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jueves, 12 de diciembre de 2013

La negociación con Guyana


 

Embajador (r) Sadio Garavini di Turno


En el comunicado conjunto que firmaron en Trinidad los cancilleres Jaua y Rodriguez, el pasado 17 de octubre, después del incidente en el cual el buque Teknic Perdana fue apresado por la Armada venezolana en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco, se menciona el inicio de unas “negociaciones técnicas” entre Venezuela y Guyana. Al respecto es necesario subrayar lo siguiente:
 
Tomando en cuenta que Guyana  ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas, entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. Por tanto al oeste de Punta Playa no hay nada que negociar, sólo hay que patrullar. Sin embargo, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en “su” fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, único marco jurídico vigente entre las partes, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado “lobby” en la ONU y en la comunidad internacional, particularmente en el Caribe.  También hay que reiterar que, de acuerdo al artículo 5 del Acuerdo de Ginebra, Venezuela desconocerá toda actuación de transnacionales  en áreas terrestres, marinas y submarinas en la zona en reclamación.
 
La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del delta del Orinoco son dos temas distintos pero íntimamente relacionados. Hay que  exigir que las negociaciones  deben darse en un ambiente de transparencia, los nombres de los negociadores por Venezuela deben ser conocidos y deberían ser escogidos entre los expertos en la materia.
 
Guyana buscará negociar una línea de delimitación marítima, dejando de lado la negociación sobre la zona en reclamación y aunque teóricamente no sería imposible delimitar, reservando nuestros derechos sobre la zona en reclamación, en la práctica entregaríamos uno de los pocos mecanismos de presión que Venezuela tiene sobre Guyana para que negocie un arreglo práctico a la controversia, porque una vez logrado un acuerdo sobre una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre el estado Delta Amacuro y la Zona en Reclamación, aunque nos reservemos los derechos sobre la misma, Guyana se sentiría en libertad de reiniciar el otorgamiento de concesiones a transnacionales sobre la base de la delimitación acordada con Venezuela. Por tanto, obviamente, se haría mucho más difícil encontrar un arreglo práctico a la controversia.
 
Publicado originalmente en El Universal

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Esequibo y la fachada atlántica


Embajador (r) Sadio Garavini di Turno

La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del Delta del Orinoco son dos temas relacionados pero distintos. El buque Teknic Perdana, contratado por Guyana para actividades de exploración petrolera, fue interceptado recientemente en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco y que ha sido tradicionalmente patrullada por la Armada. Guyana, por su parte, ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico.
 
Antes y durante las negociaciones que anunciaron recientemente los cancilleres Jaua y Rodrígues Birkett en Trinidad, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. En cambio, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en "su" fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado "lobby" en la ONU y en la comunidad internacional en general, particularmente en el Caribe.
 
El hecho que el actual negociador Roy Chaderton es también embajador en la OEA, representante de Venezuela en las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, miembro del Consejo de Estado y diputado principal en el Parlamento Latinoamericano demuestra la falta de interés y la irresponsabilidad que el Gobierno ha tenido respecto a la reclamación. Es importante también aclarar que el representante del Secretario General de la ONU en el proceso de los "buenos oficios", Norman Girvan, debe limitarse a ayudar a las partes a buscar una solución satisfactoria para el arreglo práctico de la controversia sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra.
 
Por cierto, es importante resaltar que Guyana, en estos últimos tiempos, dado que el reglamento de la Comisión de Límites de la Convención del Mar de la ONU impide que la Comisión pueda analizar una solicitud de ampliación de Plataforma Continental en una zona en disputa, ha reiterado en varias ocasiones que no existe una controversia territorial con Venezuela, desconociendo la letra y el espíritu del Acuerdo de Ginebra. Un análisis de este delicado y grave tema escaparía a la economía de estas breves notas, sin embargo en esta materia la posición del gobierno venezolano debe ser muy firme y el buen oficiante Norman Girvan puede y debe intervenir.
 
Publicado originalmente en El Universal

lunes, 26 de agosto de 2013

La “Globalidad” en la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas entre Venezuela y Colombia


Giovanna De Michele (*)

 Ante el reciente anuncio de la reactivación de la CONEG (Comisión Negociadora entre Venezuela y Colombia), han comenzado a circular algunos comentarios, análisis y opiniones en torno al tema de la delimitación de áreas marinas y submarinas entre ambos países, que obligan a quienes hemos participado directamente en tan seria responsabilidad, a recordar algunos aspectos fundamentales como la estrategia de la “globalidad” en el proceso de negociación.
 
Para tal propósito, he considerado necesario hacer un breve recuento histórico de tan ardua tarea; por lo que comienzo enfatizando que el proceso de delimitación de áreas marinas y submarinas entre Venezuela y Colombia se ha caracterizado por ser sumamente largo y complejo, ya que, sin mencionar las negociaciones anteriores, las cuales resultaron infructuosas, se ha venido desarrollando a lo largo de más de un siglo. Desde el Laudo Español de 1891 hasta la presente fecha, sin que se haya logrado aún una solución satisfactoria para ambas partes.
 
No obstante, me voy a ubicar en el 3 de febrero de 1989, cuando el entonces Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, suscribió con su homólogo colombiano Virgilio Barco, una Declaración conocida como Acuerdo de Caracas, en la cual ambos Gobiernos se comprometieron a: 1) Adelantar consultas recíprocas conducentes a la reintegración de las Comisiones de Conciliación previstas en el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial de 1939 2) Designar dos Altos Comisionados por cada país, quienes en breve plazo debían hacer un inventario de las principales cuestiones por examinar entre ambos países a objeto de proponer a los dos Gobiernos una metodología adecuada a su tratamiento y solución y 3) Crear Comisiones de asuntos fronterizos encargadas de tratar cuestiones vecinales, así como el desarrollo económico y social de dichas áreas.
 
En esta oportunidad la decisión de los mandatarios fue la de analizar y buscar salidas eficaces y de consenso nacional y binacional a todas aquellas situaciones que tenían repercusiones bilaterales. De esta manera y con el propósito de garantizar las negociaciones directas, el 27 de marzo de 1989, el entonces Presidente de Venezuela, designó a los ciudadanos Rafael Pizani e Isidro Morales Paúl, sus Altos Comisionados para: 1) la realización de un inventario de las principales cuestiones por examinar entre Colombia y Venezuela y 2) proponer una metodología adecuada para su tratamiento y solución.
 
Esta nueva estrategia de negociación entre Venezuela y Colombia, se formalizó definitivamente el 28 de marzo de 1989, cuando los Presidentes de Venezuela, Carlos Andrés Pérez y de Colombia Virgilio Barco, se reunieron en el Puente Internacional Francisco de Paula Santander, sobre el río Táchira y emitieron la denominada “Declaración de Ureña”, que contiene los nombres de los Altos Comisionados de ambos países, así como la distribución formal de sus competencias.
 
En concordancia con la nueva estrategia de negociación definida por ambos Gobiernos y en cumplimiento de su mandato, los Altos Comisionados elaboraron un inventario de cuestiones pendientes por resolver entre ambos países, en el que se distinguieron 10 temas, figurando entre ellos la delimitación de áreas marinas y submarinas.
 
En este mismo orden de ideas, los Altos Comisionados iniciaron el examen de las metodologías más adecuadas para el tratamiento y solución de cada uno de los temas identificados y en tal sentido, se definió un Proyecto de Acuerdo aplicable a la delimitación de áreas marinas y submarinas, en el cual se mantiene “la posición tradicional de Venezuela, de utilizar la negociación directa entre las partes como la vía más fecunda y eficaz, evitando así la intervención de terceros en cuestiones vitales para nuestro país.”[1]
 
Uno de los aspectos fundamentales del citado proyecto, en pro de las negociaciones directas para el futuro, fue haber superado las diferencias en el sentido de que los Altos Comisionados colombianos aspiraban incorporar al texto del proyecto un plazo de un (1) año máximo para las negociaciones directas.
 
La posición de la delegación venezolana, fue la de no incorporar plazo máximo alguno para las negociaciones directas, quedando así establecido en el Proyecto de Acuerdo; donde se prevé que si tal esfuerzo no llegara a culminarse exitosamente, los dos Gobiernos de común acuerdo, podrían acudir a un procedimiento de solución pacífica no compulsivo a fin de lograr un acuerdo total y definitivo.
 
A los criterios de los propios Altos Comisionados venezolanos, este proyecto “crea un mecanismo de solución de controversias específico aplicable a la delimitación de áreas marinas y submarinas que viene a excluir la eventual aplicación del Tratado de No agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial, suscrito entre Venezuela y Colombia el 17 de diciembre de 1939,”[2] al evitar que se agoten los “medios diplomáticos ordinarios”[3].
 
En este sentido, es pertinente recordar  que en el artículo II del Tratado anteriormente mencionado, Venezuela y Colombia, se comprometen a someter a los procedimientos de solución pacífica, las controversias de cualquier naturaleza o que por cualquier causa surjan entre las partes y que no haya sido posible resolver por los medios diplomáticos ordinarios, exceptuando las que atañen a los intereses vitales, a la independencia o a la integridad territorial de los Estados contratantes. De esta manera y mientras se mantenga vigente el mecanismo de las Comisiones Negociadoras, los dos países se someten voluntariamente y por mandato a las negociaciones directas, partiendo de la base de que la negociación de áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela es un asunto vinculado a los intereses vitales y a la integridad territorial de nuestro país.
 
Es así como el 6 de marzo de 1990, en la histórica Quinta de San Pedro Alejandrino en la ciudad de Santa Marta, se reunieron los Presidentes Carlos Andrés Pérez de Venezuela y Virgilio Barco de Colombia, quienes luego de analizar el informe presentado por los Altos Comisionados, adoptaron las metodologías de tratamiento y solución presentadas (Modus Operandi), para aquellas cuestiones pendientes entre los dos países, procediendo entonces a firmar el Acta de San Pedro Alejandrino, con la cual se dio por terminada la tarea de los Altos Comisionados y se propuso crear una nueva Comisión Negociadora que operaría simultáneamente con la Comisión de Asuntos Fronterizos.
 
Culminada esta fase, se consolidó el inicio formal de un proceso de negociaciones directas, luego de instalar las respectivas Comisiones Negociadoras en cada País; el 16 de junio de 1990 en Colombia y el 14 de julio del mismo año en Venezuela.
 
Tales negociaciones directas se han circunscrito desde entonces a cinco temas: 1) Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas 2) Cuencas Hidrográficas Internacionales 3) Ríos Internacionales 4) Demarcación y Densificación de hitos en la frontera terrestre Y 5) Migraciones.
 
Obsérvese   que  el   tema  de  la   Delimitación   de   Áreas   Marinas y Submarinas, quedó entonces consagrado como un asunto más en la agenda de  negociaciones directas entre Venezuela y Colombia.
 
Igualmente, vale  la pena destacar que al iniciarse las negociaciones directas entre Venezuela y Colombia, en el marco de esta nueva etapa, se plantearon dos opciones: a) Negociar mediante concesiones individuales, es decir tema por tema como asuntos inconexos o aislados y b) Negociar mediante un paquete que abarcara de manera global todos los temas.
 
Considerando que la primera opción, conducía a la solución parcelada de la agenda, sin tener en consideración el necesario balance de logros entre las partes, se asumió la segunda opción, que permite flexibilizar las posiciones y  establecer claramente un balance de intereses garantizando la significación vital de los mismos y augurando la legitimidad de una solución general, permanente y equitativa. Este sistema de negociaciones se conoce como “la globalidad”.
 
En honor a la verdad, lo que se acordó ha permitido dar continuidad a una estrategia de negociación que de forma “quasi empírica” se ha venido aplicando entre los dos Estados desde hace mucho tiempo atrás.
 
Por ejemplo, en las negociaciones Unda-Suárez (1894), Venezuela sostuvo la tesis del dominio exclusivo del Golfo, con lo cual se ratificaron las negociaciones anteriores al Laudo de 1891, tales como Michelena-Pombo (1833) y Guzmán Murillo-Toro (1874-75); mientras que Colombia pretendía a cambio, la rectificación de los ríos Tarra y Sardinata, con el objeto de disponer de la parte llana del territorio para la posterior construcción del ferrocarril de Tamalameque. La misma estrategia se observa en las negociaciones Urbaneja-Restrepo (1907) y en la Rivas-Vasquez Cobo (1909).
 
Del mismo modo, en 1916 se contempló la realización de negociaciones con miras a concluir un Tratado sobre Navegación de ríos comunes, Comercio Fronterizo y Tránsito entre las dos Repúblicas, partiendo de la base de equidad y mutua conveniencia. A su vez se agregó que “cualquier variación proveniente del Tratado de Navegación y Comercio se tendrá en cuenta en los actos y operaciones concernientes a la demarcación o ésta se modificará en caso de suscribirse el Tratado después de iniciada la demarcación.”[4]
 
De allí se desprende que en las negociaciones Losada Díaz (1918), se manejara la rectificación fronteriza a cambio de compensaciones por parte de Venezuela en materia de navegación, comercio fronterizo y tránsito. Los colombianos aspiraban recibir de Venezuela, la cooperación para el empalme del ferrocarril de Cúcuta con el venezolano de Encontrados.
 
Tal como se ha evidenciado a lo largo de la historia, existe un “evidente vínculo estratégico”[5] en las cuestiones pendientes entre Venezuela y Colombia, que impone un tratamiento global y directo por parte de ambos países.
 
“En efecto, la cuestión de la delimitación de áreas marinas y submarinas está íntimamente ligada a la navegación de los ríos. Para Colombia ha sido y sigue siendo un claro objetivo geopolítico obtener la libre navegación de los ríos navegables fronterizos con Venezuela. Es cierto que en el Tratado de 1941 se autorizó esa navegación, pero para hacerla efectiva es necesaria una estrecha cooperación entre ambos países y una clara reglamentación por parte de Venezuela.”[6]
 
Otra clara manifestación de la interdependencia de las cuestiones pendientes entre Venezuela y Colombia y en consecuencia de la alta utilidad de la estrategia de la globalidad, se presenta con el tema de las Cuencas Hidrográficas, aspecto en el cual nuestro país presenta marcados intereses, debido a que estamos aguas abajo con relación al país vecino en cuyo territorio nace aproximadamente el 70% de las aguas superficiales del sur de Venezuela.
 
En este mismo orden de ideas, los intereses venezolanos y colombianos se entrelazan en circunstancias como las que envuelven al río Catatumbo, considerado como la única salida natural de la región fronteriza colombiana (Norte de Santander),  que a su vez suministra el 60% del agua dulce que recibe el Lago de Maracaibo.
 
Mención aparte merece el río Casiquiare que representa la unión natural y necesaria entre el río Orinoco y el río Negro, lo cual sirve de interconexión entre la Cuenca del Orinoco y la Cuenca del Amazonas.
 
De igual forma, la materia de migraciones y el transporte internacional constituyen objetivos prioritarios colombianos de carácter permanente; mientras que para Venezuela, se podría afirmar que representan los temas que permiten un amplio margen de maniobras en una negociación “ganar-ganar”.
 
En virtud de todo lo anterior queda claro que sería un error pensar que la Comisión Negociadora venezolana, omita la pertinente estrategia de la “globalidad”, en sus deliberaciones frente a la contraparte colombiana.
 
(*) Ex-Comisionada Presidencial para la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas con la República de Colombia y otros temas -  Coordinadora Académica de la Escuela de Estudios Internacionales (UCV) – Miembro del Comité Ejecutivo del COVRI



[1] Informe sobre la labor realizada por los Altos Comisionados del Ciudadano Presidente de la República para tratar los problemas a resolver con Colombia, Rafael Pizani e Isidro Morales Paúl, Caracas, 19 de marzo de1990.
[2] Ibidem.
[3] Artículo II del Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial del 17 de diciembre de 1939.
[4] Artículo 6 de la Convención para la Completa Demarcación de la Frontera, 1916.
[5] Denominación dada por los Altos Comisionados venezolanos Rafael Pisan e Isidro Morales Paúl a la interdependencia de los temas o asuntos pendientes entre Venezuela y Colombia, recogida en el informe  presentado el 19 de marzo de 1990.
[6] Informe sobre la labor realizada por los Altos Comisionados del Ciudadano Presidente de la República para tratar los problemas a resolver con Colombia.

jueves, 6 de junio de 2013

La Reunión Jaua-Kerry, o los ecos del “Grupo de Boston”


 
Dr. Kenneth Ramírez

Tres meses después de la muerte de Hugo Chávez, el Canciller Jaua se reunió con el Secretario de Estado John Kerry al margen de la 43° Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Guatemala durante 40 minutos. Al final del encuentro, el Secretario Kerry señaló que habrá un “diálogo continuo para intentar establecer una agenda específica” con miras a una “relación bilateral positiva”. Agregó que la idea es “pasar rápidamente al nombramiento de Embajadores”. Por su parte, el Canciller Jaua manifestó que existe la mejor voluntad de mejorar las relaciones, pero que esto pasa por “respetar el modelo socialista de Venezuela” y evitar que sean “avalados o estimulados grupos anti-democráticos” que han emprendido “una campaña de desestabilización de las instituciones venezolanas”. En todo caso, expresó su confianza de que esta reunión marque el inicio de una “relación de respeto”.
 
Desde finales de 2012, se han efectuado diálogos entre la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, el entonces Canciller Maduro, y el Embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton, para restablecer la relación diplomática al más alto nivel –no hay Embajadores desde 2010-, y para reactivar la cooperación anti-narcóticos -suspendida en 2005- y la cooperación energética –suspendida en 2003-.
 
El 24 de enero de 2013, el entonces Vicepresidente Maduro designó al propio Embajador Chaderton como “enviado especial” para “conversar los términos de una relación de respeto” con EEUU y “regularizar las relaciones diplomáticas”. Este mismo día, en su audiencia de confirmación como nuevo Secretario de Estado en el Senado, John Kerry señaló que “depende de lo que pase en Venezuela, puede haber realmente una oportunidad para la transición” y la mejora de las relaciones bilaterales, en referencia indirecta a la enfermedad del Presidente Chávez, y a su conocimiento del sucesor Nicolás Maduro y las nuevas realidades que encararía.
 
Partiendo de esta idea, EEUU tuvo el gesto diplomático de enviar una delegación simbólica a los funerales de Chávez. La misma estuvo compuesta por el Representante demócrata por Nueva York, Gregory Meeks, y el Ex-Representante demócrata por Massachusetts, William Delahunt –muy cercano a Kerry-, quienes fueron acompañados por el Encargado de Negocios James Derham. En este marco, Maduro instó a EEUU a convivir con “respeto” con América Latina.

A partir de allí, la retórica de Maduro dirigida a Washington fue especialmente dura y agresiva en su intento de ganar apoyo entre la base chavista antes, durante y sobre todo después de las elecciones del 14-A -cuando encaró serios cuestionamientos a su legitimidad. Esto fue combinado con ciertas acciones de menor visibilidad llamando al diálogo bilateral. La Administración Obama entendió el momento político, así que no le tomó por sorpresa el comportamiento de Maduro, y por ello reaccionó en forma cauta.
 
El 20 de marzo, ante unas declaraciones de la Subsecretaria Jacobson donde señaló que las elecciones del 14-A debían seguir “los altos estándares del Hemisferio”, el Canciller Jaua anunció que el canal de comunicación con EEUU quedaba suspendido. No obstante, antes de las elecciones y en medio de cierto triunfalismo, Maduro aprovechó una reunión con los acompañantes internacionales el 13 de abril, para enviar un mensaje privado a Barack Obama a través de Bill Richardson: “Queremos regularizar y mejorar la relación”.
 
La crisis pos-electoral volvió a tensar la cuerda. El Departamento de Estado subrayó la necesidad de realizar la fase II de la auditoría ciudadana y las investigaciones a las irregularidades denunciadas por la MUD, ya que resultaba “importante y esencial” para que el pueblo venezolano confíe en los resultados emitidos. El 21 de abril, la Secretaria Jacobson reiteró en una entrevista, el llamado a realizar la auditoría ciudadana, agregando que no podía precisar si “vamos a implementar o no sanciones”. El Canciller Jaua amenazó con tomar diferentes medidas, incluso la suspensión de la venta de petróleo, si EEUU apelaba a la sanciones contra Venezuela.
 
Tras el amplio reconocimiento otorgado por los gobiernos de América Latina y El Caribe a Nicolás Maduro, la posición estadounidense fue cambiando para ajustarse a la realidad. El Departamento de Estado aclaró que no buscaría establecer sanciones a Venezuela y que era al pueblo venezolano a quien correspondía decidir sobre la legitimidad del gobierno de Maduro, aunque también solicitaron “una rebaja de las tensiones y amenazas contra actores políticos legítimos”, en alusión a las agresiones a líderes de la oposición. Asimismo, fue saludada la designación de Calixto Ortega como nuevo Encargado de Negocios venezolano en Washington en plena crisis política, cuya misión en palabras de Nicolás Maduro es “incrementar el diálogo” bilateral.
 
El 24 de abril, el documentalista Timothy Tracy fue arrestado el pasado 24 de abril en el Aeropuerto de Maiquetía cuando intentaba abandonar el país, siendo acusado de ser un espía que intentaba generar actos de violencia, mientras realizaba una película sobre la situación política de Venezuela en plenas protestas. A través de las discretas gestiones de William Delahunt, Timothy Tracy fue liberado horas antes de la reunión Jaua-Kerry para facilitar las conversaciones.
 
El 3 de junio, la Subsecretaria Jacobson si bien recibió a la diputada María Corina Machado para escuchar el punto de vista de la MUD sobre la situación política venezolana posterior a las elecciones del 14-A, calificó este encuentro como una “discusión sobre cómo podemos apoyar las aspiraciones democráticas en Venezuela, no de un partido, un actor una propuesta específica”. Además, colocó en duda la activación de la Carta Interamericana Democrática y señaló que  debían seguir las conversaciones en UNASUR como un medio para “crear diálogo” entre los venezolanos.
 
Con todas estas acciones y la reunión Jaua-Kerry como colofón, la Administración Obama muestra que ha optado por abrir un canal de diálogo bilateral y re-ensayar su política de compromiso (engagement policy) hacia Caracas. Con ello, EEUU quiere restablecer las relaciones diplomáticas al más alto nivel, propiciar –junto a UNASUR- la despolarización y diálogo político en Venezuela como punto de partida para una nueva gobernabilidad democrática –siguiendo el modelo brasileño-, abrir vías para fomentar la confianza ydisminuir la conflictividad bilateral, así como reactivar la cooperación anti-narcóticos y la cooperación energética. Además, busca desactivar el obstáculo que Venezuela ha supuesto para desarrollar su política latinoamericana en la última década. Por su parte, Nicolás Maduro ha conseguido el reconocimiento de EEUU y desactivar la campaña de denuncia internacional de la MUD.
 
En consecuencia, se ha abierto una ventana de oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales como ocurrió tras la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009; por lo cual, es necesario ser prudente sobre el posible desenlace. La diferencia es que los actores que ahora se encargan de normalizar las relaciones bilaterales pertenecen o estuvieron en contacto con el mítico “Grupo de Boston” conformado por legisladores estadounidenses y venezolanos, quienes -financiados por la OEA- buscaron después de los sucesos de abril 2002 y hasta la retirada de la oposición de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005, propiciar una relación constructiva entre EEUU y Venezuela, así como impulsar el diálogo y la reconciliación en la política venezolana. Calixto Ortega y William Delahunt pertenecieron a este grupo, y John Kerry, Nicolás Maduro y Cilia Flores participaron en algunas de sus reuniones. Ahora en el poder, reciben los ecos de sus propuestas en aquel “Grupo de Boston”, con la diferencia de que ahora no se encuentran ni Bush ni Chávez en la escena política y tienen margen de maniobra para llevarlas a la práctica. ¿Lo conseguirán? ¿Será William Delahunt el nuevo Embajador de EEUU en Venezuela?

Publicado originalmente en RunRun.es