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martes, 21 de junio de 2016

De diálogos, maniobras y realidades


Dr. Kenneth Ramírez

Desde hace mes y medio, hemos visto un creciente interés de la Comunidad Internacional por la crisis de Venezuela. Más allá de lo declarativo, se han puesto en marcha iniciativas de diplomacia preventiva, cuyo clímax observaremos esta semana. Existe mucha preocupación por el deterioro de la situación venezolana que puede llevar a escenarios de explosión social, violencia e inestabilidad política con consecuencias para todo el vecindario. Desde el gobierno venezolano se cree utópicamente en la posibilidad de cambiar esta realidad con maniobras diplomáticas. Lo cierto, es que si la crisis sólo fuera política, quizás podría hacerlo. Empero, el agotamiento del modelo económico agravado con la caída del petróleo, ha llevado a una severa contracción del PIB en -5,7% en 2015, y los pronósticos del FMI apuntan a que lo hará en -8% en 2016 y -4,5% en 2017. Además, todas las agencias señalan que los precios del petróleo se mantendrán entre 40 y 50 $/Bl en lo que resta de 2016 y apenas repuntarán un poco más en 2017, sobre todo una vez que han constatado que la OPEP no tomará decisión alguna en el corto plazo. Todo esto, a su vez, ha generado una crisis humanitaria debido a la escasez de alimentos y medicinas, el aumento del desempleo y la delincuencia. La CEPAL señala que niveles de pobreza han aumentado hasta alrededor de 40%.

En este contexto, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, presentó un informe contundente el pasado 30 de mayo, el cual concluye que en Venezuela existe una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático, de acuerdo al artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana. Lejos de una suspensión de Venezuela de la OEA para lo cual no existe interés en este momento, de activarse la Carta -se requieren 18 votos- se desplegarían gestiones diplomáticas para destrabar la celebración de un Referéndum Revocatorio este año, liberar los presos políticos, abrir un canal humanitario y resolver el conflicto existente entre los poderes públicos. Este jueves 23 de junio, se ha convocado un Consejo Permanente de la OEA para realizar una apreciación colectiva de la situación venezolana a partir del informe Almagro y tomar una decisión.

Por otra parte, tenemos las gestiones de los Ex–Presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández, para propiciar un diálogo político en Venezuela y hacer recomendaciones para atender la crisis económica. Esto nació de una iniciativa del Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, quien ha tenido un manejo parcializado de la situación venezolana a lo largo de su desempeño, por lo cual estos facilitadores no han sido bien recibidos por toda la oposición venezolana. Incluso, Samper ha sido criticado por Paraguay por no consultar con los países miembros. En consecuencia, estas gestiones no han podido fructificar, aunque fueron avaladas el pasado 1 de junio en una resolución aprobada en un Consejo Permanente de la OEA convocado por Argentina –que busca impulsar a su Canciller a la Secretaría General de la ONU-, donde los países miembros dieron su apoyo a las “iniciativas de diálogo” para la “consolidación de la democracia representativa” y también a los “procedimientos constitucionales” -léase, celebrar un Referéndum Revocatorio. Resultó llamativo que la diplomacia venezolana no pudo suspender esta reunión como quería, ni aprobar una resolución de su autoría, ni modificar la resolución aprobada que contiene un concepto de democracia que ha objetado por años. Atrás quedaron los tiempos donde Venezuela utilizaba PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Este martes 21 de junio, se efectuará un Consejo Permanente de la OEA para escuchar a los Ex-Presidentes; y Samper convocó una Reunión Extraordinaria de Cancilleres UNASUR para los mismos fines este jueves 23 de junio –Paraguay ya objetó esta convocatoria por coincidir con el Consejo Permanente de la OEA donde se discutirá el informe Almagro.

No se extrañe usted, amigo lector, estas reuniones yuxtapuestas son producto de las maniobras de la diplomacia venezolana para impulsar la facilitación de los Ex-Presidentes en el marco de UNASUR, debilitar la discusión del informe Almagro y bloquear la activación de la Carta Democrática Interamericana, mientras gana tiempo para evitar como sea un Referéndum Revocatorio este año. Sin embargo, la geopolítica en UNASUR ha cambiado: Caracas sólo cuenta con Ecuador, Bolivia y Surinam tras la victoria de Macri y el impeachment a Dilma, junto a las ventajas de tener como aliado a Samper y detentar la Presidencia pro-témpore de una organización que ya no ofrece el refugio eficaz de otrora.

Asimismo, en la 46° Asamblea General de la OEA aunque el tema venezolano no estaba en agenda, la Canciller Delcy Rodríguez atacó a Almagro para disminuir su prestigio, evadir la discusión de argumentos y huir hacia adelante; presentando incluso una resolución en su contra: sólo fue aprobado permitir que Venezuela vuelva a presentarla en un Consejo Permanente sin fecha exacta, aunque se cantó “victoria”. Paralelamente, 15 países miembros de la OEA –incluyendo los de mayor peso geopolítico y una mayoría clara de países UNASUR- firmaron un Comunicado en Santo Domingo pidiendo que las gestiones de los Ex-Presidentes tengan “resultados positivos en un tiempo razonable” y una “aplicación justa y oportuna de los procedimientos constitucionales” –léase, otra vez, celebrar un Referéndum Revocatorio.

No puede pasarse por alto, la reunión entre la Canciller Rodríguez y el Secretario Kerry, donde acordaron reactivar el canal de diálogo bilateral con Thomas Shannon a la cabeza. Este diálogo no es, como se ha dicho, para mejorar relaciones e intercambiar Embajadores –no hay desde 2010. A Obama le restan 6 meses en la Casa Blanca y no tiene el apoyo del Congreso para esto. EEUU sólo continúa con su estrategia de propiciar un “aterrizaje suave” (soft landing) de Venezuela, evitando un peligroso colapso con posible desbordamiento regional. Shannon viene a negociar fecha y condiciones para un Referéndum Revocatorio, teniendo como bazas la Orden Ejecutiva N° 13692 prorrogada el 3 de marzo y la eventual activación de la Carta Democrática Interamericana.

Finalmente, en una artimaña de último minuto que revela desesperación, el Embajador venezolano en la OEA, Bernardo Álvarez, envió una misiva el pasado lunes 20 de junio pidiendo desconvocar el Consejo Permanente de la OEA de este jueves 23 de junio, ya que a su juicio el tema venezolano ya había sido suficientemente analizado en el citado Consejo Permanente del 1 de junio; además de intentar descalificar una vez más al Secretario General Almagro por su supuesta ojeriza hacia el gobierno de Venezuela y su supuesta usurpación de competencias al invocar la Carta Democrática Interamericana -en un análisis jurídico muy endeble que revela las carencias de la actual Cancillería venezolana.

De manera que, sea cual sea la fórmula que sea acordada esta semana en las reuniones citadas, toda maniobra de la diplomacia venezolana está destinada a fracasar. Se ha constituido un amplio consenso hemisférico sobre la necesidad de un Referéndum Revocatorio este año como paso inicial para resolver la crisis venezolana en clave de seguridad regional. De mantener su inmovilismo acompañado de represión, el gobierno venezolano encarará ostracismo y sanciones. La realidad geopolítica está en contra del Presidente Maduro, el cual se encuentra en zugzwang en términos de ajedrez. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

miércoles, 8 de junio de 2016

Doble derrota en la OPEP



Dr. Kenneth Ramírez

Primavera en Viena. Buena época para visitar la capital de la renaciente Mitteleuropa, ya que la temperatura agradable permite recorrer sus vetustos palacios rebosantes de obras de arte y música clásica, y sus jardines coloridos acariciados por el sol. En el marco de esta temporada, los vieneses han estado acostumbrados por más de dos décadas, a un ritual llamativo: el paseo matutino del doyen del mercado petrolero, el hasta un mes Ministro de Petróleo de Arabia Saudita, Alí Al-Naimi. Muy temprano docenas de reporteros acompañaban la caminata del octogenario de baja estatura por la avenida Ringstrasse llena de cerezos en flor y edificios monumentales, intentando descifrar sus intenciones; lo cual llevaba a algún turista desinformado a preguntarse si una estrella de Hollywood había llegado a la ciudad. No esta vez… El sucesor de Naimi, Khalid al-Falih, viene de presidir Saudi Aramco y tiene un estilo menos histriónico. Tras llegar a Viena días antes de la 169° Reunión Ministerial de la OPEP celebrada el 2 de junio, ingresó discretamente a través de una puerta lateral al Hotel Hyatt, donde escogió alojarse en la lujosa suite del último piso. Al día siguiente, inspeccionó el salón donde se reuniría con sus homólogos y aseguró al personal de la OPEP que Riad seguía valorando la organización. Interactuó muy puntualmente con los periodistas en un estilo cauteloso; y trató de apaciguar con lenguaje diplomático las heridas abiertas tras el fracaso de la reunión entre países OPEP y No OPEP en Doha el pasado 17 de abril. De hecho, el Ministro Falih realizó reuniones previas con 6 delegaciones (Nigeria, Venezuela, Argelia, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) y los invitó a una cena agradable, para evitar que los desacuerdos que bien sabía que subsisten, tornaran en áspera su primera reunión en la OPEP.

En efecto, el Ministro Falih mantuvo la estrategia puesta en marcha por su predecesor en 2014, cuando la OPEP decidió no recortar la producción para defender cuota de mercado y los precios se desplomaron. Por ello, presentó en tono conciliatorio una propuesta para fijar un techo de producción colectivo, la cual fue nuevamente objetada por el Ministro de Petróleo de Irán, Bijan Zanganeh, quien defendió el regreso al sistema de cuotas de producción abandonado en 2011 y reclamó para Irán una similar al nivel pre-sanciones de 3,61 millones de barriles diarios (MMBD), incluso con la posibilidad de alcanzar un nivel de 4,8 MMBD para 2020. No entró en polémicas con su homólogo persa, quien entendió esto como una aceptación de su postura. En lugar de ello, el Ministro Falih utilizó la reunión que se prolongó por 3 horas, para señalar que no aumentaría más la producción saudita, y transmitir un mensaje optimista recogido en el comunicado final: el mercado se está rebalanceando con la salida de producción No OPEP y el fortalecimiento de la demanda, generando una recuperación gradual de los precios del petróleo hasta niveles de 50 $/Bl –un incremento de casi 100% respecto a los niveles de enero. Además, agregó que este nivel moderado no era adecuado para fomentar inversiones necesarias para mantener el mercado abastecido a largo plazo –una afirmación vaga que trocó en un hermoso vals de Strauss en los oídos de los frágiles de la OPEP como Nigeria, Argelia, Libia y Venezuela.

Tras año y medio, la estrategia Naimi destinada a expulsar a los competidores menos eficientes del mercado, y en concreto a productores de esquistos, muestra signos de éxito. En EEUU, la producción de petróleo se reducirá este año en 1 MMBD –por primera vez en los últimos 8 años-, 130 pequeñas empresas petroleras se han declarado en bancarrota y otras están reduciendo sus gastos para hacerse más eficientes y resistir. Pero la medicina también ha sido dura para Riad, que ha anunciado reformas ambiciosas con la “Visión Saudita 2030”.

El Ministro de Petróleo venezolano, Eulogio del Pino, presentó una nueva propuesta sobre rangos de producción, según la cual los países miembros tendrían bandas mínimas y máximas para gestionar colectivamente disrupciones de producción. Tal propuesta fue tan exótica y voluntarista que no tuvo eco alguno, y constituyó una nueva derrota venezolana tras el fracaso de Doha.

Los gestos diplomáticos del Ministro Falih, al menos sirvieron para acordar con el Ministro Zanganeh, la elección de un nuevo Secretario General de la OPEP. El libio Abdallah El-Badri en el cargo desde 2007, llevaba más de tres años de lo permitido estatutariamente. Los candidatos eran el nigeriano Mohamed Sanusi Barkindo, el indonesio Sudirman Said, y el venezolano Alí Rodríguez Araque, quien fue Secretario General de la organización entre 2001 y 2002. Ni sus credenciales ni las labores intensas de la diplomacia petrolera venezolana para intentar alcanzar un esquivo acuerdo OPEP-No OPEP desde 2014, sirvieron para obtener el cargo. Arabia Saudita mira a Venezuela como aliado de Irán, e Irán apoyó al candidato nigeriano -finalmente electo- dada su molestia con Caracas por impulsar un acuerdo de congelamiento de producción ideado por Riad para colocar presión sobre Teherán. Otra derrota emblemática que denota la pérdida de influencia de Venezuela en la organización en los últimos años, aparejado al descenso de su producción y su seguidismo a la geopolítica persa en el Medio Oriente. Todo esto por no mencionar la improvisación de presentar al candidato venezolano a última hora. Un manual perfecto de lo que no debe hacerse.

Finalmente, cabe mencionar, que Gabón ha decidido retornar a la OPEP –ingresó en 1975 y la abandonó en 1994- siguiendo el ejemplo de Ecuador e Indonesia. Gabón es un pequeño país africano cuya producción ha declinado desde su pico de 370 mil barriles diarios en 1997 hasta 240 mil barriles diarios en la actualidad. Su regreso simbólico permite a la OPEP combatir la matriz de opinión que proclama su muerte debido a su actual disenso interno. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

martes, 26 de abril de 2016

El fracaso de Doha


Dr. Kenneth Ramírez

Todo estaba dispuesto. Con gran esfuerzo diplomático, 18 delegaciones de países OPEP y No OPEP que representaban alrededor de 50% de la producción petrolera mundial, se reunieron en el lujoso Hotel Sheraton de Doha el pasado 17 de abril. La noche anterior cuando intercambiaron saludos y el primer borrador del texto, lucía casi como un trámite, hacer definitivo y extensivo al resto de los asistentes, el frágil acuerdo alcanzado en la misma ciudad hacía un mes entre Arabia Saudita, Rusia, Venezuela y Qatar para congelar la producción en los niveles de enero. Sobre todo porque la mayoría de los involucrados no podía aumentar la producción, y Arabia Saudita -único con capacidad ociosa- había mostrado recientemente su disposición a firmar el acuerdo sin Irán, contrario a lo que planteó inicialmente. Esto era clave, ya que Irán mantenía su tajante rechazo a sumarse al acuerdo, porque desea recuperar el nivel de producción que tenía antes de sufrir las sanciones en 2011. En todo caso, la mayoría de los analistas coincidíamos en que el congelamiento apenas ayudaría a mejorar las expectativas y consolidar un piso en 40 $/Bl, pero no corregiría la situación de exceso de oferta.

No obstante, a las 3 de la mañana –horas antes del inicio formal de la reunión-, el joven Príncipe heredero Mohamed bin Salman –hijo favorito del Rey y nuevo hombre fuerte del Reino conocido en los corrillos diplomáticos como “MbS”- llamó a la delegación saudita encabezada por el Ministro Alí Al-Naimi y le ordenó regresar a Riad. Naimi permaneció en Doha para expicar que Irán –que apenas había enviado observadores- debía ser incluido o no podría firmar el acuerdo definitivo. Es decir, retomaban su posición de febrero. El Ministro Eulogio del Pino, dijo: “Desafortunadamente, quienes representaban a los sauditas no tenían autoridad para decidir sobre nada. Fue una decisión puramente política. Todos estaban decepcionados”. El Ministro de Energía ruso, Alexander Novak, manifestó sorpresa y disgusto. Incluso las petro-monarquías –aliados cercanos de Riad- mostraron perplejidad. ¿Cómo puede explicarse entonces la conducta saudita?

En primer lugar, debemos decir que el Príncipe MbS, ha hecho sentir su autoridad como nuevo máximo responsable de la política exterior y petrolera, así como su ya famosa temeridad. El octogenario Ministro Naimi –que ocupa el cargo desde 1995- tendrá ahora el rol de consejero y negociador, con mucha menor autonomía que en el pasado. Si se siente cómodo o no, es irrelevante, su jubilación se acerca.

En segundo lugar, es necesario apuntar que el Príncipe MbS es un avezado lector de El Arte de la Guerra de Sun Tzu, el clásico manual de la guerra indirecta. Por tanto, la decisión de Doha no tiene que ver sólo con el mercado petrolero, sino con la puja geopolítica que sigue Arabia Saudita con Irán en el Medio Oriente, y específicamente en Siria. El estratega chino señala que “el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”, aconsejando un amplio uso del engaño. De hecho, el Príncipe MbS señaló días antes de Doha que “no nos preocupa los precios. 30 $/Bl ó 70 $/Bl es lo mismo para nosotros”. Se trata de una verdad a medias. Bien sabe que, aunque Riad tiene bajos costos de producción y margen de maniobra gracias a sus reservas financieras, necesita precios razonables para mantener sus cuentas equilibradas y la paz social. Además, requiere circunstancias benignas para consolidar su liderazgo regional y materializar su Visión Saudita 2030 que busca “conducir al Reino a una era post-petrolera” mediante privatizaciones, reducción de subsidios, la venta de 5% de las acciones de la empresa petrolera nacional Saudi Aramco y la creación de un gigantesco Fondo Soberano de 2 billones de dólares para invertir en negocios no petroleros.

Asimismo, Sun Tzu dijo que para vencer “lo que es de máxima importancia es atacar la estrategia del enemigo; lo segundo mejor es romper sus alianzas con la diplomacia; en tercer lugar viene atacar a su ejército”. Toda la puesta en escena de Doha, se trató de una estratagema saudita para quebrar las alianzas de Irán y entorpecer su intento de regresar al mercado petrolero. Así, Riad envió un claro mensaje a Rusia e Irán: deben escoger entre abandonar a Assad en Siria –lo que quebraría la proyección iraní hacia el Levante mediterráneo- o un acuerdo de congelamiento –incluso sin Irán- que inicie un proceso de recuperación de precios.

Con esta perspectiva, queda claro que Riad accedió a firmar el acuerdo de congelamiento preliminar en febrero como respuesta al anuncio de Rusia y EEUU del cese al fuego en Siria y el inicio de conversaciones entre Assad y los rebeldes en Ginebra. Y fue más allá, señalando que congelaría incluso sin Irán, cuando el Presidente Putin anunció que retiraría sus tropas de Siria el 14 de marzo. Empero, cuando trascendió que Moscú sólo había reemplazado los aviones Sukhoi por helicópteros, y que el cese al fuego colapsaba; vino el viraje saudita en Doha. Acto seguido, los rebeldes se retiraron de Ginebra, y el Rey Salman presionó al Presidente Obama durante su visita a Riad el 20 de abril, para suministrarle armas. Moscú y Teherán deben abandonar a Assad o pagar el precio.

Tras el fracaso de Doha, Venezuela, Irak y Qatar han propuesto que se realicen nuevas consultas al margen de la reunión OPEP en junio. No obstante, Rusia ha manifestado escepticismo. A partir de ahora, Riad puede aumentar la producción desde 10,2 hasta 11 millones de barriles diarios, para satisfacer el aumento de su demanda interna en el verano y seguir presionando a Irán y Rusia. La credibilidad de la OPEP ha sufrido un duro golpe y los precios pueden hundirse hasta 30 $/Bl. El gobierno venezolano no tiene capacidad para cambiar esta realidad geopolítica; por tanto, debe impulsar reformas económicas en el marco de un amplio diálogo nacional, lo que supone abandonar la estéril estrategia de pinzas que sigue junto al Poder Judicial contra la Asamblea Nacional. ¿Y usted qué opina?


@kenopina

viernes, 18 de marzo de 2016

El acuerdo de Doha


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 16 de febrero, fue anunciado un acuerdo provisional para congelar la producción petrolera en Doha, entre Arabia Saudita, Rusia, Venezuela y Qatar. Calurosa acogida tuvo en Caracas, que desde noviembre de 2014 ha desplegado una frenética actividad diplomática para apuntalar los precios. No obstante, el acuerdo de Doha es un compromiso frágil, que ya sufre tropiezos importantes.

En primer lugar, los firmantes se han comprometido a congelar su producción en los niveles de enero de 2016 –sin especificar la fuente estadística que tomarían como referencia, cuestión de máxima relevancia dada la discrepancia en algunas cifras. Un acuerdo de congelamiento es considerablemente menos ambicioso que uno de recortes, dada la cantidad de crudo que está fluyendo al mercado –con un exceso de oferta de 1,9 millones de barriles (MMBD). Arabia Saudita bombeó un poco más de 10,2 MMBD en enero de 2016, cifra ligeramente inferior a su último récord de 10,6 MMBD en junio de 2015. La producción petrolera de Rusia, por su parte, ha estado golpeando nuevos máximos de la era post-soviética, alcanzando 10,88 MMBD en enero pasado. Esto significa que el acuerdo busca mantener el statu quo; es decir, no mejorará la situación actual, sólo evitará que empeore.

En segundo lugar, de los cuatro firmantes, sólo Arabia Saudita es capaz de aumentar producción más allá de los niveles de enero, lo cual le resta valor al acuerdo provisional –aunque muchos dudan si Riad realmente tiene la capacidad de producción ociosa (spare capacity) de la que presume y que podría permitirle elevar su producción hasta 12,5 MMBD. Ergo, para Rusia, el acuerdo de Doha implica recompensas diplomáticas por algo que tiene que hacer, ya que los pronósticos reflejan que el impacto combinado de la declinación de sus campos maduros y las sanciones debido al conflicto con Ucrania, se traducirá en un retroceso en su producción en al menos 0,1 MMBD en 2016. Ahora puede quitarse de encima las peticiones reiteradas de Venezuela, Argelia y Ecuador para “hacer algo” que equilibre el mercado. Por su parte, la producción de Venezuela se encuentra estancada y la de Qatar ha declinado en 0,2 MMBD desde 2008.

En tercer lugar, la ejecución del acuerdo de Doha está condicionada a que otros productores se sumen al mismo. Esto lleva a considerar a los otros grandes productores OPEP; lo cual explica por qué después de Doha, el Ministro de Petróleo venezolano, Eulogio del Pino, visitó Teherán para discutir con sus homólogos de Irak e Irán los términos del acuerdo. Allí, el Ministro de Petróleo de Irak, Adel Abdul Mahdi, se mostró favorable a sumarse al acuerdo, ya que su producción se encuentra en 4,37 MMBD –nivel récord superior a la Era Hussein-, y el gobierno iraquí encara un fuerte déficit presupuestario debido a la caída de los precios y los costos de la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Levante –por sus siglas en inglés, ISIS. Empero, se encontró con la oposición del Ministro de Petróleo de Irán, Bijan Zanganeh, quien comunicó su determinación de elevar la producción persa hasta los 3,61 MMBD que bombeaba antes de sufrir las sanciones en 2011. En este sentido, tachó de “ridículo” el acuerdo de Doha.

Desde enero, la producción persa ha aumentado en 0,22 MMBD. Los pronósticos de la agencias señalan que aumentará entre 0,3 y 0,5 MMBD este año; mientras sus funcionarios apuntan a 1 MMBD adicionales, y por tanto reclaman toda su cuota de mercado tomada por las petro-monarquías desde 2011. Las elecciones parlamentarias iraníes llevadas a cabo el 29 de febrero, arrojaron un triunfo de la alianza entre conservadores moderados y reformistas, lo cual favorece la aprobación del nuevo contrato petrolero (IPC) impulsado por el Ministro Zanganeh. Esto implicará un nuevo régimen fiscal más favorable para atraer inversiones.

Estos agujeros explican la frialdad del mercado con el acuerdo, que sólo ha logrado darle un piso a los precios en 40 $/Bl. Al considerar las reacciones del resto de productores OPEP, encontramos que todos lo han saludado con matices. Mientras el resto de los No OPEP han dado respuestas dispares; unos han optado por no participar (Brasil, Canadá y EEUU), otros por señalar que su producción declinará (Noruega y Kazajistán), y otros por suscribirlo (Omán y Azerbaiyán). Por ello, pero sobre todo por la oposición persa, no se ha  podido acordar una reunión para discutir un acuerdo final -las fechas propuestas van desde el 20 de marzo hasta el 17 de abril, y los sitios desde Moscú, hasta Viena o Doha. El 9 de marzo se produjo otro traspié, cuando una reunión de productores latinoamericanos –México, Colombia, Ecuador y Venezuela- en Quito fue cancelada.

De manera que todo sigue igual, salvo por una mejora en la posición diplomática saudita. Riad sigue presionando con su estrategia de volúmenes la salida de los productores menos eficientes -la cual ya empieza a mostrarse victoriosa con un descenso esperado de la producción No OPEP entre 0,6 MMBD y 0,75 MMBD en 2016-; al tiempo que el acuerdo de Doha le permite ir fomentando la confianza con Moscú, exhibir voluntad de cooperar con los débiles de la OPEP, así como trasladar la presión para alcanzar nuevos acuerdos hacia Irán -su rival geopolítico.

Mucha de la discusión actual parece estar buscando un punto de referencia inicial para tratar de iniciar un largo camino que eventualmente podría llevar a recortes. En este sentido, el Ministro de Petróleo saudita, Alí Al-Naimi, ha señalado que el acuerdo de Doha es el “comienzo de un proceso”. Recordemos que la negociación de un acuerdo de recortes en 1999 entre la OPEP, México, Rusia, Noruega y Omán tomó casi un año de reuniones secretas en hoteles en todo el Mundo. En todo caso, desde Venezuela esta posibilidad luce como una pálida, fascinante y huidiza luz en medio de una noche agónica: un fuego fatuo. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Acuerdo de París


Dr. Kenneth Ramírez

La opinión pública mundial ha recibido con beneplácito el Acuerdo de París, alcanzado al cierre de la XXI Conferencia de las Partes del Cambio Climático (COP-21) tras dos semanas de intensas negociaciones. Los 195 países participantes acordaron mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2 °C a finales de siglo respecto a los niveles pre-industriales, aunque también se comprometieron a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios” para que no rebase los 1,5 °C y evitar así “los impactos más catastróficos del cambio climático”. Jurídicamente vinculante y con un enfoque gradual, flexible y solidario; el acuerdo no fijó límite a las emisiones de gases de efecto invernadero como lo hizo el Protocolo de Kioto –prorrogado hasta 2020 mediante la Enmienda Doha aprobada en 2012-, sino que descansa en un conjunto de contribuciones nacionales presentadas voluntariamente.

Asimismo, busca que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible”, reconociendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en desarrollo –principio de responsabilidad común pero diferenciada-, y que se efectúen reducciones rápidas para encontrar “un equilibrio entre las emisiones provocadas por la acción del hombre y lo que puede absorber la atmósfera” en la segunda mitad de siglo. El texto además recoge las necesidades de financiación para la mitigación y la adaptación de los países en desarrollo –los países desarrollados deben movilizar un mínimo de 100 millardos de dólares anuales a partir de 2020-, e introduce un mecanismo de pérdidas y daños por el cambio climático –sin apoyos financieros concretos-, con arreglo al principio de justicia climática.

No obstante, el acuerdo señala explícitamente que los esfuerzos de mitigación que los países han puesto sobre la mesa no son suficientes, para cumplir el objetivo general. En 2030, la ONU estima que las emisiones de gases de efecto invernadero tendrían que estar rondando las 40 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente al año, pero los compromisos nacionales presentados para recortar emisiones suponen un aumento de las emisiones brutas hasta alcanzar las 55 gigatoneladas –si bien reducen en 9% las emisiones per cápita. Por ello, el Acuerdo de París establece un mecanismo de revisión cada cinco años, que implica que los programas de reducción de cada país aumenten gradualmente para corregir esa brecha. La primera revisión al alza de los planes nacionales sería en 2020, año en que debe entrar en vigor el acuerdo tras la ratificación de 55 países que representen al menos 55% de las emisiones.

Según estudios de la ONU y la Agencia Internacional de Energía, la producción y uso de energía generan dos tercios de las emisiones. En consecuencia, este acuerdo presenta retos para los países OPEP y la industria petrolera. Aunque los países OPEP sólo representan 10% de las emisiones mundiales –Venezuela el 0,48%-, producen el 33% del petróleo y el 20% del gas natural a nivel mundial, y poseen 80% de las reservas. Esto explica por qué los países OPEP han sido muy activos en las negociaciones, para salvaguardar sus intereses estratégicos. La limitación que sufrirá la demanda de los combustibles fósiles a largo plazo debido a las regulaciones climáticas, que según cálculos de la Agencia Internacional de Energía puede ubicarse en torno a 16% en los próximos 20 años, se traducirá en una pérdida de ingresos de 4 billones de dólares para la OPEP. Barclays estima que la industria petrolera perderá ingresos por el orden de 22 billones de dólares.

Venezuela mostró una posición mucho más pragmática y menos ideológica en esta Conferencia respecto a Copenhague hace 6 años, impulsando un acuerdo flexible junto al grupo de Países en Desarrollo de Pensamiento Afín (Link-Minded Group), donde hay países OPEP -como Arabia Saudita e Irán-, y economías emergentes –como China e India- que representan 50% de la población mundial.

Toca ahora al gobierno desarrollar nuestra contribución nacional –sólo se presentó el objetivo general de reducir 20% de las emisiones para 2030, esto es, 0,18 gigatoneladas/año. Aquí se abren grandes oportunidades en la limitación de las emisiones de metano en la producción de petróleo y gas, el relanzamiento de los proyectos gasíferos, así como el desarrollo de un plan de eficiencia energética y energías renovables –donde destaca el proyecto eólico de La Guajira con una capacidad de 10 mil megavatios, el equivalente a una hidroeléctrica del Guri.

Finalmente, PDVSA debe estudiar unirse a la Iniciativa Climática del Sector Petróleo y Gas (por sus siglas en inglés, OGCI), presentada por 10 empresas petroleras que producen 20% del petróleo y gas a nivel global; 7 de ellas europeas –Shell, Total, BP, BG, Repsol, Statoil y ENI- que ya se encuentran dispuestas a aceptar un sistema de techo nacional y comercio de emisiones, a las cuales se sumaron PEMEX, Reliance y Saudi ARAMCO. Todas estas empresas se han comprometido a trabajar conjuntamente para optimizar sus operaciones, invertir en investigación y desarrollo de tecnologías eficientes y limpias como el secuestro y captura de carbono, e impulsar proyectos de gas natural y energías renovables.

Total es el segundo gran inversionista en energía fotovoltaica a través de su filial, SunPower. Shell es uno de los grandes inversionistas en biocombustibles avanzados. BP, Repsol y Statoil son grandes inversionistas en proyectos eólicos costa afuera en Europa y EEUU. Shell está trabajando con GlassPoint para desarrollar generadores solares de vapor a gran escala para la recuperación petrolera mejorada en Medio Oriente –disminuyendo en 80% el uso de gas natural para tales fines. PDVSA puede aprovechar todas estas experiencias y conseguir socios valiosos para encarar el reto climático. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 1 de diciembre de 2015

OPEP, UNASUR y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El próximo viernes se celebrará la 168° Reunión Ministerial de la OPEP en Viena, la cual ha estado precedida de declaraciones y especulaciones sobre un improbable cambio en la estrategia impuesta al grupo por Arabia Saudita. Los bandos dentro de la organización, los defensores de la estrategia de volúmenes actual y sus detractores, volverán a jugar sus cartas con resultado similar.

Arabia Saudita ha vuelto a señalar que se mantiene dispuesta a trabajar junto al resto de países OPEP y No OPEP para estabilizar los precios del petróleo, pero también ha reiterado que no hará nada si no hay recortes colectivos. “La OPEP no va a recortar sola”, zanjó recientemente un delegado saudita. Esto fue lo mismo que le señaló el Ministro Naimi al entonces Ministro Rafael Ramírez en Margarita a principios de noviembre de 2014. Su posición no se ha movido ni un ápice.

Esto nos lleva a considerar la reunión informal entre países OPEP y países No OPEP -donde destaca Rusia-, que tendrá lugar en la misma ciudad el próximo 3 de diciembre. Sin embargo, ya que Moscú ha dejado claro que no desea hacer recortes, esta alternativa trabajada con denuedo por Venezuela desde hace un año se encuentra agotada. El último viaje del Presidente Maduro a Riad para plantear recortes en la IV Cumbre América del Sur y Países Árabes -un foro no petrolero-, transmitió desesperación.

La histórica decisión de la 166° Reunión Ministerial de la OPEP en noviembre de 2014 de bombear más petróleo y defender la cuota de mercado frente a la creciente producción de países No OPEP, sobre todo de EEUU, se produjo en un momento donde el precio del crudo marcador Brent se ubicaba en 65 $/Bl. Seis meses más tarde, había tocado los 45 $/Bl –nivel en que se cotiza actualmente-, un severo desplome desde los 115 $/Bl en los que se cotizaba en junio de 2014.

Ahora algunos países OPEP se han tornado muy pesimistas, y temen un descenso hasta los 20 $/Bl, tomando en cuenta la vuelta de Irán al mercado - Goldman Sachs ha sido el abanderado de estos pronósticos tan sombríos. De hecho, el Ministro Eulogio del Pino señaló que la OPEP no puede permitir “una guerra de precios. Tenemos que hacer algo”. Ecuador ha adelantado la necesidad de recortar 1,6% de la producción de la OPEP, sumándose a Venezuela.

Empero, en parte, la estrategia saudita ha empezado a cosechar resultados con el colapso de precios. La demanda petrolera global ha empezado a recuperarse y se ha frenado el crecimiento de la producción de esquistos en EEUU. También se espera que la producción colectiva de los países No OPEP se contraiga el próximo año, lo cual no se había visto en una década. Para Riad, todo esto llevaría a una recuperación gradual de los precios del petróleo a niveles de 80 $/Bl para 2020.

Aunque las finanzas de los países de la OPEP se encuentran bajo presión, hay países con suficientes reservas financieras para aguantar el desplome de precios por algunos años. Este es el caso de Arabia Saudita, que cerrará el año 2015 con un déficit presupuestario de 16% del PIB, frente a 1,5% en 2014, pero tiene más de 600 millardos de dólares en fondos soberanos para hacerlo “manejable”. Mantener los grifos abiertos y sufrir un par de años a cambio de una recompensa a largo plazo, todavía parece ser la elección de Riad y el resto de las petro-monarquías que se han alineado a su política. El Emir de Qatar de visita recientemente en Caracas, debió transmitirle esto al Presidente Maduro. En Viena, veremos críticas a la estrategia saudita de parte de los que más sufren por la caída de precios –Venezuela, Ecuador, Irán, Argelia-, pero la decisión final será mantener la estrategia de defensa de cuota de mercado sin cambios. Esto sólo podría someterse a una reconsideración seria dentro de 12 a 18 meses, si se genera un aumento significativo de la producción de Irán, Irak o Libia.

Venezuela en plena crisis económica será observada también esta semana por los delegados de la OPEP con atención. No tanto por sus demandas de recortes que ya a nadie sorprenden, ni por sus intentos de sacarse un conejo de la chistera con reuniones con productores No OPEP que no llegan a nada concreto, sino por sus elecciones parlamentarias. Somos un productor frágil, y el resto de los gigantes en pugna en el mercado petrolero nos perciben al borde del abismo.

Según las encuestas más reputadas, la Mesa de la Unidad Democrática obtendría una clara mayoría en las elecciones del próximo domingo. Bien valdría que el Presidente Maduro acepte este cambio de viento pacíficamente, abriendo un período de cohabitación que, gestionado con diálogo y negociación, puede favorecer un cambio del modelo económico que se necesita con tanta urgencia, lo cual debe incluir un nuevo plan de negocios para PDVSA ajustado a la coyuntura petrolera actual. Este es el rumbo que ha tomado la Presidenta Dilma Rousseff –y que el propio Lula aconsejó a Maduro en 2013-, quien ha formado un gobierno de coalición para encarar la caída de los precios de las materias primas que ha llevado la economía brasileña a la recesión. El pueblo venezolano exige a toda la clase política una lectura adecuada de los tiempos difíciles que vivimos.

Finalmente, y después de muchos obstáculos, una Misión de la UNASUR acompañará nuestras elecciones. Ha llegado tarde y con la notable ausencia de técnicos electorales de Brasil. La credibilidad de la organización suramericana está en riesgo en Caracas. Debe ser garante de unas elecciones transparentes y pacíficas. Jugar al rol de apagafuegos como en 2013 y 2014, no sólo no ayudará a Venezuela a enrumbarse hacia un futuro más próspero, sino que pondrá en entredicho el futuro de la propia organización. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 3 de noviembre de 2015

Navegando cuesta abajo


Dr. Kenneth Ramírez

La II Reunión Técnica de países OPEP y No OPEP (Rusia, México, Colombia, Brasil y Kazajistán) celebrada el pasado 21 de octubre en Viena, culminó sin que se discutieran posibles recortes para apuntalar los precios del petróleo, a pesar del plan presentado por la delegación venezolana para retirar 10% de la producción y establecer un sistema de bandas con un piso de 70 $/Bl. El espíritu del célebre diplomático austríaco Klemens von Metternich parecía recordar a los presentes que “cualquier plan concebido con moderación debe fallar cuando las circunstancias se ponen en los extremos”. La intervención de Putin en Siria determinó, en este caso, las circunstancias.

Por su parte, Irán ya ha anunciado que presentará en la próxima Reunión Ministerial de la OPEP de diciembre, un plan de aumento de producción tras el final de las sanciones, lo cual viene a complicar aún más el panorama. Esto ha llevado a un cambio de mentalidad en la industria petrolera, donde los estrategas hablan de ajustar los modelos de negocio para navegar por un potencial período de precios bajos. Lower for longer se ha convertido en el nuevo mantra.

En primer lugar, tenemos a los “bucaneros”. Pequeñas empresas petroleras que navegaban en aguas desconocidas y tomaban bloques de exploración y producción en casi cualquier parte, desde Mozambique y Tanzania hasta Vietnam y Colombia. Algunas se convirtieron en un éxito espectacular, como Kosmos que hizo un primer gran descubrimiento petrolero en Ghana en 2007, y siguió con otro descubrimiento de gas en Mauritania en abril de este año. Pero otras han mordido el polvo, con una serie de pozos secos en fronteras remotas, o con fracasos en reunir capital y pericia para desarrollar los campos que encontraron. Muchas de estas empresas se hundirán sin dejar rastro o serán presa de empresas más grandes – el caso de Talismán Energy adquirida por Repsol a finales de 2014. Otras se fusionarán y se convertirán en sobrevivientes que pueden beneficiarse del próximo ciclo alcista de precios.

En segundo lugar, están los “tiburones de los esquistos”. Empresas petroleras como Continental, Chesapeake y EOG Resources, que han crecido mediante la adquisición de activos creados por la revolución de la fracturación hidráulica en EEUU. No obstante, los tiburones necesitan cobrar presas para sobrevivir, y con un mercado bajista que ha llevado a una disminución de la producción de esquistos, muchos estarán en problemas. A mediados de septiembre, Samson Resources con una deuda de 3,25 millardos de dólares, se declaró en quiebra -la más grande que ha tenido el sector a la fecha. La paciencia de los bancos se está acabando, los acuerdos de cobertura contra los precios bajos entran en período de renegociación, y la solvencia de estas empresas empieza a ser revaluada. Este sector se enfrentará a una inminente reestructuración mediante quiebras, fusiones y adquisiciones. Los directivos están colocando el énfasis en la reducción de costos y en la explotación de los pozos más rentables. De todo este proceso surgirán empresas más sólidas y eficientes. Las más fuertes sobrevivirán.

En tercer lugar, los “superpetroleros”. Las tradicionales empresas petroleras transnacionales como Shell, BP, Exxon y Chevron, han reaccionado a los precios bajos con nuevos planes que contemplan desinversión en activos estratégicos –Shell ha abandonado el Ártico y el proyecto Carmon Creek en las arenas bituminosas de Canadá-, recortes de producción, paralización de proyectos (por el orden de 250 millardos de dólares, según Wood Mackenzie y Ernst & Young) y reducción de empleos (200 mil empleados petroleros han sido despedidos en todo el Mundo). Todas han asumido como premisa un precio de 60 $/Bl hasta finales de esta década. No están en peligro de naufragio, pero han encarado en los últimos años un aumento de los costos, un abultado pago de dividendos, y la caída de reservas y producción. Su integración vertical ahora les beneficia -los activos de refinación y comercialización muestran mejores márgenes. Además, su solidez financiera les favorece, y por ello, pueden salir de compras –siguiendo el ejemplo de Shell que adquirió BG Group en abril de este año; la mayor fusión petrolera en una década. Por otra parte, se encuentran ante el reto de la lucha contra el cambio climático, lo que llevó a BP, Shell, BG Group, Total, ENI, Repsol y Statoil a firmar un compromiso en junio pasado, para promover el éxito de la Cumbre de Paris que tendrá lugar a principios de diciembre; apostando por la cooperación con la ONU y los gobiernos, el sistema de techo y comercio de derechos de emisión, el gas natural, la eficiencia energética y el desarrollo tecnológico.

En cuarto lugar, tenemos a los “buques insignia”. Las empresas petroleras nacionales alcanzaron mayor crecimiento e internacionalización en la última década. Algunas, como PETROBRAS, ganaron fama llevando sus experiencias a nivel internacional. Otras como CNPC y Sinopec de China y ONGC de India asumieron el rol de garantizar el suministro petrolero a sus dinámicos mercados nacionales, en medio de temores de una declinación de la producción petrolera mundial y “fin del petróleo barato”. El exceso de ambición les llevó a aumentar su deuda, asumir planes de inversión faraónicos -que tenían incluso proyectos no petroleros-, así como incurrir en los pecados de la politización y corrupción. Ahora están racionalizando sus planes y repensando sus proyectos más cuestionables.

Incluso el mejor capitán tendrá dificultades para maniobrar en estas aguas rápidas cuesta abajo, lo cual supone realizar ajustes en sus respectivos modelos de negocio. Los sobrevivientes estarán listos para beneficiarse de la futura recuperación de los precios, la cual puede estar un poco más distante de lo que se pensaba inicialmente. En PDVSA deben tomar nota. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 6 de octubre de 2015

Agenda 2030: Energía y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El Septuagésimo Aniversario de la ONU será recordado por la aprobación el pasado 25 de septiembre, de la llamada Agenda 2030 (“Transformar nuestro Mundo: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, Resolución A/RES/70/1), después de tres años de amplias consultas. Tras un cumplimiento parcial de los 8 “Objetivos del Desarrollo del Milenio” adoptados hace tres lustros, resulta importante que se haya podido establecer un compromiso global para atender a cuestiones tan urgentes como el cambio climático, la pobreza extrema, trabajo decente y crecimiento económico, salud, el acceso universal a la energía, la educación de calidad, entre otros, en los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

No obstante, han sido múltiples las críticas, ya sea por la proliferación de los nuevos objetivos respecto a sus antecesores; la variedad temática debido a la confluencia de las agendas de pobreza y cambio climático que puede llevar a una dispersión de esfuerzos y dilución de compromisos; la especificación de 169 metas que no siempre son tales debido a su vaguedad y distintos niveles de exigencia, dificultando así su gestión; y la ausencia de un debate sobre la reforma de la ONU como institución que pueda implementar y dar seguimiento efectivo.

En materia de energía, el séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible pide “asegurar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos” en 2030, con cinco metas: 1) Asegurar el acceso universal a los servicios de energía asequibles, fiables y modernos; 2) Aumentar la participación de las energía renovables en la matriz energética mundial; 3) Duplicar la tasa global de mejora de la eficiencia energética; 4) Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a las tecnologías de energía limpia y su investigación, incluida las renovables, la eficiencia energética y tecnologías limpias de combustibles fósiles; 5) Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para el suministro de servicios de energía modernos y sostenibles para los países en desarrollo, en especial, los pequeños Estados insulares y sin litoral.

Como vemos este objetivo plantea la búsqueda de un modelo energético sostenible, que aumente el número de personas con acceso a formar modernas y asequibles de energía, y eleve el porcentaje de energía consumida que procede de energías renovables. En este sentido, se propone abatir los dos desafíos globales más urgentes relacionados con la energía, a saber: la pobreza energética ocasionada por la falta de acceso a servicios modernos de energía en los países en desarrollo –una de cada cinco personas en el planeta no tiene acceso a la electricidad; y casi la mitad de la Humanidad depende de la quema de madera, estiércol y carbón para cocina y calefacción-, y el altísimo despilfarro y polución en los países desarrollados que ocasionan el cambio climático.

En la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Riad en noviembre de 2007, los Estados miembros se comprometieron a la erradicación de la pobreza energética a escala global, y encomendaron al Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional (por sus siglas en inglés, OFID) movilizar un fondo rotativo de más de 1 millardo de dólares para tal fin; el cual ha permitido financiar proyectos de electrificación rural, generación eléctrica renovable, construcción de infraestructuras energéticas, y donaciones de cocinas modernas en más de 120 países en desarrollo. Además, el OFID forma parte de la plataforma “Energía Sostenible para Todos” (por su acrónimo en inglés, SE4ALL) impulsada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, desde 2011, la cual preparó desde la “Conferencia Rio+20” la dimensión energética de la Agenda 2030. Asimismo, los Estados miembros de la OPEP han desplegado mecanismos de cooperación que han mejorado el acceso a la energía, como Venezuela con PETROCARIBE que fundó en junio de 2005 –garantizando en promedio un 32% de la demanda petrolera de los 18 beneficiarios y financiando 50% de la factura que ascendió a 28 millardos de dólares en este período de 10 años, lo que tuvo un impacto positivo en sus economías de 2,5% del PIB/año, según el SELA y el FMI-, y Arabia Saudita con la “Iniciativa de Energía para los Pobres” que lanzó en junio de 2008.

No obstante, lejos de la complacencia, Venezuela tiene mucho por hacer en relación a la Agenda 2030 y su objetivo séptimo. El nuevo Plan Estratégico de PDVSA 2016-2025 debe considerar como prioridad la reducción del venteo y quemado de gas natural en sus operaciones (Venezuela se ubica en el octavo lugar a nivel mundial), la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en todas sus instalaciones –sobre todo refinerías y mejoradores-, mejora de la eficiencia energética en todos sus instalaciones y procesos, considerar el impacto ambiental en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, la aceleración de los muy retrasados proyectos de gas natural, y el impulso a la investigación del INTEVEP de tecnologías para el uso y consumo limpio de los hidrocarburos como el secuestro y captura de carbono. Asimismo, los Ministerios de Petróleo, Energía Eléctrica y Eco-socialismo deben desarrollar un plan de energías renovables y eficiencia energética que se beneficie pragmáticamente de la cooperación internacional, reactive proyectos renovables como los parques eólicos en Paraguaná y la Guajira y las plantas de bioetanol proveniente de caña de azúcar, mejore la eficiencia de las infraestructuras energéticas, asegure el servicio eléctrico fiable en zonas rurales, fomente la educación y la investigación para la eficiencia y el ahorro energético, y tome en consideración iniciativas como el Plan de Energía Solar de Arabia Saudita –que se fijó como meta satisfacer 20% de su demanda eléctrica con energía solar para 2032- y el Plan de Energías Renovables de Brasil –que se fijó como meta satisfacer 20% de su consumo con renovables para 2030, sin considerar las hidroeléctricas. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 22 de septiembre de 2015

OPEP, un Fénix de 55 años


Dr. Kenneth Ramírez

En su Manual de Zoología Fantástica publicado en 1957, el maestro Jorge Luis Borges citando al poeta romano Claudiano, señaló que el Ave Fénix es un “pájaro inmortal que resurge de su cenizas, un heredero de sí mismo y un testigo de las edades”. Esta puede ser la definición mejor ajustada a la sorprendente historia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la cual cumplió recientemente 55 años, en medio de una situación de mercado compleja donde su fulgurante brillo parece apagarse, acaso para engañar a los incautos que ya se han apresurado a diagnosticarle erróneamente su segunda muerte.

En efecto, el 14 de septiembre de 1960, tuvo lugar la mítica reunión celebrada en Bagdad, entre representantes de Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait y Venezuela, con el propósito de proteger y asegurar el control sobre sus recursos petroleros frente al cartel de empresas petroleras transnacionales que otrora controlaban el mercado petrolero mundial: las “Siete Hermanas”. En dicha reunión, por iniciativa de los Ministros de Petróleo de Venezuela y Arabia Saudita, el Dr. Juan Pablo Pérez Alfonzo y el Jeque Abdullah al-Tariki respectivamente, fue fundada la OPEP; que sin lugar a dudas, ha sido la más poderosa organización con la que han contado los países en desarrollo en toda su historia independiente.

La Guerra del Yom Kippur en 1973 produjo el primer shock petrolero que elevó los precios desde 3 $/Bl hasta 13 $/Bl, y terminó cambiando la dinámica del mercado petrolero a favor de la OPEP. Los países miembros ahora veían en sus manos una riqueza cuantiosa con la cual podían financiar el desarrollo de sus pueblos. La Revolución iraní de 1979 produjo el segundo shock petrolero que elevó los precios hasta más de 35 $/Bl, y la OPEP se transformó en un grupo respetado y temido. En 1986, la falta de disciplina entre los miembros, la debilidad de la demanda petrolera y el aumento de la producción No-OPEP -más específicamente en el Mar del Norte-, descoordinó el grupo y derrumbó los precios a menos de 10 $/Bl -una coyuntura muy parecida la actual. De esta caída, los precios no volvieron a recuperarse con vigor en casi veinte años, salvo por eventos geopolíticos puntuales como la Guerra Irán-Irak o la Primera Guerra del Golfo en 1990-1991. Bien es cierto, que la OPEP también cometió errores que evitaron un fortalecimiento de precios para superar estos años duros -cuando no pocos decretaron su primera muerte y le trataban de reliquia-, como la mala lectura del mercado que le llevó a aumentar producción en plena Crisis Asiática. No obstante, una segunda era dorada surgió gracias a la cohesión alcanzada en la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Caracas en 2000 y al vertiginoso aumento de la demanda china, dando paso a una larga década de precios altos sólo interrumpidos brevemente por la crisis económica mundial de 2008-2009, donde un recorte récord de la OPEP permitió apuntalar los precios.

En los últimos 15 meses, el grupo ha sido nuevamente el centro de atención ante la caída de los precios en un 58%, tocando niveles mínimos de los últimos 6 años –el crudo Brent se ubicó en 115,71 $/Bl en junio de 2014 y 48,49 $/Bl a principios de septiembre de 2015. Así, la narrativa petrolera coetánea se ha concentrado en la estrategia de Arabia Saudita de defender su cuota de mercado ante el desafío del petróleo de esquistos de EEUU y la debilidad de la demanda impuesta en la 166° Reunión Ministerial de la OPEP a finales de 2014 y confirmada en la Reunión de Ministros de Petróleo del Consejo de Cooperación del Golfo celebrada en Doha el 10 de septiembre de 2015; el consecuente aumento de la producción del grupo a niveles máximos de los últimos 3 años; el conflicto de intereses entre los miembros del Golfo y los miembros que tienen una situación financiera más precaria y han pedido recortes –entre ellos Venezuela, Argelia y Ecuador-; y las tensiones geopolíticas entre Riad y Teherán. Sin embargo, tres elementos advierten contra la tentación de decretar una segunda muerte de la OPEP.

En primer lugar, la Agencia Internacional de Energía y el Departamento de Energía han cambiado sus pronósticos, señalando ahora una contracción de 400 mil barriles diarios (MBD) en la producción de esquistos en EEUU en 2016 debido a la caída de precios. Los jeques empiezan a ganarle la guerra a los esquistos.

En segundo lugar, la OPEP estima que los precios se recuperarán gradualmente -5 $/Bl anuales- desde el nivel actual y se ubicarán en 80 $/Bl en 2020 y alrededor de 90 $/Bl en 2030. Por su parte, la cuota de mercado de la OPEP que se ha visto reducida en los últimos años, debido al aumento de la producción de Canadá, Rusia y EEUU, pasará desde 33% en 2015 hasta 40% en 2030.

En tercer lugar, Indonesia ha decidido regresar a la OPEP –ingresó al grupo en 1962 y lo abandonó en 2009-, y su membresía será reactivada en la próxima Reunión Ministerial el 4 de diciembre. Esto no deja de ser paradójico, porque es un país importador neto que busca aumentar su producción que se ubica en 852 MBD, mientras su consumo es casi el doble y continúa en aumento. No obstante, Yakarta prefiere estar dentro de una organización sólida para tener información, forjar alianzas de suministro y atraer inversiones para su sector refinador.

En consecuencia, aunque la OPEP vuelve a pasar por años difíciles, ha acumulado gran aprendizaje y experiencia, por no mencionar que sigue teniendo las mayores reservas petroleras y los menores costos de producción. Darla por muerta una vez más, como se hizo en los años noventa, es un error de juicio. Tal como apuntan los pronósticos a largo plazo –incluso de empresas como BP-, la OPEP seguirá siendo una fuerza central del juego petrolero en los próximos 20 años, renaciendo con fuerza de lo que muchos creen son sus cenizas definitivas. Nuevamente heredera de sí misma, cual Fénix de Heliópolis. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

miércoles, 12 de agosto de 2015

El futuro de nuestro petróleo


Embajador Alfredo Toro Hardy

El futuro de Venezuela se sintetiza en una palabra: petróleo. Encabezamos la lista de los diez países con mayores reservas probadas en el mundo. Con un factor de recobro del 20% tenemos garantizada la extracción de 300 mil millones de barriles en la Faja del Orinoco. No obstante con los adelantos tecnológicos el factor de recobro podría llegar a 35%, lo cual se traduciría en una capacidad de extracción de 504 mil millones de barriles. Planteado en esos términos no habría razones para no ser optimistas de cara al futuro.

Las cosas, sin embargo, son más complicadas. El petróleo confronta tres conjuntos de amenazas. Primero, los avances en las técnicas extractivas que hacen económico al petróleo no convencional. Segundo, una expansión tecnológica en áreas diversas que converge en la sustitución del petróleo como matriz energética predominante. Tercero, la concepción y desarrollo de una logística que integra a los factores que persiguen la sustitución de la actual matriz energética.

La primera de dichas amenazas se ha materializado ya con la competencia proveniente del petróleo de lulita. En 2014 se estimaba que, en base a este último, la producción petrolera de Estados Unidos podía llegar a 14,2 millones de barriles diarios en 2020. Ello se traduciría en una era de precios petroleros bajos. Para evitar la materialización del escenario anterior Arabia Saudita lanzó un ataque preventivo, por vía de la sobreproducción, en contra de la rentabilidad del petróleo de lulita. El mismo, sin embargo, no solo se ha evidenciado infructuoso sino que está propiciando una mayor racionalización y eficiencia productiva de dicha industria. Lo único que Arabia Saudita pareciera estar logrando es adelantar en varios años la era de los precios petroleros bajos.

El petróleo de esquistos o lulitas constituye, desde luego, la más benigna de las amenazas planteadas. En lugar de propiciar la sustitución de la matriz energética petrolera, busca tan solo repotenciarla. Gracias a la fracturación hidráulica y a la perforación horizontal, la producción petrolera estadounidense podría incrementar entre 100 y 200 por ciento su potencial productivo para 2025. Ello, sin duda, consolidaría a esta fuente energética. El problema para Venezuela es que lo haría sobre la base de precios estructuralmente bajos.

La segunda de las amenazas enumeradas es inmensamente más grave. Allí el salto tecnológico se hace sentir con toda su fuerza por caminos distintos pero confluyentes. Algunos datos pueden dar idea de lo planteado. El costo de la energía solar ha caído en 85% desde el 2000, mientras el de la energía eólica (viento) ha caído en 85% desde finales de los noventa. En ambos casos se está replicando de cerca la Ley de Moore, identificada con la tecnología de la información, doblándose cada dos años la capacidad de la industria de la energía solar y cada dos años y medio la de la eólica. De acuerdo al más renombrado futurólogo de nuestros días, Jeremy Riffkin, ambas industrias avanzan aceleradamente hacia el espacio del cero costo marginal, mientras detrás de ellas vienen las energías de la biomasa, la geotérmica y la de las olas. Estas últimas deberán estar alcanzando su verdadero despegue en una década, proyectando a la energía renovable en una curva exponencial.

El Plan de Energía Limpia lanzado la semana pasada por Obama tiene inmensa significación. El mismo pone el acento en la energía renovable en un país que, hasta este momento, había basado su revolución energética en la industria del esquisto. Pero más allá de la energía renovable el precio de las baterías de litio ha caído en 40% desde 2009, mientras su capacidad de almacenamiento ha aumentado drásticamente. Ello comienza a brindar competitividad a los vehículos eléctricos frente a los de pistón. A la vez, la biotecnología avanza en la sustitución del petróleo para la elaboración de plásticos y fertilizantes. La energía de la biomasa, de su lado, está dejando atrás la fase de fertilizantes intensivos y tierra y agua abundantes, para adentrarse en una segunda generación de biocombustibles mucho más económicos y limpios.

La última de las amenazas planteadas se expresa por vía del proyecto de la "Tercera Revolución Industrial" que desde hace algunos años adelanta la Unión Europea. El mismo se apoya en cuatro pilares. El primero es el desarrollo intensivo de la energía renovable que para 2050 deberá representar 70% de su matriz energética. El segundo sería el de edificios que, en lugar de ser consumidores voraces de energía, se transformasen en plantas autónomas generadoras de energía (vía paneles solares u otras fuentes de energía renovable). El tercero sería el del almacenamiento de la energía obtenida por la vía anterior a través de la tecnología del hidrógeno. El cuarto sería el de una red eléctrica europea bidireccional que funcionase bajo los mismos parámetros de Internet, es decir, que permitiese el intercambio y la interconectividad de la energía generada por infinidad de fuentes autónomas. Esta misma red alimentaría, desde luego, a los vehículos eléctricos.

El reto es inmenso.

Publicado originalmente en El Universal