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viernes, 4 de marzo de 2016

El revés de Evo


Dr. Kenneth Ramírez

La derrota de Evo Morales en el referéndum por el que pretendía reformar el artículo 186 de la Constitución para poder optar a un cuarto período presidencial en 2019, ha reivindicado el principio de alternabilidad en Bolivia.

Evo no hizo bien los cálculos. Convocó a un referéndum reeleccionista cuando aún le restan cuatro años para terminar su tercera gestión, y su pretensión continuista aglutinó a todos los factores políticos y sociales en su contra, desde liberales y conservadores, hasta indigenistas, ecologistas e izquierdistas disidentes, que difícilmente se unirían tras una candidatura común. Este gran frente realizó una campaña muy efectiva, apalancada en las redes sociales, y centrada en la defensa de valores republicanos y denuncias de abusos de poder, corrupción –caso Fondo Indígena- y tráfico de influencias –caso Gabriela Zapata- que por primera vez afectaron la imagen del líder aymara. Por su parte, el proyecto oficialista mostró agotamiento tras una década en el poder, y Evo Morales no logró entusiasmar a los bolivianos con un proyecto de futuro –más allá de la conocida “Agenda Patriótica 2025”. En este sentido, la campaña oficialista habló de pasado y continuidad, al enfocarse en los logros alcanzados –nacionalización del gas, mayor inclusión de los pueblos indígenas, cuadruplicación del tamaño de la economía tras un crecimiento promedio de 5% en la última década, y reducción de la pobreza desde 63% a 45%, y la pobreza extrema desde 38% a 17%- y subrayar el “liderazgo excepcional” de Evo como garante de la estabilidad. Este conjunto de errores, favorecieron el despertar del tradicional anti-reeleccionismo boliviano que hasta ahora Evo Morales había adormecido.

Aunque ha sido el primer revés para Evo desde su llegada a Palacio Quemado, la derrota del “Sí” por apenas 2,6% muestra una gran base de apoyo para relanzar su proyecto y tener un rol clave en la elección de su sucesor. Surgen aquí figuras como el Vicepresidente Álvaro García Linera, el Canciller David Choquehuanca, o su exitoso Ministro de Economía, Luis Arce Catacora -quien ha logrado articular socialismo con ortodoxia económica. No obstante, bien le valdría al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) consultar a las bases y renovarse, tratando de trascender la figura de Evo, ya que resulta muy probable que Bolivia encare una coyuntura económica recesiva en los próximos años. Por otra parte, los votos del “No” responden a distintas corrientes y sensibilidades, y la oposición tiene ahora el enorme desafío de transformarse en un proyecto alternativo unitario e inspirador. Ergo, no puede darse por sentada una victoria de la oposición en 2019.

A nivel regional, el revés de Evo viene a completar un cuadro que muestra el quiebre de la hegemonía del bloque de izquierdas –la chavista y la lulista-agrupadas en el Foro de Sao Paulo que ha marcado la política latinoamericana en los últimos tres lustros. La izquierda foropaulista en el poder ha sufrido el impacto de la caída de los precios de las materias primas y la concomitante ralentización económica (de la “década dorada” 2002-2012 donde la región creció en torno al 4%, hemos pasado a un anémico crecimiento en torno al 1,5% en el período 2013-2016 jalonado por las recesiones de Brasil, Argentina y Venezuela) que le impide seguir financiando su ambiciosa agenda social redistributiva. En este contexto, la economía boliviana aunque ha seguido creciendo –4% en 2015 y 3,5% en 2016- y tiene buenos indicadores macroeconómicos, ya muestra una clara desaceleración debido a la caída de los precios del gas natural –talón de Aquiles de su modelo rentista. Los ingresos por exportaciones de gas se redujeron el año pasado en 2241 millones de dólares (37%), al pasar de 6012,2 millones de dólares en 2014 a 3771,2 millones de dólares en 2015, según datos oficiales.

Además, la izquierda foropaulista encara el debilitamiento de su liderazgo por la ausencia de sus figuras simbólicas más carismáticas –ya no están Chávez, ni Lula, ni Kirchner- y las carencias de sus sucesores; la pérdida de ímpetu de sus proyectos que han dejado de traducir la utopía igualitaria en realidades concretas; y la deslegitimación sufrida debido a los sonados casos de corrupción.

Lo anterior se evidencia concretamente, en la derrota de Alianza País en las principales alcaldías de Ecuador en febrero de 2014 y el anuncio de Rafael Correa de que no optará por la reelección en 2017; la victoria estrecha de Dilma Rousseff en octubre de 2014, su ajuste económico liberal y la amenaza de un juicio político por la trama de corrupción en PETROBRAS; la derrota del kirchnerismo por Mauricio Macri en noviembre de 2015; la victoria de la MUD en las elecciones parlamentarias de Venezuela en diciembre de 2015; el avance de la oposición boliviana en los comicios regionales de marzo de 2015 y el presente revés de Evo. Raúl Castro avizorando el cambio de viento, realizó su acercamiento a EEUU, que tendrá un nuevo momento estelar con la visita de Barack Obama a La Habana este 21 y 22 de marzo –un duro golpe al discurso “anti-imperialista” del bloque.

Empero, el fin del ciclo de la izquierda foropaulista está llevando a América Latina a dar un giro complejo y pragmático hacia el centro, donde ninguna fuerza política aún lidera claramente el cambio. Aunque los latinoamericanos se muestran críticos con la izquierda en el poder, siguen identificándose con pautas progresistas. Buscan nuevos líderes que rescaten los principios republicanos para corregir la deriva autoritaria, luchen contra la corrupción, recuperen el dinamismo económico con ajustes en el modelo de crecimiento -demasiado centrado en la exportación de materias primas- y el relanzamiento de la integración comercial; al tiempo que exigen conservar los avances sociales de la última década, mejorar los servicios públicos, atender nuevos temas de agenda como el cambio climático y la igualdad de género, y mantener la autonomía política de la región. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Acuerdo de París


Dr. Kenneth Ramírez

La opinión pública mundial ha recibido con beneplácito el Acuerdo de París, alcanzado al cierre de la XXI Conferencia de las Partes del Cambio Climático (COP-21) tras dos semanas de intensas negociaciones. Los 195 países participantes acordaron mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2 °C a finales de siglo respecto a los niveles pre-industriales, aunque también se comprometieron a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios” para que no rebase los 1,5 °C y evitar así “los impactos más catastróficos del cambio climático”. Jurídicamente vinculante y con un enfoque gradual, flexible y solidario; el acuerdo no fijó límite a las emisiones de gases de efecto invernadero como lo hizo el Protocolo de Kioto –prorrogado hasta 2020 mediante la Enmienda Doha aprobada en 2012-, sino que descansa en un conjunto de contribuciones nacionales presentadas voluntariamente.

Asimismo, busca que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible”, reconociendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en desarrollo –principio de responsabilidad común pero diferenciada-, y que se efectúen reducciones rápidas para encontrar “un equilibrio entre las emisiones provocadas por la acción del hombre y lo que puede absorber la atmósfera” en la segunda mitad de siglo. El texto además recoge las necesidades de financiación para la mitigación y la adaptación de los países en desarrollo –los países desarrollados deben movilizar un mínimo de 100 millardos de dólares anuales a partir de 2020-, e introduce un mecanismo de pérdidas y daños por el cambio climático –sin apoyos financieros concretos-, con arreglo al principio de justicia climática.

No obstante, el acuerdo señala explícitamente que los esfuerzos de mitigación que los países han puesto sobre la mesa no son suficientes, para cumplir el objetivo general. En 2030, la ONU estima que las emisiones de gases de efecto invernadero tendrían que estar rondando las 40 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente al año, pero los compromisos nacionales presentados para recortar emisiones suponen un aumento de las emisiones brutas hasta alcanzar las 55 gigatoneladas –si bien reducen en 9% las emisiones per cápita. Por ello, el Acuerdo de París establece un mecanismo de revisión cada cinco años, que implica que los programas de reducción de cada país aumenten gradualmente para corregir esa brecha. La primera revisión al alza de los planes nacionales sería en 2020, año en que debe entrar en vigor el acuerdo tras la ratificación de 55 países que representen al menos 55% de las emisiones.

Según estudios de la ONU y la Agencia Internacional de Energía, la producción y uso de energía generan dos tercios de las emisiones. En consecuencia, este acuerdo presenta retos para los países OPEP y la industria petrolera. Aunque los países OPEP sólo representan 10% de las emisiones mundiales –Venezuela el 0,48%-, producen el 33% del petróleo y el 20% del gas natural a nivel mundial, y poseen 80% de las reservas. Esto explica por qué los países OPEP han sido muy activos en las negociaciones, para salvaguardar sus intereses estratégicos. La limitación que sufrirá la demanda de los combustibles fósiles a largo plazo debido a las regulaciones climáticas, que según cálculos de la Agencia Internacional de Energía puede ubicarse en torno a 16% en los próximos 20 años, se traducirá en una pérdida de ingresos de 4 billones de dólares para la OPEP. Barclays estima que la industria petrolera perderá ingresos por el orden de 22 billones de dólares.

Venezuela mostró una posición mucho más pragmática y menos ideológica en esta Conferencia respecto a Copenhague hace 6 años, impulsando un acuerdo flexible junto al grupo de Países en Desarrollo de Pensamiento Afín (Link-Minded Group), donde hay países OPEP -como Arabia Saudita e Irán-, y economías emergentes –como China e India- que representan 50% de la población mundial.

Toca ahora al gobierno desarrollar nuestra contribución nacional –sólo se presentó el objetivo general de reducir 20% de las emisiones para 2030, esto es, 0,18 gigatoneladas/año. Aquí se abren grandes oportunidades en la limitación de las emisiones de metano en la producción de petróleo y gas, el relanzamiento de los proyectos gasíferos, así como el desarrollo de un plan de eficiencia energética y energías renovables –donde destaca el proyecto eólico de La Guajira con una capacidad de 10 mil megavatios, el equivalente a una hidroeléctrica del Guri.

Finalmente, PDVSA debe estudiar unirse a la Iniciativa Climática del Sector Petróleo y Gas (por sus siglas en inglés, OGCI), presentada por 10 empresas petroleras que producen 20% del petróleo y gas a nivel global; 7 de ellas europeas –Shell, Total, BP, BG, Repsol, Statoil y ENI- que ya se encuentran dispuestas a aceptar un sistema de techo nacional y comercio de emisiones, a las cuales se sumaron PEMEX, Reliance y Saudi ARAMCO. Todas estas empresas se han comprometido a trabajar conjuntamente para optimizar sus operaciones, invertir en investigación y desarrollo de tecnologías eficientes y limpias como el secuestro y captura de carbono, e impulsar proyectos de gas natural y energías renovables.

Total es el segundo gran inversionista en energía fotovoltaica a través de su filial, SunPower. Shell es uno de los grandes inversionistas en biocombustibles avanzados. BP, Repsol y Statoil son grandes inversionistas en proyectos eólicos costa afuera en Europa y EEUU. Shell está trabajando con GlassPoint para desarrollar generadores solares de vapor a gran escala para la recuperación petrolera mejorada en Medio Oriente –disminuyendo en 80% el uso de gas natural para tales fines. PDVSA puede aprovechar todas estas experiencias y conseguir socios valiosos para encarar el reto climático. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

jueves, 12 de noviembre de 2015

La victoria rusa en el Mar de Ojotsk


Lic. Jonás Estrada Aguilera
El Mar de Ojotsk es un mar costero de la parte noroccidental del Océano Pacífico, limitado por la península de Kamchatka, en el Este; las disputadas islas Kuriles, en el Sureste; la isla japonesa de Hokkaidō, en el Sur; la isla de Sajalín –ricas en petróleo y gas natural-, en el Oeste; y un largo tramo de la parte oriental de la costa de Siberia (incluidas las islas Chantar), en el Noroeste. El Mar de Ojotsk tiene una longitud, en dirección SO-NE, de unos 2.450 km, y en dirección SE-NO de unos 1.400 km. Tiene una superficie total de 1.590.000 kms², lo que lo coloca en la posición número 15 entre los mares del Mundo por extensión.
El Mar de Ojotsk está conectado al Mar de Japón a ambos lados de la isla de Sajalín: en el Oeste a través del golfo de Sajalín y el estrecho de Tartaria; en el Sur del país, a través del estrecho de La Pérouse. En la parte norte se encuentran el gran golfo de Shélijov, con las bahías de Guizhiguin y Penzhin.
A finales de agosto pasado, Rusia logró una gran victoria diplomática, ya que la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU reconoció oficialmente que un área de 52.000  kms² en el centro del Mar de Ojotsk le pertenece al estar conectada a su plataforma continental -aunque excede las 200 millas náuticas que reconoce el Derecho del Mar-, por lo cual ha pasado a ser un mar interior ruso. Esto implica que Japón ya no tiene posibilidad alguna de acceder al Mar de Ojotsk para hacer navegación alguna o posible explotación de recursos, teniendo en cuenta la controversia por las meridionales islas Kuriles –tomadas por Moscú en 1945 y reclamadas por Tokio. Vale acotar que a través del Mar de Ojotsk hay rutas marítimas que unen Beijing con las islas Kuriles y las regiones del Lejano Oriente ruso, camino al promisorio Ártico - donde el deshielo producido por el Cambio Climático está abriendo oportunidades de explotación de recursos y una nueva ruta de navegación entre Asia y Europa.
Otros aspectos importantes en referencia al dictamen que hizo la ONU a favor de Rusia, es que primeramente Moscú puede dedicarse a gestionar la plataforma marina unilateralmente, ya que posee ricas y grandes fuentes de materias primas y recursos energéticos –según estudios realizados en el Mar de Ojotsk hay miles de millones de toneladas de petróleo y gas.
A todo esto debe agregarse, los recursos pesqueros de este mar, donde se encuentran varias especies como salmón de distintas clases, calamar, chinook, rosado y chum. Además están las especies de peces comerciales, como olía, abadejo, lenguado, bacalao y capelán; y las islas Shanter son el hogar de una gran manada de lobos marinos, cuya producción está estrictamente regulada por el gobierno ruso.
Rusia quiere ahora utilizar el caso del Ojotsk como precedente en sus reclamaciones en el Ártico, que se han topado con la oposición del resto de los países de la zona, como EEUU, Noruega y Canadá. A principios de agosto, Rusia presentó una reclamación territorial para ampliar su control sobre el Ártico –que según estimaciones puede contener 25% de los recursos de petróleo y gas natural no explotados, aunque la caída de los precios del petróleo han aminorado las expectativas de las empresas petroleras- en una superficie que se extiende más de 350 millas náuticas desde la costa rusa. Moscú mantiene que el lecho marino del Ártico, en concreto la cordillera submarina de Lomonósov, es una continuación de la plataforma continental de este país. La nueva doctrina militar rusa aprobada a finales de 2014, incluye entre sus prioridades la defensa de los intereses nacionales en el Ártico, donde el Kremlin ha ordenado la instalación de varias bases militares.
En consecuencia, la consolidación del dominio ruso del Mar de Ojotsk, resulta cónsona con el nuevo marco doctrinario e ideológico del “Eurasianismo”, en el cual, el Presidente Putin busca afianzar a Rusia como una gran potencia mundial que influya de manera decisiva en la política internacional. Crimea y Ojotsk, y ahora el Ártico, son pues muestras palpables del restablecimiento del clásico nacionalismo imperial moscovita, que en unidad al cristianismo ortodoxo, constituyen nuevamente los determinantes de la identidad nacional rusa.
@jonaspatriota

martes, 22 de septiembre de 2015

Obama verde


Embajador (r) Luis Xavier Grisanti

No hay duda que el presidente Barack Obama está centrando su actuación durante su segundo y último período constitucional en los asuntos de política pública, en los cuales desea dejar una huella para la posteridad. Los ejemplos son evidentes: el histórico acuerdo nuclear con Irán; la reapertura de relaciones diplomáticas con Cuba y el eventual cese del embargo; los acuerdos económicos, ambientales y de cooperación militar con China; y la (ardua) negociación de los Tratados de Asociación Transpacífico y Unión Europea-EEUU. 
El 3 de agosto el presidente Obama anunció un Plan de Electricidad Limpia (Clean Power Plan), que prevé metas de reducción de emisiones tóxicas de efecto invernadero para cada uno de los estados de la Unión. Conforme a la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act), el plan se propone bajar en un 32% las emisiones de las plantas eléctricas respecto de los niveles del año 2005. 

El plan de Obama incluye un conjunto de incentivos para estimular el uso de la energía solar y eólica y minimizar la sustitución de carbón por gas natural. Aquellas plantas eléctricas que introduzcan medidas de eficiencia energética y muestren una mayor proporción de energías renovables, recibirán créditos de emisión para el futuro. El plan haría posible que la participación de las energías renovables en la generación de electricidad suba de 13% actualmente, a 28% en 2030. 

Por primera vez, un Presidente de EEUU establece estándares nacionales para combatir la contaminación ambiental en el sector eléctrico, el cual es el mayor emisor sectorial de gases de efecto invernadero. Los estados deberán presentar sus planes individuales a más tardar en 2018, y ejecutarlos a partir del 2022. Previamente, Obama había fijado estándares más estrictos para el sector transporte.

Dieciséis estados (principalmente productores de carbón) se han opuesto al plan de Obama, amenazando con ir a las cortes; varios precandidatos presidenciales republicanos también. Ellos alegan que gracias a la revolución del gas de esquistos/lutitas (shale gas), las emisiones han caído un 15% en la última década. Pero EEUU expide el 15% de las emisiones tóxicas del Mundo, y el Presidente Obama apuesta al éxito de la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático de París, en diciembre de 2015. 

@lxgrisanti


Publicado originalmente en El Universal

10 años del Plan Siembra Petrolera


Dr. Kenneth Ramírez

El 18 de agosto de 2005, una vez superado los efectos del paro petrolero, el Presidente Chávez, acompañado del Ex-Ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, presentó al país desde el Hotel Caracas Hilton, el ambicioso “Plan Siembra Petrolera 2006-2012” con visión 2030, para la expansión de PDVSA en el marco de la política de “Plena Soberanía Petrolera” y en un contexto estratégico de “fin del petróleo barato”. Recientemente, el Presidente Maduro acompañado del Ministro de Petróleo y Minería, Eulogio del Pino, celebraron los 10 años de este acontecimiento. No obstante, cabe la pregunta: ¿Hay algo que celebrar? Para responderla objetivamente, debemos hacer un balance.

En materia de reservas, el Plan Siembra Petrolera se proponía certificar la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), donde se estimaban reservas por 236 millardos de barriles de petróleo, lo cual aumentaría las reservas totales de Venezuela hasta 313 millardos de barriles. Con el aval de la empresa certificadora Ryder Scott, las reservas ascendieron hasta 299,9 millardos de barriles a finales de 2014, es decir, se alcanzó un satisfactorio 96% de la meta. En la actualidad, Venezuela es reconocida como el país con mayores reservas petroleras a nivel mundial.

Sin embargo, en materia de producción, la historia ha sido muy distinta. Lo que se ha hecho es “correr la arruga” debido a los retrasos de los proyectos por falta de capacidad de ejecución y financiamiento. Originalmente, el Plan Siembra Petrolera proponía pasar desde 3,3 millones de barriles diarios (MMBD) que se producían en 2005 hasta 5,8 MMBD en 2012, con una inversión de 123 millardos de dólares, en el marco de la OPEP y bajo el modelo de empresas mixtas que mejoró la participación fiscal del Estado. Para ello, se apostaba por aumentar significativamente la producción de la FPO con la construcción de 5 nuevos mejoradores. En 2013, de un plumazo, se desfasaron las metas hasta 4,25 MMBD para 2015 y 6,1 MMBD para 2021, con una inversión de 236 millardos de dólares.

En 2015, tenemos 12 empresas mixtas operando (incluyendo las 4 antiguas Asociaciones Estratégicas) en la FPO, pero los nuevos proyectos sólo han sumado alrededor de 50 mil barriles diarios de producción temprana (apenas 8% de la meta) y no se ha construido ni un mejorador. Por ello, y debido a la declinación de las áreas tradicionales, la producción petrolera de Venezuela ha descendido en la última década hasta ubicarse en 2,7 MMBD. Es decir, según cifras OPEP, se ha experimentado una caída de 600 mil barriles diarios (-18%), cuando estaba previsto un aumento de 2,5 MMBD.  En ese mismo período, casi todos los países petroleros de importancia elevaron su producción aprovechando los precios altos. Por tanto, la cuota de mercado de Venezuela ha caído, y esto se ha traducido a una pérdida de músculo dentro de la OPEP. 

Las premuras han llevado a la pragmática estrategia de importar crudo liviano para diluir con el extrapesado de la FPO, y así producir una mezcla tipo Merey 16 para exportar sin necesidad de invertir en mejoradores en un contexto de precios bajos y caída de producción de livianos (-30% en el Lago de Maracaibo desde 2008 y -25% en el Norte de Monagas desde 2010). Empero, este esquema presenta una rentabilidad que no queda clara, y no maximiza el valor al Estado venezolano en contradicción con la política “Plena Soberanía Petrolera” y el “Plan de la Patria”.

Por otra parte, los indicadores operativos y financieros se han deteriorado. En los últimos diez años, la producción de barriles por empleado ha caído en más de 70% y casi se ha triplicado el costo de producción promedio desde 4,34 $/Bl en 2006 hasta 12 $/Bl en 2015. Mientras la deuda de PDVSA ha aumentado desde 3 millardos de dólares en 2005 hasta 45 millardos de dólares en 2015.

En materia de refinación, el Plan Siembra Petrolera proponía aumentar la capacidad de refinación nacional desde 1,3 MMBD hasta 2 MMBD, a través de la construcción de tres nuevas refinerías (Batalla de Santa Inés, Cabruta y Caripito), y la ampliación de las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito. Sin embargo, nada de esto se ha materializado. Además, la capacidad de refinación en el exterior se contrajo desde 2,06 MMBD en 2005 hasta 1,3 MMBD en 2015, con la venta del circuito Ruhr Oel y de varias refinerías en EEUU, y la cancelación o desfase de proyectos en Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Siria, Vietnam y China.

Las exportaciones petroleras aunque se han logrado diversificar, consolidándose China como segundo destino, han caído más que proporcionalmente respecto a la producción debido al aumento del consumo interno y el contrabando. Además, se encuentran muy atadas a convenios que afectan el flujo de caja de PDVSA.

En materia de gas natural, aunque las reservas han aumentado, los proyectos emblemáticos Rafael Urdaneta, Mariscal Sucre y Plataforma Deltana se encuentran retrasados, excepto los campos Perla y Dragón. Mientras los trenes de licuefacción y proyectos como el “Gasoducto del Sur” quedaron en el olvido.

En definitiva, hay poco que celebrar y mucho por hacer tras una década del Plan Siembra Petrolera. Hoy por hoy, PDVSA no se encuentra en franca expansión como se planificó, sino en medio de un preocupante estancamiento. En consecuencia, resulta imperativo un nuevo plan de negocios de PDVSA que sea creíble, lo que supone adaptarlo a un nuevo contexto estratégico marcado por precios moderados y aumento de las restricciones ambientales, donde la geopolítica parece no tener árbitro y la geoeconomía se inclina al Pacífico. Además, debe lograr concitar un amplio consenso nacional. De ello depende la revitalización de PDVSA. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

miércoles, 26 de agosto de 2015

Impacto petrolero del "nuevo" Canal de Suez


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 6 de agosto se realizó la fastuosa inauguración del “nuevo Canal de Suez” por el Presidente de Egipto, General Abdel Fatah al-Sissi. Se trata en realidad de una ampliación del histórico Canal construido entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo en 1869, que consta de una nueva ramificación de 35 kilómetros y una ampliación de 37 kilómetros de la vía original -que contaba con 163 kilómetros. La primera inauguración en plena Era Victoriana, reunió al compás de Giuseppe Verdi, al Valí de Egipto, Mohamed Said Pasha, con la esposa de Luis Napoleón Bonaparte y Emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo; el Emperador de Austria y Rey de Hungría, Francisco José I Habsburgo; y el Rey de Prusia y futuro Emperador de Alemania, Guillermo I Hohenzollern. En la segunda inauguración, el General al-Sissi sólo contó con el Presidente de Francia, François Hollande; el Primer Ministro de Rusia, Dimitri Medvédev; y algunos mandatarios árabes y africanos. La primera inauguración dio paso a una auténtica revolución del comercio mundial; mientras la segunda ha dado paso a grandes interrogantes. 

La ampliación del Canal de Suez fue hecha en menos de un año con un costo de 8,6 millardos de dólares, y hará posible el tráfico bidireccional y una reducción del tiempo de tránsito de 18 a 11 horas, pero no ha elevado el máximo tonelaje aceptable. El gobierno egipcio espera que duplique el tránsito desde 43 buques/día en la actualidad hasta 97 buques/día en 2023, lo cual aumentará la recaudación por concepto de derechos de tránsito desde 5,5 millardos de dólares en 2014 hasta 13,2 millardos de dólares en 2023. Sin embargo, los expertos señalan que estas expectativas son muy optimistas. En lugar de un cuello de botella, las estadísticas reflejan un crecimiento más lento del comercio mundial, que el Fondo Monetario Internacional ubica en un promedio de 3,4% en el período 2007-2016, en comparación al 7% en la década anterior. Además, aunque el tonelaje total se ha venido recuperando después de la crisis económica mundial, el número de buques aún sigue 20% por debajo de su nivel en 2008. Asimismo, muchos consideran que el tráfico es más sensible a los derechos de tránsito.

En 2014, el Canal de Suez fue utilizado para transportar 3,7 millones de barriles diarios (MMBD) de petróleo y productos derivados; lo cual representa 9% del volumen comercializado por vía marítima y 4,6% de la producción petrolera mundial. Un aumento respecto a los 1,8 MMBD de 2009 y 2,97 MMBD de 2012. Los mayores volúmenes han sido de petróleo -2,1 MMBD rumbo a Europa y EEUU-, y productos -1,6 MMBD, sobre todo de fuel oil y nafta, rumbo a Asia.

La industria petrolera no espera ningún cambio significativo derivado de la ampliación del Canal de Suez. Actualmente, los buques petroleros VLCC totalmente cargados no pueden navegar por el Canal, y por ello deben descargar parte del crudo que transportan en Ain Sukhna en el Mar Rojo, el cual es trasladado a través del oleoducto SUMED hasta Sidi Kerir en el Mar Mediterráneo, donde los buques deben proceder a recargar una vez realizada su travesía. El Canal de Suez ampliado no permitirá que los buques VLCC naveguen con plena carga, por lo que las empresas petroleras tendrán que seguir utilizando el oleoducto SUMED para transportar cargamentos de más de 1 millón de barriles. Ergo, la industria petrolera no gozará de ningún beneficio concreto. Adicionalmente, el aumento de la demanda petrolera en las próximas décadas se centrará en Asia, y en concreto en India y China, y no se necesitará del Canal.

El mercado de productos derivados nunca ha estado restringido por las limitaciones del Canal de Suez, debido a los buques más pequeños que son utilizados, y los agentes esperan que los flujos comerciales sigan siendo los mismos. Pero existe la preocupación por un aumento de los derechos de tránsito que afecte la cadena de costos. Además, algunos envíos de productos podrían hacerse en el futuro desde el Golfo de México hasta Asia-Pacífico gracias a la proyectada expansión del Canal de Panamá, con ahorro de tiempo y dinero.

Por otra parte, 10% de todo el comercio de gas natural licuado -1,2 billones de pies cúbicos- se realizó en 2014 a través del Canal de Suez. Sin embargo, los buques más grandes Q-Max y Q-Flex seguirán siendo incapaces de utilizar el Canal ampliado si están a plena capacidad, y la opción de cargar y descargar no es rentable. Esto resulta una verdadera limitante para construir un verdadero mercado global de gas, que el proyecto egipcio ha obviado. Además, los flujos han caído un 8% desde 2011, debido a la “revolución de los esquistos” en EEUU.

En consecuencia, la ampliación del Canal de Suez junto a la construcción de un “Nuevo Cairo” en pleno desierto –que contempla un Parque Central que dobla al de Nueva York y un parque de diversiones cuatro veces más grande que Disneylandia-, forma parte de la agenda de obras faraónicas poco justificadas con las cuales el General al-Sissi -que obtuvo el poder tras el golpe de Estado contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes en julio de 2013- pretende legitimarse internamente evocando a Gamal Abdel Nasser –fundador del Egipto moderno al socaire de la nacionalización del Canal de Suez en 1956-, así como proyectar internacionalmente un “Egipto estable” tras la “tumultuosa Primavera Árabe”. Empero, los problemas de competitividad económica, desempleo, ineficiencia burocrática, corrupción y falta de libertades que originaron la caída de Mubarak en 2011 subsisten. Como bien señaló Karl Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, los grandes hechos y personajes de la historia aparecen, como si dijéramos dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa. Gran advertencia en contra de la imitación para todos los políticos del Mundo. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2015 es 1956 o 1869. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

miércoles, 12 de agosto de 2015

La importancia geopolítica de Crimea


Lic. Jonás Estrada Aguilera

La base de Sebastopol permite a Rusia el control del Mar Negro y un rápido acceso y presencia naval en el Mediterráneo. Desde su fundación en el siglo XVIII, en tiempos de la emperatriz Catalina II “La Grande”, ha sido de gran importancia estratégica para Moscú, y los muchos episodios relacionados con la flota y con su historia la han convertido en parte del imaginario nacionalista ruso. Además, en estos momentos, es vital para Rusia ya que la base de Novorossiysk está todavía en fase embrionaria para que pueda ser una base naval a gran escala.

La Armada rusa lo utiliza para naves pequeñas y como punto de aprovisionamiento. Y la guerra civil de Siria imposibilita también al Kremlin el uso de su base naval en el puerto sirio de Tartus. Por todo ello, Sebastopol es clave para la seguridad de Rusia, lo que ha quedado patente en varias crisis y conflictos internacionales. Vladimir Putin ha dicho claramente que la presencia de la flota en Sebastopol es determinante. Durante la guerra de Georgia estableció bloqueos en el Mar Negro y fue utilizada para lanzar amerizajes anfibios. También fue usada durante la crisis de Libia, en las misiones contra la piratería en el Océano Índico o en el desmantelamiento de las armas químicas de Siria.

En cuanto a la riqueza que posee el Mar Negro es importante mencionar que la energía es uno de los problemas fundamentales en la región y la posibilidad de una Crimea rica en hidrocarburos aviva, sin duda, la tensión. Su anexión supone para Rusia una ampliación de sus límites marítimos en el Mar Negro. Esto incluye el petróleo y el gas que pueda haber dentro de esos límites. Y se calcula que pueden tener un valor de miles de millones de dólares. Hace menos de dos años, Rusia intentó infructuosamente asegurarse esos recursos a través de negociaciones.

Ya para el año 2012, un informe del Ministerio de Energía ucraniano establecía que "el potencial geológico que existe en Ucrania para producir volúmenes más amplios de gas de lo que lo hace hoy y, atendiendo a una correcta demanda, incluso puede llegar a ser autosuficiente en gas natural". Pero reconocía también que para conseguir ese objetivo harían faltan muchas más inversiones en la exploración de gas. También añadió que esa inversión y desarrollo sólo se podían esperar si se reformaban la estructura industrial y el clima regulador para atraer al sector privado, tanto interior como internacional. En este informe ya se indicaba que el potencial era mayor del que se pensaba y que había que seguir explorando, y que uno de los lugares sería el sur de Ucrania, incluyendo el Mar Negro.

Ucrania firmó antes de que estallase el actual conflicto acuerdos de exploración y explotación con empresas occidentales y esto molestó a Rusia. La pérdida de Crimea supone también un parón en las ambiciones energéticas ucranianas de gas y petróleo. Kiev estuvo a punto de firmar un acuerdo con un consorcio de empresas petroleras internacionales que suponía una inversión inicial de 735 millones de dólares para perforar dos pozos en alta mar. El consorcio, dirigido por Exxon con intereses de Shell, la rumana OMV Petrom, y la ucraniana Nadra Ukrainy, estaba particularmente interesado en el campo Skifska en el Mar Negro, que se estima que cuenta con unos 200 a 250 millardos de metros cúbicos de gas natural. Exxon esperaba producir eventualmente 5 millardos de metros cúbicos al año. El consorcio de Exxon pujó más alto que la empresa petrolera rusa Lukoil. Los planes todavía estaban en su primera fase cuando estalló el conflicto, ya que el gobierno de Yanukovich y el consorcio no se ponían de acuerdo. Como es obvio, desde la caída de Yanukovich, los planes de Exxon están en suspenso.

El Presidente del Parlamento de Crimea, Vladimir Konstantinov, ya dijo el 13 de marzo que los campos petroleros y gasíferos pasaban a manos de Moscú: "Rusia y Gazprom con Rosneft deben hacerse cargo de la producción de petróleo y gas". Ucrania puede dar por perdidos estos potenciales recursos, porque de facto, ya están bajo control ruso. Y Exxon ha tenido que detener su participación en Skifska, así como en el Ártico ruso junto a Rosneft, debido a las sanciones de EEUU y la Unión Europea a Rusia. La empresa petrolera italiana ENI, otro de los interesados, ha señalado que esperará a que la situación se normalice.

Moscú ha querido centrar la atención en la reclamación de derechos históricos sobre Crimea para proceder a su reunificación, pero lo cierto es que, como hemos visto, con esa decisión extiende sus límites marítimos y el acceso a esos posibles recursos, en los que Ucrania tenía puestas sus esperanzas para poder empezar a pensar en tener una independencia energética. Así, Ucrania sigue siendo vulnerable a la presión rusa.

Resulta natural que esas potenciales riquezas en el Mar Negro han jugado un papel determinante en la reunificación rusa de Crimea y han sido una ficha importante en el tablero de ajedrez, a pesar de que Moscú niegue que haya conexión entre las dos cosas y repita que no le preocupan el gas y el petróleo en la zona. Alega también que Rusia tiene un gran potencial por sí mismo, lo cual es cierto, pero nadie renuncia a la posibilidad de sumar riqueza y mucho menos aquellos países que, como Rusia, dependen de los hidrocarburos. Incluso, algunas estimaciones optimistas señalan que el Mar Negro posee potenciales recursos petroleros que podrían rivalizar con el Mar del Norte.

Aunque Rusia pueda llegar a un acuerdo con Ucrania para detener el conflicto en el este del país, no tiene ninguna intención de dar marcha atrás en la anexión de Crimea. Por lo tanto, Rusia será la gran beneficiaria de los recursos de petróleo y gas natural existentes, y Ucrania se ha quedado sin una importante y muy valiosa pieza para su futuro económico y energético.

Pero queda también por ver hasta dónde llegan finalmente las sanciones de los países occidentales y cómo pueden afectar éstas a esas posibles exploraciones en el Mar Negro. Eso queda también abierta la cuestión de qué empresas extranjeras estarían dispuestas a invertir y trabajar en el territorio anexionado.

En conclusión, podemos decir que la reunificación de Crimea a Rusia constituye un acontecimiento muy importante para la política internacional de comienzos del siglo XXI y señala un nuevo capítulo del proyecto de Vladimir Putin. Su privilegiada ubicación geográfica le permite controlar el centro del Mar Negro con sus recursos energéticos y cerca de la rica región del Cáucaso, al tiempo que resulta clave para ejercer el control y la vigilancia de los mares de Azov y de Mármara; y de los estrechos de Kerc, Bósforo y Dardanelos. Con todo esto, Moscú obtiene una rehabilitada proyección geoestratégica sobre la periferia oriental del Mar Mediterráneo.

@jonaspatriota

martes, 5 de mayo de 2015

El factor Irán


Dr. Kenneth Ramírez

Esta semana serán retomadas las negociaciones entre el Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania) e Irán en el Palacio de Coburgo en Viena, para tratar de pactar los detalles específicos dentro del Acuerdo Marco Provisional alcanzado el pasado 2 de abril en el Palacio Beau-Rivage en Lausana, lo cual hará posible cerrar el Acuerdo Definitivo que limite los aspectos controversiales del programa nuclear iraní –que ha tenido un costo directo de 100 millardos de dólares- a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales –que han supuesto otros 100 millardos de dólares en pérdidas.

Un éxito pondría fin al dossier nuclear de Irán y evitaría una peligrosa carrera armamentista en Medio Oriente. Además, Teherán podría abrir una nueva era en sus relaciones con Washington y asumir un nuevo rol en el tablero geopolítico regional –la gran apuesta de la Administración Obama por la reedición de la política de los “pilares gemelos” vigente hasta la caída del Sha en 1979-, lo que es temido en Arabia Saudita e Israel. Esto supondría también el regreso de Irán con todo su potencial al mercado petrolero, siendo relevante reflexionar al respecto.

Con la imposición de sanciones y el consiguiente aislamiento internacional, la producción petrolera promedio de Irán descendió desde 3,61 millones de barriles diarios (MMBD) en 2011 a 2,77 MMBD en el primer trimestre de 2015 –con una caída de sus exportaciones en alrededor de 50%; desde 2,5 MMBD en 2011 a 1,2 MMBD en el primer trimestre de 2015. Recientemente, el Ministro de Petróleo persa, Bijan Zanganeh, ha dicho que Irán podría aumentar su producción en 1 MMBD en pocos meses. No obstante, esto parece muy optimista en el contexto de un mercado con exceso de oferta, precios moderados y la necesidad de fuertes inversiones en infraestructuras y tecnología en el sector petrolero iraní. Además, el momento es poco favorable pues un informe de Goldman Sachs estima que proyectos energéticos por el orden de un billón de dólares serán pospuestos debido a la caída de los precios del petróleo. Eliminar las sanciones, firmar nuevos contratos y reactivar proyectos tomará tiempo, por lo menos hasta el final de 2016, aunque el simple anuncio del Acuerdo Marco Provisional haya hecho bajar un 5% los precios de los crudos marcadores hace un mes.

Para el Departamento de Energía de EEUU, tras un Acuerdo Definitivo y en función del cronograma de levantamiento de sanciones, Irán buscaría liberar progresivamente al mercado los 30 millones de barriles que tiene almacenado a lo largo del segundo semestre de 2015, como preparación a un aumento de producción. Esto reducirá los pronósticos de precios entre 1 $/Bl y 3 $/Bl para 2015. Además, estima que si se eliminan las sanciones Irán estaría en capacidad de producir por lo menos 0,7 MMBD adicionales para finales de 2016, de los cuales 0,6 MMBD es capacidad cerrada y 0,1 MMBD sería capacidad nueva. Esta mayor oferta implicaría una reducción en los pronósticos de precios entre 5 $/Bl y 15 $/Bl para 2016. Es decir, habrá más petróleo iraní, pero no una inundación de la noche a la mañana. Sin embargo, la OPEP en general debe irse preparando para hacer espacio al crudo iraní, y Venezuela en particular debe alistarse para este eventual factor que reforzará la actual tendencia bajista de los precios.

De momento pueden seguir aumentando las tensiones entre Riad y Teherán, porque la política saudita de defender cuota de mercado ha dañado mucho a Irán y no se vislumbra un cambio de estrategia de parte del nuevo Rey Salman. Riad prefiere sacrificar beneficios a corto plazo a cambio de asegurarse mercado a más largo plazo, y puede hacerlo porque tiene alrededor de 700 millardos de dólares en reservas internacionales. De hecho su producción ha subido de 9,7 MMBD en el segundo semestre de 2014 al nivel récord de 10,3 MMBD en abril de 2015. Además, el Rey Salman se muestra dispuesto a frenar la proyección regional de Irán, antes de un posible regreso de las empresas petroleras a Teherán.

En materia de gas natural, Irán se ubica en segundo lugar en reservas -17% del total mundial, detrás de Rusia- y tercer lugar en producción –con 8,2 billones de pies cúbicos, detrás de EEUU y Rusia-, y eso le convierte en un potencial suplidor clave para Asia, pero también en una buena alternativa para el gas ruso en la Unión Europea tras el conflicto de Ucrania, como lo ha señalado la propia Comisión Europea. Empero, Teherán deberá antes aumentar su producción (actualmente es un importador neto de gas turkmeno, ya que su consumo interno es muy alto) y construir costosos gasoductos para trasladarlo hasta Turquía camino a Europa, siendo probable que Rusia intente poner obstáculos. También debe considerarse que postura tomará Turquía, que recientemente se ha alineado con Arabia Saudita contra Irán, a quien culpa por la permanencia de Assad en Siria y el conflicto abierto en Yemen. Otra opción sería la construcción de plantas de licuefacción para exportarlo vía buques metaneros, lo cual requerirá cuantiosas inversiones que tomarán al menos un lustro. Por su parte, China ya ha visualizado la oportunidad; por ello el Presidente Xi Jinping durante su reciente visita a Islamabad, anunció la participación de CNPC en la construcción de un gasoducto de 900 kilómetros para llevar el gas iraní hasta Pakistán con un costo de 2 millardos de dólares, que podría ulteriormente ampliarse hasta territorio chino, o conectarse a una planta de licuefacción en el puerto paquistaní de Gwadar.

Sin embargo, aún debe concretarse el Acuerdo Definitivo dentro del plazo que culmina el 30 de junio, y eso no será fácil, ya que todavía existen diferencias entre las partes y actores muy poderosos –la mayor parte de los congresistas republicanos y el lobby israelí y saudita en Washington; y las facciones más conservadoras en Teherán- se esfuerzan para hacer encallar las negociaciones.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 4 de agosto de 2014

Israel-Hamás: La Guerra de los Siete Años





Dr. Kenneth Ramírez

Desde la expulsión de Fatah y la toma de Gaza por Hamás en 2007, Israel ha establecido un bloqueo absoluto sobre este pequeño territorio de 360 kilómetros cuadrados donde viven apilados 1,8 millones de palestinos, y lo ha invadido en tres ocasiones: Operación Plomo Fundido (2008), Operación Pilar Defensivo (2012) y Operación Margen Protector (2014). Para Israel se trata de extirpar un “grupo terrorista”, mientras para Hamás se trata de una “guerra santa” de resistencia contra el “enemigo sionista”. Dos visiones extremistas y excluyentes del otro, que se han empecinado en luchar una guerra asimétrica que ya dura siete largos años –un capítulo propio dentro del largo conflicto árabe-israelí-, donde los precarios altos al fuego como el que fue alcanzado a última hora del pasado jueves a instancias del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no se traducen en acuerdos de paz duraderos. Una y otra vez acusaciones recíprocas sobre quién ha empezado, una y otra vez sangrientos combates, declaraciones incendiarias y gran sufrimiento para la población asediada –esta vez con un terrible saldo de 1428 palestinos muertos y 8265 heridos en 24 días-, que terminan en una precaria tregua unilateral o negociada hasta la nueva escalada.
 
Sin importar la superioridad militar de Israel y su avanzado sistema anti-misiles “Cúpula de Hierro”, y por más contundente que sea la destrucción que genere en Gaza, Hamás no será eliminado. Tanto Israel como Hamás se necesitan, ya que han sustituido la política por la guerra. Demonizar al enemigo, jugar con el temor y el resentimiento hacia el otro, y asumir una postura de superioridad moral, genera réditos políticos en cada bando. Netanyahu se convierte en el hombre fuerte de la política israelí y garantiza que un debilitado Hamás gobierne Gaza sin que esta se convierta en un caos yihadista, mientras a su vez debilita a Fatah y justifica la ausencia de concesiones en la mesa de negociaciones de paz que israelíes y palestinos instalan cada cierto tiempo debido a la presión internacional. Muchos recordarán que Israel facilitó la formación de Hamás como contrapeso a Fatah y el liderazgo de Arafat en los años ochenta. Por su parte, Hamás brinda a los famélicos palestinos victorias morales y el sufrimiento que pueda perpetrar al enemigo en cada incursión –63 soldados israelíes muertos y 150 heridos en esta ocasión, mucho más que en las anteriores invasiones- como sustituto tanto de una victoria definitiva que no pueden alcanzar, como de una gestión pública eficiente y un bienestar social que no pueden proporcionar. Los dos se odian, y se necesitan.
 
No obstante, Netanyahu le hace un flaco favor a la causa israelí invadiendo a Gaza cada dos o tres años; mientras Hamás hace lo propio con la causa palestina al mantener la división con Fatah –que controla la Autoridad Nacional Palestina desde Cisjordania-, así como al provocar o responder a los envites de Netanyahu.
 
A todo lo expuesto se le ha añadido otro elemento que atiza el conflicto: los recursos de hidrocarburos de la Cuenca de Levante -que el Servicio Geológico de EEUU estima en 1,7 millardos de barriles de petróleo y 122 billones de pies cúbicos de gas natural-, que comparten tanto Israel como El Líbano y Palestina –sobre todo a través de la fachada marítima de Gaza. Aunque modestos –al compararlos con reservas como las que posee Venezuela-, estos recursos son lo suficientemente atractivos para que Israel busque como mínimo evitar que los correspondientes a Gaza –con un valor estimado de 7 millardos de dólares- sean explotados por los palestinos, y como máximo utilizarlos en su propio beneficio. De manera que mantener el conflicto en Gaza sirve para evitar su explotación, lo cual Fatah desde la Autoridad Nacional Palestina ha estado a punto de lograr en varias ocasiones, llegando incluso a sostener conversaciones a principios de 2014 con el Presidente Putin y la empresa rusa Gazprom. Este resultado tampoco lo desea Hamás, que tiene interés en capitalizar estos recursos en su beneficio exclusivo.
 
Hay una sola salida para este conflicto. Las partes y los mediadores deben utilizar este nuevo cese al fuego como impulso definitivo del proceso de paz, lo cual implica reanudar las negociaciones para la creación de un Estado palestino con las fronteras de 1967, y el compromiso de los miembros del denominado Cuarteto para Medio Oriente (Naciones Unidas, EEUU, la Unión Europea y Rusia) de usar toda su influencia para impedir otro fracaso. Además, es necesario un ambicioso programa de reconstrucción de Gaza y de mejora de sus condiciones sociales. Esto supone el fin del bloqueo, la reconciliación entre Hamás y Fatah en el marco de las instituciones del nuevo Estado palestino, la explotación de los recursos de hidrocarburos presentes en los territorios palestinos en beneficio de su pueblo y la inserción de Palestina en el Mundo. A cambio, Hamás debe desarmar Gaza bajo supervisión internacional, y Fatah debe controlar los pasos fronterizos.
 
Israel no puede continuar con la guerra con Hamás sin erosionar su legitimidad internacional; y Hamás no puede continuar jugando con fuego, ya que la permanente división de las facciones palestinas no contribuye a materializar el Estado palestino y las revueltas árabes desde 2011 le han hecho perder aliados. El mayor revés fue la caída de Mohamed Morsi y la ilegalización de los Hermanos Musulmanes en El Cairo –rama ideológica a la cual pertenece Hamás-, lo cual ha llevado al Egipto de Al-Sissi a proponer altos al fuego claramente desfavorables a Hamás en esta tercera invasión a Gaza, y al duro silencio de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Jordania, quienes temen revueltas instigadas por los Hermanos Musulmanes en sus respectivos países. Por otra parte, la guerra civil siria hizo que Hamás tuviera que tomar parte por la mayoría sunita en contra de Assad. Esto significó la ruptura de su alianza histórica con Irán y el distanciamiento con la milicia shiíta libanesa Hezbollah. Todo ello ha generado el aislamiento regional de Hamás, que hoy por hoy, sólo cuenta con el apoyo de Qatar y Turquía. Aunque se estima que este nuevo conflicto de Hamás con Israel podría acercarle a Irán, no parece fácil debido a la lucha regional abierta entre sunitas y shiítas.
 
Venezuela puede contribuir desde Naciones Unidas en los esfuerzos internacionales que permitan un cambio en la dinámica actual, para lo cual debe evitar seguir teniendo posturas parcializadas en este conflicto. Asimismo, a través de la recientemente creada Petro-Palestina, Venezuela podría facilitar cooperación e intercambio de experiencias para contribuir al desarrollo de los hidrocarburos presentes en Palestina y la transformación de estos recursos naturales en oportunidades de desarrollo y beneficios sociales para el pueblo palestino.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios
@kenopina

jueves, 12 de junio de 2014

El trilema energético de China


Dr. Kenneth Ramírez

La Comunidad Internacional sigue en detalle todas las acciones de Beijing para intentar resolver su “trilema energético”: garantizar la seguridad de suministros a precios competitivos, proporcionando a su vez el acceso universal a la energía y mitigando el impacto ambiental. Todo esto, en concordancia con el “sueño chino” del Presidente Xi Jinping: lograr el progreso de una nación moderna -léase, lograr la paridad con EEUU- en el Centenario de la Revolución China en 2049.

Durante los últimas tres décadas la economía china ha crecido a un ritmo medio de 9,9%, y desde 2010 sobrepasó el PIB de Japón para convertirse en la segunda economía mundial -a la zaga de EEUU. No obstante, el PIB per cápita chino de 9.300 dólares (puesto 122 a nivel mundial), todavía se encuentra muy alejado de los 50.700 dólares de EEUU (puesto 14), y aún se encuentra por debajo de la media mundial de 12.700 dólares, lo que asoma la inequidad social existente en el país. Además, este asombroso crecimiento económico, ha disparado el consumo de recursos energéticos -fundamentalmente fósiles- y la tasa de contaminación.

En materia energética, el cambio ha sido vertiginoso. A finales de los años noventa, China sólo consumía la mitad de energía que EEUU. A finales de la década de 2000, sobrepasó a EEUU como principal consumidor de energía; y se espera que a finales de 2014, lo desplace como principal importador petrolero.

China consume 115.500 billones de BTU -21,3% del total mundial-, aproximadamente igual al consumo de América del Norte, y muy por encima del consumo europeo y las otras potencias asiáticas. Sin embargo, dos problemas saltan a la vista. En primer lugar, la principal fuente de energía es el carbón, con 79.200 billones de BTU, aproximadamente la mitad del consumo mundial, lo cual ha aumentado dramáticamente sus emisiones de dióxido de carbono. Incluso desplazó a EEUU como principal emisor en 2009, y representa ahora 29% del total mundial, frente a 16% de EEUU. En segundo lugar, el consumo energético per cápita de China es hoy por hoy apenas similar al de EEUU en 1955, lo que plantea grandes desafíos geopolíticos y ecológicos debido a la anhelada paridad.

Debido a su base de recursos limitada, China no tiene más remedio que mirar más allá de sus fronteras para satisfacer sus necesidades petroleras. Según la OPEP, consumió 10,1 MMBD en 2013 -una novena parte del total mundial-, y sólo produjo 4,24 MMBD. Es decir, debe importar casi 60% del petróleo que consume -los pronósticos muestran que será 75% en 2040-, desde lugares que presentan riesgos geopolíticos y a través de rutas que escapan de su control.

De hecho, el Ex-Presidente Hu Jintao formuló el llamado “dilema de Malaca”: la dependencia china de importaciones de energía a través de estrangulamientos marítimos como los estrechos de Ormuz y Malaca controlados por otras potencias, principalmente EEUU. La conclusión es que China se encuentra en una posición geopolítica vulnerable similar al Japón Imperial en el período entreguerras.

Esto explica los esfuerzos de China para desarrollar su capacidad naval, a pesar de que le tomará al menos dos décadas tener una proyección suficiente. Por otra parte, muchos analistas creen que Beijing ha realizado inversiones en puertos marítimos a lo largo del Océano Índico siguiendo la llamada “estrategia de collar de perlas”, que está orientada a aumentar la proyección de la Armada china para proteger los buques petroleros que transportan suministros a China, principalmente desde Arabia Saudita, Angola, Irán, Omán, Irak, Sudán, Venezuela y Kuwait. Además, China está impulsando la construcción de un corredor de gasoductos y oleoductos que atraviesan Myanmar como alternativa a Malaca.

Asimismo, el interés de China en reclamar soberanía sobre la mayor parte del Mar del Este y el Mar del Sur -que ya ha provocado incidentes navales con Vietnam, fricciones diplomáticas y planes de rearme de Japón debido a la disputa por las islas Diaoyu/Senkaku, y preocupaciones en EEUU y el resto de sus vecinos-, se relaciona en buena medida a los recursos que se calcula existen en esas aguas. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos prospectivos de petróleo entre 5 y 22 millardos de barriles, y de gas natural entre 70 y 290 billones de pies cúbicos sólo en el Mar del Sur. Por su parte, la empresa petrolera china CNPC, incrementa estas estimaciones hasta 125 millardos de barriles y 500 billones de pies cúbicos, aunque incluye todas las zonas marítimas en disputa.

El gas natural representa una gran oportunidad para China. Con un consumo de 4,7 billones de pies cúbicos (4% del total mundial), está al nivel de Japón pero muy por debajo de Europa y EEUU. Sin embargo, existe un enorme potencial de crecimiento apalancado en sus recursos de gas de esquistos, lo que le permitiría llegar en 2040 hasta los 17,5 billones de pies cúbicos. Según estimaciones del Departamento de Energía, China tiene recursos prospectivos de gas de esquistos que ascenderían a 1.115 billones de pies cúbicos -primer puesto a nivel mundial, con una cantidad similar a EEUU. No obstante, China se encuentra con unas condiciones muy diferentes a EEUU para tratar de generar una “Revolución de Esquistos”. Desde la capacidad tecnológica limitada de las empresas chinas al régimen de propiedad de la tierra, las características geológicas complejas de las cuencas -sobre todo Tarim y Junggar en Xinjiang- y el marco regulatorio.

La otra carta de China es Rusia. Según un acuerdo firmado entre la empresa petrolera rusa Rosneft y CNPC durante la visita del Presidente Xi Jinping a Moscú en 2013, las exportaciones petroleras rusas se triplicarán hasta alcanzar 1 MMBD en 2018. Además, durante la reciente visita del Presidente Putin a Beijing, fue firmado un nuevo acuerdo que compromete a Rusia a suministrar 38 billones de metros cúbicos de gas natural anualmente -esto es, 15% de la demanda actual china- a partir de 2018 por 30 años, lo cual mitigará la dependencia china del carbón y los estrangulamientos marítimos, y abate los pronósticos de emisiones.

La mejora del nivel de vida de la inmensa población de China como objetivo central del “sueño chino” de Xi Jinping, es observado por el resto del mundo con una mezcla de interés y cautela. En este contexto, la energía tendrá un papel crítico, ya que puede convertir el sueño chino en pesadilla global.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios