos.

En estos momentos el país se encuentra en Estado de emergencia debido al ataque terrorista más reciente, se han hechos múltiples arrestos, se ha allanado mezquitas no autorizadas que supuestamente han extendido mensajes de violencia, e incluso se ha declarado el plan de construir un muro que cierre la frontera con la vecina Libia, actualmente un Estado fallido donde ISIS ha encontrado áreas donde establecer operaciones, y en donde se estima que los dos perpetradores del ataque al Museo del Bardo recibieron entrenamiento.

Pero la pregunta es qué otras medidas puede el gobierno generar para defenderse de la inestabilidad que acecha toda la región, pues a pesar de que las pérdidas humanas son infinitamente más importantes, no se puede dejar de apreciar el golpe que un solo ataque, perpetrado por un solo hombre, ha hecho al turismo del país, en donde playas rebosantes de turistas europeos se han convertido en un campo de arena vacío con tumbonas y sombrillas regadas por doquier, lo cual representará millones de dólares en pérdidas para el país.

Habría que ver este problema como uno integral, en donde medidas puramente económicas o puramente de seguridad no van a ser suficientes, ni tampoco se le puede abordar como un problema solamente tunecino, pues todos estamos más que consientes de la situación actual de toda la región. Entonces el gobierno debe comenzar por profundizar las medidas que dinamicen la economía, sobre todo la agricultura, industria y minería, que tienen capacidad exportadora, y que están deprimidas en la actualidad por problemas como la sobrevaluación de la moneda y la falta de cultura competitiva debido a los controles de importación aún en pie que son heredados del gobierno anterior.

En el plano de la seguridad, se debe caminar por la fina línea que divide a un Estado eficiente en la persecución y captura de sospechosos y criminales, con la de retroceder en el proceso de apertura del país y volver a las prácticas represivas del pasado, debate que hemos visto llevarse con bastante controversia en el parlamento desde el año pasado, y que los ataque terroristas en 2015 han dado fuerzas renovadas. Además, Túnez debe aprovechar sus buenas relaciones con Occidente para coordinar mayor apoyo internacional en su lucha contra el extremismo, pues como los recientes ataques terroristas en Siria, Kuwait y Francia demuestran, esta es una amenaza transnacional, y ningún Estado está preparado para afrontarla en solitario.

La República Tunecina debe continuar el lento proceso de limpieza y afinación institucional que todo régimen en transición a la democracia debe llevar a cabo, pues la corrupción, el clientelismo y otros males de la administración pública no hacen sino sembrar desconfianza y resentimiento en el gobierno, el cual ya ha generado rechazo en la juventud del país, la misma que tomo las calles en primer lugar. Para finalizar habría que decir que, más allá de ciertas circunstancias coyunturales de la región, este país no está pasando por un proceso tan diferente al que otros Estados en procesos de transición han experimentado, por ejemplo Venezuela en 1958 enfrentó muchísimos problemas políticos e incluso experimentó varios intentos de golpes de Estado antes de cumplir su primera década como Estado democrático. Entonces, el camino es complicado, el proceso es lento, pero existen todas las herramientas para que el legado de Mohamed Bouazizi y la revolución de los Jazmines perduren.

@IvanRojas92

jueves, 12 de junio de 2014

EEUU, Libia y la sombra del yihadismo


Victor Hugo Matos

Desde la llegada de Barack Obama a la presidencia, uno de los pilares sobre los que ha querido sustentar su política exterior es la idea de que EEUU debe plantear una nueva aproximación hacia el Medio Oriente; sobre todo, después del fiasco de las intervenciones militares en Irak y Afganistán, que han dejado 8000 bajas. A partir de esto, el hecho de que el inicio de su primer mandato coincidiera con la eclosión de la “Primavera Árabe” -que generó expectativas optimistas respecto a una posible democratización del Medio Oriente-, fue aprovechado por la Casa Blanca como una oportunidad para corregir el rumbo y rescatar la imagen de EEUU en la región, lo cual ya había comenzado con el discurso de Obama en la Universidad de El Cairo.

Siendo esta la base de la nueva política de Obama hacia Medio Oriente, fue la desestabilización temprana del régimen libio la que convirtió a este país en el campo de pruebas de una nueva estrategia del Departamento de Defensa y la Casa Blanca, de realizar intervenciones limitadas sustentadas en la acción conjunta con miembros de la OTAN y apoyando a elementos locales sobre el terreno,  sumado a la búsqueda de apoyo de la Comunidad Internacional, la cual quedó plasmada en la Resolución 1973 (2011) del Consejo de Seguridad que enmarcó dicha intervención. No obstante, en retrospectiva, se hacen palpables las interrogantes de cuáles fueron los intereses concretos de EEUU en dicha operación, en la medida en que la movilización de recursos operativos realizada por EEUU no se correspondía con la reducida importancia que tenía Libia mas allá de su posesión de petróleo, armas químicas y una alicaída influencia en África y el Mundo árabe,  sobre todo si se toma en cuenta el reposicionamiento de Gaddafi después del 11-S, y la cooperación entre los gobiernos europeos y Trípoli en materia energética y comercial con Italia como principal socio -mucho mayor que la participación de EEUU en este sentido.

A pesar de ser una de las intervenciones más limpias de EEUU desde la Guerra del Golfo, los años subsecuentes a la misma han demostrado que la caída de Gaddafi no necesariamente ha implicado un cambio positivo para Libia,  sobre todo cuando dicho país se ha transformado en un clásico Estado fallido, donde las milicias armadas ostentan más poder real que los miembros del recién reformado ejército libio, sobre todo cuando las mismas han tomado desde hace casi un año, el control de las terminales más importantes hasta provocar una drástica caída de sus exportaciones petroleras.

Además de las milicias, Libia se ha convertido en un eje para la actividad yihadista en la zona,  lo que quedó evidenciado con el ataque al consulado estadounidense de Bengasi en 2012 realizado por Ansar-Al Sharia, un grupo asociado a Al-Qaeda, que además mantiene contactos irregulares con otros grupos presentes en territorio libio como Al Qaeda del Magreb Islámico,  Al Qaeda de la Península Arábiga y miembros de la brigada Al-Mulathameen -conocido grupo terrorista argelino. Añadido a esto, el propio gobierno libio sufre una profunda división entre sus filas, donde desde hace algunas semanas el general retirado Jalifa Hifter -exiliado hasta 2011 en EEUU- se ha alzado en armas contra el gobierno libio, ya que  considera que este ha hecho poco por desarmar a las milicias que se han incorporado dentro del ejército regular y que considera extremistas apoyados directamente por  el gobierno libio de Ahmed Maiteq, lo que lo ha llevado a atacar tanto el Parlamento libio, por considerarlo influenciado por fuerzas islamistas, como a campamentos militares tales como el de la Brigada de Mártires del 17 de Febrero, que fue bombardeado el pasado 27 de mayo.

Dados todos estos elementos, cabe preguntarse si la Administración Obama habrá cometido en Libia los mismos errores que cometió la Administración Bush en Afganistán e Irak, al asumir que un Estado con una debilidad institucional tan clara,  claramente dividido en estamentos tribales y extremadamente dependiente del liderazgo carismático, podía  realizar una transición rápida hacia un sistema con al menos algunos rasgos de gobernabilidad democrática; cuando es claro,  que el gobierno de transición libio no entendió las necesidades y deseos de los  habitantes de Misrata o Bengasi, quienes rechazaron el nuevo modelo político centralista que se ha querido imponer desde Trípoli.

Es inevitable asumir entonces, que poco a poco Libia se está convirtiendo en un riesgo de seguridad  para sus propios ciudadanos y el Mediterráneo, en la medida en que el factor desestabilizador de las milicias y los grupos yihadistas vinculados a Al-Qaeda pueden ir transformando a Libia en una nueva Somalia o Yemen, donde la violencia y el derramamiento de sangre están a la orden del día. A esto se le añade el impacto negativo que está teniendo la situación en Estados vecinos, como fue la movilización hacia Mali de miembros de la etnia Tuareg aliados de Gaddafi y que fue un factor clave durante la breve existencia del Estado Islámico de Azawad, o también el hecho de que algunos terroristas argelinos usen el territorio libio como santuario –recordemos el ataque a la planta de gas ubicada en In Amenas (Argelia), el 16 enero de 2013, donde murieron al menos 67 rehenes.

Lo que sí es cierto, es que Libia estará presente en los intereses de EEUU, dado las consecuencias potencialmente negativas para la seguridad de Europa, África, y Medio Oriente, sobre todo por la posibilidad de convertirse en un corredor para elementos yihadistas como Al Qaeda y sus afiliados, Boko Haram de Nigeria o Al-Shabab de Somalia, que podrían afectar los frágiles gobiernos africanos y plantearse ataques en territorio europeo. Por otra parte, las inmensas reservas de petróleo y gas de Libia, la convierten en clave para una seguridad energética europea que hoy por hoy se encuentra amenazada por los sueños neo-imperiales de Putin en Europa del Este. Además, queda claro que la actuación de la Administración Obama hacia Libia seguirá siendo debatida en el seno de la política estadounidense, con la posibilidad de que sea uno de los temas claves en las próximas elecciones presidenciales, pudiendo llegar a ser una piedra en el zapato para las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton en 2016, dado el puesto que ocupaba durante el ataque al consulado de Bengasi.

miércoles, 14 de mayo de 2014

La incógnita petrolera libia



Dr. Kenneth Ramírez

En 2014, existen 6 grandes factores que están afectando el mercado petrolero: la crisis de Ucrania, la incertidumbre sobre la demanda china, las negociaciones nucleares con Irán, la revolución de esquistos en EEUU, la producción de Irak excediendo la Era Hussein y la incertidumbre sobre las exportaciones de Libia.
Después del derrocamiento de Gaddafi en octubre de 2011 por los rebeldes agrupados en el Consejo Nacional de Transición (CNT) -tras 8 meses de guerra civil y gracias al apoyo de la OTAN-, la situación de Libia ha ido evolucionando negativamente hasta casi convertirse en un Estado fallido. En los últimos 3 años, se ha convertido en una fuente de armas ilícitas, alimentando conflictos regionales e incluso el terrorismo en el Mediterráneo y el Sahel. Más de 2 millones de libios siguen en el exilio, muchos países han cerrado sus embajadas, las líneas aéreas han dejado de operar y la producción petrolera ha disminuido.
Las brechas sectarias han aumentado en un país poco cohesionado tras la experiencia colonial italiana (en las regiones de Tripolitania en el Oeste y Cirenaica en el Este) y francesa (región de Fezzam en el Sur), la posterior monarquía Sanusi, y el largo autoritarismo de Gaddafi. En consecuencia, no ha sido posible crear instituciones que superen estas barreras tradicionales (regionales y tribales), lo que redunda en la debilidad del actual gobierno.
En julio de 2012, Libia eligió el Congreso Nacional General (CNG) que sustituyó al CNT, y tenía como principal misión la redacción de una constitución en el plazo de un año. Empero, el CNG ha estado desbordado por las luchas internas, la corrupción y la acción de las milicias que se resisten a su desarme e integración a las fuerzas de seguridad. La falta de resultados ha llenado de ira y frustración a la mayoría de los libios. A finales de 2013, una ola de manifestaciones generó un llamado a elecciones legislativas y presidenciales anticipadas para junio de 2014.
Asimismo, en un esfuerzo por encarrilar la transición, se eligió la Asamblea Constituyente el 20 de febrero de 2014, sobre la base de la fórmula territorial de 1951 (20 miembros para cada  región), las cuales tuvieron muy baja participación producto del desencanto popular y la violencia. La Asamblea debe entregar un proyecto de Constitución en un plazo de 4 meses, para luego someterla a referéndum. Esto luce difícil por las diferentes visiones de árabes y beréberes, federalistas y nacionalistas, laicos e islamistas, así como las divisiones tribales.
Por otra parte, el bloqueo de las grandes terminales petroleras en el Golfo de Sirte (Es Sider, Ras Lanuf, Zueitina y Marsa al-Hariga) desde julio de 2013 por la milicia Barqa, para pedir mejoras salariales y autonomía para Cirenaica -que concentra dos tercios de la producción petrolera libia y que muchos entendieron como un llamado camuflado a la independencia-, ha causado la interrupción de buena parte de las exportaciones petroleras –98% de los ingresos nacionales- debilitando aún más el gobierno y la industria petrolera; justo cuando Libia se acercaba al nivel de producción anterior a la caída de Gaddafi: 1,6 millones de barriles diarios (MMBD). Según la OPEP, en octubre de 2013 la producción libia había descendido a 513 mil barriles diarios (MBD), mientras en marzo de 2014 se ubicó en 241 MBD.
El 11 de marzo de 2014, el conflicto se agudizó, cuando la milicia Barqa decidió vender sin autorización un primer cargamento de crudo al buque pirata de bandera norcoreana Morning Glory, en la terminal de Es Sider. El barco tuvo que ser rescatado finalmente por fuerzas especiales estadounidenses en Chipre, y el Primer Ministro Alí Zeidan fue removido del cargo. Asimismo, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 2146 (2014) presentada por EEUU el 19 de marzo, para prohibir la exportación ilegal de hidrocarburos desde Libia.
El pasado 6 de abril, ante la amenaza del uso del Ejército con el apoyo de fuerzas especiales de EEUU para reabrir las terminales, fue alcanzado un acuerdo mediante el cual el gobierno se comprometió a no usar la fuerza, a retirar acusaciones judiciales, así como pagar los salarios caídos de la milicia Barqa. A cambio, las terminales serían desbloqueadas. De acuerdo a la empresa petrolera libia NOC, a mediados de abril empezaron los despachos desde Marsa al-Hariga (capacidad 110 MBD), y a principios de mayo desde Zueitina (capacidad 70 MBD). La cuestión es: ¿Continuarán aumentando la producción y exportaciones de Libia?
En un escenario optimista o “Nueva Libia”, la producción y exportaciones petroleras se recuperan rápidamente como ocurrió después de la caída de Gaddafi, cuando -para sorpresa de muchos- la producción ascendió desde 86 MBD en septiembre de 2011 a 1 MMBD en enero de 2012, y desde allí hasta 1,4 MMBD en agosto de 2012. En este escenario, la producción aumentaría rápidamente hasta alrededor de 1 MMBD en el tercer trimestre de 2014; 1,4 MMBD en el tercer trimestre de 2015; y 1,8 MMBD en 2017. Aquí, la incorporación de 24 mil soldados y policías que están siendo entrenados por la Unión Europea y EEUU, para fortalecer al gobierno frente a las milicias y garantizar las operaciones petroleras, resulta clave. Libia recuperaría su prosperidad, lo que aunado a una nueva Constitución de corte federalista y la elección de nuevas autoridades, permiten estabilizar el país. El regreso del crudo libio al mercado petrolero presiona los precios a la baja, y coloca a la OPEP ante el reto de realizar ajustes.
En un escenario pesimista o “Somalización”, la producción y exportaciones no logran recuperarse. Libia se sumerge en una recesión económica, la nueva Constitución y las nuevas autoridades nacen débiles, las tendencias centrífugas se acentúan, y Libia se sumerge en el caos: un Estado fallido en el vientre de Europa.
@kenopina

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

jueves, 12 de diciembre de 2013

Panorama retador para la OPEP


Dr. Kenneth Ramírez
El pasado miércoles 4 de diciembre, el edificio blanco de estrechas ventanas que alberga la sede de la OPEP en la Helferstorferstrasse 17 del Distrito 1 de la ciudad de Viena, volvió a convertirse en centro de la atención mundial al albergar la 164° Reunión de Ministros del grupo. La OPEP aprobó mantener por cuarta vez consecutiva el techo de producción conjunto en 30 millones de barriles diarios (MMBD). Sin embargo, bajo este aparente clima apacible, fue discutido el complicado panorama que se plantea para la OPEP en 2014 y los próximos años.
 
El grupo encara un peligroso coctel de débil demanda petrolera mundial, revolución de esquistos en América del Norte, creciente oferta petrolera en otros Estados No-OPEP y dentro de la propia OPEP, debilitamiento de la cohesión del grupo producto de la rivalidad entre Riad y Teherán, todo ello junto al  rol de Arabia Saudita como productor de equilibrio o en lenguaje coloquial “el que pone lo que falta” (swing producer).
 
De hecho, el informe de pronóstico petrolero mundial publicado por la OPEP a principios de noviembre, señala que la demanda del crudo OPEP permanecerá invariable hasta 2020, considerando un crecimiento económico mundial en torno a 3,8% y un crecimiento de la economía china en torno a 8% para los años que restan de la presente década; lo cual es optimista al comparase con los pronósticos de otras agencias, que ya hablan de una desaceleración de China. Es decir, la demanda de crudo OPEP más allá de permanecer estable, podría reducirse en lo que resta de década. Dos premisas básicas para 2014, será una demanda petrolera mundial que aumentará solamente en +1,1 MMBD, e inventarios que cerrarán a finales de este año en aproximadamente +0,3 MMBD.
 
Por otra parte, la producción petrolera No-OPEP aumentará en 2014 en +1,8 MMBD, debido a EEUU y Canadá. La producción petrolera de EEUU ascendió a 7,7 MMBD en octubre de 2013 –su nivel más alto desde 1990-, de los cuales 2,6 MMBD fue petróleo de esquistos. Esto ha llevado a las importaciones petroleras de EEUU a descender desde 12 MMBD en 2007 hasta 7,6 MMBD en octubre –es decir, por primera vez en dos décadas EEUU produce más de lo que importa. Debido a esto, China desplazará a EEUU como primer importador de petróleo mundial en 2014. Además, el informe de pronóstico de la OPEP, señala que la producción de esquistos de América del Norte aumentará desde 2,5 MMBD en 2012 hasta 4,7 MMBD en 2020 para luego disminuir hasta 2,7 MMBD en 2035.
 
Además, debemos tomar en cuenta los pronósticos de mayor oferta en México y Brasil. México acaba de aprobar una Reforma Energética de corte neoliberal –mucho más amplia y aperturista a la inversión extranjera que la presentada por el Presidente Peña Nieto al Congreso-, con lo cual se espera que México aumente su producción desde 2,5 MMBD en la actualidad hasta alrededor de 3,5-4 MMBD en 2025. En el caso brasileño, la producción ha caído sorpresivamente en 2013 reflejando la creciente utilización de PETROBRAS por el gobierno brasileño para objetivos distintos a los petroleros, así como la complejidad de producir en aguas profundas, aumentará en los próximos años. El plan de negocios de PETROBRAS espera elevarla desde 2,4 MMBD en 2012 hasta 3,4 MMBD en 2017, apalancada en las áreas pre-sal.
 
Todo esto implica una reducción del espacio de mercado para la OPEP en aproximadamente -1 MMBD en 2014, ubicándose en aproximadamente 29 MMBD a partir del próximo año y hasta 2020. No obstante, los pronósticos apuntan a un crecimiento de la oferta del crudo OPEP en aproximadamente +1,5 MMBD en 2014, en medio de problemas de cohesión interna del grupo. Libia en 2013 ha experimentado la toma de sus terminales petroleros por milicias, lo cual ha llevado su producción a sólo 0,55 MMBD y ha reducido sus exportaciones a niveles ínfimos. Empero, con apoyo externo, el gobierno libio intenta formar nuevas fuerzas de seguridad para fortalecer su control sobre las instalaciones petroleras, por lo cual es probable que su producción aumente en +0,5 MMBD en 2014, intentando volver paulatinamente a los niveles de 1,6 MMBD que tenía antes de la guerra civil de 2011.
 
El reciente acuerdo provisional del G-5+1 con Irán permitirá a las aseguradoras europeas respaldar sus embarques, permitiendo a Teherán llevar sus exportaciones a niveles promedio de 2012, lo que implica un aumento entre +0,3 MMBD y +0,5 MMBD en los próximos meses. Si un acuerdo definitivo toma forma y las sanciones son levantadas en 2014, Irán podría recuperar paulatinamente sus niveles de producción y exportaciones pre-sanciones. Así, el Ministro de Petróleo iraní Zanganeh anunció a sus socios OPEP su firme propósito de llevar su producción hasta 4 MMBD –actualmente produce 2,7 MMBD niveles similares a 1990- a partir de 2014: “aunque el precio llegue a 20 $/Bl, es nuestro derecho” sentenció amenazante. Aunque Irán alcance un acuerdo definitivo bien sabe que no podrá recuperar esos niveles inmediatamente, lo cual ha reconocido en el borrador del presupuesto 2014; sin embargo, ya ha dejado claro su intención. Con un acuerdo definitivo en 2014, Irán podría elevar su producción en los siguientes seis meses hasta 3,5 MMBD, pero le tomará más tiempo alcanzar 4 MMBD.
 
Arabia Saudita ha cubierto el vacío dejado por Libia e Irán en los últimos años, y le será más digerible reducir producción para hacerle espacio al primero. En Riad sentó mal el acuerdo con Irán, ya que fortalece indirectamente la proyección geopolítica persa en Medio Oriente. Hacerle espacio a Teherán, significa para Riad darle más dinero para apoyar a Assad en Siria y el resto de sus aliados.
 
Por su parte, Irak podría aumentar en +0,5 MMBD su producción hasta alcanzar 3,5 MMBD en 2014, aunque el Ministro de Petróleo iraquí Luaibi anunció su propósito en la OPEP de alcanzar la meta de 4 MMBD y no ha aceptado regresar al sistema de cuotas. Irak ha desplazado a Irán como segundo productor OPEP, y las agencias esperan que alcance 6 MMBD para 2020. Esto implica un desafío para Irán que no quiere verse relegado. Sin embargo, las cuestiones para Irak siguen siendo la seguridad –este año fue el más violento desde 2008-, los déficits de infraestructura –sobre todo de terminales- que han llevado a las empresas a cortar entre 2,35 y 2,65 MMBD las metas de producción para los principales yacimientos, los problemas político-burocráticos que han impedido aprobar una ley de hidrocarburos y han generado desencuentros con el gobierno provincial del Kurdistán que desea explotar sus reservas por su cuenta.
 
En consecuencia, Arabia Saudita debe decidir si asumirá como swing producer recortes de aproximadamente -2 MMBD para defender el precio objetivo OPEP de 100 $/Bl a costa de su participación de mercado; o dejará caer el precio hasta el piso de 85-90 $/Bl marcado por el costo de producción de los esquistos para afectar indirectamente a Irán; o buscará negociar un complicado acuerdo colectivo en la próxima reunión OPEP en junio de 2014. Riad que ha inyectado más de 130 millardos de dólares a su economía en 2013 para contener cualquier revuelta, necesita un precio de 70 $/Bl para lograr equilibrio fiscal. Además, posee reservas de 700 millardos de dólares, lo cual le permitiría soportar precios más bajos.
 
Para Venezuela, todo esto implica que no existe espacio en el mercado para el plan de expansión de la Faja Petrolífera del Orinoco que llevaría nuestra producción hasta 4 MMBD en 2015 y 6 MMBD en 2019, más allá de las dudas sobre la capacidad de ejecución de PDVSA. Asimismo, apunta a que debemos prepararnos para vivir con menores ingresos petroleros bien por posibles recortes OPEP o por la reducción del precio apuntando al piso de 85-90 $/Bl en los años que restan de la presente década.

@kenopina

jueves, 5 de septiembre de 2013

Obama, el Congreso y Siria


Dr. Kenneth Ramírez
Todo estaba dispuesto. El Secretario Kerry había preparado el caso ante la opinión pública, los líderes mundiales estaban informados y los buques de guerra estaban en posición: pero el Presidente Obama seguía dudando… El sorpresivo voto contrario al ataque a Siria en el Parlamento británico el jueves 29 de agosto, trajo de vuelta su escepticismo… Salió a caminar en el Jardín Sur de la Casa Blanca por alrededor de 45 minutos con su Jefe de Gabinete, Denis McDonough. A su regreso, convocó una reunión en la Oficina Oval aquel viernes 30 de agosto a las 7 pm, donde comunicó a sus asesores una decisión inesperada: retrasaría el ataque, pediría autorización al Congreso, y lo anunciaría al día siguiente en el Rosedal de la Casa Blanca.
De esta manera, el Presidente Obama intentaba salirse del cul-de-sac en el que él mismo se había metido. Tras dos años y medio de conflicto sirio, el Presidente Obama ha vacilado entre la inacción y el cambio de régimen. En agosto de 2011 dijo que Bashar al-Assad debía marcharse, en agosto de 2012 fijó la utilización de armas químicas como “línea roja”, y en diciembre de 2012 afirmó que la Coalición Nacional Siria era el legítimo representante del pueblo sirio. Todo esto sin tener una estrategia delineada y una voluntad sólida para participar en una situación donde los intereses de EEUU no son evidentes. Si bien Assad es un dictador que ha provocado un sangriento conflicto, algunas facciones rebeldes tienen vínculos con Al-Qaeda, lo cual deja a EEUU sin un bando claro al cual apoyar y sin un desenlace que le sea conveniente. Empero, después del ataque con gas sarín en Damasco el 21 de agosto, el Presidente Obama quedó atrapado en su retórica.
No hacer nada implicaba a partir de ese momento poner en riesgo la credibilidad y el compromiso de EEUU con la prohibición en el uso de armas químicas. Por ello, el Presidente Obama optó por un ataque limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –en parálisis por el veto ruso para proteger a Assad-; pero otra cosa era hacerlo en la práctica casi unilateralmente –contando sólo con Francia.
Con todas estas consideraciones en mente, Obama decidió acudir al Congreso, lo cual merece varias reflexiones. En primer lugar, el Presidente Obama ha buscado legitimidad interna y compartir el costo político: colocar tantas manos en la daga como sea posible. Hasta ahora, la Casa Blanca se ha mostrado convencida de obtener el respaldo del Congreso.  De hecho una Resolución ya fue aprobada este 4 de septiembre en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (10 a 7) para un ataque limitado a Siria en un plazo de 60 días, cuyo debate en el pleno de las cámaras se realizará la semana del 9 de septiembre. No obstante, aún existe el riesgo de un rechazo de los congresistas, habida cuenta de la oposición de la mayoría de los electores. Si se produce un voto contrario en al menos una de las cámaras, el Presidente Obama se va encontrar ante un terrible dilema: atacar sin la autorización del Consejo de Seguridad ni de su propio Congreso, o no hacerlo y perder credibilidad, lo cual invitaría a otros actores como Irán a desafiar a EEUU.
En segundo lugar, el Presidente Obama ha tratado de trasladar un mensaje claro a la opinión pública mundial: ni Siria es Irak, ni él es Bush. Si bien es cierto que quizás no haya tiempo suficiente para que los inspectores de la ONU presenten su informe –se ha hablado de unas excesivas 3 semanas-, el Presidente Obama ha demostrado su actitud reacia a la guerra y su talante democrático. No tiene dudas de la responsabilidad de Assad y ha presentado pruebas de inteligencia. Si la CIA y el MI6 perdieron confiabilidad por Irak, la DGSE francesa tiene un record distinto.
En tercer lugar, el Presidente Obama no estaba obligado a acudir al Congreso, ya que se trataba sólo de un bombardeo. La Constitución de EEUU proporciona margen de maniobra al Presidente para acciones militares limitadas, requiriendo la autorización del Congreso sólo en casos de participación en una guerra. Sin embargo, la Resolución de Poderes de Guerra aprobada en 1973, trató de limitar este aspecto, por lo que ha sido objetada por todos los mandatarios desde Nixon –incluso el propio Obama eludió al Congreso por Libia en 2011. En consecuencia, lo que ha hecho el Presidente Obama ha sentado un precedente que puede afectar a sus sucesores, ya que un Congreso que tiende cada vez más al aislacionismo en política exterior, podría exigir de ahora en adelante su aprobación para cualquier acción militar, haciendo a EEUU menos activista en el Mundo.
En cuarto lugar, la eficacia de los bombardeos ha sido comprometida. El Jefe de Estado Mayor Conjunto, General Martin Dempsey, le dijo al Presidente Obama el 24 de agosto, que una demora en los bombardeos no era relevante. Sin embargo, evidencia reciente le han obligado a retractarse. La utilidad de bombardeos como los planteados inicialmente ha sido puesta en entredicho, ya que si bien pueden mantener la credibilidad de EEUU y aliviar conciencias sin provocar una escalada militar; no solucionará el conflicto ni eliminará las armas químicas. Por ello, en la Sección 5 de la Resolución del Comité de Relaciones Exteriores se plasmaron como objetivos estratégicos: la necesidad de cambiar el curso de las hostilidades –que favorece por ahora a Assad-, “crear condiciones para una solución negociada”, y degradar la capacidad química de Assad. Algunas voces plantean que para lograr esto, resultan necesarios unos bombardeos de mayor envergadura a los previstos –que infrinjan grandes costos y provoquen disuasión-, proporcionar armas avanzadas a los rebeldes y aislar a los terroristas. Es decir, parece estar emergiendo en EEUU una estrategia hacia Siria: fomentar su “libanización”, es decir, el reparto de poder entre varias facciones y un condominio con Rusia.

miércoles, 12 de junio de 2013

Hacia un nuevo liderazgo en Qatar



Oswaldo Uria
Desde que comenzaron los rumores de los problemas de salud del Emir en el año 2009, quienes siguen el desarrollo de este pequeño Estado con un poderío económico y con una creciente influencia política en el Medio Oriente desde su participación directa e indirecta en la Primavera Árabe, podían inferir que un trasferencia de mando se preparaba en los próximos meses. En ese sentido, el anuncio hecho ante diplomáticos acreditados en Doha (Irán y EEUU, según Reuters) de que el Príncipe Tamim sería nombrado Primer Ministro como un primer paso para asumir la jefatura del Estado de Qatar, no sorprende. No obstante, aclara las dudas que se generaron acerca de la fortaleza del gobierno qatarí a raíz de varios rumores de golpe de Estado que acompañaron a los de la salud de Hamad bin Khalifa.
 
Al menos unos tres rumores se han desatado en los últimos cuatro años (agosto de 2009, marzo y diciembre 2011, abril 2012), y produjeron algunos análisis sobre las contradicciones internas entre los miembros de la familia gobernante del emirato. Llamó la atención el rumor de golpe (en plena fiebre revolucionaria árabe) en diciembre de 2011, el cual fue acompañado por un aumento del 60% del salario para los empleados públicos y 120% para el sector militar de esa monarquía absoluta.
 
Por otro lado se identificaba una diferencia de visiones entre el Emir, Jeque Hamad bin Khalifa Al Thani y su primo el Primer Ministro Jeque Hamad bin Jassim bin Jabor Al Thani, siendo el Jefe de Estado más pragmático y con relaciones de amistad con todos los países aunque fueran antagónicos entre sí (claro ejemplo las relaciones con su vecino Irán y su protector Estados Unidos), mientras que el Primer Ministro, apenas bisnieto del fundador de Qatar, nunca ocultó su simpatía con los países de la OTAN, fue la cara visible de la intervención qatarí en Libia y ahora en Siria, así como embajador de la fortuna Al Thani en Europa.
 
Una segunda contradicción se identifica entre los tradicionalistas y modernistas. Un ala tradicional ve con malos ojos la apertura cultural del Emirato, principalmente el papel activo de la Primera Dama, Jequesa Moza Al Misnad, segunda esposa de Hamad (única con labor pública) y madre del príncipe heredero así como de la también activa Jefa de la Oficina del Emir, la joven Jequesa Hint.
 
La prensa europea, especialmente la británica, precisamente destaca esta contradicción dentro de un posible giro que daría Tamim hacia un gobierno más conservador,  dada su excelente relación del heredero con la Hermandad Musulmana. Con ello también se deduce un papel más activo en el conflicto de Siria, siguiendo la misma línea de su predecesor Hamad bin Jassim bin Jabor.
 
Tamim bin Hamad Al Thani nacido en 1980 y formado como su padre en la escuela militar de Sandhurst en Gran Bretaña, es el segundo hijo de Hamad con Moza y asumió en 2003 como Príncipe Heredero al renunciar su hermano mayor Jassim por razones aún desconocidas.
 
Desde ese momento ha tenido una activa carrera dentro de la administración pública, como presidente del Comité Olímpico de Qatar y miembro del COI, presidente del Consejo Supremo de Educación, Presidente de la Junta del Consejo Supremo de Información y Telecomunicaciones, entre otros cargos.
 
Pese a la juventud de Tamim, ha tenido gran experiencia en el mundo diplomático, cuando actúa como en enviado del Emir o como “vice Emir” (Naib Al Amir en árabe; Deputy Emir, en inglés) durante las vacaciones del titular. Destaca su visita a Irán en  febrero de 2010, en momentos que más se rumoreaba un conflicto entre EEUU y el país persa, con Qatar como principal blanco al alojar la base aérea norteamericana que sirvió para los ataques aéreos en Irak y Afganistán.
 
El Príncipe Tamim no ha demostrado grandes diferencias políticas con su padre y los temores de que sea más conservador que el actual Emir, quizás quede en medidas “cosméticas” como la restitución del árabe como idioma principal en la Universidad de Qatar. Pero la política económica de apertura a las inversiones pero con participación nacional, la modernización en infraestructura, el posicionamiento internacional a través de la adquisición de compañías y de tierras en el exterior, su participación en el conflicto de Siria a favor de la oposición rebelde, su labor para consolidar el gobierno libio, permanecerá.
 
La organización del Mundial de Fútbol en 2022 y su perenne aspiración a ser sede olímpica (aspiración lanzada personalmente por Tamim) acelerarán irreversiblemente al país más rico del Mundo a una apertura cultural. La deficiencia en mano de obra calificada, generalmente proveniente de Occidente también es un catalizador para que las restricciones de origen islámico se relajen.
 
No se percibe grandes cambios en el apoyo de Qatar a la causa Palestina, pues en el año 2011 en el Foro de Doha, el Príncipe Tamim urgió a presionar más a Israel para implementar las convenciones internacionales pertinentes a ese problema. No obstante, el apoyo a Hamas y Hezbollah mostrado por Qatar, pudiese ser suspendido gracias a la amistad del Heredero con los Hermanos Musulmanes, de confesión más sunita.

jueves, 16 de mayo de 2013

Conflicto en Siria: más que dos facciones



Oswaldo Uria

Un conflicto de múltiples facciones

El reciente video en el cual aparece un líder rebelde de la ciudad siria de Homs mutilando el cadáver de un soldado sirio viene a confirmar que la violencia en el antiguo Califato de Damasco- que ha albergado y alberga a cristianos, ortodoxos, musulmanes, tanto sunitas, drusos, alawitas como shiítas-, proviene de todas las facciones tanto oficial como rebeldes, siendo la población civil otra facción que en defensa propia ha tenido que involucrarse en la violencia para defenderse de cualquier amenaza.

Lo que se creyó iba a ser una crisis política de meses como en todos los países inmersos en la Primavera Árabe, se ha convertido en una prolongada pesadilla que cobra casi cien mil muertes. Se ha desatado un conflicto complejo, en cuyo inicio los disidentes del cuasi monárquico régimen de Bashar al-Assad, confiaron en que los sucesos se iban a desarrollar al igual que en Libia, con relativa rapidez y de manera drástica, con una intervención internacional contundente. Sin embargo, no previeron que Siria es un país totalmente diferente tanto al interior, con una mayor población y más heterogénea, como en su contexto exterior, con una realidad peligrosa que la circunda (Líbano, Israel, Palestina, los pueblos kurdos, Irak) y con el apoyo de un Irán que busca desarrollar capacidad nuclear.

Estas condiciones específicas ha estirado por más de dos años el conflicto, sin una solución en el horizonte, y cuyo desarrollo ha generado no dos polos antagónicos fácilmente identificables (gobierno y rebeldes), sino que han surgido aparte del gobierno opresor, distintas facciones rebeldes, a saber: el Ejército Libre de Siria (ELS) en sus distintas brigadas -que se ha deslindado de la acción de la brigada de Homs- de corte moderado y financiado por Estados occidentales y árabes; el Frente Sirio de Liberación (FSL) –cuyas brigadas más importantes son Farouq en Homs, Suqur al Sham en Idlib y Al Tawhid en Alepo- de corte islámico moderado y financiado principalmente por Arabia Saudita; el Frente Sirio Islámico (FSI) –cuyo grupo más importante es el Movimiento Islámico Ahrar al Sham- de corte salafista y financiado principalmente por el Estado de Qatar; el Frente Al-Nusra afiliado recientemente a Al-Qaeda; y las Unidades Kurdas de Protección Popular (YPG) vinculadas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que opera desde Turquía. Por otra parte, no se puede dejar de mencionar, la delincuencia común que se aprovecha de la anomia, los secuestradores libaneses que incursionan desde sus fronteras con Siria, así como la milicia Hezbollah.

En este sentido, ningún grupo o facción controla la situación: apenas controlan áreas y realizan demostraciones puntuales que no ponen en peligro de derrota al enemigo, pero que ha creado un estado de anarquía y paranoia generalizado, en donde nadie confía en su vecino, ni el alawita en su familiar sunita, ni el armenio con su colega iraquí.

Rusia, actor clave

Fuera del teatro de operaciones sirio, la situación también se muestra estática y sin solución global cercana. El Consejo de Seguridad no pudo ejercer una acción alla Libia por solicitud de la Liga Árabe durante el 2012, debido al veto de Rusia y China.

La posición de la Federación Rusa se explica por el hecho de que esa potencia ha sido un proveedor de armamento al gobierno del partido izquierdista nacionalista Baaz desde la época soviética y tiene presencia militar en ese país. Además, Moscú siempre negará apoyos a causas que le pudiera dar un precedente a su conflicto interno con la musulmana Chechenia, sobre todo porque los rebeldes sirios integran a grupos islamistas radicales. No obstante, la posición rusa se ha venido suavizando a favor del fin de la violencia, siendo su reunión con el premier británico, David Cameron, el pasado 9 de mayo de 2013, una señal de que Rusia no es incondicional al gobierno sirio. Destaca en esa reunión la declaración de que el gobierno ruso está por completar el suministro de misiles a Siria según los contratos actuales, con lo cual queda la interrogante sobre si firmarán nuevos contratos: los inciertos resultados de la visita de Netanyahu a Moscú podrían ser esbozar las intenciones rusas respecto a la solicitud que le hizo el premier hebreo a Putin de detener la venta de los misiles antiaéreos S-300 a Siria.

También fue sorprendente la aceptación rusa de una segunda ronda de negociaciones en Ginebra como seguimiento de la llevada a cabo en junio de 2012, triunfo diplomático de John Kerry durante una visita a Moscú a principios de este mes.

Esto le daría un mayor impulso a la iniciativa de la anterior Secretaria de Estado Hillary Clinton del Grupo de Amigos de Siria, la cual no ha tenido el éxito esperado, ya que no ha incorporado a todos los sectores de Siria, ni a las potencias que apoyan al gobierno de Bashar al-Assad; esto ha llevado a Moscú, tal como se refleja en las declaraciones del canciller ruso el pasado abril de 2013, a considerarlo como un grupo unilateral, cuyos planteos basados en los puntos del Plan de Ginebra son muy militaristas.

Dejando la parte reactiva, Rusia ha pedido a Irán, como también a Arabia Saudita, a involucrarse más con el proceso de paz en Siria. Irán, por su parte, ha apoyado a Bashar al-Assad, pero sin planes de iniciar una tercera guerra mundial, como algunos apocalípticos analistas pensaron, y se ha limitado repudiar la rebelión como una dirigida por las potencias occidentales y a facilitarle efectivos y suministros.

Perspectivas del conflicto

Como se puede ver, el conflicto de Siria ha desgastado y debilitado al único Estado que daba equilibrio a la zona del Cercano Oriente, dejando a Israel en una posición de supremacía que pudiese adormecer las demandas de una débil Palestina, constreñir las acciones de un Hezbollah que ya no se encuentra cómodo en el campo de batalla sirio, y reducir el peligro de una agresión iraní.

La transición que seguro se planteará en Ginebra II se llevará a cabo si Assad da demostraciones del cese a la represión, pero no lo hará mientras siga habiendo demostraciones de las otras facciones sumergidas en la violencia. Irán y Hezbollah, principales aliados de Assad, harán lo posible para lograr que el líder del Baaz sirio quede fortalecido como triunfador absoluto de esta luenga confrontación.

Una acción militar occidental contundente, podría derrocar al gobierno de Assad, pero no acabaría con el conflicto entre los múltiples grupos étnicos-religiosos, ni con el hampa común ni con la violencia en general; como tampoco lo ha podido hacer EEUU en Afganistán ni en Irak, ni las potencias occidentales en la misma Libia, cuyos nuevos brotes de violencia en Bengasi ha llevado a Gran Bretaña a retirar el personal de su representación diplomática y a recomendar  a sus ciudadanos no viajar a ese país africano. 

Se necesitarán décadas para reconstruir a la nación Siria, y las contradicciones étnicas-religiosas controladas por el férreo régimen de Assad con un Estado policial favorable al nacionalismo secular, permanecerán y podrán desatar los demonios que alguna vez se desataron en Yugoslavia cuando Tito ya no estaba.

Rusia abogará por la unidad, pero Israel y EEUU se sentirán más cómodos con una Siria debilitada o quizás fragmentada en un puñado de repúblicas que estén concentradas en su propio sustento y en atraer las posibles inversiones privadas provenientes de Occidente, de los países del Golfo Pérsico y por qué no, del propio Israel. 

martes, 11 de septiembre de 2012

11-S, el año undécimo


Dr. Kenneth Ramírez

Once años después de los asombrosos ataques terroristas al corazón económico y militar de la primera potencia mundial, vale preguntarnos ¿dónde nos encontramos?
 
Si la bipolaridad de la Guerra Fría cedió su paso a un interludio sustancialmente unipolar durante la Era de Clinton, el 11-S mostró al Mundo que la hegemonía estadounidense no era omnipotente ni duraría para siempre. No solamente habían sido atacados en su propio territorio, sino que su gobierno se encontraba incapaz de ejercer una estrategia coherente y recuperar la seguridad perdida. La “Era Unipolar” cantada por los bardos neoconservadores, parecía cada vez más un “Momento Unipolar” que se iba esfumando.
 
La falta de eficacia inmediata para encontrar y detener a Osama Bin Laden, y el fracaso en el que se convertirían las guerras de Afganistán e Irak, mostraron que no era suficiente con tener el presupuesto militar más importante a nivel mundial si ello no podía traducirse en poder efectivo. La economía estadounidense al mismo tiempo se iba resintiendo. Las interminables guerras tenían un alto costo económico mientras las potencias emergentes -especialmente China- se iban afirmando en la escena mundial. Luego sobrevino la bancarrota de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 -el segundo 11-S de la Administración Bush-, para terminar de aclarar que todo había cambiado.
 
Hoy por hoy, es ampliamente aceptado que nos dirigimos a un nuevo sistema multipolar, donde varias potencias globales y regionales ya están gozando en determinados momentos de mayor poder e influencia que Washington en ciertos asuntos. En efecto, EEUU se encuentra en un proceso de declive relativo que le está transformando en un primus inter pares respecto a las otras potencias, teniendo menos deseos de involucrarse en guerras exteriores, exhibiendo una recuperación económica aún anémica y con una fuerte división inter-partidista sobre los grandes temas nacionales.
 
Los realistas han estado intentando componer la vajilla destrozada por los neoconservadores. Han orientado el cambio de estrategia de la Administración Obama, sustituyendo la genérica “Guerra contra el Terrorismo” por la más acotada “Lucha contra Al-Qaeda y sus aliados”, empleando para ello los servicios de inteligencia, bombardeos selectivos con drones y la cooperación efectiva con aliados clave. Aunque, Al-Qaeda y sus organizaciones afiliadas aún no han desaparecido, y sus acciones violentas siguen materializándose desde Mali a Yemen, y desde Nigeria a Asia Central y el Cáucaso; lo cierto es que con la muerte de su líder Osama Bin Laden el 2 de mayo de 2011 en Abbottabad (Pakistán), podía constatarse su pérdida de fuerza y serio retroceso en el Mundo musulmán.
 
A partir de allí, la Administración Obama culminó la retirada de Irak y emprendió el mismo camino en Afganistán, aceptando incluso que antiguos enemigos como los Talibanes parecen destinados a recuperar al menos parte del poder. Ha tratado de gestionar los problemas en el Medio Oriente junto con aliados como la Unión Europea, Turquía, Arabia Saudita y Qatar, en una estrategia indirecta denominada por uno de sus colaboradores como Leading from Behind (“Liderando desde Atrás”). Además, ha procedido a redireccionar la política exterior de EEUU hacia Asia con el objetivo implícito de contener e intentar comprometer a una China cada vez más poderosa con el orden internacional existente: el “pivote al Pacífico”.
 
Ahora, la lucha en el Mundo musulmán se ha desplazado a los “corazones y las mentes” y se hace de manera indirecta, intentando matar el sueño de Bin Laden de construir un nuevo Califato a través de la yihad. Los jóvenes de Túnez y El Cairo dieron el primer paso al negarse a tomar partido en la confrontación aterradora entre dictadura o yihad, y procurar otra salida que busca la coexistencia entre democracia e islam moderno: la “Primavera Árabe”. Por ello, en este año undécimo, la hora decisiva se juega en las transiciones políticas abiertas en Túnez, Egipto y Libia, así como en la búsqueda de una solución a la guerra civil siria. Si estos procesos políticos complejos desembocan en la instauración y consolidación de democracias islámicas en el Mediterráneo musulmán que tengan como ejemplo a Turquía, su ola expansiva llevará a una modernización del Mundo islámico en general, y a la segunda y quizás más importante muerte de Bin Laden –la muerte de su sueño. Por el contrario, si estos procesos encallan, puede resurgir la oleada frustración y odio que alimentaría un resurgimiento de Al Qaeda en el futuro. De allí, el apoyo diplomático y financiero de la Administración Obama y sus aliados a estos procesos de transición política.
 
Por los momentos, Al-Qaeda está perdiendo la guerra y EEUU está obteniendo una amarga y costosa victoria. ¿Desaparecerá el primero y el segundo perderá definitivamente su supremacía dando paso a un sistema multipolar? Sólo el tiempo nos lo dirá