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martes, 7 de junio de 2016

¿Prohibir la diplomacia parlamentaria en Venezuela?


Embajador (r) Milos Alcalay

Ante el aislamiento internacional del gobierno de Maduro,  en vez de acatar la Doctrina Internacional y  los Acuerdos Internacionales que facultan a que nuevos sujetos de derecho internacional -como los parlamentarios- puedan estar presentes en Foros Internacionales, pretenden impedir su presencia “prohibiendo” por vía del TSJ  tanto  a los voceros oposicionistas como  (por absurdo que parezca)  a los organismos internacionales para exponer y conocer la verdad sobre la profunda crisis humanitaria que vive el país y el incumplimiento de los compromisos internacionales como los establecidos en la Carta Democrática Interamericana.

El más reciente episodio lo dio el Ex-Diputado Elvis Amoroso -de ingrata recordación por su responsabilidad al designar después de las elecciones del 6 D a los “magistrados express” -acudió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para realizar una  nueva embestida contra  la Directiva de la Asamblea Nacional  para prohibirle a los diputados Venezolanos acudir a la OEA o a la ONU alegando que pretenden usurpar funciones del Presidente que es el “responsable de dirigir las relaciones exteriores de la República” (artículo 236 de la Constitución).

Nadie en su sano juicio puede negar esta atribución que tiene el Jefe de Estado, pero tampoco puede negarse el papel protagónico que tiene  en un mundo globalizado la “diplomacia parlamentaria” y en especial el papel de los Presidentes de los Parlamentos en la promoción y protección de la democracia y de los derechos humanos.

No es la primera vez que el oficialismo ha pretendido impedir que voceros oposicionistas hagan sus contactos internacionales. El despojo inconstitucional de las funciones parlamentarias de la Diputado María Corina Machado por acudir a la OEA, es una prueba del carácter autoritario que ejerció el entonces Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y cuyo exceso ahora pretende cumplir el Señor Amoroso desde Miraflores con el TSJ contra los directivos parlamentarios. La  medida ilegal adoptada para impedir las elecciones directas del Parlamento Latinoamericano con lo que pretendían impedir la presencia oposicionista, resultó en un fracaso debido a los resultados aplastantes de la MUD en las elecciones del 6 de Diciembre; el escandaloso episodio del Diputado Darío Vivas en la reunión de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EUROLAT) insultando como un guapetón de barrios al Vicepresidente del Parlamento Europeo Tajani tratando de impedir que se presente en el Foro Euro-latinoamericano la situación de Venezuela; se suman a los vergonzosos episodios en Estrasburgo cuando la eurodiputada liberal Rumana, Renate Weber, desmintió lo afirmado por el Viceministro para Europa Alejandro Fleming que el Parlamento Europeo no podía pronunciarse en relación a Venezuela porque atentaba  contra la soberanía venezolana, la parlamentaria respondió “Nuestra expresión es de respaldo a la democracia y a los derechos humanos, en un país a cuyo pueblo respetamos”. Podríamos referir muchos otros casos absurdos. Por lo pronto concluimos que es imposible prohibir la “diplomacia parlamentaria” como tampoco es posible “tapar el sol con un dedo”.

@milosalcalay

miércoles, 21 de octubre de 2015

La Agenda para el desarrollo post-2015: Los Objetivos de Desarrollo Sostenible


Valentina Montes

El septuagésimo período de sesiones del órgano plenario de las Naciones Unidas, la Asamblea General, vino caracterizado por una iniciativa que sería paralela y más amplia a la ya planteada con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en el año 2000.

Ante el próximo vencimiento del plazo para el cumplimiento de los ODM y las millones de personas que aún no percibían el progreso que suponían las metas de los ODM, durante la Conferencia de Río+20 sobre el Desarrollo Sostenible en el año 2012 los países establecieron un grupo de trabajo para formular un conjunto de metas y objetivos en materia de desarrollo sostenible, que buscara suplir estas deficiencias a nivel mundial. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) deben terminar la labor que comenzaron los ODM, sin que nadie quede rezagado.

El producto del llamado “Grupo de Trabajo Abierto” presentó su recomendación y fue entonces aceptada como un gran compromiso por los representantes de los 193 países que participaron en el periodo ordinario de la Asamblea General el pasado 25 de septiembre. Así, los Objetivos Mundiales u Objetivos para el Desarrollo Sostenible buscan cumplir tres grandes desafíos, más amplios que los planteados por los ODM hace 15 años:

·         Erradicar la pobreza extrema – un objetivo ambicioso.
·         Combatir la desigualdad y la injusticia.
·         Solucionar el cambio climático.

Para estos desafíos se plantearon 17 “Objetivos Mundiales” acompañados de 169 metas a cumplir para el año 2030. La amplitud de estos objetivos y metas (comparados con los 8 Objetivos del Desarrollo del Milenio y sus 21 metas que se plantearon en el año 2000), refleja la situación que existe en el panorama mundial actual referente a ámbitos como la pobreza extrema, el cambio climático, las oportunidades laborales, sanidad, pese al progreso alcanzado por los ODM en ámbitos como  pobreza económica, acceso a mejores fuentes de agua, mortalidad infantil  y  pobreza económica. Sin embargo, el logro de las metas de los ODM tuvo una distribución geográfica desigual. Para el PNUD, “la tarea aún está inconclusa para millones de personas y es necesario hacer un último esfuerzo por poner fin al hambre, alcanzar la igualdad de género, mejorar los servicios de salud y lograr que todos los niños asistan a la escuela”.

Sin embargo, es importante puntualizar que, aunque similares, los ODM y los ODS no son agendas exactamente iguales. Una de las principales diferencias de estos nuevos Objetivos es que fueron elaborados por un proceso de negociación que involucró a los 193 países y venía previamente elaborándose desde la Conferencia de Río+20. Por otro lado, mientras los ODM tuvieron una perspectiva más orientada hacia los países en vías de desarrollo, la agenda para el año 2030 en Desarrollo Sostenible incluye metas y desafíos que incluso los países más desarrollados tienen el reto de cumplir dadas las condiciones actuales con respecto al cambio climático, como por ejemplo los objetivos 8 y 9, haciendo referencia la importancia del uso de energías renovables. Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), u Objetivos Mundiales, orientarán la política de desarrollo y financiamiento durante los próximos 15 años, comenzando con una promesa histórica de erradicar la pobreza extrema.

No obstante, los factores dentro de la coyuntura internacional que han incursionado en el cumplimiento exitoso o no de estas metas y objetivos (en el caso de los ODM del 2015) se pueden extrapolar y hacer las estimaciones de acuerdo a la coyuntura actual para este agenda 2030. Las discrepancias entre los países por sus mismas condiciones económicas internas pueden verse más vulnerables o no en el caso de algún desastre natural o una crisis financiera global y pueden influenciar en sus esfuerzos de financiamiento necesario para el cumplimiento de los ODS.

Si bien resulta una agenda integral (por la gran cantidad de áreas y ámbitos que incluye) y su amplitud de objetivos y metas trata de incursionar en las consecuencias y no en las causas de la pobreza extrema, el hambre y demás fenómenos en materia de desarrollo, el éxito de esta agenda depende de una coordinación de políticas tanto a nivel interno como a nivel externo por parte de cada uno de los Estados, lo cual es una tarea sumamente ardua. La agenda de desarrollo post 2015 tiene objetivos y metas que sin duda alguna beneficiarían a prácticamente todos los sectores de la población y prácticamente todos los ámbitos del desarrollo, pero la misma estructura económica interna de algunos países pueden requerir más financiamiento o no para poder ejecutar estos desafíos, lo cual resulta muy difícil en los países en vías de desarrollo. Es por ello que la coordinación de políticas es el factor principal para el éxito de esta agenda. El verdadero compromiso de los países sería la clave para el éxito de estos objetivos.

@valsmontes

martes, 6 de octubre de 2015

Agenda 2030: Energía y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El Septuagésimo Aniversario de la ONU será recordado por la aprobación el pasado 25 de septiembre, de la llamada Agenda 2030 (“Transformar nuestro Mundo: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, Resolución A/RES/70/1), después de tres años de amplias consultas. Tras un cumplimiento parcial de los 8 “Objetivos del Desarrollo del Milenio” adoptados hace tres lustros, resulta importante que se haya podido establecer un compromiso global para atender a cuestiones tan urgentes como el cambio climático, la pobreza extrema, trabajo decente y crecimiento económico, salud, el acceso universal a la energía, la educación de calidad, entre otros, en los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

No obstante, han sido múltiples las críticas, ya sea por la proliferación de los nuevos objetivos respecto a sus antecesores; la variedad temática debido a la confluencia de las agendas de pobreza y cambio climático que puede llevar a una dispersión de esfuerzos y dilución de compromisos; la especificación de 169 metas que no siempre son tales debido a su vaguedad y distintos niveles de exigencia, dificultando así su gestión; y la ausencia de un debate sobre la reforma de la ONU como institución que pueda implementar y dar seguimiento efectivo.

En materia de energía, el séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible pide “asegurar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos” en 2030, con cinco metas: 1) Asegurar el acceso universal a los servicios de energía asequibles, fiables y modernos; 2) Aumentar la participación de las energía renovables en la matriz energética mundial; 3) Duplicar la tasa global de mejora de la eficiencia energética; 4) Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a las tecnologías de energía limpia y su investigación, incluida las renovables, la eficiencia energética y tecnologías limpias de combustibles fósiles; 5) Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para el suministro de servicios de energía modernos y sostenibles para los países en desarrollo, en especial, los pequeños Estados insulares y sin litoral.

Como vemos este objetivo plantea la búsqueda de un modelo energético sostenible, que aumente el número de personas con acceso a formar modernas y asequibles de energía, y eleve el porcentaje de energía consumida que procede de energías renovables. En este sentido, se propone abatir los dos desafíos globales más urgentes relacionados con la energía, a saber: la pobreza energética ocasionada por la falta de acceso a servicios modernos de energía en los países en desarrollo –una de cada cinco personas en el planeta no tiene acceso a la electricidad; y casi la mitad de la Humanidad depende de la quema de madera, estiércol y carbón para cocina y calefacción-, y el altísimo despilfarro y polución en los países desarrollados que ocasionan el cambio climático.

En la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Riad en noviembre de 2007, los Estados miembros se comprometieron a la erradicación de la pobreza energética a escala global, y encomendaron al Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional (por sus siglas en inglés, OFID) movilizar un fondo rotativo de más de 1 millardo de dólares para tal fin; el cual ha permitido financiar proyectos de electrificación rural, generación eléctrica renovable, construcción de infraestructuras energéticas, y donaciones de cocinas modernas en más de 120 países en desarrollo. Además, el OFID forma parte de la plataforma “Energía Sostenible para Todos” (por su acrónimo en inglés, SE4ALL) impulsada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, desde 2011, la cual preparó desde la “Conferencia Rio+20” la dimensión energética de la Agenda 2030. Asimismo, los Estados miembros de la OPEP han desplegado mecanismos de cooperación que han mejorado el acceso a la energía, como Venezuela con PETROCARIBE que fundó en junio de 2005 –garantizando en promedio un 32% de la demanda petrolera de los 18 beneficiarios y financiando 50% de la factura que ascendió a 28 millardos de dólares en este período de 10 años, lo que tuvo un impacto positivo en sus economías de 2,5% del PIB/año, según el SELA y el FMI-, y Arabia Saudita con la “Iniciativa de Energía para los Pobres” que lanzó en junio de 2008.

No obstante, lejos de la complacencia, Venezuela tiene mucho por hacer en relación a la Agenda 2030 y su objetivo séptimo. El nuevo Plan Estratégico de PDVSA 2016-2025 debe considerar como prioridad la reducción del venteo y quemado de gas natural en sus operaciones (Venezuela se ubica en el octavo lugar a nivel mundial), la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en todas sus instalaciones –sobre todo refinerías y mejoradores-, mejora de la eficiencia energética en todos sus instalaciones y procesos, considerar el impacto ambiental en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, la aceleración de los muy retrasados proyectos de gas natural, y el impulso a la investigación del INTEVEP de tecnologías para el uso y consumo limpio de los hidrocarburos como el secuestro y captura de carbono. Asimismo, los Ministerios de Petróleo, Energía Eléctrica y Eco-socialismo deben desarrollar un plan de energías renovables y eficiencia energética que se beneficie pragmáticamente de la cooperación internacional, reactive proyectos renovables como los parques eólicos en Paraguaná y la Guajira y las plantas de bioetanol proveniente de caña de azúcar, mejore la eficiencia de las infraestructuras energéticas, asegure el servicio eléctrico fiable en zonas rurales, fomente la educación y la investigación para la eficiencia y el ahorro energético, y tome en consideración iniciativas como el Plan de Energía Solar de Arabia Saudita –que se fijó como meta satisfacer 20% de su demanda eléctrica con energía solar para 2032- y el Plan de Energías Renovables de Brasil –que se fijó como meta satisfacer 20% de su consumo con renovables para 2030, sin considerar las hidroeléctricas. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

Diplomacia Vaticana


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Las pasadas semanas han sido especialmente noticiosas en materia internacional por diferentes acontecimientos como fueron: la gira papal, la Asamblea General de la ONU y los discurso de los Jefes de Estado; las reuniones bilaterales dentro del marco de la Asamblea y fuera de ella; y algunos acuerdos alcanzados, donde la Diplomacia Vaticana jugó un papel clave en su definición.
La Diplomacia Papal en términos históricos podría remontarse mas allá de las luchas calvinistas, luteranas y de los Borgia donde la Iglesia como poder espiritual, tuvo sus intereses terrenales; sin embargo, El Vaticano, como Estado obtiene su reconocimiento internacional con personalidad jurídica y responsabilidad internacional con el Tratado de Letrán de 1929 firmado por Benito Mussolini en representación del Rey de Italia, y el Cardenal Gasparri en nombre de Pio XI. Durante el período de Pio XI se caracteriza por un mutismo, posiblemente por sus acuerdos para tratar de apaciguar al nazi-fascismo.
Pio XII enmendó los pasos de su antecesor, oponiéndose en forma cauta al nazi-fascismo y protegiendo a miles de judíos ante la persecución. No obstante, fue el primer político en pronunciarse en contra de las decisiones alcanzadas en Potsdam: No apoya la creación de la ONU y manifiesta en una pastoral que “El edificio de la paz se apoyará en bases débiles que amenazan derrumbarse, cuando se establecen las fronteras con una sola plomada”.
Es a partir de la entrada en vigencia de la nueva constitución del Vaticano, 15 de agosto de 1967, Regimini Ecclesiae universae, que el Secretariado de Estado es reorganizado y encargado de llevar las relaciones con el extranjero.
Con esta reforma, y con la elección del Nuncio Apostólico ante Paris y primer observador de El Vaticano ante la UNESCO, de Angelo Giuseppe Roncalli -quien sería más tarde electo Papa con el nombre de Juan XXIII-, se produce un cambio radical en el Estado eclesiástico. El Papa Juan XXIII al convocar al Concilio Ecuménico bajo el nombre de Vaticano II y pronunciar su encíclica Pacem in Terris, 11 de abril de 1963; por primera vez apoya, en nombre del Estado eclesiástico, los trabajos de la ONU y la coexistencia pacifica. A partir de Juan XXIII comienza el resurgimiento moderno de la Diplomacia Vaticana. En el momento de su muerte, el 3 de junio de 1963, las Naciones Unidas baja la bandera a media asta en su reconocimiento como Jefe de Estado y a los pocos meses de ese mismo año el Secretario General de la ONU,  U. Thant, hace una visita de cortesía al nuevo Papa Pablo VI  quien nombró su observador permanente ante las Naciones Unidas. Pero la mayor prueba de eficiencia de la Diplomacia Papal es su participación en el derrumbamiento del Muro de Berlín bajo el liderazgo del Papa polaco.
Sin dejar la historia de lado; el Papa Francisco le ha dado a la Diplomacia Papal un vuelco público al salirse de los cánones tradicionales y recurrir a una diplomacia de contacto con los ciudadanos, incluso con el uso de las redes publicas que lo ponen a competir en popularidad con las estrellas del Pop y la alfombra roja.
El Papa Francisco en su primer desafío logró sentar a israelíes y palestinos. Hoy en su agenda contabiliza su contribución al restablecimiento de las relaciones EEUU-Cuba, el encuentro del Presidente Santos y las FARC, sus visitas a Paraguay, Bolivia, Ecuador, Cuba y EEUU, su discurso en las Naciones Unidas; todas muestras de una nueva Diplomacia Vaticana en acción.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Stalin preguntó “con cuantas divisiones contaba el Papa”. Hoy vemos que ni con Sukhoi ni fragatas, con sólo la palabra y las “sandalias del pescador”, ha llamado a poner orden en la Casa con su exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio” y su extraordinaria encíclica “Laudato si”.
La Diplomacia Papal tiene que ser un ejemplo para los Jefes de Estado; en particular para Nicolás Maduro. El Estado de confrontación, la carrera armamentista y la compra de vetusto armamento ruso, no son la solución a los problemas de los venezolanos.

@grevanales

Guyana y Venezuela en Nueva York


Prof. Mirna Yonis

La Asamblea General de las Naciones Unidas, este año 2015, celebró su septuagésimo aniversario. La agenda de trabajo del período de sesiones ordinario se suma a eventos especiales y encuentros paralelos entre muchas otras manifestaciones de la dinámica diplomática multilateral. Entre esos eventos destaca un encuentro trilateral, en la cual el Secretario General de la ONU logra reunir en una misma sala del Cuartel General de la ONU y sentarse en una mesa de trabajo con los Presidentes de Guyana y Venezuela. 

Las fotografías y videos registraron este encuentro que sigue rodeado de un clima de tensión en la relación bilateral debido fundamentalmente, por una parte, al desacuerdo evidente que ha mostrado el gobierno de Guyana frente a la controversia que mantiene Venezuela y respecto a la “metodología” acordada a partir del Acuerdo de Ginebra de 1966 con la figura del Buen Oficiante. Por la otra, a los reclamos y notas de protesta que ha formulado Venezuela respecto a las concesiones exploratorias y de explotación minera que ha otorgado el gobierno guyanés a empresas transnacionales en distintas zonas del territorio objeto de la controversia (Esequibo). A esto se suman de manera general, los decretos que ambos gobiernos emitieron (en momentos distintos) respecto a la definición de sus zonas marítimas nacionales, el ejercicio de una altisonante diplomacia del micrófono por parte de los mandatarios, cancilleres y otras personalidades gubernamentales de ambos países; llegando a un punto álgido de tensión diplomática con el llamado a consultas del Embajador venezolano en Guyana y el retraso en otorgar el placet  diplomático a la nueva Embajadora designada en Venezuela.

Aunque es una controversia fronteriza de carácter bilateral, el marco regional y global no ha escapado de las acciones de información y presión por lograr posicionamiento. Si bien los movimientos diplomáticos de Guyana han sido para denunciar agresión y limitaciones a sus planes de desarrollo y la amenaza a la soberanía que representa el reclamo venezolano, a veces de manera velada y otras de manera explícita, ha sido para cuestionar la eficiencia del método bilateral con apoyo de la ONU y dando argumentos para preferir la solución judicial. 

De parte de Venezuela, el retraso y en ocasiones poco contundente reclamo diplomático frente a las muestras de ejercicio de soberanía en territorio objeto de la controversia, el Esequibo, ha pasado a afirmar, confirmar y reiterar que su preferencia es el marco bilateral con los buenos oficios del Secretario General de la ONU. 

Evidentemente, esto es mucho más complejo que las breves líneas que preceden pero muestran un cambio en la dinámica de la relación bilateral y el uso de los espacios multilaterales para ganar adeptos o declaraciones preferenciales. Están registradas de manera oficial y a través de los distintos medios de comunicación, los discursos y declaraciones en escenarios de CARICOM, Commonwealth, UNASUR y  CELAC, entre otros.

El escenario natural de Guyana ha sido la CARICOM, organismo que ha marcado una tradición en sus declaraciones finales de las Cumbres de Mandatarios y Reuniones de Cancilleres apoyando la solución pacífica de controversias y la defensa de la integridad territorial de Guyana. En el caso de Venezuela, su reclamo ha estado en el marco del Acuerdo de Ginebra, pero durante casi una década en una etapa de parálisis o congelamiento, privilegió una agenda de cooperación y un muy bajo perfil a la agenda de la controversia.

Si bien en lo sustantivo los argumentos de Guyana sobre la controversia se mantienen, con el gobierno que toma posesión en mayo de este año, hay un giro táctico pero también estratégico en la defensa de su soberanía e integridad territorial.  Una muestra que puede pasar como anecdótica, pero revela acciones concretas distintas es el reclamo del gobierno guyanés ante la empresa Google respecto a los nombres “hispanos” de calles y otros lugares cartografía de la región del Esequibo.

La ciudad de Nueva York y el ambiente de las Naciones Unidas son testigos de dos eventos: 

El encuentro Trilateral en el Cuartel General de las Naciones Unidas, del domingo 27 de septiembre, en el cual:

1.     Se valoran los pasos para recibir de nuevo sus respectivos embajadores 
2.  Aprecian la buena voluntad para mantener la tradición de diálogo de sus países mientras se resuelve la controversia de una manera que resulte beneficiosa para ambos.
3.  Resalta la descripción de la tensión y desacuerdos para retomar ese diálogo: “El Acuerdo de Ginebra estableció ciertos mecanismos para resolver la disputa, sin mucho éxito, porque continúa hasta hoy”.

La reunión del Consejo de Relaciones Exteriores (COFCOR) de la CARICOM con una Declaración que resume y confirma posición de los países miembros:

1.    Subraya necesidad que El Caribe se mantenga como Zona de Paz.
2.    Beneplácito por la celebración de la reunión trilateral.
3. Celebraron decisiones para que cada país cuenta con Embajadores en sus respectivos países, Venezuela y Guyana
4.  Complacida de que Venezuela reciba Misión técnica del Secretario General de la ONU
5.    Informe de Misión Técnica acelerará los esfuerzos para poner fin a la controversia
6.    Anotó la petición de Guyana de una solución jurídica por divergencia de opiniones
7.    Refirma apoyo a mantenimiento de la integridad territorial y soberanía de Guyana 

El Acuerdo de Ginebra sigue siendo el marco jurídico que marca pautas y metodología, por lo que es conveniente referir un aspecto que se explica de manera más amplia en el portal de la Cancillería de Venezuela, en una sección especializada denominada Los Derechos Venezolanos de Soberanía en el Esequibo:

El Acuerdo de Ginebra está registrado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas bajo el Nº 8192 (1966), fue distribuido como documento de la Asamblea General el 03MAY1966 bajo las siglas A/6325; y el Secretario General aceptó las funciones derivadas de él, mediante comunicación del 04 de abril de 1966: “He tomado nota de las obligaciones que eventualmente pueden recaer en el Secretario General de las Naciones Unidas en virtud del párrafo 2 del artículo IV del Acuerdo, y me complace informarle que dichas funciones son de tal naturaleza que pueden ser desempeñadas apropiadamente por el Secretario General de las Naciones Unidas”.

La diplomacia bilateral y multilateral en torno a la controversia por el Esequibo sigue con sus altibajos. Es necesario dar seguimiento a los involucrados, sus posiciones, intereses y estrategias pero también otros actores con afectos geopolíticos. Si bien la normalización de las relaciones con la presencia efectiva de los Embajadores de ambos países en el vecino es un rasgo formal significativo, un próximo paso a observar será la visita a Caracas de la Misión Técnica del Secretario General de la ONU, para recabar y verificar procedimientos y documentación de Venezuela. 

@mirnayonis

martes, 22 de septiembre de 2015

ONU: 70 años


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo

En menos de un mes, se celebrará el 70 Aniversario de las Naciones Unidas. La función primordial de esta organización multilateral ha sido la de preservar la paz, lo cual por lo demás ha sido arduo y difícil. Las grandes guerras han sido seguidas por conflictos de carácter local, que por razones étnicas, culturales, tribales, religiosas, o ambiciones políticas  grupales, se convierten en conflictos geopolíticos y guerras fratricidas como vemos actualmente en los conflictos de Siria, ocasionados por un adversario novedoso y de rápida expansión: ISIS. Está también, las secuelas de las guerras de Irak y Afganistán, con todas sus implicaciones. En síntesis el análisis de la actual estructura internacional apunta hacia cinco procesos o tendencias en desarrollo,  a saber: despolarización, disociación hegemónica, transnacionalización, descontención y nueva vulnerabilidad del Estado.

Hoy el desafío de las Naciones Unidas es aún mayor, porque estamos en presencia de veloces cambios en las relaciones políticas, económicas, culturales, sociales, medioambientales de las naciones, animados por procesos dinámicos inacabados y asentados sobre los cimientos todavía no completamente sólidos de los que podría llegar a ser un Nuevo Orden Internacional Pos-Guerra Fría.

Debe señalarse asimismo, que esto nos dibuja una estructura internacional en transición, compleja y si se quiere, en construcción en la redes de relaciones y reacomodos que se dan, lo cual no nos permite efectuar un análisis simplista de la realidad contemporánea. De allí que debemos tratar de comprender y entender, qué está aconteciendo en las relaciones internacionales de hoy. Estamos ante una estructura internacional apolar y carente de una estabilidad hegemónica real.

En su interior la organización confronta asuntos muy delicados y complejos que definirán su porvenir, para garantizar su estabilidad y fortaleza para cumplir eficazmente sus funciones. Así, temas como la incorporación de nuevos miembros en el Consejo de Seguridad tendrán que definirse  en un plazo prudencial, aunque lleva consigo delicadas negociaciones. Tal como expresa el destacado académico Jeffrey Sachs: “...afecta a la misma gobernanza de la ONU, empezando por el Consejo de Seguridad, cuya composición ya no refleja las realidades geopolíticas mundiales. La insuficiente representación de Asia plantea una grave amenaza para la legitimidad de la ONU, que no hará sino aumentar al cobrar la región más populosa y dinámica del Mundo un papel cada vez más importante. Una posible forma de resolver ese problema sería la de añadir al menos cuatro puestos asiáticos...”; a lo cual agregaría de otros continentes que deben ser representados, como América Latina y África. Otro tema crucial es el compromiso financiero de los países miembros, incluyendo el pago oportuno de cuotas.

La ONU debe reforzar su pericia en asuntos como los océanos, las energías renovables, la planificación urbana, la lucha contra las enfermedades, la innovación tecnológica, las asociaciones público-privadas y la cooperación cultural pacífica.

Aunque cuesta asimilarlo, la ONU ha tenido importantes éxitos que deberán con negociaciones y seguimiento adecuado, garantizar su cumplimiento para evitar funestas consecuencias, como por ejemplo, el acuerdo nuclear con Irán y los Objetivos del Desarrollo del Milenio -que ha logrado importantes avances en la lucha contra la erradicación de la pobreza, aunque falta mucho por hacer. El otro gran reto tiene que ver con la conclusión de un nuevo acuerdo de limitación de gases de efecto invernadero que recoja el testigo del Protocolo de Kioto, para lo cual resulta la Cumbre de Cambio Climático en París en diciembre próximo.

Por ello, a pesar de los grandes servicios que ha prestado a lo largo de los años, es fundamental que la ONU sea reformada, siendo crítico no sólo la modificación de su estructura para tornar, por ejemplo, al Consejo de Seguridad en un órgano más democrático, representativo, legítimo, y por eso más eficaz en el logro de sus objetivos. Por lo tanto, es indispensable esa actualización institucional que lo haga acompañar de una mudanza de visión de sus Estados miembros.

Además, es importante fortalecer la diplomacia preventiva, que articule a los actores y sujetos del acontecer internacional en un ámbito de y para la paz. Siempre he augurado a las Naciones Unidas, un sitio preponderante en la política internacional, como lo aspiraron sus fundadores, quienes no veían sus funciones sólo en el ámbito de una organización en el marco de una estructura de poder bipolar, tripolar o como aparente el Mundo va a un mundo multipolar o apolar entre las naciones.

Deseo finalmente, homenajear a cuatro ilustres venezolanos que coparon con su lucidez, prestigio intelectual  y esfuerzos por construir un Mundo mejor en todos los órdenes de la vida de la Comunidad Internacional como lo fueron, el Canciller para la época y fundador de la ONU, Caracciolo Parra-Pérez, así como eminentes diplomáticos como Manuel Pérez Guerrero, José Antonio Mayobre y Andrés Aguilar.

sábado, 27 de diciembre de 2014

La marca Colombia


Dr. Carlos A. Romero

Colombia y Venezuela se alejan en el plano internacional. El Presidente Santos ha desarrollado una óptima relación con EEUU, Israel y con la Unión Europea jugando la carta occidental en las Naciones Unidas, cerrando filas sobre los temas más candentes de la agenda mundial: precios del petróleo, Medio Oriente, Irán, Ucrania. Venezuela apuesta la carta rusa/china y se declara en contra de EEUU e Israel.

Colombia no se opuso a la elección de Venezuela para ocupar la representación de América Latina y El Caribe en el Consejo de Seguridad. Pero pronto se verá cómo cada país continuará votando de distinta manera en las Naciones Unidas y cómo Bogotá va a estar atenta a que Venezuela no se le olvide el encargo que la región le confió.

El Presidente Santos está pidiendo 45 mil millones de dólares a EEUU y a la UE. Esta ayuda tendría como contraparte, la oferta neogranadina de prestar sus contingentes policiales y militares en misiones humanitarias y de paz y de nation-building, en el marco de la llamada “OTAN Global”. Se ha hablado inclusive de una participación colombiana en misiones de la UE/OTAN en Ucrania y en países de África y en el Medio Oriente. Bogotá firmó un acuerdo de cooperación con la OTAN en 2013, el cual fue ratificado por el Congreso colombiano este año 2014. 

Colombia está procurando ser aceptada como miembro externo de ese mecanismo de seguridad y ya está participando en una misión civil en Ucrania. También el país vecino enviaría una fragata de su armada a Somalia, a fin de ayudar a combatir la piratería marítima en el Cuerno de África. El entrenamiento de tropas y de personal militar y civil colombianos para operaciones especiales y la colaboración judicial, administrativa, de inteligencia, de ayuda psicológica y de combate a la criminalidad transnacional (droga y otros aspectos) ya se ha comenzado a concretar. Colombia se mercadea como socio militar a nivel mundial.

Publicado originalmente en El Universal

Medio Ambiente: De Lima a París


Embajador (r) Julio César Pineda

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de la ONU, fue aprobada el 9 de mayo de 1992 en Nueva York, con la finalidad de reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera para evitar el calentamiento global promoviendo un desarrollo económico sustentable. En la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de 1992 con la presencia de 172 gobiernos y más de 100 Jefes de Estado, se definió el plan de acción mundial para promover este desarrollo sostenible con la adopción de principios y normas de la nueva ecología política, allí se abrió la firma, el instrumento jurídico sobre el cambio climático. Esto condujo a la aprobación del Protocolo de Kyoto que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano y óxido nitroso, además de tres gases industriales fluorados, en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del período que iba de 2008 a 2012, en comparación a las emisiones en 1990.

Cada año se ha venido reuniendo este órgano supremo que busca comprometer y obligar a los Estados a compromisos firmes en la reducción de la contaminación del planeta. América Latina ha sido sede de este organismo dos veces en Buenos Aires, una vez en Cancún y ahora en Lima. El Ex-Vicepresidente de EEUU, Al Gore, obtuvo el Premio Nobel de la Paz y también un Oscar con su largometraje “Una verdad incómoda”, donde alertó a la sociedad política y civil del planeta del proceso del calentamiento de la atmósfera por la contaminación en todas las áreas, pero especialmente por las emisiones de CO2, causa fundamental del incremento de la temperatura. Ha sido la mejor defensa audiovisual al Protocolo de Kyoto y a un futuro convenio de carácter coercitivo para los Estados, especialmente aquellos que más contaminan como EEUU y China con el 40% de las emisiones y que han sido reacios a compromisos políticos y jurídicos. Afortunadamente en la reciente conferencia de la APEC del 10 al 11 de noviembre de 2014, en Beijing, tanto el Presidente Barack Obama como Xi Jinping firmaron un acuerdo histórico en esta materia. 

Como miembro de la Cruz Verde Internacional, he participado en diferentes eventos, en alguna oportunidad escuche a su líder y fundador Mijaíl Gorbachov, quien señalaba que español es el idioma que mejor expresa la situación del hombre y su entorno cuando habla del medio ambiente, porque desde la revolución industrial hasta hoy hemos consumido y destrozado la mitad del planeta y de seguir esta vía, tendremos un cuarto o un décimo del ambiente, propicio para la vida. La temperatura del planeta ha aumentado, y si permitimos que se incremente en 2 grados, estaríamos ante un apocalipsis global. El impacto sería devastador sobre la biodiversidad con mayor extinción de especies animales y vegetales, derretimiento de los glaciares, con la elevación del nivel de los mares y el consecuente daño al agua dulce, aparición de nuevas enfermedades y pandemias, cambios climáticos con lluvias torrenciales y ciclones, refugiados climáticos. La Cruz Roja estima en 500 millones el número de personas que han emigrado por razones ambientales. Pero también la economía mundial producirá un crash si nada se hace para reducir las emisiones contaminantes y los gases de efecto invernadero. El PIB mundial para el 2030 podría descender de un 5 a 20% con la mayor crisis y recesión económica. Debe actuarse antes que sea demasiado tarde, porque todo puede suceder demasiado rápido, como lo señala Nicholas Stern, economista de la Banca Mundial: “No es posible luchar contra el cambio climático esperando dos o tres decenios, es todavía tiempo de actuar para limitar sus efectos sobre nuestras economías y sociedades”.

Seguimos de cerca con los ecologistas de América Latina y del Mundo la reciente Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático llevaba a cabo en Lima del 1 al 12 de diciembre. Desgraciadamente no se llegó a los resultados que esperábamos de un compromiso formal de todos los Estados miembros para garantizar un mejor porvenir a las generaciones futuras. No se acordó reducir las emisiones de gases contaminantes. Tendremos que seguir las recomendaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en el cual han participado algunos venezolanos, como el ingeniero Juan Carlos Sánchez, en el sentido a prepararnos a un clima más cálido con todas las consecuencias negativas que esto significa. Esperamos que en la próxima conferencia, que será en París, la mayor consciencia planetaria de los gobiernos facilite los acuerdos. 

Hacemos nuestras las palabras de Al Gore cuando recibió el Premio Nobel en el 2007: “Nos enfrentamos a una emergencia planetaria, la crisis climática no es política, sino un reto moral y espiritual para toda la humanidad”. 

Publicado originalmente en El Universal

@jcpinedap

sábado, 18 de octubre de 2014

Venezuela en el Consejo de Seguridad


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela ha sido electa por quinta ocasión como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para el período 2015-2016. Al respecto, resulta importante realizar algunas consideraciones. En primer lugar, es una noticia que debe embargarnos de alegría a todos los venezolanos, ya que denota la importancia de Venezuela a nivel regional y su peso intermedio a nivel global –como medida de comparación, España también acaba de ser electa por quinta vez-; siendo además una oportunidad para desarrollar una posición de Estado que permita dejar huella en la resolución pacífica de los conflictos y en el tratamiento constructivo de problemas globales apremiantes, denotando nuestro carácter como país amante de la paz. No obstante, existen fundados temores de que esto no sea así, y que el gobierno utilice el asiento como caja de resonancia para su discurso anti-estadounidense y anti-capitalista radical bien conocido, lleno de estridencias y posturas maniqueas y parcializadas en los complejos conflictos abiertos –de Ucrania a Palestina y Siria. De ser cierto esto último, constituiría un error y se perdería una gran ocasión para aumentar el prestigio de Venezuela.

En segundo lugar, resulta interesante que Venezuela ganó su asiento prácticamente sin oposición -181 votos a favor, 1 en contra, 10 abstenciones y 1 voto nulo. Esto implica que la candidatura venezolana recibió total respaldo de América Latina y El Caribe, lo que está asociado tanto a un capital relacional acumulado en los últimos 15 años, como a la influencia importante –aunque mermada- de Venezuela en el nuevo orden regional y al apoyo de Brasil a la candidatura venezolana desde que ocupaba la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR –la cual entregó en julio pasado. En este sentido, la diplomacia venezolana tuvo un punto de partida excepcional para hacer cabildeo con países de otras regiones hasta alcanzar mucho más votos de los dos tercios requeridos.

EEUU, por su parte –y a diferencia de 2006-, se limitó  a criticar el déficit democrático de Venezuela y su comportamiento contrario al espíritu de la Carta de Naciones Unidas, pero no utilizó a fondo sus contactos diplomáticos para bloquear la candidatura venezolana en la Asamblea General. Cabe destacar, que la Administración Obama ha descuidado la región porque tiene otras prioridades –y esto continuará hasta que abandone la Casa Blanca en enero de 2017, debido a la campaña abierta contra el Estado Islámico de Irak y Siria. Asimismo, la Administración Obama no desea polarizar con Caracas como lo hizo la Administración Bush; y realiza una última apuesta por normalizar las relaciones diplomáticas con el nuevo Encargado de Negocios, Lee McClenny, quien llegó a Caracas en agosto pasado. Las críticas a la candidatura venezolana deben leerse en clave individual, ya que la Embajadora Samantha Power tiene un Doctorado en Derechos Humanos y es una gran activista; y en clave de política interna, ante unas elecciones legislativas de medio término a tiro de piedra y un conjunto de senadores republicanos presionando al Secretario de Estado, John Kerry, para que tratara de impedir la llegada de Venezuela al Consejo de Seguridad.

Washington solicitó a Bogotá que intentara romper el consenso regional en torno a la candidatura venezolana, pero el Presidente Santos no tenía interés en confrontar a Venezuela, ya que es un país acompañante de la mesa de diálogo de paz con las FARC en La Habana y se sigue apostando por rescatar el comercio bilateral –ahora afectado por la lucha de Venezuela contra el contrabando. Ya existen suficientes perturbaciones en la relación como para añadirle un elemento más; más aún cuando no existe interés de parte de otros países latinoamericanos ni una voluntad clara de EEUU. En consecuencia, no se puede decir que el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad es un “rotundo triunfo” contra una “campaña imperialista”, aunque si debe decirse que es un éxito diplomático.

En tercer lugar, hay que señalar que debería revisarse la posición nacional en diferentes conflictos que marcan la agenda actual, donde se ha tenido una actitud sesgada y extremista que no abona a la búsqueda de soluciones diplomáticas creativas para fortalecer la paz y seguridad internacionales. Asumir una posición anti-estadounidense, anti-israelí e izquierdista radical no representa a todos los venezolanos ni tampoco ese voto latinoamericano que debe honrarse. En este sentido, hay una gran oportunidad para ejercer una posición equilibraba y constructiva, en consulta amplia y permanente con sectores nacionales y regionales, aprovechando la presencia de Ecuador, Uruguay y Argentina, en las presidencias pro-témpore de la CELAC, UNASUR y MERCOSUR, respectivamente. Debe evitarse caer en la tentación de utilizar el Consejo de Seguridad como megáfono para la pugnacidad, la destemplanza y el tremendismo con el único propósito de atraer reflectores, ocupar titulares de prensa, y tratar de desviar la atención de la opinión pública nacional de problemas urgentes como la crisis económica actual que podría agravarse con la caída de precios del petróleo que estamos experimentando. Ya Rusia y China se ocupan perfectamente de bloquear con su veto iniciativas de EEUU; de manera, que una posición confrontativa está de sobra y no aporta estratégicamente nada relevante.

En cuarto lugar, necesario subrayar que el gobierno debe, por coherencia, acatar todas las recomendaciones que los distintos órganos, programas y grupos técnicos de Naciones Unidas le han dado. Por tanto, nuestra llegada al Consejo de Seguridad es también una oportunidad para reactivar el diálogo, y propiciar el encuentro y la reconciliación de todos los venezolanos. No olvidemos que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha hecho llamados a retomar el diálogo; el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de DDHH ha llamado a la liberación de Leopoldo López y Daniel Ceballos; y otros órganos han realizado observaciones sobre importantes violaciones a los DDHH en el país.

Finalmente, resulta fundamental para poder desarrollar esta posición de Estado, pragmática, equilibrada, conciliadora y constructiva, designar un diplomático con formación y experiencia. Respecto a esto sería totalmente inadecuado darle esa responsabilidad a María Gabriela Chávez –como ha trascendido-, quien no tiene la preparación necesaria para interactuar en forma efectiva con otros embajadores como los de Rusia y China, Vitali Churkin y Wang Min respectivamente –ambos internacionalistas y diplomáticos de carrera-, o la citada Samantha Power. El Presidente Maduro bien haría en considerar asignar esta responsabilidad a un embajador experimentado como Alfredo Toro Hardy –quien actualmente se encuentra en un destino poco relevante como Singapur.

@kenopina

lunes, 4 de agosto de 2014

Israel-Hamás: La Guerra de los Siete Años





Dr. Kenneth Ramírez

Desde la expulsión de Fatah y la toma de Gaza por Hamás en 2007, Israel ha establecido un bloqueo absoluto sobre este pequeño territorio de 360 kilómetros cuadrados donde viven apilados 1,8 millones de palestinos, y lo ha invadido en tres ocasiones: Operación Plomo Fundido (2008), Operación Pilar Defensivo (2012) y Operación Margen Protector (2014). Para Israel se trata de extirpar un “grupo terrorista”, mientras para Hamás se trata de una “guerra santa” de resistencia contra el “enemigo sionista”. Dos visiones extremistas y excluyentes del otro, que se han empecinado en luchar una guerra asimétrica que ya dura siete largos años –un capítulo propio dentro del largo conflicto árabe-israelí-, donde los precarios altos al fuego como el que fue alcanzado a última hora del pasado jueves a instancias del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no se traducen en acuerdos de paz duraderos. Una y otra vez acusaciones recíprocas sobre quién ha empezado, una y otra vez sangrientos combates, declaraciones incendiarias y gran sufrimiento para la población asediada –esta vez con un terrible saldo de 1428 palestinos muertos y 8265 heridos en 24 días-, que terminan en una precaria tregua unilateral o negociada hasta la nueva escalada.
 
Sin importar la superioridad militar de Israel y su avanzado sistema anti-misiles “Cúpula de Hierro”, y por más contundente que sea la destrucción que genere en Gaza, Hamás no será eliminado. Tanto Israel como Hamás se necesitan, ya que han sustituido la política por la guerra. Demonizar al enemigo, jugar con el temor y el resentimiento hacia el otro, y asumir una postura de superioridad moral, genera réditos políticos en cada bando. Netanyahu se convierte en el hombre fuerte de la política israelí y garantiza que un debilitado Hamás gobierne Gaza sin que esta se convierta en un caos yihadista, mientras a su vez debilita a Fatah y justifica la ausencia de concesiones en la mesa de negociaciones de paz que israelíes y palestinos instalan cada cierto tiempo debido a la presión internacional. Muchos recordarán que Israel facilitó la formación de Hamás como contrapeso a Fatah y el liderazgo de Arafat en los años ochenta. Por su parte, Hamás brinda a los famélicos palestinos victorias morales y el sufrimiento que pueda perpetrar al enemigo en cada incursión –63 soldados israelíes muertos y 150 heridos en esta ocasión, mucho más que en las anteriores invasiones- como sustituto tanto de una victoria definitiva que no pueden alcanzar, como de una gestión pública eficiente y un bienestar social que no pueden proporcionar. Los dos se odian, y se necesitan.
 
No obstante, Netanyahu le hace un flaco favor a la causa israelí invadiendo a Gaza cada dos o tres años; mientras Hamás hace lo propio con la causa palestina al mantener la división con Fatah –que controla la Autoridad Nacional Palestina desde Cisjordania-, así como al provocar o responder a los envites de Netanyahu.
 
A todo lo expuesto se le ha añadido otro elemento que atiza el conflicto: los recursos de hidrocarburos de la Cuenca de Levante -que el Servicio Geológico de EEUU estima en 1,7 millardos de barriles de petróleo y 122 billones de pies cúbicos de gas natural-, que comparten tanto Israel como El Líbano y Palestina –sobre todo a través de la fachada marítima de Gaza. Aunque modestos –al compararlos con reservas como las que posee Venezuela-, estos recursos son lo suficientemente atractivos para que Israel busque como mínimo evitar que los correspondientes a Gaza –con un valor estimado de 7 millardos de dólares- sean explotados por los palestinos, y como máximo utilizarlos en su propio beneficio. De manera que mantener el conflicto en Gaza sirve para evitar su explotación, lo cual Fatah desde la Autoridad Nacional Palestina ha estado a punto de lograr en varias ocasiones, llegando incluso a sostener conversaciones a principios de 2014 con el Presidente Putin y la empresa rusa Gazprom. Este resultado tampoco lo desea Hamás, que tiene interés en capitalizar estos recursos en su beneficio exclusivo.
 
Hay una sola salida para este conflicto. Las partes y los mediadores deben utilizar este nuevo cese al fuego como impulso definitivo del proceso de paz, lo cual implica reanudar las negociaciones para la creación de un Estado palestino con las fronteras de 1967, y el compromiso de los miembros del denominado Cuarteto para Medio Oriente (Naciones Unidas, EEUU, la Unión Europea y Rusia) de usar toda su influencia para impedir otro fracaso. Además, es necesario un ambicioso programa de reconstrucción de Gaza y de mejora de sus condiciones sociales. Esto supone el fin del bloqueo, la reconciliación entre Hamás y Fatah en el marco de las instituciones del nuevo Estado palestino, la explotación de los recursos de hidrocarburos presentes en los territorios palestinos en beneficio de su pueblo y la inserción de Palestina en el Mundo. A cambio, Hamás debe desarmar Gaza bajo supervisión internacional, y Fatah debe controlar los pasos fronterizos.
 
Israel no puede continuar con la guerra con Hamás sin erosionar su legitimidad internacional; y Hamás no puede continuar jugando con fuego, ya que la permanente división de las facciones palestinas no contribuye a materializar el Estado palestino y las revueltas árabes desde 2011 le han hecho perder aliados. El mayor revés fue la caída de Mohamed Morsi y la ilegalización de los Hermanos Musulmanes en El Cairo –rama ideológica a la cual pertenece Hamás-, lo cual ha llevado al Egipto de Al-Sissi a proponer altos al fuego claramente desfavorables a Hamás en esta tercera invasión a Gaza, y al duro silencio de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Jordania, quienes temen revueltas instigadas por los Hermanos Musulmanes en sus respectivos países. Por otra parte, la guerra civil siria hizo que Hamás tuviera que tomar parte por la mayoría sunita en contra de Assad. Esto significó la ruptura de su alianza histórica con Irán y el distanciamiento con la milicia shiíta libanesa Hezbollah. Todo ello ha generado el aislamiento regional de Hamás, que hoy por hoy, sólo cuenta con el apoyo de Qatar y Turquía. Aunque se estima que este nuevo conflicto de Hamás con Israel podría acercarle a Irán, no parece fácil debido a la lucha regional abierta entre sunitas y shiítas.
 
Venezuela puede contribuir desde Naciones Unidas en los esfuerzos internacionales que permitan un cambio en la dinámica actual, para lo cual debe evitar seguir teniendo posturas parcializadas en este conflicto. Asimismo, a través de la recientemente creada Petro-Palestina, Venezuela podría facilitar cooperación e intercambio de experiencias para contribuir al desarrollo de los hidrocarburos presentes en Palestina y la transformación de estos recursos naturales en oportunidades de desarrollo y beneficios sociales para el pueblo palestino.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios
@kenopina