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martes, 10 de mayo de 2016

Brasil en fase menguante


Dr. Kenneth Ramírez

En diciembre de 2010, Lula dejaba a un Brasil celebrado como una de las potencias emergentes que transformaba al Mundo, cuyo éxito sería exhibido en la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016. Ahora su sucesora Dilma Rousseff se encuentra al filo de la destitución. ¿Qué ha ocurrido?

En una maratónica y mediática sesión en la Cámara Diputados a mediados de abril, fue aprobado el pedido de juicio político (impeachment) a Dilma por más de los dos tercios requeridos. Una vez en el Senado, se necesita mayoría simple para que el proceso sea finalmente abierto. La oposición brasileña tiene los votos, y se estima que en esta misma semana, Dilma puede ser apartada por 180 días del cargo para ser juzgada. En ese período debería presentar su defensa para evitar ser destituida en forma definitiva. Maniobras de último minuto intentan frenar la votación en el Senado y generar una nueva votación en la Cámara. Dilma augura que de ser sometida a juicio será encontrada inocente, o al menos impedirá que la oposición reúna los dos tercios necesarios para condenarla y removerla del cargo definitivamente. Una deriva política abrupta que nadie pronosticó para Brasil hace algunos años, la cual es producto de una crisis multidimensional.

En primer lugar, Brasil vive la peor crisis económica desde la década de 1930. Según datos del FMI, el crecimiento del PIB pasó desde 7,6% en 2010 hasta 0,1% en 2014 y -3,8% en 2015, y se ubicará -3,5% en 2016 y 0% en 2017. Esto es resultado del agotamiento del modelo de exportación de materias primas vinculado a la reducción del crecimiento de China -principal importador de productos brasileños- y la disminución de su valor en el mercado internacional. A finales del segundo mandato de Lula, la proporción de las exportaciones de materias primas en las exportaciones totales había aumentado desde el 28% al 41%, mientras que a finales del primer mandato de Dilma representaban 50%. Por otra parte, las desgravaciones fiscales promovidas por Dilma para impulsar el crecimiento de la industria en su primer mandato provocaron un fuerte desequilibrio en las cuentas públicas. A principios de su segundo mandato, los empresarios entendieron la suspensión de las mismas como una traición. Además, los problemas se agravaron porque Dilma no hizo el ajuste fiscal antes de las elecciones de 2014.

En segundo lugar, tenemos la crisis social. En 2013, se produjo una ola de protestas debido a la insatisfacción con el aumento y baja calidad de los servicios públicos. Esto se agravó con la crisis económica y el ajuste fiscal que realizó Dilma en contra de sus promesas electorales en 2014. Si decrecer es malo, peor es hacerlo después de una década de altas expectativas. En la opinión pública flota una sensación de estafa. Los niveles de desaprobación de Dilma pasaron desde 25% en 2013 hasta 69% en 2016. Además, los escándalos de corrupción, y sobre todo el Petrolão –esquema de corrupción en torno a PETROBRAS-, dispararon el cuestionamiento hacia las instituciones y toda la clase política.

A todo lo anterior se suma la crisis política, asociada a la mayor fragmentación en la historia del Congreso brasileño. El oficialista PT sólo logró 58 diputados de un total de 513, y 11 senadores de 81, en las elecciones de 2014. Por ello, Dilma llegó a tener en su gabinete 39 ministros de 10 partidos diferentes para construir una coalición mayoritaria. El presidencialismo de coalición -invento político brasileño-, implica que sin coalición no hay Presidente; y allí Dilma demostró falta de habilidad para mantener su base de apoyo, sobre todo al PMDB. Por otro lado, tenemos una oposición liderada por el PSDB que jamás aceptó la ajustada victoria de Dilma sobre Aécio Neves, y que desde 2014 ensayó acoso y derribo.

El impeachment se encuentra consagrado en la Constitución de 1988, la cual incluso protege al Presidente mucho más que la de 1946, fijando mayorías sólidas y un procedimiento metódico. Dilma tiene garantizado su derecho a la defensa y al debido proceso, a sabiendas que estamos ante una figura que es jurídica pero también política. No obstante, el PT ha cuestionado la legitimidad del impeachment, porque a su juicio Dilma no habría cometido un delito de responsabilidad, ya que sólo se le imputa “pedaladas fiscales” (retraso en el ingreso de dinero por parte del Tesoro Nacional a los bancos públicos). Por tanto, el PT sostiene que estamos ante un golpe de Estado; polarizando así a Brasil y la región, y construyendo desde ya una narrativa de cara a las elecciones de 2018.

El artículo 85 de la Constitución brasileña fija como delitos de responsabilidad, los actos del Presidente que atenten contra -entre otros- la probidad de la administración y el cumplimiento de la ley presupuestaria. Las leyes de 1950 y 2000 sobre responsabilidad fiscal son explícitos en vedar créditos de instituciones financieras a sus propios controladores. Dilma lo hizo en su primer período y siguió haciéndolo en 2015, violando la ley. Esto permitió maquillar las cuentas y aumentar gasto público en plena campaña de 2014. Asimismo, la suspensión de Eduardo Cunha –impulsor del impeachment por el caso Petrolão- como Presidente de la Cámara por el Supremo Tribunal Federal y la condena del Tribunal Electoral al Vicepresidente Temer -no podrá postularse en 2018-, nos da idea de la independencia de los poderes existente y derriba la tesis del golpe de Estado.

Hace 24 años, Brasil destituyó al Presidente Fernando Collor de Melo, y su democracia aún menos experimentada que ahora, mostró madurez suficiente. De manera que Brasil tiene la capacidad para superar esta fase menguante. Finalmente, cabe destacar, que la eventual salida de Dilma dejaría al gobierno venezolano aislado y bastante expuesto ante iniciativas de activación de cláusulas democráticas: de la OEA a MERCOSUR. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 1 de diciembre de 2015

OPEP, UNASUR y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El próximo viernes se celebrará la 168° Reunión Ministerial de la OPEP en Viena, la cual ha estado precedida de declaraciones y especulaciones sobre un improbable cambio en la estrategia impuesta al grupo por Arabia Saudita. Los bandos dentro de la organización, los defensores de la estrategia de volúmenes actual y sus detractores, volverán a jugar sus cartas con resultado similar.

Arabia Saudita ha vuelto a señalar que se mantiene dispuesta a trabajar junto al resto de países OPEP y No OPEP para estabilizar los precios del petróleo, pero también ha reiterado que no hará nada si no hay recortes colectivos. “La OPEP no va a recortar sola”, zanjó recientemente un delegado saudita. Esto fue lo mismo que le señaló el Ministro Naimi al entonces Ministro Rafael Ramírez en Margarita a principios de noviembre de 2014. Su posición no se ha movido ni un ápice.

Esto nos lleva a considerar la reunión informal entre países OPEP y países No OPEP -donde destaca Rusia-, que tendrá lugar en la misma ciudad el próximo 3 de diciembre. Sin embargo, ya que Moscú ha dejado claro que no desea hacer recortes, esta alternativa trabajada con denuedo por Venezuela desde hace un año se encuentra agotada. El último viaje del Presidente Maduro a Riad para plantear recortes en la IV Cumbre América del Sur y Países Árabes -un foro no petrolero-, transmitió desesperación.

La histórica decisión de la 166° Reunión Ministerial de la OPEP en noviembre de 2014 de bombear más petróleo y defender la cuota de mercado frente a la creciente producción de países No OPEP, sobre todo de EEUU, se produjo en un momento donde el precio del crudo marcador Brent se ubicaba en 65 $/Bl. Seis meses más tarde, había tocado los 45 $/Bl –nivel en que se cotiza actualmente-, un severo desplome desde los 115 $/Bl en los que se cotizaba en junio de 2014.

Ahora algunos países OPEP se han tornado muy pesimistas, y temen un descenso hasta los 20 $/Bl, tomando en cuenta la vuelta de Irán al mercado - Goldman Sachs ha sido el abanderado de estos pronósticos tan sombríos. De hecho, el Ministro Eulogio del Pino señaló que la OPEP no puede permitir “una guerra de precios. Tenemos que hacer algo”. Ecuador ha adelantado la necesidad de recortar 1,6% de la producción de la OPEP, sumándose a Venezuela.

Empero, en parte, la estrategia saudita ha empezado a cosechar resultados con el colapso de precios. La demanda petrolera global ha empezado a recuperarse y se ha frenado el crecimiento de la producción de esquistos en EEUU. También se espera que la producción colectiva de los países No OPEP se contraiga el próximo año, lo cual no se había visto en una década. Para Riad, todo esto llevaría a una recuperación gradual de los precios del petróleo a niveles de 80 $/Bl para 2020.

Aunque las finanzas de los países de la OPEP se encuentran bajo presión, hay países con suficientes reservas financieras para aguantar el desplome de precios por algunos años. Este es el caso de Arabia Saudita, que cerrará el año 2015 con un déficit presupuestario de 16% del PIB, frente a 1,5% en 2014, pero tiene más de 600 millardos de dólares en fondos soberanos para hacerlo “manejable”. Mantener los grifos abiertos y sufrir un par de años a cambio de una recompensa a largo plazo, todavía parece ser la elección de Riad y el resto de las petro-monarquías que se han alineado a su política. El Emir de Qatar de visita recientemente en Caracas, debió transmitirle esto al Presidente Maduro. En Viena, veremos críticas a la estrategia saudita de parte de los que más sufren por la caída de precios –Venezuela, Ecuador, Irán, Argelia-, pero la decisión final será mantener la estrategia de defensa de cuota de mercado sin cambios. Esto sólo podría someterse a una reconsideración seria dentro de 12 a 18 meses, si se genera un aumento significativo de la producción de Irán, Irak o Libia.

Venezuela en plena crisis económica será observada también esta semana por los delegados de la OPEP con atención. No tanto por sus demandas de recortes que ya a nadie sorprenden, ni por sus intentos de sacarse un conejo de la chistera con reuniones con productores No OPEP que no llegan a nada concreto, sino por sus elecciones parlamentarias. Somos un productor frágil, y el resto de los gigantes en pugna en el mercado petrolero nos perciben al borde del abismo.

Según las encuestas más reputadas, la Mesa de la Unidad Democrática obtendría una clara mayoría en las elecciones del próximo domingo. Bien valdría que el Presidente Maduro acepte este cambio de viento pacíficamente, abriendo un período de cohabitación que, gestionado con diálogo y negociación, puede favorecer un cambio del modelo económico que se necesita con tanta urgencia, lo cual debe incluir un nuevo plan de negocios para PDVSA ajustado a la coyuntura petrolera actual. Este es el rumbo que ha tomado la Presidenta Dilma Rousseff –y que el propio Lula aconsejó a Maduro en 2013-, quien ha formado un gobierno de coalición para encarar la caída de los precios de las materias primas que ha llevado la economía brasileña a la recesión. El pueblo venezolano exige a toda la clase política una lectura adecuada de los tiempos difíciles que vivimos.

Finalmente, y después de muchos obstáculos, una Misión de la UNASUR acompañará nuestras elecciones. Ha llegado tarde y con la notable ausencia de técnicos electorales de Brasil. La credibilidad de la organización suramericana está en riesgo en Caracas. Debe ser garante de unas elecciones transparentes y pacíficas. Jugar al rol de apagafuegos como en 2013 y 2014, no sólo no ayudará a Venezuela a enrumbarse hacia un futuro más próspero, sino que pondrá en entredicho el futuro de la propia organización. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

Venezuela y las cláusulas democráticas de la región


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Posiblemente la propuesta del recién electo Presidente de Argentina, a pesar del ventajismo kirchnerista, de invocar la Cláusula Democrática de MERCOSUR, por ahora no prospere debido a que las decisiones en este se toman por consenso –y Brasil no está de acuerdo por ahora. Sin embargo, es la primera piedra junto con la solicitud de la Corte Suprema de Chile para restituir el sistema democrático en Venezuela; sin olvidar la posición de Luis Almagro en la OEA y el impase con Brasil en UNASUR, que deja clara la preocupación que hay en la región por el peligro que corre la democracia en Venezuela.
Al contrario de las retorcidas interpretaciones que hacen los voceros del gobierno; tanto la preocupación del Presidente Macri como la decisión del Corte chilena se ajustan a derecho, en ningún momento son injerencistas y sólo exigen al gobierno cumplir con su Constitución y respetar los compromisos internacionales bajo el principio de corresponsabilidad.
Nos explicamos: los compromisos internacionales son en ambas vías, crean y generan obligaciones y derechos. Las partes firmantes se obligan a cumplir los términos del Acuerdo pero también están en la obligación de exigir a las contrapartes el cumplimiento de esos compromisos; más aún cuando en el artículo 23 de la Constitución Bolivariana queda establecido que los Acuerdos Internacionales en materia de Derechos Humanos prevalecen en el orden interno, son de aplicación inmediata y directa por el Poder Público.
Todos los mecanismos regionales cuentan con su Cláusula Democrática: el Mercado Común Centro Americano, el Tratado Marco de Seguridad Democrática 1995; el Protocolo de Ushuaia del MERCOSUR (1998); la CAN el "Compromiso por la Democracia" (2000) y la OEA subsumió los anteriores compromisos en la Carta Democrática Interamericana (2001); y recientemente UNASUR acordó su Clausula Democrática en el 2010. Donde todos tienen en común, defender “La plena vigencia de las instituciones democráticas, condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración”.
 En caso de desacato, las cláusulas tienen la posibilidad de suspender a un país socio en el bloque y hasta aplicarle sanciones comerciales o el cierre de fronteras en caso de ruptura del orden democrático.
La decisión de la CSJ chilena de solicitar a su gobierno de acudir a la CIDH/OEA a fin de que se constituya en los penales en que se encuentran Leopoldo López y Ceballos, de ningún modo es injerencista; sólo que le ordena al gobierno de Bachelet exigirle a Maduro cumplir con sus compromisos internacionales.

@grevanales

martes, 5 de mayo de 2015

Los cien días de Dilma Rousseff


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo

El inicio del gobierno parte del resultado electoral del año 2014. En efecto, Dilma Rousseff  obtuvo el 51,58%; Aécio Neves, terminó de carburar con un 48,24% de los votos. La abstención giró en un 21%. Neves perdiendo se posesionó muy bien para las próximas elecciones del 2019, siendo aún joven y tomando lecciones que da el ejercicio de la política, para el futuro, se presenta como una excelente alternativa del PSDB, para ese año. El PT, tendrá 16 años de gobierno y eso podría pasar factura.

La Presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, cumplió recientemente los primeros cien días de su mandato constitucional, es un dato importante en términos  políticos que marcan simbólicamente el rumbo que va tener su mandato. Muestran, por un lado, una caída en la popularidad de la Presidenta que es duro, pero es parte del juego político. En efecto, según la última encuesta de Folha de Sao Paulo que sólo el 13% de los entrevistados considera que la gestión de Rousseff es buena. Es el índice más bajo jamás registrado por la actual Presidenta y el segundo más bajo en la historia democrática de Brasil, sólo por debajo del que tuvo, en septiembre de 1992, el Presidente Fernando Collor de Mello. No se el escenario más deseable para iniciar un gobierno.

Un Congreso compuesto por 28 fuerzas políticas, el PT, PDT, Partido Comunista suman ahora 99. Hay, además, los partidos que no están umbilicalmente ligados a Dilma Rousseff, que aumentaron su fuerza política pasando de 253 diputados de la anterior legislatura a 262 electos en la nueva legislatura, que serán la base de sustentación de la Presidenta, tratase de partidos como el PMDB, PSD, PR, PTB, entre otros, que forman la mayoría simple, quórum exigido para aprobar la mayoría proyectos de ley, necesario para el partido gobernante, PT. Rousseff, deberá gobernar para todo Brasil.

El PMDB, partido histórico que ha gobernado, es resultado del proceso de democratización desde José Sarney, luego partidos pequeños, pero no menos importantes como el PSB, PDT y el PC de Brasil, que dirigirán carteras en el Gobierno y se convierten en bisagras en la relación política con el PMDB, en cuanto a la orientación centroizquierdista del Gobierno, estimo tendrá diferencias con lo que fue su primer gobierno aunque mantendrá las líneas básicas de la política macroeconómica, manteniendo las exitosas políticas sociales y una mayor inversión en infraestructura, sin embargo, con el horizonte de aplicar nuevas reformas económicas tan audaces como las de 1994, esta vez en el mando del nuevo Ministro de Hacienda, Joaquim Levy, un economista más orientado al mercado durante los años 2015-16.

Por otro lado, las discusiones de las reformas políticas que se vienen discutiendo desde el primer período de Dilma Rousseff, que contó inclusive con sendas comisiones parlamentarias, avanzó en un trabajo interesante que se debe retomar, hoy unido a una cruzada contra la corrupción pública  a raíz de las denuncias alrededor de Petrobras. En ese sentido, en los últimos días en Brasil, está en curso una discusión de una reforma política en algunos aspectos puntuales de su legislación político-electoral: financiamiento electoral y partidario, sistemas electorales, suplencias de senadores, filiación partidaria, coaliciones, voto facultativo, cláusula de barrera, fecha de toma de posesión del jefe de Estado, fidelidad partidista, entre otros.

Otro tema que copa los cien días de Dilma Rousseff son las reformas económicas que abarcan los campos de ajuste fiscal, inflacionario, monetario y evitar la desvalorización continua del real frente al dólar, por ello, se están debatiendo dentro de la comunidad brasileña para llegar a un consenso; claro, se hará sin afectar los exitosos programas sociales de los últimos años,  he allí el reto y el dilema. Por supuesto, que la responsabilidad la tiene el gobierno y estimo que Joaquim Levy está claro en lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo y el timing de las diferentes decisiones que deben estar integradas en este plan de reformas económicas, el cual  considero que Brasil, está mejor preparado que en los años 90, cuando se hizo el Plan Real, tanto de la necesidad de los ajustes y reformas como del ambiente macroeconómico es mejor que el de hace 20 años. 

En suma, el gobierno en estos primeros 100 días, tiene dos signos: una oposición más aguerrida y una base oficial poco fiel, si no vean la  elección en la Cámara de Diputados con Eduardo Cunha, del PMDB, más independiente que otros líderes de ese partido. En fin, tiene un apoyo del 60% en la Cámara y del 65% en el Senado que debería darle soporte político para cualquier gobierno, pero, paradójicamente, el de Rousseff está lejos de eso: la Presidenta tiene la base más inestable desde la vuelta de la democracia en 1989. Toda la base aliada debe trabajar en una coalición perfecta en aras del éxito de la presidente Rousseff.

jueves, 5 de febrero de 2015

Itamaraty, un nuevo rumbo


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo

Una de las políticas públicas más sólidas y con gran sentido de institucionalidad y profesionalismo, es la política exterior brasileña, hoy en nuevas manos y en un rumbo que busca ratificar y robustecer el patrimonio histórico de Itamaraty. Los Embajadores Mauro Viera y Sergio Danese, Canciller y Secretario General respectivamente, dirigen en un nuevo momento la cancillería brasileña. Efectivamente, tanto en los gobiernos de Sarney en adelante, como en los gobiernos del PT, se le han dado un cariz más acorde a los nuevos temas del área internacional. Lula y la Presidente Dilma Rousseff con una visión más social de la democracia entre otros, pero mantienen un hilo conductor desde entonces. El patrimonio histórico de la acción externa ha sido:

Pacifismo: Se fundamenta en la no-confrontación, la búsqueda de soluciones pacíficas negociadas de las controversias, la condena del uso de la fuerza para la obtención de resultados externos.

El universalismo: entendido éste como el todo, el acervo de contactos bilaterales que constituyen el patrimonio del Brasil. También la diversidad de contactos bilaterales sirve para la realización de los intereses nacionales. Y finalmente esta vocación universal, encuentra sus raíces en el hecho que los brasileños consiguieron establecer relaciones pacíficas e instrumentalizadas con países situados en todas partes del Mundo.

Juridicismo: respeto a los tratados y convenciones, entendidas como manifestaciones sacrosantas del Derecho Internacional y que son asumidas por la voluntad nacional. Los tratados y convenios son vistos como instrumentos jurídicos que buscan acuerdos con factibilidad de cumplirse y que sean favorables a todas las partes intervinientes.

Realismo y pragmatismo: acciones vinculadas a los intereses nacionales. Se abandona la idea de construcción y el uso del papel de potencia del país, para ganancias internacionales, se despolitiza y desideologiza la acción internacional.

Autodeterminación y No Intervención: son alimentados por el carácter pacificista de la política exterior y sobre todo por el realismo que ilumina a su ejecutoria internacional.

Dentro de un contexto de mayor globalización representado por la elevación exponencial de las interconexiones entre países, como lo reconoce el nuevo Canciller, Embajador Mauro Viera, en su discurso inaugural "... La Interrelación entre los asuntos internos y los internacionales es cada vez mayor. El Mundo globalizado diluyó las fronteras entre la política externa en su concepción clásica y las otras esferas de la acción estatal, creando una interconexión entre las dimensiones doméstica e internacional. En cada gran tema de política externa, administrar es interconexión no depende apenas de Itamaraty. Más cabe fundamentalmente a Itamaraty operar en sintonía con las diferentes áreas del Gobierno, generando las sinergias que reforzarán la acción y la posición negociadora de Brasil en el Mundo...". Brasil busca posicionarse en un nuevo contexto que:

Primero, busca insertarse en una economía internacional altamente integrada y competitiva, hoy en día con un escenario distinto del precio de los commodities y el giro que está teniendo la política de Estados Unidos, que repercutirá en la economía mundial. Aquí buscarán reforzar la política de cooperación en todas sus dimensiones y la comercial.

En segundo lugar, mantiene los márgenes de maniobra, para no inviabilizar su histórico proyecto nacional, con base en los principios arriba enunciados. Busca construir un adecuado y perfil político y económico de acuerdo con la nueva configuración del poder mundial que va de la bipolaridad a la multiporalidad en un Mundo donde los actores estatales y no estatales tienen otra dinámica.

Ahora bien, la política exterior de Brasil, tiene tres interrogantes hacia el futuro:

En primer lugar, ¿qué es lo que Brasil desea obtener de su relación con el medio internacional? La respuesta evidente y con un claro objetivo, es conseguir el intercambio externo para la realización del desarrollo, tanto en su dimensión económica como social, para lograr profundizar los derechos humanos y un medio ambiente sustentable.

En segundo lugar, ¿cómo el Brasil desea relacionarse con la Comunidad Internacional?, aquí están los principios que tradicionalmente han orientado su política exterior, tales como la no intervención, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos y la solución pacífica de las controversias.

La tercera pregunta, ¿cuál es el Mundo que ellos desean?, puede estar resumida en algunas ideas fuerzas: paz, desarrollo, democracia y participación amplia, por ello es que el Brasil está trabajando en conjunto con otros países, para la reforma de los organismos multilaterales.

En ese sentido, la política exterior del Brasil, buscará reforzar la integración, buscando la realización de sus intereses y fines.

lunes, 26 de enero de 2015

El gabinete de Dilma Rousseff


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo
Tras la toma de posesión de la  Presidenta de la República en Brasil, Dilma Rousseff, ha confeccionado un gabinete ministerial donde resalta, por una parte, un equilibrio político entre las diversas fuerzas políticas que componen el gobierno, a saber: el PT, PMDB, PDT y el Partido Comunista, el Partido Republicano de la Orden Social (PROS), Partido Social Democrático (PSD) y Partido Republicano Brasileño (PRB).

Por otra parte, el PMDB, partido histórico que ha sido gobierno desde la época de José Sarney, luego partidos pequeños, pero no menos importantes como el PSB, PDT y el PC de Brasil, que dirigirán carteras en el gobierno y se convierten en bisagras en la relación política con el PMDB, en cuanto a la orientación centro-izquierdista del Gobierno, estimo tendrá diferencias con lo que fue su primer gobierno aunque mantendrá las líneas básicas de la política macroeconómica, manteniendo las exitosas políticas sociales y una mayor inversión en infraestructura, sin embargo, con el horizonte de aplicar nuevas reformas económicas tan audaces como las de 1994, esta vez en el mando del nuevo ministro de Hacienda, Joaquim Levy, un economista más orientado al mercado durante los años 2015-2016.

Debe destacarse la ratificación de la presencia femenina y cabe mencionar al respecto, entre otras mujeres ministras, a: María do Rosario, Ministra de Derechos Humanos; Luiza Barrios, Ministra de Igualdad Racial; Tereza Campelo, Ministra de Desarrollo Social; Iriny Lopes, Ministra Secretaria de las Mujeres; Helena Chagas, Ministra de Comunicación Social; de la Presidencia de la República, Izabella Teixeira, Ministra de Medio Ambiente, e Ideli Salvatti, Ministra de Pesca. Al final, la mayor tajada se la ha llevado su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), que desea mantener con Dilma un mayor peso político. Así, el PT se lleva 13 de los 39 ministerios: Ciencia y Tecnología; Justicia; Casa Civil; Comunicaciones; Desarrollo, Hacienda, Industria y Comercio; Derechos Humanos; Sanidad; Desarrollo Agrario; Igualdad Racial; Desarrollo Social; Relaciones Institucionales; Secretaría de las Mujeres; Secretaría General de la Presidencia y Pesca. También Antonio Carlos Rodrigues para el Ministerio de Transporte; Gilberto Occhi para  Integración Nacional; Miguel Rossetto para la Secretaría General; Patrus Ananias para Desarrollo Agrario; Pepe Vargas para las Relaciones Institucionales; Ricardo Berzoini para las Comunicaciones, y Carlos Gabas para la Prevención Social. La sorpresa en el Gabinete fue el nombramiento del Embajador Mauro Vieria, diplomático de amplia trayectoria y que viene de dirigir la Misión en Estados Unidos. Con este será el tercer diplomático de carrera que dirige el Itamaraty, durante la gestión de Rousseff desde el 2011; y en Defensa, Jacques Wagner, Ex-Gobernador de Bahía.

El PMDB, el mayor partido del país, se llevó seis ministerios,  tienen mayor peso político que en el primer gobierno de Rousseff, dada la necesidad de ésta de contar con el apoyo de este partido, y en el ámbito económico, debe mencionarse  en el Ministerio de Energía Eléctrica que controlan el despacho de los que votaron en una perspectiva de izquierda y que ahora controla el PMDB, también está Kátia Abreu que manejará el Ministerio de Agricultura que no ha tenido buenas relaciones con los sectores agrícolas y organizaciones ecologistas, y, además, Eduardo Braga, que por muchos años fue el jefe de la mayoría en el Congreso, será el nuevo Ministro de Energía y Minas del cual dependen Petrobras y Electrobras. No debe dejar de mencionarse la elección de Cid Gómes hasta ahora gobernador de Ceará, como nuevo titular de Educación, que le quita la preeminencia del PT en los últimos años al frente de este ministerio y se lo da a un fiel aliado; por otra parte está un ex-militante del PSDB, ahora con un partido propio como es Gilberto Kassab del PSD, para el Ministerio de la Ciudades, cartera con un presupuesto de más de 4.000 millones de dólares, que dirige las políticas de vivienda y saneamiento básico.

Finalmente con la designación de George Hilton (PRB-MG), miembro de una iglesia evangélica a quien le tocará la misión de organizar las Olimpiadas del 2016, el Ministerio de Integración Nacional lo ejercerá Fernando Becerra Coelho, y la ratificación del presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, funcionario de carrera en ese organismo, conocido por ser un desenvolvimentista, término usado en la jerga brasileña para la ubicación teórica de las corrientes económicas en el Brasil. Como se puede observar en este rápido vuelo rasante del Gabinete de la presidenta Rousseff, tiene figuras con experiencia política y administrativa para iniciar  su segundo y último gobierno. El gobierno se inicia con dos signos: una oposición más aguerrida y una base oficial poco fiel, si no vean la próxima elección en la Cámara de Diputados con Eduardo Cunha, del PMDB, más independiente que otros líderes de ese partido. En fin, tiene un apoyo del 60% en la Cámara y del 65% en el Senado que debería darle soporte político para cualquier Gobierno, pero, paradójicamente, el de Rousseff está lejos de eso: la Presidenta tiene la base más inestable desde la vuelta de la democracia en 1989.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Política exterior de Brasil: Año 2015


Dr. Jesús E. Mazzei Alfonzo

Tanto en los años de los gobiernos de Collor de Mello y Cardoso, como posteriormente en los gobiernos del PT, se le han dado un cariz más acorde a los nuevos temas del área internacional; Lula y la Presidente Dilma Rousseff con una visión más social de la democracia entre otros, pero que mantienen un hilo conductor. Estos serán los rasgos definidores de la política exterior en el segundo gobierno de Dilma Rousseff. Los debates entre los candidatos arrojaron oscilaciones y énfasis en temas como EEUU, China, Unión Europea, América Latina, MERCOSUR, los temas de la negociación de Doha entre otros, pero guardando un denominador común estos temas de la agenda internacional del Brasil, en estos ejes, a saber:

Pacifismo: Se fundamenta en la no-confrontación, la búsqueda de soluciones pacíficas negociadas de las controversias, la condena del uso de la fuerza para la obtención de resultados externos.

El universalismo: entendido éste como el todo el acervo de contactos bilaterales que constituyen el patrimonio del Brasil. También la diversidad de contactos bilaterales sirve para la realización de los intereses nacionales. Y finalmente esta vocación universal, encuentra sus raíces en el hecho que los brasileños consiguieron establecer relaciones pacíficas e instrumentalizadas con países situados en todas partes del Mundo.

Juridicismo: respeto a los tratados y convenciones, entendidas como manifestaciones sacrosantas del Derecho Internacional y que son asumidas por la voluntad nacional. Los tratados y convenios son vistos como instrumentos jurídicos que buscan acuerdos con factibilidad de cumplirse y que sean favorables a todas las partes intervinientes.

Realismo y pragmatismo: acciones vinculadas a los intereses nacionales. Se abandona la idea de construcción y el uso del papel de potencia del país, para ganancias internacionales, se despolitiza y desidiologiza la acción internacional.

Autodeterminación y no intervención: son alimentados por el carácter pacificista de la política exterior y sobre todo por el realismo que ilumina a su ejecutoria internacional.

Es decir, hay una tradición de la praxis diplomática, la cual es radicalmente contraria a la intervención, por el rechazo que podría dar, el legitimar eventuales intervenciones o acciones correctivas fuera del sistema o ambiente de poder internacional.

Si partimos desde los años noventa  hay un hilo conductor tanto en la agenda y los temas internacionales tendencia, la cual se acentúo durante los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff y sobre todo en los años venideros, dentro de un contexto de mayor globalización representado por la elevación exponencial de las interconexiones entre países, donde Brasil ha buscado entre otras cosas:

Primero, buscar insertarse en una economía internacional altamente integrada y competitiva, hoy en día con un escenario distinto del precio de los commodities y el giro que está teniendo la política de EEUU, que repercutirá en la economía mundial.

En segundo lugar, mantiene los márgenes de maniobra, para no inviabilizar su histórico proyecto nacional, con base en los principios arriba enunciados. Busca construir un adecuado y perfil político y económico de acuerdo con la nueva configuración del poder mundial que va de la bipolaridad a la multiporalidad.

Ahora bien, la política exterior de Brasil, tiene tres interrogantes hacia el futuro:

En primer lugar, ¿qué es lo que Brasil desea obtener de su relación con el medio internacional? La respuesta evidente y con un claro objetivo, es conseguir el intercambio externo para la realización del desarrollo, tanto en su dimensión económica como social, para lograr profundizar los derechos humanos y un medio ambiente sustentable.

En segundo lugar, ¿cómo Brasil desea relacionarse con la comunidad internacional?, aquí están los principios que tradicionalmente han orientado su política exterior, tales como la no intervención, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos y la solución pacífica de las controversias.

La tercera pregunta, ¿cuál es el Mundo que ellos desean?, puede estar resumida en algunas ideas fuerzas: paz, desarrollo, y participación amplia. Por ello es que el Brasil está trabajando en conjunto con otros países, para la reforma de los organismos multilaterales y ordenar y crear un mundo multipolar en un horizonte a mediano plazo.

En ese sentido, la política exterior del Brasil en los últimos años, busca la autonomía y la integración, en vez de una autonomía aislacionista, procura una autonomía de acción articulada con el medio internacional, buscando la realización de sus intereses.


Publicado originalmente en El Universal

domingo, 12 de octubre de 2014

Elecciones en Brasil: la pugna por la representación del cambio


Prof. Felippe Ramos (*)

La campaña electoral y las elecciones del 2014 en Brasil han sido un huracán político.
Cuando todos hablaban en el fenómeno Marina Silva, que sería capaz de ganar a la presidenta Dilma Rousseff en segunda ronda, los resultados de la primera ronda del 05 de octubre mostraron a Dilma con 41,59%, Aécio Neves con 33,55% y a Marina con solamente 21,32% de los votos válidos, lo que ha llevado a una segunda ronda el 26 de octubre entre los dos primeros. Sin embargo, el complejo escenario no es tan novedoso como ha sido anunciado.
Desde la elección de Lula en 2002, ha sido buscada una alternativa a la polarización entre el PT (partido de Lula y Dilma) y el PSDB (partido del ex presidente Cardoso y del actual candidato Aécio Neves). En las tres elecciones presidenciales anteriores siempre hubo un tercer candidato que alcanzó un porcentaje considerable de los votos presentándose como una tercera vía. En 2010, la misma Marina Silva, entonces en el Partido Verde (PV), ya había logrado casi 20 millones de votos quedándose también, como hoy, en tercer lugar. La novedad, por lo tanto, no es ésa.
Otro punto importante, aunque tampoco novedoso, es que el segundo lugar en verdad no lo obtuvo Aécio Neves, sino que la suma de abstenciones (27,6 millones o 19% en un país en donde el voto es obligatório), votos blancos (4,4 millones) y votos nulos (6,7 millones), alcanzando 38,7 millones o 27% del total de 142,8 millones de electores. Aécio obtuvo 33,5% de los votos válidos, pero en términos absolutos eso significa 34,8 millones de votos. El mismo escenario pasó en las elecciones de 2010 cuando el candidato opositor José Serra (PSDB) tuvo menos votos que los votos inválidos y abstenciones.
De esta manera, no es solamente de los electores de Marina que Dilma o Aécio pueden sacar más votos, sino también de los electores que no han escogido un candidato hasta ahora. Al mismo tiempo, si esa parte del electorado no ha votado por Dilma, tampoco ha identificado en los candidatos opositores la alternativa de cambio que ellos buscan representar. Hay, entonces, un problema de legitimidad de representación en Brasil y eso, que ya venía ocurriendo desde las elecciones anteriores, quedó aún más claro a partir de las protestas de junio de 2013.
Brasil tiene una tendencia de comportamiento electoral al nivel presidencial que puede ser presentada así:
(a) voto PT, los que defienden la continuidad de las políticas de ese partido;
(b) voto anti-PT, más alineado con el opositor de derecha PSDB;
(c) voto “nueva política”, los que siempre buscan una tercera vía, y
(d) los ni-ni, los que no votan ni en uno, ni en otro y en general ni siquiera van a votar en el día de las elecciones.
Sobre el primero campo, el voto PT, el politólogo André Singer ya explicó muy bien que hubo un cambio en el electorado: desde una minoría de clase media progresista para amplias capas de la población más pobre, beneficiadas por los programas sociales, la distribución del ingreso, la reducción de la desigualdad y el aumento real del salario mínimo. La prueba es no solamente la división regional de votos (las partes menos desarrolladas del país con mayoría de votos al PT y las partes más ricas con mayoría opositora), sino también la "xenofobia" interna de la clase media de las regiones ricas hacia los electores del PT en las regiones más pobres. En las redes sociales se ha demostrado extremo odio de clase en contra de los nordestinos, los habitantes del Noreste brasileño, la región menos desarrollada del país.
Estos son los dos electorados consolidados: uno que apoya el proyecto del PT moderadamente liberal (en las costumbres), socialdemócrata (en la política) y  neodesarrollista (en la economía); el otro, el voto anti PT que en general apoya el opositor PSDB que fue empujado de la socialdemocracia a la derecha conservadora (en las costumbres), elitista (en la política) y neoliberal (en la economía), debido a la ascensión del PT a la presidencia y su cambio hacia la moderación en el ejercicio del gobierno en un contexto de coalición amplia y dificultad de gobernabilidad. Por su parte, los votos "nueva política" escogieron, como tendencia, a Marina Silva, en 2010 y 2014. Y aún hay más gente que las que componen estos tres electorados; más allá de los votos válidos hay las personas realmente existentes. Es decir, hay los 38,7 millones que no votaron por nadie. Entre ellos pueden ubicarse tanto los resignados e indiferentes, como los defensores de una "nueva política" que no se han identificado con el proyecto presentado por Marina.
Si la novedad no es la búsqueda de una alternativa a los dos proyectos y electorados consolidados, lo que quizás sea novedoso es la posible capacidad de determinación del resultado electoral, debido a esa búsqueda de alternativa. Muy diferente de lo que plantearon los manifestantes de junio, sin embargo,esa posible alternativa al PT (hace doce años en el poder) sólo se ha consolidado con el desplome de Marina y el regreso de un candidato clásico de la vieja política, Aécio Neves, el playboy, como tildado por El País. Su candidatura es, en ese sentido, una gran construcción discursiva hecha con apoyo de la gran prensa con miras a movilizar el sentimiento por cambios que está difuso en la ciudadanía.

La candidatura Aécio se ha aprovechado de ese síntoma de la ciudadanía brasileña porque las protestas fueron gigantescas, pero difusas, sin programa o agenda, sin líderes u organizaciones fuertes. La fuerza de ese experimento democrático callejero se ha transformado en amenaza a la continuidad de un proyecto que, si bien lejos de lo que aspiran las masas, es más cercano que el proyecto conservador maquillado de novedad. Junio de 2013 fue, por lo tanto, el comienzo real de la carrera presidencial para sacar el PT del poder a través de la movilización táctica (y con técnicas de mercadeo) del sentimiento amplio y difuso en defensa de cambios. Eso sólo ha sido posible porque hay una brecha gigantesca entre el sistema de representación y el sistema de legitimidad. Los movimientos y protestas difusos generan el clima de cambio, pero no son capaces, por su falta de organización, de generar consecuencias en el sistema político institucionalizado. En las elecciones ganan los profesionales y no los soñadores. Como reacción a la calle, los más conservadores y profesionales se movilizan más. El Congreso nacional es el mejor ejemplo: la próxima legislatura tendrá diputados y senadores aún más conservadores que los que todavía se quedan hasta fines del año. Tras las protestas, la respuesta del sistema de representación ha sido cerrarse aún más. El PT ha perdido diputados (de 88 a 70), el PSDB ha aumentado (de 44 a 55); también crecieron los representantes evangélicos, militares y defensores del agronegocio. Como dijo el periodista Germán Aranda, “los brasileros protestaron como nunca y votaron como siempre”.

Asimismo, al revés de los deseos de la calle, el regreso del PSDB a la gran escena política luego del desplome de Marina es una señal de la consolidación del bipartidismo de coalición en Brasil; es decir, un sistema político que presenta 28 partidos representados en el Congreso Nacional aunque solamente dos (PT y PSDB) tengan la capacidad de hegemonía, comprendida como el impulso de dos proyecto claros y en pugna que atraen los demás partidos para composiciones más amplias. Si el PSDB ha intentado ganar a través de la propaganda (manipulación del amplio deseo de cambio), el PT, además del mercadeo político (campaña del miedo del pasado) ha comprendido parcialmente que su única salida es dialogar con el nuevo espíritu difuso de la ciudadanía, aunque tenga dificultad por el hecho de ser gobierno hace 12 años.
Ha buscado ser directo y específico al electorado "nueva política" y ni-ni: defiende una constituyente exclusiva para la reforma política y subraya que, mientras no se cambie el sistema de representación, es importante tener como representante la opción existente que más se acerca de los planteamientos de la calle y que está más abierta al diálogo. La campaña del miedo tendrá que ser equilibrada con el discurso de que el PT apoyará e impulsará también la profundización de la democracia, en lo que pese el Congreso aún más conservador. Más que discurso, será necesario recordar que, cuando las protestas de junio emergieron, mientras los gobiernos estadales más conservadores reprimían los manifestantes, la presidenta Dilma reconoció la legitimidad de sus demandas e invitó a sus representantes para dialogar y presentar su agenda en Brasilia.

A la ciudadanía descontenta y deseosa de cambio habrá que recordarle que diversos países han pasado por situaciones de gran movilización y protestas difusas para luego ver electos políticos aún más conservadores (España, Grecia). El voto útil en la primera ronda migró de Marina hacia Aécio. En la segunda ronda, Dilma debe buscar que esos votos migren de Marina y de los ni-ni hacia el PT. Las agendas progresistas que el PT, como partido del poder, no puede más implementar tendrán que venir de nuevas movilizaciones y organizaciones. Para los que están más a la izquierda, sin embargo, es mejor tener el PT en Brasília que el PSDB. Por ahora, sobre quién va a ganar las elecciones, sólo puedo recordar, como lo hizo el senador Eduardo Suplicy (PT), la canción de Bob Dylan: "the answer, my friend, is blowing in the wind, the answer is blowing in the wind".

(*) Director del Instituto SUREAR e Investigador de la Misión del IPEA en Venezuela

Publicado originalmente en América Economía

Brasil entre la razón y el sentimiento


Embajador (r) Julio César Pineda

La segunda vuelta en la elección presidencial de Brasil enfrenta a los tradicionales movimientos políticos de centro derecha, el Partido Social Demócrata Brasileño y en la centroizquierda el Partido de los Trabajadores. La ventaja de la candidata del PT, Dilma Rousseff, es menor a 8 puntos ante el candidato del PSDB, Aécio Neves. 43 millones de brasileños se manifestaron por la continuidad del proyecto del expresidente Lula y Rousseff mientras que más de 50 millones lo hicieron por el cambio y por la oposición. Preocupados Lula y Rousseff apenas lo separa 9 millones de votos entre el Gobierno y el candidato del PSDB, pero hay 21 millones de votos de Marina Silva la candidata ecologista que podrían decidir. Todo depende de la evaluación final de los 12 años de gobierno del PT. Por sexta vez el Gobierno entre el PT y el PSDB. Como en el 2010, la presidenta Rousseff tratará de derrotar en la segunda vuelta al compañero de partido de José Serra del PSDB, Aécio Neves.

Las encuestas se equivocaron cuando proyectaron como triunfantes en la primera vuelta a Marina y Dilma. Marina Silva llegó en varias oportunidades a sobrepasar a Dilma Rousseff en intención de voto con un mensaje renovador y su preocupación por el medio ambiente en un Brasil donde el tema ecológico es fundamental por su biodiversidad disminuida y por el ecocidio permanente de gobiernos de izquierda y de derecha, por eso le había renunciado a Lula cuando ejercía en el ministerio del Ambiente, pero también por la corrupción del régimen.

Como El País de España lo señaló "fue una auténtica montaña rusa de encuestas que subían y bajaban, reflejo de una campaña imprevisible e hipnótica, marcada por un accidente aéreo que lo revolucionó todo". 

A la ecologista Marina Silva le pasó lo mismo que en las elecciones colombianas cuando todos esperaban el triunfo del candidato de partido verde Antanas Mockus en el 2010 en contra de Santos. En ambos casos terceras vías con un mensaje nuevo frente a la corrupción y frente a la violencia contra el hombre y contra la naturaleza. Ambos candidatos habían sido la esperanza para los verdes del continente que como en Europa quieren convertirse en fuerza determinante en los destinos nacionales. Antanas y Marina hicieron extraordinarias campañas y entusiasmaron a las nuevas generaciones, pero fueron víctimas de su idealismo galopante sin estructuras partidistas y sin especialistas de marketing político. En Brasil tanto el PT como el PSDB son formaciones con estructuras solidas con financiamiento permanente, con experiencia de gobierno y con el necesario pragmatismo de la lucha política. En el caso colombiano se le acusó al candidato de ateo en un país evidentemente católico y a Marina se le estigmatizo por su pertenencia a la iglesia Evangélica y su posición conservadora. Los golpes bajos y el fantasma del miedo de los dos grandes partidos fue palpable en los mensajes propagandísticos, el objetivo era destruir la esperanza que representaba Marina Silva. Una de las propagandas presentaba una familia brasileña, a quien si ganaba Silva se le quitaría su trabajo, su educación y su comida, de la misma manera se presentaba el peligro para los nuevos derechos humanos, los matrimonios del mismo género y el tema de la homosexualidad. Igualmente, el candidato Aécio Neves centró su crítica en la ecologista para sacarla del juego con el permanente señalamiento del pasado político de Silva y su afinidad con el PT y con el proyecto de Lula, incluyéndola en los fracasos frente a la inclusión de la clase media y la corrupción continuada de los gobiernos anteriores.

Los jóvenes en esta primera vuelta, y en la segunda determinaran la elección, porque el 35% de los electores tienen entre 16 y 34 años y fueron los primeros en salir a las calles para oponerse a las políticas del partido de gobierno, incluso a pesar de su amor al fútbol, por la corrupción e inoportunidad de la Copa Mundial de la FIFA 2014.

Precisamente acaba de salir un libro escrito por un equipo de periodistas de investigación brasileños "El lado sucio del fútbol", con una investigación donde el lavado de dinero, la evasión fiscal, el nepotismo, la manipulación de deportistas en campañas políticas y el tráfico de influencias ensombrecen al balompié carioca.

Como en Hong Kong y en tantas partes de mundo, y así en Brasil los jóvenes son los nuevos indignados. La llamada "generación online" están llamados a decidir el destino de los países y los gobiernos deben escuchar.

En Brasil frente a la emocionalidad de las mujeres candidatas y la confrontación entre ellas, Aécio Neves supo imponer el lenguaje de la razón como activo deportista del surf, su eslogan fue aprovechar la fuerza del viento y del mar para montarse en "la ola de la razón frente a la ola del sentimiento". 

Importante lo que van a decidir los 39 millones de electores abstencionistas, más allá de la decisión de Marina Silva y de los partidos que la apoyaban.

Seguiremos interesados en estas elecciones porque lo que pasa en Brasil influirá en toda la geopolítica latinoamericana.

Publicado originalmente en El Universal