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miércoles, 12 de agosto de 2015

La importancia geopolítica de Crimea


Lic. Jonás Estrada Aguilera

La base de Sebastopol permite a Rusia el control del Mar Negro y un rápido acceso y presencia naval en el Mediterráneo. Desde su fundación en el siglo XVIII, en tiempos de la emperatriz Catalina II “La Grande”, ha sido de gran importancia estratégica para Moscú, y los muchos episodios relacionados con la flota y con su historia la han convertido en parte del imaginario nacionalista ruso. Además, en estos momentos, es vital para Rusia ya que la base de Novorossiysk está todavía en fase embrionaria para que pueda ser una base naval a gran escala.

La Armada rusa lo utiliza para naves pequeñas y como punto de aprovisionamiento. Y la guerra civil de Siria imposibilita también al Kremlin el uso de su base naval en el puerto sirio de Tartus. Por todo ello, Sebastopol es clave para la seguridad de Rusia, lo que ha quedado patente en varias crisis y conflictos internacionales. Vladimir Putin ha dicho claramente que la presencia de la flota en Sebastopol es determinante. Durante la guerra de Georgia estableció bloqueos en el Mar Negro y fue utilizada para lanzar amerizajes anfibios. También fue usada durante la crisis de Libia, en las misiones contra la piratería en el Océano Índico o en el desmantelamiento de las armas químicas de Siria.

En cuanto a la riqueza que posee el Mar Negro es importante mencionar que la energía es uno de los problemas fundamentales en la región y la posibilidad de una Crimea rica en hidrocarburos aviva, sin duda, la tensión. Su anexión supone para Rusia una ampliación de sus límites marítimos en el Mar Negro. Esto incluye el petróleo y el gas que pueda haber dentro de esos límites. Y se calcula que pueden tener un valor de miles de millones de dólares. Hace menos de dos años, Rusia intentó infructuosamente asegurarse esos recursos a través de negociaciones.

Ya para el año 2012, un informe del Ministerio de Energía ucraniano establecía que "el potencial geológico que existe en Ucrania para producir volúmenes más amplios de gas de lo que lo hace hoy y, atendiendo a una correcta demanda, incluso puede llegar a ser autosuficiente en gas natural". Pero reconocía también que para conseguir ese objetivo harían faltan muchas más inversiones en la exploración de gas. También añadió que esa inversión y desarrollo sólo se podían esperar si se reformaban la estructura industrial y el clima regulador para atraer al sector privado, tanto interior como internacional. En este informe ya se indicaba que el potencial era mayor del que se pensaba y que había que seguir explorando, y que uno de los lugares sería el sur de Ucrania, incluyendo el Mar Negro.

Ucrania firmó antes de que estallase el actual conflicto acuerdos de exploración y explotación con empresas occidentales y esto molestó a Rusia. La pérdida de Crimea supone también un parón en las ambiciones energéticas ucranianas de gas y petróleo. Kiev estuvo a punto de firmar un acuerdo con un consorcio de empresas petroleras internacionales que suponía una inversión inicial de 735 millones de dólares para perforar dos pozos en alta mar. El consorcio, dirigido por Exxon con intereses de Shell, la rumana OMV Petrom, y la ucraniana Nadra Ukrainy, estaba particularmente interesado en el campo Skifska en el Mar Negro, que se estima que cuenta con unos 200 a 250 millardos de metros cúbicos de gas natural. Exxon esperaba producir eventualmente 5 millardos de metros cúbicos al año. El consorcio de Exxon pujó más alto que la empresa petrolera rusa Lukoil. Los planes todavía estaban en su primera fase cuando estalló el conflicto, ya que el gobierno de Yanukovich y el consorcio no se ponían de acuerdo. Como es obvio, desde la caída de Yanukovich, los planes de Exxon están en suspenso.

El Presidente del Parlamento de Crimea, Vladimir Konstantinov, ya dijo el 13 de marzo que los campos petroleros y gasíferos pasaban a manos de Moscú: "Rusia y Gazprom con Rosneft deben hacerse cargo de la producción de petróleo y gas". Ucrania puede dar por perdidos estos potenciales recursos, porque de facto, ya están bajo control ruso. Y Exxon ha tenido que detener su participación en Skifska, así como en el Ártico ruso junto a Rosneft, debido a las sanciones de EEUU y la Unión Europea a Rusia. La empresa petrolera italiana ENI, otro de los interesados, ha señalado que esperará a que la situación se normalice.

Moscú ha querido centrar la atención en la reclamación de derechos históricos sobre Crimea para proceder a su reunificación, pero lo cierto es que, como hemos visto, con esa decisión extiende sus límites marítimos y el acceso a esos posibles recursos, en los que Ucrania tenía puestas sus esperanzas para poder empezar a pensar en tener una independencia energética. Así, Ucrania sigue siendo vulnerable a la presión rusa.

Resulta natural que esas potenciales riquezas en el Mar Negro han jugado un papel determinante en la reunificación rusa de Crimea y han sido una ficha importante en el tablero de ajedrez, a pesar de que Moscú niegue que haya conexión entre las dos cosas y repita que no le preocupan el gas y el petróleo en la zona. Alega también que Rusia tiene un gran potencial por sí mismo, lo cual es cierto, pero nadie renuncia a la posibilidad de sumar riqueza y mucho menos aquellos países que, como Rusia, dependen de los hidrocarburos. Incluso, algunas estimaciones optimistas señalan que el Mar Negro posee potenciales recursos petroleros que podrían rivalizar con el Mar del Norte.

Aunque Rusia pueda llegar a un acuerdo con Ucrania para detener el conflicto en el este del país, no tiene ninguna intención de dar marcha atrás en la anexión de Crimea. Por lo tanto, Rusia será la gran beneficiaria de los recursos de petróleo y gas natural existentes, y Ucrania se ha quedado sin una importante y muy valiosa pieza para su futuro económico y energético.

Pero queda también por ver hasta dónde llegan finalmente las sanciones de los países occidentales y cómo pueden afectar éstas a esas posibles exploraciones en el Mar Negro. Eso queda también abierta la cuestión de qué empresas extranjeras estarían dispuestas a invertir y trabajar en el territorio anexionado.

En conclusión, podemos decir que la reunificación de Crimea a Rusia constituye un acontecimiento muy importante para la política internacional de comienzos del siglo XXI y señala un nuevo capítulo del proyecto de Vladimir Putin. Su privilegiada ubicación geográfica le permite controlar el centro del Mar Negro con sus recursos energéticos y cerca de la rica región del Cáucaso, al tiempo que resulta clave para ejercer el control y la vigilancia de los mares de Azov y de Mármara; y de los estrechos de Kerc, Bósforo y Dardanelos. Con todo esto, Moscú obtiene una rehabilitada proyección geoestratégica sobre la periferia oriental del Mar Mediterráneo.

@jonaspatriota

jueves, 2 de julio de 2015

Rusia y la OPEP: una difícil coordinación


Dr. Kenneth Ramírez

Rusia enfrenta una nueva crisis asociada al mercado petrolero. En 1986, el desplome de los precios tras el abandono de Arabia Saudita de su rol como productor de equilibrio –swing producer- condujo a la caída de la Unión Soviética (URSS). El hundimiento de los precios debido a la Crisis Asiática y la guerra entre productores –entre ellos Venezuela y Arabia Saudita-, produjo una fuerte recesión económica y el impago de la deuda -el llamado “Efecto Vodka”- en 1998, lo cual llevó a renunciar a un enfermo Boris Yeltsin y trajo a un desconocido Vladimir Putin al poder. Posteriormente, Rusia se vio brevemente afectada por la corta caída de precios a raíz de la crisis financiera de 2008. Y, finalmente, la caída de los precios de este último año debido a la débil demanda petrolera y la guerra de jeques contra esquistos, aunado al efecto de las sanciones impuestas por el conflicto de Ucrania, han generado pérdidas de alrededor de 160 millardos de dólares, una dura recesión económica -el FMI estima una contracción del PIB de 3,8% en 2015 y 1,1% en 2016- y un escollo para las ambiciones globales de Putin.

La diplomacia petrolera venezolana se esforzó en los últimos meses en materializar una coordinación entre Rusia y la OPEP para realizar recortes conjuntos y apuntalar los precios. Esto se tradujo en tres visitas del Presidente Maduro a Moscú, y cuatro del Ministro de Petróleo, Asdrúbal Chávez, desde diciembre de 2014. Sin embargo, en lugar de recortes, la producción petrolera rusa ha aumentado en 200 mil barriles diarios (MBD) respecto a 2014, hasta alcanzar 10,7 millones de barriles diarios (MMBD) en junio de 2015 –récord de la era pos-soviética. Existen varias razones que explican esta posición de Rusia.

En primer lugar, el rol de las ideas. Cuando los precios empezaron a caer, la incertidumbre era creciente y Venezuela iniciaba contactos para eventuales recortes coordinados; el Ministro de Energía ruso, Alexander Novak, contrató un estudio del centro de pensamiento –think tank- Instituto Skolkovo liderado por el experto Grigory Vygon. Dicho informe concluyó que la OPEP no cooperaría debido a la posición saudita de expulsar del mercado a los productores menos eficientes; agregando que, si Rusia decidía recortar, Arabia Saudita y Libia tomarían su cuota de mercado en Europa. Además, esto agravaría los problemas presupuestarios de Rusia. Por ello, el Ministro Novak y el Presidente de Rosneft, Igor Sechin, optaron por no acordar recortes en una reunión a puerta cerrada en el Hotel Grand Hyatt de Viena, donde acudieron el Ex-Canciller Rafael Ramírez; el Ministro saudita Alí Al-Naimi, y el Ministro de Energía de México, Pedro Joaquín Coldwell, días antes de la 166° Reunión Ministerial de la OPEP, el 25 de noviembre de 2014.

En segundo lugar, la desconfianza entre Moscú y Riad. Putin considera que el finado Rey Fahd ayudó a Ronald Reagan a destruir la URSS inundando el mercado en 1986, y años después lanzó una guerra de precios para frenar la recuperación de su industria petrolera rusa ocasionando el “Efecto Vodka”. Tomando en cuenta estos antecedentes, Putin entendió que “hay un elemento político” en la caída de precios. Es decir, la posición saudita de no defender los precios también buscaba castigar a Rusia por apoyar a Irán y Assad en Siria, y ayudar a su aliado Barack Obama en el pulso con Putin por Ucrania. Por su parte, Riad considera que Moscú jamás ha colaborado con la OPEP, e incluso cuando ha acordado hacer recortes conjuntos como en 1999 y 2008, realmente no los ha materializado y ha aprovechado para tomar la cuota de mercado del grupo.

En tercer lugar, consideraciones técnicas y económicas. El 85% de la producción proviene de campos maduros en zonas con un clima hostil. No resulta fácil para Rusia realizar recortes y luego recuperar producción. Por lo tanto, Moscú ha estimado conveniente dejar caer el rublo en 50%, disminuir los impuestos petroleros y aumentar la producción. Adicionalmente, de su participación en el 6° Seminario Internacional de la OPEP realizado el 3 de junio de 2015, el Ministro Novak extrajo un potente argumento: Los precios se han estabilizado en 60 $/Bl y se recuperarán en los próximos dos o tres años; ergo, Rusia tiene reservas financieras suficientes -398,9 millardos de dólares- para capear el temporal.

No obstante, estos cálculos parecen estar minusvalorando algunos elementos. Los productores de esquistos de EEUU están siendo mucho más resistentes de lo esperado y algunos informes señalan que sin recortes los precios apenas se recuperarán desde el nivel actual para alcanzar los 75 $/Bl en 2025. Con precios deprimidos y sanciones, la industria petrolera rusa no va a ser capaz de repetir el “milagro de Siberia Occidental” que siguió a 1998. Se han agotado los campos baratos. Las reservas por explotar están en zonas remotas de Siberia Oriental, en aguas del Ártico, o son yacimientos de esquistos, que requieren tecnología que ha sido objeto de sanciones. Además, el clima de inversión se ha deteriorado con el arresto de Vladimir Yevtushenkov y la toma de su empresa Bashneft –sexto productor ruso con 320 MBD- en 2014, lo cual recordó el caso de Mikhail Khodorkovsky y la nacionalización de los activos de Yukos en 2004 –que consolidó a Rosneft como empresa petrolera nacional con 40% de la producción rusa. En consecuencia, la Agencia Internacional de Energía ha señalado una caída de producción de 560 MBD en 2020. Antes pronosticaba que alcanzaría 11 MMBD en 2019, cerca del récord de la URSS de 11,4 MMBD en 1988.

Esta crisis debería estimular a Rusia a introducir reformas para disminuir su dependencia de los hidrocarburos -68% de sus ingresos por exportaciones-, cerrar el capítulo de Ucrania a través de los acuerdos de Minsk y coordinarse con la OPEP para rescatar los precios del petróleo -siendo positiva la reciente visita del Príncipe heredero Mohamed bin Salman a San Petersburgo. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

jueves, 19 de febrero de 2015

Rusia, Ucrania y el snooker de la historia


Prof. Eloy Torres

La política no es un juego, sentenció Wiston Churchill (“Politics is not a game”) No obstante, en el juego, como en la política, encontramos a los contrincantes en la situación de maximizar sus ganancias. Por ejemplo, el snooker (juego de billar inglés que consiste en ganar puntos, mediante la introducción de 15bolas rojas y otras 6de otros colores, en los sacosde la mesa con una bola blanca; también se gana al dificultarleal contrincante su turno de golpear con la bola blanca) es comparable - y no es exagerado decirlo - con la política. Estudiemos a Richelieu, Cromwell, Mazarino, Bismarck, Churchill para encontrar respuestas. Todos ellos fueron exitosos jugadores en la historia. En 1654 concluyó el Tratado de Pereyáslav, el cual, según destaca Potemkim (Historia de la Diplomacia, pág. 256) serviría: “para que, por siglos, Rusia y Ucrania permanezcan unidas” Ese tratado confirmó la muy reducida capacidad “independentista” de ésta frente a Rusia. Basta con leer a Taras Bulba de Gogol y su descripción de ese drama.

La geopolítica desde 1917 y todo el siglo XX observó como algo natural esa “unión”. Hoy, quien se alimente de las noticias que sacuden al mundo, las digiere con una idea mal concebida. Rusia y Ucrania están unidas en los sufrimientos y en los buenos momentos. Ellas experimentaron el yugo zarista de los Romanov, de los comunistas bajo Lenin y Stalin y comparten un pasado. La literatura rusa, nace en Kiev. Cuando se produjo “el más grande desastre geopolítico del siglo XX”, palabras de Vladimir Putin, es decir, la desmembración de la URSS, ambos pueblos se vieron las caras y no atinaron a comprender que ese divorcio impuesto, generase una nefasta consecuencia. Hoy, los combates entre ambos lo explican.

De las costumbres es difícil desprenderse. Para todo ruso, más allá de la ideología, credo e incluso apego al circunstancial líder que les conduzca, Ucrania es “su hermana”. La noción de “nación ucraniana” resulta odiosa a sus oídos. La paz westfaliana de 1648 y sus efectos no alcanzaron a esa comunidad de pueblos: Rusia, Bielorrusia y Ucrania. No hay que leer sólo noticias pues, enturbian el conocimiento histórico. Éste, a su vez condiciona a la política. Por lo que la percepción de que Ucrania es un “anexo ruso” no ayuda a comprender ese drama; más bien lo complica, sobre todo cuando se pretende ver una cruzada “democratizadora” al estilo occidental, particularmente el norteamericano.

Esos pueblos son hermanos. El desarrollo de así llamada “cultura ucraniana” se debe a la influencia austro- húngara, durante el siglo XIX. Los rusos consideraron como anti-ruso todo intento de invocar “la cultura ucraniana”. Hoy no es de extrañar se invoque también ese argumento. Cuando el Zar fue derrocado por Kerensky y la colación de demócratas rusos, algunos líderes ucranianos se aliaron a Alemania, contra Rusia. Poco duró ese intento, pues los comunistas tomaron el poder y el Ejército Rojo conducido por Trotsky los pulverizó, anexando definitivamente a Kiev a los dictados de la Rusia bajo el mando de Lenin. Luego, en la Segunda Guerra Mundial, algunos ucranianos se plegaron y colaboraron con la Gestapo. No es casual que los rusos en su memoria mantengan fresco ese momento contra ellos. En 1939 fueron anexadas a la URSS, las regiones de Galicia, Volania y Bucovina del norte de Rumania, gracias al Pacto Ribbentrop- Molotov. De este modo se sacrificó la territorialidad de ésta y de Polonia. Importante que Ucrania en 1945 apareciese, como miembro fundador de la ONU, al lado de la URSS. Ello facilitó el juego geoestratégico. Ganó un voto adicional.

Los límites entre ambos fueron definidos desde 1700. Pero, la geopolítica rusa iba ampliando sus pretensiones de convertir el Mar Negro en su Mare Nostrum, una especie de lago ruso e incluso con la intención de alcanzar a Estambul. El imperio otomano se debilitaba y Ucrania se beneficiaba, integrándose cada vez más al Imperio zarista ruso. Era su granero además su ruta natural al Mediterráneo. Ese incomprensible divorcio viene precedido de momentos de tensión entre Kiev y Moscú. En 1954, Jrushov, en el marco de la misma URSS, transfirió la península de Crimea a Ucrania. Se cumplían 300 años del citado Tratado de Pereyáslav. Nadie imaginó que un límite interno en la URSS se convertiría en uno internacional. Como nadie imaginó que Yeltsin en un ataque de dipsomanía,en la repartición de bienes, cediera en 1991 la península de Crimea a Ucrania. Gesto irresponsable, típico en aquellos circunstanciales líderes políticos que se cubren con el manto de la titularidad de un país y juegan a ser dioses. No importa si ellos son considerados “eternos” o herederos delegados de éstos. Crimea se convirtió en la manzana de la discordia entre Rusia y Ucrania. Ésta última mal aconsejada por factores exógenos a ella. Los ucranianos no quieren ver su propia historia y ella es la memoria de los pueblos, Kissinger dixit.

Por supuesto, la preocupación histórica no debe estimular al revisionismo internacional. La versión, según la cual Crimea era puramente rusa, falsifica también los hechos. Esa península fue conformada por una población musulmana, como tártara, los cuales fueron deportados, violentamente, por Stalin. Crimen reconocido por Jrushov en 1956. Un cuadro que permite ver que la versión rusa sobre esa realidad histórica está enmarcada en el auge y decadencia del Imperio ruso como del soviético. Esa versión rusa acrecienta un sentimiento, más que una razón objetiva. Sorokin, el sociólogo y filósofo ruso, para nada comunista o socialista, en un estudio sobre Walter Schubart dice: “El alma occidental es egoísta, centrada en si misma e individualista; la rusa es fraternal, concentrada en el nosotros”. Este mismo autor destaca: “la idea nacional de Cromwell ha sido la de una nación elegida; la francesa la idea de la dirección intelectual, y la de Alemania algo intermedio a ambas ideas; la idea nacional de Rusia ha sido la de la liberación y unificación de la humanidad” (La filosofías sociales de  nuestra época de crisis, Pitirim A. Sorokim, pág. 180).

Estos momentos históricos son vitales para las relaciones entre rusos y ucranianos. Mientras los primeros ven en los 360 años del Tratado de Pereyáslav la oportunidad para su reunificación; los segundos, o una parte de ellos, lo ven como la ocasión que les sirvió para que ambos enfrentaran sus problemas. Ya ello se agotó. Los tiempos cambiaron. El ruso no lo acepta y por ello la creciente tensión política y militar, además estimulada por el exterior. ¿Hasta cuándo?

Ucrania sufrió una hambruna en los años 30. Rusia también. La causa: el sistema y el modelo socialista, comunista, centralista y confiscador. Creer que fue sólo Ucrania la que sufrió el hambre es falsificar la historia. Ambos pueblos, ya lo dijimos, sufrieron el comunismo por igual. Hoy el Mundo se rompe los sesos y busca una solución. Se habla de diversos escenarios. Uno es su división y creación de una federación que no es otra cosa que la “finlandización”. Léase, un factor neutral en la zona. Ello beneficiaría a Rusia. Otro escenario: que Ucrania se convirtiera en bisagra entre  Rusia y Occidente. Este último argumento fue utilizado en varias ocasiones, por varios analistas. No se trata de un debate académico o intelectual, sino de mensajes cuya finalidad consiste en preparar la psicología social para una situación conflictiva. Hoy vemos esta realidad. El conflicto está en las puertas de ambos pueblos y amenaza a Europa y al Mundo. De hecho, esos varios escenarios geoestratégicos nos conducen a proyectos muy viejos: El desplazamiento occidental hacia el Mar Negro e incluso hacia el Mar Caspio, para controlar esa parte de Asia. El tema es petróleo y la preponderancia sobre esos territorios. Hay un elemento vital en toda esta ecuación. Todas las discusiones de los países miembros de la OTAN sobre el conflicto ruso ucraniano, al parecer llaman la atención sobre la parte sur del Mar Negro: Turquía. Ella es clave en toda esta situación. El sur del Mar Negro y el Cáucaso,son elementos vitales. La gran pregunta que se hacen algunos analistas europeos: ¿por qué contra Rusia, no se ha activado a Turquía en esta complicada jugada?

Los que practican la geopolítica deben jugar snooker. En una partida si alguien golpea bien sus bolas sabe que tarde o temprano ellas llegarán a los sacos y ganará. Es importante también, entorpecer al adversario para que éste no pueda jugar, para lo cual debe hacérsele un snooker; es decir encerrarlo. Eso es lo que los rusos no quieren. Por ello Ucrania es clave.

@eloicito

sábado, 18 de octubre de 2014

Venezuela en el Consejo de Seguridad


Dr. Kenneth Ramírez

Venezuela ha sido electa por quinta ocasión como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para el período 2015-2016. Al respecto, resulta importante realizar algunas consideraciones. En primer lugar, es una noticia que debe embargarnos de alegría a todos los venezolanos, ya que denota la importancia de Venezuela a nivel regional y su peso intermedio a nivel global –como medida de comparación, España también acaba de ser electa por quinta vez-; siendo además una oportunidad para desarrollar una posición de Estado que permita dejar huella en la resolución pacífica de los conflictos y en el tratamiento constructivo de problemas globales apremiantes, denotando nuestro carácter como país amante de la paz. No obstante, existen fundados temores de que esto no sea así, y que el gobierno utilice el asiento como caja de resonancia para su discurso anti-estadounidense y anti-capitalista radical bien conocido, lleno de estridencias y posturas maniqueas y parcializadas en los complejos conflictos abiertos –de Ucrania a Palestina y Siria. De ser cierto esto último, constituiría un error y se perdería una gran ocasión para aumentar el prestigio de Venezuela.

En segundo lugar, resulta interesante que Venezuela ganó su asiento prácticamente sin oposición -181 votos a favor, 1 en contra, 10 abstenciones y 1 voto nulo. Esto implica que la candidatura venezolana recibió total respaldo de América Latina y El Caribe, lo que está asociado tanto a un capital relacional acumulado en los últimos 15 años, como a la influencia importante –aunque mermada- de Venezuela en el nuevo orden regional y al apoyo de Brasil a la candidatura venezolana desde que ocupaba la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR –la cual entregó en julio pasado. En este sentido, la diplomacia venezolana tuvo un punto de partida excepcional para hacer cabildeo con países de otras regiones hasta alcanzar mucho más votos de los dos tercios requeridos.

EEUU, por su parte –y a diferencia de 2006-, se limitó  a criticar el déficit democrático de Venezuela y su comportamiento contrario al espíritu de la Carta de Naciones Unidas, pero no utilizó a fondo sus contactos diplomáticos para bloquear la candidatura venezolana en la Asamblea General. Cabe destacar, que la Administración Obama ha descuidado la región porque tiene otras prioridades –y esto continuará hasta que abandone la Casa Blanca en enero de 2017, debido a la campaña abierta contra el Estado Islámico de Irak y Siria. Asimismo, la Administración Obama no desea polarizar con Caracas como lo hizo la Administración Bush; y realiza una última apuesta por normalizar las relaciones diplomáticas con el nuevo Encargado de Negocios, Lee McClenny, quien llegó a Caracas en agosto pasado. Las críticas a la candidatura venezolana deben leerse en clave individual, ya que la Embajadora Samantha Power tiene un Doctorado en Derechos Humanos y es una gran activista; y en clave de política interna, ante unas elecciones legislativas de medio término a tiro de piedra y un conjunto de senadores republicanos presionando al Secretario de Estado, John Kerry, para que tratara de impedir la llegada de Venezuela al Consejo de Seguridad.

Washington solicitó a Bogotá que intentara romper el consenso regional en torno a la candidatura venezolana, pero el Presidente Santos no tenía interés en confrontar a Venezuela, ya que es un país acompañante de la mesa de diálogo de paz con las FARC en La Habana y se sigue apostando por rescatar el comercio bilateral –ahora afectado por la lucha de Venezuela contra el contrabando. Ya existen suficientes perturbaciones en la relación como para añadirle un elemento más; más aún cuando no existe interés de parte de otros países latinoamericanos ni una voluntad clara de EEUU. En consecuencia, no se puede decir que el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad es un “rotundo triunfo” contra una “campaña imperialista”, aunque si debe decirse que es un éxito diplomático.

En tercer lugar, hay que señalar que debería revisarse la posición nacional en diferentes conflictos que marcan la agenda actual, donde se ha tenido una actitud sesgada y extremista que no abona a la búsqueda de soluciones diplomáticas creativas para fortalecer la paz y seguridad internacionales. Asumir una posición anti-estadounidense, anti-israelí e izquierdista radical no representa a todos los venezolanos ni tampoco ese voto latinoamericano que debe honrarse. En este sentido, hay una gran oportunidad para ejercer una posición equilibraba y constructiva, en consulta amplia y permanente con sectores nacionales y regionales, aprovechando la presencia de Ecuador, Uruguay y Argentina, en las presidencias pro-témpore de la CELAC, UNASUR y MERCOSUR, respectivamente. Debe evitarse caer en la tentación de utilizar el Consejo de Seguridad como megáfono para la pugnacidad, la destemplanza y el tremendismo con el único propósito de atraer reflectores, ocupar titulares de prensa, y tratar de desviar la atención de la opinión pública nacional de problemas urgentes como la crisis económica actual que podría agravarse con la caída de precios del petróleo que estamos experimentando. Ya Rusia y China se ocupan perfectamente de bloquear con su veto iniciativas de EEUU; de manera, que una posición confrontativa está de sobra y no aporta estratégicamente nada relevante.

En cuarto lugar, necesario subrayar que el gobierno debe, por coherencia, acatar todas las recomendaciones que los distintos órganos, programas y grupos técnicos de Naciones Unidas le han dado. Por tanto, nuestra llegada al Consejo de Seguridad es también una oportunidad para reactivar el diálogo, y propiciar el encuentro y la reconciliación de todos los venezolanos. No olvidemos que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha hecho llamados a retomar el diálogo; el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias del Consejo de DDHH ha llamado a la liberación de Leopoldo López y Daniel Ceballos; y otros órganos han realizado observaciones sobre importantes violaciones a los DDHH en el país.

Finalmente, resulta fundamental para poder desarrollar esta posición de Estado, pragmática, equilibrada, conciliadora y constructiva, designar un diplomático con formación y experiencia. Respecto a esto sería totalmente inadecuado darle esa responsabilidad a María Gabriela Chávez –como ha trascendido-, quien no tiene la preparación necesaria para interactuar en forma efectiva con otros embajadores como los de Rusia y China, Vitali Churkin y Wang Min respectivamente –ambos internacionalistas y diplomáticos de carrera-, o la citada Samantha Power. El Presidente Maduro bien haría en considerar asignar esta responsabilidad a un embajador experimentado como Alfredo Toro Hardy –quien actualmente se encuentra en un destino poco relevante como Singapur.

@kenopina

lunes, 17 de marzo de 2014

La batalla por Ucrania: Algunos Escenarios



Dr. Kenneth Ramírez
En las últimas tres semanas, Ucrania ha experimentado dos grandes crisis. El triunfo de la “Revolución EuroMaidán” (Plaza de la Independencia/Plaza de Europa), y la intervención rusa en Crimea -el mayor reto al orden estratégico pos-Guerra Fría que ha dado estabilidad a Europa en los últimos 25 años.
La piedra angular de este orden es el acuerdo mutuo por parte de Rusia, EEUU y el resto de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) -a raíz de la desintegración de la Unión Soviética-, en torno a dos principios básicos respecto a Ucrania. El primero es que Rusia nunca usará la fuerza contra Ucrania o intentará violar su independencia (Memorándum de Budapest de 1994, Documento A/49/765 de las Naciones Unidas y Declaración Conjunta de 2009). El segundo es que ni la OTAN ni Rusia se darán un tratamiento mutuo como rivales estratégicos (Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad OTAN-Rusia firmada en Paris en 1997).
Pero al desplegar tropas rusas en Crimea desde la base de su flota del Mar Negro en Sebastopol, el Kremlin ha atentado contra dichos acuerdos y parece mostrar su intención revisionista. Putin  ha expresado que la caída de la Unión Soviética fue la  mayor “catástrofe geopolítica del siglo XX”, y ha visto una “conspiración para cercar Rusia” en la ampliación de la OTAN hacia el Este, el proyecto de escudo anti-misiles y en las “revoluciones de colores” en el antiguo espacio soviético.
En consecuencia, podemos señalar, que estamos frente a un conflicto de naturaleza geopolítica. La independencia de Ucrania crea un tapón entre la Unión Europea y Rusia, lo cual cierra las puertas de Europa a Moscú y frustra cualquier intento de reconstruir su imperio. Con una población cristiana griega y católica romana mayoritariamente de origen ucraniano al Oeste, y una población ortodoxa oriental mayoritariamente de origen ruso al Sur y el Este; el Oeste de Ucrania -con Kiev a la cabeza- es un caldo de cultivo para el nacionalismo y la vinculación a Europa, mientras el Este se decanta a favor de relaciones estrechas con Rusia.
Esto explica perfectamente la razón del estallido de las protestas en Kiev, cuando el Ex-Presidente Yanukovich –aliado de Putin y hoy exiliado en Moscú- se negó a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, con el objeto de favorecer la firma de acuerdos financieros y energéticos con Rusia tendientes a integrar a Ucrania en el proyecto de Unión Euroasiática impulsado por Putin desde 2010. También explica por qué la población mayoritariamente rusa de Crimea, que es producto de la conquista histórica en tiempos de Catalina “La Grande” y la deportación a Siberia del pueblo tártaro originario por Stalin -acusado de colaborar con los nazis-, reclaman su independencia y anexión a Rusia a través del principio -inaplicable en este caso, por lo ya señalado y por gozar de autonomía- de Autodeterminación de los Pueblos consagrado en el Derecho Internacional.
Además, Ucrania es un Estado en tránsito para el suministro de gas natural de Rusia a la Unión Europea. Bruselas importa 62% de su consumo de gas natural, siendo Moscú su principal proveedor desde donde obtiene el 34% de sus importaciones. El 65% de este suministro, es decir, 175 mil millones de pies cúbicos diarios, se realiza a través de gasoductos que atraviesan Ucrania; por lo cual Moscú también busca controlar a Kiev, y cualquier conflicto entre ambos, atenta contra la seguridad energética europea. En 2006 y 2009, después de no llegar a un acuerdo sobre precios y tarifas de tránsito con Kiev, Moscú suspendió las exportaciones de gas a través de Ucrania, lo cual generó graves problemas en 18 países europeos. La empresa rusa Gazprom ha anunciado que en abril anulará el acuerdo de venta de gas a Ucrania con descuento, debido al cambio político en Kiev y al impago de 2,6 millardos de dólares. De manera que ya se ha asomado la posibilidad de un nuevo corte de suministros: una amenaza a la incipiente recuperación económica europea.
Durante la última década, Rusia ha intentado erosionar la independencia de Ucrania y reincorporarla a su área de influencia, bajo los moldes de la doctrina del eurasianismo, que viene a ser el sustituto del comunismo como justificación moral de esta nueva oleada imperialista. La intervención en Crimea representa una escalada en esta estrategia desde el uso de instrumentos financieros, energéticos y diplomáticos, al uso de la fuerza. Una erosión de la soberanía ucraniana redundaría en un aumento de la percepción de amenaza en la Unión Europea y la OTAN, sobre todo en Polonia, los Países Bálticos, Hungría, Eslovaquia y Rumania.
Aunque no sabemos cómo se desarrollará este conflicto, podemos señalar cuatro escenarios posibles:
Ucrania euroasiática o el triunfo de Putin: la presión diplomática, militar y energética de Moscú llevan al colapso del gobierno interino de Kiev. El nuevo gobierno lleva a Ucrania a la esfera de influencia rusa a través de su adhesión a la Unión Euroasiática. Crimea acepta su total subordinación a Kiev. Poco probable.
“Transnitrización”: justo como pasa ahora, la población de mayoría rusa en la región de Transnitria de Moldavia realizó un referéndum secesionista en 2006, donde el 98% votó a favor de su anexión a Rusia. La anexión formal nunca ocurrió, aunque se encuentra bajo dominio efectivo de Moscú. Rusia podría aceptar abrir largas negociaciones como ha ocurrido en el caso de Moldavia-Transnitria, sin que estas lleguen a ningún resultado concreto. Moscú subsidiaria el gobierno de Crimea y mantendría la base naval de Sebastopol, dejando latente la amenaza de anexión de Crimea en caso de que Kiev estreche relaciones con la UE y la OTAN. Una opción poco costosa y efectiva para Moscú. Probable.
Partición de Ucrania o “Nueva Guerra Fría”: Tras el referéndum, la Duma rusa acepta la anexión de Crimea. Este ejemplo podría ser seguido por otras provincias orientales, así como Odesa al sur –la cual es fronteriza con Transnitria. El resto de Ucrania conserva su independencia con la protección en la OTAN. EEUU y la Unión Europea imponen duras sanciones económicas a Rusia y la expulsan del G-8. Las relaciones entre la OTAN y Rusia quedan severamente dañadas, y se empieza a hablar de una “Nueva Guerra Fría”. EEUU levanta la prohibición de exportaciones de petróleo y gas natural aprovechando la “revolución energética” de América del Norte, fomenta la producción de esquistos en Europa e impulsa la construcción del proyecto de gasoducto “Nabucco” para conectar los yacimientos de gas natural de Azerbaiyán y Turkmenistán con Austria y el resto del mercado interior europeo vía Georgia y Turquía, intentando así aminorar la dependencia energética europea de Rusia. Aunque este escenario resulta en principio poco probable, la pérdida de credibilidad de Obama tras el incumplimiento de su “línea roja” en Siria, podría llevar a Putin a un mal cálculo.
“Finlandización”: el conflicto es resuelto diplomáticamente tomando el ejemplo de Finlandia en la Guerra Fría; es decir, se mantiene la integridad territorial de Ucrania y se consagra su status como Estado tapón neutral, con lo cual podría tener acuerdos de cooperación con Rusia y la Unión Europea, pero no incorporarse a la OTAN ni a la Unión Euroasiática. Se garantiza la autonomía de Crimea y la permanencia de la flota rusa en la base de Sebastopol. Probable y deseable…
@kenopina