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domingo, 19 de octubre de 2014

Un sueño imposible


Dr. Carlos A. Romero

Las relaciones con EEUU han experimentado un cambio importante desde el año 2013. Luego de considerar a Venezuela como un problema geopolítico, la actual prioridad de EEUU ha sido el seguimiento, el análisis y la denuncia de los aspectos domésticos venezolanos, en especial aquellos relacionados con los temas de los derechos humanos y el futuro de la democracia en nuestro país.

Desde el punto de vista internacional, la agudización de la crisis política en el Medio Oriente, las dificultades para llegar a un acuerdo nuclear con Irán, el alejamiento de Rusia de Occidente, las situaciones conflictivas en Palestina, Ucrania y Siria, más los problemas de salud mundial y el renovado auge del terrorismo han desplazado sustancialmente el caso de Venezuela en la agenda de la seguridad de EEUU. A su vez, Washington se ha entendido con los gobiernos nacionalistas, populistas y de izquierda en América Latina.

Al Presidente Chávez le encantaba cuestionar y retar a los gobiernos de EEUU en todos los frentes estimulando el trabajo de la izquierda estadounidense, practicando lobby en Washington, tratando de influir en la academia, promocionando la Revolución Bolivariana en los medios de comunicación de ese país y desde luego haciéndose notar en el resto del Hemisferio. 

Hugo Chávez nunca quiso estabilizar las relaciones entre los dos países. A diferencia de su predecesor, el Presidente Maduro sí ha dado muestras de querer normalizar las relaciones que se encuentran en franco deterioro desde el año 2010, en un momento en que ambos países retiraron a sus respectivos embajadores. La diferencia está en que antes era más fácil y menos costoso incomodar a EEUU porque el chavismo tenía más seguidores en el Mundo.

A Venezuela se le hace ahora más difícil lograr -a pesar de su explícito deseo- un modus vivendi con EEUU. Es lo que se puede calificar como "un sueño imposible". 

Publicado originalmente en El Universal

viernes, 17 de enero de 2014

El fin del experimento democrático en Egipto


Dr. Kenneth Ramírez
Los egipcios se han dirigido a las urnas esta semana para votar una nueva constitución -la segunda en poco más de un año-, la cual pretende legitimar el golpe de Estado del 3 de julio de 2013 contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes.
En el referéndum constitucional de 2012 se produjo una participación de 33% del padrón electoral, con una votación a favor del “Sí” de 64%; mientras en el referéndum constitucional de 2014, las cifras que se han adelantado a través de los medios de comunicación oficiales apuntan a una participación de 37%, con más del 90% de los votos a favor del “Sí”. En consecuencia, los resultados de este referéndum constitucional de 2014 llaman mucho la atención, ya que con una participación ligeramente superior al anterior –a pesar del llamamiento al boicot de los Hermanos Musulmanes-, se está hablando de un altísimo porcentaje a favor del “Sí”, lo cual recuerda las elecciones fraudulentas de los tiempos de Mubarak -quien casi siempre obtenía 90% o más de los votos. De manera que, la nueva Constitución nace bajo el signo de la sospecha y la exclusión, proporcionando un aval limitado al golpe de Estado de 2013.
Así parece cerrarse, al menos por ahora, el primer experimento democrático en la historia del país del Nilo. Recordemos que las masivas protestas de los egipcios desde la Plaza Tahrir -con ayuda de la presión externa sobre el Ejército- lograron la caída del dictador Mubarak en 2011, para luego volver a propiciar el derrocamiento del Presidente Morsi electo democráticamente en 2013. Esto último, con la ayuda del Ejército y los jueces -miembros del “Estado Profundo”-, los cuales esperaron el momento propicio para retomar el poder.
El problema en resumen, fue que la celebración de elecciones democráticas en Egipto no llevó a un demócrata al poder. Mohamed Morsi en particular y los Hermanos Musulmanes en general, fallaron las pruebas más básicas de la apertura y diálogo, y más preocupante aún fueron sus ataques al Estado de Derecho y al laicismo. Todo lo cual aunado a la incompetencia para luchar contra la crisis económica e incapacidad para alcanzar acuerdos con el Ejército, reactivaron las protestas en la Plaza Tahrir y desembocaron en un nuevo golpe.
Muchos aplaudirán la nueva Constitución de Egipto por la retirada del islamismo. Recordemos que la Constitución de 2012 impulsada por Morsi consagraba la jurisprudencia de la Sharia como fuente de derecho y otorgaba a la institución teológica Al Azhar la potestad de interpretarla, lo cual generó preocupación y descontento. Pero lo que la Constitución de 2014 le falta de islamista, le sobra en nuevos instrumentos para apoyar el regreso de la dictadura militar.
Hoy por hoy, el General Abdel Fatah al-Sissi –líder militar del golpe contra Morsi- se ha convertido en el nuevo hombre fuerte de Egipto, y parece estar sopesando presentarse a las elecciones presidenciales que se celebrarán en breve con la imagen de un “nuevo Nasser”. Su voluntad y los intereses del Ejército están detrás de la nueva Constitución que limita las protestas pacíficas, la disidencia y el activismo político. A partir de ahora, el Ministro de la Defensa y el presupuesto militar serán responsabilidad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, escapando de cualquier control parlamentario. Esto por no hablar, del amplio margen que tendrán los tribunales militares para enjuiciar a civiles, la imposibilidad de formar partidos políticos de base religiosa y de recibir fondos externos.
El Ejército se ha esforzado en fortalecer la sensación de orden, reprimiendo las protestas –lo cual ha llegado incluso al allanamiento de universidades-, y criminalizando a los Hermanos Musulmanes como terroristas, siendo ahora nuevamente como en los tiempos de Mubarak los culpables de todos los males de Egipto. Sin embargo, todo esto, resulta una afrenta para aquellos que están cansados ​​de vivir bajo el yugo de la opresión militar y han aprendido el valor de la protesta. Asimismo, resulta muy peligroso, ya que los Hermanos Musulmanes como organización disciplinada con gran penetración social y pericia en la resistencia contra la dictadura, podrían radicalizarse y generar una espiral de violencia en un Medio Oriente convulso.
Por el momento, muchos egipcios han decidido que vale la pena echar por la borda sus libertades a cambio de la estabilidad y laicismo que promete la nueva Constitución. EEUU y Europa parecen mirar hacia otro lado, mientras las petro-monarquías del Golfo y Bashar al-Assad desde Siria -por paradójico que parezca- aplauden el nuevo orden egipcio. Turquía como aliado de los Hermanos Musulmanes ha quedado aislada, tras la abdicación del Emir de Qatar.
¿Será el Egipto de Sissi más estable que el Egipto de Mubarak? En el largo plazo no parece que sea así. Los ingredientes que generaron la Primavera Egipcia en 2011 -detención arbitraria, estancamiento económico, alto desempleo y la corrupción- permanecen. Y los Hermanos Musulmanes y demás islamistas descontentos no se quedarán de brazos cruzados. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2014 es 1956. Entonces, ¿qué debe hacer la Comunidad Internacional? La respuesta parece clara: impulsar una reconciliación nacional y redoblar su apoyo a liberales e islamistas moderados que lideraron la Plaza Tahrir.
La cancillería venezolana debe tomar nota de esto y diseñar una estrategia coherente, evitando seguir dando bandazos respecto a Egipto como lo ha hecho desde 2011, bien por razones del debate político doméstico como por una política exterior anti-estadounidense automática e irreflexiva.
Recordemos que el finado Presidente Chávez y el otrora Canciller Maduro recibieron la caída de Mubarak con simpatía inicial al ser un aliado de EEUU; pero luego la calificaron de “golpe de Estado” y optaron por el recelo, cuando analistas políticos empezaron a establecer comparaciones entre la situación política de ambos países. La llegada de Morsi al poder fue percibida con cierta cautela por su apoyo a los rebeldes sirios contra Assad, pero luego la cancillería venezolana empezó a percibirlo con cierto interés cuando estrechó vínculos con Irán y lucía más autónomo frente a EEUU. Finalmente, las nuevas comparaciones que quisieron establecerse entre ambos países a raíz del golpe contra Morsi en 2013, llevaron al ya Presidente Maduro a retirar a nuestro Embajador Victor Carazo; para meses después pasar a designar como nuevo Embajador venezolano a Juan Antonio Hernández y manifestar su voluntad de estrechar las relaciones bilaterales, cuando afloraron diferencias entre el nuevo gobierno egipcio tutelado por el Ejército y EEUU por la dura represión de los Hermanos Musulmanes, y cuando se produjo un nuevo acercamiento entre El Cairo y Damasco. En definitiva, una política errática que debe corregirse.
@kenopina

viernes, 25 de octubre de 2013

6 meses de política exterior de Maduro


Dr. Kenneth Ramírez
 
Han pasado poco más de 6 meses desde que Nicolás Maduro juró el cargo como Presidente de Venezuela. Maduro ha empleado 33 de sus 190 días en el Palacio de Miraflores, para realizar 15 viajes al exterior por 19 países diferentes –visitando Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay en más  de  una  oportunidad-, ha participado en cumbres de la ALBA, MERCOSUR, UNASUR, PETROCARIBE, CARICOM y el FPEG, y ha recibido altos representantes de diferentes países.
 
Para efectos de análisis, podemos dividir su política exterior en dos etapas. La primera que se extiende desde su rauda asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril –horas antes de su juramentación- para discutir la situación política venezolana marcada por la tensión posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio; caracterizada por un gran activismo internacional de Maduro para lograr reconocimiento y legitimidad. Mientras la segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio hasta el presente, caracterizada por un menor activismo, la reivindicación del legado internacional de Chávez y la crisis económica doméstica.

Debido a su ajustada y controvertida victoria en las elecciones del 14-A y la impugnación de la misma por la MUD a nivel interno y externo, Maduro no gozó de la luna de miel que acompaña a los mandatarios en sus primeros días. Después de la Cumbre Extraordinaria de Lima, UNASUR saludó a Nicolás Maduro como Presidente, hizo un llamado a que todo reclamo se realizase dentro del ordenamiento jurídico y tomó nota positiva de la decisión del CNE de implementar “una metodología” –sin ahondar en detalles- para auditar el total de las mesas electorales. Acto seguido los líderes de Argentina, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Cuba, Honduras, República Dominicana, Nicaragua e Irán asistieron a la toma de posesión de Maduro. Esta fue, sin duda, una primera victoria diplomática.

A pesar de esto, en sus primeros días, Maduro acumuló varios desencuentros internacionales debido a la crisis electoral. Al canciller español, José García-Margallo, lo mandó a “sacar sus narices de Venezuela” cuando manifestó su disposición a ayudar. Al Ex-Canciller peruano, Rafael Roncagliolo, le dijo haber “cometido el error de su vida” al presentar un pedido a la UNASUR para evaluar una segunda declaración que solicitara “tolerancia y diálogo”. Tildó al Presidente Obama de ser “el jefe mayor de los diablos” y acusó al Ex-Presidente Uribe de encabezar un “complot” para derrocarlo, lo cual hizo extensivo al Presidente Santos cuando sostuvo una reunión privada con Henrique Capriles. Además, acusó al Secretario de la OEA de “cínico e injerencista”, por solicitar diálogo.

Maduro utilizó PETROCARIBE, ALBA y MERCOSUR para desactivar los intentos de la MUD de formar un bloque de parlamentos y gobiernos a nivel hemisférico para presionar a favor de la realización de una auditoría integral de todo el material electoral desde UNASUR y la OEA, así como toda posible activación de la Carta Interamericana Democrática.

Además, desplegó iniciativas diplomáticas de apertura –hoy vistas como meras tácticas tendientes a afianzar su reconocimiento-, como la Reunión Jaua-Kerry al margen de la Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala el 5 de junio y la gira europea realizada del 16 al 20 de junio por Italia, El Vaticano, Francia y Portugal, que incluyó la simbólica audiencia con el nuevo Papa Francisco. Esas dos reuniones, fueron nuevas victorias diplomáticas, ya que le dieron mayor legitimidad y cerraron la puerta a las denuncias que realizaba la MUD. Maduro coronó esta etapa con una gira por Rusia y Belarús, y su asunción de la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR en la Cumbre de Montevideo -a pesar de las objeciones del nuevo Presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

Una vez superada la crisis electoral y con amplio reconocimiento, Maduro ha disminuido la frecuencia de sus viajes al exterior y ha retomado el discurso anti-imperialista. Esto pudo observarse con la visita a Cuba en el 60° Aniversario del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio, la definitiva salida de la Convención Americana sobre DDHH, y las protestas de la ALBA por el espionaje denunciado por Snowden y la irrespetuosa retención del avión del Presidente Morales en Europa. No obstante, estos últimos eventos mostraron también que su liderazgo en una ALBA en declive, se encuentra disputado por Rafael Correa. Asimismo, en esta segunda etapa, Maduro ha buscado apoyos para paliar la crisis económica -al tiempo que intenta desviar la atención de la misma-, mediante la profundización de las relaciones con los socios considerados estratégicos, la reconciliación con el Presidente Santos y por nuevas puestas en escena frente a EEUU.

Cuando lucía inminente un ataque de EEUU a Siria a principios de septiembre, el Presidente Maduro le envió una carta –tan poco diplomática como intrascendente- al Presidente Obama para intentar liderar la opinión pública mundial contra EEUU, tratando de emular a Chávez en la antesala de Irak. No obstante, el Acuerdo de Ginebra entre EEUU y Rusia para destruir el programa químico sirio, le tomó con el pie cambiado y prefirió por ello no acudir a la Asamblea General de la ONU.

La crisis económica le obligó a viajar a China en septiembre para pedir un nuevo préstamo y ofrecer nuevos bloques de la Faja, así como solicitar nuevos préstamos a empresas petroleras a través de PDVSA. Asimismo, le llevó a cerrar el canal de diálogo con EEUU a finales de septiembre, mediante la expulsión de su Encargada de Negocios, Kelly Keiderling, para tratar de desviar la atención de los problemas económicos. En octubre, la agudización de la crisis y la cercanía de las elecciones municipales, han generado sendas ausencias de Maduro en una cita con Morales y Correa en Bolivia y en la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, y el ofrecimiento de ayuda de Brasil a través de Marco Aurelio García.

En definitiva, hemos visto a un Maduro que ha optado por retomar la política exterior de Chávez -incluyendo su falta de contundencia respecto al Esequibo. Sin embargo, la ausencia del líder carismático, las capacidades económicas y petroleras mermadas, y el cambio de la coyuntura internacional –marcada por el repliegue de EEUU y la transición a la multipolaridad- introducen varias incógnitas sobre la viabilidad del proyecto internacional del chavismo a largo plazo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La denuncia del Pacto de San José: paradojas y alternativa


Dr. Kenneth Ramírez
Una falta no se convierte en un error hasta que te niegas a enmendarlo. Empero, el gobierno venezolano -a pesar de todas las críticas- decidió seguir adelante con la denuncia de la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José, hasta hacerla efectiva. Esto plantea varias paradojas e invita a pensar en alternativas.
Una primera paradoja ha sido señalada por el Ex–Procurador y Ex-Fiscal General de la República, Javier Elechiguerra, quien recordó que el decreto que llamó a referéndum en 1999 para convocar una Asamblea Nacional Constituyente se realizó con base en una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconocía la participación política como derecho fundamental, habida cuenta que esto no estaba contemplado en la Constitución de 1961.
Una segunda paradoja es que la Constitución de 1999 otorga jerarquía constitucional en su artículo 23 a los tratados, pactos y convenciones relativos a Derechos Humanos. En consecuencia, el acto de denuncia del Ejecutivo ha violado el espíritu del constituyente, además de ser inconstitucional en tanto que no se ha activado ninguno de los mecanismos de reforma previstos en el artículo 341. Es decir, no se ha recurrido a la aprobación de la medida por la mayoría de los miembros de la Asamblea Nacional o a un referéndum para enmendar el bloque constitucional en materia de derechos humanos, cuestión que en su momento fue utilizada por el gobierno venezolano ante el Mundo para enfatizar lo avanzada de la Constitución de 1999 al respecto.
Una tercera paradoja es que la denuncia de la Convención se hizo buscando supuestamente una retirada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la cual ha sido atacada con ímpetu por Venezuela por su supuesto aval al golpe de Estado de 2002. De hecho, el 30 de abril de 2012, el Ex-Presidente Chávez, pidió instalar el Consejo de Estado para que proporcionara los argumentos –nunca conocidos- que avalaran la retirada de Venezuela “de la tristemente célebre CIDH (…) un mecanismo que usa EEUU contra el país”. El Presidente Maduro ratificó estos argumentos el pasado 9 de septiembre, agregando que la CIDH y la Corte “se creen un poder supranacional por encima de gobiernos legítimos  del continente”, y las acusó de querer respaldar la denuncia de fraude de la oposición en las elecciones del 14-A.
Sin embargo, la CIDH -creada en 1959- es parte tanto del Derecho Internacional Americano como del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, porque fue incorporada tanto en la Carta de la OEA firmada en 1948 a través del Protocolo de Buenos Aires de 1967, como en la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969. En consecuencia, la denuncia de la Convención, sólo tiene el efecto de retirarnos del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos –y su ente jurisdiccional que es la Corte- pero no de la CIDH. Ya que la Carta de la OEA no admite divisibilidad de sus disposiciones, la única forma de retirar a Venezuela de la CIDH sería retirarla de la organización. Lo que ha hecho Venezuela es unirse a algunas islas de El Caribe y sorprendentemente a EEUU, que forman parte de la OEA pero no de la Convención. En este sentido, la CIDH seguirá vigilando e impulsando el cumplimiento de los Derechos Humanos en Venezuela de conformidad a la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de 1948; y sus medidas y recomendaciones aunque no serán vinculantes, constituirán un factor de ilegitimidad de no ser acatadas.
Una cuarta paradoja es que nos hemos retirado de la Convención sin haber participado activamente en el debate que se ha producido sobre su reforma, y sin haber podido crear una institucionalidad de protección de derechos humanos alternativa. Recordemos que una propuesta impulsada por Ecuador y Venezuela para crear un Consejo de Derechos Humanos en UNASUR fue derrotada en 2012, y por consiguiente, hacerlo en la CELAC será aún más cuesta arriba, ya que el resto de la región entiende que su propósito es debilitar el sistema interamericano. Esto demuestra además que la decisión no fue calculada suficientemente.
Una quinta paradoja es que la Convención Americana de Derechos Humanos de la cual nos estamos retirando, es base jurídica del Protocolo de Asunción sobre Compromiso con la Promoción y Protección de los Derechos Humanos del MERCOSUR de 2005, esquema de integración regional al cual estamos ingresando. En consecuencia, nuestra acción proporciona más argumentos a quienes califican la adhesión de Venezuela al MERCOSUR como problemática.
Mientras reflexionamos como país, y encontramos una solución que refleje un consenso nacional al respecto, existe –más allá del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos de la ONU- una alternativa clara: el propio MERCOSUR. En este sentido, todos los actores políticos y sociales deben empezar a suscribir –con todo lo que haya que cambiar- el ingreso de Venezuela al MERCOSUR y ocupar sus espacios, ya que posee valiosas instancias para promover y proteger los Derechos Humanos: la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento del MERCOSUR, la Reunión de Altas Autoridades sobre Derechos Humanos (RAADH) -órgano auxiliar del Consejo del Mercado Común-, y el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos. Asimismo, debe exigirse al gobierno venezolano que utilice la Presidencia pro témpore del MERCOSUR para fortalecer estas instancias e impulsar la transformación de la RAADH en un Consejo de Derechos Humanos del MERCOSUR que sea efectivo y creíble.

viernes, 23 de agosto de 2013

Nueva oportunidad para Paraguay y Venezuela en MERCOSUR


Laura Guzmán

Varias son las opiniones emitidas respecto al polémico ingreso de Venezuela al MERCOSUR durante la ausencia temporal paraguaya tras la suspensión realizada por parte del resto de los mandatarios que integran el acuerdo, alegando que el juicio político que acarreó la destitución del entonces Presidente Fernando Lugo en junio de 2012, fue contraria a lo establecido en el Tratado de Asunción.
Hoy nos encontramos ante una realidad totalmente distinta a la vivida hace un año en ambos países. En Venezuela, el Presidente Hugo Chávez (aliado de Lugo), ha fallecido tras una dura batalla contra el cáncer, siendo elegido como su sucesor el Ex-Vicepresidente y Ex-Canciller, Nicolás Maduro; mientras que en Paraguay, luego de un duro proceso político, finalmente cuentan con un nuevo Presidente. En conclusión dos mandatarios diferentes, con dos corrientes políticas nada parecidas -aunque aún está por ver cuál será el estilo  de gobierno de Horacio Cartes.
La indudable interrogante para el futuro del MERCOSUR, es si Paraguay y Venezuela lograrán resolver sus diferencias y pasar página de lo ocurrido, cerrando un capítulo difícil para la integración latinoamericana.
Una de las condiciones exigidas por Horacio Cartes desde que era candidato presidencial para regresar a MERCOSUR, era que se le otorgara la Presidencia pro témpore del bloque a Paraguay, pero en la reciente Cumbre de Montevideo esta pasó a manos de Venezuela. Si bien muchos opinan que acceder a esta petición constituía la perfecta oportunidad para Venezuela de subsanar sus problemas con Paraguay, lo cierto es que esto no ocurrió. Es un secreto a voces que el Presidente Maduro busca desesperadamente llenar los zapatos que dejó el Ex-Presidente Chávez en Latinoamérica luego de su muerte, por lo cual parece haber considerado más importante ostentar la Presidencia pro témpore de MERCOSUR que resolver los problemas con Paraguay en el corto plazo, para así demostrar que es capaz de continuar impulsando el proyecto del “Socialismo del siglo XXI” en la región. Además, esta posición le permitió a Maduro continuar recabando legitimidad internacional después de las polémicas elecciones del 14-A.
Entre las asperezas que deben limarse con el ahora Presidente Cartes, figuran en primer lugar lo concerniente al apoyo brindado por el difunto Chávez al caso de Lugo y la injerencia que pretendió ejercer Venezuela en este asunto a través del propio Nicolás Maduro, y en segundo lugar el cierre de la Embajada venezolana en la Asunción y la suspensión de suministro de petróleo en 2012. Será sin duda interesante observar si Maduro optará por acercarse al mandatario paraguayo de turno o si atacará las políticas que despliegue de aquí a futuro, cuestión que seguramente no se hará esperar por mucho tiempo, puesto que hasta ahora hemos estado acostumbrados a un discurso de Venezuela catalogado de “intervencionista” por parte de muchos, donde las opiniones sobre la forma de negociar y actuar de otros países son públicamente criticadas.
La atención pública fue invocada una vez más hacia esta situación, cuando   el Presidente Maduro manifestó no haber sido invitado a la ceremonia de investidura de Horacio Cartes, mientras que el Presidente ecuatoriano Rafael Correa -quien también busca ocupar el lugar vacío de Chávez dentro de Latinoamérica-, declaró que a pesar de ser invitado no asistiría en solidaridad con Venezuela.
Las  expectativas sobre un período de negociación se hacen cada vez más fuertes, sobre todo ahora que con la toma de posesión del Presidente Cartes del pasado jueves 15 de agosto, se levanta la suspensión contra Paraguay significando su acceso al lugar que ocupaba dentro del MERCOSUR y la UNASUR.
Cartes por su parte no ha dejado claro si desea o no retornar al MERCOSUR, pero al asegurar haber discutido abiertamente con sus homólogos suramericanos la preocupación que existe por resolver el conflicto y la invitación al resto de los países que integran el bloque a la ceremonia de investidura, pareciera dar señales de un interés en reconciliar a Paraguay con el MERCOSUR, e insiste en que su país no tiene ninguna intención política en permitir la entrada de Venezuela al bloque, señalando que “el problema es jurídico” en alusión a la falta de aprobación paraguaya.
Pareciera entonces que la mejor forma de abordar un proceso de diálogo es bilateralmente para luego llevar los resultados de esta negociación a nivel del bloque regional, y sobre todo evaluar las opiniones que emita Cartes con respecto a las decisiones que como Presidente pro témpore, Nicolás Maduro haga dentro del MERCOSUR. Además, se espera que ambos mandatarios se encuentren cara a cara en la VII Cumbre Ordinaria de la UNASUR que se celebrará en Surinam el próximo 30 de agosto, lo cual supone una nueva y magnífica oportunidad para empezar a resolver este impasse.
La Presidencia venezolana del MERCOSUR se da en un momento crucial para la integración latinoamericana. La novedosa Alianza del Pacífico con una visión estrictamente comercial y en vinculación a EEUU, está buscado frenar el liderazgo e influencia de los gobiernos izquierdistas suramericanos -principalmente los de Brasil y Venezuela-, así como contrapesar sus proyectos de integración –de la ALBA al MERCOSUR y UNASUR. De hecho, en mayo pasado durante la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico celebrada en Cali, el Ex–Presidente paraguayo Franco buscando romper el aislamiento internacional, propició la incorporación del país guaraní como observador de este nuevo esquema de integración, lo cual puso en tela de juicio la cohesión del MERCOSUR.
En consecuencia, los intereses de Venezuela empujan al Presidente Maduro a utilizar su posición al frente del bloque suramericano para cerrar cuanto antes el impasse con Paraguay y consolidar el MERCOSUR ampliado.

martes, 23 de julio de 2013

Reconciliación en Puerto Ayacucho



Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro han logrado reconciliarse y han prometido relanzar las relaciones bilaterales durante la reunión sostenida este lunes 22 de julio en Puerto Ayacucho. La cita fue el primer encuentro bilateral desde que el Presidente Santos asistió por poco tiempo a la toma de posesión de Nicolás Maduro el pasado 19 de abril, y vino a cerrar el impase provocado posteriormente por la audiencia privada concedida por el Presidente Santos a Henrique Capriles Radonski el pasado 29 de mayo, quien ha desconocido los resultados de las elecciones del 14-A y ha solicitado a varios gobiernos y parlamentos latinoamericanos que presionen al gobierno venezolano para la celebración de una auditoría electoral a todos los materiales de votación de conformidad a la “Declaración de Lima” adoptada por UNASUR.
Recordemos que el Presidente Maduro reaccionó desproporcionadamente a la reunión Santos-Capriles, denunciando que desde “los más altos poderes del Estado colombiano” se conspiraba para derrocarlo y hasta asesinarlo; por lo cual en su opinión, se habían quebrantado los Acuerdos de Santa Marta del 10 de agosto de 2010, según los cuales el Presidente Santos convino preservar las buenas relaciones políticas, mientras que Venezuela aceptó reactivar el comercio bilateral. Tal situación develó el objetivo central de la diplomacia de Maduro en sus primeros 100 días: lograr reconocimiento y legitimidad internacional. Sin embargo, una vez alcanzado este objetivo, y habiendo recordado al gobierno colombiano y al Mundo los costos de intervenir en los asuntos internos de Venezuela, la reconciliación ha sido posible.
Desde la Casa de Nariño, el Presidente Santos sostuvo en variadas ocasiones que  todo esto había sido producto de un “mal entendido”. En realidad, resulta bastante normal en nuestros tiempos, que un Presidente democrático reciba al líder opositor de un país vecino y escuche sus puntos de vista, sobre todo cuando existen simpatías ideológicas y diferentes actores políticos colombianos lo exigían –incluyendo los Ex-Presidentes Pastrana y Uribe.
Lo cierto es que la reunión de Puerto Ayacucho ha reactivado una relación que estaba “un poco fría” en palabras de la Canciller Holguín. Santos apeló a Bolívar como Padre común y a una relación constructiva como parte del legado de Chávez, para acercarse psíquicamente a Maduro y reparar los vínculos. También parece que acudió a los buenos oficios del Presidente Correa y del Ex–Presidente Lula, a quienes Maduro manifestó agradecimiento por su interés en el encuentro. Aun así, la diferencia de estilo entre Chávez y Maduro quedó en evidencia en la rueda de prensa, ya que si bien se mostró cordialidad diplomática, hubo ausencia de sonrisas, discursos inflamados y gestos grandilocuentes.
No obstante, más allá de estilos e ideologías, ha quedado demostrado una vez más, que los intereses son los lazos más sólidos que unen a los gobiernos de dos países vecinos. El enfoque pragmático seguido por el Presidente Santos hacia Caracas, le ha permitido no sólo cobrar la mayor parte de la deuda que el gobierno venezolano tenía con los exportadores colombianos, sino impulsar el comercio bilateral. En este sentido, aunque aún se encuentra lejos de los 7 millardos de dólares que alcanzó en 2008 antes de la última gran ruptura Chávez-Uribe, ha venido creciendo sostenidamente desde la llegada de Santos al poder, pasando desde 1,7 millardos de dólares en 2010 hasta 3,2 millardos de dólares en 2012.
Igualmente, el Presidente Santos ha logrado que se mantenga la presencia del gobierno venezolano –con el que las FARC tiene afinidades ideológicas- como acompañante del proceso de paz que atraviesa una coyuntura decisiva, luego del histórico acuerdo sobre desarrollo agrario alcanzado en la mesa de negociaciones de La Habana a finales de mayo. Los resultados de estas negociaciones son vitales de cara a una posible reelección de Santos en 2014. Por último, pero no menos importante, el Presidente Santos desea tener en Venezuela un colaborador para combatir el narcotráfico y los grupos ilegales que operan en la frontera, así como un posible interlocutor frente a cualquier aventura expansionista de Nicaragua –animada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia- en la fachada caribeña colombiana.
Por su parte, el Presidente Maduro ha conseguido que Colombia le reitere su reconocimiento como mandatario legítimo de Venezuela e interlocutor necesario para la paz, continúe abasteciendo el mercado local –aunque aquí sigue pendiente el reto de equilibrar la balanza comercial claramente deficitaria- y no preste ningún tipo de apoyo a la oposición venezolana. Asimismo, el gobierno venezolano ha manifestado interés en combatir el costoso contrabando de gasolina hacia Colombia, que representa alrededor de 29 mil barriles diarios y más de un millardo de dólares que cada año se escapan de las arcas venezolanas, ya que se importan actualmente aditivos para fabricar gasolina.
Además, sí el Presidente Maduro realmente se ha tomado en serio las denuncias del periodista y dirigente del PSUV, José Vicente Rangel, sobre un supuesto plan estilo “Misión Imposible” que tendría algún sector de la oposición venezolana, el cual habría adquirido un lote de 18 aviones desincorporados por las Fuerzas Armadas de EEUU para atacar en el futuro a Venezuela desde suelo colombiano, seguramente fue tratado en la reunión. De igual forma, quizás también se discutió sobre el alcance del acuerdo de cooperación firmado recientemente entre Colombia y la OTAN, que el gobierno venezolano ha calificado como una “agresión a la unidad latinoamericana”.
En definitiva, como dijo el Presidente Santos en Puerto Ayacucho, ambos gobiernos tienen visiones diferentes, pero también tienen la necesidad de trabajar juntos en función a sus intereses respectivos; mientras que el Presidente Maduro habló de abordar los retos comunes con base en el respeto, la comunicación permanente, la cooperación creciente y la co-existencia –término que recuerda peculiarmente a la Guerra Fría.
Una lluvia selvática sirvió de telón de fondo para la clausura del encuentro, lo cual fue visto como de buen augurio por el Presidente Santos, quien sentenció: “dicen que los matrimonios, cuando llueve, tienen buena suerte”. Desde luego no sabemos si este matrimonio tendrá suerte, lo que sí sabemos es que será mutuamente conveniente para ambos gobiernos, y quizás por ello sea duradero.
Publicado originalmente en RunRun.es

jueves, 6 de junio de 2013

La Reunión Jaua-Kerry, o los ecos del “Grupo de Boston”


 
Dr. Kenneth Ramírez

Tres meses después de la muerte de Hugo Chávez, el Canciller Jaua se reunió con el Secretario de Estado John Kerry al margen de la 43° Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Guatemala durante 40 minutos. Al final del encuentro, el Secretario Kerry señaló que habrá un “diálogo continuo para intentar establecer una agenda específica” con miras a una “relación bilateral positiva”. Agregó que la idea es “pasar rápidamente al nombramiento de Embajadores”. Por su parte, el Canciller Jaua manifestó que existe la mejor voluntad de mejorar las relaciones, pero que esto pasa por “respetar el modelo socialista de Venezuela” y evitar que sean “avalados o estimulados grupos anti-democráticos” que han emprendido “una campaña de desestabilización de las instituciones venezolanas”. En todo caso, expresó su confianza de que esta reunión marque el inicio de una “relación de respeto”.
 
Desde finales de 2012, se han efectuado diálogos entre la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, el entonces Canciller Maduro, y el Embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton, para restablecer la relación diplomática al más alto nivel –no hay Embajadores desde 2010-, y para reactivar la cooperación anti-narcóticos -suspendida en 2005- y la cooperación energética –suspendida en 2003-.
 
El 24 de enero de 2013, el entonces Vicepresidente Maduro designó al propio Embajador Chaderton como “enviado especial” para “conversar los términos de una relación de respeto” con EEUU y “regularizar las relaciones diplomáticas”. Este mismo día, en su audiencia de confirmación como nuevo Secretario de Estado en el Senado, John Kerry señaló que “depende de lo que pase en Venezuela, puede haber realmente una oportunidad para la transición” y la mejora de las relaciones bilaterales, en referencia indirecta a la enfermedad del Presidente Chávez, y a su conocimiento del sucesor Nicolás Maduro y las nuevas realidades que encararía.
 
Partiendo de esta idea, EEUU tuvo el gesto diplomático de enviar una delegación simbólica a los funerales de Chávez. La misma estuvo compuesta por el Representante demócrata por Nueva York, Gregory Meeks, y el Ex-Representante demócrata por Massachusetts, William Delahunt –muy cercano a Kerry-, quienes fueron acompañados por el Encargado de Negocios James Derham. En este marco, Maduro instó a EEUU a convivir con “respeto” con América Latina.

A partir de allí, la retórica de Maduro dirigida a Washington fue especialmente dura y agresiva en su intento de ganar apoyo entre la base chavista antes, durante y sobre todo después de las elecciones del 14-A -cuando encaró serios cuestionamientos a su legitimidad. Esto fue combinado con ciertas acciones de menor visibilidad llamando al diálogo bilateral. La Administración Obama entendió el momento político, así que no le tomó por sorpresa el comportamiento de Maduro, y por ello reaccionó en forma cauta.
 
El 20 de marzo, ante unas declaraciones de la Subsecretaria Jacobson donde señaló que las elecciones del 14-A debían seguir “los altos estándares del Hemisferio”, el Canciller Jaua anunció que el canal de comunicación con EEUU quedaba suspendido. No obstante, antes de las elecciones y en medio de cierto triunfalismo, Maduro aprovechó una reunión con los acompañantes internacionales el 13 de abril, para enviar un mensaje privado a Barack Obama a través de Bill Richardson: “Queremos regularizar y mejorar la relación”.
 
La crisis pos-electoral volvió a tensar la cuerda. El Departamento de Estado subrayó la necesidad de realizar la fase II de la auditoría ciudadana y las investigaciones a las irregularidades denunciadas por la MUD, ya que resultaba “importante y esencial” para que el pueblo venezolano confíe en los resultados emitidos. El 21 de abril, la Secretaria Jacobson reiteró en una entrevista, el llamado a realizar la auditoría ciudadana, agregando que no podía precisar si “vamos a implementar o no sanciones”. El Canciller Jaua amenazó con tomar diferentes medidas, incluso la suspensión de la venta de petróleo, si EEUU apelaba a la sanciones contra Venezuela.
 
Tras el amplio reconocimiento otorgado por los gobiernos de América Latina y El Caribe a Nicolás Maduro, la posición estadounidense fue cambiando para ajustarse a la realidad. El Departamento de Estado aclaró que no buscaría establecer sanciones a Venezuela y que era al pueblo venezolano a quien correspondía decidir sobre la legitimidad del gobierno de Maduro, aunque también solicitaron “una rebaja de las tensiones y amenazas contra actores políticos legítimos”, en alusión a las agresiones a líderes de la oposición. Asimismo, fue saludada la designación de Calixto Ortega como nuevo Encargado de Negocios venezolano en Washington en plena crisis política, cuya misión en palabras de Nicolás Maduro es “incrementar el diálogo” bilateral.
 
El 24 de abril, el documentalista Timothy Tracy fue arrestado el pasado 24 de abril en el Aeropuerto de Maiquetía cuando intentaba abandonar el país, siendo acusado de ser un espía que intentaba generar actos de violencia, mientras realizaba una película sobre la situación política de Venezuela en plenas protestas. A través de las discretas gestiones de William Delahunt, Timothy Tracy fue liberado horas antes de la reunión Jaua-Kerry para facilitar las conversaciones.
 
El 3 de junio, la Subsecretaria Jacobson si bien recibió a la diputada María Corina Machado para escuchar el punto de vista de la MUD sobre la situación política venezolana posterior a las elecciones del 14-A, calificó este encuentro como una “discusión sobre cómo podemos apoyar las aspiraciones democráticas en Venezuela, no de un partido, un actor una propuesta específica”. Además, colocó en duda la activación de la Carta Interamericana Democrática y señaló que  debían seguir las conversaciones en UNASUR como un medio para “crear diálogo” entre los venezolanos.
 
Con todas estas acciones y la reunión Jaua-Kerry como colofón, la Administración Obama muestra que ha optado por abrir un canal de diálogo bilateral y re-ensayar su política de compromiso (engagement policy) hacia Caracas. Con ello, EEUU quiere restablecer las relaciones diplomáticas al más alto nivel, propiciar –junto a UNASUR- la despolarización y diálogo político en Venezuela como punto de partida para una nueva gobernabilidad democrática –siguiendo el modelo brasileño-, abrir vías para fomentar la confianza ydisminuir la conflictividad bilateral, así como reactivar la cooperación anti-narcóticos y la cooperación energética. Además, busca desactivar el obstáculo que Venezuela ha supuesto para desarrollar su política latinoamericana en la última década. Por su parte, Nicolás Maduro ha conseguido el reconocimiento de EEUU y desactivar la campaña de denuncia internacional de la MUD.
 
En consecuencia, se ha abierto una ventana de oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales como ocurrió tras la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009; por lo cual, es necesario ser prudente sobre el posible desenlace. La diferencia es que los actores que ahora se encargan de normalizar las relaciones bilaterales pertenecen o estuvieron en contacto con el mítico “Grupo de Boston” conformado por legisladores estadounidenses y venezolanos, quienes -financiados por la OEA- buscaron después de los sucesos de abril 2002 y hasta la retirada de la oposición de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005, propiciar una relación constructiva entre EEUU y Venezuela, así como impulsar el diálogo y la reconciliación en la política venezolana. Calixto Ortega y William Delahunt pertenecieron a este grupo, y John Kerry, Nicolás Maduro y Cilia Flores participaron en algunas de sus reuniones. Ahora en el poder, reciben los ecos de sus propuestas en aquel “Grupo de Boston”, con la diferencia de que ahora no se encuentran ni Bush ni Chávez en la escena política y tienen margen de maniobra para llevarlas a la práctica. ¿Lo conseguirán? ¿Será William Delahunt el nuevo Embajador de EEUU en Venezuela?

Publicado originalmente en RunRun.es

jueves, 4 de abril de 2013

El ascenso del Sur: ¿sostenible o en la cúspide?


María Fernanda Hernández

Asia y América Latina son regiones parte de los llamados “ascendentes del Sur”, según lo catalogó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe anual sobre Desarrollo Humano “El ascenso del Sur: Progreso Humano en un Mundo diverso”, donde se habla del crecimiento del Sur, el cual puede mantenerse sostenible o simplemente haber llegado a la cúspide de sus posibilidades.
Las estrategias que desarrollen actualmente estas regiones determinaran indirectamente la sostenibilidad de su auge. Las regiones del Sur, coinciden en algunas características de su status quo, pero al mismo tiempo guardan entre sí diferencias profundas en sus estrategias –o muchas veces, en la presencia y ausencia de planes estratégicos-, lo que generan una amplia grieta a nivel de sus proyecciones de desarrollo.
Una región milenaria como Asia, luego de recuperar su autonomía en el siglo pasado, se encuentra hoy en día llena de prosperidad económica, tigres e innovación, pero también tiene rivalidades geopolíticas y barreras. Sin duda, es el nicho de potencias consolidadas y emergentes, con una capacidad productiva bastante envidiable. Para nadie es un secreto que existe una gran concentración de países en el Sur y Este de  Asia que han generado un foco de tecnología y han desarrollado estrategias de inversión a largo plazo.
América Latina es parte de este Sur en propulsión, luego de superar desde guerras de guerrillas, fuertes crisis económicas y dictaduras brutales. Hoy en día, es una región que tiene -a pesar de algunas excepciones- una amplia estabilidad política y sistemas democráticos consolidados, prosperidad económica y diversos mecanismos de integración, siendo muchas veces envidiada por su “suerte” -recordemos su exitosa gestión e impacto casi nulo de la crisis económica mundial del 2008-. Aunque América Latina posee en común con Asia la prosperidad económica y las múltiples barreras existentes, no posee tigres ni innovación.
Sin embargo, es utópico augurar escenarios sin obstáculos que superar para estas regiones. Ante desafíos transnacionales –erradicación de la pobreza, disminución de la desigualdad, la seguridad ciudadana o el Cambio Climático- no hay una vía más efectiva que la cooperación y la integración regional -como primer paso- e internacional como el ideal.
Si bien es cierto que para Asia, el proceso de integración regional se ha venido desplegando con elementos –como lo son la eficiencia y el pragmatismo de sus acuerdos y mecanismos- que han catapultado diversos grados de desarrollo económico en los distintos países, esto no es sinónimo de un aumento asegurado de desarrollo humano en todas las regiones del continente. Podemos visualizar esta afirmación en la reciente aprobación de nuevas normativas por parte del Ministro de Educación del movimiento islamista Hamas, quienes gobiernan la Franja de Gaza en Oriente Próximo; normas las cuales impedirán que los hombres impartan clases a las niñas de las Escuelas y se dividirán a los niños de las niñas al cumplir los nueve años. 
En el caso de América Latina, observamos una región con países que se encuentra en una permanente carrera de relevo que promueve el enfoque a resolver coyunturas domésticas y no encargarse de un trabajo estructural. Además, existen elementos básicos que mitigan el proceso de integración con visión de desarrollo, y uno de los principales son las diferencias de los modelos ideológicos que debilitan u obstruyen los distintos mecanismos de integración que han sido creados. Es menester destacar que con la reciente desaparición física de Hugo Chávez, este elemento a nivel regional ha perdido fuerzas y quienes esperaban que el Presidente Correa pudiese liderar de manera similar la ALBA, se quedaron con mucho que desear con el resultado de la propuesta de reforma del Sistema de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la OEA; situación que resulta entendible, con la falta de los niveles de carisma y acceso a recursos similares a los que poseía el finado Presidente venezolano.
No cabe duda que los contextos de estas dos regiones que describimos se encuentran en proceso evolutivo -seguramente hace veinticinco años, en términos de desarrollo humano, Polonia en medio de la escasez, el comunismo y la pobreza no imaginaba que algún día iba a estar a la altura de la Unión Europea-. La diferencia entre el grado de prosperidad que pueda alcanzar cada región, radicará en la efectividad de las estrategias de promoción del desarrollo y mecanismos de integración que se apliquen.
Si nos ubicamos desde una perspectiva a largo plazo, definitivamente el principal reto a superar para el continente asiático, será penetrar la barrera cultural que mitiga el proceso integrado de crecimiento, donde se pueda generar una ampliación de las capacidades tecnológicas e inversión en educación al resto del continente, que aumente aún más la productividad y despliegue un amplio y fuerte bloque regional. Por otra parte, para América Latina es vital un cambio en los modelos de desarrollo que se han venido aplicando, y diseñar planes para el progreso en el área de innovación; debido a la ausencia de oportunidades, la gran mayoría de los profesionales prefieren invertir sus conocimientos en países que no solo valoren sus capacidades, sino que puedan ofrecerles un alto nivel de calidad de vida, convirtiéndose esto en una profundad perdida no sólo de capital, sino de talento humano.
Será cuestión de tiempo y políticas aplicadas, las que nos darán respuesta de si este auge del Sur se convertirá en sostenible, o si simplemente muchas de estas regiones ya encontraron la cúspide de sus posibilidades.

miércoles, 3 de abril de 2013

¡Debate sí, injerencia no!


Dr. Kenneth Ramírez

Debatir es siempre un ejercicio necesario en democracia; sobre todo cuando los debates se hacen desde el respeto a la diferencia y con argumentos, en lugar de simples descalificaciones al adversario. En este sentido, y en una campaña presidencial tan corta como la actual, los venezolanos merecemos un debate entre los candidatos Nicolás Maduro y Henrique Capriles sobre los principales aspectos que interesan al electorado: seguridad ciudadana, economía, asuntos sociales y política exterior.
Aunque se asume que la política exterior no genera votos, hoy por hoy, es un tema que se utiliza casi cotidianamente en el discurso político. Lo peor no solamente es la manera equívoca en la cual generalmente se utiliza, tratando de subrayar las bondades de tal o cual país y dividiendo falsamente el Mundo entre buenos y malos a partir de una determinada ideología; sino la injerencia a la que nuestra polarización política interna invita a terceros actores.
En este sentido, el video enviado por el Ex-Presidente brasileño Lula da Silva para la clausura de la reunión del Foro de Sao Paulo en Caracas que ha sido transmitido por el sistema de medios públicos, donde después de dar testimonio de sus experiencias con el Ex-Presidente Chávez y Nicolás Maduro, concluye diciendo “Maduro Presidente es la Venezuela que Chávez siempre soñó”; constituye una descarada injerencia en nuestros asuntos internos como quizás no se había visto nunca en una campaña electoral. Un video hecho específicamente para hacer proselitismo político.

Esto es absolutamente inadmisible, y llama mucho la atención que no haya sido rechazado por ninguna de las autoridades de los poderes públicos. Recordemos que hace quince días, la Presidenta del CNE rechazó por “injerencista” e “irrespetuosas” las declaraciones de la Sub-Secretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, por sólo pedir que las elecciones del 14-A se celebren “con los altos estándares democráticos del Hemisferio”. Sin embargo, en el caso del video de Lula, se apoya abiertamente la candidatura de Nicolás Maduro, lo cual a nuestro juicio es aún más grave, y no ha generado aún reacciones oficiales.
Nuestra soberanía debe hacerse respetar. Aquí no caben medias tintas ni doble moral. Toda injerencia es objetable venga de donde venga, ya sea desde Brasil, EEUU, Colombia o Cuba. El Ex-Presidente Uribe es otro actor que se ha dado a la tarea de emitir opiniones sobre asuntos que no son de su incumbencia; y debemos hacer memoria sobre las desafortunadas declaraciones injerencistas emitidas por Raúl Castro en la Cumbre de la CELAC celebrada a finales de enero pasado en Santiago de Chile.
La política exterior venezolana durante la Era Chávez polarizó América Latina, y todas estas acciones muestran que aún allí se encuentran sus repercusiones. Sin embargo, a quien compete decidir entre las candidaturas políticas en liza, es a los venezolanos. La injerencia en nuestros asuntos internos debe cesar.
En lugar de ello, consideramos de importancia que Nicolás Maduro y Henrique Capriles vayan a un debate de altura sobre los grandes temas que interesan a los venezolanos, incluyendo la política exterior. Resulta preferible un debate entre venezolanos que aceptar un intervencionismo vergonzoso.
Ningún país o actor es ingenuo ni absolutamente benigno. Todos tienen sus intereses. En este sentido, la injerencia del Ex-Presidente brasileño y miembros del Foro de Sao Paulo en nuestra campaña electoral, se ha hecho en función de determinados intereses, no de ninguna “solidaridad” inocua o principios abstractos. El gobierno de Venezuela en la última década ha financiado y respaldado a los grupos de este Foro político transnacional. También ha beneficiado indirectamente a los intereses de Brasil con la política exterior de corte ideológico que ha desplegado. Nuestra Cancillería no parece haber caído en cuenta, que mientras los venezolanos nos llevamos los costos de un enfrentamiento abierto con EEUU en la región, Brasilia ha ido construyendo un espacio de influencia como potencia emergente y se ha erigido en árbitro regional, haciendo tratos o discrepando con Washington en función de sus intereses, no por apriorismos ideológicos. Por otra parte, bien es sabido el rol del Ex-Presidente Lula como promotor de los intereses de la empresa brasileña Odebrecht en Venezuela.
Lo más indignante, es que cuando el Ex-Presidente Chávez intentó reunirse con la actual Presidenta Dilma Rousseff durante la campaña electoral brasileña en 2010, ésta evitó reunirse con él a pesar de las simpatías políticas e intereses compartidos. El orgullo de Brasil no podía ponerse en juego. Además, al electorado brasileño podría no gustarle que el líder de un “país simple que sólo tiene petróleo” -como se refirió irrespetuosamente la Presidenta Rousseff respecto a Venezuela en aquella campaña-, se inmiscuyera en sus asuntos internos.
¡Sí al debate, no a la injerencia! Venezuela, al igual que Brasil, merece respeto. Es bueno que nuestros nuevos socios del MERCOSUR lo tomen en cuenta.
Nicolás Maduro fue canciller del Ex-Presidente Chávez por seis años, así que nadie mejor que él para exponer y defender su visión, objetivos y acciones en materia de política exterior. Debido a esta experiencia, y a pesar de su inexistente formación técnica en materia de Relaciones Internacionales, llevaría teóricamente ventaja frente a Henrique Capriles en este asunto, y no debería rehuir al debate.
Los venezolanos merecemos un profundo y rico debate sobre valores, objetivos, intereses, medios, estrategia y posición de Venezuela en el Mundo, que contribuya a desarrollar una política exterior de Estado coherente y eficaz a largo plazo, la cual debe tomar en consideración los cambios extraordinarios que ha experimentado el sistema internacional en la última década y redundar en beneficios para todos los venezolanos.
Acercar posturas teniendo todo esto en mente, disminuir la demagogia, combatir el injerencismo y construir paulatinamente un consenso en materia de política exterior entre los principales actores políticos y de la sociedad civil, es una tarea de urgencia para Venezuela, la cual debe empezar con intercambios de ideas desde el respeto y la razón.
En consecuencia, me pronuncio a favor de un debate y rechazo rotundamente las injerencias vengan desde donde vengan. Ni Lula, ni el Foro de Sao Paulo, ni EEUU, ni Uribe, ni Cuba, tienen vela en este entierro; y deben abstenerse de intervenir en nuestra campaña electoral. Este es un asunto de venezolanos, y es a nosotros mismos a quien corresponde legítimamente opinar, actuar y decidir.

lunes, 25 de marzo de 2013

La dimensión internacional de la muerte de Chávez


Dr. Kenneth Ramírez

Durante la última década, Hugo Chávez fue una figura tanto central como controversial en los asuntos latinoamericanos. Reflejo de ello fue el aluvión de condolencias recibidas, la amplia cobertura de los medios de comunicación a nivel global, así como la nutrida asistencia de líderes internacionales a sus funerales.
Hugo Chávez nunca vislumbró su proyecto como meramente nacional. Desde su visión, era necesario traspasar las fronteras para ofrecer una resistencia coordinada a las fuerzas del capitalismo global dirigidas, a su entender, desde EEUU: el ubicuo “Imperio”. Para lograrlo, primero revitalizó la OPEP, cambió la legislación petrolera y se aseguró el control de PDVSA, aumentando así la capacidad económica disponible de su gobierno. A partir de allí, desplegó una ambiciosa proyección internacional basada en abundantes petro-dólares y su liderazgo carismático. En sus 14 años en el Palacio de Miraflores, ingresaron alrededor de 383 millardos de dólares por concepto de renta petrolera. Los petro-dólares venezolanos reforzaron el carisma de Chávez, y lo mismo ocurría en sentido inverso.
Chávez podía en efecto levantar toda clase de pasiones. Desde involucrar emocionalmente a líderes tan disímiles como Uribe, Lula, Fox, Morales o el Rey de España, hasta sacar lágrimas de seguidores y dirigentes de países tan lejanos como Bielorrusia, Palestina e Irán. Gracias a ese carisma tan particular, a su elocuencia discursiva y capacidad de convicción, logró envolver a diversos países en un proyecto contra-hegemónico frente a EEUU, sus aliados y empresas transnacionales. Pero el discurso no iba vacío, sino acompañado de mucho dinero en efectivo o suministro petrolero.
A la renovada cohesión de la OPEP tras la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Caracas en 2000, se sumó el fuerte crecimiento de la demanda petrolera de China en 2004, lo cual llevó el precio del petróleo a niveles iguales o superiores a 100 $/Bl. Esto fue  aprovechado por el Presidente Chávez, para acumular recursos útiles en la proyección internacional que diseñó. De ese modo, implementó medidas que iban desde el apoyo petrolero –alrededor de 400 MBD- y financiero a los países ALBA -principalmente Cuba-, los países PETROCARIBE, Argentina y el resto de la región; hasta el polémico respaldo con diesel al gobierno de Assad en la guerra civil siria o el apoyo diplomático a Irán y su programa nuclear. Además, se lanzaron programas de asistencia social internacional que fueron a financiar incluso a familias necesitadas de combustible para calefacción en EEUU a través de CITGO.
Con este alto perfil a nivel internacional, Chávez buscó obtener protagonismo, impacto y capacidad de influencia en distintos países y regiones del Mundo, siempre en aras de oponerse a la política estadounidense, a sus intereses y al capitalismo global; así como esquivar las críticas o eventuales sanciones internacionales por el modelo de democracia iliberal que fue instaurando paulatinamente en Venezuela. Todo esto, sin dejar de vender petróleo a Washington, incluso en plena guerra de Irak cuando pudo haber hecho mucho daño a la seguridad energética de EEUU. Negocios son negocios…
Respecto al llamado “socialismo del siglo XXI” en América Latina, es impensable decir que nada cambiará. En principio faltará Hugo Chávez como líder carismático, capaz de influir en las mentes y corazones de muchos en los foros internacionales. Faltarán las pasiones que levantaba. Seguramente también faltará la base política y la capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a un mismo proyecto alternativo. Rafael Correa cuenta con la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltarán los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba deberá ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro.
Empero, eso no implica que ciertas cosas se transformen radicalmente de manera inmediata. Por lo pronto, lo que sí quedará presente en la región, es la valoración por parte de los países ALBA, y en menor medida de Argentina, Uruguay y Brasil, de que resulta necesario equilibrar de manera coordinada la voluntad de Washington, y que eso no puede cambiar tras la ausencia de Chávez. Quizás Brasil terminará consolidando su liderazgo sobre toda la izquierda latinoamericana, lo cual puede cristalizarse en un eventual segundo período de Dilma Rousseff –quien actualmente lidera las preferencias electorales de cara a las elecciones de 2014.
Sin embargo, hay que enfatizar que Venezuela misma no necesariamente pasará de un alto perfil internacional a un repliegue absoluto. Evidentemente, los escenarios dependen del resultado de las elecciones del 14-A, las cuales según las últimas encuestas, probablemente serían ganadas por el Presidente Encargado Nicolás Maduro. En caso de que estos pronósticos se confirmen, el propio Nicolás Maduro buscará asumir el liderazgo internacional que deja el Presidente Chávez, ya sin la figura y sin el carisma de aquél; pero aún con recursos económicos que resultan cruciales para los países de la ALBA, y con el conocimiento de los líderes de la región y la política exterior de Chávez –al haber sido su Canciller por seis años.
En este escenario, lo que habremos de ver en los años que siguen, será el intento por parte de Nicolás Maduro por aglutinar en torno al legado de Chávez a los países ALBA, intentando demostrar que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En cambio, los adversarios de los países ALBA, que no son pocos, intentarán demostrar lo contrario.
No obstante, también podríamos empezar a observar a una Venezuela relativamente menos volcada a lo externo. Esto debido a la imperativa necesidad de un nuevo gobierno encabezado por Nicolás Maduro de atender una complicada agenda doméstica, a saber: la restructuración del gobierno y el proyecto político ahora sin Chávez, la gestión de una transición política ordenada y la necesidad de conservar la unidad al interior de la élite política chavista; así como resolver los problemas económicos inmediatos y fortalecer la capacidad de producción de PDVSA. Si este es el caso, la política exterior venezolana podría moderarse, la ALBA perder importancia frente a MERCOSUR/UNASUR como mecanismo de relacionamiento externo, y podría alcanzarse una relación con EEUU basada en el respeto mutuo y el pragmatismo.
Existe otro escenario, hoy por hoy menos probable según las encuestas, pero igualmente posible. En el caso de que fuese Henrique Capriles Radonsky quien ganase las elecciones, seguramente las cosas cambiarían no sólo en lo interno, sino también en lo externo. Muy probablemente, en este escenario, Venezuela transitaría hacia una relación de mayor cooperación con EEUU, y reduciría al mínimo sus relaciones con Cuba, además de abandonar la ALBA. Las relaciones con Brasil y Argentina mantendrían un buen nivel por motivos pragmáticos. No sería recomendable en este escenario, que Venezuela se retire de MERCOSUR para re-ingresar a la CAN, que hoy por hoy, no es un mecanismo de integración privilegiado por el resto de sus Estados miembros, e implicaría nuevos costos para el país. En lugar de ello, se debería  buscar profundizar los mecanismos de adaptación y re-negociar aspectos puntuales que sean lesivos a nuestros intereses.
Independientemente de los resultados de las elecciones del 14-A, resulta deseable que Venezuela logre reactivar su producción petrolera –estancada en los últimos años-, manteniendo la cohesión de la OPEP y el diálogo con los países consumidores; lo cual supondría apuntar a una política prudente y equilibrada, que defienda adecuadamente nuestros intereses como país productor y mantenga un buen clima en las relaciones con nuestros socios y clientes en el mercado petrolero global.
Asimismo, resulta muy importante construir en los próximos años, un amplio consenso en materia de política exterior entre las principales fuerzas políticas y actores de la sociedad civil, que permita corregir excesos de voluntarismo o extremismo ideológico, y evite cambios bruscos que deterioren nuestra credibilidad externa y genere nuevos costos. En este sentido, consideramos recomendable privilegiar el MERCOSUR como mecanismo de integración y concertación política, procurando su relanzamiento y ampliación hacia el resto de América del Sur –en franca convergencia con UNASUR. En este contexto, Venezuela debe jugar al equilibrio con los Estados pequeños y Argentina frente a Brasil como potencia emergente, al tiempo que mantiene el buen nivel alcanzado en las relaciones bilaterales con Brasilia en los últimos años.
A partir de allí, podemos desplegar una agenda externa inteligente, la cual implica desde abrir un nuevo capítulo en las relaciones con EEUU basado en el pragmatismo y el beneficio mutuo, hasta impulsar una renovación del sistema interamericano, catalizar un acuerdo de asociación entre MERCOSUR y la UE, y consolidar vínculos interregionales y bilaterales con Asia, Rusia, los Países Árabes y África. Todo esto implica una adecuada combinación de los enfoques del regionalismo, interregionalismo y multilateralismo, que permita apalancar nuestro desarrollo nacional y consolide la proyección externa de Venezuela como potencia media en la próxima década.