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sábado, 23 de abril de 2016

América Latina hacia una Era Post – Ideológica


Prof. Carlos Luna

El juicio político a DilmaRousseff, el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, las protestas frecuentes en Ecuador, y la decisión del Presidente Rafael Correa de no presentarse a una nueva reelección; el acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC; el Acuerdo del 17 de diciembre de 2014 entre Cuba y los EEUU para iniciar la “normalización de las relaciones bilaterales” que han hecho posible el encuentro de ambos mandatarios en la Cumbre de las Américas de Panamá (2015) y la apertura de misiones diplomáticas en ambos sitios… La llegada de Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA y su sucesiva potenciación; las elecciones parlamentarias y el resultado de las mismas en Venezuela… Todo esto es sin duda un cambio de época en América Latina, hacia lo que hemos de llamar una “Era Post-Ideológica”.

Nuestro continente viene de una década (1999-2010) marcada por el ascenso de gobiernos de corte izquierdistas / progresistas cuyo factor común ha sido sin duda, hacer énfasis en la visualización y sucesiva atención de las grandes mayorías desposeídas y sumidas en la pobreza, y tratar de desarrollar estrategias y políticas asistencialistas dirigidas a la distribución equitativa de la riqueza para cerrar la brecha entre ricos y pobres, y por ende, generar una sociedad más justa e igualitaria. De igual forma, -y bajo distintas intensidades en la mayoría de los países del Hemisferio- se ha tratado de fomentar un cambio de las relaciones sociales por vía dela transformación de valores en la superestructura para de esta manera alejarse del capitalismo liberal y de las dinámicas imperialistas desarrolladas por EEUU.

Así, frente al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en la Cumbre Social de las Américas, fue lanzada la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP); frente a la Organización de Estados Americanos, y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –considerados como instrumentos de EEUU para la dominación imperialista- fue creada UNASUR y la CELAC, y producto de los altos precios del petróleo en los mercados internacionales, se generó la plataforma de cooperación económica-energética PETROCARIBE. Todo ello para crear, fortalecer y expandir la propuesta del Socialismo del Siglo XXI, que buscaba “generar un mundo pluripolar, pluriétnico con Relaciones Internacionales más equitativas y justas y libres de Imperialismo”.

Hasta acá puede verse que la política internacional del Hemisferio estaba sustentada en una visión ideológica de izquierda, que si bien tuvo logros en la reducción de la pobreza en países como Brasil con los programas sociales o “Bolsas” para los más necesitados, o las “Misiones” en Venezuela;  no es menos cierto que también se desarrollaron tendencias negativas como los controles de precios, control de cambio, inamovilidad laboral y el incremento exponencial en muchos casos de la deuda –tanto interna como externa-; acompañado de procesos políticos de persecución a la disidencia, desequilibrio de los poderes públicos a favor del poder ejecutivo, restricciones a la libertades de expresión, información y pensamiento; expropiaciones, confiscaciones, etc., fenómenos estos que junto a las denuncias crecientes de corrupción, hicieron que el pueblo, pero sobre todo millones de habitantes de clase media, les quitaran su apoyo a estos gobiernos de izquierda a través de los votos.

Podemos tratar de buscar múltiples razones “sistémicas” –desde la perspectiva de la Teoría de las Relaciones Internacionales- a este proceso de “Movimiento de las Estructuras Políticas en América Latina”, que cual placas tectónicas mueven el piso de la Geopolítica Regional; empero, vayámonos a la perspectiva de que es lo que quieren los ciudadanos.

Desde nuestra perspectiva, la “Era Post-Ideológica” en América Latina, es un proceso impulsado desde las clases medias latinoamericanas, aquellas olvidadas por la izquierda al considerarlas también como “Oligarcas”, cuando al contrario, han sido producto de la movilidad social fomentadas por las políticas públicas diseñadas otrora. Ellos, -la clase media, a través de “la Revolución de las Habilidades” en palabras de James Rosenau y Mary Durfee-, hoy exigen, a través de una visión consciente de la realidad continental, Políticas distributivas, que generen bienestar, y haya una distribución más justa del ingreso para romper con dinámicas como la de las “Trampas de la Pobreza”, pero que al mismo tiempo, se trabaje en pos del Progreso Económico y Material, que sólo es posible a través de un aparato productivo pujante, activo en cuanto a la producción nacional para poder competir en el marco cada vez más exigente de la globalización.

Finalmente, pero no menos importante, en la Era Post-Ideológica de América Latina, todo este proceso “Armónico” entre PRODUCCION-DISTRIBUCION, sólo puede ser sustentable en el tiempo en el marco de un Sistema Democrático y de Libertades tanto individuales y colectivas, con un ciudadano activo, corresponsable y activo en la contraloría de un Pacto Social que sea con visión incluyente de Estado, y no un plan para favorecer solo a una parte de la población. Este nuevo Pacto Social es la única vía para garantizar Paz Social, Desarrollo y Bienestar.

Así, en América Latina, estamos quizás, ante la inminente llegada de una “Era Post-Ideológica” signada por “gobiernos pragmáticos”, que hagan menos énfasis en los dogmas derivados de las nomenclaturas de Izquierdas y Derechas –propios de la Guerra Fría que ya quedó atrás-, y trabajen más enfocados en la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, en términos de políticas públicas, para poder afrontar de mejor manera, el juicio de unos ciudadanos electores, cada día más conscientes del Mundo que los rodea, y que juzgan, premian y castigan, no a través de las armas, sino a través de los votos.


@carlosjrlunar

sábado, 19 de marzo de 2016

Un fantasma recorre América Latina


Luis Manuel Esculpi

El comienzo del manifiesto de Marx y Engels señala que un fantasma recorría Europa, el famoso texto fue editado por primera vez en 1848. Durante el resto del siglo XIX y buena parte del siglo XX sus escritos inspiraron la lucha de los revolucionarios , sectores de avanzada y de los trabajadores de ese tiempo. La influencia de sus ideas no se limitó al mundo del trabajo, el espectro se hizo planetario, su doctrina fue adoptada por representantes de las diversas clases sociales y centenares figuras de la academia y la intelectualidad mundial abrazaron la causa del socialismo durante esa época.

Millares de militantes comprometidos ofrendaron sus vidas en la lucha por “tomar el cielo por asalto” y conquistar una sociedad justa donde reinará la igualdad y la libertad.

En nombre de esos ideales y también de la lucha por la honestidad  se alcanzó el poder durante la revolución rusa, la implantación del llamado “socialismo real” en Europa del este posterior a la Segunda Guerra Mundial y algunas otras experiencias en Asia, principalmente la China. Es de destacar que  de la la familia originaria fue la socialdemocracia (tan combatida y despreciada por los dogmáticos) la que más se aproximó en sus gobiernos,   a garantizar igualdad de oportunidades en medio de un respeto pleno a la libertad.

La implantación del stalinismo que en nombre de una falsa igualdad sacrificaron la libertad, implantando un terrorismo de estado, constituyendo en regímenes dictatoriales que no admitían la disidencia. A la larga la falacia quedo develada, el muro de Berlín fue derrumbado , sin que se produjera un disparo (hay quienes actúan como si eso no hubiese ocurrido) y como en un efecto dominó cayeron todos esos regímenes que en apariencia lucían invulnerables.

Apenas sobreviven en este siglo el régimen de Cuba y el de Corea del Norte. Entre tanto en nuestra América asumieron el poder regímenes que asumían con nostalgia la prédica que condujo al fracaso los gobiernos del mal llamado “socialismo real”,  es así como en Venezuela, Bolivia y Nicaragua los gobiernos se identifican un supuesto “socialismo del siglo XXI” ; también con sus diferencias en gradaciones y matices los gobiernos de Brasil, Ecuador y Chile.

Recientemente la opinión pública ha conocido fabulosos escándalos de corrupción de estos gobernantes, la investigación del mandato de los Kichner en Argentina revela la falsedad de toda su prédica y el enriquecimiento de la familia y su entorno. En Brasil reventó lo de Petrobras y su vinculación con Lula -quien si era en verdad un líder obrero-  en Nicaragua la corrupción esta prácticamente institucionalizada. En Bolivia poco antes del referéndum estalló un caso que involucra a ministros y diputados del gobierno de Evo Morales. El líder indígena no hace honor aquella frase de Gramsci : “La verdad siempre es revolucionaria”. Chile es de estos países, según Transparencia Internacional, el  menos corrupto de este continente, listado que lamentablemente nosotros encabezamos. En el país del sur los hechos de corrupción, que por supuesto existen, no alcanzan la dimensión de los antes mencionados.

En nuestro país los casos de PDVSA, CADIVI, Los negociados alrededor de las compras de alimentos y medicinas, los contratos  con las plantas generadoras de electricidad y todo las negociaciones que enriquecieron a los boliburguesee y bolichicos , en complicidad con altos funcionarios públicos, superan con creces las denuncias y protestas que se desarrollan fuera de nuestras fronteras.

Personajes que llegan al poder en nombre de la lucha por la libertad, la igualdad y contra la corrupción se convierten cuando gobiernan en emblemas de lo que alguna vez combatieron o decían combatir. La corrupción es el fantasma que recorre esta parte del mundo, un fantasma sumamente dañino, su profusión impide el progreso y la felicidad de nuestros pueblos. Tal disonancia plantea una honda  reflexión sobre la naturaleza del poder, esa reflexión es imposible abordarla en estas líneas por lo que me limitaré a transcribir un pensamiento de Abraham Lincoln: “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre dadle poder”.


@lmesculpi

martes, 8 de abril de 2014

Una crisis incómoda: Brasil ante las protestas en Venezuela



Dr. Kenneth Ramírez

El estallido de las protestas en Venezuela en febrero pasado, le ha planteado a la Presidenta Dilma Rousseff un asunto muy incómodo, en pleno año electoral y de celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Brasil.
Desde el principio, el entorno de la Presidenta Rousseff, entendió que más allá del detonante que han sido las protestas estudiantiles y el progresivo descontento social ante la crisis económica, la causa real se encontraba en la mala lectura que los sectores radicales de la oposición venezolana habían hecho de los resultados de los procesos electorales de 2013, los cuales redujeron las distancias y dibujaron un país dividido. En este sentido, observaron #LaSalida como una estrategia de acoso y derribo al Presidente Maduro, la cual Brasil no podía convalidar dado sus intereses y afinidades ideológicas con el gobierno venezolano. Por tanto, era preferible guardar silencio y no pisar esta “concha de banana” en un año tan sensible como 2014; al fin y al cabo ellos también estaban terminando de gestionar su propia ola de protestas iniciada en junio de 2013.
Geopolíticamente, el gobierno de Venezuela ha servido en la última década como ariete contra la OEA, el ALCA y la Comunidad Iberoamericana; es decir, proyectos liderados por EEUU y España, potencias a quienes Brasil debe expulsar del espacio suramericano entendido como su “esfera de acumulación y legitimación”: léase esfera de influencia exclusiva. Hasta 2007, el Presidente Lula debió cohabitar con un alto protagonismo del Presidente Chávez, pero a partir de allí, con los hallazgos petroleros en el área pre-sal y el modelo chavista empezando a mostrar sus límites, Caracas empezó a entrar en la órbita de Brasilia. Con la muerte de Chávez y la crisis económica, el declive de la ALBA se aceleró; dejando al MERCOSUR como el proyecto de integración, y la UNASUR y la CELAC como los foros políticos, desde donde Brasil desea organizar la región: la estrategia de los círculos concéntricos. En consecuencia, algunos asesores de la Presidenta Rousseff estiman que un hundimiento de Maduro es un severo revés para el proyecto geopolítico de Brasil, sobre todo porque consideran que la oposición se alinearía con EEUU; olvidando que el “Protocolo de La Guzmania” –que recién cumplió 20 años- abrió las puertas para una nueva relación antes de Chávez.
Además, tenemos el comercio bilateral -6 millardos de dólares- y las inversiones -abanderadas por Odebrecht- que han ascendido considerablemente en la última década, y que son abiertamente favorables a Brasil –aunque con el Presidente Maduro se han acumulado deudas con empresas brasileñas por 2,5 millardos.
En consecuencia, la Presidenta Rousseff esgrimió en un primer momento, el principio de No Intervención y se colocó detrás de MERCOSUR/UNASUR: "No cabe a Brasil discutir lo que Venezuela tiene que hacer (…) Brasil no se manifiesta sobre la situación interna de ningún país". Así, Brasil evitaba pronunciarse sobre la situación en Venezuela y también eludía discutirla en la OEA, la cual consideraba el foro que podía dar respaldo internacional a la #LaSalida -sobre todo cuando Panamá pidió darle voz a María Corina Machado el pasado 21 de marzo. De allí, la frase del Representante brasileño en la OEA, Breno de Souza: “El objetivo de esta reunión no es transformarse en un circo para una platea externa”.
No obstante, el 5 de marzo, a un año de la muerte de Chávez, la Presidenta Rousseff prefirió no viajar a Caracas y enviar en su lugar a su asesor Marco Aurelio García, con lo cual transmitía su preocupación sobre la manera como se estaban encarando las protestas. De hecho, este funcionario le entregó una carta al Presidente Maduro del Ex–Presidente Lula, donde después de recordar a Chávez y saludar ampulosamente su legado, señaló que “en este delicado momento” resulta “necesario un diálogo con todos los demócratas”.
Esto último, obedeció al nuevo análisis que realizó el entorno de la Presidenta Rousseff, donde empezó a subrayarse los tiempos difíciles que atraviesa Maduro: no reúne el apoyo de los militares y tiene a Diosdado Cabello como rival. No tiene carisma y sobrevive gracias al capital político heredado de Chávez. Por tanto, y tomando en cuenta que la relación presidencial carece de la empatía que existía en la era Lula-Chávez, debían descartarse las declaraciones estridentes que serían contraproducentes y generarían presión adicional. En lugar de ello, debían realizarse gestiones diplomáticas discretas, dejando claro que no se tolerarán los excesos represivos y la necesidad de diálogo con la oposición moderada.
En este contexto, la Presidenta Rousseff optó por convocar una Reunión de Cancilleres de la UNASUR al margen de la investidura de la Presidenta Bachelet en Santiago el pasado 12 de abril, y no dar así total respaldo al Presidente Maduro con una cumbre presidencial; al tiempo que dialogó con el Vicepresidente  de EEUU, Joe Biden, para expresarle su preocupación sobre la oposición radical venezolana, quien a su vez le transmitió su petición de mayor firmeza con Caracas. Esto terminó desembocando en la primera visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, que tuvo algunos resultados prometedores.
Sin embargo, la nueva escalada represiva y la no designación del testigo de buena fe, ha colocado en tela de juicio el compromiso del gobierno venezolano para cumplir las recomendaciones de la UNASUR.
De hecho, el error político que ha supuesto el desafuero sumario de María Corina Machado, hizo que el tema Venezuela se haya deslizado de lleno a la campaña electoral brasileña –elemento que agrega mayor presión a la Presidenta Rousseff. Por ello, el Senador Ricardo Ferraço -Presidente de la Comisión de Política Exterior y aliado del candidato presidencial opositor Aécio Neves-, invitó a María Corina Machado a una audiencia para escuchar su postura el pasado 2 de abril e impulsó un acuerdo para enviar una comisión parlamentaria plural a Venezuela. Como antecedente de esto, tenemos la carta firmada por el Ex–Presidente Cardoso junto a otros ex–presidentes latinoamericanos pidiendo diálogo en Venezuela y respeto a la Carta Democrática Interamericana a principios de marzo; y las críticas plasmadas en medios brasileños por el Ex-Canciller Lampreia y el Ex-Embajador Rubens Barbosa, quienes han señalado como “vergonzosa” la “timidez” brasileña en el caso venezolano –que dista mucho de su actuación en otras crisis como la de Bolivia en 2008 y Paraguay en 2012- y una “mancha” a la credibilidad del país.
Brasil está llamado a jugar un rol destacado en el proceso de transición abierto en Venezuela con la muerte de Chávez. En este sentido, su ligero cambio de política desde el silencio solidario con el Presidente Maduro hacia un apoyo cauto, ha sido un paso en la dirección correcta, pero resulta aún insuficiente. Una potencia emergente debe ejercer liderazgo con responsabilidad cuando surgen crisis en el vecindario. Esperemos que Brasil, en el marco de la segunda visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, empiece a mostrar ese liderazgo necesario.
@kenopina

viernes, 28 de febrero de 2014

La parálisis regional ante las protestas en Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez 


Vivimos en un Hemisferio Occidental pos-hegemónico. La distribución de capacidades ha cambiado con el ascenso de Brasil, la década dorada de crecimiento económico latinoamericano y la crisis económica apenas superada en EEUU. Además, Washington no tiene la voluntad de ejercer su primacía en el Hemisferio –que a pesar de todo aún conserva- para imponer una agenda en torno a la promoción de la democracia liberal y el libre comercio como hizo en los años noventa, al llevar una década concentrado en Medio Oriente y ahora empezar a mirar al Pacífico debido al ascenso de China. Tampoco EEUU ha mostrado habilidad diplomática para liderar la construcción de un nuevo consenso con otras potencias regionales; mientras potencias extra-continentales desde China y Rusia, hasta la Unión Europea, han estado más activas en la región.
El resultado es una difusión del poder, la parálisis de las instituciones hemisféricas, la creación de nuevas instituciones latinoamericanas marcadas por el presidencialismo y la excesiva flexibilidad, y una América Latina más plural y autónoma. Reconociendo esta realidad, el Secretario de Estado John Kerry, en un discurso en la OEA en noviembre de 2013, volvió a decretar la muerte de la Doctrina Monroe y defendió “una relación de iguales” con América Latina.
El reverso de la moneda es una América Latina donde Brasil, México y Venezuela, han reordenado la cartografía regional. Así, tenemos cuatro bloques de integración principales, que se comportan como alianzas estratégicas. El MERCOSUR necesita un relanzamiento pero tiene a Brasil como líder; además, debido a la crisis instalada en Venezuela y la muerte de Hugo Chávez, tiende a atraer a la ALBA: el “MERCOSUR x 9” resultante de la “expansión selectiva” defendida en Brasilia hacia países suramericanos que no hayan adoptado estrategias liberales de inserción en la economía internacional (léase Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam, después de la adhesión de Venezuela). La Alianza del Pacífico ha servido a México para tener mayor presencia en América Latina, a Colombia, Perú y Chile para subrayar su modelo liberal en el contexto suramericano, y a todos en conjunto para defender sus vínculos comerciales con EEUU e intentar volcarse al Pacífico junto a Washington. CARICOM, el bloque más débil en capacidad pero diplomáticamente influyente con sus 15 miembros, se ha beneficiado con una vinculación pragmática, flexible y diferenciada con los demás proyectos; aceptando la cooperación petrolera de Venezuela vía PETROCARIBE, sin que esto implique deteriorar sus relaciones con EEUU en el marco del TIFA, o no escuchar ofertas de cooperación de México y Brasil.
En este contexto regional, se desencadena la ola de protestas que vive Venezuela desde hace quince días, la cual ha dejado un saldo lamentable de 17 muertos, más de 150 heridos y más de 600 detenciones. Unas protestas que más allá de ser detonadas por las movilizaciones estudiantiles y el progresivo descontento social con la crisis económica, se han visto politizadas debido a la fuerte polarización de un país dividido electoralmente en dos bloques equivalentes.
Así tenemos, dos lecturas políticas de las protestas. El gobierno venezolano entiende que se encuentra ante un “golpe de Estado suave” orquestado por grupos radicales que buscan instrumentalizar el descontento de la clase media y cuentan con el apoyo de EEUU, enfatizando por tanto, el respeto a las instituciones democráticas. Por su parte, la alternativa democrática denuncia los excesos represivos de los cuerpos de seguridad y los colectivos armados que han dejado varias víctimas, al tiempo que subraya el derecho a la protesta pacífica y el respeto a los derechos humanos. En definitiva, una situación muy peligrosa en un país fracturado.
Por todo esto, no resulta extraño que los países de la región hayan reaccionado reflejando la pluralidad existente en el Hemisferio. EEUU y los países de la Alianza del Pacífico han pedido el cese de la violencia, el respeto al derecho a manifestar pacíficamente de los estudiantes, y han subrayado la necesidad de respetar las libertades y la institucionalidad democrática, así como la necesidad de un diálogo genuino. Los países ALBA han condenado el “golpe de Estado suave” y el “intervencionismo de EEUU”. Los países del MERCOSUR, presidido en estos momentos por Venezuela y siguiendo sus intereses nacionales, han respaldado al gobierno venezolano desde la militancia de Argentina, el silencio solidario de Brasil hasta la prudencia de Uruguay, sin dejar de llamar al diálogo. Por último, CARICOM ha manifestado su preocupación y también ha llamado al diálogo.
Esta pluralidad de intereses y visiones ha llevado a una parálisis de los foros políticos regionales (OEA, CELAC y UNASUR), justo en momentos donde Venezuela requiere de un apoyo activo para para que los actores políticos hagan las cesiones necesarias para una reorientación de la situación actual desde el conflicto al diálogo y la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática.
La OEA, más allá de los pronunciamientos a favor  del diálogo del Secretario General Insulza, se ha visto impotente. Eminentes personalidades han pedido activar la Carta Democrática Interamericana, pero obvian la actual configuración de poder que ha convertido este tratado en letra muerta y ha sumergido a esta organización hemisférica en la parálisis. De allí, la altivez y el sarcasmo del Embajador Roy Chaderton en la discusión celebrada en el Consejo Permanente de la OEA el pasado 19 de febrero, la cual no llegó a nada debido a la reticencia de Brasil a abrir un debate y a la utilización de Venezuela de la ALBA y PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Tampoco se espera que fructifique el reciente llamado del Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, a una Reunión Extraordinaria de Cancilleres de la OEA para discutir la situación en Venezuela.
De la CELAC sólo se ha visto inmadurez e incapacidad para buscar una solución; bien porque Costa Rica como Presidente pro-témpore se encuentra en pleno relevo presidencial –a la espera de su segunda vuelta de las elecciones en abril- y teme una agudización de sus problemas bilaterales con Nicaragua, bien por la poca voluntad de actuar de los restantes miembros de la Troika –Cuba, Ecuador y San Vicente y Las Granadinas, los cuales también son miembros de la ALBA-, o porque los restantes miembros no han pedido una discusión seria en este foro regional para evitar un deterioro de sus relaciones bilaterales con Venezuela.
UNASUR, por último, parece preparada para convocar una Cumbre Extraordinaria para discutir la situación de Venezuela a petición del Presidente Maduro –que ya mostró su disposición al respecto y envió el pasado 26 de febrero al Canciller Jaua de gira por las capitales suramericanas, en buena medida como respuesta a la petición panameña de activar la OEA-, o cuando lo estime conveniente Brasil como líder del MERCOSUR. Sin embargo, tomando en cuenta las discusiones parcializadas de este foro político en los casos de las crisis políticas de Bolivia en 2008, Ecuador en 2010, Paraguay en 2012 y Venezuela en 2013, es visto con natural reserva por la alternativa democrática. Aunque allí también participan Colombia, Perú y Chile, tampoco se espera que estos países de la Alianza del Pacífico impulsen la búsqueda de una solución equilibrada en UNASUR, debido a los intereses de Colombia en mantener una relación constructiva con el gobierno venezolano -por su participación como país acompañante del proceso de paz y el comercio bilateral-, así como el relevo presidencial en Chile –la Presidenta Bachelet asume el 11 de  marzo y tiene en su coalición al Partido Comunista.
En definitiva, vivimos en un Hemisferio pos-hegemónico y plural, lo cual explica la diversidad de intereses en juego y la parálisis de la diplomacia regional ante la peligrosa situación que hoy encara Venezuela. Los venezolanos sólo contamos con nosotros mismos: dura lección de la realidad que conviene no olvidar.
@kenopina

viernes, 25 de octubre de 2013

6 meses de política exterior de Maduro


Dr. Kenneth Ramírez
 
Han pasado poco más de 6 meses desde que Nicolás Maduro juró el cargo como Presidente de Venezuela. Maduro ha empleado 33 de sus 190 días en el Palacio de Miraflores, para realizar 15 viajes al exterior por 19 países diferentes –visitando Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay en más  de  una  oportunidad-, ha participado en cumbres de la ALBA, MERCOSUR, UNASUR, PETROCARIBE, CARICOM y el FPEG, y ha recibido altos representantes de diferentes países.
 
Para efectos de análisis, podemos dividir su política exterior en dos etapas. La primera que se extiende desde su rauda asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril –horas antes de su juramentación- para discutir la situación política venezolana marcada por la tensión posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio; caracterizada por un gran activismo internacional de Maduro para lograr reconocimiento y legitimidad. Mientras la segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio hasta el presente, caracterizada por un menor activismo, la reivindicación del legado internacional de Chávez y la crisis económica doméstica.

Debido a su ajustada y controvertida victoria en las elecciones del 14-A y la impugnación de la misma por la MUD a nivel interno y externo, Maduro no gozó de la luna de miel que acompaña a los mandatarios en sus primeros días. Después de la Cumbre Extraordinaria de Lima, UNASUR saludó a Nicolás Maduro como Presidente, hizo un llamado a que todo reclamo se realizase dentro del ordenamiento jurídico y tomó nota positiva de la decisión del CNE de implementar “una metodología” –sin ahondar en detalles- para auditar el total de las mesas electorales. Acto seguido los líderes de Argentina, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Cuba, Honduras, República Dominicana, Nicaragua e Irán asistieron a la toma de posesión de Maduro. Esta fue, sin duda, una primera victoria diplomática.

A pesar de esto, en sus primeros días, Maduro acumuló varios desencuentros internacionales debido a la crisis electoral. Al canciller español, José García-Margallo, lo mandó a “sacar sus narices de Venezuela” cuando manifestó su disposición a ayudar. Al Ex-Canciller peruano, Rafael Roncagliolo, le dijo haber “cometido el error de su vida” al presentar un pedido a la UNASUR para evaluar una segunda declaración que solicitara “tolerancia y diálogo”. Tildó al Presidente Obama de ser “el jefe mayor de los diablos” y acusó al Ex-Presidente Uribe de encabezar un “complot” para derrocarlo, lo cual hizo extensivo al Presidente Santos cuando sostuvo una reunión privada con Henrique Capriles. Además, acusó al Secretario de la OEA de “cínico e injerencista”, por solicitar diálogo.

Maduro utilizó PETROCARIBE, ALBA y MERCOSUR para desactivar los intentos de la MUD de formar un bloque de parlamentos y gobiernos a nivel hemisférico para presionar a favor de la realización de una auditoría integral de todo el material electoral desde UNASUR y la OEA, así como toda posible activación de la Carta Interamericana Democrática.

Además, desplegó iniciativas diplomáticas de apertura –hoy vistas como meras tácticas tendientes a afianzar su reconocimiento-, como la Reunión Jaua-Kerry al margen de la Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala el 5 de junio y la gira europea realizada del 16 al 20 de junio por Italia, El Vaticano, Francia y Portugal, que incluyó la simbólica audiencia con el nuevo Papa Francisco. Esas dos reuniones, fueron nuevas victorias diplomáticas, ya que le dieron mayor legitimidad y cerraron la puerta a las denuncias que realizaba la MUD. Maduro coronó esta etapa con una gira por Rusia y Belarús, y su asunción de la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR en la Cumbre de Montevideo -a pesar de las objeciones del nuevo Presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

Una vez superada la crisis electoral y con amplio reconocimiento, Maduro ha disminuido la frecuencia de sus viajes al exterior y ha retomado el discurso anti-imperialista. Esto pudo observarse con la visita a Cuba en el 60° Aniversario del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio, la definitiva salida de la Convención Americana sobre DDHH, y las protestas de la ALBA por el espionaje denunciado por Snowden y la irrespetuosa retención del avión del Presidente Morales en Europa. No obstante, estos últimos eventos mostraron también que su liderazgo en una ALBA en declive, se encuentra disputado por Rafael Correa. Asimismo, en esta segunda etapa, Maduro ha buscado apoyos para paliar la crisis económica -al tiempo que intenta desviar la atención de la misma-, mediante la profundización de las relaciones con los socios considerados estratégicos, la reconciliación con el Presidente Santos y por nuevas puestas en escena frente a EEUU.

Cuando lucía inminente un ataque de EEUU a Siria a principios de septiembre, el Presidente Maduro le envió una carta –tan poco diplomática como intrascendente- al Presidente Obama para intentar liderar la opinión pública mundial contra EEUU, tratando de emular a Chávez en la antesala de Irak. No obstante, el Acuerdo de Ginebra entre EEUU y Rusia para destruir el programa químico sirio, le tomó con el pie cambiado y prefirió por ello no acudir a la Asamblea General de la ONU.

La crisis económica le obligó a viajar a China en septiembre para pedir un nuevo préstamo y ofrecer nuevos bloques de la Faja, así como solicitar nuevos préstamos a empresas petroleras a través de PDVSA. Asimismo, le llevó a cerrar el canal de diálogo con EEUU a finales de septiembre, mediante la expulsión de su Encargada de Negocios, Kelly Keiderling, para tratar de desviar la atención de los problemas económicos. En octubre, la agudización de la crisis y la cercanía de las elecciones municipales, han generado sendas ausencias de Maduro en una cita con Morales y Correa en Bolivia y en la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, y el ofrecimiento de ayuda de Brasil a través de Marco Aurelio García.

En definitiva, hemos visto a un Maduro que ha optado por retomar la política exterior de Chávez -incluyendo su falta de contundencia respecto al Esequibo. Sin embargo, la ausencia del líder carismático, las capacidades económicas y petroleras mermadas, y el cambio de la coyuntura internacional –marcada por el repliegue de EEUU y la transición a la multipolaridad- introducen varias incógnitas sobre la viabilidad del proyecto internacional del chavismo a largo plazo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El peligroso “romance” de América Latina con China


Kevin Utrera
En una continuación de la lucha por un crecimiento sostenido y una ampliación de su esfera de influencia, China ha estado durante los últimos años llevando su “siembra” a tierras donde espera conseguir una cosecha verdaderamente provechosa: América Latina.
La  consolidación en la última década de gobiernos de tendencias ideológicas afines en la región, ha llevado progresivamente a un acercamiento entre los países latinoamericanos y China, lo cual le ha permitido al gigante asiático incrementar cada vez más una marcada influencia en lo que, en palabras del propio Secretario de Estado, John Kerry, sigue siendo considerado “el patio trasero de EEUU”. Esta influencia es reflejada en la expansión sostenida no sólo en las inversiones chinas en la región, sino también en las cifras en términos de importaciones de la región desde China (considerablemente mayores a las exportaciones), y en el gran número de préstamos que le ha otorgado la potencia asiática a países como Venezuela y Argentina.
Ahora cabe preguntarse, ¿hasta dónde llega la influencia China en América Latina? Esta es la pregunta que muchos se hacen hoy en día, al ver que cada vez es más evidente. Si bien es cierto que hay un nivel de afinidad política entre los países de la ALBA específicamente con China, el nivel de influencia en el ámbito político en la región no ha pasado de ser una mera cooperación pragmática en asuntos de interés compartido, la cual aún no ha desplazado la influencia estadounidense en la región contrario a lo que puedan señalar algunos actores políticos.
Ahora, en términos económicos, la historia es otra totalmente distinta. En la última década, las inversiones chinas en la región han crecido de forma tan acelerada que ya, en países como Brasil y Chile, la nación asiática ha desplazado a los EEUU como principal socio comercial. Casos como el argentino son también importantes de destacar, cuando en 2011 a través del China Development Bank, Beijing le otorgó un préstamo a Argentina de 10 millardos de dólares para ayudar a subsanar la precaria situación económica, cuando otros prestamistas le habían dado la espalda por el gran nivel de endeudamiento de dicho país.
Cuando revisamos las cifras de la CEPAL en términos de inversiones, encontramos que China ha escalado posiciones en los últimos 10 años, de forma que para 2012, pasó a ser el segundo socio de la región, desplazando a la UE, y para 2013 se estiman ya inversiones presentes en más de 65 millardos de dólares.
Lo interesante cuando vemos el nivel de endeudamiento de países como Venezuela ante China, así como también los rubros en los cuales se han incrementado las relaciones comerciales, es que nos encontramos con un refuerzo en la primarización de las economías latinoamericanas, al enfocarse las exportaciones latinoamericanas hacia China en los sectores energético y alimenticio, mientras que las exportaciones chinas hacia América Latina, se enfocan en manufacturas, construcción e importantes préstamos.
Aquí es donde radica el riesgo de la relación América Latina-China, y de la cual surge la interrogante: ¿está siendo América Latina cada vez más dependiente de China? ¿Está China convirtiendo a la región en su periferia, su “patio trasero”?
Al revisar opiniones desde el punto de vista chino, como la del Profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Sun Hongbo, encontramos que la perspectiva que ellos plantean hacia la región es de “complementariedad y competencia”. Sin embargo, la débil posición de la industria latinoamericana en rubros manufacturados en comparación al gigante asiático, hace prácticamente imposible -al menos bajo las actuales condiciones- una competencia importante. Esta relación, parece más bien responder a una búsqueda de un progresivo desplazamiento parcial de socios comerciales y una ampliación de posibilidades como respuesta al debilitamiento económico que han sufrido los principales socios comerciales de China (EEUU, Japón y la UE) tras las crisis económica de 2008.
Parece ser que la afinidad ideológica, y el relanzamiento de un discurso “anti-imperialista” en la región contra EEUU, aunado a un alto nivel de endeudamiento en países como Argentina, que llevaron a un distanciamiento de otras posibilidades de préstamos, han actuado como factores claves en el acercamiento entre América Latina y China. No obstante, al analizar los distintos factores que subyacen detrás de las superficiales opiniones mediáticas, ésta parece ser una peligrosa relación de creciente dependencia que se espera incluso se profundice en el próximo lustro.

miércoles, 31 de julio de 2013

El declive de la ALBA


 
Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.
En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.
En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.
Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el Presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.
Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el Presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.
Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del Presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los Presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el Ex–Presidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.
Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el Presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.
En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Publicado originalmente en RunRun.es

lunes, 3 de junio de 2013

¿Colombia hacia la OTAN? Santos sigue los pasos de Menem


Alejandro Gamez

En un discurso pronunciado en la ceremonia de ascenso de cadetes del Ejército colombiano el Presidente Juan Manuel Santos declaró su intención de ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el primer escalón para lograr este objetivo sería suscribir un acuerdo de cooperación; en palabras del Presidente Santos:  “Este mes de junio, la OTAN va a suscribir un acuerdo con el gobierno colombiano, con el Ministerio de Defensa, para iniciar todo un proceso de acercamiento, de cooperación, con miras también a ingresar a esa organización”.

Colombia en estos momentos se encuentra negociando en La Habana un proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), proceso que ya tiene un primer acuerdo en materia agrícola -acuerdo importante para un país de corte agropecuario-. De llegar a concretarse una salida negociada al conflicto que vive el Estado andino no tendría razón de tener un presupuesto más alto para el sector defensa que para 2013 asciende a 25,56 billones de pesos, cifra superior en tres billones con respecto a 2012 (cifras del Ministerio de Hacienda). Ahora bien, ¿porque el deseo colombiano de ingresar a un organismo que no está en su esfera geográfica? ¿Qué implicaciones tiene para Venezuela que su vecino occidental busque ingresar a la OTAN?

En primer lugar, debemos decir que la acción colombiana recuerda los pasos seguidos por el Ex-Presidente argentino Carlos Menem, quien en diciembre de 1996 le propuso al entonces Presidente Clinton establecer una alianza militar entre ambos países en el marco de la OTAN. La respuesta se demoró casi un año, pero cuando Clinton visitó a la Argentina, en octubre de 1997, anunció el envío de la solicitud del reconocimiento del status de la Argentina como “Gran Aliado Extra-OTAN” (Major Non-NATO Ally) al Congreso estadounidense. Un mes más tarde, la misma fue aprobada. Esto era una suerte de premio de consuelo a la política de alineamiento seguida por Buenos Aires durante los mandatos menemistas, ya que la categoría había sido creada por el Congreso para aglutinar a otros importantes aliados como Israel, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, Menem pensaba que esto era un primer paso para su integración en la alianza y envió a su Canciller Di Tella en julio de 1999 al Consejo Atlántico –órgano decisorio de la OTAN- a solicitar un status de “miembro asociado” para Argentina. El 26 de julio de 1999 el entonces Secretario General de la OTAN, Javier Solana, fundamentó la negativa a la solicitud argentina fundamentándola en las exigencias geográficas de la OTAN que prohíbe aceptar como miembros plenos a países ubicados “fuera del Hemisferio Norte”. Bajo este paraguas fueron desplegadas tropas argentinas en Bosnia y Kosovo. Hoy por hoy, tras una década de kirchnerismo, aunque sigue en pie formalmente este status, Argentina se ha distanciado considerablemente de EEUU y ha pasado a denunciar una supuesta base de la OTAN en las islas Malvinas.

A pocas horas del discurso emitido por el Presidente Santos, voceros de la OTAN han aclarado que efectivamente se encuentran interesados en una mayor cooperación con Bogotá, pero que el país no cumple con los requisitos para incorporarse en la alianza atlántica.

En consecuencia, la tentativa de Colombia sólo implica un acuerdo de cooperación con la OTAN - no así su ingreso a la alianza- y su eventual transformación en un “Gran Aliado Extra-OTAN” de EEUU –en lo cual ya se ha convertido de facto tras el Plan Colombia. Todo esto se traduciría concretamente en una promesa de mayor modernización de sus fuerzas armadas -lo cual presiona a los grupos insurgentes hacia la búsqueda de la finalización del conflicto armado-, y en una mayor garantía contra posibles ataques de terceros Estados, ya que tendría un eventual apoyo de EEUU y sus aliados. A cambio, las bases militares estadounidenses en suelo colombiano gozarían de un nuevo paraguas estratégico y podríamos ver tropas colombianas participando en labores de apoyo en misiones internacionales de la OTAN en el futuro –de alcanzarse un acuerdo de paz.

Además, debido a la posición geopolítica de Colombia con costas en el Océano Pacífico y El Caribe, con el acuerdo de cooperación Colombia-OTAN se estaría vigilando de “lejos” a China. En este sentido, este acuerdo formaría parte de un esquema de seguridad complementario del “pivote al Pacífico” de EEUU –en cuyo marco se están relanzando las alianzas militares con países asiáticos.

Otra razón de la iniciativa colombiana es que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) es obsoleto y no representa ninguna garantía para la defensa ante posibles agresiones. Por ello, Bogotá busca esas garantías en otras organizaciones. Además, de ser alcanzada la paz quedarán muchos efectivos y tropas inactivos en sus cuarteles lo que podría constituir una amenaza a la democracia colombiana si las fuerzas armadas decidieran presionar al poder civil por cuotas de poder. Con el acuerdo con la OTAN los políticos colombianos pueden mantener estas tropas ocupadas encomendándole misiones en el exterior en colaboración con la alianza atlántica -como mencionamos anteriormente.

Con respecto a las implicaciones para Venezuela de este acuerdo Colombia-OTAN, recordemos que Caracas mantiene un diferendo con Bogotá con respecto a la delimitación en el Golfo de Venezuela y que ambos gobiernos han mantenido relaciones bilaterales difíciles en la última década –como muestra el último capítulo de tensión abierto tras la visita de Henrique Capriles Radonsky a Bogotá.

El Presidente Maduro, en conjunto con otros Presidentes de la ALBA, ya ha rechazado la iniciativa colombiana y la ha calificado de “agresión a la unidad latinoamericana”.

Más allá de la retórica, nuestro país debe seguir modernizando las FANB, así como mejorar aspectos críticos en materia de profesionalización y operacionalidad, evitando así un desequilibrio militar frente a Colombia. Además, parece plausible que Venezuela impulse la convocatoria de una reunión extraordinaria del Consejo de Defensa Suramericano de la UNASUR, para analizar junto a Colombia los propósitos, los alcances y los detalles de su acuerdo de cooperación con la OTAN. Resultará interesante escuchar la posición brasileña al respecto. Recordemos que Brasil –gobernado por Fernando Henrique Cardoso- rechazó en su tiempo la estrategia de Menem de llevar a Argentina a la OTAN, y el Ex-Presidente Lula da Silva criticó el deseo del Ex-Presidente Uribe de ampliar el número de bases militares estadounidenses en Colombia.

Claramente el posible acuerdo de Colombia con la OTAN constituye un reto que debemos afrontar con una clara política de Estado, que debe combinar el fortalecimiento de nuestras fuerzas armadas, y el diálogo bilateral y regional con nuestro vecino occidental.

viernes, 26 de abril de 2013

El peculiar “compromiso con la democracia” de UNASUR


Richard Díaz
El pasado 18 de abril se celebró en Lima (Perú), la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de UNASUR y su Secretario General, Alí Rodríguez Araque, convocada por su Presidente pro-témpore, Ollanta Humala, con el propósito de abordar la crisis política en Venezuela abierta tras las elecciones presidenciales del 14 de abril, en las cuales el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró como ganador al candidato oficialista y Presidente Encargado Nicolás Maduro Moros con el 50,75% de los votos, frente al 48,97% del abanderado de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) Henrique Capriles Radonski, quien desconoció estos resultados, denunció el ventajismo oficial y pidió una auditoría ciudadana al CNE. A pocos días de haberse celebrado dicha Cumbre de UNASUR, es notorio observar que dejó más interrogantes que aportes a la solución de la crisis política venezolana.
 
Quedan muchas dudas por despejarse con el desenlace de la reclamación de la MUD y de su candidato Henrique Capriles Radonski ante el CNE, y de ser necesario, la posible impugnación de la elección ante el Tribunal Supremo de Justicia y otras instancias internacionales. Todo esto en virtud de una realidad innegable: al menos más de siete millones de venezolanos cuestionan actualmente la elección y legitimidad de Nicolás Maduro como Presidente, hasta tanto se demuestre que hubo la debida transparencia en el proceso electoral, mediante una auditoría ciudadana a fondo, y con el fin de que esclarecer la verdadera voluntad mayoritaria de los 15 millones de venezolanos que ejercieron su voto.
 
Si bien el inicio de la Cumbre de UNASUR a sólo cuatro días del evento comicial, estuvo marcado por la tensión que produjeron horas antes las denuncias de fraude y ventajismo de Estado por parte del candidato Henrique Capriles Radonski luego del boletín del CNE, es preocupante ver cómo se dio tan rápido la aprobación de la “Declaración de Lima” que respaldó a Nicolás Maduro como Presidente Electo, la misma noche antes del acto de juramentación. Y que vino además del respectivo acompañamiento y legitimación que le brindaron sus colegas mandatarios al asistir al citado acto en la Asamblea Nacional, ignorando así los reclamos de la otra mitad que se manifestaba con cacerolazos en todas partes. Lo que demuestra una vez más que la teoría realista sigue siendo válida para el estudio de las Relaciones Internacionales: Los Estados actúan de acuerdo a intereses en términos de poder y no en base a principios.
 
Esta clásica premisa del realismo político, tan debatida por pesimista en el ámbito académico, ayuda a comprender las siguientes interrogantes: ¿por qué UNASUR actuó de forma tan apresurada en reconocer y legitimar a Maduro,? ¿Por qué no medió ni ha mediado a estas alturas en el conflicto político abierto en Venezuela? ¿Cuál o cuáles son los intereses que han prevalecido? ¿Por qué le ha restado importancia a la crisis venezolana?
 
Para nadie es un secreto a estas alturas que en el seno de UNASUR, al igual que en MERCOSUR, ALBA y CELAC, existen intereses políticos y económicos directos con el petróleo venezolano, principal promotor de esta nueva integración regional basada en una afinidad política e ideológica, pero que busca con la compra de lealtades entre gobiernos, y por encima de prioridades de orden social a lo interno del país, una mayor participación como bloque en el orden internacional. En la construcción de lo que la Cancillería venezolana denomina un Mundo multipolar, pluripolar y multicéntrico.
 
Como sabemos, la actual crisis política venezolana es producto de la penosa confrontación de larga data entre dos mitades claramente opuestas. Si ese reclamo legítimo de Henrique Capriles Radonski llegase a prosperar en el mediano plazo, sin duda quedaría en entredicho la legitimidad, la credibilidad y el futuro UNASUR por el escaso compromiso asumido con la democracia regional en los momentos más decisivos. Esto puede señalarse, porque de forma irresponsable y siendo la única organización internacional que tuvo acceso al proceso electoral a través de la Misión de Acompañamiento Electoral encabezada por Carlos “Chacho” Álvarez, no valoró el alcance del reclamo realizado por la MUD en la “Declaración de Lima”, y en cambio discriminó de oficio al momento de reconocer y legitimar a Maduro sin mayores preocupaciones. Prueba de ello, es el punto 3 de la citada Declaración en respuesta al pronunciamiento vago del CNE comprometiéndose a realizar la auditoría ciudadana: UNASUR “toma nota positiva de la decisión del Consejo Nacional Electoral de implementar una metodología que permita la auditoría total de las mesas electorales”. Esta postura que no ofrece alternativa alguna ni garantiza la paz ni el respeto a la voluntad soberana, deja sin acompañamiento institucional a las partes en conflicto. Si la crisis se origina por las pruebas de irregularidades y la cuestionada imparcialidad del CNE, no se entiende cómo UNASUR “tomando nota positiva” delegue su confianza y garantía en el agente cuestionado: todo un absurdo.
 
Lo correcto era volver a enviar la Misión de Acompañamiento Electoral de UNASUR a Venezuela, para supervisar todo lo necesario para que se diera cumplimiento a las exigencias de la MUD al proceso de auditoría ciudadana, y develar lo que en verdad ocurrió, con el fin de lograr una solución pacífica, democrática y ajustada a derecho, situación trascendental para el futuro de los venezolanos, y en un segundo plano, para la verdadera integración en América del Sur.
 
El artículo 2 del Tratado Constitutivo es muy claro en los objetivos para alcanzar la integración regional, ya que establece “construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político”. Obviamente, ese diálogo político en la crisis venezolana no se dio. No puede haber diálogo político para la paz y la estabilidad regional mientras las discusiones en UNASUR se den a puerta cerrada entre Jefes de Estado y sin la presencia de otros actores perjudicados, maxime cuando también representan a los pueblos suramericanos. Incluso y sabiendo esto, el candidato Henrique Capriles Radonski manejó la posibilidad de presentarse voluntariamente en la Cumbre de UNASUR para llevar su reclamo, pero es comprensible que no acudiera si ese “exclusivismo presidencialista” no le garantizaba su participación. Por eso cabe la pregunta: ¿dónde estuvo la prioridad al diálogo político?
 
Aunque es debatible al momento de una toma de decisión -según sea el caso- determinar hasta qué punto los intereses particulares de los grupos de poder como líderes políticos, empresarios o funcionarios burocráticos, privan o no sobre los principios generales de una nación, de una organización internacional o en este caso de un bloque regional; lo que no se discute son las consecuencias que la decisión acarrea en el tiempo. Es lamentable que los intereses económicos y políticos de UNASUR sean tan determinantes y están por encima de sus mismos principios de “soberanía, autodeterminación de los pueblos, solidaridad, cooperación, paz, democracia, participación ciudadana y pluralismo” que pregonan el Tratado Constitutivo y el Protocolo de Georgetown sobre Compromiso con la Democracia. Esta defensa notoria y confesa de UNASUR al Poder Ejecutivo venezolano, al gobernante de turno y de espaldas a la voluntad expresa de los ciudadanos, hace que añoremos aquellas brillantes actuaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) en defensa de la democracia, frente a la caída de los regímenes militares del cono sur en los años 80, o más reciente el rol que desempeñó la misión electoral en el 2000, frente a la controversia por la también dudosa tercera reelección de Alberto Fujimori en Perú, entre otras tantas actuaciones en defensa de la Democracia.
 
En resumen, los gobiernos se deben a sus electores quienes ejercen su soberanía mediante el voto. Si la región sudamericana se plantea con UNASUR “construir una identidad y ciudadanía suramericanas”, la organización no puede ser un “club de presidentes” y estar de espaldas a sus pueblos, quienes han exigido y segurián exigiendo pacíficamente que se haga justicia y se respete su voluntad. Y si no, podemos recordar el caso de Paraguay el pasado año donde el pueblo guaraní fue víctima de la injusta exclusión del organismo por destituir al entonces Presidente Lugo apegado a sus normas constitucionales. El caso de Venezuela le brinda una nueva oportunidad a UNASUR para redimirse y comprometerse realmente con sus principios y propósitos. Es momento de reflexionar: o todos somos demócratas, o ninguno lo somos. No existen espacios para medias verdades en un Mundo tan globalizado como el actual, incapaz de desconocer a los actores no estatales que emergen con protestas a cualquier hora y escenario.
 
Como venezolano creyente en la democracia, sólo me toca preguntarle a UNASUR: ¿Por qué no te comprometes realmente con la democracia?