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viernes, 14 de marzo de 2014

La Cumbre de América del Norte en Toluca



Victor Hugo Matos
Hace unas semanas,  la ciudad de Toluca en México fungió como sede de la reunión de líderes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN/NAFTA), o la llamada “Cumbre de los Three Amigos”: Canadá, México y EEUU.
Para los círculos políticos y económicos de estos  países, esta reunión  reviste bastante importancia, ya que consideran que se debería enmarcar en una búsqueda de una revisión profunda de las condiciones dentro del acuerdo para adaptarlas a un entorno comercial y político cambiante. Esto se debe en parte a las consideraciones de que pese a ser uno de los acuerdos más importantes firmados entre los tres países, el paso del tiempo y la aparición de nuevos elementos han mellado la efectividad de dicho acuerdo,  demostrando que a pesar de que ha reportado beneficios derivados del comercio; esto no significa,  que este tratado comercial sea la gran solución a los problemas de Norteamérica.
En este sentido,  las principales víctimas de esta ineficiencia ha sido la innovación y el emprendimiento,  cooperación académica, un elemento importante dados sus impacto en el crecimiento económico y en la creación de nuevas empresas. A esto se le añade las barreras importantes que aún existen entre los miembros del TLCAN, sobre todo aquellas relacionadas con el tránsito de personas y bienes, siendo destacable el caso de la aplicación de programas de visas para empresarios, minimizando las posibilidades de crecimiento de un tejido empresarial regional más denso.
Todas esas variables fortalecen la idea que, aún a 20 años de firmado el tratado, las fronteras siguen cerradas entre estos tres países,  lo cual  no es muy positivo en un momento de recuperación económica y de cambio en el panorama comercial como el actual, afectando inevitablemente la imagen del TLCAN dentro y fuera de los países miembros.
Un ejemplo de esta percepción negativa sobre el tratado es que el país más beneficiado por los acuerdos derivados del TLCAN ha sido México, pese a lo cual el acuerdo es criticado dentro de este país; donde muchos dicen que no ha tenido un impacto muy positivo en la calidad de vida de los mexicanos. En ese sentido, el Presidente Enrique Peña Nieto planteó como ejes temáticos de la Cumbre de Toluca: la prosperidad incluyente y compartida, nuevas áreas de oportunidad, la seguridad ciudadana y, temas regionales y globales; reflejando así los nuevos elementos con los que se propone lidiar la triada norteamericana.  Quizás el más relevante de estos elementos es el sector energético,  ya que grandes proyectos como la Reforma Energética mexicana o el oleoducto Keystone XL -todavía por aprobarse por parte del presidente Barack Obama-  pueden convertirse en una palanca importante para renovar los esfuerzos de integración entre los miembros del TCLAN.
No obstante,  a pesar de estas declaraciones de intención y buenas posibilidades que se visualizaron en la Cumbre de Toluca,  al final dejó la sensación de que se hizo poco por estructurar una visión estratégica para la reforma del TLCAN entre los líderes norteamericanos y que las acciones puntuales se dejarían a distintas comisiones que podrían tardarse meses en reunirse.
En este sentido, la conclusión que parece permear de esta reunión refleja que es necesario adaptar un tratado de esta magnitud a las nuevas tendencias en el desplazamiento del  comercio mundial a nuevas áreas, como Asia-Pacífico,  en la medida en que este nuevo impulso que se le quiere dar al TCLAN pueda convertirlo en una herramienta para acercar los intereses comunes y crear una estrategia regional conjunta para el siglo XXI, siendo incluso valioso para fortalecer la posición de estos tres países con miras a las negociaciones del Acuerdo de Asociación Trans-pacífico (por sus siglas en inglés, TPP); con la ventaja añadida para México, de tener otras conexiones comerciales como la Alianza del Pacífico que le sirven en la mesa de negociaciones del TPP.
Sólo en el largo plazo se sabrá si el reimpulso del TLCAN y el TPP tendrán un impacto importante en América Latina y en el comercio mundial.

viernes, 28 de febrero de 2014

La parálisis regional ante las protestas en Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez 


Vivimos en un Hemisferio Occidental pos-hegemónico. La distribución de capacidades ha cambiado con el ascenso de Brasil, la década dorada de crecimiento económico latinoamericano y la crisis económica apenas superada en EEUU. Además, Washington no tiene la voluntad de ejercer su primacía en el Hemisferio –que a pesar de todo aún conserva- para imponer una agenda en torno a la promoción de la democracia liberal y el libre comercio como hizo en los años noventa, al llevar una década concentrado en Medio Oriente y ahora empezar a mirar al Pacífico debido al ascenso de China. Tampoco EEUU ha mostrado habilidad diplomática para liderar la construcción de un nuevo consenso con otras potencias regionales; mientras potencias extra-continentales desde China y Rusia, hasta la Unión Europea, han estado más activas en la región.
El resultado es una difusión del poder, la parálisis de las instituciones hemisféricas, la creación de nuevas instituciones latinoamericanas marcadas por el presidencialismo y la excesiva flexibilidad, y una América Latina más plural y autónoma. Reconociendo esta realidad, el Secretario de Estado John Kerry, en un discurso en la OEA en noviembre de 2013, volvió a decretar la muerte de la Doctrina Monroe y defendió “una relación de iguales” con América Latina.
El reverso de la moneda es una América Latina donde Brasil, México y Venezuela, han reordenado la cartografía regional. Así, tenemos cuatro bloques de integración principales, que se comportan como alianzas estratégicas. El MERCOSUR necesita un relanzamiento pero tiene a Brasil como líder; además, debido a la crisis instalada en Venezuela y la muerte de Hugo Chávez, tiende a atraer a la ALBA: el “MERCOSUR x 9” resultante de la “expansión selectiva” defendida en Brasilia hacia países suramericanos que no hayan adoptado estrategias liberales de inserción en la economía internacional (léase Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam, después de la adhesión de Venezuela). La Alianza del Pacífico ha servido a México para tener mayor presencia en América Latina, a Colombia, Perú y Chile para subrayar su modelo liberal en el contexto suramericano, y a todos en conjunto para defender sus vínculos comerciales con EEUU e intentar volcarse al Pacífico junto a Washington. CARICOM, el bloque más débil en capacidad pero diplomáticamente influyente con sus 15 miembros, se ha beneficiado con una vinculación pragmática, flexible y diferenciada con los demás proyectos; aceptando la cooperación petrolera de Venezuela vía PETROCARIBE, sin que esto implique deteriorar sus relaciones con EEUU en el marco del TIFA, o no escuchar ofertas de cooperación de México y Brasil.
En este contexto regional, se desencadena la ola de protestas que vive Venezuela desde hace quince días, la cual ha dejado un saldo lamentable de 17 muertos, más de 150 heridos y más de 600 detenciones. Unas protestas que más allá de ser detonadas por las movilizaciones estudiantiles y el progresivo descontento social con la crisis económica, se han visto politizadas debido a la fuerte polarización de un país dividido electoralmente en dos bloques equivalentes.
Así tenemos, dos lecturas políticas de las protestas. El gobierno venezolano entiende que se encuentra ante un “golpe de Estado suave” orquestado por grupos radicales que buscan instrumentalizar el descontento de la clase media y cuentan con el apoyo de EEUU, enfatizando por tanto, el respeto a las instituciones democráticas. Por su parte, la alternativa democrática denuncia los excesos represivos de los cuerpos de seguridad y los colectivos armados que han dejado varias víctimas, al tiempo que subraya el derecho a la protesta pacífica y el respeto a los derechos humanos. En definitiva, una situación muy peligrosa en un país fracturado.
Por todo esto, no resulta extraño que los países de la región hayan reaccionado reflejando la pluralidad existente en el Hemisferio. EEUU y los países de la Alianza del Pacífico han pedido el cese de la violencia, el respeto al derecho a manifestar pacíficamente de los estudiantes, y han subrayado la necesidad de respetar las libertades y la institucionalidad democrática, así como la necesidad de un diálogo genuino. Los países ALBA han condenado el “golpe de Estado suave” y el “intervencionismo de EEUU”. Los países del MERCOSUR, presidido en estos momentos por Venezuela y siguiendo sus intereses nacionales, han respaldado al gobierno venezolano desde la militancia de Argentina, el silencio solidario de Brasil hasta la prudencia de Uruguay, sin dejar de llamar al diálogo. Por último, CARICOM ha manifestado su preocupación y también ha llamado al diálogo.
Esta pluralidad de intereses y visiones ha llevado a una parálisis de los foros políticos regionales (OEA, CELAC y UNASUR), justo en momentos donde Venezuela requiere de un apoyo activo para para que los actores políticos hagan las cesiones necesarias para una reorientación de la situación actual desde el conflicto al diálogo y la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática.
La OEA, más allá de los pronunciamientos a favor  del diálogo del Secretario General Insulza, se ha visto impotente. Eminentes personalidades han pedido activar la Carta Democrática Interamericana, pero obvian la actual configuración de poder que ha convertido este tratado en letra muerta y ha sumergido a esta organización hemisférica en la parálisis. De allí, la altivez y el sarcasmo del Embajador Roy Chaderton en la discusión celebrada en el Consejo Permanente de la OEA el pasado 19 de febrero, la cual no llegó a nada debido a la reticencia de Brasil a abrir un debate y a la utilización de Venezuela de la ALBA y PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Tampoco se espera que fructifique el reciente llamado del Presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, a una Reunión Extraordinaria de Cancilleres de la OEA para discutir la situación en Venezuela.
De la CELAC sólo se ha visto inmadurez e incapacidad para buscar una solución; bien porque Costa Rica como Presidente pro-témpore se encuentra en pleno relevo presidencial –a la espera de su segunda vuelta de las elecciones en abril- y teme una agudización de sus problemas bilaterales con Nicaragua, bien por la poca voluntad de actuar de los restantes miembros de la Troika –Cuba, Ecuador y San Vicente y Las Granadinas, los cuales también son miembros de la ALBA-, o porque los restantes miembros no han pedido una discusión seria en este foro regional para evitar un deterioro de sus relaciones bilaterales con Venezuela.
UNASUR, por último, parece preparada para convocar una Cumbre Extraordinaria para discutir la situación de Venezuela a petición del Presidente Maduro –que ya mostró su disposición al respecto y envió el pasado 26 de febrero al Canciller Jaua de gira por las capitales suramericanas, en buena medida como respuesta a la petición panameña de activar la OEA-, o cuando lo estime conveniente Brasil como líder del MERCOSUR. Sin embargo, tomando en cuenta las discusiones parcializadas de este foro político en los casos de las crisis políticas de Bolivia en 2008, Ecuador en 2010, Paraguay en 2012 y Venezuela en 2013, es visto con natural reserva por la alternativa democrática. Aunque allí también participan Colombia, Perú y Chile, tampoco se espera que estos países de la Alianza del Pacífico impulsen la búsqueda de una solución equilibrada en UNASUR, debido a los intereses de Colombia en mantener una relación constructiva con el gobierno venezolano -por su participación como país acompañante del proceso de paz y el comercio bilateral-, así como el relevo presidencial en Chile –la Presidenta Bachelet asume el 11 de  marzo y tiene en su coalición al Partido Comunista.
En definitiva, vivimos en un Hemisferio pos-hegemónico y plural, lo cual explica la diversidad de intereses en juego y la parálisis de la diplomacia regional ante la peligrosa situación que hoy encara Venezuela. Los venezolanos sólo contamos con nosotros mismos: dura lección de la realidad que conviene no olvidar.
@kenopina

viernes, 23 de agosto de 2013

Nueva oportunidad para Paraguay y Venezuela en MERCOSUR


Laura Guzmán

Varias son las opiniones emitidas respecto al polémico ingreso de Venezuela al MERCOSUR durante la ausencia temporal paraguaya tras la suspensión realizada por parte del resto de los mandatarios que integran el acuerdo, alegando que el juicio político que acarreó la destitución del entonces Presidente Fernando Lugo en junio de 2012, fue contraria a lo establecido en el Tratado de Asunción.
Hoy nos encontramos ante una realidad totalmente distinta a la vivida hace un año en ambos países. En Venezuela, el Presidente Hugo Chávez (aliado de Lugo), ha fallecido tras una dura batalla contra el cáncer, siendo elegido como su sucesor el Ex-Vicepresidente y Ex-Canciller, Nicolás Maduro; mientras que en Paraguay, luego de un duro proceso político, finalmente cuentan con un nuevo Presidente. En conclusión dos mandatarios diferentes, con dos corrientes políticas nada parecidas -aunque aún está por ver cuál será el estilo  de gobierno de Horacio Cartes.
La indudable interrogante para el futuro del MERCOSUR, es si Paraguay y Venezuela lograrán resolver sus diferencias y pasar página de lo ocurrido, cerrando un capítulo difícil para la integración latinoamericana.
Una de las condiciones exigidas por Horacio Cartes desde que era candidato presidencial para regresar a MERCOSUR, era que se le otorgara la Presidencia pro témpore del bloque a Paraguay, pero en la reciente Cumbre de Montevideo esta pasó a manos de Venezuela. Si bien muchos opinan que acceder a esta petición constituía la perfecta oportunidad para Venezuela de subsanar sus problemas con Paraguay, lo cierto es que esto no ocurrió. Es un secreto a voces que el Presidente Maduro busca desesperadamente llenar los zapatos que dejó el Ex-Presidente Chávez en Latinoamérica luego de su muerte, por lo cual parece haber considerado más importante ostentar la Presidencia pro témpore de MERCOSUR que resolver los problemas con Paraguay en el corto plazo, para así demostrar que es capaz de continuar impulsando el proyecto del “Socialismo del siglo XXI” en la región. Además, esta posición le permitió a Maduro continuar recabando legitimidad internacional después de las polémicas elecciones del 14-A.
Entre las asperezas que deben limarse con el ahora Presidente Cartes, figuran en primer lugar lo concerniente al apoyo brindado por el difunto Chávez al caso de Lugo y la injerencia que pretendió ejercer Venezuela en este asunto a través del propio Nicolás Maduro, y en segundo lugar el cierre de la Embajada venezolana en la Asunción y la suspensión de suministro de petróleo en 2012. Será sin duda interesante observar si Maduro optará por acercarse al mandatario paraguayo de turno o si atacará las políticas que despliegue de aquí a futuro, cuestión que seguramente no se hará esperar por mucho tiempo, puesto que hasta ahora hemos estado acostumbrados a un discurso de Venezuela catalogado de “intervencionista” por parte de muchos, donde las opiniones sobre la forma de negociar y actuar de otros países son públicamente criticadas.
La atención pública fue invocada una vez más hacia esta situación, cuando   el Presidente Maduro manifestó no haber sido invitado a la ceremonia de investidura de Horacio Cartes, mientras que el Presidente ecuatoriano Rafael Correa -quien también busca ocupar el lugar vacío de Chávez dentro de Latinoamérica-, declaró que a pesar de ser invitado no asistiría en solidaridad con Venezuela.
Las  expectativas sobre un período de negociación se hacen cada vez más fuertes, sobre todo ahora que con la toma de posesión del Presidente Cartes del pasado jueves 15 de agosto, se levanta la suspensión contra Paraguay significando su acceso al lugar que ocupaba dentro del MERCOSUR y la UNASUR.
Cartes por su parte no ha dejado claro si desea o no retornar al MERCOSUR, pero al asegurar haber discutido abiertamente con sus homólogos suramericanos la preocupación que existe por resolver el conflicto y la invitación al resto de los países que integran el bloque a la ceremonia de investidura, pareciera dar señales de un interés en reconciliar a Paraguay con el MERCOSUR, e insiste en que su país no tiene ninguna intención política en permitir la entrada de Venezuela al bloque, señalando que “el problema es jurídico” en alusión a la falta de aprobación paraguaya.
Pareciera entonces que la mejor forma de abordar un proceso de diálogo es bilateralmente para luego llevar los resultados de esta negociación a nivel del bloque regional, y sobre todo evaluar las opiniones que emita Cartes con respecto a las decisiones que como Presidente pro témpore, Nicolás Maduro haga dentro del MERCOSUR. Además, se espera que ambos mandatarios se encuentren cara a cara en la VII Cumbre Ordinaria de la UNASUR que se celebrará en Surinam el próximo 30 de agosto, lo cual supone una nueva y magnífica oportunidad para empezar a resolver este impasse.
La Presidencia venezolana del MERCOSUR se da en un momento crucial para la integración latinoamericana. La novedosa Alianza del Pacífico con una visión estrictamente comercial y en vinculación a EEUU, está buscado frenar el liderazgo e influencia de los gobiernos izquierdistas suramericanos -principalmente los de Brasil y Venezuela-, así como contrapesar sus proyectos de integración –de la ALBA al MERCOSUR y UNASUR. De hecho, en mayo pasado durante la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico celebrada en Cali, el Ex–Presidente paraguayo Franco buscando romper el aislamiento internacional, propició la incorporación del país guaraní como observador de este nuevo esquema de integración, lo cual puso en tela de juicio la cohesión del MERCOSUR.
En consecuencia, los intereses de Venezuela empujan al Presidente Maduro a utilizar su posición al frente del bloque suramericano para cerrar cuanto antes el impasse con Paraguay y consolidar el MERCOSUR ampliado.

miércoles, 31 de julio de 2013

El declive de la ALBA


 
Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.
En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.
En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.
Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el Presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.
Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el Presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.
Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del Presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los Presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el Ex–Presidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.
Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el Presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.
En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Publicado originalmente en RunRun.es

viernes, 12 de julio de 2013

La XLV Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR


 
Dr. Kenneth Ramírez

Este 12 de julio se celebra en Montevideo, la XLV Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR, con una agenda marcadamente política: el caso paraguayo, el traspaso de la Presidencia pro témpore, la revisión del proceso de adhesión de Bolivia -iniciado en diciembre de 2012- y la posible propuesta de adhesión de Ecuador, la firma de sendos acuerdos de asociación con Guyana y Surinam –únicos países suramericanos sin vínculos con MERCOSUR-, y la discusión de una propuesta común de cara a un acuerdo de asociación con la UE que tiene casi tres lustros de negociaciones infructíferas.

En primer lugar, será abordada la reincorporación de Paraguay al bloque, que fue suspendido tras la destitución de Fernando Lugo por el Congreso en junio de 2012, la cual fue entendida como una ruptura democrática por el resto de los Estados miembros. Ya celebradas nuevas elecciones en abril pasado, se estima que MERCOSUR aceptará sin problemas el retorno de Paraguay después de la toma de posesión del Presidente electo Horacio Cartes el próximo 15 de agosto.
Aunque Horacio Cartes y el Presidente Maduro han manifestado su voluntad de reparar las relaciones bilaterales, el mandatario paraguayo ha expresado que no podría regresar a MERCOSUR si Venezuela asume la Presidencia pro témpore de MERCOSUR por una “cuestión de dignidad”. Recordemos que Paraguay no solamente fue suspendido, sino que inmediatamente después fue aprobado el ingreso de Venezuela a MERCOSUR –el Congreso paraguayo era la piedra de tranca desde 2009-, y la Presidencia pro témpore pasó desde Brasil a Uruguay por orden alfabético en diciembre de 2012, saltándose al país guaraní.
Ceder el turno de la Presidencia pro témpore a Paraguay sería un gesto interesante que podría catalizar la normalización de las relaciones bilaterales, cohesionar nuevamente MERCOSUR y cerrar el capítulo del ingreso de Venezuela que sin duda no fue el mejor. Además, nos permitiría contar en el futuro con los países pequeños para modelar la agenda del MERCOSUR. Esta solución de compromiso podría acordarse en Montevideo, a cambio de la aceptación de Paraguay del ingreso venezolano como un hecho consumado, una invitación al Presidente Maduro para la toma de posesión de Horacio Cartes y una Cumbre Extraordinaria MERCOSUR en Asunción para formalizar traspaso de la Presidencia de Uruguay a Paraguay, quedando la Presidencia venezolana para el próximo semestre según la rotación normal.
Lograr superar este impase político resulta esencial para lograr un relanzamiento del MERCOSUR, el cual a pesar de ser la quinta economía mundial, representar 47% del PIB latinoamericano y poseer las mayores reservas regionales de petróleo, gas y agua, encara la novedosa competencia de la Alianza del Pacífico y pasa por una fase de transición con varios temas pendientes. Así, MERCOSUR tiene los desafíos de impulsar el comercio intra-regional -70% por debajo de sus posibilidades-, seguir reduciendo las asimetrías, revertir la tendencia a la primarización de su oferta exportable –sobre todo hacia China-, ajustar su arancel externo común a las estructuras productivas de los socios medianos y pequeños, determinar mecanismos de salvaguardia, continuar con su desarrollo institucional y avanzar en la agenda externa común.
Finalmente, el gobierno de Venezuela tiene un doble reto. En primer lugar, realizar cambios de política económica, profundizar los mecanismos de adaptación y mejorar nuestras infraestructuras portuaria en franco diálogo con todos los sectores económicos, sociales y políticos, para hacer del MERCOSUR un proyecto de Estado que permita realmente una transformación productiva con equidad social –más allá del rentismo petrolero-, a través de un aumento de nuestras exportaciones no tradicionales. En este sentido, se han dado algunos pasos en la dirección correcta con la reciente creación de la Autoridad Única de Exportación adscrita a la Vicepresidencia Económica, así como con la creación del Fondo Bicentenario y la Misión MERCOSUR, para apoyar en materia logística y financiera a los empresarios y productores que busquen exportar a nuestros nuevos socios. En segundo lugar, el gobierno venezolano debe impulsar el MERCOSUR como modelo de integración profunda en América Latina frente a la propuesta estrictamente comercial de la Alianza del Pacífico, demostrando con hechos más que con retórica en los próximos años, que el ingreso venezolano ha sido un factor positivo para el relanzamiento del mecanismo, lo que supone coadyuvar en la gestión  efectiva de la agenda pendiente.
Publicado originalmente en el diario Últimas Noticias

sábado, 15 de junio de 2013

La nueva ofensiva diplomática de EEUU en América Latina


Victor Hugo Matos

La Administración Obama ha venido recalibrando sus prioridades en materia de política exterior. Uno de sus puntos cambio pasa por fortalecer a EEUU como eje importante del comercio internacional y por darle un poco más de atención a América Latina. Esto queda demostrado en el hecho de que ha comenzado a negociar acuerdos que le permiten aumentar su peso comercial,  como el proyecto Acuerdo de Asociación Trans-pacífico –por sus siglas en inglés, TPP- con sus países aliados en la Cuenca del Pacífico o el proyecto Acuerdo Trasatlántico de Libre Comercio –por sus siglas en inglés, TAFTA- con la Unión Europea.

Estas nuevas iniciativas han llevado a EEUU  a reactivar su presencia en la región latinoamericana –a través del TPP donde se encuentran insertados los países de la llamada Alianza del Pacífico, con quienes EEUU tiene acuerdos de libre comercio-, que después del fracaso del proyecto del ALCA se ha caracterizado por la firma de acuerdos de libre comercio bilaterales con países como Colombia y Panamá acompañadas de otras iniciativas simbólicas como la ayuda en ocasión del terremoto de Haití,  con la excepción del caso de México -con el cual las relaciones siempre han sido cercanas en el marco del TLCAN/NAFTA.  Este nuevo ímpetu en recuperar su presencia en la zona viene motivado primeramente por la nueva estrategia de EEUU de fortalecer sus relaciones con los miembros de la Alianza del Pacífico, que se ha hecho efectiva en las últimas giras del Presidente Obama y el Vicepresidente Biden por América Latina, los contactos entre el Presidente Obama y el nuevo Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, así como las visitas del Presidente Humala y el Presidente Piñera a Washington.

No obstante, la diplomacia estadounidense también se ha enfocado en reducir la conflictividad existente con algunos Estados en la región, por lo cual ha intentado aproximarse  a Venezuela, con la cual ha tenido relaciones tirantes en los últimos años para así asegurar unas relaciones comerciales más tranquilas e influencia en la transición política a través del diálogo. Estos intentos de reducir las tensiones se hacen efectivos después de la reunión Jaua-Kerry que se produjo en Guatemala recientemente y los contactos anteriores entre el Encargado de Negocios venezolano Calixto Ortega con la Subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson.

Asimismo, debemos agregar gestos hacia El Caribe como la visita del Vicepresidente Biden a Trinidad y Tobago; y los contactos permanentes que se hacen con Brasil, siendo el último de ellos la visita del Vicepresidente Biden a la Presidenta Rousseff. Desde la visita de Bush a Brasil en 2007, EEUU ha reconocido a Brasil como un actor importante en la región y ha manifestado su interés en una mayor profundización de la cooperación bilateral.  Esto se ha visto beneficiado recientemente en parte por el mayor pragmatismo del actual gobierno en comparación al de Lula da Silva, y en parte por la voluntad de la Administración Obama de eliminar los obstáculos materiales y simbólicos en las relaciones. Brasilia considera que Washington no le da la suficiente importancia que merece como potencia emergente, como ocurrió con la visita de la Presidenta Rousseff en abril de 2012, la cual careció del carácter de “visita de Estado” que tuvieron la del Presidente de China, el Primer Ministro del Reino Unido y el Primer Ministro de India, el mismo año. Por ello, durante la visita del Vicepresidente Biden a Brasil fue anunciada con grandilocuencia la próxima visita de Estado de la Presidenta Rousseff a EEUU, la única que tendrá ese carácter este año.

Es visible entonces, que la nueva ofensiva diplomática de EEUU en América Latina aunque gravita en torno a los países latinoamericanos ribereños del Océano Pacífico como nueva área de interés, también implica renovar la forma en la que se han manejado los asuntos hemisféricos hasta ahora, en parte por el beneficio que traería el fortalecimiento de estructuras como la Alianza del Pacifico, renovados vínculos con El Caribe y Brasil, así como relaciones más constructivas con la Venezuela pos-Chávez; y en parte por el hecho de que la falta de contacto de EEUU con la región ha venido creando un vacío que ha pasado a ser llenado lentamente por China.

viernes, 31 de mayo de 2013

La Alianza del Pacífico y la reedición del Tratado de Tordesillas


 
Victor Hugo Matos

El Tratado de Tordesillas fue un acuerdo firmado entre España y Portugal en 1494  que en parte planteaba la división de la América colonial en 2 partes, una española y otra portuguesa, las cuales desde entonces estarían separadas por una barrera cultural que impediría un acercamiento efectivo entre los habitantes de ambas zonas hasta la segunda etapa del siglo XIX.
 
En la actualidad, el proceso de integración regional en América Latina parece haber generado una réplica de la división que se generó el citado tratado, ya que ahora América Latina se encuentra dividida en dos partes nuevamente: los miembros del MERCOSUR bajo la égida de Brasil y los Estados que forman parte de la Alianza del Pacífico; cada una  con  sus propias dinámicas de  cooperación e integración, sus propios valores y modelos institucionales.
 
Respecto a la Alianza del Pacífico, que ya va por su séptima cumbre presidencial,  se trata de un mecanismo de liberalización comercial que surge  entre un conjunto de países con costa en el Océano Pacífico con afinidades políticas y con un peso importante en la economía latinoamericana, capaz de rivalizar en fuerza económica con Brasil y el MERCOSUR. Esto se vislumbra a partir de la forma en que se han comportado económicamente ambas organizaciones durante el último año, en el cual la Alianza del Pacífico consiguió un crecimiento combinado del 5%, que contrasta con el 2,9% que alcanzó MERCOSUR; esto sin contar que existe un mayor comercio intra-bloque en la Alianza del Pacífico.
 
No obstante, la competencia entre los dos bloques no se limita simplemente a los indicadores macroeconómicos, sino que se da también en una suerte de competencia por expandir la zona de influencia propia, las cuales a la larga pueden buscar integrar a otros actores regionales, que en este momento, o sienten la sensación de estar en orfandad por el declive de organizaciones como los miembros de la CAN (caso de Bolivia y Ecuador), o, están decepcionados por el comportamiento de los actores a lo interno de su propio mecanismo de integración, donde encontramos los casos de Paraguay y Uruguay en MERCOSUR.
 
Uruguay ha esbozado desde hace algunos años una posición crítica en el MERCOSUR –debido al desequilibrio existente entre los actores pequeños respecto a Argentina y Brasil, así como el estancamiento del mecanismo debido al proteccionismo-, y tiene actualmente una participación cada vez más activa como observador en la Alianza del Pacífico. De hecho, el Vicepresidente Astori expresó en la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico celebrada recientemente en Cali (Colombia), el deseo de Montevideo de convertirse en miembro pleno del nuevo mecanismo.
 
Frente a esto, el Alto Representante del  MERCOSUR, Ivan Ramalho, respondió que cualquier entrada de un Estado miembro a otro acuerdo de integración debe darse en bloque y no de forma separada, evidenciando así cierta preocupación de que alguno de los actuales miembros del MERCOSUR decida unirse a la Alianza del Pacífico. Además, señaló que cualquier oportunidad de relacionamiento con los países de Asia puede buscarse en conjunto, subrayando como ejemplo el Diálogo MERCOSUR-CER (Australia y Nueva Zelanda) para promover el comercio bilateral, las inversiones y la convergencia de posiciones en materia de negociones comerciales multilaterales.
 
Asimismo, la diplomacia brasileña se esforzó para bloquear los intentos de Paraguay de convertirse en miembro observador de la Alianza del Pacífico, invocando el párrafo cinco de la Decisión 26/2012 de los Jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que obliga a “Promover la suspensión de la República del Paraguay en los foros y mecanismos de diálogo y concertación” originada tras la destitución de Fernando Lugo. Asimismo, fue postergada la próxima Cumbre de MERCOSUR –que estaba prevista celebrase en Montevideo el próximo 28 de junio- hasta la toma de posesión el 15 de agosto del nuevo Presidente paraguayo, Horacio Cartes, para propiciar en este período el levantamiento de la suspensión de Paraguay en MERCOSUR/UNASUR y su aceptación del ingreso de Venezuela como hecho consumado, conjurando así cualquier intento de reacomodo de Asunción en el tablero de la integración regional.
 
La pregunta que queda sin respuesta, es la siguiente: ¿Se mantendrán ambos esquemas de integración dentro de sus zonas de influencia comercial y política, o decidirán expandirse más allá de los límites que ha establecido el acuerdo tácito entre ambos bloques en una suerte de reedición del Tratado de Tordesillas?