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martes, 21 de junio de 2016

De diálogos, maniobras y realidades


Dr. Kenneth Ramírez

Desde hace mes y medio, hemos visto un creciente interés de la Comunidad Internacional por la crisis de Venezuela. Más allá de lo declarativo, se han puesto en marcha iniciativas de diplomacia preventiva, cuyo clímax observaremos esta semana. Existe mucha preocupación por el deterioro de la situación venezolana que puede llevar a escenarios de explosión social, violencia e inestabilidad política con consecuencias para todo el vecindario. Desde el gobierno venezolano se cree utópicamente en la posibilidad de cambiar esta realidad con maniobras diplomáticas. Lo cierto, es que si la crisis sólo fuera política, quizás podría hacerlo. Empero, el agotamiento del modelo económico agravado con la caída del petróleo, ha llevado a una severa contracción del PIB en -5,7% en 2015, y los pronósticos del FMI apuntan a que lo hará en -8% en 2016 y -4,5% en 2017. Además, todas las agencias señalan que los precios del petróleo se mantendrán entre 40 y 50 $/Bl en lo que resta de 2016 y apenas repuntarán un poco más en 2017, sobre todo una vez que han constatado que la OPEP no tomará decisión alguna en el corto plazo. Todo esto, a su vez, ha generado una crisis humanitaria debido a la escasez de alimentos y medicinas, el aumento del desempleo y la delincuencia. La CEPAL señala que niveles de pobreza han aumentado hasta alrededor de 40%.

En este contexto, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, presentó un informe contundente el pasado 30 de mayo, el cual concluye que en Venezuela existe una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático, de acuerdo al artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana. Lejos de una suspensión de Venezuela de la OEA para lo cual no existe interés en este momento, de activarse la Carta -se requieren 18 votos- se desplegarían gestiones diplomáticas para destrabar la celebración de un Referéndum Revocatorio este año, liberar los presos políticos, abrir un canal humanitario y resolver el conflicto existente entre los poderes públicos. Este jueves 23 de junio, se ha convocado un Consejo Permanente de la OEA para realizar una apreciación colectiva de la situación venezolana a partir del informe Almagro y tomar una decisión.

Por otra parte, tenemos las gestiones de los Ex–Presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández, para propiciar un diálogo político en Venezuela y hacer recomendaciones para atender la crisis económica. Esto nació de una iniciativa del Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, quien ha tenido un manejo parcializado de la situación venezolana a lo largo de su desempeño, por lo cual estos facilitadores no han sido bien recibidos por toda la oposición venezolana. Incluso, Samper ha sido criticado por Paraguay por no consultar con los países miembros. En consecuencia, estas gestiones no han podido fructificar, aunque fueron avaladas el pasado 1 de junio en una resolución aprobada en un Consejo Permanente de la OEA convocado por Argentina –que busca impulsar a su Canciller a la Secretaría General de la ONU-, donde los países miembros dieron su apoyo a las “iniciativas de diálogo” para la “consolidación de la democracia representativa” y también a los “procedimientos constitucionales” -léase, celebrar un Referéndum Revocatorio. Resultó llamativo que la diplomacia venezolana no pudo suspender esta reunión como quería, ni aprobar una resolución de su autoría, ni modificar la resolución aprobada que contiene un concepto de democracia que ha objetado por años. Atrás quedaron los tiempos donde Venezuela utilizaba PETROCARIBE como minoría de bloqueo. Este martes 21 de junio, se efectuará un Consejo Permanente de la OEA para escuchar a los Ex-Presidentes; y Samper convocó una Reunión Extraordinaria de Cancilleres UNASUR para los mismos fines este jueves 23 de junio –Paraguay ya objetó esta convocatoria por coincidir con el Consejo Permanente de la OEA donde se discutirá el informe Almagro.

No se extrañe usted, amigo lector, estas reuniones yuxtapuestas son producto de las maniobras de la diplomacia venezolana para impulsar la facilitación de los Ex-Presidentes en el marco de UNASUR, debilitar la discusión del informe Almagro y bloquear la activación de la Carta Democrática Interamericana, mientras gana tiempo para evitar como sea un Referéndum Revocatorio este año. Sin embargo, la geopolítica en UNASUR ha cambiado: Caracas sólo cuenta con Ecuador, Bolivia y Surinam tras la victoria de Macri y el impeachment a Dilma, junto a las ventajas de tener como aliado a Samper y detentar la Presidencia pro-témpore de una organización que ya no ofrece el refugio eficaz de otrora.

Asimismo, en la 46° Asamblea General de la OEA aunque el tema venezolano no estaba en agenda, la Canciller Delcy Rodríguez atacó a Almagro para disminuir su prestigio, evadir la discusión de argumentos y huir hacia adelante; presentando incluso una resolución en su contra: sólo fue aprobado permitir que Venezuela vuelva a presentarla en un Consejo Permanente sin fecha exacta, aunque se cantó “victoria”. Paralelamente, 15 países miembros de la OEA –incluyendo los de mayor peso geopolítico y una mayoría clara de países UNASUR- firmaron un Comunicado en Santo Domingo pidiendo que las gestiones de los Ex-Presidentes tengan “resultados positivos en un tiempo razonable” y una “aplicación justa y oportuna de los procedimientos constitucionales” –léase, otra vez, celebrar un Referéndum Revocatorio.

No puede pasarse por alto, la reunión entre la Canciller Rodríguez y el Secretario Kerry, donde acordaron reactivar el canal de diálogo bilateral con Thomas Shannon a la cabeza. Este diálogo no es, como se ha dicho, para mejorar relaciones e intercambiar Embajadores –no hay desde 2010. A Obama le restan 6 meses en la Casa Blanca y no tiene el apoyo del Congreso para esto. EEUU sólo continúa con su estrategia de propiciar un “aterrizaje suave” (soft landing) de Venezuela, evitando un peligroso colapso con posible desbordamiento regional. Shannon viene a negociar fecha y condiciones para un Referéndum Revocatorio, teniendo como bazas la Orden Ejecutiva N° 13692 prorrogada el 3 de marzo y la eventual activación de la Carta Democrática Interamericana.

Finalmente, en una artimaña de último minuto que revela desesperación, el Embajador venezolano en la OEA, Bernardo Álvarez, envió una misiva el pasado lunes 20 de junio pidiendo desconvocar el Consejo Permanente de la OEA de este jueves 23 de junio, ya que a su juicio el tema venezolano ya había sido suficientemente analizado en el citado Consejo Permanente del 1 de junio; además de intentar descalificar una vez más al Secretario General Almagro por su supuesta ojeriza hacia el gobierno de Venezuela y su supuesta usurpación de competencias al invocar la Carta Democrática Interamericana -en un análisis jurídico muy endeble que revela las carencias de la actual Cancillería venezolana.

De manera que, sea cual sea la fórmula que sea acordada esta semana en las reuniones citadas, toda maniobra de la diplomacia venezolana está destinada a fracasar. Se ha constituido un amplio consenso hemisférico sobre la necesidad de un Referéndum Revocatorio este año como paso inicial para resolver la crisis venezolana en clave de seguridad regional. De mantener su inmovilismo acompañado de represión, el gobierno venezolano encarará ostracismo y sanciones. La realidad geopolítica está en contra del Presidente Maduro, el cual se encuentra en zugzwang en términos de ajedrez. ¿Y usted qué opina?

@kenopina

martes, 6 de octubre de 2015

Agenda 2030: Energía y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El Septuagésimo Aniversario de la ONU será recordado por la aprobación el pasado 25 de septiembre, de la llamada Agenda 2030 (“Transformar nuestro Mundo: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, Resolución A/RES/70/1), después de tres años de amplias consultas. Tras un cumplimiento parcial de los 8 “Objetivos del Desarrollo del Milenio” adoptados hace tres lustros, resulta importante que se haya podido establecer un compromiso global para atender a cuestiones tan urgentes como el cambio climático, la pobreza extrema, trabajo decente y crecimiento económico, salud, el acceso universal a la energía, la educación de calidad, entre otros, en los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

No obstante, han sido múltiples las críticas, ya sea por la proliferación de los nuevos objetivos respecto a sus antecesores; la variedad temática debido a la confluencia de las agendas de pobreza y cambio climático que puede llevar a una dispersión de esfuerzos y dilución de compromisos; la especificación de 169 metas que no siempre son tales debido a su vaguedad y distintos niveles de exigencia, dificultando así su gestión; y la ausencia de un debate sobre la reforma de la ONU como institución que pueda implementar y dar seguimiento efectivo.

En materia de energía, el séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible pide “asegurar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos” en 2030, con cinco metas: 1) Asegurar el acceso universal a los servicios de energía asequibles, fiables y modernos; 2) Aumentar la participación de las energía renovables en la matriz energética mundial; 3) Duplicar la tasa global de mejora de la eficiencia energética; 4) Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a las tecnologías de energía limpia y su investigación, incluida las renovables, la eficiencia energética y tecnologías limpias de combustibles fósiles; 5) Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para el suministro de servicios de energía modernos y sostenibles para los países en desarrollo, en especial, los pequeños Estados insulares y sin litoral.

Como vemos este objetivo plantea la búsqueda de un modelo energético sostenible, que aumente el número de personas con acceso a formar modernas y asequibles de energía, y eleve el porcentaje de energía consumida que procede de energías renovables. En este sentido, se propone abatir los dos desafíos globales más urgentes relacionados con la energía, a saber: la pobreza energética ocasionada por la falta de acceso a servicios modernos de energía en los países en desarrollo –una de cada cinco personas en el planeta no tiene acceso a la electricidad; y casi la mitad de la Humanidad depende de la quema de madera, estiércol y carbón para cocina y calefacción-, y el altísimo despilfarro y polución en los países desarrollados que ocasionan el cambio climático.

En la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Riad en noviembre de 2007, los Estados miembros se comprometieron a la erradicación de la pobreza energética a escala global, y encomendaron al Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional (por sus siglas en inglés, OFID) movilizar un fondo rotativo de más de 1 millardo de dólares para tal fin; el cual ha permitido financiar proyectos de electrificación rural, generación eléctrica renovable, construcción de infraestructuras energéticas, y donaciones de cocinas modernas en más de 120 países en desarrollo. Además, el OFID forma parte de la plataforma “Energía Sostenible para Todos” (por su acrónimo en inglés, SE4ALL) impulsada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, desde 2011, la cual preparó desde la “Conferencia Rio+20” la dimensión energética de la Agenda 2030. Asimismo, los Estados miembros de la OPEP han desplegado mecanismos de cooperación que han mejorado el acceso a la energía, como Venezuela con PETROCARIBE que fundó en junio de 2005 –garantizando en promedio un 32% de la demanda petrolera de los 18 beneficiarios y financiando 50% de la factura que ascendió a 28 millardos de dólares en este período de 10 años, lo que tuvo un impacto positivo en sus economías de 2,5% del PIB/año, según el SELA y el FMI-, y Arabia Saudita con la “Iniciativa de Energía para los Pobres” que lanzó en junio de 2008.

No obstante, lejos de la complacencia, Venezuela tiene mucho por hacer en relación a la Agenda 2030 y su objetivo séptimo. El nuevo Plan Estratégico de PDVSA 2016-2025 debe considerar como prioridad la reducción del venteo y quemado de gas natural en sus operaciones (Venezuela se ubica en el octavo lugar a nivel mundial), la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en todas sus instalaciones –sobre todo refinerías y mejoradores-, mejora de la eficiencia energética en todos sus instalaciones y procesos, considerar el impacto ambiental en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, la aceleración de los muy retrasados proyectos de gas natural, y el impulso a la investigación del INTEVEP de tecnologías para el uso y consumo limpio de los hidrocarburos como el secuestro y captura de carbono. Asimismo, los Ministerios de Petróleo, Energía Eléctrica y Eco-socialismo deben desarrollar un plan de energías renovables y eficiencia energética que se beneficie pragmáticamente de la cooperación internacional, reactive proyectos renovables como los parques eólicos en Paraguaná y la Guajira y las plantas de bioetanol proveniente de caña de azúcar, mejore la eficiencia de las infraestructuras energéticas, asegure el servicio eléctrico fiable en zonas rurales, fomente la educación y la investigación para la eficiencia y el ahorro energético, y tome en consideración iniciativas como el Plan de Energía Solar de Arabia Saudita –que se fijó como meta satisfacer 20% de su demanda eléctrica con energía solar para 2032- y el Plan de Energías Renovables de Brasil –que se fijó como meta satisfacer 20% de su consumo con renovables para 2030, sin considerar las hidroeléctricas. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

miércoles, 26 de agosto de 2015

Gira por El Caribe: 3 errores estratégicos


Embajador (r) J. Gerson Revanales

Lamentablemente, la última gira del Vicepresidente Arreaza y la Canciller Delcy Rodríguez, realizada por partes a lo largo del mes de agosto (Grenada, Dominica, Barbados, Trinidad y Tobago, Santa Lucía, Cuba, Surinam, Jamaica, Haití y Belice), en busca de apoyos en El Caribe, no obtuvo los resultados esperados.

Esto se debe a que el gobierno venezolano ha persistido en tres errores estratégicos en la negociación con Guyana y la reclamación del Esequibo: politizarlo, personalizarlo y polarizar a los países de El Caribe.

El Profesor Roger Fisher, Director del Proyecto de Negociación de Harvard en su libro Getting to Yes basado en cinco principios: “separar las personas del problema”; “centrarse en los intereses, no posiciones”; “Inventar opciones de ganancia mutua”; “Insistir en el uso de criterios objetivos”; “Conocer el MAAN (Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado)”, considera que involucrar terceras partes en una negociación no es lo más aconsejable, debido a los múltiples, ocultos y desconocidos intereses que se involucran.

Como advierte el Profesor Fisher, el involucrar terceras partes, que es lo mismo que internacionalizar el tema del Esequibo, no es la mejor vía para alcanzar un arreglo práctico y satisfactorio como establece el Acuerdo de Ginebra.

El gobierno desde un principio violó el primer principio, al dirigir sus ataques al recién electo Presidente de Guyana, en lugar de centrarse en el problema de fondo que es la reclamación y la violación al Art. V/2 del Acuerdo de Ginebra por los gobiernos de Jagdeo y Ramontar; los verdaderos responsables de la rebatiña de concesiones en la zona en reclamación, beneficiándose entre ellas una de las principales empresas petroleras asiáticas, China National Offshore Oil Company (CNOOC).

Varios errores graves se han cometido: el primero, el sorpresivo e inconsulto decreto 1787 que finalmente tuvo que derogarse debido a las reacciones negativas que generó desde Colombia hasta el Océano Pacifico e Indico a miembros de la Mancomunidad Británica, y el segundo, pensar que con PETROCARIBE se podía condicionar el apoyo de la CARICOM, lo cual significa la falta de conocimiento de El Caribe.

El Acuerdo de Ginebra es específico en su Art. IV al establecer como mecanismo de solución, el Art. 33 de la Carta de la ONU. Los errores están: en no tener una estrategia definida; en no tener presente que CARICOM es el organismo menos indicado para involucrarlo en la reclamación por ser parte interesada; en no tener claro cuál mecanismo de solución de controversias se ajusta a su estrategia; a que organismos o acuerdos regionales pudieran solicitarse su intervención; no tener presente que en una decisión jurisdiccional no funcionan las giras informativas y que el peor aliado es Cuba por sus relaciones históricas con Guyana.

@grevanales

martes, 21 de abril de 2015

Obama y Maduro en El Caribe


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela ha gozado de gran influencia en Centroamérica y El Caribe en la última década, gracias al suministro petrolero financiado en el marco de PETROCARIBE.  Así, gracias a los votos de este bloque, Venezuela ha podido paralizar numerosas iniciativas de EEUU en la OEA. No obstante, en 2014, se produjo una reducción de 17% de los suministros, que pasaron desde 122 mil barriles diarios (MBD) en 2013 a 101 MBD el año pasado. Incluso, el suministro a Cuba -que se contabiliza aparte-, se redujo en 21%, pasando desde 98 MBD en 2013 a 77 MBD en 2014. Por ello, varios analistas han anunciado la muerte de PETROCARIBE debido a las dificultades que atraviesa Venezuela, y el regreso de EEUU como actor geopolítico dominante de la sub-región a partir de la “Iniciativa para la Seguridad Energética de El Caribe” (por sus siglas en inglés, CESI) anunciada por la Administración Obama. No obstante, estas predicciones son muy prematuras.

El tema de la sostenibilidad de PETROCARIBE ha sido tratado por el FMI, que ha advertido que debido a la crisis económica venezolana, una suspensión repentina de los suministros petroleros o un cambio drástico en sus condiciones, generará fuertes impactos financieros, económicos y energéticos en los países miembros, siendo los más expuestos Nicaragua, Haití, Jamaica, Guyana y Grenada. En EEUU se ha abordado los efectos negativos que esto tendría para la seguridad regional, desde un aumento del narcotráfico a una fuerte oleada migratoria.

Discretamente, en mayo de 2014, el Vicepresidente Joe Biden durante su visita a Puerto España empezó a tratar este tema con líderes caribeños. Asimismo, anunció la firma de un Memorándum de Entendimiento con Trinidad y Tobago –país petrolero que nunca ha visto con buenos ojos PETROCARIBE- para crear un centro de investigación de energías renovables y su promoción en El Caribe. En junio de 2014, Biden visitó República Dominicana y señaló que lideraría una iniciativa para lograr una mayor autosuficiencia energética regional. Finalmente, el 26 de enero de 2015, presidió la I Cumbre de Seguridad Energética de El Caribe en Washington, donde participaron representantes de la CARICOM, República Dominicana, México, Colombia, Alemania, Francia, Reino Unido, España, EEUU, la OEA, la UE, el Banco Mundial, el BID y la IRENA. Biden logró grandes titulares con la frase: “Ya sea en Ucrania o en El Caribe, ningún país debe usar sus recursos como método de coerción en contra de cualquier otro país”, en lo que muchos vieron una clara alusión a Venezuela. No obstante, al analizar el documento final que creó la CESI y las reacciones, observamos que se trata de un mecanismo paraguas que permite a los países caribeños ponerse en contacto con inversionistas y la banca multilateral, acompañado de cooperación técnica y proyectos pilotos dotados de pequeños fondos de EEUU, que no cubrieron las expectativas de los presentes. De hecho, su objetivo es ayudar a la CARICOM a materializar sus metas de generación eléctrica renovable fijadas en 2013 -20%, 28% y 47% para 2017, 2022 y 2027 respectivamente-, y las que adopte República Dominicana en su “Pacto Eléctrico” este año. Biden no habló de flexibilizar la prohibición de las exportaciones petroleras de EEUU a partir de la “revolución de esquistos”, ni respaldó con fondos la propuesta trinitaria de solicitar 1 millardo de dólares en créditos multilaterales, lo cual habría representado un envite más serio.

Empero, debido a la frase de Biden, el gobierno venezolano entendió la iniciativa en clave de rivalidad geopolítica, y decidió convocar el pasado 6 de marzo, la IX Cumbre de PETROCARIBE en Caracas. Allí, se acordó impulsar la creación de la zona económica, desarrollar un bloque de la Faja Petrolífera del Orinoco para el mecanismo, y dotar de 200 millones de dólares adicionales al Fondo ALBA-PETROCARIBE para “proyectos de fuentes complementarias de energía”.

La idea de competencia con Venezuela se fortaleció con la visita de Obama a Jamaica para reunirse con los líderes de CARICOM el 9 de abril de 2015 -la primera visita de un Presidente de EEUU a este país desde 1982 y justo en la antesala de la VII Cumbre de las Américas. Allí señaló: “Nuestra CESI tiene como objetivo ayudar a mover a la región hacia las energías limpias (…) Estoy seguro de que, dado el compromiso de la CARICOM y EEUU, este es un tema en el que podemos hacer grandes progresos”. Acto seguido anunció la módica suma de 20 millones de dólares para proyectos, apenas una décima parte del Fondo ALBA-PETROCARIBE, e insignificante comparado con el suministro petrolero venezolano que representa 43% de la demanda de los miembros y una factura de alrededor de 4 millardos de dólares/año, excluyendo Cuba. En consecuencia, la CESI de Obama es más un plan de contingencia ante su temido colapso de PETROCARIBE y un elemento simbólico para robustecer su legado hacia América Latina y El Caribe, que una iniciativa destinada a competir con PETROCARIBE y limitar la influencia de Venezuela. Resulta demasiada modesta y tardía, a pesar de la alta visibilidad que ha tenido. Los nubarrones en el horizonte de PETROCARIBE siguen estando en la crisis venezolana, no en iniciativas de terceros.

El Presidente Maduro debería -tomando en cuenta lo expuesto y su disposición a dialogar con EEUU tras el breve encuentro con el Presidente Obama en Panamá- enviar una delegación de alto nivel a la II Reunión Ministerial de la Alianza de Energía y Clima de las Américas que se celebrará en México el 24 y 25 de mayo – la primera tuvo lugar en Washington, el 15 y 16 de abril de 2010-, con el propósito de iniciar un diálogo energético estratégico con EEUU que aborde el futuro de PETROCARIBE, el alcance de la CESI, así como posibilidades de cooperación bilateral y triangular con El Caribe -mediante la reactivación del acuerdo de cooperación entre el Departamento de Energía y el Ministerio de Petróleo aparcado en 2003, y que se discutió retomar infructuosamente entre 2009 y 2010.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 20 de abril de 2015

Con el Esequibo como con las Malvinas


Embajador (r) Julio César Pineda

El histórico diferendo de Venezuela con el Reino Unido (posteriormente con Guyana por el Esequibo) y el caso de las Malvinas, tienen en común el reclamo histórico frente al imperialismo británico y sus injerencias en América Latina. En ambos casos, tanto por Argentina como por Venezuela, se invoca el principio del Uti Possidetis Juris, y el despojo territorial por una potencia extranjera. Reclamos que nuestros países nunca han dejado de presentar, tanto a nivel bilateral como multilateral, aunque últimamente la diplomacia argentina ha sido muy activa frente a las Malvinas, mientras que Venezuela ha dejado de lado el caso del Esequibo por otros intereses estratégicos.

La Constitución argentina es clara cuando establece "las islas Malvinas, y los espacios marítimos e insulares correspondientes, son parte integrante del territorio nacional". Y en su legislación interna sobre la nacionalidad afirma que: son argentinos todos los que nazcan en el territorio de la República, sea cual fuera la nacionalidad de sus padres, y declara inválida y sin ningún efecto jurídico las pérdidas o cancelaciones de la nacionalidad argentina. Por lo tanto, todos los nacidos en las islas Malvinas son argentinos, porque estos territorios son ocupaciones ilegales e ilegitimas del Reino Unido; esto para evitar el principio de autodeterminación que la corona inglesa siempre ha aludido, y fortalecer el principio de integridad territorial del Estado.

Como Argentina, la Constitución venezolana establece que "el territorio y demás espacios geográficos de la República son los que correspondían a la Capitanía General de Venezuela antes de la transformación política iniciada el 19 de abril de 1810, con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos arbitrales no viciados de nulidad".

El laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, donde se le quitó a Venezuela la territorialidad de 159.500 km2 es írrito y carente de toda validez, por eso el Acuerdo de Ginebra de 1966, donde se abre la discusión y la negociación sobre el Esequibo. La Capitanía General de Venezuela desde 1777 tuvo como límite este al río Esequibo.

Los británicos siempre aspiraban estas posesiones por sus recursos naturales. En 1822 el propio Bolívar exigía a Don Pedro Gual comunicarse con el enviado plenipotenciario en Inglaterra José Rafael Revenga sobre esas pretensiones coloniales. La debilidad de Venezuela no solamente fue jurídica, sino política, por la inestabilidad de esa etapa histórica, de golpes y caudillos, más preocupados por el poder interno que por el destino de nuestras fronteras.

Las Malvinas

En el caso de las Malvinas el archipiélago tiene una extensión cercana a los 12.000 km2. En 1833 el imperio británico invadió las Malvinas en un acto ilegal e ilegitimo, con una política expulsión y sustitución de la población original. El gobierno argentino el 17 de junio de 1833 formalmente reclamó la soberanía territorial del archipiélago con nota diplomática, alegando sus derechos territoriales. Reclamo que Argentina nunca ha dejado de presentar frente al Reino Unido.

El gobierno argentino, desde 1945 ha sido muy activo en los foros internacionales y lo presenta como una permanente política de Estado. Ha logrado incluir el tema en el Comité de Descolonización de la ONU. En el MERCOSUR, cuenta con total apoyo, incluyendo el respaldo permanente de Venezuela. Igualmente en la ALADI. Y con los Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Rio. En UNASUR desde 2010, siempre está presente el reclamo argentino, con decisiones como impedir el ingreso en sus puertos de los buques que enarbolen la bandera de las Malvinas y el control del comercio incluyendo la explotación de hidrocarburos y minas en esa región. El 5 de febrero de 2012, el ALBA, donde Venezuela ejerce un papel fundamental, también se solidarizó no solamente con el planteamiento diplomático sino con acciones concretas, frente a los barcos con banderas de las Malvinas.

¿Contundencia?

La diplomacia venezolana no ha tenido tal contundencia en el reclamo internacional por el territorio del Esequibo. Es tiempo para nuevos pronunciamientos y acciones, especialmente cuando Guyana actúa en forma provocativa con autorizaciones y concesiones a compañías extranjeras en el Esequibo. El último acto hostil ha sido el del barco de la Exxon Mobil, compañía que pretende realizar actividades de exploración petrolera en la zona en reclamación, sin contar con la previa notificación a Venezuela contemplada en el Acuerdo de Ginebra, además en momentos de una difícil situación entre Caracas y Washington, y contando con el pleno respaldo de los países del CARICOM, muchos de los cuales se han beneficiado de los programas de PETROCARIBE. 

Publicado originalmente en El Universal

martes, 17 de marzo de 2015

La embestida guyanesa


Dr. Kenneth Ramírez

Desde la llegada al poder de Donald Ramotar en 2011, hemos observado una ofensiva guyanesa destinada a desconocer los derechos venezolanos en el Esequibo y la Fachada Atlántica reconocidos en el marco del Acuerdo de Ginebra firmado entre ambos países en 1966 y el Tratado de Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas firmado con Trinidad y Tobago en 1990. Dicha embestida ha consistido en un conjunto de actos unilaterales inamistosos que tratan de preparar el terreno para llevarnos ante la Corte Internacional de Justicia, donde Guyana intentaría victimizarse y presentar dichos actos como “pruebas fehacientes” de soberanía efectiva para hacer valer su tesis territorial maximalista. Recordemos que nuestra reclamación del Esequibo está bajo el mecanismo de los buenos oficios en el marco del Acuerdo de Ginebra para buscar una “solución práctica y satisfactoria”. Empero, Donald Ramotar envalentonado ante nuestra crisis nacional y espoleado por sus intereses electoralistas, ha pasado de rechazar nuestro legítimo reclamo, a intentar apoderarse de buena parte de nuestra Fachada Atlántica mediante una interpretación hostil que extiende las áreas marinas y submarinas del Esequibo hacia el Oeste y corta la proyección marítima del estado Delta Amacuro, lo cual nos supondría una grave pérdida de recursos naturales y cerraría nuestra estratégica salida al Atlántico. Veamos.

El 6 de septiembre de 2011, la Canciller guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett formalizó ante la ONU, una solicitud para extender su plataforma continental de 200 a 350 millas en dirección al territorio venezolano. Dijo haber conversado con Barbados, Surinam, y Trinidad y Tobago; pero no lo hizo con Venezuela. El 9 de marzo de 2012, el gobierno venezolano envió una nota diplomática al Secretario General de la ONU para exigir nuestros derechos, la cual fue transmitida a la Comisión de Límites de la Convención del Mar, que decidió suspender la solicitud. No obstante, Ramotar dio un paso más y reactivó las concesiones petroleras. Así, Exxon inició estudios en el “bloque Stabroek” ubicado en áreas que corresponden al Esequibo y la Fachada Atlántica. Además, en junio de 2012, fue otorgada la concesión del “bloque Roraima” a Anadarko Petroleum en la Fachada Atlántica. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos de 13,6 millardos de barriles de petróleo y 32 billones de pies cúbicos (TCF) de gas en la cuenca costa afuera Guyana-Surinam -una de las áreas sin explorar más prometedoras del Mundo-; mientras en la Fachada Atlántica se estiman recursos de 38 TCF, de los cuales PDVSA ha certificado 7,3 TCF. Esto explica la agresiva arremetida guyanesa, que con estos recursos podría convertirse en un exportador petrolero a largo plazo.

El 10 de octubre de 2013, se produjo la detención patriótica de la embarcación Teknik Perdana por la Armada Nacional, la cual intentaba realizar actividades exploratorias para Anadarko Petroleum en nuestro espacio marítimo. El entonces Canciller Jaua y la Canciller Rodrigues-Birkett acordaron en Puerto España el 17 de octubre de 2013, que la delimitación marítima es un tema pendiente que requerirá negociaciones bilaterales y acordaron nombrar comisiones técnicas.

Sin embargo, el 22 de diciembre de 2014, la Canciller Rodrigues-Birkett volvió a la carga, afirmando que: “Han pasado más de 20 años desde el proceso de buenos oficios. Si en dos décadas no se tiene el progreso que quieres ver, hay que revisar otras opciones”, mencionando el arbitraje y la Corte. Esto fue rechazado por la Cancillería venezolana el 30 de diciembre de 2014, señalando que la búsqueda unilateral de otras opciones puede “interpretarse como un acto inamistoso”.

El 28 de febrero de 2015, la Canciller guyanesa emitió un nuevo comunicado donde advierte al gobierno venezolano que desista de su posición ya que “podría obstaculizar el desarrollo de Guyana y de su pueblo”. Ante esta nueva acción hostil, la Cancillería venezolana emitió un comunicado el 3 de marzo donde muestra sorpresa por el “injusto” comunicado guyanés, y señaló que se reserva todas las acciones diplomáticas para defender nuestra soberanía. Por último, el 6 de marzo se iniciaron las actividades exploratorias del buque Deepwater Champion en el “bloque Stabroek”, y el pasado 14 de marzo la Canciller guyanesa señaló que las objeciones venezolanas son “contrarias al Derecho Internacional”. Con todo esto, Ramotar también procura popularidad ante las elecciones del 11 de mayo, convocadas tras suspender y disolver el Parlamento –recibido con críticas por la oposición y preocupación en la Commonwealth, la OEA y CARICOM.

Donald Ramotar ha demostrado suficientemente su postura poco amistosa hacia Venezuela, a pesar del intento del gobierno venezolano de profundizar la cooperación bilateral más allá de nuestro legítimo reclamo del Esequibo, incluyendo el acuerdo de intercambio de petróleo por arroz en el marco de PETROCARIBE. Ha llegado la hora que Venezuela busque un entendimiento con la oposición guyanesa encabezada por David Granger del partido socialista Congreso Nacional del Pueblo, y promueva su llegada al poder. Esta acción debe acompañarse de una campaña diplomática en El Caribe para explicar nuestra posición, así como la embestida que hemos sufrido. Asimismo, el Presidente Maduro y el nuevo gobierno guyanés deben retomar los buenos oficios, siendo crítica la designación de un negociador venezolano a tiempo completo. En este contexto, la nueva estrategia venezolana debe centrarse en utilizar las ambiciones petroleras de Guyana para lograr una solución respecto al Esequibo.

Finalmente, se debe extender unilateralmente nuestra plataforma continental generada por Delta Amacuro a 350 millas y continuar con el patrullaje de la Armada Nacional, para enviar un mensaje contundente a Guyana: No tiene nada que buscar al Oeste de Punta Playa, nuestra Fachada Atlántica es innegociable. 

@kenopina

jueves, 5 de febrero de 2015

La trampa


Embajador (r) J. Gerson Revanales

El aumento del precio de la gasolina, ha sido siempre un tabú para los gobiernos. Hoy Maduro se enfrenta al dilema “cuasi shakespeareano” de aumentar el precio de la gasolina o morir en el intento.

Ante la caída de los precios del petróleo; del fracaso estruendoso que ha tenido el gobierno y en particular Maduro en su gira por los países petroleros tratando de lograr un consenso para la reducción de la producción y estabilización de los precios; y de no haber logrado dinero fresco para enfrentar los compromisos internos y externos; han decidido meterle la mano en el bolsillo a los venezolanos aplicando medidas neoliberales.

La Sala Situacional y las agencias de publicidad del gobierno, pretenden vendernos un aumento del precio de la gasolina, con el cual no estoy de acuerdo por las siguientes razones:

Ineficiencia: el primer argumento es el costo de producción. En los últimos 10 años, la nueva PDVSA ha cuadruplicado el costo de producción del barril de crudo. Para 2003, su costo era de 3,85 $/Bl, hoy se ubica por encima de los 12 $/Bl, lo que representa un incremento del 311%.

Complicidad: la fuga de combustible: el gobierno y en especial los órganos del Estado responsables de la guardia y custodia de la fronteras, han sido incapaces de impedir la fuga de combustible por las fronteras marítima y terrestres: Por Guyana, desde el Dorado y Barrancas hasta Georgetown; por Brasil desde Santa Helena hasta la línea en el punto VB-8; y por Colombia a través de los 2200 km de frontera, donde el negocio se estima por encima de los 137 millardos de bolívares al año.

Especulación: Un tercer factor para negar un aumento es el diferencial cambiario. El gobierno podrá duplicar o quintuplicar el actual precio del combustible y todavía será negocio para los traficantes. La única forma es llevar el precio de la gasolina al mismo nivel que en Colombia; lo cual es imposible para el bolsillo de los venezolanos.

Los subsidios: El gobierno pretende aumentarnos el precio de la gasolina, pero por el contrario mantiene el subsidio a PETROCARIBE, y a los pobres más ricos como son los de Boston a través del programa Citizens Energy de los Kennedy. Además, dentro de PETROCARIBE hay países que tienen un ingreso per capita superior al de Venezuela como Barbados.

Despilfarro y la impunidad frente a la frente a la corrupción: Luego después de 15 años el gobierno es responsable de su propia ineficiencia, razón por la cual no podemos subsidiar su incapacidad.

En definitiva, aceptar un aumento del precio de la gasolina, significa que seguiremos financiando el despilfarro y la dictadura de los Castros.

@grevanales

viernes, 25 de octubre de 2013

6 meses de política exterior de Maduro


Dr. Kenneth Ramírez
 
Han pasado poco más de 6 meses desde que Nicolás Maduro juró el cargo como Presidente de Venezuela. Maduro ha empleado 33 de sus 190 días en el Palacio de Miraflores, para realizar 15 viajes al exterior por 19 países diferentes –visitando Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay en más  de  una  oportunidad-, ha participado en cumbres de la ALBA, MERCOSUR, UNASUR, PETROCARIBE, CARICOM y el FPEG, y ha recibido altos representantes de diferentes países.
 
Para efectos de análisis, podemos dividir su política exterior en dos etapas. La primera que se extiende desde su rauda asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril –horas antes de su juramentación- para discutir la situación política venezolana marcada por la tensión posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio; caracterizada por un gran activismo internacional de Maduro para lograr reconocimiento y legitimidad. Mientras la segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio hasta el presente, caracterizada por un menor activismo, la reivindicación del legado internacional de Chávez y la crisis económica doméstica.

Debido a su ajustada y controvertida victoria en las elecciones del 14-A y la impugnación de la misma por la MUD a nivel interno y externo, Maduro no gozó de la luna de miel que acompaña a los mandatarios en sus primeros días. Después de la Cumbre Extraordinaria de Lima, UNASUR saludó a Nicolás Maduro como Presidente, hizo un llamado a que todo reclamo se realizase dentro del ordenamiento jurídico y tomó nota positiva de la decisión del CNE de implementar “una metodología” –sin ahondar en detalles- para auditar el total de las mesas electorales. Acto seguido los líderes de Argentina, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Cuba, Honduras, República Dominicana, Nicaragua e Irán asistieron a la toma de posesión de Maduro. Esta fue, sin duda, una primera victoria diplomática.

A pesar de esto, en sus primeros días, Maduro acumuló varios desencuentros internacionales debido a la crisis electoral. Al canciller español, José García-Margallo, lo mandó a “sacar sus narices de Venezuela” cuando manifestó su disposición a ayudar. Al Ex-Canciller peruano, Rafael Roncagliolo, le dijo haber “cometido el error de su vida” al presentar un pedido a la UNASUR para evaluar una segunda declaración que solicitara “tolerancia y diálogo”. Tildó al Presidente Obama de ser “el jefe mayor de los diablos” y acusó al Ex-Presidente Uribe de encabezar un “complot” para derrocarlo, lo cual hizo extensivo al Presidente Santos cuando sostuvo una reunión privada con Henrique Capriles. Además, acusó al Secretario de la OEA de “cínico e injerencista”, por solicitar diálogo.

Maduro utilizó PETROCARIBE, ALBA y MERCOSUR para desactivar los intentos de la MUD de formar un bloque de parlamentos y gobiernos a nivel hemisférico para presionar a favor de la realización de una auditoría integral de todo el material electoral desde UNASUR y la OEA, así como toda posible activación de la Carta Interamericana Democrática.

Además, desplegó iniciativas diplomáticas de apertura –hoy vistas como meras tácticas tendientes a afianzar su reconocimiento-, como la Reunión Jaua-Kerry al margen de la Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala el 5 de junio y la gira europea realizada del 16 al 20 de junio por Italia, El Vaticano, Francia y Portugal, que incluyó la simbólica audiencia con el nuevo Papa Francisco. Esas dos reuniones, fueron nuevas victorias diplomáticas, ya que le dieron mayor legitimidad y cerraron la puerta a las denuncias que realizaba la MUD. Maduro coronó esta etapa con una gira por Rusia y Belarús, y su asunción de la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR en la Cumbre de Montevideo -a pesar de las objeciones del nuevo Presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

Una vez superada la crisis electoral y con amplio reconocimiento, Maduro ha disminuido la frecuencia de sus viajes al exterior y ha retomado el discurso anti-imperialista. Esto pudo observarse con la visita a Cuba en el 60° Aniversario del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio, la definitiva salida de la Convención Americana sobre DDHH, y las protestas de la ALBA por el espionaje denunciado por Snowden y la irrespetuosa retención del avión del Presidente Morales en Europa. No obstante, estos últimos eventos mostraron también que su liderazgo en una ALBA en declive, se encuentra disputado por Rafael Correa. Asimismo, en esta segunda etapa, Maduro ha buscado apoyos para paliar la crisis económica -al tiempo que intenta desviar la atención de la misma-, mediante la profundización de las relaciones con los socios considerados estratégicos, la reconciliación con el Presidente Santos y por nuevas puestas en escena frente a EEUU.

Cuando lucía inminente un ataque de EEUU a Siria a principios de septiembre, el Presidente Maduro le envió una carta –tan poco diplomática como intrascendente- al Presidente Obama para intentar liderar la opinión pública mundial contra EEUU, tratando de emular a Chávez en la antesala de Irak. No obstante, el Acuerdo de Ginebra entre EEUU y Rusia para destruir el programa químico sirio, le tomó con el pie cambiado y prefirió por ello no acudir a la Asamblea General de la ONU.

La crisis económica le obligó a viajar a China en septiembre para pedir un nuevo préstamo y ofrecer nuevos bloques de la Faja, así como solicitar nuevos préstamos a empresas petroleras a través de PDVSA. Asimismo, le llevó a cerrar el canal de diálogo con EEUU a finales de septiembre, mediante la expulsión de su Encargada de Negocios, Kelly Keiderling, para tratar de desviar la atención de los problemas económicos. En octubre, la agudización de la crisis y la cercanía de las elecciones municipales, han generado sendas ausencias de Maduro en una cita con Morales y Correa en Bolivia y en la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, y el ofrecimiento de ayuda de Brasil a través de Marco Aurelio García.

En definitiva, hemos visto a un Maduro que ha optado por retomar la política exterior de Chávez -incluyendo su falta de contundencia respecto al Esequibo. Sin embargo, la ausencia del líder carismático, las capacidades económicas y petroleras mermadas, y el cambio de la coyuntura internacional –marcada por el repliegue de EEUU y la transición a la multipolaridad- introducen varias incógnitas sobre la viabilidad del proyecto internacional del chavismo a largo plazo.

miércoles, 31 de julio de 2013

El declive de la ALBA


 
Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.
En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.
En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.
Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el Presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.
Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el Presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.
Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del Presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los Presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el Ex–Presidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.
Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el Presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.
En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Publicado originalmente en RunRun.es