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jueves, 30 de julio de 2015

El acuerdo nuclear con Irán


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 14 de julio, finalizó con éxito uno de los más épicos maratones diplomáticos de los tiempos modernos. Tras 20 meses de negociaciones en diferentes ciudades (Ginebra, Nueva York, Bruselas, Lausana y Viena), y con un esfuerzo intenso en la última ronda de 18 días en el Palacio de Coburgo ubicado en la antigua capital imperial de los Habsburgo, fue alcanzado el acuerdo nuclear entre Irán y el G-5+1 (Alemania, China, EEUU, Reino Unido, Francia y Rusia), el cual sólo podrá evaluarse cabalmente a largo plazo. Sin embargo, en principio podemos señalar, que el acuerdo representa un triunfo tanto para el reformista Presidente iraní Hassan Rouhani –que ha prometido a su población liberarla del pesado fardo de las sanciones- como para Barack Obama -que llena de realidad el Premio Nobel de la Paz que recibió en 2009 y logra apuntalar su política exterior.

Irán aceptó el acuerdo debido a los costos acumulados de las sanciones impuestas en una población cada vez más impaciente, así como la guerra cibernética y la eliminación de algunos de sus científicos. Para EEUU y la Unión Europea, el acuerdo es una salida obligada, una vez que se ha entendido que nuevas sanciones tampoco frenarían el programa nuclear iraní y que la opción militar para destruirlo era inviable -las principales instalaciones nucleares están fuera del alcance de las bombas más potentes, y su número y dispersión obligaría a una campaña aérea a gran escala sin garantía de éxito. En consecuencia, el objetivo perseguido con el acuerdo se ha limitado a contener el programa nuclear iraní durante una década, abriendo la posibilidad de ensayar un entendimiento más amplio entre Washington y Teherán. Además, en línea con su enfoque de “Liderar desde atrás” (leading from behind) y como consecuencia de su autonomía energética, la Administración Obama busca evitar su implicación directa en los conflictos de Medio Oriente. De ahí que le interese jugar al equilibrio de poder entre Tel Aviv, Teherán, Riad, El Cairo y Ankara, tratando de neutralizar las ambiciones de unos con las de los otros, y de hacerlos responsables en la gestión de los problemas del convulsionado Medio Oriente.

En materia petrolera, el acuerdo hace posible que Irán regrese al mercado aunque no hay consenso sobre su magnitud, velocidad e impacto. Con la imposición de sanciones, la producción petrolera iraní descendió desde 3,61 millones de barriles diarios (MMBD) en 2011 a 2,77 MMBD en 2015 –con una caída de sus exportaciones en alrededor de 50%; desde 2,5 MMBD en 2011 a 1,2 MMBD en 2015. Recientemente, el Ministro de Petróleo persa, Bijan Zanganeh, ha dicho que Irán podría aumentar su producción en 1 MMBD en 6 meses hasta alcanzar el nivel pre-sanciones, con la meta a largo plazo de alcanzar 5 MMBD en 2020 –nivel similar al que producía antes de la caída del Sha en 1979. Para ello, ha prometido contratos atractivos y ha empezado a conversar con las empresas BP, Shell, Total y ENI. No obstante, esto parece muy optimista en el contexto de un mercado con exceso de oferta, precios deprimidos y la necesidad de fuertes inversiones y tecnología. Por ello, Platts, Reuters y Commerzbank estiman que Irán aumentará 1 MMBD pero en los próximos 18 meses, reduciendo los precios en 10 $/Bl.

El Departamento de Energía de EEUU y la Agencia Internacional de Energía son más moderados, y estiman que tras el acuerdo, Irán buscará liberar al mercado los 30 millones de barriles que tiene almacenados en sus 25 buques tipo VLCC en el segundo semestre de 2015, lo cual se traduce en una oferta adicional de entre 160 y 180 mil barriles diarios (MBD). Esto reducirá los pronósticos de precios entre 1 $/Bl y 3 $/Bl para 2015. Además, con el levantamiento de sanciones a mediados de 2016, Irán estaría en capacidad de producir por lo menos 0,7 MMBD adicionales para finales del próximo año, de los cuales 0,6 MMBD es capacidad cerrada y 0,1 MMBD sería capacidad nueva. Esto implicaría una reducción en los pronósticos de precios entre 5 $/Bl y 15 $/Bl para 2016. Con un nuevo marco regulatorio e inversiones apropiadas, Irán podría alcanzar 4 MMBD para finales de la década –nivel que tenía en 2008.

La consultora Wood Mackenzie es mucho más pesimista, y considera que Irán sólo podrá incorporar 120 MBD a finales de 2015 desde su almacenamiento flotante. Asimismo, estima que podrá elevar su producción en 260 MBD en 2016 y 220 MBD en 2017. En suma, habría aumentado su capacidad de producción sólo en 0,6 MMBD hasta alcanzar 3,37 MMBD en 2017 debido a la degradación del sector, y alcanzaría 4,4 MMBD en 2025 sólo si logra atraer la inversión –al menos 50 millardos de dólares- y tecnología necesarias. Mientras para Citigroup, Goldman Sachs y la consultora PIRA, Irán sólo podrá aumentar 0,5 MMBD para finales de 2016 –siendo problemático hacerlo más allá de este nivel ya que necesitaría inversiones por el orden de 100 millardos de dólares- y el aumento de la demanda dejaría los precios estables en su nivel actual de 60 $/Bl.

En conclusión, el acuerdo firmado es el mejor de los posibles entre adversarios que no tienen opción real para imponerse. El tiempo dirá si lo pactado ha servido para estabilizar Medio Oriente o si, por el contrario, ha permitido a Irán avanzar en sus apetencias geopolíticas a costa de futuros conflictos. Además, clarificará si ha supuesto un punto de inflexión en un mercado petrolero bajista, que ahora debe absorber el retorno gradual del crudo persa. Venezuela, por su parte, debe rectificar su modelo económico y elaborar un plan financiero de contingencia que tome en cuenta un horizonte más amplio con precios del petróleo deprimidos; seguir realizando esfuerzos para mantener la cohesión de la OPEP con base en el cumplimiento estricto del techo de producción colectivo acordado y el regreso a las cuotas nacionales; así como emprender una revisión estratégica de su política exterior a partir de los grandes cambios del entorno. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 5 de mayo de 2015

El factor Irán


Dr. Kenneth Ramírez

Esta semana serán retomadas las negociaciones entre el Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania) e Irán en el Palacio de Coburgo en Viena, para tratar de pactar los detalles específicos dentro del Acuerdo Marco Provisional alcanzado el pasado 2 de abril en el Palacio Beau-Rivage en Lausana, lo cual hará posible cerrar el Acuerdo Definitivo que limite los aspectos controversiales del programa nuclear iraní –que ha tenido un costo directo de 100 millardos de dólares- a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales –que han supuesto otros 100 millardos de dólares en pérdidas.

Un éxito pondría fin al dossier nuclear de Irán y evitaría una peligrosa carrera armamentista en Medio Oriente. Además, Teherán podría abrir una nueva era en sus relaciones con Washington y asumir un nuevo rol en el tablero geopolítico regional –la gran apuesta de la Administración Obama por la reedición de la política de los “pilares gemelos” vigente hasta la caída del Sha en 1979-, lo que es temido en Arabia Saudita e Israel. Esto supondría también el regreso de Irán con todo su potencial al mercado petrolero, siendo relevante reflexionar al respecto.

Con la imposición de sanciones y el consiguiente aislamiento internacional, la producción petrolera promedio de Irán descendió desde 3,61 millones de barriles diarios (MMBD) en 2011 a 2,77 MMBD en el primer trimestre de 2015 –con una caída de sus exportaciones en alrededor de 50%; desde 2,5 MMBD en 2011 a 1,2 MMBD en el primer trimestre de 2015. Recientemente, el Ministro de Petróleo persa, Bijan Zanganeh, ha dicho que Irán podría aumentar su producción en 1 MMBD en pocos meses. No obstante, esto parece muy optimista en el contexto de un mercado con exceso de oferta, precios moderados y la necesidad de fuertes inversiones en infraestructuras y tecnología en el sector petrolero iraní. Además, el momento es poco favorable pues un informe de Goldman Sachs estima que proyectos energéticos por el orden de un billón de dólares serán pospuestos debido a la caída de los precios del petróleo. Eliminar las sanciones, firmar nuevos contratos y reactivar proyectos tomará tiempo, por lo menos hasta el final de 2016, aunque el simple anuncio del Acuerdo Marco Provisional haya hecho bajar un 5% los precios de los crudos marcadores hace un mes.

Para el Departamento de Energía de EEUU, tras un Acuerdo Definitivo y en función del cronograma de levantamiento de sanciones, Irán buscaría liberar progresivamente al mercado los 30 millones de barriles que tiene almacenado a lo largo del segundo semestre de 2015, como preparación a un aumento de producción. Esto reducirá los pronósticos de precios entre 1 $/Bl y 3 $/Bl para 2015. Además, estima que si se eliminan las sanciones Irán estaría en capacidad de producir por lo menos 0,7 MMBD adicionales para finales de 2016, de los cuales 0,6 MMBD es capacidad cerrada y 0,1 MMBD sería capacidad nueva. Esta mayor oferta implicaría una reducción en los pronósticos de precios entre 5 $/Bl y 15 $/Bl para 2016. Es decir, habrá más petróleo iraní, pero no una inundación de la noche a la mañana. Sin embargo, la OPEP en general debe irse preparando para hacer espacio al crudo iraní, y Venezuela en particular debe alistarse para este eventual factor que reforzará la actual tendencia bajista de los precios.

De momento pueden seguir aumentando las tensiones entre Riad y Teherán, porque la política saudita de defender cuota de mercado ha dañado mucho a Irán y no se vislumbra un cambio de estrategia de parte del nuevo Rey Salman. Riad prefiere sacrificar beneficios a corto plazo a cambio de asegurarse mercado a más largo plazo, y puede hacerlo porque tiene alrededor de 700 millardos de dólares en reservas internacionales. De hecho su producción ha subido de 9,7 MMBD en el segundo semestre de 2014 al nivel récord de 10,3 MMBD en abril de 2015. Además, el Rey Salman se muestra dispuesto a frenar la proyección regional de Irán, antes de un posible regreso de las empresas petroleras a Teherán.

En materia de gas natural, Irán se ubica en segundo lugar en reservas -17% del total mundial, detrás de Rusia- y tercer lugar en producción –con 8,2 billones de pies cúbicos, detrás de EEUU y Rusia-, y eso le convierte en un potencial suplidor clave para Asia, pero también en una buena alternativa para el gas ruso en la Unión Europea tras el conflicto de Ucrania, como lo ha señalado la propia Comisión Europea. Empero, Teherán deberá antes aumentar su producción (actualmente es un importador neto de gas turkmeno, ya que su consumo interno es muy alto) y construir costosos gasoductos para trasladarlo hasta Turquía camino a Europa, siendo probable que Rusia intente poner obstáculos. También debe considerarse que postura tomará Turquía, que recientemente se ha alineado con Arabia Saudita contra Irán, a quien culpa por la permanencia de Assad en Siria y el conflicto abierto en Yemen. Otra opción sería la construcción de plantas de licuefacción para exportarlo vía buques metaneros, lo cual requerirá cuantiosas inversiones que tomarán al menos un lustro. Por su parte, China ya ha visualizado la oportunidad; por ello el Presidente Xi Jinping durante su reciente visita a Islamabad, anunció la participación de CNPC en la construcción de un gasoducto de 900 kilómetros para llevar el gas iraní hasta Pakistán con un costo de 2 millardos de dólares, que podría ulteriormente ampliarse hasta territorio chino, o conectarse a una planta de licuefacción en el puerto paquistaní de Gwadar.

Sin embargo, aún debe concretarse el Acuerdo Definitivo dentro del plazo que culmina el 30 de junio, y eso no será fácil, ya que todavía existen diferencias entre las partes y actores muy poderosos –la mayor parte de los congresistas republicanos y el lobby israelí y saudita en Washington; y las facciones más conservadoras en Teherán- se esfuerzan para hacer encallar las negociaciones.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 24 de noviembre de 2014

Todas las miradas puestas en Viena


Dr. Kenneth Ramírez

Esta semana, toda la atención mundial está puesta en la vieja capital imperial de los Habsburgo. Hoy, lunes 24 de noviembre, es la fecha límite donde el G-5+1 (EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) e Irán anunciarán en el Palacio de Coburgo, si han alcanzado o no, un acuerdo nuclear definitivo. Mientras el jueves 27 de noviembre, se celebrará en el edificio sede de la OPEP ubicado en la Helferstorferstrasse 17 del Distrito 1, la 166° Reunión Ministerial del grupo, donde se dará a conocer su respuesta ante la caída de 30% de los precios del petróleo desde junio pasado – el crudo marcador Brent se ubicó recientemente en 78 $/Bl, el nivel más bajo desde septiembre de 2010.

Después de 10 rondas de negociaciones, existen señales de que se ha avanzado hacia un acuerdo nuclear definitivo. Empero, algunas diferencias subsisten y el reloj marcha implacablemente, lo cual explica el frenético esfuerzo diplomático que se está realizando. De hecho, en paralelo a los grupos negociadores en Viena, se ha abierto un canal de comunicación de alto nivel entre el Presidente Obama y el Ayatollah Khamenei, a través del Sultán Qaboos bin Said de Omán. De alcanzarse el acuerdo, le serán levantadas las sanciones a Irán, lo cual le permitiría colocar alrededor de 1 millón de barriles diarios (MMBD) en el mercado en 2015.

Bajo esta espada de Damocles, se desarrollará la Reunión Ministerial de la OPEP, la cual ya tiene que tomar en cuenta complicadas variables: Débil demanda petrolera, fortalecimiento del dólar y creciente suministro No-OPEP, y en concreto, el fuerte aumento de la producción de petróleo de esquistos en EEUU que ha originado un exceso de oferta de alrededor de 1,5 MMBD.

En este contexto, una respuesta común de la OPEP resulta difícil, ya que los partidarios de recortes no tienen capacidad para hacerlos, y los que tienen capacidad, no tienen ni voluntad ni incentivos de pagar los costos que implican. Arabia Saudita y las petromonarquías están produciendo y exportando cerca de sus niveles más altos y tienen grandes reservas internacionales que le permiten resistir un período de precios moderados. En contraste, Irán, Irak, Libia, Venezuela y Nigeria están afectadas por la guerra, las sanciones, los disturbios, las expropiaciones y la mala gestión. Además, no tienen importantes reservas internacionales y la caída de precios tendrá fuertes impactos financieros y fiscales.

La primera opción es no hacer nada, lo que permite precios más bajos para forzar un nuevo equilibrio oferta-demanda. Los precios podrían permanecer en los niveles actuales, o tal vez descender hasta alrededor de 70 $/Bl. Pero en 2 o 3 años, la demanda aumentaría, ya que la eficiencia energética pasa a un segundo plano en los países consumidores y recuperarían dinamismo las economías emergentes. Por otra parte, se frenaría el crecimiento de la oferta al no ser rentables nuevos proyectos de esquistos. Esta es la tesis de Arabia Saudita.

La segunda opción es la de recortar la producción para defender un “nivel de precios justo”, esto es 100 $/Bl, sacrificando cuota de mercado temporalmente para obtener mayores precios e ingresos, ya que la “revolución de esquistos” en EEUU no durará más allá de la presente década. Esta es la tesis de Venezuela.

El problema es que si los precios suben nuevamente hasta 100 $/Bl, continuará la expansión de los esquistos, y el reequilibrio necesario podría no generarse, dando lugar a la necesidad de nuevos recortes y a una espiral descendente para la cuota de mercado de la OPEP. Esta es la preocupación medular de Arabia Saudita.

No obstante, debido a los llamados de Venezuela y otros países de la OPEP a una reunión de emergencia, el Ministro de Petróleo saudita Alí Al-Naimi realizó una inusual visita a la isla de Margarita, en el marco de una reunión diplomática de segundo nivel. Allí explicó en privado que estaba dispuesto a respaldar recortes sólo si estos son colectivos, e incluso involucran a países No-OPEP (sobre todo Rusia), para evitar así una pérdida importante de cuota de mercado. Acto seguido, se produjo la gira del Canciller Ramírez por Argelia, Qatar, Irán y Rusia. Empero, el Ministro de Petróleo de Irán, Bijan Zanganeh -con la mente puesta en un acuerdo nuclear definitivo-, ha dejado claro que no está dispuesto a recortar “ni un solo barril”, agregando que algunos socios OPEP quieren fabricar “pretextos” para no recortar producción que aumentaron en detrimento de otros; esto en clara alusión al aumento de producción saudita para compensar la caída de producción persa tras las sanciones. Por su parte, el Ministro de Petróleo de Irak, Adil Abdul Mahdi, anunció a su Parlamento que el petróleo se ubicará en 80 $/Bl en 2015; mientras el Presidente Putin anunció que Rusia está preparada para una “caída catastrófica de precios”. Es decir, es una opción que no luce viable hoy por hoy.

La tercera opción es ratificar el compromiso con el techo de producción colectivo de 30 MMBD aprobado en 2011, lo que implicaría recortar alrededor de 0,5 MMBD. Esto tendría poco impacto sobre los precios, pero enviaría el mensaje de que la OPEP no se encuentra contra las cuerdas; y podría iniciar negociaciones para un regreso a las cuotas nacionales. Esta tesis intermedia tomaría fuerza en caso de un acuerdo nuclear, donde las petromonarquías tendrían que hacerle espacio al crudo persa; y aunque esto no llevaría los precios de vuelta a 100 $/Bl, al menos evitaría una severa descoordinación de la OPEP como en 1986 y 1997.

De manera que, no hay buenas opciones para los Ministros de la OPEP en Viena, sólo la esperanza de acordar la menos mala. En consecuencia, Venezuela debe empezar a prepararse para vivir con menores ingresos petroleros.

@kenopina

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Irán: La gran apuesta de Obama


Dr. Kenneth Ramírez

Domingo 24 de noviembre. La madrugada ginebrina fue interrumpida por los cancilleres del G-5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania) e Irán para anunciar que habían alcanzado un acuerdo provisional sobre el programa nuclear iraní. El colofón de largas negociaciones y contactos secretos desde la llegada del Presidente reformista Rouhani al Palacio de Sadabad.
Muchos están anunciando el acuerdo como “un avance histórico” hacia “una nueva era”, y en efecto supone un capítulo nuevo e importante, pero aún es pronto para descorchar el champagne. Recordemos el pre-acuerdo de Ginebra de octubre de 2009 que quedó aparcado pocos meses después, o la fallida “Declaración de Teherán” alcanzada en mayo de 2010 por Brasil, Turquía e Irán. Lo alcanzado es un acuerdo temporal sobre algunos aspectos puntuales, ni más ni menos. En palabras del Secretario de Estado, John Kerry: “un buen primer paso”.
El acuerdo de Ginebra no obliga a Irán a cumplir de inmediato con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU –que exigen la suspensión de su programa nuclear y le han impuesto cuatro rondas de sanciones. En cambio, le permite conservar la mitad de sus 200 kgrs de uranio enriquecido al 20%, y rebajar el resto hasta el 5%. También le compromete a no realizar ningún avance en sus instalaciones de Natanz y Fordow, y a no enriquecer más uranio al 5% en los próximos 6 meses -ya dispone de unas seis toneladas-; sin que esto comprometa su derecho a seguir haciéndolo más adelante. Para obtener esto, Irán aceptó proporcionar más información y permitir más inspecciones de la AIEA a todas sus instalaciones -incluyendo el reactor de agua pesada de Arak y la base militar de Parchin. Asimismo, aceptó no instalar ni fabricar más centrifugadoras.
A cambio, Irán verá aliviada su situación económica al poder recuperar parte de sus exportaciones petroleras –han caído en 1 millón de barriles o 40% desde 2011 por las sanciones- y ver desbloqueados algunos fondos retenidos en el exterior. Además, se suspenden las sanciones estadounidenses y europeas a los sectores petroquímico, automovilístico y aeronáutico. A esto debe añadirse el compromiso de no imponer nuevas sanciones en los próximos 6 meses y abrir un canal de comercio para necesidades humanitarias. Según Washington, este levantamiento de sanciones “limitado, temporal y reversible” equivale a 7 millardos de dólares.
En consecuencia, el acuerdo dejó la mayor parte de las sanciones vigentes y, si Teherán lo cumple, evitará que avance más hacia una total capacidad de construir armas nucleares mientras continúan las negociaciones. Pero todavía el asunto no ha concluido. Nada impide que Irán retome más adelante su programa nuclear si en los próximos 6 meses no se llega a un acuerdo “integral”. No obstante, siguen existiendo diferencias entre las partes sobre temas clave como el enriquecimiento; y el Presidente Obama se enfrenta a la dura oposición republicana en el Congreso y de sus grandes aliados en la región (Israel y Arabia Saudita). En otras palabras, aún falta un largo trecho, y podríamos observar tres resultados posibles en 2014:
a) Acuerdo Integral: las partes logran negociar con éxito un acuerdo integral que desmantela todos los aspectos críticos del programa nuclear iraní. A partir de allí, se levantarían las sanciones internacionales. Este sería el mejor resultado para el Presidente Obama que se apuntaría una victoria diplomática contundente, pero resulta poco probable que Irán haga todas estas concesiones.
b) Acuerdo parcial: el acuerdo provisional de 6 meses expira y las partes aceptan extenderlo. Con el tiempo, lo temporal se convierte en permanente. Una variante implica un nuevo acuerdo que apenas iría más allá del provisional. Al aplicarse estrictamente, se impide que Irán obtenga la bomba y se levantan sanciones adicionales, pero Teherán conserva una importante capacidad nuclear latente. Esto recibiría muchas críticas, pero la Casa Blanca lo defendería como un logro.
c) Fracaso: el acuerdo provisional comienza a desmoronarse después de 6 meses o incluso antes, e Irán reanuda con fuerza su programa nuclear. El Presidente Obama tendrá que impulsar más sanciones y considerar seriamente emprender una acción militar costosa, o ver hundida su credibilidad, ya que así como sucedió en Siria sus palabras se le tornarán en contra. Recordemos que siempre ha dicho que un Irán nuclear es “inaceptable”. Los republicanos le acusarán de haber socavado el prestigio y las alianzas de EEUU en Medio Oriente.
Más allá del programa nuclear iraní, el Presidente Obama parece estar apostando por generar una dinámica que le permita mejorar sus relaciones con Teherán y modelar el equilibrio de poder en Medio Oriente, lo cual podría intentar impulsar bien con un acuerdo integral o parcial. Desde la perspectiva del Presidente Obama, los intereses a largo plazo de EEUU se sirven mejor al reintegrar a Irán como potencia regional, expandir sus alianzas para incluirle y evitar que ningún Estado domine Medio Oriente: una suerte de reedición de la política de los “pilares gemelos” vigente hasta la caída del Sha en 1979. Esto además fortalecería teóricamente a los reformistas en Teherán y haría a Irán menos radical en el exterior (por ejemplo, en Líbano, Irak y Siria). Pero todo ello requerirá tranquilizar a Israel y Arabia Saudita que recelan del poder persa en la región; y gestionar la oposición republicana en el Congreso. Tal apuesta puede darle al Presidente Obama un triunfo similar al del Presidente Nixon con China; y llenaría de renovado sentido su errático curso de acción en Siria –que sería visto en retrospectiva como un gambito. Pero Irán, que ya fue la tumba del Presidente Carter, puede ser también la del Presidente Obama si su apuesta termina en un gran fracaso.
@kenopina

lunes, 3 de junio de 2013

Las próximas elecciones presidenciales en Irán



M.Sc. Belén González

Para los occidentales no resulta sencillo comprender cómo funcionan algunas cosas en Medio Oriente, especialmente en el ámbito político y religioso, aspectos que en esta cultura están particularmente interconectados a través de su sistema de gobierno: la teocracia. El término proviene del griego theós, que se traduce como Dios, y krátos que viene a ser poder, por lo tanto se concibe como “el gobierno de Dios”, de allí que los líderes religiosos sean determinantes en todas las políticas gubernamentales. Sin embargo, algunos expertos como Max Weber, prefieren usar términos como "hierocracia", o “eclesiocracia” para referirse al orden político en donde el poder es ejercido institucionalmente por una casta religiosa.
 
Hablando de este tipo de gobierno, Irán es quizás uno de los mejores ejemplos, pues tras la Revolución Islámica de 1979, se estableció en el país una nueva República con una constitución de corte islámico y unos órganos gubernamentales supeditados al cumplimiento de los principios religiosos. Este estilo de gobierno está inspirado en el libro del Ayatollah shiíta Rohollah Jomeini Velayat-e faqih publicado en 1970, y considerado el documento escrito en el siglo XX más influyente en el ámbito de la Teocracia.
 
Pero aunque en Irán, el poder es de Dios, hay procesos electorales, aunque con ciertas características que lo hacen por demás peculiares para nosotros los occidentales. El mejor ejemplo en este momento, es la decisión del Consejo de Guardianes de reducir a ocho los candidatos que participarán en las elecciones presidenciales del próximo 14 junio, dejando por fuera a más de un centenar de aspirantes entre quienes destacan el ex-Presidente Alí Akbar Hachemi Rafsanjaní –conservador moderado-, y Esfandiar Rahim Mashaei, protegido del actual Presidente Mahmoud Ahmadinejad, quien desde hace ya algún tiempo viene enfrentando serias diferencias con la jerarquía religiosa del país, que lo acusa de mantenerse cerca de individuos corruptos, de no respetar las normas del Islam y de occidentalizar su forma de vivir.
 
El Consejo de Guardianes, órgano investido con la autoridad para interpretar la Constitución y determinar si las leyes aprobadas por el Parlamento están en línea con la Sharia o Ley Islámica, y que examina a los candidatos presidenciales, parlamentarios y a la Asamblea de Expertos, para confirmar que son aptos para postularse, no explicó las razones para esta decisión, limitándose a señalar que lo que se ha tenido en cuenta es “la condición física” de los candidatos, una alusión clara a Rafsanjaní de 78 años. Este detalle no pasa desapercibido, pues para muchos, la ausencia de este veterano político que fue Presidente –Jefe de Gobierno- durante dos períodos entre 1989 y 1997, quien formó parte de los fundadores de la República Islámica y es uno de sus pilares, sólo profundizará las evidentes divisiones en su seno.
 
Ciertamente, estas “salidas no voluntarias” del escenario electoral impiden la participación de aspirantes que resultan, por distintas razones, “incómodos” al Líder Supremo, el Ayatollah Alí Jameneí –Jefe de Estado-, quien maneja el 50% de los miembros del Consejo de Guardianes, y cuenta con el respeto del 50% restante. Ahora bien, esta decisión, que pareciera arbitraria para quienes no manejamos la visión shiíta del Estado, podría convertirse en un arma de doble filo, no sólo por su capacidad para abrir mayores brechas en los principios revolucionarios, sino porque traen consigo visos de modernidad que podrían romper paradigmas, considerando que uno de los rechazados, Esfandiar Rahim Mashaei, anunció su decisión de recurrir a la máxima autoridad del país, un hecho sin precedentes en el Irán revolucionario.
 
Ahora bien, muchos pueden pensar que lo que suceda en Irán, y en su escenario político, sólo les afecta a ellos, y si acaso, a sus vecinos, pero esa posición es displicente con una de las realidades que envuelve al Mundo moderno: la geopolítica. Irán, cuyo nombre oficial es República Islámica de Irán, y que hasta 1935 fue conocido en como Persia, es el decimoctavo país más extenso del Mundo con 1.648.195 km² y tiene una población de casi 80 millones de habitantes. Limita con Pakistán y Afganistán por el este; Turkmenistán por el noreste, el Mar Caspio por el norte y Azerbaiyán y Armenia por el noroeste; Turquía e Irak por el oeste y finalmente con la costa del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán por el sur, por lo que su importancia es más que significativa al ser la brecha que une el Medio Oriente con Asia Central. Además, posee las cuartas reservas de petróleo más importante del Mundo (después de Venezuela, Arabia Saudita y Canadá), las segundas reservas de gas natural (después de Rusia), encabeza el llamado "Eje de Resistencia" contra EEUU en Medio Oriente y desarrolla un polémico programa nuclear desde hace una década; lo que le ha convertido en una potencia regional.
 
Esa fuerza, sin embargo, depende de una mano, la que mueve los hilos, el Ayatollah Jameneí, quien es Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, controla las operaciones de inteligencia y seguridad de la República Islámica, tiene la autoridad de declarar la guerra, la capacidad de designar y despedir tanto a los líderes judiciales, como a los jefes de las redes de radio y televisión estatales, y al máximo líder de los Guardianes de la República Islámica, órgano del que también designa seis de sus doce miembros. El título de Líder Supremo del país es otorgado por la Asamblea de Expertos, en función al fiel cumplimiento de las normas del Islam y la estima popular con la que cuente el candidato, siendo su designación de carácter vitalicio.
 
Seyyed Alí Hoseiní Jameneí, considerado hoy en día “fuente de emulación” del shiísmo duodecimano, nació el 17 de julio de 1939 en la ciudad de Mashhad, en el seno de una familia clerical originaria de Tafresh, instalada en Tabriz, siendo el segundo de ocho hermanos, dos de los cuales también son ulemas, es decir, doctores en ley islámica y por ende expertos en cuestiones jurídicas y teológicas. Fue Presidente de Irán entre 1981 y 1989, y es Líder Supremo desde que fuera designado para suceder al Ayatollah Jomeini en dicho cargo en junio de 1989. Está casado y tiene seis hijos, domina el persa y el árabe, además de hablar con menos fluidez el turco azerí, lengua materna de su padre.
 
Se le reconoce como una de las tres figuras que más han marcado la trayectoria de la República Islámica de Irán, siendo las otras dos el propio Jomeini, fundador de la República Islámica, y el Ayatollah Rafsanjaní, a quién ha dejado por fuera del proceso electoral de junio. Aunque se le considera radical, especialmente en cuanto a códigos de conducta y vestimenta por parte de los musulmanes, alienta en sus discursos el progreso científico, de hecho, fue uno de los primeros religiosos islámicos en permitir la investigación con células madre y la clonación terapéutica. Defiende la importancia de la tecnología nuclear de uso pacífico, aunque es autor de un decreto religioso según el cual el Islam prohíbe producir, almacenar o usar armamento nuclear.
 
Como ya sabemos, el Líder Supremo, influencia los procesos electorales iraníes, de hecho, su poder y control de la situación se hizo tangible en las elecciones legislativas de febrero de 2004, cuando siguiendo instrucciones, el Consejo de Guardianes anuló miles de candidaturas, incluidas las de ochenta diputados salientes, lo que permitió a los conservadores quedarse con el 70% de los escaños. Esto generó un punto de inflexión decisivo en la evolución política de Irán, ya que los comicios pusieron punto final al movimiento reformista iniciado por Mohammad Jatamí desde que fuera elegido por mayoría abrumadora en mayo de 1997.
 
Muchos analistas coinciden en que la decisión de Jameneí, de limitar la participación en el proceso electoral del próximo mes de junio es resultado de lo sucedido en 2009, cuando Mahmoud Ahmadinejad fue electo Presidente, en medio de una ola de protestas y represión que estuvo a punto de desestabilizar al régimen teocrático: la llamada “Revolución Verde”. Lo cierto es que, a menos de un mes del proceso para elegir al nuevo Presidente iraní que ejercerá por un periodo de cuatro años, y gobernará junto a ocho vicepresidentes, un gabinete de 21 ministros, y un Parlamento unicameral, conformado por 290 miembros, los candidatos serán el jefe negociador nuclear, Said Yalilí; el Alcalde de Teherán, Mohamed Qalibaf; el ex-Presidente del Parlamento Gholam-Ali Haddad-Adel, el ex-Ministro de Exteriores Ali Akbar Velayati, el ex-jefe de los Pasdarán Mohsen Rezai, y otros tres candidatos de relleno. Todos ellos figuras ortodoxas y de probada lealtad al Ayatollah Jameneí.
 
Tampoco es un secreto que el favorito en la contienda es Said Yalilí, quien a pesar de ser el más joven de los candidatos es muy bien visto por Jameneí, tras su desempeño como Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y jefe del equipo iraní encargado de las negociaciones nucleares con el Grupo 5+1 (EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) desde 2007. Yalilí tiene un estilo de suave, pero ha demostrado ser un rígido ideólogo poco inclinado a la negociación, lo cual le ha granjeado el respeto de Jameneí y tres rondas de sanciones internacionales a Irán desde que asumió su cargo. Un dato interesante es que se le atribuye el diseño de la estrategia iraní de acercamiento a América Latina –a partir de Venezuela- y África para romper el aislamiento internacional ocasionado por las sanciones que le han sido impuestas por su programa nuclear, lo cual ha marcado la política exterior de Irán durante los dos mandatos de Ahmadinejad.
 
En favoritismo, a Said Yalilí le sigue Mohamed Qalibaf, ex-jefe de los Pasdarán y antiguo jefe policial quien presenta nuevamente su nombre, desde la Alcaldía de Teherán, compensación que se le otorgó tras perder el pasado proceso electoral; pero no es muy popular por su actuación en la represión de las protestas contra Jatamí de 1999 y 2003. La tercera opción la tiene Alí Akbar Velayati, considerado uno de los confidentes del Líder Supremo y su Asesor en Asuntos Internacionales. El resto de los candidatos no parecieran tener ninguna oportunidad.
 
Los hechos confirman que esta elección presidencial, para la que faltan apenas unos días, será la más controlada por la cúpula del poder desde la consolidación del régimen jomeinista en 1980.

jueves, 18 de abril de 2013

Las relaciones China - Corea del Norte: Ni amparo ni abandono

Marianela Fernández

La crisis actual en la Península Coreana ha acaparado la atención del Mundo en las últimas semanas, desplazando la intervención en Mali, la crisis económica europea y la guerra civil en Siria del foco de atención.
Uno de los aspectos más importantes para poder entender y encontrar soluciones a esta crisis, es la relación especial que tiene la República Popular China y la República Popular Democrática de Corea (RPDC). China es de lejos el mayor socio comercial de Corea del Norte, siendo fuente de más del 60% de sus importaciones y destino de más de 60% de sus escasas exportaciones, siendo además su principal fuente de alimentos y combustible. Asimismo, China es prácticamente el único aliado político de la RPDC tras el final de la Guerra Fría, y ha evitado que las sanciones internacionales impuestas a Pyongyang debido a su programa nuclear le aíslen completamente. En el marco del llamado diálogo a “seis bandas”, Beijing ha  procurado traer a la RPDC hacia la mesa de negociación tras cada crisis que ha abierto en las últimas décadas con Corea del Sur, aunque la paciencia de los líderes chinos hacia su más problemático aliado, parece haber empezado a agotarse.
Pyongyang siempre ha sido un régimen belicoso, y que pocas veces sigue las directrices que traza el sistema internacional. Sin embargo, su tercera prueba nuclear, llevada a cabo el 12 de febrero de este año, ha puesto a toda la región en tensión y ha incomodado bastante a China –que incluso votó a favor de imponerle nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad-. El joven líder norcoreano Kim Jong-un ha abierto una crisis que le ha permitido a la Administración Obama justificar su “pivote al Pacífico” y colocan en entredicho el papel de China como potencia emergente.
Existen varias razones para el mantenimiento de la alianza Beijing-Pyongyang, a pesar de las discrepancias que han enfriado la relación desde la realización de la segunda prueba nuclear norcoreana en 2006. Así, aunque se pueden considerar los lazos culturales, históricos e ideológicos, deben destacarse 3 razones de carácter estratégico.
Primero, la posibilidad de explotar los recursos minerales y energéticos que existen al norte de la RPDC y para los cuales los inversionistas chinos han hecho importantes inversiones. En sí mismos estos recursos no son de tanto peso pero su explotación podría ayudar a la potenciación de la zona fronteriza que tiene China con su vecino de la Península Coreana, recordando que al igual que la frontera occidental, el noreste de China es poco desarrollado. Por supuesto, esta primera razón se puede interpretar también como un intento chino de crear mayor prosperidad en Corea del Norte y hacerla más estable y menos propensa al colapso, situación de la cual emanan las otras dos razones.
En segundo lugar, está el temor chino de que de colapsar el régimen norcoreano -lo cual sin la ayuda china sería a estas alturas un hecho-, oleadas de cientos de miles de refugiados cruzarían la frontera marcada por el río Yalú hacia China. Incluso actualmente el flujo de refugiados ilegales ya ha sido un problema que China ha tenido que enfrentar, llegando al punto de colocar un cerco en la frontera y devolver, con el rechazo rotundo de las organizaciones de derechos humanos, ilegales que han logrado alcanzar territorio chino.
Finalmente está la razón geopolítica para este apoyo, la cual se basa en que la RPDC actúa desde la Guerra Fría como un “Estado tapón” (buffer state) entre China y Corea del Sur, es decir, crea una separación entre el gigante asiático y uno de los principales aliados de EEUU en la región –donde se encuentran estacionadas 29.000 tropas estadounidenses-. Con esta separación China puede sentirse más seguro y no necesitar grandes contingentes militares en esta frontera y concentrarlos en otras zonas, por ejemplo, dedicarlos al “problema” de Taiwán.
Visto de esta forma se pueden entender las razones por las cuales China ha apoyado a este Estado tan particularmente problemático, aunque al día de hoy los costos políticos de este apoyo han aumentado considerablemente. A pesar de que Beijing no ha cambiado sustancialmente su política hacia la RPDC, ha venido adoptando un enfoque más sutil, donde toma distancia públicamente de Pyongyang –e incluso le sanciona- al tiempo que mantiene la cooperación bilateral. Con esto, Beijing parece buscar fortalecer su ascendencia sobre Pyongyang, e intentar abrir espacio para negociar con EEUU las condiciones de su “pivote al Pacífico”, al ser pieza clave para contener las amenazas de Pyongyang a Seúl, como lo demuestra la reciente visita del Secretario de Estado John Kerry al Presidente Xi Jinping.
Además, al cooperar Beijing con EEUU, Corea del Sur y en última instancia Japón –también afectado en esta crisis- para llevar a la RPDC a la mesa de negociaciones, podría lograr otros objetivos de política exterior, como rebajar las tensiones actuales con Tokio surgidas por la problemática de las islas Diaoyu/Senkaku e intentar reafirmar la idea de que China no es una potencia revisionista, es decir, la Doctrina del “Ascenso Pacífico” (和平崛起, heping jueqi) que el gobierno chino ha intentado promover desde 2003.
En consecuencia, aunque hoy por hoy China no puede darse el lujo de abandonar a su incomodo aliado norcoreano, parece haberse acabado la época en la cual le proporcionaba amparo bajo cualquier circunstancia.