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martes, 30 de agosto de 2016

El encuentro Putin-Erdogan: implicaciones geopolíticas


Lic. Jonás Estrada Aguilera

El encuentro entre el Presidente de la República de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y el Presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, el pasado 9 de agosto en San Petersburgo, puso fin a 7 meses de congelamiento de las relaciones bilaterales tras el incidente en el que las fuerzas militares turcas derribaron un Su-24 el 24 de noviembre de 2015. Como retaliación, Moscú impuso duras sanciones económicas a Ankara.

Unas de las razones de la reanudación de las relaciones turco-ruso, es que el Estado turco ha estado revisando su política exterior, teniendo en cuenta que Turquía se encuentra ante una situación de distanciamiento con Washington, por el caso del clérigo y multimillonario musulmán e intelectual turco Fethullah Gülen, quien ha sido acusado por Erdogan de apoyar e influenciar desde EEUU donde se encuentra auto-exiliado el intento de golpe de Estado contra el gobierno de Erdogan; y sus complejas relaciones con Bruselas desde la gestión de la crisis de los refugiados y el affaire con el humorista alemán Jan Böhmermann hasta el dilatado y accidentado proceso de adhesión a la UE, por no mencionar el conflicto kurdo. El Presidente Erdogan ha señalado que ya no está interesado en formar parte de la UE, ni la UE no ha tenido real interés en aprobar el ingreso de Turquía dado su peso demográfico, su cultura musulmana y su posición geográfica que arrastraría a Bruselas a involucrarse de manera directa con conflictos del Medio Oriente. Todo esto, ha llevado a Turquía a sopesar un posible pivote hacia el Este, es decir, un “giro euroasiático” en su política exterior.

También vale acotar que Rusia fue uno de los pocos países que se pronunció más claramente en contra del fallido golpe de Estado en contra de Erdogan el pasado 15 de julio, y eso también permite al Estado turco revisar su política exterior que ha sido considerada muy ambivalente e incierta en algunos temas como su lucha contra el grupo terrorista Dáesh y la aceptación de los refugiados del conflicto en Siria e Irak.

Otras de las razones reales del restablecimiento de las relaciones ruso-turcas es que desde el congelamiento de las relaciones ha perjudicado a ambos países, pero más a Turquía, ya que el mismo gobierno turco ha reconocido que pierde 9 millardos de dólares al año a causa de las sanciones económicas, lo que supone 1,2% de su PIB. Las mayores pérdidas se deben a los ingresos procedentes del turismo, más de 5 millardos de dólares, seguidas por el sector textil que suponen 1,2 millardos al año.

Desde la óptica rusa, debemos considerar en primer lugar, que Turquía es el segundo mayor consumidor de gas ruso. En 2015 Gazprom suministró 26.900 millones de metros cúbicos de gas natural a Turquía, solo por detrás de Alemania, y supone el 55% de las necesidades del país. Es más, en diciembre de 2014, Gazprom y la turca Botas firmaron un memorándum para la construcción de un segundo gasoducto por el lecho del Mar Negro, el Turkish Stream, con una capacidad de sesenta y tres millardos de metros cúbicos anuales. Tras la ruptura de relaciones el proyecto quedó aplazado indefinidamente. Sin embargo Turquía fue incapaz de encontrar fuentes de suministro alternativas y continuó comprando gas de los gasoductos existentes. Ahora Turquía va a impulsar junto con Rusia la construcción del gasoducto el Turkish Stream.

En segundo lugar, la parte más significativa de los activos extranjeros del mayor banco de Rusia, el estatal Sberbank, se encuentra en Turquía. En junio de 2012 adquirió el turco Denizbank por 3,5 millardos de dólares. Aunque no ha sido una operación muy exitosa ya que la capitalización del banco turco ha caído de manera constante desde entonces, hasta llegar a los 2,6 millardos en junio de este año. Según el diario ruso Védemosti, Sberbank tenía la intención de vender estos activos, algo que ha sido negado oficialmente.

En tercer lugar, los rusos necesitan los resorts turcos. A pesar del desarrollo del turismo doméstico los agentes turísticos rusos han sido incapaces de encontrar alternativas a los hoteles turcos, uno de los países más visitados. En mayo de 2016, la búsqueda de viajes se redujo en un 15,5% comparado con el mismo período de 2015. Además, muchas personas deciden no viajar tras el cierre de un de los destinos más populares.

En cuarto lugar, tras la ruptura de las relaciones, Moscú impuso un veto a la exportación de productos alimenticios turcos. Durante largo tiempo el país fue uno de los principales suministradores, y esto aumentó tras las sanciones impuestas por EEUU y la UE tras el conflicto en Ucrania. Según datos del Ministerio de Desarrollo Económico ruso, en los primeros cuatro meses del año en comparación con el mismo período del año anterior, se produjo un descenso de 274,6 millones de dólares y se pasó a no importar nada. Por ejemplo, antes de las sanciones, el 53% de todas las importaciones de tomate a Rusia procedían de Turquía, y esto ha encarecido los precios para el consumidor ruso.

En quinto lugar, los constructores turcos han realizado algunos de los proyectos  de construcción más importantes de Moscú. Por ejemplo, la empresa Enka renovó el edificio de la Duma Estatal, mientras que Renaissance Construction construyó la oficina principal de Gazprom en San Petersburgo. Según datos del diario ruso Kommersant, los beneficios anuales de las constructoras turcas en Rusia ascienden a 773 millones de dólares anuales. Tras el deterioro de las relaciones, las empresas solo podían terminar los proyectos que estaban en marcha, afectando proyectos de infraestructura de interés para el Kremlin.

No obstante, vale la pena circunscribir que la reconciliación y reanudación de las relaciones entre Rusia y Turquía alcanzada en la reunión de San Petersburgo, no debe estimular expectativas infundadas ni demasiadas esperanzas. En las relaciones entre Moscú y Ankara aún existen demasiados problemas e importantes contradicciones como para afirmar que se ha puesto la primera piedra de una nueva “alianza estratégica”, porque aún hay temas difíciles que se tienen que tratar entre ambos Estados, aunque la reconciliación actual supone un progreso considerable. Dichos temas son:

1. Las posturas diametralmente opuestas de los dos países en el conflicto sirio. Vladimir Putin apuesta por Bashar el-Assad, mientras que Recep Tayyip Erdogan intenta derrocarlo. Aunque el gobierno turco parece estar revisando su postura respecto al tema sirio, tras la operación “Escudo del Éufrates”.

2. Existe un segundo problema relacionado también con la guerra de Siria: la relación con los kurdos. Para Ankara los guerrilleros kurdos que luchan en Siria contra los radicales islamistas son sus enemigos, separatistas y aliados de los “terroristas” del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), en guerra contra el Presidente Erdogan. Para Moscú, los kurdos sirios son sus aliados potenciales. Y sus relaciones con los kurdos turcos siempre han sido especiales, de ningún modo hostiles.

3. El tercer problema está relacionado con el conflicto armenio-azerí. Moscú, pese al tono moderado de sus declaraciones y a su postura equidistante, es considerada por todo el Mundo como un potencial aliado de Armenia, su socio en la OTSC. En lo que respecta a Turquía, este país ni siquiera intenta mostrar objetividad ni imparcialidad. Ankara está del lado de Bakú.

4. El cuarto problema consiste en el hecho de que en Turquía operan sin limitaciones varias organizaciones abiertamente opuestas a Moscú, algunas de ellas procedentes del Cáucaso Norte y otras formadas por tártaros de Crimea. Estas organizaciones cuentan con el apoyo de diásporas influyentes, hasta el punto de que incluso si Erdogan quisiera eliminar este elemento en las relaciones con Rusia, encontraría una firme resistencia dentro del país.

5. El quinto problema es la crisis de confianza. En Moscú ya no se habla en público del incidente del avión, pero no lo han olvidado. Como tampoco han olvidado las declaraciones que hicieron “en caliente” varios políticos turcos, entre ellos el propio Erdogan, cuyas palabras al respecto no fueron nada pacíficas. Sería extraño que después del derribo del Su-24 Moscú no sacara sus propias conclusiones acerca de la fiabilidad y de la previsibilidad de las acciones del gobierno turco.

6. El sexto problema: el actual acercamiento es en cierto modo obligado. Occidente trata con cautela tanto a Moscú como, desde hace un tiempo, a la propia Ankara, y tiende a distanciarse de ellos. En este contexto, el intento de encontrar un socio alternativo, de romper el aislamiento internacional, resulta del todo natural. Al mismo tiempo, no existe ninguna garantía de que, si Turquía logra normalizar sus relaciones con EEUU y la UE, este país siga apostando por Rusia y desarrollando proyectos como el Turkish Stream. La idea de este proyecto es llevar gas ruso por el lecho del Mar Negro y el territorio turco hasta la frontera con Grecia. Para Rusia este proyecto es estratégico para suministrar gas a Europa evitando a Ucrania.

En conclusión, Erdogan está reposicionando internacionalmente a Turquía, posiblemente hacia una suerte de equidistancia entre los intereses del Atlantismo y los intereses de otras potencias vecinas, pero de seguir sus desencuentros con EEUU y la UE puede realizar un “pivote eurasiático” estrechando con lazos con Rusia y fortaleciendo vínculos políticos y culturales con los países del Asia Central y sus pueblos túrquicos. Aunque aún es prematuro, no podemos descartar esto último, teniendo en cuenta que el Presidente Erdogan está implementando de manera progresiva un nacionalismo islamizado turco y por ende desplazando el nacionalismo laico kemalista europeizante y su concomitante alineamiento atlantista.

@jonaspatriota

lunes, 25 de julio de 2016

¿Para qué sirven las bayonetas?


Prof. Eloy Torres

Un grupo relativamente numeroso del Ejército turco trató de derrocar al Presidente Erdogan. El golpe fracasó, pero varios de sus organizadores dijeron que continuarían luchando. Ellos afirman hablar en nombre de todo el Ejército y que defienden los valores democráticos. El Ejército turco siempre ha jugado un papel clave en la política turca. Este golpe no ha sido el primero en ese país, modernizado por Mustafa Kemal desde 1923, quien fue bautizado como Ataturk, “padre de los turcos”. Él impulsó un conjunto de políticas llamado el Kemalismo. Lo principal de éstas: Turquía, a pesar de ser una nación musulmana fue declarada oficialmente laica. Ese mismo Ejército turco, hechura de Ataturk, repito, ha dado varios golpes de Estado, so pretexto de “defender” la democracia y evitar la islamización de Turquía. Ese papel, hasta 2010, lo consagraba la Constitución turca. Ella indicaba que su papel consistía en ser: “los guardianes de la República turca”. Por lo cual no es casual su intervención en reiteradas ocasiones para frenar la arremetida  islamita.

En opinión de muchos, Erdogan, bautizado por factores militares y civiles como el  “Sultán”, pues evoca esa figura. Son evidentes su personalismo y actitudes totalitarias. Un verdadero peligro para la democracia turca. Durante su mandato, Erdogan ha venido controlando los medios de comunicación social para evitar ser criticado; luego, ha encarcelado a factores de la oposición, como también amenazado con la disolución a la Corte Constitucional; también ha colocado al sistema judicial a su servicio  directamente. La guinda que ha colmado la torta es su pretensión de “islamizar” a Turquía; desoyendo así, la advertencia- herencia de Mustafá Kemal “Ataturk”.

El Ejército turco, considerado un Estado dentro del Estado (700.000 miembros) ante los cambios observados en los últimos tiempos, mostró un sorprendente silencio en estos últimos años. Muchos creyeron que Erdogan había logrado un control personal sobre éste. Hay que ponderar que el Ejército turco goza de recursos considerables (un presupuesto que supera los 20.000 millones de euros) ello le da una fortaleza política para maniobrar, muy grande y continuar ejerciendo un considerable papel; razón por la cual no es de extrañar este último intento de golpe de Estado, máxime que los golpistas hablaron en términos mesiánicos de ser “los salvadores de la República y la democracia turca”. Ello está por verse si todo acabó. Creemos que no.

Evidentemente, el golpe militar falló. No hubo apoyo ni mayor coordinación en las élites militares. Luego, la forma violenta de actuar, muy propia de los militares que hacen política con las armas, hizo que miles de ciudadanos salieran a las calles a defender lo que, supuestamente, los hombres de verde, también querían hacer: defender la democracia. Los  militares actuaron con la fuerza de las armas y los ciudadanos con la fuerza de los valores democráticos. Se trataba de defender al régimen democrático, no a Erdogan, quien cual Sultán, ha pretendido sustituirlo con su personalismo y autoritarismo. Como dijo alguien por allí: “El golpe no ganó, pero perdió la democracia”. Ese golpe tan torpe, irónicamente hablando, coloca en manos de Erdogan un mayor poder: “Por ahora”, como dijo alguien en 1992. Sus planes de entronizarse, cual nuevo Sultán están sobre la mesa. La torpeza de los factores militares opositores le insufló una oportunidad de oro. Igual ocurrió con Chávez en el 2002, cuando el ridículo “carmonazo”. Un acto de debut y despedida, por el cual, Venezuela entera,  hoy sufre.

El escenario que se busca, como respuesta: ¿qué hubiera pasado si triunfaba el golpe? Primero, hay que responder que no todo está agotado. Falta mucha tela por cortar. El silencio ruso y norteamericano como de la UE durante la crisis, fue emblemático. Luego, Turquía, es un aliado de los EEUU de primer orden en la región, además, miembro de la OTAN, por lo que de haber triunfado la sedición hubiera generado un drástico cambio geopolítico. Hay también que ponderar que Rusia e Israel, recientemente habían hecho las paces con miras a impulsar la cooperación en la región. Igualmente habría que señalar que el ISIS hubiera recibido un golpe demoledor. Los kurdos también hubieran encontrado una aproximación  a la solución de su drama.

Los servicios de inteligencia extranjeros elaboraban escenarios sobre la estabilidad del régimen de Erdogan. Se hablaba, desde marzo, de un acto sedicioso contra el hombre fuerte de Ankara. Muchos indicios de corrupción, crisis económica, debilidad frente a la ISIS, e incluso acusaciones de colaboración oficial con ellos. Luego, el agravamiento de las relaciones de Ankara con la Unión Europea y los EEUU forzó a la especulación de los servicios señalados. Hoy Erdogan, triunfó, mas si es un hombre inteligente y no un enfermo de terquedad, debe ponderar lo ocurrido con miras a evitar un recrudecimiento de las cosas. Un poco más de 100 generales, no es una “concha de ajo” como quien dice. Es un drama que sacude a ese país. Erdogan debe mostrar un poco más de inteligencia y no arrinconarse ante las desgracias y buscar un entendimiento con los factores que lo adversan; especialmente, con aquellos, que no quieren nada con la islamización en Turquía, comenzando con el ejército turco. La oposición igual; debe buscar a esas masas que salieron a defender la democracia y hacer política con ellas y abandonar esa visión mesiánica. Hay que potenciar a la sociedad civil hacia un derrotero más dinámico e incluyente y en consecuencia más democrático.

Todo esto viene a cuento, pues hay quien dice que es bueno aprender de los errores cometidos; hay quien sostiene que mejor es aprender del éxito de los otros. Nos permitimos complementar que es mucho mejor ver en que, otros, se han equivocado.  La  política debe tener un sentido pedagógico. Hay quienes han aprendido a cambiar de opinión y no ser un estúpido más; otros se empeñan en ignorar la realidad y abrazan, por ejemplo, el discurso confiscador y manipulador de la economía como si ella fuera un juego de metras. E incluso buscan refugio en el ejemplo histórico del lamentable derrocamiento y muerte de Allende en Chile. Al hacerlo no ponderan que Allende erró, al pretender involucrar a las fuerzas armadas para enderezar los entuertos de su fantasiosa y fracasada política económica. Pinochet, fue aliado de Allende, hasta que él decidió dar un paso adelante con un sangriento golpe militar, fraguado con ingredientes izquierdistas que le proporcionó esa política económica, como el radicalismo absurdo de las fuerzas que participaban en la Unidad Popular. Esa sedición, como todo golpe, no surgió de la nada; fue una respuesta al estado de caos que sufría Chile. Pinochet, simplemente fue una consecuencia que él aprovechó para permanecer en el poder 17 años y bañarse con la sangre de miles de chilenos.

Hoy, el gobierno venezolano desesperado y sin respuestas ante este desastre construido casi 18 años, cual aprendices de brujos, intenta una solución. Pero, la inteligencia tan escasa en sus mentes, buscó una salida: colocar al Ministro de la Defensa al frente de la economía. Hay que recordarle a los oficialistas leer un poco de historia. Creemos sinceramente que algunos de ellos saben de lo que hablamos, mas la comodidad o el miedo a hablar los conduce a ser cómplices de un desmadre cuyas proporciones aún no se concretan, apenas se ve algo: corrupción generalizada en las estructuras del Estado, misiones fracasadas, los CLAPs, como emporio de bandas apadrinadas desde el poder, enormes colas, resultado de lo anterior, lo que generará una patética hambruna que apenas enseña los dientes, la inseguridad galopante, colectivos armados, en general un cuadro dantesco, jamás visto en esta tierra de gracia. Este gobierno debe saber o enterarse que las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse en ellas; eso le aconsejaron a un genio llamado Napoleón Bonaparte, quien no escuchó, por lo que fracasó años más tarde; en Venezuela tenemos un gobierno inepto, ciego, torpe, mudo y sordo que toca tambor en Miraflores para ser escuchado por quienes disfrutan, con sus sonrisas, a la espera de su momento. Ellos llevan, en sus manos, las bayonetas. Erdogan y Maduro, sabrán, como Allende, para que sirven esas afiladas cosas. 

@eloicito

lunes, 18 de julio de 2016

Turquía, genocidio e historia


Prof. Eloy Torres

Las discusiones sobre la historia tienen como motivo, por lo menos en mi caso, aprender. Hemos ejercitado a lo largo del noble oficio de la diplomacia lo que en las aulas universitarias y en la vida asimilamos. En mi perspectiva, que no de la de un egresado de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV, sino de la de un titulado en Filosofía y en Historia, en la Universidad Babes Bolyai de la ciudad de Cluj- Napoca, Transilvania de Rumania, con estudios de postgrado en el área internacional, en la UCV; en el Instituto de Relaciones Internacionales “Raúl Roa” de Cuba y en la maestría de la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores, con el Dr. Demetrio Boersner, Embajador, profesor y gran amigo, por demás mi superior en dos ocasiones -en esta última tuve la suerte de “devorar” una materia que aborda el tema histórico desde una perspectiva global y que concluye, magistralmente en la visión paradigmática de Pierre Renouvin sobre “Las fuerzas profundas de la historia”. Ésta, es un instrumento de análisis vital para comprender la realidad internacional y creo haber aprendido a manejar este instrumento de análisis.

No es nuestra intención hurgar en determinados, como polémicos hechos históricos. Los mismos producen una cierta urticaria, bien sea por pertenecer a una de las comunidades señaladas de cometer los hechos. Es normal que ellos muestren molestia por cargar esa culpa experimentada en la historia, máxime que no ha habido un acto de perdón, arrepentimiento o constricción; o bien, otros que se dejan llevar por los sentimientos de amistad y afinidad o confusión de los elementos históricos que permitieron que éstos se llevaran a cabo.

No queremos reabrir heridas que han estremecido la historia del Mundo. Las guerras, por ejemplo, con todas sus manifestaciones, han sido un instrumento nefasto para la obtención del poder en las relaciones internacionales. Ellas han estado con nosotros y no las podemos eludir. Hay que analizarlas y no cerrar los ojos. Han  existido y existen. Es por ello que buscamos comprender las causas de éstas, para ayudarnos con las fuentes de la historia para que nos ilustre.

Para comprender mejor este aciago capítulo de la historia debemos volcar la mirada hacia  la complejidad de toda la región, especialmente la de ese momento. Cada actor debe ser observado en su relación con los otros actores. Era la primera guerra. Ya pasaron 100 años y sus alusiones memorísticas muestran destellos de tibias advertencias de que en efecto, ocurrió una masacre. Era el principio del siglo XX y hoy la gente no percibe lo ocurrido. Sólo los interesados directos y los preocupados por la historia. Fue un momento que transitó desgracias. Ahora bien, la complejidad del contexto histórico de ese momento y los hechos generados son imposibles de recoger en un trabajo de pocas líneas, si son válidas para dar una señal de que cosas como esas no se pueden olvidar.

Basta citar el reciente voto del Bundestag alemán al reconocer el genocidio armenio; luego el Vaticano ha expresado su preocupación por la negativa turca en reconocer lo cometido; Suecia y la Unión europea, para no decir los EEUU, militan por encontrar eco en la postura de Ankara para que reconozca y asuma con humildad mediante un acto de constricción y reconozca ese crimen. Independientemente que ocurrió ya  hace más de 100 años.

Si observamos bien la realidad del gobierno turco su capacidad de maniobra, en términos diplomáticos, se ha reducido mucho. Es Berlín, Paris, Washington, el Vaticano y Moscú. Hoy, Turquía se mueve más con la retórica. Basta el caso reciente cuando Rusia y Turquía se dieron la mano y Erdogan pidió disculpas por volar el avión ruso. ¿Qué pasa? Seguro que la soledad ejerce presión sobre Ankara, por lo que creemos, el acto de constricción la fortalecería y aliviaría las tensiones con la U.E.Creemos que tarde o temprano Turquía reconocerá en términos serenos y con un análisis frío y duro, su pasado. Alemania hizo un reconocimiento y hoy ofrenda la memoria de esos más de 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración. Un acto que engrandece a la tierra de Schiller, Kant, Beethoven y Hegel.

Ese genocidio fue un momento trágico en la historia del pueblo armenio. Un verdadero drama que enlutó millones de hogares y marcó el rumbo incierto a miles de armenios a recorrer el mundo en la búsqueda de cobijo. Venezuela recibió  a un grupo de ellos y les brindó su venezolanidad animosa y alegre. Claro, en medio de grandes dificultades, pero lo hicieron con una alegría imborrable. ¡Qué tiempos aquellos!, se decía en esa Venezuela que se sacudía de su ruralidad para ingresar en su moderna, pero fatal era petrolera.

Lamentablemente los condicionamientos culturales y esa visión dogmática hacen que el gobierno turco, por ahora,rechace la frase “genocidio armenio”, aunque reconoce los momentos vividos como trágicos e inhumanos.No obstante, falta algo y es el reconocimiento al hecho cruento del genocidio. Esa visión le impide dar unos los pasos efectivos para su incorporación al concierto de países de la Unión Europea. El peso de la historia no les permite observar con desprendimiento lo que ocurrió.

Las élites gobernantes turcas impregnada por el condicionamiento de los entonces triunfantes  “jóvenes turcos”, sucesores del imperio otomano desde 1915 hasta 1923, por haber sido los constructores de la pujante Turquía, probablemente no quieren dar su brazo a torcer y han arrastrado al pueblo turco, a lo largo de todo un siglo, a cargar con esa culpa. Ellos no quieren ver que hay ponderables que permitirían superar de la memoria colectiva universal ese infausto momento.Ésta presente en su evocación, la alianza de Rusia con los armenios y hoy la reproducen. Ese temor impulsa a las élites turcas a continuar con esa idea; niegan y rechazan que, en algún momento de la historia, ellos cometieron esa barbaridad. Sin embargo, se observa, como paulatinamente,se va descubriendo ese velo, en forma de adumbra, que ha ocultado lo que pasó, bajo el pretexto que esas muertes (1.200.000 víctimas) son el resultado de enfermedades o bien, de los combates entre los ejércitos durante la Primera Guerra Mundial. Turquía insiste en brindar esa visión, e incluso muchos no turcos la defienden. Pienso, sinceramente, es un acto de candidez e inocencia creer en la versión oficial de la contemporaneidad turca.

Ahora bien, lo  que sucedió a principios de 1915 fue sólo el principio de los genocidios durante el siglo XX. Los armenios, luego, los hebreos, gitanos, haitianos, camboyanos y ruandeses han sido víctimas de prácticas genocidas. El Nazismo y el comunismo cometieron barbaridades que empalidecen el rostro de la humanidad. La ferocidad, junto con un monumental cinismo,ha dado muestras de la pérdida de humanidad a lo largo de dos milenios de civilización. Núremberg no detuvo esas prácticas. El comunismo ruso, el “holodomor”ucraniano, el de Europa oriental, construido con los tanques soviéticos, luego China, donde murieron de hambre 40 millones de ciudadanos chinos, es también un genocidio.  Por lo que el de Armenia es siempre un referente a tomar en consideración, pues fue el primero en el siglo XX. Los historiadores andan tras más pistas para descifrar esa barbarie para lo cual se requieren del aporte y soporte turco con miras a superar ese trágico momento.

La responsabilidad y la culpa es un tema político. Ese acto bárbaro confronta al mundo, entre los que creen en el genocidio armenio y los que no. Por ahora, hay muchos servicios religiosos y eventos conmemorando el genocidio ocurrido en Armenia y la diáspora armenia en todo el mundo coloca piedras para edificar un monumento y evitar se olvide ese drama.

Ereváno Ereván asiduamente es visitada. El Santo Padre viajó recientemente a Armenia y bendijo a ese sufrido pueblo. Varios presidentes extranjeros la han visitado también: Rusia, Chipre, Francia, Serbia. Todos han viajado a ese pequeño país a mostrar un momento de recogimiento por los muertos en ese genocidio. Es parte de toda una arquitectura simbólica de los armenios para evitar que se olvide lo sucedido. E incluso el gobierno armenio decidió plantar 1.500.000 árboles como metáfora memorística por los muertos. Es como rescatar a la historia y evitar que ella caiga en los brazos del olvido para secuestrarla. El Monte Ararat observa con sus nieves y alegría, pero con tristeza por los armenios caídos en ese infausto acto.


@eloicito

domingo, 7 de junio de 2015

Elecciones en Turquía: El fin de la hegemonía de Erdoğan


Iván Rojas Álvarez

Después de una jornada electoral seguida muy de cerca por la Sociedad Internacional, y ya con casi la totalidad de las papeletas escrutadas -99,94% cuando se escribe este artículo-, podemos decir que la hegemonía que detentaba el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) desde 2002 ha terminado, en lo que puede significar un giro realmente importante no solo para Turquía sino para toda la región. Porque a pesar de haber ganado la contienda electoral con 40,8% de los votos, el AKP ha perdido la capacidad de formar un gobierno sin necesidad de hacer coaliciones con los otros partidos, es decir, no ha logrado ganar suficientes sillas como para formar una mayoría tal y como había hecho en la última década durante tres elecciones consecutivas.

El principal partido de oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP) obtuvo el 25% de los votos, el Partido de Acción Nacionalista (MHP) obtuvo el 16,3% y el Partido Democrático del Pueblo (HDP) obtuvo el 13,1%. Esto tendría como consecuencia que estos partidos obtuvieran alrededor de 132, 81 y 79 escaños respectivamente, en la Gran Asamblea Nacional Turca, mientras que el antes mencionado AKP obtendría 258. Es importante recordar que el sistema electoral turco tiene el umbral electoral, porcentaje mínimo de votos para obtener representación, más alto del Mundo, el cual se ubica en 10%, lo cual hace en general que partidos pequeños encuentren muchas dificultades obteniendo escaños.

Un elemento que puede considerarse importante en el desenlace de esta contienda, la cual era considerada por muchos como trascendental para el futuro de Turquía y de todo el Medio Oriente, eran las ambiciones del actual Presidente Recep Tayyip Erdoğan y su partido AKP de transformar el sistema de gobierno turco, de parlamentario a presidencialista, aumentando así los poderes del Presidente Erdoğan, quien ya de por sí ha sido acusado durante la última década tanto dentro como fuera de las fronteras de su país, de tener un talante autoritario, y de socavar parte de la institucionalidad del país concentrando más poder en su persona y su partido.

Tanto el líder del HDP, partido pro-kurdo y abierto a todas las etnias y sectores del país, Selahathin Demirtas, como el líder del CHP,  Murat Karayalcin, coincidieron en declaraciones hechas durante este domingo, en que se había demostrado a través de los votos que el pueblo turco no quería un sistema presidencial de gobierno. Para hacer los cambios constitucionales necesarios para este cometido, el AKP hubiese necesitado dos tercios de los escaños, es decir, 367 de los 550 del Parlamento o, en su defecto, 330 escaños para lograr tres quintos y tratar de lograr esos cambios a través de un referéndum.
En los próximos días se exploraran las opciones que tiene el AKP para formar gobierno; el HDP ya ha descartado públicamente la posibilidad de hacer una coalición con el hasta ahora partido dominante, al igual que lo hizo el líder del CHP Kemal Kılıçdaroğlu cuando fue preguntado sobre este asunto antes de las elecciones. Y aunque hay varias combinaciones que matemáticamente le darían un gobierno de mayoría, lo más probable es que el AKP busque formar un gobierno de minoría, lo cual tendría, como en todos los Estados de corte parlamentario, una estabilidad mucho menor que un gobierno de mayoría, fuese este de un solo partido o de coalición. Este escenario le daría a los partidos de opción bastante capacidad de bloquear las acciones gubernamentales cuando así lo consideraran necesario.

Por otra parte hay que decir que la “derrota” del AKP podría ser achacada no solo a la intención del cambio de sistema de gobierno y al proceso de centralización del poder, sino además al carácter cada vez más represivo que el gobierno había tomado, tanto con Erdoğan como Primer Ministro como durante su más reciente ejercicio como Presidente. A nivel de la prensa internacional fue bastante seguido el caso de las protestas en el Taksim Gezi Park de Estambul, las cuales aunque iniciaron a partir del descontento por un plan de rediseño urbano evolucionaron, en parte debido a la represión, en protestas con una agenda mucho más amplia, que incluía la contrariedad hacia múltiples temas políticos y sociales. Otros casos polémicos han sido los constantes ataques contra la libertad de expresión en el país, siendo el más conocida la censura a la red social Twitter hecha en marzo del año pasado, a raíz de acusaciones de corrupción hechas en dicha red social hacia el circulo interno del entonces Primer Ministro Erdoğan.

Esta derrota entonces se puede entender como una repuesta sobre todo de los grupos minoritarios como lo son las mujeres, los kurdos, los activistas LGTB y otros muchos grupos étnicos, políticos, religiosos y sociales que podían sentir que un gobierno más autoritario podría acabar con sus ya limitadas libertades, razón sobre todo por la cual la oferta del HDP, el cual incluyó en su lista de candidatos a miembros de todos estos grupos, por ejemplo armenios, azeríes, asirios y muchos otros, además de 268 mujeres, resultó especialmente atractiva para muchos. Este partido, a pesar de su inclinación anti-sistema y anti-liberal, lo cual ha traído comparaciones con el partido español Podemos, representaba para muchos observadores externos un contra peso necesario para el AKP, que había convertido a la República laica por excelencia en el Medio Oriente en un Estado de corte bastante más religioso y bastante más conservador.

Finalmente, es interesante recordar que esta coyuntura electoral se ha dado a pesar de que Turquía en la última década y media ha experimentado un importante crecimiento y desarrollo económico, siendo la prosperidad alcanzada por muchas zonas antes deprimidas la base de la popularidad del AKP. Esto se ve reflejado en cifras como la disminución de la pobreza de 16,4% en 2005 a 2,3% en 2012 según cifras del Banco Mundial (la misma fuente ubica la pobreza de Venezuela en 25,4% en ese año); un ascenso en el PIB per cápita de 2.850 a 10.790 dólares entre 1995 y 2013 según la fuente antes citada.  Además, Turquía ha sido incluido en varios grupos de países considerados por analistas como de las economías emergentes más importantes como los “Next Eleven” y los “MINT” (México, Indonesia, Nigeria y Turquía) o los “MIKTA” (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia); aparte de ser junto con Arabia Saudita el único Estado de Medio Oriente que es parte del G-20.

Entonces queda esperar la formación de un gobierno y el intercambio inicial entre los ahora bloques parlamentarios para poder vislumbrar el futuro de la agenda política turca, la cual por lo estratégico del país afectará la política internacional de lo que queda de década, especialmente en Europa, el Medio Oriente y los EEUU. 

@IvanRojas92

viernes, 24 de abril de 2015

Genocidio Armenio: Una herida abierta


Iván Rojas Álvarez

Hoy, 24 de abril de 2015,  se conmemora el primer centenario del inicio del llamado genocidio armenio, el primer acto de esta naturaleza cometido durante el siglo XX. En esta fecha el gobierno otomano decidió apresar a 250 periodistas, intelectuales y otros líderes de la comunidad armenia en Constantinopla (hoy Estambul). Ese día, llamado por algunos el domingo rojo, marcó el inicio un ataque sistemático contra la comunidad armenia en lo que actualmente es Turquía, con el fin de exterminarlos completamente, sometiéndolos a ejecuciones, violaciones masivas, marchas forzadas hacia el desierto y el posterior ultraje y robo de sus propiedades y posesiones. Se estima que entre un millón y un millón y medio de armenios fallecieron en este proceso.

Aún hoy podemos sentir las secuelas de tan devastadores hechos, y es sorprendente que un siglo después el gobierno turco siga minimizando y negando la escala de la tragedia, absteniéndose de considerarla un genocidio y tratando de ponerla en el contexto de las muertes ocurridas durante la Primera Guerra Mundial. Durante los últimos días, tanto el Parlamento Europeo como el Papa Francisco, han hecho referencia de forma bastante notoria a estos deplorables hechos, y la única respuesta obtenida por parte del gobierno turco ha sido el más enérgico rechazo.

La naturaleza de estas acciones como un genocidio no están en discusión, después del holocausto ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, el genocidio armenio es probablemente el más estudiado y documentado, incluso Raphaël Lemkin, jurista quien formuló el concepto de genocidio, se inspiró en el genocidio armenio para poner en marcha su trabajo en la materia. En Venezuela tenemos en la obra del famoso militar y escritor Rafael de Nogales Méndez, “Cuatro años bajo la Media Luna”, en cuyas páginas hay referencias a la masacre armenia, situación la cual movió al militar tachirense a abandonar las filas otomanas.

No está de más que decir que esta postura intransigente del gobierno turco en este tema, la cual podríamos unir a su trato hacia las comunidades kurdas del este del territorio, su injerencia en Chipre a través del apoyo a la República Islámica de Chipre del Norte, han trancado de alguna manera las posibilidades de Turquía de surgir como una verdadera voz de peso dentro de la Comunidad Internacional y un mediador eficiente entre Occidente y los Estados de Medio Oriente. Podría considerarse incluso que con el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Turquía ha de hecho retrocedido en el proceso de maduración política necesario para asumir responsabilidades como potencia regional emergente.

Turquía y Armenia por supuesto carecen de relaciones diplomáticas en la actualidad y sus fronteras están cerradas, hecho que lastima a ambas economías, y no se avizora en el horizonte una solución distinta a que Turquía de su brazo a torcer y reconozca las atrocidades cometidas. Con este centenario, la difusión de lo ocurrido y la presión sobre el gobierno turco se incrementará, en buena medida debido al rol activo de la diáspora de más de 8 millones de armenios en el Mundo, de los que un pequeño y muy laborioso grupo hacen vida en Venezuela –el cual logró que nuestra Asamblea Nacional reconociera el genocidio armenio en 2005. Empero, queda de parte de cada uno de los Estados miembros de la Comunidad Internacional, convertir o no este tema en uno importante en la agenda de sus relaciones con Ankara.

A la sociedad civil solo le queda seguir trabajando en la difusión y educación sobre estos hechos, tal como han hecho iniciativas como el Genocide Education Project, entre muchas otras más, al igual que cualesquiera otros acontecimientos que siguen siendo tapados por los gobiernos y que lo único que logran es perpetuar el estancamiento y no el progreso de las sociedades, pues perpetúan odios y resquemores innecesarios entre grupos étnicos, nacionales, sociales y/o religiosos, que sólo generan muerte, destrucción y desentendimientos, en contraposición a la necesaria cooperación, diálogo, tolerancia y progreso, que siempre son posibles cuando los Estados tratan de construir viendo hacia el futuro en vez de hacia el pasado.


@IvanRojas92

Genocidio Armenio: Tapando el sol con un dedo


Embajador Arturo Sarukhan

A mi abuela Angele Kermezian y a Hrant Dink.

Hoy, Armenia y la diáspora armenia en todo el Mundo, junto con prácticamente toda la Comunidad Internacional, estarán rememorando el centenario del primer genocidio del siglo XX. 

El 24 de abril de 1915, el Imperio Otomano ordenó el arresto de cerca de 250 intelectuales, periodistas, abogados y empresarios armenios en Constantinopla, y con ello inició una política sistematizada, planeada y deliberada de deportación, limpieza étnica y exterminio de la comunidad armenia-otomana. 

A partir de 1915 y sobre todo en 1916, el triunvirato que en aquel entonces conducía el gobierno otomano —Talat Pasha, Enver Pasha y Cemal Pasha— mandó exterminar, mediante marchas forzadas al desierto sirio y ejecuciones, a cerca de 1,5 millones de ciudadanos armenios. Cerca de 800 mil armenios lograron escapar y encontrar refugio en otros países, entre ellos mi abuela paterna.

Estas atrocidades son hechos, no mitos. No están en duda; se encuentran ampliamente documentadas por historiadores, periodistas y diplomáticos de la época, y por los archivos tanto otomanos como armenios y en otras naciones. 

Que hubo la decisión de proceder con el exterminio está comprobado. Y tampoco son, ni pueden ser, explicadas como muertes en el contexto más amplio de pérdida de vidas turcas como resultado del apoyo otomano a Alemania en la conflagración mundial de 1914-1918.

En un intercambio ampliamente comprobado entre el entonces Embajador estadounidense Henry Morgenthau y uno de los integrantes del triunvirato gubernamental, Talat Pasha, éste explícitamente le indica al Embajador que han tomado la decisión de “acabar con todos” los armenios en el Imperio. 

El genocidio fue la peor atrocidad de la Primera Guerra Mundial, y al día de hoy sigue siendo una herida abierta. En gran parte ello es el resultado de 100 años de gobiernos turcos que han respondido al genocidio, al Mundo y a quienes formamos parte de la diáspora armenia —como mi padre, mi hermana y yo y nuestros hijos— con silencio y con negación. 

La herida también supura por el rechazo, la indignación y la rabia de millones de armenios, tanto en Armenia como alrededor del mundo, y que incluso, en algunos momentos llegó a derivar en actos terroristas en contra de diplomáticos turcos en los años setenta y ochenta.

¿Cómo encontrar la reconciliación entre la intransigencia a confrontar y aceptar ante los ojos del Mundo los crímenes del pasado, por un lado, y la rabia y el dolor de quienes sobrevivieron y de sus descendientes, por el otro?

De entrada, Armenia y Turquía deben encontrar la manera de sanar las heridas del pasado y ver hacia el futuro. El bienestar y la seguridad de ambos pueblos lo demanda. Pero para que la reconciliación sea posible, hay que reconocer y confrontar el pasado. 

La amnesia histórica y apostar a que al Mundo se le olvide el genocidio armenio (en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, Hitler subrayó que “al final del día, quién se acuerda del exterminio de los armenios”) —o que por consideraciones geoestratégicas algunas naciones, particularmente Estados Unidos con su enorme población de origen armenio, sigan volteando la mirada— no puede seguir apuntalando la estrategia turca. 

De la misma manera, argumentar que todo aquel, sea éste el Papa, el Parlamento Europeo o cualquier individuo que habla del genocidio miente, difama y conspira contra Turquía o es un “racista”, no debe ser la respuesta de una gran nación como lo es la turca y que muchos de nosotros queremos ver como un jugador internacional responsable y con peso, un pivote entre Occidente y el Mundo musulmán, encuadrado en el gran proyecto de la Unión Europea. 

Pero el precio para jugar en esas ligas debe ser reconocer y confrontar el pasado, el pasado que además no es propio, sino el de un Imperio decrépito que al colapsarse dio pie a la República secular turca. Para Armenia y los armenios desperdigados en el Mundo también habrá decisiones difíciles que tomar. ¿Vale la pena lograr el reconocimiento turco a cambio de dejar a un lado la demanda de reparaciones?

Los relatos que le escuché a mi abuela sobre lo que vivió, vio y tuvo que hacer para escapar del genocidio son el testimonio de un capítulo de la historia mundial que no puede ser, ni será, borrado o acallado. 

El pasado forma parte de todos nosotros. Tenemos que garantizar que el entorno actual no minimice, o deje de reconocer y articular el significado moral del genocidio. La invocación armenia, ‘Djamangen gar oo chagar’ —“había y ya no hay”— es la expresión cotidiana del horror de 1,5 millones de voces armenias silenciadas. Los que quedamos seguiremos levantando la voz.

Publicado originalmente en El Universal de México

@Arturo_ Sarukhan

miércoles, 8 de abril de 2015

Yemen en clave petrolera


Dr. Kenneth Ramírez

En febrero de 2012, Yemen era citado con optimismo como un capítulo de la “Primavera Árabe”, ya que las protestas populares debilitaron a Alí Abdullah Saleh, quien había gobernado con puño de hierro como Presidente de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) desde 1978, y como Presidente de la República de Yemen después de la unificación –el país estuvo dividido entre 1918 y 1990. La renuncia de Saleh terminó concretándose tras una intensa mediación del Consejo de Cooperación del Golfo –por sus siglas en inglés, GCC- liderado por Arabia Saudita, país vecino que tiene una gama de intereses en Yemen. En primer lugar, Riad ha maniobrado para mantener la “Primavera Árabe” fuera de la Península Arábiga, ya que amenaza su propia estabilidad política; y de hecho, mil soldados sauditas fueron enviados a sofocar el levantamiento de la mayoría shiíta contra la monarquía sunita de Bahréin en 2011. Además, tanto en Bahréin como en Yemen, Arabia Saudita –como líder de los musulmanes sunitas- busca evitar que los levantamientos de la población shiíta sean aprovechados por su rival geopolítico Irán –como líder de los musulmanes shiítas. En tercer lugar, Riad necesita combatir de grupos terroristas desde Al-Qaeda en la Península Arábiga –que se declaró responsable del atentado contra Charlie Hebdo- hasta grupos que le han jurado fidelidad al ISIS, los cuales operan en el Sur de Yemen y amenazan la legitimidad religiosa del Rey de Arabia Saudita como “Guardián de las Dos Sagradas Mezquitas”. Finalmente, Riad necesita asegurar el Estrecho de Bab el-Mandeb que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén -el cual es flanqueado por Yemen-, y por donde pasan 3,8 millones de barriles diarios de petróleo.

Con la salida de Saleh, su Vicepresidente Mansour Hadi, formó un gobierno de unidad e instaló entre marzo de 2013 y enero de 2014, la Conferencia para el Diálogo Nacional de Yemen. No obstante, no pudo resolver la crucial definición de una estructura del Estado. Mientras que los secesionistas del Sur quieren dividir Yemen en dos regiones bajo la hegemonía sureña, los grupos del Norte se posicionan a favor de una federación de seis regiones y un equilibrio de poder. No es coincidencia que en el Sur se encuentre la mayor parte de sus 3 millardos de barriles de reservas de petróleo y sus 17 billones de pies cúbicos de gas natural, que aunque son insignificantes si se compara con las que poseen sus vecinos del Golfo, son claves para el segundo país más pobre del Mundo árabe.

Los Houthis, marginados por ser acusados como agentes de Irán, han luchado para obtener más poder para los zaydíes –secta shiíta que se concentra en el Norte de Yemen y que representa 45% de la población. Se alzaron en armas en 2004, en un conflicto que se extendió hasta 2009, cuando se produjo una intervención puntual saudita. En agosto de 2014, consiguieron capitalizar la indignación por los recortes en los subsidios a los combustibles, y emprendieron una ola de protestas –con la ayuda de su otrora enemigo Saleh que busca regresar al poder y facilitó la movilización de parte de la mayoría sunita. El 21 de septiembre de 2014, se firmó el Acuerdo Nacional para la Paz y el Reparto del Poder, bajo el auspicio de la ONU. El Presidente Mansour Hadi permanecería en el cargo hasta que la nueva Constitución federal fuera aprobada, se restablecería los subsidios y se celebrarían elecciones. Empero, los Houthis reanudaron las protestas y tomaron la capital Saná, el 19 de enero de 2015. Mansour Hadi se declaró víctima de un golpe de Estado y pidió la intervención de la ONU y el GCC.

Ante todo esto, Arabia Saudita decidió la semana pasada emprender la “Operación Tormenta Decisiva”, que implica un bombardeo a gran escala, seguido de una invasión terrestre –que aún no se ha producido-, para debilitar a los Houthis y reinstalar a Mansour Hadi en Saná. Para ello, Riad ha dispuesto 150 mil soldados y 100 cazabombarderos, y cuenta con el apoyo de una amplia coalición que agrupa al GCC –excluyendo Omán-, Jordania, Marruecos, Pakistán, Egipto y Sudán, además del respaldo diplomático de EEUU y Turquía que culpó directamente a Irán de esta nueva crisis. Aunque era de esperar una respuesta saudita, sobre todo porque la toma del poder de los Houthis podría darle a Irán presencia en las dos riberas del Estrecho Bab el-Mandeb –Teherán ha venido fortaleciendo vínculos con Djibouti y Eritrea-, así como una cabecera de playa en la Península Arábiga; lo que resulta muy llamativo es el creciente militarismo de las petro-monarquías del GCC, que siempre habían optado por utilizar aliados o la diplomacia financiera masiva en estos conflictos. Detrás de este nuevo enfoque, se encuentra el nuevo Rey Salman, quien impulsa la constitución de un bloque sunita conservador y militante para llenar el vacío que está dejando la menor disposición de EEUU a intervenir en la región, frenar la proyección geopolítica de Irán, sofocar impulsos revolucionarios árabes y combatir grupos terroristas: El “Invierno Sunita” como punto final de la “Primavera Árabe” y el ascenso de Irán.

Aunque los bombardeos han generado un repunte leve –en torno a 5%- de los precios del petróleo, debido a la preocupación por Bab el-Mandeb, lo cierto es que los rebeldes yemenitas no tienen capacidad para afectarlo; y ya buques sauditas, egipcios y estadounidenses lo resguardan. Empero, todo esto no deja de ser muy peligroso, ya que más allá de la soterrada lucha Riad-Teherán en todo el arco shiíta, la presencia saudita en Yemen podría desembocar en una amenaza mucho más tangible para el principal productor petrolero de la OPEP: Miles de yihadistas alimentando a Al-Qaeda y al ISIS en su frontera Sur, dado que el premio ahora sería la lucha directa contra lo que tipifican como el “régimen apóstata” de Riad.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina


domingo, 8 de marzo de 2015

El Medio Oriente y el fin de los Acuerdos Sykes – Picot


Prof. Eloy Torres
De las lecciones sobre Historia de la Diplomacia que impartiese el Embajador, Profesor y amigo, Demetrio Boersner destacan unos elementos sobre el Medio Oriente como un escenario  marcado por la inestabilidad. Dos elementos sobresalen: Los acuerdos Sykes- Picot y el petróleo.

El primero, es decir, los acuerdos Sykes- Picot, fue un acuerdo secreto en 1916 entre Francia y Gran Bretaña para establecer las fronteras en toda la zona. En el fondo la idea era repartirse los territorios, una vez derrotada la alianza de los Imperios centrales y el Imperio Otomano. Hemos dicho en otras ocasiones que Rusia estaba incluida en esa ecuación; pero, la Revolución bolchevique modificó esa intención geopolítica. Esos acuerdos fueron bautizados con los nombres de quienes los firmaron: Sir Mark Sykes de Gran Bretaña y François Georges-Picot de Francia.

El segundo elemento es el petróleo. Todos sabemos de la enorme riqueza de ese rubro negro en el subsuelo de esas arenas que hoy arden gracias a la sangre de sus habitantes. Muchos invocan  el hecho religioso, como un detonador determinante; pero, en realidad lo que está detrás de todo ese drama es el oro negro. Muchas veces los analistas se dejan llevar por la prisa mediática. Lo imprevisible de los acontecimientos los arropan y los marcan; pues, nunca alcanzan a descifrar el acertijo; que no es por el idioma árabe, sino que es algo que va más allá de la barrera del idioma. La primera equivocación fue bautizar al proceso que sacudió la polvareda de las arenas árabes, como una  “Primavera Árabe”. Craso error. El mundo árabe no busca la democracia al estilo occidental. Ellos todavía son prisioneros de un esquema conjugado: política, religión y cultura. No hay secularización como ocurrió con el Occidente.

En esa realidad hay una multiplicidad de actores que al mismo tiempo exuda una variedad de visiones e intereses. Ello implica un reacomodo en su situación geográfica. La Invasión de Sadam Hussein en 1990 a Kuwait fue una señal de alarma que apuntaba desconocer los acuerdos Sykes-Picot y que casi nadie observó. Hoy toda esa zona comienza buscar asientos para discutir su realidad. Ella está formada por varias expresiones: los Estados periféricos: Irán, Turquía, Egipto; los Estados centrales que dibujan una media luna geográfica: Israel, Jordania, Irak, Libia y Siria y los Estados del Golfo: Kuwait, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Bahréin, Omán, Qatar y el Yemen. Ciertos analistas incluyen a los de la zona del Cáucaso y del Asia Central de las antiguas repúblicas soviéticas. Todas, a excepción de Israel, tienen un denominador común: el Islam. En una ocasión escribimos sobre el Nuevo Medio Oriente. Hoy se habla de un Medio Oriente ampliado. Éste concepto surgió en el año 2004, durante la Cumbre del G-8 que apuntaba a la extensión de otras zonas geográficas como los del cuerno de África, Sudan, Afganistán y Pakistán. Esta tesis fue retomada por la entonces Secretaria de Estado de EEUU, Condolezza Rice. Esa opinión fue considerada como una nueva estrategia de EEUU para repensar sus intereses en la región con miras a fortalecer el corredor euroasiático con el cual ellos estarían ampliando su influencia hacia el Asia-Pacífico. Es un nuevo Medio Oriente o un Medio Oriente ampliado.

Lo interesante de las ciencias sociales es que el lenguaje mediático incorpora conceptos novedosos. Esto viene a cuento, pues la noción de “Primavera Árabe” introdujo un nuevo elemento discursivo: el MENA. Es decir el Medio Oriente y Norte de África. Aunque no todo se resuelve tan fácilmente. La conflictividad en Siria e Irak ha cambiado todo el discurso y generado el surgimiento de un nuevo paradigma para analizar esta realidad. Hay una complejidad conflictual que se siente en el norte de la zona que abraza al Mediterráneo y que alcanza a Pakistán  El surgimiento del ISIS, el Estado Islámico o el Califato, al principio siglo XXI coloca sobre la mesa de discusión, la posibilidad de reconstruir las fronteras del Medio Oriente, el cual hoy se pretende llamar, ampliado.

El tema de la recomposición fronteriza de esa conflictiva zona no es nuevo. Por lo menos ya ha sido tratado tímidamente por los analistas estadounidenses, aunque no reflejen la definitiva, como oficial, postura del gobierno de EEUU. Nos encontramos con el caso de los kurdos y el  Kurdistán. Éste ya comienza a  mostrar un rostro con forma de mapa. Todos los actores de la zona lo piensan, incluso Turquía, como fórmula para disminuir la conflictividad. Luego del desastre que significó la intervención unilateral de los EEUU en Irak, éste se ve amenazado ante la posibilidad de ser “descuartizado” en tres partes: el Kurdistán, el shiíta y el sunita. El petróleo hace acto de aparición; ese Estado sunita no tendría el oro negro. Irán quedaría como un Estado shiíta puro en esencia y marcado por su visión zoroástrica y perdería territorios en detrimento del Azerbaiyán y del Kurdistán. Azerbaiyán podría convertirse en el punto de apoyo que tendría los EEUU en la zona. El reino de Arabia Saudita también perdería territorios que obtendrían tanto el Yemen como Jordania. Hay versiones según la cual Medina y La Meca se convertirían en un Estado islámico sacro, cuya forma se inspiraría en El Vaticano.

Israel volvería a las fronteras de antes de 1967. Recuérdese que Kissinger habló de la necesidad de que Israel se entendiese con sus conflictivos vecinos. De esta manera, Israel sobreviviría y no desaparecería del mapa. Siria, por su parte, perdería su acceso al Mar Mediterráneo y Rusia no contaría más con su base en Tartus. El Líbano ganaría. Afganistán ganaría en tanto que Pakistán pierde en ese arreglo, particularmente por la mirada satisfecha de su vecina: India.

La tragedia de Siria e Irak potencia este onírico proyecto, cuya viabilidad dependerá del elemento racional que aborde las mentalidades de los decisores. Los últimos hechos entre los cuales destaca los fait accompli de las accidentadas conversaciones entre los líderes, el turco Erdogan y el kurdo Berzani, con un notable giro hacia un entendimiento en la zona, hace que los perdedores en la I Guerra, hoy saldrían beneficiados de la crisis de Siria y del reacomodo fronterizo del cual se habla. Los kurdos tienen en sus manos una gran oportunidad. Pueden crear su propio Estado y dejarían de ser los parias de la zona. Gozan del apoyo estadounidense y el gobierno de Israel observa con buenos ojos, ese entendimiento, pues es un ejemplo que deberían seguir los palestinos. Turquía, hemos dicho en otras ocasiones ha mostrado un pragmatismo en su política exterior. El Medio Oriente es su zona por excelencia. Es el principal socio comercial de los kurdos y promueve la unificación de éstos, siempre y cuando no afecte la seguridad de su frontera. Por su parte, el propio Irán no vería con malos ojos tal entendimiento en el cual los kurdos fortalezcan su presencia en un territorio autónomo. Está por verse.

Evidentemente estamos en presencia de algo que se puede dar o no. Falta mucha tela que cortar. De ser asertiva la propuesta de reacomodar las fronteras, en aras de construir un Medio Oriente extendido, estaríamos frente a un nuevo paradigma que las modificaría, pero no en el sentido pretendido por  Bashar Al Assad o Saddam Hussein, es decir un panarabismo, sino frente a uno  que decretaría la muerte de los acuerdos de Sykes- Picot. Éstos respondían a los intereses de los firmantes: Francia y Gran Bretaña (Rusia no lo firmó, pues vino Lenin y cambió el curso de su política exterior). Aquellos hicieron un reparto acomodaticio de las fronteras en esta zona sin la participación de los sujetos de esos acuerdos. La respuesta habrá que verla. Se avecinan cambios. ¡Sorpresas te da la vida! canta Pedro Navaja de Rubén Blades.

@eloicito