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viernes, 24 de abril de 2015

Panamá, una cumbre de transición


Dr. Kenneth Ramírez

La VII Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, a dos décadas de haberse iniciado este proceso político-diplomático, fue histórica. La primera cumbre sin Hugo Chávez; la última con Barack Obama, Cristina Fernández de Kirchner, y el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza –que deja a la organización en su momento más bajo desde su relanzamiento tras finalizar la Guerra Fría-; y la primera con Cuba, representada por Raúl Castro. Y todo ello con una asistencia récord de mandatarios –todos los del Hemisferio, salvo la Presidenta Bachelet, debido a las inundaciones en el Norte de Chile y escándalos de corrupción-, y bajo la mirada auspiciosa del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon; el Secretario de Estado de El Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, y el Presidente Varela -que se lució como anfitrión con una diplomacia prudente y organizada.

Sin duda alguna, el tema central de la cumbre “Prosperidad con Equidad” quedó eclipsado por la cristalización del acercamiento entre Cuba y EEUU. Esto, aunque lógico desde el ángulo mediático y político, no dejó de ser una oportunidad perdida para lograr una agenda común que respondiera a lo verdaderamente importante. El FMI y la CEPAL advierten que América Latina y El Caribe encara el fin de la “década dorada” de dinamismo económico asociado al boom de las materias primas y los negocios con China -que ha entrado en una fase de desaceleración económica-, lo cual se traduce en una ralentización del crecimiento promedio anual del PIB regional desde un sólido 4% en el período 2003-2012 a un moderado 1,6% en el período 2013-2016. Por su parte, el Banco Mundial y el PNUD advierten sobre el impacto que esto puede tener en materia de equidad social, donde el logro de haber reducido casi a la mitad la pobreza en la región en la pasada década se encuentra en riesgo. Y, todo esto, ya se traduce en un fuerte impacto político en Argentina, Venezuela y Brasil.

Así las cosas, los reflectores se centraron en los discursos y el apretón de manos de Barack Obama y Raúl Castro en el primer encuentro entre líderes de ambos países en más de medio siglo, dando un impulso además al proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas anunciado hace 4 meses. El discurso cubano osciló entre la memoria histórica y el pragmatismo, con un Raúl Castro que desgranó los errores de la política de EEUU hacia Cuba, pero exculpó a Obama de los mismos. Asimismo, subrayó que una cosa es restablecer las relaciones diplomáticas y otra normalizarlas, remitiendo esto último al fin del embargo que depende de la decisión de un Congreso dominado por el Partido Republicano. Empero, la recomendación del Departamento de Estado de sacar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, mostró la determinación de Obama para cerrar este anacrónico y divisivo capítulo de la Guerra Fría.

Aunque el Presidente Obama dejó en evidencia cierta frustración por no haber logrado renovar totalmente las relaciones interamericanas, logró hacer brillar su legado hacia América Latina y El Caribe en Panamá, con cambios en materia de política anti-drogas, ajustes parciales en materia de política migratoria, su apoyo a la paz en Colombia con el nombramiento de Bernard Aronson como Enviado Especial, una nueva política energética hacia El Caribe –con una promesa de 20 millones de dólares para impulsar energías renovables y eficiencia energética-, el Plan “Alianza para la Prosperidad” con Centroamérica –con una promesa de mil millones de dólares para desarrollo y seguridad-, y el acercamiento a Cuba con el propósito de fomentar una liberalización política gradual apalancada en el comercio, las inversiones, las comunicaciones y el turismo. Falta por ver si la nueva política de détente hacia Cuba funcionará como desea Obama; o si marcará el inicio de la “chinización” de Cuba como parece buscar Castro, es decir, su reingreso por la puerta grande al Sistema Interamericano de la mano con EEUU y con una amplia apertura económica para compensar la pérdida del subsidio económico de Venezuela -21% de reducción del suministro petrolero en 2014-, pero conservando su sistema político aunque con un relevo de dirigencia en 2018.

Por otra parte, el Presidente Maduro luce como el gran perdedor de la cita. No logró ni “venezolanizar” la Cumbre con su estrategia de polarización, ni la revocatoria del decreto de Obama sancionando a siete funcionarios venezolanos por violaciones a los Derechos Humanos después de una ardua campaña político-diplomática. Aunque buena parte de esto se debe al hecho material de una crisis económica que agravada con la caída de los precios del petróleo -50% desde junio de 2014- y combinada con la desaparición de Chávez se ha traducido en una pérdida de liderazgo regional; mucho de este resultado también se debe a la labor diplomática de último minuto del Consejero del Departamento de Estado, Thomas Shannon, quien visitó Caracas para bajarle el volumen al desencuentro diplomático ocasionado por el lenguaje utilizado por el decreto presidencial.

El discurso anti-imperialista y de confrontación de Maduro hacia Obama, sólo logró eco en sus aliados ALBA y Argentina, pero incluso Cuba hizo equilibrios. La región si bien ha rechazado el decreto de Obama en diversos foros –de la CELAC a UNASUR- por los intereses en juego, la falta de diligencia de parte de EEUU en explicar el lenguaje y la tradición diplomática latinoamericana, tampoco deseaba confrontar a un Obama que se despide de la región con avances positivos y que aclaró que no consideraba a Venezuela una amenaza. En consecuencia, Maduro tuvo que conformarse con romper el consenso y hacer que nuevamente una Cumbre de las Américas terminará sin una declaración final mediante su exigencia de incluir un rechazo a las sanciones de EEUU; y con una conversación de pasillo de pocos minutos y sin foto alguna con Obama, quien volvió a explicarle las motivaciones de su decreto, su rechazo a la encarcelación de líderes opositores, así como su interés en la reactivación de un diálogo político realmente fructífero en Venezuela. Según el Presidente Maduro el encuentro fue serio, franco y “hasta cordial”, y ha agregado, que podría abrirse un diálogo con EEUU. Empero, tendremos que ver si esto realmente se produce, ya que el gobierno venezolano parece más interesado en lograr polémicas externas para desviar la atención de la población de la severa crisis económica que padece. La clave para materializar la petición regional de diálogos gemelos, entre los gobiernos de EEUU y Venezuela, y entre las principales fuerzas políticas en Caracas, como salida a la compleja crisis venezolana, parece estar en una coordinación tras bastidores nada sencilla entre EEUU, Brasil, Cuba y El Vaticano que son los actores con influencia efectiva. Aquí se hace relevante el otro acercamiento menos espectacular que se produjo en Panamá, entre Dilma Rousseff y Barack Obama, quienes dejaron atrás el impasse provocado por el tema del espionaje en 2013, y acordaron una visita de trabajo de la líder brasileña a Washington el próximo 30 de junio.

En conclusión, asistimos a una cumbre histórica pero de transición, cargada de una naturaleza similar al dios romano bifronte Jano. Reminiscencias del pasado de desconfianza y enfrentamiento entre EEUU y América Latina y El Caribe se hicieron palpables y evitaron concretar una nueva agenda común que sirviera de guía al nuevo Secretario General de la OEA, Luis Almagro; pero al mismo tiempo, se sintieron fuertes vientos de cambio que apuntan a un futuro lleno de pragmatismo y cooperación que aún no aflora completamente. La nueva era que despunta en el horizonte invita a todos los actores a revisar sus agendas y estrategias externas, así como a la necesidad de encontrar una nueva narrativa para abordar las relaciones interamericanas. Toca prepararse para la VIII Cumbre que tendrá lugar en Lima en 2018, la cual desde ya promete ser una transformational summit –como lo fue la de Miami en 1994 que marcó el inicio de las cumbres liberales, y la de Mar del Plata en 2005 que marcó el inicio de las cumbres polarizadas-; con un nuevo gobierno en EEUU que -valorando la importancia del voto latino en las elecciones de 2016- tendrá el interés y un buen punto de partida -gracias a los cambios de coyuntura y al legado constructivo de Obama- para liderar un nuevo consenso hemisférico.

Publicado originalmente en América Economía

@kenopina

VII Cumbre de las Américas: Análisis post mortem


Embajador (r) J. Gerson Revanales

A dos semanas de haber concluido la VII Cumbre de las Américas, podemos hacer un análisis post mortem para evaluar más que los resultados, sus consecuencias repercusiones en impactos en las relaciones intergubernamentales y extra regionales.

Ab initio podemos afirmar que la democracia como un conjunto de principios y valores quedo de lado ante la realpolitik dominada por los intereses crematísticos de cada uno de los países asistentes, comenzando por la Cuba fidelo-comunista que es diferente a la de Raúl, quien resultó un revisionista al igual que Tito en Yugoeslavia; Deng Xiaoping en China; Imre Nagy en Hungría y Władysław Gomułka en Polonia, al apartarse o distanciarse de las teorías ortodoxas del marxismos.

Durante el encuentro en Panamá vimos como ninguno de los Jefes de Estado o Gobierno ante la presencia de Raúl Castro se preocupó, no de recordarle al recién invitado de los cientos de miles de cubanos que murieron fusilados o en busca de la libertad ya que eso sería aguarle la fiesta de bienvenida, sino de reiterarle al invitado de los compromisos de los asistentes con el sistema democrático y de sus elementos fundamentales como son: el respeto a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales; la celebración de elecciones como expresión den la soberanía; el régimen plural de partidos; y la separación e independencia de los poderes públicos con plena autonomía en sus actuaciones. La gran paradoja de este rendez-vous está en que la Cuba comunista pasa a formar parte de las Cumbres de las Américas, instancia presidencial de la OEA, pero contradictoriamente este recién llegado, no forma parte de la OEA, por no reconocer la democracia como sistema político.

En cambio, la diplomacia de los negocios, que en su sentido más laxo va más allá de la comercial, salió victoriosa. Esta semana el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, viajó a La Habana con una delegación de representantes de grandes empresas como MasterCard, Blue Jet, farmacéuticas, y productos agrícolas. El Papa y Hollande anuncian sus visitas a Cuba, mientras que el Canciller de Cuba viaja a Paris; y la UE -el principal inversor en Cuba- reanuda el diálogo político con La Habana para mejorar las relaciones.

Definitivamente en una evaluación post mortem de la Cumbre, los Derechos Humanos y la democracia perdieron; la diplomacia crematística salió ganadora, pero Maduro parece no entender nada al anunciar la construcción de nuevas cárceles para los empresarios, no así a los corruptos con cuentas en Andorra.

@grevanales

lunes, 20 de abril de 2015

El fracaso panameño


Dr. Luis Daniel Álvarez V.

Es complicado tratar de buscar resultados favorables de algún hecho cuando las expectativas que se habían tejido ante la actividad eran bastante pobres y limitadas. Lo que se había previsto para la Cumbre de las Américas en Panamá no distó mucho de lo que se vislumbraba, un escenario en el que Cuba y EEUU coparan la escena y donde los demás mandatarios trataran de potenciar sus temas y puntos de vista.

Lamentablemente, la Cumbre tendió hacia el fracaso desde sus inicios cuando la sociedad civil quedó maniatada a unos foros con muy poca publicidad y relevancia. A esto debe sumarse la denuncia formulada por disidentes del gobierno de Cuba, como Rosa María Payá, que alegaron haber sido retenidos e interrogados a su llegada a Panamá, recibiendo luego una escueta disculpa por parte del gobierno local.

El Presidente Juan Carlos Varela expresó en diversas ocasiones una visión muy limitada de la democracia, pues a su juicio, el hecho de que existan comicios es una garantía de que el sistema marcha correctamente. Nada dice el Jefe de Estado panameño sobre los distintos casos en los que se desconoce diariamente la Constitución y se burla la voluntad electoral expresada en las urnas. Todo ello lleva a rememorar los aciagos días de 1989, en cuanto a la condena del gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez al desconocimiento del triunfo de Guillermo Endara y luego a la invasión estadounidense. Lejos de quedarse con un comentario genérico, como el formulado por Varela, Pérez manifestó exigencias concretas para que se respetara la constitucionalidad en Panamá. Como él, algunos otros Presidentes condenaron las maniobras continuistas de Manuel Antonio Noriega.

Otro Presidente que salió con exceso de titulares en las primeras planas de la prensa fue Raúl Castro, quien ejercía para muchos una suerte de magnetismo hacia los demás Jefes de Estado que se apresuraban a saludarlo y fotografiarse con él. Si bien el reingreso de la isla a la institucionalidad latinoamericana puede ser el comienzo de la anhelada democratización, se observa con preocupación que los densos nubarrones de represión, censura y carestía que han caracterizado a Cuba desde la llegada de los Castro al poder quedan de lado, como si nada hubiese pasado y sin que existan elementos que permitan asegurar que las cosas están cambiando para mejor.

Logró Panamá ser noticia por algunos días. El encuentro, como ha sido costumbre en las últimas reuniones de este tipo, no alcanza el consenso necesario para declaraciones finales y termina siendo una palestra para que todos los asistentes hablen de lo que mejor les parezca. El anhelo es que dentro de tres años logre la Cumbre en Perú mayores resultados. Sería importante que a diferencia de lo ocurrido en Panamá, el próximo encuentro sea un paso al desarrollo y a la democracia y no el escenario para egos, revanchismos y discursos de muy pobre nivel.

@luisdalvarezva

lunes, 13 de abril de 2015

Cumbre de las Américas: El regreso de EEUU


Dr. Felippe Ramos

Hace tres años, en la ocasión de la Cumbre de Cartagena el 2012, escribí el artículo “Cumbre de las Américas: el fracaso como éxito”. En aquel entonces, la Cumbre Iberoamericana, liderada por España, contaba con baja adhesión de los Jefes de Estado de los países de la región, mientras las cumbres latino o sur americanas (CELAC, UNASUR) contaban con la presencia de todos. La OEA era cuestionada y la Cumbre de las Américas, liderada por los EEUU, terminaba sin consenso, sin declaración final, con retos a la autoridad de la potencia y, en el caso específico de Cartagena, con las ridículas escenas de la Secretaria de Estado Hillary Clinton bailando salsa en una disco llamada “Havana” y los agentes de la CIA con prostitutas latinas en un hotel de lujo. De ese modo, desde la Cumbre de Mar del Plata (2005), en donde líderes carismáticos de izquierda (Lula, Chávez, Kirchner) lograron bloquear las negociaciones del ALCA, hasta el 2012, el aislamiento hemisférico de EEUU y las políticas integracionistas eran las claves para la comprensión de la política internacional en la región. El fracaso de la cumbre con participación de los EEUU era el espejo del éxito de la nueva ola integracionista latinoamericana.

Por supuesto, existían razones muy objetivas por las cuales los EEUU decidieron cambiar sus apuestas. Desde los atentados del 2001 en Nueva York, el Medio Oriente era de nuevo el centro de la atención del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado. La elección de presidentes de izquierda y centro-izquierda en países latino-americanos crearon dificultades adicionales a la política multilateral de EEUU hacia la región, lo que resultó en la decisión por negociaciones bilaterales con miras a firmar tratados de libre comercio (TLC) más modestos pero más efectivos en el corto plazo que las interminables negociaciones con 35 países con la posibilidad de que uno o algunos países, incluso los pequeños, pudiesen vetar los esfuerzos construidos a lo largo de años. Mientras se ocupaban de otras partes del globo, los EEUU intentaban apoyar o usar el liderazgo regional brasilero, como en el caso del comando de las tropas de la ONU en Haití o para complejas negociaciones políticas con países desafiadores de la potencia hegemónica, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

El crecimiento económico brasilero legitimaba esa coordinación implícita, con la diplomacia presidencial de Lula, el aumento de la cooperación sur-sur brasilera y la financiación del BNDES a la internacionalización de empresas brasileras de los sectores servicio y comercio. Bajo liderazgo brasilero fue creada la UNASUR congregando todos los países sudamericanos, incluso los de orientación liberal, hacia una agenda de integración física en los sectores infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones, debido a los ingresos permitidos por el “boom de las commodities”, es decir, los altos precios de las materias primas en el mercado internacional. Países que solían vivir bajo la maldición del subdesarrollo debido a la dependencia de la exportación de productos de bajo valor agregado hacia países desarrollados ahora surfeaban la inversión de los términos de intercambio, con la sobrevaluación de sus materias primas. Esa convergencia de precios altos de commodities y gobiernos populares hizo posible la distribución de la renta y la reducción de desigualdades perversas. Ese fue el tiempo mágico del lulismo y del chavismo, o sea, dos estrategias políticas que atraían otros países para sus modelos y que terminó por diseñar la gran alianza integracionista lulismo-bolivarianismo en la región.

La coyuntura, sin embargo, ha cambiado desde la última cumbre el 2012. El soft landing chino (“aterrizaje suave”, o reducción del ritmo de crecimiento económico) ha tenido como consecuencia la caída de los precios de las commodities. La economía estadounidense se recupera, con el fin del quantitative easing (emisión de moneda por el FED) y la sobrevaluación del dólar frente a las demás monedas nacionales, con impacto fuerte en Rusia, Brasil, Venezuela y muchos otros países. Además, la región se encuentra sin los liderazgos fuertes o, podemos decir, en una fase pos-carisma, con marcada ausencia de la diplomacia presidencial que fue rasgo fundamental de los tiempos de Lula, Chávez, Néstor Kirchner y Mujica. Fuertes dificultades económicas y políticas a nivel doméstico en los países que sostienen el MERCOSUR (el caso de corrupción en PETROBRAS en Brasil, el caso Nisman en Argentina y los fuertes desajustes de la economía en Venezuela con sus impactos políticos) añaden el elemento necesario para que los bloques de integración se tornen blancos de ataques: ¿Quiénes podrían financiarlos?, ¿Cuáles serían los nuevos lineamientos estratégicos? ¿Siguen siendo viables?

Cuando todo ya parecía suficientemente difícil, los EEUU regresan al juego. Primero, con el anuncio del histórico proceso de acercamiento diplomático con Cuba tras año y medio de negociaciones secretas llevadas a cabo en Canadá con intermediación de la Santa Sede. Lo que puede ser interpretado, por un lado, como victoria latinoamericana por la histórica demanda regional del fin del aislamiento del país comunista, puede ser visto también como estrategia norteamericana de superar los escollos diplomáticos en la región y abrir un nuevo sendero en su estrategia hemisférica. Hay que recordar que las negociaciones empezaron justo tras la muerte del Presidente venezolano Hugo Chávez y significa que el pragmatismo cubano indicó que no sería prudente seguir dependiente de la ayuda suministrada por Venezuela a través de PETROCARIBE. Además, con la caída de los precios del petróleo, los EEUU anuncian también una nueva iniciativa de cooperación energética en El Caribe, a partir de la visita de Barack Obama a Jamaica, en más un movimiento para reducir el poder político y diplomático de Venezuela. Poco antes, los EEUU ya habían anunciado nueva ronda de sanciones a ese país. Divulgada en fecha cuidadosamente escogida, tras intento de mediación de la UNASUR con las labores de cancilleres suramericanos, entre ellos el brasilero, las sanciones indicaban que los EEUU estaban dispuestos a recuperar su poder de agenda setting (establecimiento de agenda) en la región. De hecho, la Cumbre de Panamá tuvo como temas fundamentales el acercamiento diplomático con Cuba y las sanciones a Venezuela.

A Brasil no le quedó mucho: El país no tuvo el liderazgo que solía tener en esas ocasiones y al final anunció la visita de trabajo de la Presidente Dilma Rousseff a EEUU para junio de ese año, tras la suspensión de la visita de Estado luego del escándalo de espionaje divulgado por Edward Snowden el 2013. Para no quedar sólo luchando contra el gigante, Venezuela ha anunciado su disposición de también conversar con los EEUU. En términos económicos, la nueva presencia en la región permite a los EEUU una búsqueda de la recuperación de su capacidad de disputar espacio con los chinos, que han alcanzado el puesto de primero o segundo socio comercial en muchos países latinoamericanos y caribeños en los últimos años.

Por lo tanto, la integración regional necesita ser repensada y reinventada, ahora llevando en consideración el innegable regreso de los EEUU al ajedrez hemisférico. La peor decisión para los que defienden esa agenda sería negar la nueva realidad.

Publicado originalmente en América Economía


@felippe_ramos

domingo, 12 de abril de 2015

Las Américas y la "diplomacia Coppertone"


Dr. Gustavo Palomares Lerma

Desde la primera reunión a la actual de Panamá, las Cumbres de las Américas dormían en el sueño de las históricas buenas voluntades de los Estados Unidos con América Latina hasta que Obama rompió con más de cincuenta años de bloqueó a Cuba. Cuando Clinton lanzó su “Iniciativa de Miami” allá por 1994 —emulando aquella Alianza para el Progreso de Kennedy—, nadie sospechó los escasos logros de una iniciativa que pretendía ampliar aún más ese sueño hegemónico del presidente Monroe para adueñarse de ese continente, esta vez por la vía del acuerdo de integración económica de los socios.

El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ha ido trenzando un sinnúmero de acuerdos diversos, pero más por la inercia de un regionalismo abierto que por un liderazgo buscado por los Estados Unidos y negado, primero por Chávez y luego por Lula y otros líderes regionales. Parece evidente que este mecanismo de cumbres continentales, como también históricamente ha sido la OEA, han jugado un claro papel instrumental para el vecino del norte. Primero el de la organización regional para contener y prevenir a cualquier precio el contagio comunista a esta zona de inmediata influencia. Y después el ALCA con la globalización económica, para afirmar la primacía comercial y el modelo neoliberal, conteniendo así la ambición económica y comercial creciente de otros actores en la región, especialmente la Unión Europea y China. En ambos casos, Cuba era el bastión modélico a derrotar: en el ámbito ideológico-estratégico y también en el económico en su resistencia a ultranza que encuentra el oxígeno para la supervivencia en los países “compañeros” de la ALBA.

La Cumbre de Panamá probablemente sólo será recordada por esa primera foto de ambos mandatarios después de anunciar Obama el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, más allá de un distante saludo en los funerales del expresidente sudafricano Nelson Mandela. Una foto para la historia, la de un presidente estadounidense que valientemente rompe la perseverancia en el embargo de sus ocho antecesores y la de un “líder revolucionario”, capaz de hacer lo que ni tan siquiera fue capaz de hacer Fidel.

El fin del embargo y la llegada de millares de estadounidenses o cubanos americanos —se calcula que casi un millón el primer año— puede suponer una verdadera revolución social y sociológica para la isla. Obama puede lograr un desembarco más efectivo y sutil que el de Bahía de Cochinos, pero esta vez con turistas, dólares, medios informativos y comercio. La puesta en marcha de la “Diplomacia Coppertone” como alternativa a las numerosas tentativas militares y criminales puestas en marcha en los últimos cincuenta años para derrocar el castrismo.

Si el Che o Camilo Cienfuegos levantaran la cabeza, podrían comprobar cómo su hipótesis del “humanismo revolucionario”, “la revolución de la amplia sonrisa”, la fuerza transformadora del hombre por las dinámicas sociales frente a los cambios por el fusil o la fuerza, pueden ser también una realidad tangible en Cuba. Y en esta ocasión, una vez más, contra la autocracia de un personalismo insostenible. El muro en Berlín no pudo aguantar las dinámicas del mercado, ni el empuje de los pueblos.

En Cuba también es así: los cubanos se encuentran en un proceso acelerado de maduración, de forma muy especial desde la desaparición de Fidel de la primera línea de la escena política, y pueden asumir esta apertura como un verdadero catalizador de un cambio que hoy nadie discute. La pérdida del argumento principal en el discurso oficial y la cierta relajación en las duras consecuencias del embargo pueden suponer la quiebra de las principales causas que alimentaban el sentimiento nacional y nacionalista de los cubanos como respuesta a la agresión exterior. Y por el lado de los apoyos externos, el margen de maniobra se estrecha aún más, cuando algunos de los socios principales de Cuba, fuera y dentro del continente americano, valoran como una oportunidad histórica la voluntad de cambio.

Publicado originalmente en El Espectador 

miércoles, 8 de abril de 2015

Glasnot caribeño



Embajador (r) J. Gerson Revanales

Está a punto de comenzar la VII Cumbre de las Américas de la cual se espera mucho y poco dependiendo de si se apegan a la agenda establecida o se desvía hacia lo coyuntural como son las negociaciones EEUU-Cuba.

Si este encuentro si se dan en términos de la alta diplomacia sería el escenario del "glasnost caribeño", el derrumbe de las 90 millas, comparables con el que se dio en la Rusia de Gorbachov entre 1981 y 1991 al liberalizar el sistema político con la excarcelación de los presos y la libertad de información: El gran dilema está en las condiciones de cómo Cuba se “incorpora” al Sistema Interamericano. Si se parte de las declaraciones de Raúl Castro al advertir que “Cuba no claudicará en sus principios ni aceptará presiones sobre sus asuntos internos para normalizar relaciones con EEUU”, y condicionó el restablecimiento de los vínculos diplomáticos con Washington a la “eliminación del embargo contra la isla”, podemos decir que ambos habrán ganado. Cuba en un mundo globalizado, sin el carisma de Fidel, sin la referencia ideológica de la Unión Soviética y sin el subsidio de Venezuela, está obligada a llegar hasta el final y no le conviene un fracaso en la Cumbre de Panamá.
           
EEUU, igualmente juega a ganar con un cambio radical de estrategia al infiltrar un “Caballo de Troya” inocula el germen de la democracia. Este hará el trabajo por si sólo y Washington no tendrá que ejercer las presiones que tanto teme Raúl Castro.

Los gobiernos participantes se encuentran en el dilema de avanzar hacia los objetivos de la Cumbre como es buscar la vías para alcanzar la “Prosperidad con equidad: desafío de la cooperación en Las Américas” o caer en la trampa de una falsa solidaridad regional desconociendo los compromisos adquiridos en la Carta Democrática Interamericana en materia de los transparencia, corrupción y DDHH.

Hay diferencia cuando se empodera al pueblo, se le crean ilusiones y se desconocen los derechos de los individuos. El concepto de independencia de los libertadores y de los pueblos coloniales de los años 50 y 60, es diferente a la independencia de hoy.

Los compromisos adquiridos por medio de la voluntad colectiva de los gobiernos crean deberes y derechos en los firmantes. Así como existe el deber de cumplir con los compromisos adquiridos, los firmantes deben exigir al infractor el cumplimiento de los compromisos y esto no se debe llamar injerencia.