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jueves, 12 de junio de 2014

El trilema energético de China


Dr. Kenneth Ramírez

La Comunidad Internacional sigue en detalle todas las acciones de Beijing para intentar resolver su “trilema energético”: garantizar la seguridad de suministros a precios competitivos, proporcionando a su vez el acceso universal a la energía y mitigando el impacto ambiental. Todo esto, en concordancia con el “sueño chino” del Presidente Xi Jinping: lograr el progreso de una nación moderna -léase, lograr la paridad con EEUU- en el Centenario de la Revolución China en 2049.

Durante los últimas tres décadas la economía china ha crecido a un ritmo medio de 9,9%, y desde 2010 sobrepasó el PIB de Japón para convertirse en la segunda economía mundial -a la zaga de EEUU. No obstante, el PIB per cápita chino de 9.300 dólares (puesto 122 a nivel mundial), todavía se encuentra muy alejado de los 50.700 dólares de EEUU (puesto 14), y aún se encuentra por debajo de la media mundial de 12.700 dólares, lo que asoma la inequidad social existente en el país. Además, este asombroso crecimiento económico, ha disparado el consumo de recursos energéticos -fundamentalmente fósiles- y la tasa de contaminación.

En materia energética, el cambio ha sido vertiginoso. A finales de los años noventa, China sólo consumía la mitad de energía que EEUU. A finales de la década de 2000, sobrepasó a EEUU como principal consumidor de energía; y se espera que a finales de 2014, lo desplace como principal importador petrolero.

China consume 115.500 billones de BTU -21,3% del total mundial-, aproximadamente igual al consumo de América del Norte, y muy por encima del consumo europeo y las otras potencias asiáticas. Sin embargo, dos problemas saltan a la vista. En primer lugar, la principal fuente de energía es el carbón, con 79.200 billones de BTU, aproximadamente la mitad del consumo mundial, lo cual ha aumentado dramáticamente sus emisiones de dióxido de carbono. Incluso desplazó a EEUU como principal emisor en 2009, y representa ahora 29% del total mundial, frente a 16% de EEUU. En segundo lugar, el consumo energético per cápita de China es hoy por hoy apenas similar al de EEUU en 1955, lo que plantea grandes desafíos geopolíticos y ecológicos debido a la anhelada paridad.

Debido a su base de recursos limitada, China no tiene más remedio que mirar más allá de sus fronteras para satisfacer sus necesidades petroleras. Según la OPEP, consumió 10,1 MMBD en 2013 -una novena parte del total mundial-, y sólo produjo 4,24 MMBD. Es decir, debe importar casi 60% del petróleo que consume -los pronósticos muestran que será 75% en 2040-, desde lugares que presentan riesgos geopolíticos y a través de rutas que escapan de su control.

De hecho, el Ex-Presidente Hu Jintao formuló el llamado “dilema de Malaca”: la dependencia china de importaciones de energía a través de estrangulamientos marítimos como los estrechos de Ormuz y Malaca controlados por otras potencias, principalmente EEUU. La conclusión es que China se encuentra en una posición geopolítica vulnerable similar al Japón Imperial en el período entreguerras.

Esto explica los esfuerzos de China para desarrollar su capacidad naval, a pesar de que le tomará al menos dos décadas tener una proyección suficiente. Por otra parte, muchos analistas creen que Beijing ha realizado inversiones en puertos marítimos a lo largo del Océano Índico siguiendo la llamada “estrategia de collar de perlas”, que está orientada a aumentar la proyección de la Armada china para proteger los buques petroleros que transportan suministros a China, principalmente desde Arabia Saudita, Angola, Irán, Omán, Irak, Sudán, Venezuela y Kuwait. Además, China está impulsando la construcción de un corredor de gasoductos y oleoductos que atraviesan Myanmar como alternativa a Malaca.

Asimismo, el interés de China en reclamar soberanía sobre la mayor parte del Mar del Este y el Mar del Sur -que ya ha provocado incidentes navales con Vietnam, fricciones diplomáticas y planes de rearme de Japón debido a la disputa por las islas Diaoyu/Senkaku, y preocupaciones en EEUU y el resto de sus vecinos-, se relaciona en buena medida a los recursos que se calcula existen en esas aguas. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos prospectivos de petróleo entre 5 y 22 millardos de barriles, y de gas natural entre 70 y 290 billones de pies cúbicos sólo en el Mar del Sur. Por su parte, la empresa petrolera china CNPC, incrementa estas estimaciones hasta 125 millardos de barriles y 500 billones de pies cúbicos, aunque incluye todas las zonas marítimas en disputa.

El gas natural representa una gran oportunidad para China. Con un consumo de 4,7 billones de pies cúbicos (4% del total mundial), está al nivel de Japón pero muy por debajo de Europa y EEUU. Sin embargo, existe un enorme potencial de crecimiento apalancado en sus recursos de gas de esquistos, lo que le permitiría llegar en 2040 hasta los 17,5 billones de pies cúbicos. Según estimaciones del Departamento de Energía, China tiene recursos prospectivos de gas de esquistos que ascenderían a 1.115 billones de pies cúbicos -primer puesto a nivel mundial, con una cantidad similar a EEUU. No obstante, China se encuentra con unas condiciones muy diferentes a EEUU para tratar de generar una “Revolución de Esquistos”. Desde la capacidad tecnológica limitada de las empresas chinas al régimen de propiedad de la tierra, las características geológicas complejas de las cuencas -sobre todo Tarim y Junggar en Xinjiang- y el marco regulatorio.

La otra carta de China es Rusia. Según un acuerdo firmado entre la empresa petrolera rusa Rosneft y CNPC durante la visita del Presidente Xi Jinping a Moscú en 2013, las exportaciones petroleras rusas se triplicarán hasta alcanzar 1 MMBD en 2018. Además, durante la reciente visita del Presidente Putin a Beijing, fue firmado un nuevo acuerdo que compromete a Rusia a suministrar 38 billones de metros cúbicos de gas natural anualmente -esto es, 15% de la demanda actual china- a partir de 2018 por 30 años, lo cual mitigará la dependencia china del carbón y los estrangulamientos marítimos, y abate los pronósticos de emisiones.

La mejora del nivel de vida de la inmensa población de China como objetivo central del “sueño chino” de Xi Jinping, es observado por el resto del mundo con una mezcla de interés y cautela. En este contexto, la energía tendrá un papel crítico, ya que puede convertir el sueño chino en pesadilla global.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

miércoles, 7 de mayo de 2014

La visita de Putin a China: Agenda e implicaciones


Marianela Fernández

Estamos a días de la próxima visita del Presidente ruso Vladimir Putin a China, la cual es sumamente estratégica para Moscú, pues con ella busca tanto afianzar las relaciones bilaterales con Beijing, como también compensar la ruptura del G-8 y un eventual aislamiento.
En los temas de relevancia bilateral está la consolidación comercial, pues Putin buscará aumentar el suministro de gas a China, y en consecuencia, mejorar la relación económica y comercial entre ambos con el fin de lograr la meta ya planteada para el 2020 de superar los 200.000 millones de dólares en comercio bilateral -el doble de hoy en día. Otro de los temas que está por tratarse es el militar, pues tanto Putin como su homólogo Xi Jinping, han mencionado que buscarán garantizar la seguridad y la estabilidad en Asia y el resto del Mundo.
Esta visita se plantea formalmente luego de que Arkady Dvorkovich –hombre de confianza de Putin- fuese enviado a China a reforzar los lazos, mientras paralelamente estaba siendo anexionada Crimea, lo cual ha desatado una sucesión de sanciones a Moscú por parte de EEUU y la Unión Europea. No obstante, para Rusia, si Washington y Bruselas buscan con esto aislarla, no tiene problemas en buscar nuevos negocios y mayor acercamiento energético, político, militar y en general comercial con China, siendo esta visita la mejor evidencia.
Son muchas las visiones e intereses que Moscú y Beijing han tenido y tienen en común. Ambas potencias no sólo quieren equilibrar a EEUU, sino que buscan ser protagonistas de un Mundo multipolar. Beijing y Moscú también comparten su aversión a principios occidentales como la R2P (Responsibility to Protect), el cual llama a la Comunidad Internacional a evitar crisis políticas y humanitarias en cualquier país, pues es su responsabilidad proteger a los ciudadanos sin importar las fronteras. Además, Rusia y China tienen en común las fuertes críticas recibidas por incurrir en violaciones de los DDHH en sus propios territorios, además ambos suelen vetar conjuntamente resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU que impliquen intervenciones militares, que reconozcan a nuevos Estados, y otros temas sensibles para sus respectivas políticas domésticas.
Perspectiva rusa:
Ante esta visita no puede dejarse de lado la realidad que atraviesa Rusia por lo sucedido en Ucrania, a partir de la cual está siendo aislada. Moscú ha recuperado la simbólica Crimea, pero pierde las buenas relaciones que venía manteniendo con toda la Unión Europea, EEUU e incluso Japón, e incluso su exclusión del G-8 tras la cancelación de la Cumbre de este grupo en Sochi.
En consecuencia, un fortalecimiento de las relaciones entre Rusia y China –segunda economía mundial- con la visita de Putin a Beijing, mitigaría cualquier intento de aislamiento a Moscú, e incluso podríamos observar a partir de aquí un reimpulso de varias organizaciones regionales de gran importancia para ambos como la OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), con las que se tiene el objetivo tomar un papel preponderante en la gobernanza de Eurasia, así como un pivote de Rusia a Asia-Pacífico siguiendo el ejemplo de lo que ha intentado hacer la Administración Obama.
Sin embargo un signo poco alentador para Putin ha sido lo sucedido en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuando China se abstuvo ante el proyecto de resolución que anulaba el referéndum realizado en Crimea declarándolo inconstitucional e írrito; con esta votación evitó apoyar claramente las decisiones rusas, en consonancia con su política de no dejar precedentes aplicables a la situación que el gobierno chino mantiene con Taiwán, el Tíbet y Xinjiang. Por ello, es que China ante todo este conflicto se ha negado a tomar una posición contundente.
Para Moscú, China también implica una alternativa a lo que le está sucediendo con el resto del Mundo en materia energética. Rusia es un Estado dependiente de su exportaciones de hidrocarburos, y si bien es cierto que es el mayor suministrador de energía a la Unión Europea cumpliendo con casi un tercio de la demanda, y que esa interdependencia estaba alcanzando cifras impactantes; este año China ha superado a Alemania como el mayor comprador de gas ruso y ha aumentado sus compras de crudo, todo esto gracias a la apertura de los oleoductos Siberia Oriental-Océano Pacífico y Kazajstán-China, por los cuales pasan cada vez mayores cantidades de petróleo hacia el Este. Todo esto, sumado a los propósitos de la Unión Europea en general y Alemania en particular de ir reduciendo la dependencia energética –cuestión bastante difícil cabe destacar-, hace que la relación energética con China se haya constituido en cada vez más estratégica para Rusia.
Así, el aumento del suministro de gas natural ruso a China tendrá un lugar destacado en la agenda de Putin en Beijing, ya que después de años de negociaciones resulta probable el cierre del acuerdo con el que a partir del 2018, la principal empresa gasífera rusa Gazprom espera bombear a China alrededor de 38.000 m³/año. Asimismo, la principal empresa petrolera rusa Rosneft, tiene planteado triplicar el suministro de petróleo a China.
Finalmente, Moscú y Beijing pueden profundizar sus relaciones más allá de lo energético, como por ejemplo lo militar, donde Rusia aspira vender aviones de combate Sukhoi a China.
Perspectiva China:
El  Presidente chino Xi Jinping ha hecho de Rusia una prioridad en su política exterior, siendo de hecho el primer país en visitar una vez tomó posesión del cargo el año pasado. Hasta ahora ha realizado tres visitas a Rusia, incluida la realizada para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Sochi -a los que importantes líderes mundiales no asistieron, como los de Alemania, EEUU, Reino Unido, Francia y Canadá, debido a lo que sucedía en Crimea-, y también ha venido apoyando a Rusia en temas controversiales en la ONU, como Siria.
China también está pasando por momentos preocupantes, debido a que el uso del carbón le ha llevado a grandes niveles de contaminación y necesita una energía más limpia, la cual Rusia perfectamente podría suplir con el aumento del suministro de gas natural. Según la OMS, menos de una quinta parte de las ciudades chinas cumplen con los estándares de SO2 y NO2 en el ambiente y por su cantidad de pobladores es el mayor responsable de, por lo menos, una cuarta parte de las emisiones de CO2 y SO2 al ambiente. Por eso, lo más sano para China es alejarse del carbón, aunque esto traiga consigo una variedad de nuevos retos y problemas.
En cuanto al carbón, que hoy día representa el 30% del consumo global de energía aproximadamente, sigue siendo un producto del cual depende altamente China, con una tendencia que un gigante económico en evolución encuentra cada vez más difícil de controlar, pues su población está en un proceso de mejora del nivel de vida además de que el país sigue industrializándose, lo cual empuja continuamente el consumo de energía.
China espera convertirse en productor de gas natural, pero eso no le será suficiente para abastecerse, y por ello deberá recurrir a las importaciones, las cuales podrían aumentar a raíz de esta visita de Putin. Así que los rumores del cierre del acuerdo de suministro con Gazprom no son inverosímiles ni apresurados. Existen intereses muy fuertes de ambas partes, pero no todo es absolutamente favorable: China ha endurecido su posición y quiere precios preferenciales. Beijing si bien necesita de la alianza tal como fue señalado anteriormente, se encuentra en una posición más holgada después de Crimea, por lo que pretende sacar provecho y presionar más a Rusia.
Por último, China está altamente interesada en invertir en Rusia en varias áreas: energética, militar, infraestructura y materias primas. Esto implicaría una compensación para Rusia a la reducción de los negocios con Occidente, pero podría ir obligando a Moscú a darle tratos preferenciales a Beijing en diversas áreas.
Conclusiones:
La visita parece pintar muy bien, puesto que ambos países quedarían muy satisfechos con acuerdos y acercamientos, ya que son muchas cosas las que unen a Rusia y a China. No obstante, eso no es excluyente al hecho de que China va a aprovechar el momento de vulnerabilidad en el que se encuentra hoy Rusia para alcanzar concesiones en la mesa de negociación e ir cultivando una dependencia económica rusa frente a Beijing. Putin comprende muy bien que no todo será como espera, y que detrás de la cordialidad de su homólogo asiático, se esconde el peligro de irse convirtiendo en una periferia de la economía china.

miércoles, 31 de julio de 2013

China ¿el fin del sueño?



Marianela Fernández
China es otra desde su apertura económica. Han sido 30 años de crecimiento económico –10% anual entre 1980 y 2010- basado en exportaciones dinámicas, gracias a los bajos salarios y a una política monetaria que se ha centrado en mantener el renminbi subvaluado. La cereza del pastel fue cuando en 2008, China superó a Japón y pasó a ser la segunda economía del Mundo según su PIB nominal, demostrando lo competitiva que se había hecho su economía.
 
Una vez que China comenzó a hacerse sentir cada vez más por su rápido crecimiento en la década de 2000, se termina de consolidar como destino de grandes cantidades de inversión extranjera. La crisis económica mundial que hundió en la recesión a EEUU y Europa en 2008, apenas bajó levemente los números de crecimiento económico chino que fue debidamente estimulado con gasto público. Esto, sin embargo, se ha probado transitorio, pues la economía china poco a poco ha ido creciendo a menos velocidad, llegando incluso a 7,8% en 2012, la primera vez que China pone su crecimiento por debajo de 10% en décadas, situación la cual se atenuó y salió de la palestra temporalmente debido a la elección de las nuevas autoridades del Partido Comunista Chino (PCCh) celebradas el año pasado, las cuales dieron cierta tranquilidad sobre el futuro del país.

No obstante, los dos trimestres de 2013 han mantenido la tendencia de desaceleración, con un crecimiento de 7,7% y 7,5% respectivamente, y los reflectores se han posado sobre este asunto. Aunque el gobierno chino ha tratado de mantener la mayor cantidad de tiempo posible una sensación de estabilidad y confianza, se ha abierto paso el debate –recurrente cada ciertos años- en círculos académicos, políticos y económicos sobre un posible descalabro de China, y un cambio concomitante en la dinámica de la economía global. Los signos de esta crisis son cada vez más notorios, y el modelo económico que impulsó las tres décadas de increíble crecimiento chino puede estar llegando a su límite.
Esta realidad china se hizo más notoria cuando hace tres meses los inversionistas estaban apostando a que las autoridades chinas nuevamente inyectarían dinero a la economía para estimular el crecimiento, lo que sucedió fue que los mercados se han quedado esperando, y han “aceptado” el hecho que el crecimiento más lento será su nueva realidad; por otra parte hacen ruido las cifras que han dado a conocer Goldman Sachs, New York Times y Barron’s, en las cuales se estima que el crecimiento chino para 2013 sería del 7,4%, lo cual es una cifra más modesta que el pronóstico inicial y creando la sensación de encontrarnos al borde de un cambio importante.
Otro elemento a considerar, percibido por muchos, y en realidad un secreto a voces, es que las mismas cifras de crecimiento, se consideren malas o no, distan mucho de la realidad, y es que el gobierno de Beijing lleva tiempo maquillándolas, lo cual no es sorprendente considerando lo grande que es el país asiático y su igualmente enorme población, lo cual de todas formas haría en extremo complicado conseguir cifras certeras cada año aún si se intentara hacerlo, y vale recalcar que el gobierno chino dista mucho de tratar de recabar estas cifras exhaustivamente.
Por otra parte, China ha buscado sostener su crecimiento con políticas que más temprano que tarde podrían causar un estallido interno, como son los bajos salarios que le permitieron que ganara una enorme competitividad en sus exportaciones y a la vez atrajera inversión; esto no aguantará mucho tiempo porque es imposible mantener ese diferencial de salarios debido a que Beijing está en una guerra eterna contra el desempleo, que es catalizador de estallidos sociales, una de las situaciones que menos le agradan al gobierno del PCCh. Incluso se puede considerar paradójico que un Estado dependa de salarios bajos para ser competitivo pero que a su vez tenga políticas de reducción de la pobreza, las cuales necesariamente llevan a aumentos salariales sea directa o indirectamente.
Por otro lado, los préstamos bancarios son utilizados por China para construir infraestructura masiva, propiedades comerciales y residenciales, cosa que también crea la sensación de estabilidad, pero que con el tiempo igualmente se ha mostrado dañino, porque hace crecer artificialmente a la economía, lo cual no genera aumento de la productividad ni retorno de lo invertido, y que más aún, puede acarrear costos a mediano y largo plazo, por no hablar de una burbuja inmobiliaria. Más aún, muchas empresas chinas se han vuelto cada vez menos rentables, han aumentado sus costos de producción generando inevitablemente una inflación tangible, además de que se manejan gracias a los créditos y la inyección de capital, esto para mantener la economía en marcha y no generar desempleo. La estrategia de los dirigentes chinos ha sido buscar estimular la economía para hacerla depender más del consumo interno que de las exportaciones y las inversiones extranjeras, pero esto se hace difícil ya que existen 900 millones de personas en la pobreza. Esto lleva a un callejón sin salida en el cual sólo es posible seguir subsidiando a empresas ineficientes para mantener a la población ocupada y conservar niveles mínimos de consumo y producción.
De esta manera los chinos están entre la espada y la pared, si continúan los préstamos hacia las empresas, crecerá cada vez más la inflación lo que aumenta los costos y más allá de reducir el poder de consumo interno, los hace menos competitivos a la hora de querer exportar, lo cual se suma que Europa y EEUU han retomado este año las largamente postergadas conversaciones para alcanzar un Tratado Trasatlántico de Libre Comercio (por sus siglas en inglés, TAFTA), lo cual podría afectar negativamente las exportaciones chinas a ambos lados del Atlántico.
Mientras los chinos no consigan quitarle peso a las exportaciones y desarrollar un mercado interno más fuerte pero sin restar tanta competitividad, la caída será constante, y un efecto secundario de toda esta situación se puede llegar a sentir en nuestra región, en las cuales existen posibilidades de que las inversiones chinas si bien no cesen ni disminuyan considerablemente, si se vean afectadas de forma negativa, especialmente en países como Perú, Chile o Brasil donde China es un socio primordial. Además, podría disminuir la demanda china de materias primas latinoamericanas, lo cual ha sido un factor esencial para la década de prosperidad que ha experimentado en la región.
Desde las altas esferas del poder en China, se ha querido detener a como dé lugar lo que parece estar por suceder, pero quieren una solución que no afecte el statu quo. Este ha sido el espíritu del 12° Plan Quinquenal de 2011, que apuesta por rebalancear la economía mediante el estímulo al consumo interno y el crecimiento del sector servicios que además de ser un gran empleador, ha mostrado un excelente desempeño en los últimos años  –creciendo en los dos primeros trimestres de 2013 en 8,3%, por encima del 7,6% del sector manufacturero y construcción. Además, el nuevo Presidente Xi Jinping ha puesto énfasis en el combate a la corrupción.
Sin embargo, debe entenderse que no existe una solución que no suponga ciertos sacrificios y cambios en el sistema existente, lo cual necesariamente devendrá en cambios, así sean sutiles, en muchas de las actitudes y comportamientos de Beijing.
China no dejará de ser una superpotencia de la noche a la mañana por atravesar una crisis a nivel económico, sin embargo, y por cómo van las cosas, perderá la hiper-competitividad que la había caracterizado y su crecimiento económico se estabilizará en números más modestos –alrededor de 7%- en los próximos años. Por ello, China tendrá que buscar nuevas y más innovadoras estrategias para mantener su vigencia como la superpotencia emergente en el sistema internacional, además de seguir mostrándose sólida para no minar más profundamente la imagen que hasta hace poco daba al Mundo.

jueves, 18 de abril de 2013

Las relaciones China - Corea del Norte: Ni amparo ni abandono

Marianela Fernández

La crisis actual en la Península Coreana ha acaparado la atención del Mundo en las últimas semanas, desplazando la intervención en Mali, la crisis económica europea y la guerra civil en Siria del foco de atención.
Uno de los aspectos más importantes para poder entender y encontrar soluciones a esta crisis, es la relación especial que tiene la República Popular China y la República Popular Democrática de Corea (RPDC). China es de lejos el mayor socio comercial de Corea del Norte, siendo fuente de más del 60% de sus importaciones y destino de más de 60% de sus escasas exportaciones, siendo además su principal fuente de alimentos y combustible. Asimismo, China es prácticamente el único aliado político de la RPDC tras el final de la Guerra Fría, y ha evitado que las sanciones internacionales impuestas a Pyongyang debido a su programa nuclear le aíslen completamente. En el marco del llamado diálogo a “seis bandas”, Beijing ha  procurado traer a la RPDC hacia la mesa de negociación tras cada crisis que ha abierto en las últimas décadas con Corea del Sur, aunque la paciencia de los líderes chinos hacia su más problemático aliado, parece haber empezado a agotarse.
Pyongyang siempre ha sido un régimen belicoso, y que pocas veces sigue las directrices que traza el sistema internacional. Sin embargo, su tercera prueba nuclear, llevada a cabo el 12 de febrero de este año, ha puesto a toda la región en tensión y ha incomodado bastante a China –que incluso votó a favor de imponerle nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad-. El joven líder norcoreano Kim Jong-un ha abierto una crisis que le ha permitido a la Administración Obama justificar su “pivote al Pacífico” y colocan en entredicho el papel de China como potencia emergente.
Existen varias razones para el mantenimiento de la alianza Beijing-Pyongyang, a pesar de las discrepancias que han enfriado la relación desde la realización de la segunda prueba nuclear norcoreana en 2006. Así, aunque se pueden considerar los lazos culturales, históricos e ideológicos, deben destacarse 3 razones de carácter estratégico.
Primero, la posibilidad de explotar los recursos minerales y energéticos que existen al norte de la RPDC y para los cuales los inversionistas chinos han hecho importantes inversiones. En sí mismos estos recursos no son de tanto peso pero su explotación podría ayudar a la potenciación de la zona fronteriza que tiene China con su vecino de la Península Coreana, recordando que al igual que la frontera occidental, el noreste de China es poco desarrollado. Por supuesto, esta primera razón se puede interpretar también como un intento chino de crear mayor prosperidad en Corea del Norte y hacerla más estable y menos propensa al colapso, situación de la cual emanan las otras dos razones.
En segundo lugar, está el temor chino de que de colapsar el régimen norcoreano -lo cual sin la ayuda china sería a estas alturas un hecho-, oleadas de cientos de miles de refugiados cruzarían la frontera marcada por el río Yalú hacia China. Incluso actualmente el flujo de refugiados ilegales ya ha sido un problema que China ha tenido que enfrentar, llegando al punto de colocar un cerco en la frontera y devolver, con el rechazo rotundo de las organizaciones de derechos humanos, ilegales que han logrado alcanzar territorio chino.
Finalmente está la razón geopolítica para este apoyo, la cual se basa en que la RPDC actúa desde la Guerra Fría como un “Estado tapón” (buffer state) entre China y Corea del Sur, es decir, crea una separación entre el gigante asiático y uno de los principales aliados de EEUU en la región –donde se encuentran estacionadas 29.000 tropas estadounidenses-. Con esta separación China puede sentirse más seguro y no necesitar grandes contingentes militares en esta frontera y concentrarlos en otras zonas, por ejemplo, dedicarlos al “problema” de Taiwán.
Visto de esta forma se pueden entender las razones por las cuales China ha apoyado a este Estado tan particularmente problemático, aunque al día de hoy los costos políticos de este apoyo han aumentado considerablemente. A pesar de que Beijing no ha cambiado sustancialmente su política hacia la RPDC, ha venido adoptando un enfoque más sutil, donde toma distancia públicamente de Pyongyang –e incluso le sanciona- al tiempo que mantiene la cooperación bilateral. Con esto, Beijing parece buscar fortalecer su ascendencia sobre Pyongyang, e intentar abrir espacio para negociar con EEUU las condiciones de su “pivote al Pacífico”, al ser pieza clave para contener las amenazas de Pyongyang a Seúl, como lo demuestra la reciente visita del Secretario de Estado John Kerry al Presidente Xi Jinping.
Además, al cooperar Beijing con EEUU, Corea del Sur y en última instancia Japón –también afectado en esta crisis- para llevar a la RPDC a la mesa de negociaciones, podría lograr otros objetivos de política exterior, como rebajar las tensiones actuales con Tokio surgidas por la problemática de las islas Diaoyu/Senkaku e intentar reafirmar la idea de que China no es una potencia revisionista, es decir, la Doctrina del “Ascenso Pacífico” (和平崛起, heping jueqi) que el gobierno chino ha intentado promover desde 2003.
En consecuencia, aunque hoy por hoy China no puede darse el lujo de abandonar a su incomodo aliado norcoreano, parece haberse acabado la época en la cual le proporcionaba amparo bajo cualquier circunstancia.

jueves, 11 de abril de 2013

La nueva posición de China en el mercado petrolero mundial



Dr. Kenneth Ramírez


La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en su Informe Mensual del Mercado Petrolero del mes de abril de 2013, señaló que la demanda petrolera mundial aumentará en +0,8 MMBD para ubicarse en 89,67 MMBD en 2013, con 50% de este crecimiento debido a China. Además, el informe agrega que China desplazará a EEUU como primer importador de petróleo a nivel mundial en 2014 –puesto que ocupa desde hace cuarenta años-. China importó 5,74 MMBD en febrero de 2013 e importará alrededor de 6 MMBD a finales de este año, mientras las importaciones de EEUU -que se redujeron en 21% en 2012- se ubicaron en 6,39 MMBD en febrero de 2013 y caerán por debajo de los 6 MMBD a finales de este año. El informe también apunta que China tendrá que importar hasta el 60% de su consumo petrolero este año.
Se trata de un cambio radical de tendencia a partir de 2011, cuando EEUU importó 8,7 MMBD en comparación con China que sólo importó 5,5 MMBD según cifras del Departamento de Energía de EEUU. En 2009, el petróleo representó menos del 20% del consumo energético total de China, con la inmensa mayoría de su consumo de energía (70%) cubierto con carbón.
Los líderes chinos han entendido desde hace tiempo, que el crecimiento exponencial de la dependencia del petróleo importado crea vulnerabilidades. De hecho, muchos analistas creen que Beijing ha realizado inversiones en puertos marítimos a lo largo del Océano Índico siguiendo la llamada “estrategia de collar de perlas”, que está orientada a aumentar la proyección de la Armada del EPL para proteger los buques petroleros que transportan suministros a China desde el Medio Oriente, África y América del Sur.
Por otra parte, el interés de China en pretender reclamar soberanía sobre la mayor parte del Mar del Sur de China, se relaciona en buena medida a las reservas de petróleo y gas que se calcula existen en esas aguas. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos prospectivos de petróleo entre 5 y 22 millardos de barriles, y de gas natural entre 70 y 290 billones de pies cúbicos en el Mar del Sur de China. En efecto, ya que la producción de los campos petroleros en tierra de Beijing ha alcanzado su pico de producción, el país ha ampliado su exploración y producción costa afuera, la cual actualmente representa alrededor de 15% de su producción petrolera total.
Al mismo tiempo, con EEUU aumentando su autosuficiencia energética, y la demanda energética de la UE probablemente manteniéndose estancada o incluso disminuyendo como resultado de una mayor eficiencia y ahorro energético, el aumento de las energías renovables en la matriz energética, y su lento crecimiento económico; China podría llegar a tener una presencia dominante en el lado de la demanda del mercado petrolero mundial. Esto se acentuará si las tasas de crecimiento económico de India no son tan dinámicas como se esperan. Según cifras OPEP, en febrero de 2013, India importó 2,45 MMBD de petróleo.
Llevando estas tendencias a un escenario extremo, la dependencia de China del petróleo importado podría ser igualada por la dependencia de los grandes países exportadores de petróleo respecto a China como principal cliente. Así, mientras China seguiría intentando diversificar sus importaciones petroleras desde muchos países, algunos países exportadores correrían el riesgo de perder parte del atractivo mercado chino.
Incluso Rusia es cada vez más dependiente de China como un cliente para sus exportaciones de petróleo y gas, debido a la debilidad de la demanda energética de la UE. Según un acuerdo firmado entre la empresa petrolera nacional rusa Rosneft y la empresa petrolera nacional china CNPC durante la reciente visita del Presidente Xi Jinping a Moscú, las exportaciones petroleras rusas se triplicarán a cambio de un préstamo por 2 millardos de dólares respaldado con suministro petrolero por 25 años. A partir de 2018, Rosneft ha acordado elevar sus ventas de petróleo a China hasta alrededor de 1 MMBD.
Como resultado, China -que era el cuarto mercado destino más grande del petróleo ruso en 2011 - se convertirá en el principal cliente petrolero de Rusia en el próximo quinquenio. China ya se convirtió en el mayor socio comercial de Rusia en 2010, y en 2011 el comercio bilateral alcanzó un máximo histórico de 80 millardos de dólares.
Rusia es el mayor exportador de energía del Mundo y su economía sigue siendo muy dependiente de estas ventas. En 2012, el petróleo y gas natural representaron el 70% de las exportaciones de Rusia y más de la mitad de su presupuesto gubernamental, por encima de la década de 1990, cuando el petróleo y el gas natural representaron alrededor del 50% de las exportaciones del país. En total, las materias primas representan 92% de las exportaciones de Rusia, lo cual denota su vulnerabilidad económica como potencia global re-emergente.
Con la revolución del petróleo y gas de esquisto en América del Norte y la mayor producción petrolera de Irak en la presente década –duplicará su producción hasta alcanzar 6,1 MMBD para 2020-, la posición de Rusia se torna aún más precaria. En este sentido, Rusia se está convirtiendo cada vez más, en el socio menor favorito de China. Beijing lo sabe, y por eso intenta no herir las susceptibilidades de Moscú con gestos diplomáticos como la visita de Xi Jinping al Kremlin en su primer viaje al exterior.
Venezuela debe tomar nota respecto a todo esto. PDVSA se ha planteado elevar el suministro petrolero a China desde 640 MBD en 2012, hasta 1 MMBD en 2015 -27,1% de exportaciones proyectadas, transformándose a partir de ese momento en nuestro principal cliente- y 2 MMBD en la década de 2020 -35,7% de exportaciones proyectadas-; todo esto con mayores costos por flete respecto a otros mercados más cercanos. Para ello, además, PDVSA se dispone a ampliar la producción de la empresa mixta Sinovensa (área Carabobo de la Faja Petrolífera del Orinoco) y desarrollar la nueva empresa mixta PetroUrica (bloque Junín 4) junto a CNPC, así como explorar la posibilidad de desarrollar nuevas empresas mixtas  (en los bloques Junín 10-Sur, Junín 1 y Junín 8) con empresas petroleras chinas e invertir en 3 refinerías en el país asiático (Jie Yang, Weihai y Shanghai) con una capacidad combinada de 800 MBD.
El nuevo gobierno venezolano que surja de las elecciones del 14-A, debe buscar equilibrar los planes petroleros de PDVSA, sopesando los costos y riesgos de colocar demasiados huevos en la canasta china.


martes, 26 de marzo de 2013

La visita de Xi Jinping a Moscú: De la desconfianza al beneficio mutuo


Marianela Fernández

El Secretario General del Partido Comunista Chino y desde hace poco Presidente de la República Popular, Xi Jinping, realizó recientemente su primera visita de Estado a Moscú, lo cual ha reafirmado la importancia estratégica de la relaciones sino-rusas.
 
El Presidente Xi decidió reunirse primeramente con el Presidente Putin -al igual que lo hizo su antecesor Hu Jintao en 2003-, comprendiendo que Rusia es vital para los intereses de China en una amplia gama de temas de política internacional: desde la búsqueda de un equilibrio frente a EEUU hasta la cooperación política en Asia Central, Medio Oriente y Asia-Pacífico, así como para el fortalecimiento de la seguridad energética china.
 
El resultado concreto de esta visita, fue la firma de una serie de acuerdos que han profundizado la cooperación energética y prometen impulsar el comercio bilateral hasta los 150 millardos de dólares anuales en la próxima década. En virtud de estos acuerdos, China tendrá un mayor acceso a los hidrocarburos rusos -cuando las estadísticas apuntan que se convertirá en primer importador de petróleo a nivel mundial este año-; mientras que abrirá a Rusia otro mercado para sus exportaciones de petróleo y gas natural distinto a la Unión Europea.
 
Rosneft -la gigante empresa petrolera nacional rusa- ha acordado incrementar sus exportaciones de crudo a China desde 300 MBD en 2012 hasta 1 MMBD en 2018, transformándose en uno de los principales proveedores de crudo del gigante asiático. Además, el acuerdo ha implicado un préstamo por 2 millardos de dólares del Banco de Desarrollo de China –respaldado con suministro de crudo a 25 años- para Rosneft, que se encuentra en un proceso de adquisición de la empresa petrolera anglo-rusa TNK-BP por 55 millardos de dólares.
 
Otro acuerdo ha implicado la apertura de varias áreas rusas a China para la exploración conjunta de petróleo y gas. Así, CNPC se ha asociado en 3 bloques costa afuera con Rosneft en el Mar de Barents y el Mar de Pechora en el Ártico ruso; en 8 bloques en tierra; y en el proyecto Sakhalin-3 en el Lejano Oriente ruso. Por último, Rosneft y CNPC convinieron construir una refinería con una capacidad de 260 MBD y un complejo petroquímico asociado en el puerto chino de Tianjin, alimentadas con petróleo ruso.
 
Por su parte, la empresa gasífera nacional rusa Gazprom, firmó un Memorándum de Entendimiento con CNPC con miras a elevar el suministro a China mediante la construcción de un nuevo gasoducto, que permitiría un volumen adicional de 38 millardos de metros cúbicos (BCM) de gas/año desde los campos de Siberia Oriental en 2018. En ese año, las exportaciones de gas ruso a China se elevarían hasta 60 BCM/año. El documento final tiene previsto firmarse a finales de 2013, ya que subsisten diferencias en torno al precio de venta.
 
Estos acuerdos buscan mejorar el estado actual de las relaciones bilaterales, que si bien son cordiales y se basan en intereses comunes, han tenido un trasfondo de desconfianza. De hecho, la percepción de Moscú sobre China en los últimos años, ha estado dominada por la idea de que Beijing considera a Rusia como una mera mina de recursos naturales, y no como un socio estratégico. Esto ha generado ciertos obstáculos implícitos en la negociación para el suministro de gas natural a largo plazo con Gazprom. Al respecto, el Presidente Xi se esforzó en Moscú por transmitir la idea de una relación de “beneficio mutuo”, donde Beijing invertirá considerablemente en la aletargada economía rusa, sobre todo en el sector energético y tecnológico, y favorecerá el diálogo político de alto nivel.
 
Lo innegable es que llevar a cabo el proyecto del gasoducto le abriría a Rusia un importante mercado por dos razones base: China demanda cada vez más energía, y por otro lado, la demanda europea se ha ido debilitando por la crisis económica y la búsqueda de diversificación de suministros. Entonces, a través del fortalecimiento de las relaciones energéticas y comerciales, y teniendo en cuenta los intereses comunes de ambos Estados en diferentes temáticas geopolíticas, ambos actores pueden aprovechar esta oportunidad para fortalecer su alianza estratégica y presentar un frente de mayor peso para balancear a los EEUU. Recordemos que el “pivote al Pacífico” del Presidente Obama y su falta de interés con Rusia en los últimos años, han creado descontento en Beijing y Moscú respectivamente; además de las discrepancias diplomáticas que se han presentado entre Washington y las dos potencias de Eurasia en temáticas diversas como Corea del Norte, Siria y el programa nuclear de Irán.
 
En este sentido, se puede considerar que EEUU ha menospreciado el papel que Rusia juega -o pretende jugar- en la región del Asia-Pacífico, así como su importancia para balancear a Washington junto con una China que carece de aliados de peso. Por estas razones, se puede considerar un error del Presidente Obama no haber realizado una vista a Moscú desde 2009, y un acierto chino el volver a hacerlo tras el relevo de la cúpula dirigente en el Zhongnanhai. Asimismo, hay que considerar que la expansión del sistema de defensa anti-misiles estadounidense en Asia puede convertirse en un factor catalizador extra para la consolidación de la alianza entre Moscú y Beijing.
 
EEUU debe tener en cuenta que a pesar de las importantes relaciones que guarda con la segunda economía global, hay intereses vitales que ésta última no puede abandonar, y esos intereses no son precisamente económicos, ni vinculan algún tipo de contrato comercial; son intereses geopolíticos que colocan a Rusia como aliado lógico para hacerle contrapeso a EEUU en Asia-Pacífico, ante cualquier discusión que se diera en el Consejo de Seguridad, pero sobre todo ante conflictos territoriales como la disputa que China mantiene con Japón por las islas Senkaku/Diaoyu.
 
Las relaciones China-Rusia están alcanzando una etapa muy positiva, como nunca desde la primera etapa de la Guerra Fría. Rusia ve en China un aliado casi natural por tener visiones similares en cuanto a temas geopolíticos tan importantes como los ya mencionados; lo cual es una realidad no una percepción. Además, Rusia es el aliado que China debe consolidar para equilibrar a EEUU, razón por la cual la visita de Xi Jinping a Moscú revistió tanta importancia.
 
Después de Moscú, tanto el Presidente Xi como el Presidente Putin se encontrarán nuevamente ante la V Cumbre de Líderes de los BRICS que se llevará a cabo en Durban (Sudáfrica) entre el 26 y el 27 de marzo de 2013, donde ambos seguirán consolidando su alianza estratégica bilateral, la cual se traduce en un Mundo que para ellos sea más equilibrado y justo, o en otras palabras, con menor dominio estadounidense.