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miércoles, 13 de agosto de 2014

Irak: La tragedia de Obama


Dr. Kenneth Ramírez

Barack Obama ha sufrido un duro revés desde que el pasado 10 de junio, el Estado Islámico de Irak y Levante (por sus siglas en inglés, ISIS) invadió Irak desde Siria, tomando Mosul –tercera ciudad del país. A partir de allí, el líder del ISIS, Abubaker Al-Bagdadi, declaró el Califato Islámico y siguió expandiendo sus fuerzas en dirección a Bagdad y Erbil –capital del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK). Con 10 mil yihadistas controla un territorio del tamaño del Reino Unido y una población de 6 millones de habitantes, donde ha impuesto la sharia y ha perseguido a las minorías religiosas, sobre todo cristianos y yazidíes. Ante el avance del ISIS, el Primer Ministro Maliki se apoyó en una polémica fatwa –edicto islámico- del Ayatollah iraquí Alí al-Sistani que llama a los shiítas a defender el país, alentando el inicio de una guerra sectaria similar a la que vivió Irak después de la voladura de la Mezquita Dorada de Samarra en 2006. Todo esto ha abierto un capítulo que Obama quería olvidar y que puede acabar definiendo su legado.
La actual crisis iraquí ha sido generada en buena medida por la decisión de Obama de incumplir su línea roja y no bombardear a Siria después de que Assad utilizó armas químicas en agosto de 2013, así como su renuncia a armar a los rebeldes moderados sirios, lo cual terminó desbordando aquella guerra civil hacia Mesopotamia. Empero, la crisis también está asociada a la política sectaria de Maliki, quien ha gobernado con los shiítas, excluyendo a los sunitas del poder.
En consecuencia, el Presidente Obama que se enorgullecía por “haber cerrado una década de guerras agotadora” para EEUU en Medio Oriente, tuvo que iniciar el pasado 7 de agosto una campaña de bombardeos aéreos limitados en el norte de Irak, suministrar armas a los peshmergas –brazo armado del GRK- y ayuda humanitaria a las minorías en peligro. Así, el destino le ha arrastrado trágicamente de vuelta a Mesopotamia, ocupando para su disgusto, un lugar en la historia al lado de George H. W. Bush que bombardeó Irak en 1991, de Bill Clinton que lo hizo en 1998, y del propio George W. Bush, quien lideró la invasión a la que se opuso como Senador de Illinois en 2003 y que creyó cerrar como Presidente en 2011. Por ello, y dada la oposición del público estadounidense a participar en nuevas guerras, Obama ha fijado límites a la operación: 1) No habrá tropas en el terreno –aunque envió 775 fuerzas especiales en julio para protección y asesoría-; 2) El objetivo militar se centra en detener el avance del ISIS hacia Erbil y Bagdad; 3) Cualquier solución a largo plazo, destinada a derrotar al ISIS, pasa por el liderazgo de Irak, lo que supone superar la crisis política provocada por Maliki.
Aunque el Presidente Obama ha señalado la necesidad de estos bombardeos limitados para evitar “un genocidio masivo” de las minorías religiosas perseguidas por ISIS, las razones humanitarias no son suficientes para explicar su regreso a Mesopotamia, menos aun cuando se toma en cuenta los alrededor de 200 mil sirios que han muerto sin que haya tomado acciones militares contra Assad.
En primer lugar, los bombardeos buscan evitar una eventual caída del Kurdistán iraquí en manos del ISIS, lo cual implicaba perder una base militar y dejarlo fortalecerse aún más con los campos petroleros kurdos que actualmente producen alrededor 400 mil barriles diarios, mientras en la actualidad ISIS apenas controla pequeños campos sirios que le permiten vender 10 mil barriles diarios. Esto además, alinea a EEUU con Turquía, que ve en el GRK un proveedor petrolero y un aliviadero para su conflicto con los kurdos turcos, aunque Ankara recela del suministro de armas de EEUU al GRK -ya que alienta su independentismo.
En segundo lugar, y por sorprendente que pueda parecer, Obama busca aprovechar el conflicto iraquí como oportunidad para consolidar su acercamiento con Irán. En este sentido, Obama se ha aliado tácitamente con Teherán para salvar la unidad de un Irak controlado por la mayoría shiíta –sin excluir a sunitas, kurdos y otras minorías-, y para combatir ISIS que amenaza con su yihad tanto a Bagdad como a Assad en Damasco, y ulteriormente a Teherán y al propio Washington. Al respecto, Obama ha señalado que la solución para Irak es política y no militar; enviando un claro mensaje a Irán: No desea expulsarle de Bagdad, sino propiciar un gobierno de unidad nacional que pueda enfrentar al ISIS, lo cual implica la salida de Maliki. El Ayatollah Khamenei desconfiado al principio, parece haber aceptado el envite al juzgar por sus recientes acciones y declaraciones.
No obstante, la forma en que Obama ha regresado a Irak resulta riesgosa. Los bombardeos limitados no derrotarán al ISIS, que puede optar por replegarse y jugar con el atractivo de haber resistido un conflicto contra EEUU para reclamar el liderazgo a Al-Qaeda, mientras adopta una política de “esperar y ver” entendiendo el rol limitado de Washington, que los kurdos no están interesados en combatirles más allá de su territorio, y que Bagdad puede seguir paralizada. En este sentido, aunque el 10 de agosto, el Presidente Fuad Masum nominó al shiíta Haider al-Abadi como candidato a Primer Ministro con el apoyo de EEUU e Irán, para evitar un tercer período de Maliki, este aún controla las fuerzas de seguridad como Primer Ministro en ejercicio. Por ello, se ha hablado de la posibilidad de un golpe de Estado, lo cual podría abrir un conflicto dentro del propio conflicto.
Por otra parte, el acercamiento de Obama con Teherán en Irak cobrará sentido, sólo si logra cristalizar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní, cuyas negociaciones fueron prorrogadas hasta noviembre y aún se antojan complicadas. Además, Arabia Saudita se encuentra muy descontenta con un Obama que percibe tomando partido por su rival Irán, contando con capacidad suficiente para perturbar su política a través de sus alianzas con grupos sunitas en Irak y Siria.
En conclusión, Obama ha tenido que regresar a Irak inesperadamente, con una respuesta limitada que no resolverá el problema de fondo, que le hace depender de un rival como Teherán, que le alinea con un enemigo como Assad y le posiciona contra un aliado como Riad, que alienta el independentismo de Erbil, por no mencionar otras variables que escapan de su control. Una tragedia que puede manchar su legado si todo acaba en fracaso: El Presidente de EEUU que permitió la formación de un “Yihadistán” entre los ríos Éufrates y Tigris, a poca distancia del Mediterráneo.
@kenopina

viernes, 17 de enero de 2014

El fin del experimento democrático en Egipto


Dr. Kenneth Ramírez
Los egipcios se han dirigido a las urnas esta semana para votar una nueva constitución -la segunda en poco más de un año-, la cual pretende legitimar el golpe de Estado del 3 de julio de 2013 contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes.
En el referéndum constitucional de 2012 se produjo una participación de 33% del padrón electoral, con una votación a favor del “Sí” de 64%; mientras en el referéndum constitucional de 2014, las cifras que se han adelantado a través de los medios de comunicación oficiales apuntan a una participación de 37%, con más del 90% de los votos a favor del “Sí”. En consecuencia, los resultados de este referéndum constitucional de 2014 llaman mucho la atención, ya que con una participación ligeramente superior al anterior –a pesar del llamamiento al boicot de los Hermanos Musulmanes-, se está hablando de un altísimo porcentaje a favor del “Sí”, lo cual recuerda las elecciones fraudulentas de los tiempos de Mubarak -quien casi siempre obtenía 90% o más de los votos. De manera que, la nueva Constitución nace bajo el signo de la sospecha y la exclusión, proporcionando un aval limitado al golpe de Estado de 2013.
Así parece cerrarse, al menos por ahora, el primer experimento democrático en la historia del país del Nilo. Recordemos que las masivas protestas de los egipcios desde la Plaza Tahrir -con ayuda de la presión externa sobre el Ejército- lograron la caída del dictador Mubarak en 2011, para luego volver a propiciar el derrocamiento del Presidente Morsi electo democráticamente en 2013. Esto último, con la ayuda del Ejército y los jueces -miembros del “Estado Profundo”-, los cuales esperaron el momento propicio para retomar el poder.
El problema en resumen, fue que la celebración de elecciones democráticas en Egipto no llevó a un demócrata al poder. Mohamed Morsi en particular y los Hermanos Musulmanes en general, fallaron las pruebas más básicas de la apertura y diálogo, y más preocupante aún fueron sus ataques al Estado de Derecho y al laicismo. Todo lo cual aunado a la incompetencia para luchar contra la crisis económica e incapacidad para alcanzar acuerdos con el Ejército, reactivaron las protestas en la Plaza Tahrir y desembocaron en un nuevo golpe.
Muchos aplaudirán la nueva Constitución de Egipto por la retirada del islamismo. Recordemos que la Constitución de 2012 impulsada por Morsi consagraba la jurisprudencia de la Sharia como fuente de derecho y otorgaba a la institución teológica Al Azhar la potestad de interpretarla, lo cual generó preocupación y descontento. Pero lo que la Constitución de 2014 le falta de islamista, le sobra en nuevos instrumentos para apoyar el regreso de la dictadura militar.
Hoy por hoy, el General Abdel Fatah al-Sissi –líder militar del golpe contra Morsi- se ha convertido en el nuevo hombre fuerte de Egipto, y parece estar sopesando presentarse a las elecciones presidenciales que se celebrarán en breve con la imagen de un “nuevo Nasser”. Su voluntad y los intereses del Ejército están detrás de la nueva Constitución que limita las protestas pacíficas, la disidencia y el activismo político. A partir de ahora, el Ministro de la Defensa y el presupuesto militar serán responsabilidad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, escapando de cualquier control parlamentario. Esto por no hablar, del amplio margen que tendrán los tribunales militares para enjuiciar a civiles, la imposibilidad de formar partidos políticos de base religiosa y de recibir fondos externos.
El Ejército se ha esforzado en fortalecer la sensación de orden, reprimiendo las protestas –lo cual ha llegado incluso al allanamiento de universidades-, y criminalizando a los Hermanos Musulmanes como terroristas, siendo ahora nuevamente como en los tiempos de Mubarak los culpables de todos los males de Egipto. Sin embargo, todo esto, resulta una afrenta para aquellos que están cansados ​​de vivir bajo el yugo de la opresión militar y han aprendido el valor de la protesta. Asimismo, resulta muy peligroso, ya que los Hermanos Musulmanes como organización disciplinada con gran penetración social y pericia en la resistencia contra la dictadura, podrían radicalizarse y generar una espiral de violencia en un Medio Oriente convulso.
Por el momento, muchos egipcios han decidido que vale la pena echar por la borda sus libertades a cambio de la estabilidad y laicismo que promete la nueva Constitución. EEUU y Europa parecen mirar hacia otro lado, mientras las petro-monarquías del Golfo y Bashar al-Assad desde Siria -por paradójico que parezca- aplauden el nuevo orden egipcio. Turquía como aliado de los Hermanos Musulmanes ha quedado aislada, tras la abdicación del Emir de Qatar.
¿Será el Egipto de Sissi más estable que el Egipto de Mubarak? En el largo plazo no parece que sea así. Los ingredientes que generaron la Primavera Egipcia en 2011 -detención arbitraria, estancamiento económico, alto desempleo y la corrupción- permanecen. Y los Hermanos Musulmanes y demás islamistas descontentos no se quedarán de brazos cruzados. En definitiva, ni Sissi es Nasser, ni 2014 es 1956. Entonces, ¿qué debe hacer la Comunidad Internacional? La respuesta parece clara: impulsar una reconciliación nacional y redoblar su apoyo a liberales e islamistas moderados que lideraron la Plaza Tahrir.
La cancillería venezolana debe tomar nota de esto y diseñar una estrategia coherente, evitando seguir dando bandazos respecto a Egipto como lo ha hecho desde 2011, bien por razones del debate político doméstico como por una política exterior anti-estadounidense automática e irreflexiva.
Recordemos que el finado Presidente Chávez y el otrora Canciller Maduro recibieron la caída de Mubarak con simpatía inicial al ser un aliado de EEUU; pero luego la calificaron de “golpe de Estado” y optaron por el recelo, cuando analistas políticos empezaron a establecer comparaciones entre la situación política de ambos países. La llegada de Morsi al poder fue percibida con cierta cautela por su apoyo a los rebeldes sirios contra Assad, pero luego la cancillería venezolana empezó a percibirlo con cierto interés cuando estrechó vínculos con Irán y lucía más autónomo frente a EEUU. Finalmente, las nuevas comparaciones que quisieron establecerse entre ambos países a raíz del golpe contra Morsi en 2013, llevaron al ya Presidente Maduro a retirar a nuestro Embajador Victor Carazo; para meses después pasar a designar como nuevo Embajador venezolano a Juan Antonio Hernández y manifestar su voluntad de estrechar las relaciones bilaterales, cuando afloraron diferencias entre el nuevo gobierno egipcio tutelado por el Ejército y EEUU por la dura represión de los Hermanos Musulmanes, y cuando se produjo un nuevo acercamiento entre El Cairo y Damasco. En definitiva, una política errática que debe corregirse.
@kenopina

jueves, 19 de septiembre de 2013

El Acuerdo de Ginebra sobre Siria


Dr. Kenneth Ramírez

Lunes 9 de septiembre. Mañana fresca y parcialmente nublada en Londres. El Secretario Kerry se aprestaba a realizar la rueda de prensa con el Canciller británico Hague, en el palacio neo-renacentista italiano que alberga el Foreign Office en Whitehall. Las noticias en Washington resultaban preocupantes. Las últimas encuestas mostraban un aumento de la oposición de los estadounidenses a un ataque a Siria. En consecuencia, se estaba gestando una revuelta silenciosa en la Cámara de Representantes. El Presidente Obama había conseguido victorias tempranas con la aprobación de una Resolución en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el 4 de septiembre, y el respaldo de los líderes de los partidos en ambas cámaras. Empero, los representantes con la mente puesta en las elecciones de medio término a finales de 2014, estaban dispuestos a revelarse contra sus autoridades. El frente internacional volvía a cobrar fuerza.
 
Después de exponer su posición y subrayar el respaldo de 33 países a la declaración que pedía una “respuesta internacional firme en Siria”, le hicieron la pregunta de rigor sobre la posibilidad de evitar el ataque. En lugar de responder negativamente, el Secretario Kerry intentó desarmar al periodista: “Seguro que sí, si Assad entrega todas y cada una de sus armas químicas a la Comunidad Internacional la próxima semana -entregarlas todas y sin retraso. Pero no lo va a hacer y además no se puede hacer” dijo despreocupadamente. No sospechaba que su comentario activaría al ágil Canciller ruso Lavrov, quien en cuestión de horas, presentó una propuesta para colocar todas las armas químicas sirias bajo control internacional y logró el respaldo público de Assad. Acto seguido, el Presidente Putin se permitió publicar una columna en el New York Times dirigida al “pueblo estadounidense” -recurso muy manido por EEUU desde los tiempos de Wilson- donde hacía un llamado a la “cautela”, ya que atacar Siria traería como consecuencia “más víctimas inocentes y una escalada”, además “desataría una nueva ola de terrorismo”. EEUU había sido puesto contra las cuerdas.
 
La maestría de la jugada diplomática rusa estribaba en que ofrecía protección a su aliado Assad, al tiempo que una salida para un Presidente Obama que no quería atacar, que no tenía respaldo de la ONU ni de los estadounidenses y ahora corría el riesgo de una derrota en la Cámara de Representantes; pero que tampoco podía voltear hacia otro lado sin daño a su credibilidad y capacidad disuasiva. El Presidente Obama desde el Salón Este de la Casa Blanca el jueves 12 de septiembre, aceptó la propuesta rusa y la valoró como producto de su amenaza creíble de utilizar la fuerza. Le pidió al Congreso que retrasara la votación sobre Siria – sin descartar un ataque en caso de fracasar esta iniciativa diplomática.
 
El acuerdo final fue alcanzado el sábado 14 de septiembre en Ginebra, tras intensas negociaciones entre el Secretario Kerry y el Canciller Lavrov, el cual quedó compuesto por cuatro grandes aspectos: 1) Siria debe firmar la Convención de Prohibición de Armas Químicas, con el compromiso de EEUU y Rusia de asegurar la destrucción del programa de armas químicas sirio a través de una Resolución en el Consejo de Seguridad; 2) Siria debe presentar en una semana una lista completa de nombres, tipos y cantidades de sus agentes de armas químicas, municiones y sitios de almacenamiento, producción e investigación; 3) Siria debe proporcionar apoyo a los inspectores de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) y la ONU, que deben culminar su verificación en noviembre de 2013; 4) Destruir todos los equipos de producción, mezcla y llenado para noviembre de 2013; y eliminar todas las armas químicas en el primer semestre de 2014.
 
Aún no sabemos si este acuerdo, difícil de implementar en medio de una guerra, tendrá éxito. Lo que sí sabemos es que el Presidente Putin se ha apuntado una victoria diplomática al erigirse como gran árbitro. Por otra parte, el Presidente Obama ha dejado claro que seguirá apoyando a los rebeldes sirios: los perdedores de este acuerdo. Todo esto nos remite a dos escenarios posibles:
 
a) Éxito diplomático: Assad accede a la entrada de los inspectores de la ONU y la OPCW, entrega las armas químicas y se ve forzado a abrir unas negociaciones de paz que le llevarán a ceder el poder a un gobierno provisional. La guerra civil termina y Assad se exilia en Moscú. La experiencia de Irak servirá para no cometer el error de desmontar las instituciones del Estado y el Ejército. Las minorías alawita, kurda, cristiana y drusa son incluidas junto a la mayoría sunita en un sistema de reparto de poder donde es necesario el consenso, siguiendo el modelo del Acuerdo de Taif de 1989 que cerró la guerra civil libanesa. EEUU y Rusia ejercen influencia compartida. Se genera una dinámica que permite incluir a Irán y entrar en negociaciones fiables sobre su programa nuclear. El Presidente Obama deja como legado la culminación de las guerras en el Medio Oriente y el “pivote al Pacífico” para encarar el ascenso de China.
 
b) Estratagema: Assad evita los bombardeos de EEUU gracias a un cumplimiento limitado del Acuerdo de Ginebra, y aprovecha la estratagema diplomática para afirmarse en el conflicto gracias al apoyo de Hezbollah y las armas que le suministran rusos e iraníes. Juega con los inspectores de la ONU y la OPCW y les entrega sólo una parte de su arsenal químico. EEUU y las monarquías del Golfo suministran armas y entrenamiento a los rebeldes. La cruenta guerra civil continúa y la credibilidad internacional de EEUU sufre un serio revés. Siria empaña el legado de Obama y los republicanos le acusan de haber debilitado a EEUU en el Mundo. Lamentablemente el escenario más probable, ya se observan dilaciones.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Obama, el Congreso y Siria


Dr. Kenneth Ramírez
Todo estaba dispuesto. El Secretario Kerry había preparado el caso ante la opinión pública, los líderes mundiales estaban informados y los buques de guerra estaban en posición: pero el Presidente Obama seguía dudando… El sorpresivo voto contrario al ataque a Siria en el Parlamento británico el jueves 29 de agosto, trajo de vuelta su escepticismo… Salió a caminar en el Jardín Sur de la Casa Blanca por alrededor de 45 minutos con su Jefe de Gabinete, Denis McDonough. A su regreso, convocó una reunión en la Oficina Oval aquel viernes 30 de agosto a las 7 pm, donde comunicó a sus asesores una decisión inesperada: retrasaría el ataque, pediría autorización al Congreso, y lo anunciaría al día siguiente en el Rosedal de la Casa Blanca.
De esta manera, el Presidente Obama intentaba salirse del cul-de-sac en el que él mismo se había metido. Tras dos años y medio de conflicto sirio, el Presidente Obama ha vacilado entre la inacción y el cambio de régimen. En agosto de 2011 dijo que Bashar al-Assad debía marcharse, en agosto de 2012 fijó la utilización de armas químicas como “línea roja”, y en diciembre de 2012 afirmó que la Coalición Nacional Siria era el legítimo representante del pueblo sirio. Todo esto sin tener una estrategia delineada y una voluntad sólida para participar en una situación donde los intereses de EEUU no son evidentes. Si bien Assad es un dictador que ha provocado un sangriento conflicto, algunas facciones rebeldes tienen vínculos con Al-Qaeda, lo cual deja a EEUU sin un bando claro al cual apoyar y sin un desenlace que le sea conveniente. Empero, después del ataque con gas sarín en Damasco el 21 de agosto, el Presidente Obama quedó atrapado en su retórica.
No hacer nada implicaba a partir de ese momento poner en riesgo la credibilidad y el compromiso de EEUU con la prohibición en el uso de armas químicas. Por ello, el Presidente Obama optó por un ataque limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –en parálisis por el veto ruso para proteger a Assad-; pero otra cosa era hacerlo en la práctica casi unilateralmente –contando sólo con Francia.
Con todas estas consideraciones en mente, Obama decidió acudir al Congreso, lo cual merece varias reflexiones. En primer lugar, el Presidente Obama ha buscado legitimidad interna y compartir el costo político: colocar tantas manos en la daga como sea posible. Hasta ahora, la Casa Blanca se ha mostrado convencida de obtener el respaldo del Congreso.  De hecho una Resolución ya fue aprobada este 4 de septiembre en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (10 a 7) para un ataque limitado a Siria en un plazo de 60 días, cuyo debate en el pleno de las cámaras se realizará la semana del 9 de septiembre. No obstante, aún existe el riesgo de un rechazo de los congresistas, habida cuenta de la oposición de la mayoría de los electores. Si se produce un voto contrario en al menos una de las cámaras, el Presidente Obama se va encontrar ante un terrible dilema: atacar sin la autorización del Consejo de Seguridad ni de su propio Congreso, o no hacerlo y perder credibilidad, lo cual invitaría a otros actores como Irán a desafiar a EEUU.
En segundo lugar, el Presidente Obama ha tratado de trasladar un mensaje claro a la opinión pública mundial: ni Siria es Irak, ni él es Bush. Si bien es cierto que quizás no haya tiempo suficiente para que los inspectores de la ONU presenten su informe –se ha hablado de unas excesivas 3 semanas-, el Presidente Obama ha demostrado su actitud reacia a la guerra y su talante democrático. No tiene dudas de la responsabilidad de Assad y ha presentado pruebas de inteligencia. Si la CIA y el MI6 perdieron confiabilidad por Irak, la DGSE francesa tiene un record distinto.
En tercer lugar, el Presidente Obama no estaba obligado a acudir al Congreso, ya que se trataba sólo de un bombardeo. La Constitución de EEUU proporciona margen de maniobra al Presidente para acciones militares limitadas, requiriendo la autorización del Congreso sólo en casos de participación en una guerra. Sin embargo, la Resolución de Poderes de Guerra aprobada en 1973, trató de limitar este aspecto, por lo que ha sido objetada por todos los mandatarios desde Nixon –incluso el propio Obama eludió al Congreso por Libia en 2011. En consecuencia, lo que ha hecho el Presidente Obama ha sentado un precedente que puede afectar a sus sucesores, ya que un Congreso que tiende cada vez más al aislacionismo en política exterior, podría exigir de ahora en adelante su aprobación para cualquier acción militar, haciendo a EEUU menos activista en el Mundo.
En cuarto lugar, la eficacia de los bombardeos ha sido comprometida. El Jefe de Estado Mayor Conjunto, General Martin Dempsey, le dijo al Presidente Obama el 24 de agosto, que una demora en los bombardeos no era relevante. Sin embargo, evidencia reciente le han obligado a retractarse. La utilidad de bombardeos como los planteados inicialmente ha sido puesta en entredicho, ya que si bien pueden mantener la credibilidad de EEUU y aliviar conciencias sin provocar una escalada militar; no solucionará el conflicto ni eliminará las armas químicas. Por ello, en la Sección 5 de la Resolución del Comité de Relaciones Exteriores se plasmaron como objetivos estratégicos: la necesidad de cambiar el curso de las hostilidades –que favorece por ahora a Assad-, “crear condiciones para una solución negociada”, y degradar la capacidad química de Assad. Algunas voces plantean que para lograr esto, resultan necesarios unos bombardeos de mayor envergadura a los previstos –que infrinjan grandes costos y provoquen disuasión-, proporcionar armas avanzadas a los rebeldes y aislar a los terroristas. Es decir, parece estar emergiendo en EEUU una estrategia hacia Siria: fomentar su “libanización”, es decir, el reparto de poder entre varias facciones y un condominio con Rusia.

martes, 27 de agosto de 2013

Ataque a la vista en Siria

 
Dr. Kenneth Ramírez
Un ataque con gas venenoso fue perpetrado el pasado 21 de agosto en territorio sirio controlado por los rebeldes. Según algunas fuentes las víctimas ascendieron a 355 y de acuerdo a los rebeldes ascendieron a 1300. La versión más ampliamente aceptada señala al régimen de Assad como responsable, mientras que algunas fuentes apuntaron a los propios rebeldes –habrían hecho una suerte de teatro sangriento para generar una respuesta internacional. Sin duda, lo ocurrido constituye uno de los capítulos más oscuros en una guerra civil que lleva dos años y medio, más de 100 mil muertos y millones de refugiados.
EEUU ha evitado hasta ahora la participación en la guerra civil de Siria, ya que la Administración Obama no lo consideraba beneficioso para sus intereses. Esto no quiere decir que Washington tenga algún tipo de simpatía por Assad. Damasco tiene estrechos vínculos con Irán, Rusia, y la milicia Hezbollah en El Líbano. Sin embargo, EEUU ha aprendido en Afganistán, Irak y Libia, a considerar no sólo las amenazas que suponen regímenes hostiles, sino también lo que podría seguir a los mismos. En aquellos casos, cambiar el régimen terminó rápidamente enredando a EEUU en guerras civiles, cuyos resultados no han valido la pena los costos asumidos. En el caso de Siria, los rebeldes son musulmanes sunitas, con algunas de sus facciones -como el Frente Al-Nusra- con vínculos con Al-Qaeda.
Muchos alrededor del Mundo se han mostrado consternados con la cruenta guerra civil siria, y han estado pidiendo a Washington que haga algo. El Presidente Obama ha sido cauto. Washington no tiene un interés directo en el resultado, ya que todos los posibles lucen malos desde su perspectiva. Por otra parte, los que ahora son enfáticos en pedir que se actúe, serán los primeros en condenar a EEUU cuando algunos de sus ataques provoquen víctimas civiles como daño colateral. No hay formas inocuas para poner fin a una guerra civil.
Empero, la estrategia prudente de Obama dejó un cabo suelto. Expresó que no se involucraría en Siria a menos que el régimen de Assad utilizara armas químicas, a modo de disuasión. A pesar de ser Assad un líder despiadado, también es un actor racional; por tanto, la Administración Obama consideró que no haría nada que diese lugar a una intervención directa de EEUU, sin la cual ha podido contener el avance de los rebeldes, a pesar del apoyo de Arabia Saudita, Turquía, Qatar y las potencias occidentales. En consecuencia, el uso de armas químicas ha comprometido al Presidente Obama, en contra de sus mejores cálculos.
El discurso del Secretario de Estado John Kerry el pasado 26 de agosto ha construido políticamente el caso: es “innegable” que se utilizaron armas químicas en Siria, lo cual significa una “obscenidad moral”, y existen “pocas dudas” de que el responsable es el régimen de Assad, ya que es el único con esta capacidad. Aunque Assad se comprometió a permitir el acceso de los inspectores de la ONU al sitio del ataque, el Secretario Kerry sentenció que esto se ha producido “demasiado tarde para ser creíble” y lo ha acusado de “destruir pruebas”.
Ya no se trata sólo de Siria. El Presidente Obama marcó una línea roja, y esta ha sido traspasada -al menos en la verdad más ampliamente aceptada. La credibilidad es la moneda más importante en las Relaciones Internacionales. Si el Presidente Obama no hace nada, otros Estados que le son hostiles como Corea del Norte e Irán, ya no le tomarán en serio. De manera que el Presidente Obama está conminado a usar la fuerza en Siria. Sólo es cuestión de tiempo. El problema es que la mayoría de los estadounidenses está en contra de una intervención. Además, el déficit presupuestario tampoco admite una opción militar costosa.
En consecuencia, lo más probable es que el Presidente Obama se decante por un ataque punitivo limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –debido al veto de Rusia-, y con el apoyo de la OTAN y la Liga Árabe en su lugar. Ya tiene 4 destructores emplazados en el Mediterráneo y cada uno de ellos puede lanzar entre 30 y 40 misiles crucero Tomahawk. Esto puede ser respaldado con ataques aéreos lanzados desde las bases aéreas de EEUU en Jordania y Turquía, con apoyo de los británicos y franceses, sin ingresar en la zona de alcance del poderoso sistema anti-aéreo sirio de tecnología rusa. La misión consistiría en destruir los emplazamientos que albergan armas químicas y degradar la fuerza aérea de Assad que tanto daño ha hecho a los rebeldes. Esto supone una operación más parecida al bombardeo de Libia en 1986 o el bombardeo de Irak de 1998, que a la invasión a Irak en 2003 o la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia en 2011. Esta es la opción más barata y segura para la Administración Obama. No obstante, todo esto hace pensar en cuales serían los objetivos estratégicos, ya que una operación punitiva no sacaría del poder a Assad ni eliminaría todo su arsenal químico –mucho del cual puede estar disperso y bajo tierra-; sólo le disuadiría de volver a utilizarlo y equilibraría la guerra.
El riesgo más importante es el potencial de desbordamiento regional. A lado de Assad hoy lucha Hezbollah, enemiga de Israel, financiada y armada por Irán. Teherán ha advertido de graves consecuencias si se ataca a Damasco. De manera que, Assad o Hezbollah podrían intentar atacar Israel. Assad también ha amenazado a Turquía y Jordania.
El reto del Presidente Obama consiste entonces en efectuar una operación limitada para mantener su credibilidad y no dejar como legado otra guerra abierta para EEUU en la región. Nada fácil.
@kenopina

jueves, 16 de mayo de 2013

Conflicto en Siria: más que dos facciones



Oswaldo Uria

Un conflicto de múltiples facciones

El reciente video en el cual aparece un líder rebelde de la ciudad siria de Homs mutilando el cadáver de un soldado sirio viene a confirmar que la violencia en el antiguo Califato de Damasco- que ha albergado y alberga a cristianos, ortodoxos, musulmanes, tanto sunitas, drusos, alawitas como shiítas-, proviene de todas las facciones tanto oficial como rebeldes, siendo la población civil otra facción que en defensa propia ha tenido que involucrarse en la violencia para defenderse de cualquier amenaza.

Lo que se creyó iba a ser una crisis política de meses como en todos los países inmersos en la Primavera Árabe, se ha convertido en una prolongada pesadilla que cobra casi cien mil muertes. Se ha desatado un conflicto complejo, en cuyo inicio los disidentes del cuasi monárquico régimen de Bashar al-Assad, confiaron en que los sucesos se iban a desarrollar al igual que en Libia, con relativa rapidez y de manera drástica, con una intervención internacional contundente. Sin embargo, no previeron que Siria es un país totalmente diferente tanto al interior, con una mayor población y más heterogénea, como en su contexto exterior, con una realidad peligrosa que la circunda (Líbano, Israel, Palestina, los pueblos kurdos, Irak) y con el apoyo de un Irán que busca desarrollar capacidad nuclear.

Estas condiciones específicas ha estirado por más de dos años el conflicto, sin una solución en el horizonte, y cuyo desarrollo ha generado no dos polos antagónicos fácilmente identificables (gobierno y rebeldes), sino que han surgido aparte del gobierno opresor, distintas facciones rebeldes, a saber: el Ejército Libre de Siria (ELS) en sus distintas brigadas -que se ha deslindado de la acción de la brigada de Homs- de corte moderado y financiado por Estados occidentales y árabes; el Frente Sirio de Liberación (FSL) –cuyas brigadas más importantes son Farouq en Homs, Suqur al Sham en Idlib y Al Tawhid en Alepo- de corte islámico moderado y financiado principalmente por Arabia Saudita; el Frente Sirio Islámico (FSI) –cuyo grupo más importante es el Movimiento Islámico Ahrar al Sham- de corte salafista y financiado principalmente por el Estado de Qatar; el Frente Al-Nusra afiliado recientemente a Al-Qaeda; y las Unidades Kurdas de Protección Popular (YPG) vinculadas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que opera desde Turquía. Por otra parte, no se puede dejar de mencionar, la delincuencia común que se aprovecha de la anomia, los secuestradores libaneses que incursionan desde sus fronteras con Siria, así como la milicia Hezbollah.

En este sentido, ningún grupo o facción controla la situación: apenas controlan áreas y realizan demostraciones puntuales que no ponen en peligro de derrota al enemigo, pero que ha creado un estado de anarquía y paranoia generalizado, en donde nadie confía en su vecino, ni el alawita en su familiar sunita, ni el armenio con su colega iraquí.

Rusia, actor clave

Fuera del teatro de operaciones sirio, la situación también se muestra estática y sin solución global cercana. El Consejo de Seguridad no pudo ejercer una acción alla Libia por solicitud de la Liga Árabe durante el 2012, debido al veto de Rusia y China.

La posición de la Federación Rusa se explica por el hecho de que esa potencia ha sido un proveedor de armamento al gobierno del partido izquierdista nacionalista Baaz desde la época soviética y tiene presencia militar en ese país. Además, Moscú siempre negará apoyos a causas que le pudiera dar un precedente a su conflicto interno con la musulmana Chechenia, sobre todo porque los rebeldes sirios integran a grupos islamistas radicales. No obstante, la posición rusa se ha venido suavizando a favor del fin de la violencia, siendo su reunión con el premier británico, David Cameron, el pasado 9 de mayo de 2013, una señal de que Rusia no es incondicional al gobierno sirio. Destaca en esa reunión la declaración de que el gobierno ruso está por completar el suministro de misiles a Siria según los contratos actuales, con lo cual queda la interrogante sobre si firmarán nuevos contratos: los inciertos resultados de la visita de Netanyahu a Moscú podrían ser esbozar las intenciones rusas respecto a la solicitud que le hizo el premier hebreo a Putin de detener la venta de los misiles antiaéreos S-300 a Siria.

También fue sorprendente la aceptación rusa de una segunda ronda de negociaciones en Ginebra como seguimiento de la llevada a cabo en junio de 2012, triunfo diplomático de John Kerry durante una visita a Moscú a principios de este mes.

Esto le daría un mayor impulso a la iniciativa de la anterior Secretaria de Estado Hillary Clinton del Grupo de Amigos de Siria, la cual no ha tenido el éxito esperado, ya que no ha incorporado a todos los sectores de Siria, ni a las potencias que apoyan al gobierno de Bashar al-Assad; esto ha llevado a Moscú, tal como se refleja en las declaraciones del canciller ruso el pasado abril de 2013, a considerarlo como un grupo unilateral, cuyos planteos basados en los puntos del Plan de Ginebra son muy militaristas.

Dejando la parte reactiva, Rusia ha pedido a Irán, como también a Arabia Saudita, a involucrarse más con el proceso de paz en Siria. Irán, por su parte, ha apoyado a Bashar al-Assad, pero sin planes de iniciar una tercera guerra mundial, como algunos apocalípticos analistas pensaron, y se ha limitado repudiar la rebelión como una dirigida por las potencias occidentales y a facilitarle efectivos y suministros.

Perspectivas del conflicto

Como se puede ver, el conflicto de Siria ha desgastado y debilitado al único Estado que daba equilibrio a la zona del Cercano Oriente, dejando a Israel en una posición de supremacía que pudiese adormecer las demandas de una débil Palestina, constreñir las acciones de un Hezbollah que ya no se encuentra cómodo en el campo de batalla sirio, y reducir el peligro de una agresión iraní.

La transición que seguro se planteará en Ginebra II se llevará a cabo si Assad da demostraciones del cese a la represión, pero no lo hará mientras siga habiendo demostraciones de las otras facciones sumergidas en la violencia. Irán y Hezbollah, principales aliados de Assad, harán lo posible para lograr que el líder del Baaz sirio quede fortalecido como triunfador absoluto de esta luenga confrontación.

Una acción militar occidental contundente, podría derrocar al gobierno de Assad, pero no acabaría con el conflicto entre los múltiples grupos étnicos-religiosos, ni con el hampa común ni con la violencia en general; como tampoco lo ha podido hacer EEUU en Afganistán ni en Irak, ni las potencias occidentales en la misma Libia, cuyos nuevos brotes de violencia en Bengasi ha llevado a Gran Bretaña a retirar el personal de su representación diplomática y a recomendar  a sus ciudadanos no viajar a ese país africano. 

Se necesitarán décadas para reconstruir a la nación Siria, y las contradicciones étnicas-religiosas controladas por el férreo régimen de Assad con un Estado policial favorable al nacionalismo secular, permanecerán y podrán desatar los demonios que alguna vez se desataron en Yugoslavia cuando Tito ya no estaba.

Rusia abogará por la unidad, pero Israel y EEUU se sentirán más cómodos con una Siria debilitada o quizás fragmentada en un puñado de repúblicas que estén concentradas en su propio sustento y en atraer las posibles inversiones privadas provenientes de Occidente, de los países del Golfo Pérsico y por qué no, del propio Israel. 

martes, 14 de mayo de 2013

Obama y la piscina vacía siria



Dr. Kenneth Ramírez
La revuelta siria lleva más de dos años, 90 mil muertos, más de 4 millones de desplazados y 1 millón de refugiados. No debe ser fácil para el Presidente Obama lidiar con el imperativo moral de estas cifras y recordar el Premio Nobel de la Paz, en sus instantes a solas en el Despacho Oval. No obstante, entendiendo los intereses nacionales de EEUU, el Presidente Obama desea mantenerse lejos de este “segundo Irak” potencial y pivotar a Asia-Pacífico.
 
A la catástrofe humanitaria siria, se le ha añadido recientemente, tanto la noticia de que Bashar al-Assad podría haber cruzado la “línea roja” de Obama utilizando armas químicas, como los supuestos intentos de hacerle llegar armamento a su aliado libanés Hezbollah para atacar Israel. Todo esto arrastra cada vez más al Presidente Obama hacia el conflicto sirio en contra de sus mejores cálculos.
 
Hoy por hoy, se ha instalado nuevamente en Washington el debate de si EEUU debe imponer una zona exclusión aérea y armar a los rebeldes sirios, incluso sin el aval del Consejo de Seguridad, en una solución “tipo Bosnia”. La facilidad con la cual Israel ha bombardeado en dos oportunidades –la última de ellas el 4 de mayo de 2013- supuestos cargamentos de misiles que iban dirigidos a Hezbollah, ha generado que se esté hablando de los bajos costos que un ataque aéreo implicaría para EEUU y la posibilidad de realizarlo desde bases ubicadas en suelo israelí o turco. La novedad del debate, es que ya no son sólo los neoconservadores los que alientan al Presidente Obama a tomar medidas, sino los propios asesores de tendencia liberal dentro de la Administración, así como sus aliados Francia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudita y Qatar.
 
Dennis Ross, quien se desempeñó hasta noviembre de 2012 como principal Asesor sobre Medio Oriente de la Administración Obama, ha pasado a defender públicamente la necesidad de proporcionar “ayuda letal” a los rebeldes sirios. El propio Secretario de Estado, John Kerry -al igual que su antecesora Hillary Clinton-, parece ganado para un rol más activo de EEUU en la solución de la guerra civil siria. Aun así, el Presidente Obama ha sido muy prudente ante una decisión que considera costosa y muy riesgosa.
 
El grupo de partidarios de un mayor involucramiento en Siria afirma, que a menos que EEUU tome medidas perderá credibilidad internacional; seguirá subiendo dramáticamente la terrible cifra de muertos, heridos, desplazados y refugiados; se producirá un desbordamiento regional del conflicto –hacia Líbano, Israel, Turquía e Irak-; y aumentará la posibilidad de que islamistas radicales tomen del poder en Damasco.
 
Sin embargo, el Presidente Obama desea asegurarse de que con una participación de EEUU la situación en Siria en particular y el Medio Oriente en general no sólo no va a empeorar, sino que realmente mejorará. Desde su óptica, EEUU tiene muy poco que ganar –más allá de privarle un aliado a Irán- y mucho que perder en las arenas de Damasco. Los temores presidenciales van desde que las armas proporcionadas a los rebeldes acaben en manos equivocadas –como el Frente Al-Nusra, que se afilió en abril pasado a Al-Qaeda- hasta que la caída de Assad desemboque en una guerra sectaria incontrolable -y no en una nueva democracia islámica-, transformando a Siria en un “nuevo Irak” justo al lado de Bagdad -que todavía no termina de estabilizarse- o en un nuevo santuario para Al-Qaeda. En el peor de los escenarios, EEUU y sus aliados podrían verse forzados, aunque el Presidente Obama lo ha negado reiteradamente, a poner “botas sobre el terreno”.
 
Aunque todos estos cálculos lucen razonables, son utilizados por los neoconservadores y otros miembros del Partido Republicano como los Senadores John McCain y Lindsay Graham, para delinear una imagen de Obama como “Presidente débil”. Esto no ha hecho mella en el Presidente Obama debido a la clara oposición de la opinión pública estadounidense a un rol más activo de EEUU en Siria. Las encuestas muestran que los estadounidenses se inclinan a cerrar la larga década de guerras que siguió al 11-S.
 
Si de todas formas Obama termina por ser arrastrado al país de Sham, esto implicaría un claro desafío a la “Gran Estrategia” que delineó en su primer mandato, la cual está compuesta de tres elementos, a saber: 1) Evitar involucrarse en nuevas guerras en Medio Oriente; 2) El “pivote al Pacífico”, concentrando el poder de EEUU en la región económica más dinámica del Mundo y donde se presenta el ascenso de China como desafío estratégico; 3) La reconstrucción de las capacidades de EEUU con reformas económicas y sociales domésticas, lo que denominó el Presidente Obama en su discurso inaugural “construcción nacional en casa” (“national-building at home”).
 
La nueva “Gran Estrategia” fue puesta a prueba en Libia en 2011, pero la Administración Obama dejó que sus aliados europeos tomaran el liderazgo diplomático y militar, lo cual llevó a acuñar la frase “Liderar desde atrás” (“Leading from Behind”). Sin embargo, Siria no es Libia, y en esta situación más difícil, los aliados europeos de EEUU se muestran incapaces de tomar la iniciativa.
 
Por otra parte, las negociaciones nucleares con Irán no avanzan suficientemente, e Israel continúa presionando al respecto, por lo cual la Administración Obama busca conservar suficiente margen de maniobra para hacer creíble la posibilidad del uso de la fuerza y tener así una baza para obligar a Teherán a negociar. Las próximas elecciones presidenciales iraníes en junio próximo serán cruciales para saber el curso que tomará este asunto.
 
Empero, la lógica del “pivote al Pacífico” -como la de cualquier estrategia- es de largo plazo y alcance. El argumento central es que Asia-Pacífico es el nuevo centro de la economía global, y que si EEUU no muestra compromiso estratégico con Japón, Corea del Sur y otros aliados asiáticos, así como su voluntad de permanecer como la potencia pre-eminente en esta región, la misma se convertirá gradualmente en una esfera de influencia china. Además, cualquier respuesta al ascenso de China pasa por aumentar el peso relativo de la economía estadounidense frente a la economía china, por lo cual EEUU requiere realizar reformas domésticas para salir del letargo económico que le provocó la crisis financiera de 2007-08.
 
No obstante, los partidarios de un mayor involucramiento en Siria, responden que a menos que EEUU haga algo para culminar esta crisis, perderá su credibilidad a nivel internacional, y los aliados asiáticos de EEUU concluirían que ya no tiene la voluntad de seguir siendo la potencia global más importante.
 
Si tomamos este último argumento como cierto, China temería una acción estadounidense decisiva en Damasco. Pero lo cierto es -retórica diplomática y vetos en la ONU aparte-, que los estrategas chinos celebrarían tras bastidores una nueva intervención estadounidense en Medio Oriente que implique un debilitamiento del “pivote al Pacífico”. De hecho, la Cancillería china celebró la salida de Hillary Clinton –arquitecto de esta política- y su reemplazo por John Kerry, quien se cree tiene mayor interés por el Medio Oriente.
 
Todos estos cálculos explican por qué Obama sigue intentando agotar todas las vías diplomáticas en Siria. Por ello, la Casa Blanca envió a John Kerry a Moscú –en su primera visita como Secretario de Estado a Rusia-, el pasado 7 de mayo. Producto de sus gestiones diplomáticas, Washington y Moscú acordaron resucitar el “Comunicado de Ginebra” de junio de 2012 que estipula la formación de un gobierno de transición, el llamado a una Conferencia entre las partes beligerantes para junio próximo y el acuerdo de colaboración entre los servicios secretos para determinar si Assad utilizó efectivamente armas químicas. Es decir, Washington trabaja ahora en una salida diplomática para acabar con la guerra civil y establecer una Nueva Siria en condominio con Rusia y menos alineada a Irán. Empero, el gran escollo aquí sigue siendo la negativa de los rebeldes sirios a aceptar la permanencia de Assad en un nuevo gobierno, y la negativa absoluta del mismo a marcharse.
 
Osama bin Laden logró distraer a EEUU por un década respecto al ascenso de China; ahora sólo resta saber si el Presidente Obama evitará ser lanzado de cabeza en la piscina vacía siria, y logrará sacar a EEUU de las arenas movedizas del Medio Oriente para pivotar a Asia-Pacífico.

sábado, 11 de agosto de 2012

Otra posición para Venezuela frente a la guerra civil siria

Dr. Kenneth Ramírez


El conflicto sirio se ha prolongado por casi 17 meses dejando un saldo de más de 20 mil muertos, 50 mil refugiados y miles de desplazados. Se trata ya de una auténtica guerra civil con ramificaciones internacionales, en la que cada una de las partes cuenta con valedores foráneos que le suministran apoyo diplomático, financiero, logístico o militar.
 
El gobierno de Venezuela se ha alineado con el gobierno de Bashar al-Assad -quien ejerce el poder de forma autoritaria desde que lo heredó de su padre Hafez en 2000-, en el entendido de que éste representa un gobierno “socialista árabe” y “anti-imperialista”; suscribiendo el discurso de Damasco, según el cual, el levantamiento sirio –mayoritariamente sunita- es obra de “terroristas infiltrados” por EEUU y sus aliados y por tanto no representa al pueblo sirio.
 
El apoyo venezolano se ha traducido en numerosas declaraciones políticas al más alto nivel a favor de Bashar al-Assad; en un respaldo diplomático desde la Asamblea General de Naciones Unidas junto a los países de la ALBA y en la participación en la Conferencia de “Verdaderos Amigos de Siria” celebrada recientemente en Teherán; así como en el importante envío de cuatro cargamentos de 300 mil barriles de diesel al puerto sirio de Banias en los últimos 8 meses, que han sido pagados a PDVSA con nafta siria, con lo cual Damasco burla las sanciones internacionales, ahorra divisas y mantiene el esfuerzo bélico a pesar de las consideraciones humanitarias que esto último supone.
 
Esto coloca a Venezuela en una posición de apoyo irrestricto al actual gobierno de Damasco al lado de Irán, Rusia y China –aunque Moscú y Beijing no califican a la oposición de “terrorista”-, lo cual niega la compleja realidad siria y no resulta plausible ni en lo ideológico ni en lo geoestratégico.
 
Empezando por el aspecto ideológico, cabe decir que Bashar al-Assad es indefendible incluso desde una posición de izquierdas como sostiene el gobierno venezolano, ya que encabeza una dictadura que ha venido reprimiendo brutalmente a su pueblo y le niega la posibilidad de mayores libertades, convivencia y bienestar. El propio Ignacio Ramonet, editor de Le Monde Diplomatique e intelectual de referencia para el movimiento anti-globalización, ha expresado que este mal llamado “socialismo árabe” no es otra cosa que un Estado autoritario y que los insurgentes sirios merecen la ayuda de todos los demócratas. La defensa a ultranza que se ha venido haciendo de Bashar al-Assad, como se hizo en su momento de Muammar Gaddafi, nos coloca en una posición extremista que nos aísla y afecta la imagen de Venezuela a nivel internacional.
 
En cuanto al aspecto geoestratégico, Siria está demasiado distante, siendo además poco relevante en lo político-diplomático, petrolero o comercial para Venezuela como para representar un aliado estratégico que realmente apalanque nuestra proyección internacional, sin embargo, sí que constituye un aliado importante para Irán. De manera que estamos frente a una adopción acrítica de la estrategia geopolítica iraní, que nada tiene que ver con nuestros intereses nacionales, nos expone a posibles sanciones internacionales y nos aleja de Arabia Saudita y demás monarquías petroleras sunitas del Golfo. Esto ya ha generado una reducción de nuestro margen de maniobra en la OPEP, cuando justamente nuestra posición geográfica nos invita a mediar cuando surjan conflictos entre nuestros socios petroleros que puedan menoscabar la cohesión de la Organización.
 
Por tanto, consideramos que Venezuela debe optar por otra posición respecto a la sangrienta guerra civil que está desgarrando a Siria. Dicha posición debería contemplar los siguientes puntos esenciales:
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1) Apoyo a la mediación de la ONU tendiente a finalizar el conflicto e impulsar la transición política hacia la Nueva Siria: el Enviado Especial del Secretario General de la ONU y la Liga Árabe para Siria, Kofi Annan, ha renunciado recientemente a su cargo, manifestando el obstáculo que ha supuesto la división de las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU y la poca disposición de Bashar al-Assad de cumplir con los compromisos adquiridos. Venezuela debe brindar apoyo diplomático al nuevo enviado de la ONU y la Liga Árabe (como posibles candidatos se han mencionado los nombres del ex–canciller de Argelia, Lakhdar Brahimi, y del ex-canciller de España, Miguel Ángel Moratinos, ambos diplomáticos expertos en Medio Oriente y resolución de conflictos), para que logre un cese al fuego de las partes verificable y la delegación de los poderes de Bashar al-Assad en un gobierno transitorio que impulse un proceso de reformas en Siria hacia un sistema político más democrático.
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2) Reconocimiento del rol de la mayoría sunita en la Nueva Siria: 74% de la población es musulmana sunita, por lo que deben tener mayor participación y representación en las instituciones gubernamentales de conformidad a su peso demográfico. Este aspecto es subrayado por muchos de nuestros socios de la OPEP que comulgan con esta rama del Islam, y entre ellos, de manera conspicua Arabia Saudita.
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3) Respeto y participación de las minorías en la Nueva Siria: 12% de la población es alawita, sin embargo, controlan el gobierno, la economía y el ejército, excluyendo a la mayoría sunita. Los alawitas, que fueron excluidos de las instituciones gubernamentales hasta que el Partido Baaz de los Assad llegó al poder en 1963, ahora creen que su supervivencia está ligada a la del régimen. Esto hace necesario tomarlos en cuenta en las negociaciones de cara a una Nueva Siria, ya que de lo contrario, el país podría ser sacudido por años de guerra civil, peor que el conflicto que desoló a El Líbano entre 1975 y 1990. Esto además puede acercar a Irán –otro importante socio de la OPEP- a una solución negociada, en tanto que Teherán entiende que los alawitas, que comparten muchas creencias y prácticas con la rama del Islam shiíta, son sus aliados naturales en Siria y su puente hacia la población shiíta de El Líbano.
 
Asimismo, como en el caso de los alawitas, tanto cristianos, drusos, kurdos y demás minorías religiosas y étnicas deben ser respetadas, y contar con participación y representación proporcional en la toma de decisiones en la Nueva Siria. Debe evitarse cualquier tipo de revanchismo que lleve a un prolongado y sangriento conflicto sectario.
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4) Mantener la integridad territorial del país: cualquier tipo de partición siria debe ser rechazada ya que tiene un gran potencial de desestabilización en el Medio Oriente. No obstante, esto no es óbice para que la Nueva Siria pueda dotarse -si lo decide durante su proceso de transición política- de estatutos autonómicos para ciertas regiones como Latakia y Kurdistán, en el caso que se considerara que eso permitiría una mejor convivencia en libertad.
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5) Impulsar la permanencia de Naciones Unidas en Siria a largo plazo: es deseable que se cree una misión especial de la ONU para acompañar el proceso de transición política, suministrar ayuda humanitaria, apoyar labores de reconstrucción y contribuir a fortalecer la seguridad del país -evitando la proliferación de milicias, la presencia de grupos extremistas y procurando un manejo adecuado del arsenal químico que actualmente posee Damasco.
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En conclusión, frente al conflicto sirio, la única postura cónsona con nuestros valores e intereses, es impulsar una salida negociada que inicie un proceso de transición política y garantice la reconciliación nacional, el respeto a las minorías, la integridad territorial y la seguridad nacional y ciudadana. Esto, además, es una demanda de la pacífica y próspera Comunidad Siria en Venezuela que asciende a alrededor del millón de habitantes entre inmigrantes y descendientes –la segunda en importancia-, y reproduce en buena medida el complejo mosaico étnico-religioso del país de Sham.