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jueves, 2 de julio de 2015

Metamorfosis mundial


Dr. Carlos Romero

Uno de los debates más importante en las relaciones internacionales es aquel dedicado a analizar los límites entre la política exterior y su entorno global. La multiplicación de actores multilaterales y supra-estatales está retando la soberanía de los Estados, al tiempo que asumen algunas de las funciones que corresponden por tradición a los entes públicos. De esta manera, los límites entre estos tres tipos de organizaciones no están claros al momento en que se originan diversos conflictos al tratar de reservar, ocupar o simplemente tomar acciones que según el criterio de algunos no sean de su competencia.

La doctrina nos habla sobre que en la actualidad hay problemas "globales" que no pueden ser resueltos por los Estados; vale decir, el deterioro del ambiente, el terrorismo, armas nucleares, los medios de comunicación y las migraciones y que, por lo tanto, deben tomarse decisiones conjuntas y consensuadas. Sin embargo, algunos de sus críticos alertan sobre que la legitimidad de los Estados no puede ser ni suplantada ni calificada, en cuanto su orden interno por otros actores. 

Lo cierto es que algunas materias como lo son el tema de los derechos humanos y la idea de la supranacionalidad están en discusión, así como la injerencia de algunos Estados en los asuntos internos de otros países, por la vía directa o por una vía indirecta, a través de la resonancia mundial de algunos actores domésticos, incluyendo los así llamados "líderes mundiales".

Venezuela no escapa a esta metamorfosis. El Gobierno ha hecho uso de su discrecionalidad diplomática para alcanzar sus objetivos particulares y para fomentar su proyecto en otras latitudes, lo que veces pone en duda la legalidad de las actividades de sus funcionarios en el exterior. Y la Oposición ha encontrado en la esfera no estatal una caja de resonancia de sus legítimas advertencias sobre el deterioro de la democracia en el país. Ambos toman partido de una nueva realidad que exige respuestas diferentes a novedosos y complejos problemas. 

Publicado originalmente en El Universal

jueves, 13 de noviembre de 2014

El Mundo al instante


Dr. Carlos Romero

Se ha puesto de moda en la oposición venezolana internacionalizar la política. Ante el menguado panorama interno, no queda más remedio que recurrir a la ayuda de los amigos y amigas allende de los mares y fabricarles una caja de resonancia para que ellos puedan evaluar negativamente la gestión gubernamental, especialmente en los temas de petróleo y de derechos humanos y para que se conviertan en una avanzada eficaz, con el fin de sensibilizar de alguna forma a la opinión pública mundial.

Las declaraciones, comunicados, artículos y reportajes sobre estos temas y las giras mundiales de algunos miembros de la oposición también tienen como objetivo final llamar la atención sobre lo que está pasando por una vía externa, más abierta y más funcional y con menos amenazas y advertencias.

No es fácil lograr esta misión y ese cometido, dado el fraccionamiento del globo terráqueo, pero lo de afuera es un espacio útil en el momento en que en efecto los precios del barril de petróleo venezolano no arrojan los mejores resultados, la nación experimenta un deterioro económico y social y se restringen sin piedad y sin reservas la vida democrática y el debate de las ideas.

El Gobierno no se queda atrás en eso de recorrer el Mundo al instante. Lo vimos recientemente a raíz de la elección de Venezuela para ocupar un asiento como miembro no permanente y en representación de América Latina y El Caribe en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El oropel alrededor de la noticia y la vuelta que se le dio a un acto rutinario y procedimental demuestra que también en el lado oficialista se aspira a competir en ultramar; eso sí, con bombas y platillos.

Pareciera entonces que estamos frente a un espacio importante y renovado en donde chocan dos narrativas diferentes sobre lo que está pasando en el país, que al formarse con base en unos cánones tan polarizados reflejan la testaruda realidad de una manera bastante simple y distorsionada. ¡Qué lástima! 


Publicado originalmente en El Universal

martes, 19 de marzo de 2013

Norma y Poder en Relaciones Internacionales: A una década de Irak



M. Sc. Giovanna De Michele

Uno de los debates más interesantes en las Relaciones Internacionales es el que tiene que ver con la puja constante entre la norma y el poder, particularmente si recordamos que a nivel internacional, la norma nació precisamente como un mecanismo orientado a generar el mayor grado posible de certidumbre en las Relaciones Internacionales; y conducente a regular las acciones de fuerza y el ejercicio de poder de los Estados más fuertes frente a los menos favorecidos. Sin embargo, la práctica y la historia nos demuestran que tal certidumbre sigue siendo una gran deuda del propio Derecho Internacional o de quienes deben velar por su aplicación.
 
Lo cierto, es que hoy más que nunca una buena parte de la Humanidad cuestiona la efectividad e inclusive la existencia misma de un ordenamiento jurídico internacional; de hecho pareciera cada vez más fuerte y consolidada la corriente de los negadores del Derecho Internacional; quienes, en algunos casos, conciben ese conjunto de normas como la herramienta que justifica los excesos en el ejercicio de poder. 
 
Por ejemplo, cuando hace una década -en marzo del 2003-, una coalición de Estados invadió Irak bajo el argumento de que el régimen del otrora Presidente Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva que estarían a disposición de grupos terroristas; se ignoró el trabajo que precisamente en ese momento estaba haciendo el Consejo de Seguridad de la ONU y más específicamente la Agencia Internacional de Energía Atómica. De hecho, la “Coalición de la Voluntad”, cabalgó la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad que excluía de manera taxativa la posibilidad del uso de la fuerza.
 
Lamentablemente, en este caso como en otros anteriores y posteriores, la aplicación de alguna sanción a quienes transgredieron el orden internacional debía ser impuesta por los propios transgresores desde el Consejo de Seguridad de la ONU, cuya conformación es la mayor evidencia de la supremacía del poder sobre la norma en el ámbito internacional.
 
El Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, tiene como propósito el mantenimiento de la paz y el orden público internacional y es la única instancia de esa organización mundial con facultad para generar resoluciones de obligatorio cumplimiento para los Estados; no obstante sus decisiones deben ser aprobadas por todos y cada uno de los 5 miembros permanentes del organismo; lo cual equivaldría a decir que para sancionar a EEUU y Reino Unido por la invasión a Irak en marzo del 2003, cada uno de esos Estados debía votar a favor de sancionarse a sí mismo.
 
Ante escenarios como el anterior, resulta inobjetable que a medida que aumenta el poder de un Estado, aumenta también su capacidad para tutelar sus intereses influyendo inclusive en la revisión del contenido de las normas. El  institucionalizado derecho de veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, (China, EEUU, Francia, Gran Bretaña y Rusia) es la máxima expresión del privilegio que aún significa ser reconocidos como los países más poderosos al término de la II Guerra Mundial.
 
En este sentido, vale la pena recordar, que si bien toda sociedad ha de contar con un ordenamiento jurídico, no es menos cierto que sus características son determinadas por la misma sociedad cuyas relaciones se pretende regir.

domingo, 10 de marzo de 2013

Inteligencia y Relaciones Internacionales: perspectivas de una relación simbiótica


Victor Hugo Matos

En el mundo de la inteligencia, pese a lo que la sabiduría común pueda hacernos pensar, existen algunas discusiones teóricas respecto a que es la inteligencia en sí y cuáles son las actividades centrales que se llevan a cabo a partir del concepto de inteligencia que se maneje. En su libro “Silent Warfare: Understanding the World of intelligence”, Abram Shulsky y Gary Schmitt exponen la existencia de dos tendencias respecto a lo que es la inteligencia: La primera es la visión común respecto a la inteligencia como un sistema estructurado de engaños, información clasificada y operaciones secretas; la segunda, se trata de una perspectiva más científica que se enfoca en el análisis de información tanto confidencial como de fuentes públicas, teniendo este ultimo su origen en el pensamiento de inteligencia estadounidense de la Postguerra.
 
Ahora, habiendo entendido esto, resulta fácil comprender que aquellos países con redes de inteligencias desarrolladas y enfocadas en tareas más allá del espionaje clásico, logran mediante estas, llenar los vacíos de información a los que se enfrentan las personas encargadas de formular la política exterior de dichos Estados; para lo que claramente, es necesario que exista una correcta comunicación entre los que formulan la política exterior y los que recaban y analizan la información.
 
En el caso de Venezuela, el modelo de inteligencia se mantiene bajo la concepción clásica enfocada exclusivamente en la seguridad nacional, con una alta participación en las estructuras de seguridad interna del tipo policial (al menos en su rama civil), lo que impide que se puedan generar una estructura eficiente de análisis de inteligencia y limita la operatividad práctica de organismos como el SEBIN a simples acciones policiales.

Resulta necesario entonces repensar el modelo inteligencia venezolano, adaptándolo a las necesidades de la política exterior y a las dinámicas de seguridad regional y mundial.