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lunes, 29 de septiembre de 2014

Petróleo y elecciones en Brasil



Dr. Kenneth Ramírez
El próximo 5 de octubre se celebra la primera vuelta de las elecciones de Brasil. La cita viene marcada por una importante transformación del escenario electoral brasileño. A principios de 2013, se daba por descontada la reelección de la Presidenta Dilma Rousseff; pero a partir de junio el país se sumió en una fuerte ola de protestas contra la corrupción, por mejores servicios públicos y contra el volumen de gastos para albergar la Copa Mundial de Fútbol de 2014. Esto, aunado a un deslucido desempeño de la selección brasileña, empañó una Copa que se suponía sería la vitrina global de los logros de los gobiernos Lula-Rousseff. A pesar de todo, el candidato del principal partido opositor PSDB, Aécio Neves, no despegaba en las encuestas. Empero, un accidente aéreo a mediados de agosto de 2014, llevó a la muerte al candidato del también partido opositor PSB, Eduardo Campos, ubicado en ese momento en tercer lugar. Así, Marina Silva volvió a acceder a una candidatura presidencial –quedó en tercer puesto en las elecciones de 2010-, y se posicionó rápidamente en el segundo lugar. Hoy por hoy, se da por sentado que Dilma y Marina se enfrentarán en ballotage (segunda vuelta) el 26 de octubre, donde las encuestas muestran incluso un empate técnico.
En este contexto, se produjeron las explosivas declaraciones del Ex–Director de Refinación y Abastecimiento de la empresa petrolera nacional PETROBRAS, Paulo Roberto Costa, encarcelado en marzo pasado debido a una operación multimillonaria de lavado de dinero, quien señaló presuntos sobornos pagados desde PETROBRAS a más de 50 legisladores -en su mayoría del oficialista PT-, al Ministro de Energía, Edison Lobão, e incluso a cinco ex-gobernadores donde estaría incluido el finado Eduardo Campos; lo que ha tocado un nervio muy sensible en una población hastiada de la corrupción y que considera a la empresa petrolera un símbolo nacional desde que fue fundada por Getulio Vargas en 1953. Esto ha sido aprovechado por la oposición para señalar que PETROBRAS fue “asaltada por el PT”, el cual se ha visto envuelto en sus doce años en el poder, en varios casos de corrupción como el célebre caso mensalão en 2005.
Todo esto ha puesto en aprietos a la campaña electoral de Dilma. Cada vez que el PT sentía a un rival acercarse en una carrera electoral, utilizaba la bandera de la defensa de PETROBRAS como lo hizo Lula contra Geraldo Alckmin en 2006, a quien acusó de quererla privatizar. Lo mismo hizo Dilma contra José Serra en 2010, además de aprovechar el gran tirón mediático que tuvo la empresa con el descubrimiento de reservas en las áreas pre-sal –yacimientos ubicados a 320 kilómetros del litoral con una profundidad de 5 a 7 mil metros del lecho marino- en 2007 y la creación de un fondo para dedicar el grueso de las nuevas regalías a inversión en educación y salud. En esta ocasión, Dilma trató de aprovechar la poca claridad en el programa electoral de Marina respecto al petróleo, sus posiciones ambientalistas y una frase pronunciada en un debate respecto a que tendría otras prioridades más allá del petróleo –quiere dar un fuerte impulso a las energías renovables-, para pasar al ataque y señalar que la candidata del PSB quiere interrumpir el desarrollo de las áreas pre-sal debido a su sesgo ecologista, lo que implicaría atentar contra el desarrollo brasileño. Marina respondió que la verdadera amenaza al desarrollo de las áreas pre-sal es “la corrupción del PT”.
Por si todo esto fuera poco, ahora una auditoría del Tribunal de Cuentas –organismo auditor del Estado- ha señalado sobreprecios y sobornos en la construcción de la refinería de Pernambuco -en donde en principio se iban a asociar PETROBRAS y PDVSA–, lo cual disparó los costos desde un estimado inicial de 2,5 millardos hasta 18,5 millardos de dólares. Además, se encuentra la denuncia realizada por el Ex-Presidente de PETROBRAS, José Sergio Gabrielli, de la responsabilidad de Dilma y la suya propia, en las pérdidas millonarias que supuso la compra de una refinería en EEUU (Pasadena, Texas) por PETROBRAS a partir de 2006. PETROBRAS pagó 1,19 millardos de dólares por el activo, que había sido comprado por la belga Astra Oil en 42,5 millones de dólares en 2005.
Todos estos escándalos, han llevado a Dilma a tratar de sacar a PETROBRAS del centro de la contienda. Ahora su campaña gira en torno al señalamiento de que todo cambio implica una amenaza a los logros alcanzados y en la presencia en actos electorales del popular Ex–Presidente Lula. No obstante, aunque esto ha logrado frenar el vertiginoso ascenso de Marina, no parece borrar el malestar con la corrupción y la desaceleración económica para dar una clara ventaja a Dilma.
Lo cierto es que la euforia de los inversionistas con PETROBRAS ha desaparecido debido a los escándalos, la sobre-estimación del potencial de reservas en pre-sal –se hablaba de un potencial de 50 millardos de barriles, pero sólo se han logrado certificar 14-, estancamiento de la producción por demoras en los complejos proyectos en aguas profundas –aunque ya la producción en pre-sal alcanzó 500 mil barriles diarios en 2014-, aumento de su nivel de deuda hasta 114 millardos de dólares –la empresa petrolera más endeudada del Mundo, justificado por su plan de inversiones como único operador en pre-sal por ley- y la intervención gubernamental –que le hace importar gasolina y venderla subsidiada ocasionando pérdidas por 30 millardos de dólares desde 2008. Incluso los pronósticos han sido corregidos, y se estima que Brasil podría elevar su producción desde 2 millones de barriles diarios (MMBD) en 2014 hasta 4,2 MMBD en 2020 –hace cinco años se hablaba de 5,3 MMBD-, lo que le permitiría exportar 0,8 MMBD en esa fecha.
En realidad, a pesar de todo, el futuro de PETROBRAS aún luce promisorio; y muchas de las críticas que se hacen actualmente se deben a la vinculación entre petróleo y política en Brasil, y al desproporcionado optimismo de años anteriores.


Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 8 de abril de 2014

Una crisis incómoda: Brasil ante las protestas en Venezuela



Dr. Kenneth Ramírez

El estallido de las protestas en Venezuela en febrero pasado, le ha planteado a la Presidenta Dilma Rousseff un asunto muy incómodo, en pleno año electoral y de celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Brasil.
Desde el principio, el entorno de la Presidenta Rousseff, entendió que más allá del detonante que han sido las protestas estudiantiles y el progresivo descontento social ante la crisis económica, la causa real se encontraba en la mala lectura que los sectores radicales de la oposición venezolana habían hecho de los resultados de los procesos electorales de 2013, los cuales redujeron las distancias y dibujaron un país dividido. En este sentido, observaron #LaSalida como una estrategia de acoso y derribo al Presidente Maduro, la cual Brasil no podía convalidar dado sus intereses y afinidades ideológicas con el gobierno venezolano. Por tanto, era preferible guardar silencio y no pisar esta “concha de banana” en un año tan sensible como 2014; al fin y al cabo ellos también estaban terminando de gestionar su propia ola de protestas iniciada en junio de 2013.
Geopolíticamente, el gobierno de Venezuela ha servido en la última década como ariete contra la OEA, el ALCA y la Comunidad Iberoamericana; es decir, proyectos liderados por EEUU y España, potencias a quienes Brasil debe expulsar del espacio suramericano entendido como su “esfera de acumulación y legitimación”: léase esfera de influencia exclusiva. Hasta 2007, el Presidente Lula debió cohabitar con un alto protagonismo del Presidente Chávez, pero a partir de allí, con los hallazgos petroleros en el área pre-sal y el modelo chavista empezando a mostrar sus límites, Caracas empezó a entrar en la órbita de Brasilia. Con la muerte de Chávez y la crisis económica, el declive de la ALBA se aceleró; dejando al MERCOSUR como el proyecto de integración, y la UNASUR y la CELAC como los foros políticos, desde donde Brasil desea organizar la región: la estrategia de los círculos concéntricos. En consecuencia, algunos asesores de la Presidenta Rousseff estiman que un hundimiento de Maduro es un severo revés para el proyecto geopolítico de Brasil, sobre todo porque consideran que la oposición se alinearía con EEUU; olvidando que el “Protocolo de La Guzmania” –que recién cumplió 20 años- abrió las puertas para una nueva relación antes de Chávez.
Además, tenemos el comercio bilateral -6 millardos de dólares- y las inversiones -abanderadas por Odebrecht- que han ascendido considerablemente en la última década, y que son abiertamente favorables a Brasil –aunque con el Presidente Maduro se han acumulado deudas con empresas brasileñas por 2,5 millardos.
En consecuencia, la Presidenta Rousseff esgrimió en un primer momento, el principio de No Intervención y se colocó detrás de MERCOSUR/UNASUR: "No cabe a Brasil discutir lo que Venezuela tiene que hacer (…) Brasil no se manifiesta sobre la situación interna de ningún país". Así, Brasil evitaba pronunciarse sobre la situación en Venezuela y también eludía discutirla en la OEA, la cual consideraba el foro que podía dar respaldo internacional a la #LaSalida -sobre todo cuando Panamá pidió darle voz a María Corina Machado el pasado 21 de marzo. De allí, la frase del Representante brasileño en la OEA, Breno de Souza: “El objetivo de esta reunión no es transformarse en un circo para una platea externa”.
No obstante, el 5 de marzo, a un año de la muerte de Chávez, la Presidenta Rousseff prefirió no viajar a Caracas y enviar en su lugar a su asesor Marco Aurelio García, con lo cual transmitía su preocupación sobre la manera como se estaban encarando las protestas. De hecho, este funcionario le entregó una carta al Presidente Maduro del Ex–Presidente Lula, donde después de recordar a Chávez y saludar ampulosamente su legado, señaló que “en este delicado momento” resulta “necesario un diálogo con todos los demócratas”.
Esto último, obedeció al nuevo análisis que realizó el entorno de la Presidenta Rousseff, donde empezó a subrayarse los tiempos difíciles que atraviesa Maduro: no reúne el apoyo de los militares y tiene a Diosdado Cabello como rival. No tiene carisma y sobrevive gracias al capital político heredado de Chávez. Por tanto, y tomando en cuenta que la relación presidencial carece de la empatía que existía en la era Lula-Chávez, debían descartarse las declaraciones estridentes que serían contraproducentes y generarían presión adicional. En lugar de ello, debían realizarse gestiones diplomáticas discretas, dejando claro que no se tolerarán los excesos represivos y la necesidad de diálogo con la oposición moderada.
En este contexto, la Presidenta Rousseff optó por convocar una Reunión de Cancilleres de la UNASUR al margen de la investidura de la Presidenta Bachelet en Santiago el pasado 12 de abril, y no dar así total respaldo al Presidente Maduro con una cumbre presidencial; al tiempo que dialogó con el Vicepresidente  de EEUU, Joe Biden, para expresarle su preocupación sobre la oposición radical venezolana, quien a su vez le transmitió su petición de mayor firmeza con Caracas. Esto terminó desembocando en la primera visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, que tuvo algunos resultados prometedores.
Sin embargo, la nueva escalada represiva y la no designación del testigo de buena fe, ha colocado en tela de juicio el compromiso del gobierno venezolano para cumplir las recomendaciones de la UNASUR.
De hecho, el error político que ha supuesto el desafuero sumario de María Corina Machado, hizo que el tema Venezuela se haya deslizado de lleno a la campaña electoral brasileña –elemento que agrega mayor presión a la Presidenta Rousseff. Por ello, el Senador Ricardo Ferraço -Presidente de la Comisión de Política Exterior y aliado del candidato presidencial opositor Aécio Neves-, invitó a María Corina Machado a una audiencia para escuchar su postura el pasado 2 de abril e impulsó un acuerdo para enviar una comisión parlamentaria plural a Venezuela. Como antecedente de esto, tenemos la carta firmada por el Ex–Presidente Cardoso junto a otros ex–presidentes latinoamericanos pidiendo diálogo en Venezuela y respeto a la Carta Democrática Interamericana a principios de marzo; y las críticas plasmadas en medios brasileños por el Ex-Canciller Lampreia y el Ex-Embajador Rubens Barbosa, quienes han señalado como “vergonzosa” la “timidez” brasileña en el caso venezolano –que dista mucho de su actuación en otras crisis como la de Bolivia en 2008 y Paraguay en 2012- y una “mancha” a la credibilidad del país.
Brasil está llamado a jugar un rol destacado en el proceso de transición abierto en Venezuela con la muerte de Chávez. En este sentido, su ligero cambio de política desde el silencio solidario con el Presidente Maduro hacia un apoyo cauto, ha sido un paso en la dirección correcta, pero resulta aún insuficiente. Una potencia emergente debe ejercer liderazgo con responsabilidad cuando surgen crisis en el vecindario. Esperemos que Brasil, en el marco de la segunda visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, empiece a mostrar ese liderazgo necesario.
@kenopina

martes, 4 de febrero de 2014

Brasil: ¿potencia ambiental?



José Miguel De Sousa Costa

Brasil se enfrenta a un dilema constante. Por un lado, es uno de los países que más destaca en el continente suramericano, teniendo el reto de convertirse en una gran potencia ambiental gracias a la biodiversidad de su inmenso territorio, poseedor del 30% de los bosques del planeta y numerosos recursos naturales. Por otro lado, el país está experimentando un gran desarrollo económico que le ha permitido desplazar al Reino Unido como quinta economía mundial, y lo ha convertido en una de las potencias económicas emergentes capaces de transformar, junto a China e India, el orden mundial.
La gran extensión territorial de Brasil comprende diferentes ecosistemas, como la Amazonia, reconocida por albergar la mayor diversidad biológica en el Mundo, que sustenta una gran biodiversidad, por lo cual Brasil es clasificado como un país mega diverso. La mega diversidad brasileña es notable en su áreas de 8,5 millones de kms², sus variadas zonas climáticas y seis biomas: La Amazonia, el Cerrado, el Pantanal, las Pampas, la Mata Atlántica y la Caatinga.
La diversidad de fauna y flora brasileña es reconocida mundialmente, ya que 20% del número total de especies del planeta se encuentran en estos biomas. La vida silvestre de Brasil refleja la variedad de hábitats naturales. Se estima que el número total de especies vegetales y animales en Brasil es de aproximadamente cuatro millones.
El patrimonio natural de Brasil, al igual que el de otros países del Mundo, está seriamente amenazado por la ganadería, la agricultura, la explotación forestal, la minería, el reasentamiento, la extracción de petróleo y gas natural, la pesca excesiva, el comercio de especies salvajes, las presas e infraestructura, la contaminación del agua, y el Cambio Climático. En muchas áreas del país, el ambiente natural está amenazado por el desarrollo urbano. La construcción de carreteras en medio de la vegetación, tales como la BR-230 y la BR-163, abrieron áreas anteriormente aisladas a la agricultura y al comercio; las presas inundaron valles y hábitats salvajes y las minas crearon cicatrices en la superficie terrestre que alteraron el paisaje.
El gobierno brasileño ha impulsado ciertos mecanismos y acciones por medio del Ministerio del Medio Ambiente para atacar los problemas anteriormente mencionados. Entre algunas de dichas acciones destacan el cuidado del agua, establecimiento de áreas protegidas y la biodiversidad, impulso de ciudades sustentables, cuidado de bosques, educación ambiental, etc.
Sin embargo, la política ambiental gubernamental no ha sido suficiente, ya que el problema ambiental anteriormente descrito aun es de considerable magnitud, y es en gran medida causado por la falta de educación y por otras acciones impulsadas por el propio gobierno. En consecuencia, el problema ambiental debe ser tratado con mayor énfasis, interés y coherencia por parte del gobierno y la sociedad brasileña, quienes parecen estar demasiado centrados en el desarrollo económico nacional.
Por otra parte, el gobierno brasileño ha intentado posicionarse a nivel multilateral como una potencia ambiental, y en este sentido albergó la Cumbre Rio+20 en 2012, que no logró el éxito de la Cumbre de la Tierra hace dos décadas.
Ahora bien, ¿los gobiernos de Lula Da Silva y Dilma Rousseff han cumplido con los acuerdos o los planteamientos acordados en la Cumbre Rio+20? En Brasil, según afirmó la Presidenta Rousseff, en su discurso de apertura de la Cumbre, el 45% de la energía utilizada proviene de fuentes renovables. Principalmente las hidroeléctricas -consideradas por la comunidad ambientalista como una fuente de energía no verde-, el etanol para los automóviles y el uso del carbón vegetal en la siderurgia.
Además, es importante resaltar el tema de las represas, ya que, si por un lado se ha logrado reducir radicalmente en los últimos años la deforestación de la selva amazónica y potenciado las renovables, por el otro, el país no duda en impulsar para desarrollarse masivos proyectos de infraestructura, que incluyen hidroeléctricas y carreteras en la Amazonia los cuales causan un impacto enorme al ambiente.
El gobierno brasileño ha permitido en los últimos años la creación de nuevas plantas hidroeléctricas en zonas vírgenes del Amazonas a costa de causar daños al medioambiente y las poblaciones indígenas, alegando la creciente necesidad energética del país. De esta forma se ha acelerado la construcción de las presas del Santo Antonio y Jirau en el río Madeira en 2009 y la de Belo Monte en el río Xingu en 2011. Además, en enero de 2012, el gobierno decidió reducir la extensión de ocho áreas protegidas de la región de Tapajos para construir más represas.
Estos datos son corroborados por Philip M. Fearnside, profesor del Instituto Nacional para Investigación del Amazonas (INPA) en Manaus, que afirma que los planes de expansión energética de Brasil entre 2011 y 2020 contemplan la construcción de 48 presas adicionales, 30 de ellas en el Amazonas.
Una de esas grandes construcciones es la presa de Belo Monte, un proyecto polémico que ha estado a punto de ser paralizado en numerosas ocasiones. Los planes originarios datan de la época de la dictadura en los años 70, fueron retomados en los 90 y, tras largas discusiones y una gran oposición internacional y nacional, encabezada por personajes como Sting y James Cameron. Empero, parece que va a salir adelante tomando en cuenta que los trabajos de la obra colosal ya marchan a toda máquina, lo cual cambiará la vida de la comunidad indígena del río Xingú, formada por unas 2.000 personas.
Según datos de la ONG Amazon Watch, para llevar a cabo las obras de Belo Monte, el 80% del curso del río Xingú será desviado de su cauce original, lo que podrá causar una sequía permanente en varias áreas y afectará directamente a los territorios de Paquiçamba y Arara, y a los pueblos indígenas de Juruna y Arara. Según esta organización, se excavarán dos grandes canales de 500 mts de ancho y 75 kms de largo, se moverá más tierra de la que fue necesario eliminar para construir el Canal de Panamá, y los dos depósitos de agua y canales de la presa inundarán un total de 668 kms², 400 de los cuales son de selva. La inundación forzará la evacuación de 20.000 personas de sus hogares. Además se espera que la presa atraiga a unas 100.000 personas al área donde se construye, modificando la zona y el ecosistema donde se ubica.
Evidentemente no son los niveles en los que debería estar Brasil a estas alturas con respecto al desarrollo sustentable, reducción de niveles de contaminación y altos niveles de pobreza; basta con ver en una de las ciudades más importantes de Brasil, Sao Paulo, el nivel de contaminación del aire por el uso de combustibles convencionales y poca presencia de planes de reciclaje. Entonces entendemos que el gobierno brasileño ubica en primer lugar el desarrollo económico del país, sin tomar en cuenta los problemas ambientales que le causa a la presente y futuras generaciones de brasileños.
Además, la deforestación en Brasil representa un problema importante. Los cambios en el Código Forestal habrían supuesto una grave amenaza a la Amazonia. Aunque en los últimos años Brasil ha reducido sensiblemente la deforestación, que alcanzó en 2011 una cifra récord a la baja -de 2004 a 2009 la reducción acumulada fue de un 53%, según el balance del gobierno-, la introducción de los cambios propuestos inicialmente en el Código Forestal por parte del Congreso hubiera supuesto una grave amenaza para importantes áreas del Amazonas, estimada según el Instituto gubernamental para la Investigación Económica Aplicada (IPEA) en la destrucción de 47 millones de hectáreas de ecosistemas naturales en los años venideros.
En este sentido los ambientalistas lograron reunir casi dos millones de firmas para detener el proyecto, la Presidenta Rousseff vetó algunos de los puntos más polémicos, pero la decisión firme no ha sido alcanzada aún. "El voto del Gobierno en los cambios del Código Forestal arroja una sombra oscura a la reputación de Brasil como líder global en la lucha contra la deforestación y el Cambio Climático", expresa Paulo Adario, director de la campaña de Amazonia en Greenpeace Brasil.
A todo este cuadro preocupante, se suma los descubrimientos de petróleo en las áreas pre-sal en 2007, que se ubican en áreas marinas del Atlántico Sur. Brasil aspira a convertirse en un gran exportador petrolero apalancado en estas reservas, pero para su explotación se requieren operaciones con un alto nivel de riesgo de derrames debido a la profundidad, lo cual puede afectar considerablemente los ecosistemas marinos. De hecho, en noviembre de 2011, las empresas Chevron y Transocean provocaron un derrame en uno de sus pozos exploratorios en el campo de Frade frente a las costas de Rio de Janeiro, con un vertido total de alrededor de 3 mil barriles.

Marina Silva, Ex–Ministra de Medio Ambiente del Ex-Presidente Lula entre 2003 y 2008, compitió en las elecciones presidenciales de 2010 con el Partido Verde, ya que consideró que el ecologismo constituía una bandera abandonada en el camino por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). Aunque no pasó a la segunda vuelta, obtuvo un impresionante 19,3% de los votos, por lo cual se transformó en un actor político destacado. Recientemente, ha decidido formar coalición con el Partido Socialista Brasileño (PSB) y apoyar como candidato presidencial al Gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, para las elecciones de octubre de 2014. En este sentido, Marina Silva ha buscado construir una tercera vía entre el PT y la oposición liderada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) para las próximas elecciones, siendo central propuestas ambientalistas en la oferta electoral como el Plan Amazonia Sustentable (PAS). Este plan contempla apoyar la conservación y expansión de las áreas forestales protegidas, la conservación de los recursos naturales del bioma amazónico ante problemas como la deforestación amazónica, la construcción de centrales hidroeléctricas y la reanudación de obras para nuevas centrales nucleares, algo inaceptable en su opinión para la protección del ambiente.

Brasil no es ni un héroe ni un villano en materia ambiental, pero tiene grandes contradicciones que resolver si desea proyectarse como una potencia emergente ambientalmente responsable.

miércoles, 31 de julio de 2013

El declive de la ALBA


 
Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.
En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.
En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.
Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el Presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.
Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el Presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.
Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del Presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los Presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el Ex–Presidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.
Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el Presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.
En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Publicado originalmente en RunRun.es

sábado, 15 de junio de 2013

La nueva ofensiva diplomática de EEUU en América Latina


Victor Hugo Matos

La Administración Obama ha venido recalibrando sus prioridades en materia de política exterior. Uno de sus puntos cambio pasa por fortalecer a EEUU como eje importante del comercio internacional y por darle un poco más de atención a América Latina. Esto queda demostrado en el hecho de que ha comenzado a negociar acuerdos que le permiten aumentar su peso comercial,  como el proyecto Acuerdo de Asociación Trans-pacífico –por sus siglas en inglés, TPP- con sus países aliados en la Cuenca del Pacífico o el proyecto Acuerdo Trasatlántico de Libre Comercio –por sus siglas en inglés, TAFTA- con la Unión Europea.

Estas nuevas iniciativas han llevado a EEUU  a reactivar su presencia en la región latinoamericana –a través del TPP donde se encuentran insertados los países de la llamada Alianza del Pacífico, con quienes EEUU tiene acuerdos de libre comercio-, que después del fracaso del proyecto del ALCA se ha caracterizado por la firma de acuerdos de libre comercio bilaterales con países como Colombia y Panamá acompañadas de otras iniciativas simbólicas como la ayuda en ocasión del terremoto de Haití,  con la excepción del caso de México -con el cual las relaciones siempre han sido cercanas en el marco del TLCAN/NAFTA.  Este nuevo ímpetu en recuperar su presencia en la zona viene motivado primeramente por la nueva estrategia de EEUU de fortalecer sus relaciones con los miembros de la Alianza del Pacífico, que se ha hecho efectiva en las últimas giras del Presidente Obama y el Vicepresidente Biden por América Latina, los contactos entre el Presidente Obama y el nuevo Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, así como las visitas del Presidente Humala y el Presidente Piñera a Washington.

No obstante, la diplomacia estadounidense también se ha enfocado en reducir la conflictividad existente con algunos Estados en la región, por lo cual ha intentado aproximarse  a Venezuela, con la cual ha tenido relaciones tirantes en los últimos años para así asegurar unas relaciones comerciales más tranquilas e influencia en la transición política a través del diálogo. Estos intentos de reducir las tensiones se hacen efectivos después de la reunión Jaua-Kerry que se produjo en Guatemala recientemente y los contactos anteriores entre el Encargado de Negocios venezolano Calixto Ortega con la Subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson.

Asimismo, debemos agregar gestos hacia El Caribe como la visita del Vicepresidente Biden a Trinidad y Tobago; y los contactos permanentes que se hacen con Brasil, siendo el último de ellos la visita del Vicepresidente Biden a la Presidenta Rousseff. Desde la visita de Bush a Brasil en 2007, EEUU ha reconocido a Brasil como un actor importante en la región y ha manifestado su interés en una mayor profundización de la cooperación bilateral.  Esto se ha visto beneficiado recientemente en parte por el mayor pragmatismo del actual gobierno en comparación al de Lula da Silva, y en parte por la voluntad de la Administración Obama de eliminar los obstáculos materiales y simbólicos en las relaciones. Brasilia considera que Washington no le da la suficiente importancia que merece como potencia emergente, como ocurrió con la visita de la Presidenta Rousseff en abril de 2012, la cual careció del carácter de “visita de Estado” que tuvieron la del Presidente de China, el Primer Ministro del Reino Unido y el Primer Ministro de India, el mismo año. Por ello, durante la visita del Vicepresidente Biden a Brasil fue anunciada con grandilocuencia la próxima visita de Estado de la Presidenta Rousseff a EEUU, la única que tendrá ese carácter este año.

Es visible entonces, que la nueva ofensiva diplomática de EEUU en América Latina aunque gravita en torno a los países latinoamericanos ribereños del Océano Pacífico como nueva área de interés, también implica renovar la forma en la que se han manejado los asuntos hemisféricos hasta ahora, en parte por el beneficio que traería el fortalecimiento de estructuras como la Alianza del Pacifico, renovados vínculos con El Caribe y Brasil, así como relaciones más constructivas con la Venezuela pos-Chávez; y en parte por el hecho de que la falta de contacto de EEUU con la región ha venido creando un vacío que ha pasado a ser llenado lentamente por China.

miércoles, 3 de abril de 2013

¡Debate sí, injerencia no!


Dr. Kenneth Ramírez

Debatir es siempre un ejercicio necesario en democracia; sobre todo cuando los debates se hacen desde el respeto a la diferencia y con argumentos, en lugar de simples descalificaciones al adversario. En este sentido, y en una campaña presidencial tan corta como la actual, los venezolanos merecemos un debate entre los candidatos Nicolás Maduro y Henrique Capriles sobre los principales aspectos que interesan al electorado: seguridad ciudadana, economía, asuntos sociales y política exterior.
Aunque se asume que la política exterior no genera votos, hoy por hoy, es un tema que se utiliza casi cotidianamente en el discurso político. Lo peor no solamente es la manera equívoca en la cual generalmente se utiliza, tratando de subrayar las bondades de tal o cual país y dividiendo falsamente el Mundo entre buenos y malos a partir de una determinada ideología; sino la injerencia a la que nuestra polarización política interna invita a terceros actores.
En este sentido, el video enviado por el Ex-Presidente brasileño Lula da Silva para la clausura de la reunión del Foro de Sao Paulo en Caracas que ha sido transmitido por el sistema de medios públicos, donde después de dar testimonio de sus experiencias con el Ex-Presidente Chávez y Nicolás Maduro, concluye diciendo “Maduro Presidente es la Venezuela que Chávez siempre soñó”; constituye una descarada injerencia en nuestros asuntos internos como quizás no se había visto nunca en una campaña electoral. Un video hecho específicamente para hacer proselitismo político.

Esto es absolutamente inadmisible, y llama mucho la atención que no haya sido rechazado por ninguna de las autoridades de los poderes públicos. Recordemos que hace quince días, la Presidenta del CNE rechazó por “injerencista” e “irrespetuosas” las declaraciones de la Sub-Secretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, por sólo pedir que las elecciones del 14-A se celebren “con los altos estándares democráticos del Hemisferio”. Sin embargo, en el caso del video de Lula, se apoya abiertamente la candidatura de Nicolás Maduro, lo cual a nuestro juicio es aún más grave, y no ha generado aún reacciones oficiales.
Nuestra soberanía debe hacerse respetar. Aquí no caben medias tintas ni doble moral. Toda injerencia es objetable venga de donde venga, ya sea desde Brasil, EEUU, Colombia o Cuba. El Ex-Presidente Uribe es otro actor que se ha dado a la tarea de emitir opiniones sobre asuntos que no son de su incumbencia; y debemos hacer memoria sobre las desafortunadas declaraciones injerencistas emitidas por Raúl Castro en la Cumbre de la CELAC celebrada a finales de enero pasado en Santiago de Chile.
La política exterior venezolana durante la Era Chávez polarizó América Latina, y todas estas acciones muestran que aún allí se encuentran sus repercusiones. Sin embargo, a quien compete decidir entre las candidaturas políticas en liza, es a los venezolanos. La injerencia en nuestros asuntos internos debe cesar.
En lugar de ello, consideramos de importancia que Nicolás Maduro y Henrique Capriles vayan a un debate de altura sobre los grandes temas que interesan a los venezolanos, incluyendo la política exterior. Resulta preferible un debate entre venezolanos que aceptar un intervencionismo vergonzoso.
Ningún país o actor es ingenuo ni absolutamente benigno. Todos tienen sus intereses. En este sentido, la injerencia del Ex-Presidente brasileño y miembros del Foro de Sao Paulo en nuestra campaña electoral, se ha hecho en función de determinados intereses, no de ninguna “solidaridad” inocua o principios abstractos. El gobierno de Venezuela en la última década ha financiado y respaldado a los grupos de este Foro político transnacional. También ha beneficiado indirectamente a los intereses de Brasil con la política exterior de corte ideológico que ha desplegado. Nuestra Cancillería no parece haber caído en cuenta, que mientras los venezolanos nos llevamos los costos de un enfrentamiento abierto con EEUU en la región, Brasilia ha ido construyendo un espacio de influencia como potencia emergente y se ha erigido en árbitro regional, haciendo tratos o discrepando con Washington en función de sus intereses, no por apriorismos ideológicos. Por otra parte, bien es sabido el rol del Ex-Presidente Lula como promotor de los intereses de la empresa brasileña Odebrecht en Venezuela.
Lo más indignante, es que cuando el Ex-Presidente Chávez intentó reunirse con la actual Presidenta Dilma Rousseff durante la campaña electoral brasileña en 2010, ésta evitó reunirse con él a pesar de las simpatías políticas e intereses compartidos. El orgullo de Brasil no podía ponerse en juego. Además, al electorado brasileño podría no gustarle que el líder de un “país simple que sólo tiene petróleo” -como se refirió irrespetuosamente la Presidenta Rousseff respecto a Venezuela en aquella campaña-, se inmiscuyera en sus asuntos internos.
¡Sí al debate, no a la injerencia! Venezuela, al igual que Brasil, merece respeto. Es bueno que nuestros nuevos socios del MERCOSUR lo tomen en cuenta.
Nicolás Maduro fue canciller del Ex-Presidente Chávez por seis años, así que nadie mejor que él para exponer y defender su visión, objetivos y acciones en materia de política exterior. Debido a esta experiencia, y a pesar de su inexistente formación técnica en materia de Relaciones Internacionales, llevaría teóricamente ventaja frente a Henrique Capriles en este asunto, y no debería rehuir al debate.
Los venezolanos merecemos un profundo y rico debate sobre valores, objetivos, intereses, medios, estrategia y posición de Venezuela en el Mundo, que contribuya a desarrollar una política exterior de Estado coherente y eficaz a largo plazo, la cual debe tomar en consideración los cambios extraordinarios que ha experimentado el sistema internacional en la última década y redundar en beneficios para todos los venezolanos.
Acercar posturas teniendo todo esto en mente, disminuir la demagogia, combatir el injerencismo y construir paulatinamente un consenso en materia de política exterior entre los principales actores políticos y de la sociedad civil, es una tarea de urgencia para Venezuela, la cual debe empezar con intercambios de ideas desde el respeto y la razón.
En consecuencia, me pronuncio a favor de un debate y rechazo rotundamente las injerencias vengan desde donde vengan. Ni Lula, ni el Foro de Sao Paulo, ni EEUU, ni Uribe, ni Cuba, tienen vela en este entierro; y deben abstenerse de intervenir en nuestra campaña electoral. Este es un asunto de venezolanos, y es a nosotros mismos a quien corresponde legítimamente opinar, actuar y decidir.