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viernes, 18 de diciembre de 2015

El Acuerdo de París


Dr. Kenneth Ramírez

La opinión pública mundial ha recibido con beneplácito el Acuerdo de París, alcanzado al cierre de la XXI Conferencia de las Partes del Cambio Climático (COP-21) tras dos semanas de intensas negociaciones. Los 195 países participantes acordaron mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2 °C a finales de siglo respecto a los niveles pre-industriales, aunque también se comprometieron a llevar a cabo “todos los esfuerzos necesarios” para que no rebase los 1,5 °C y evitar así “los impactos más catastróficos del cambio climático”. Jurídicamente vinculante y con un enfoque gradual, flexible y solidario; el acuerdo no fijó límite a las emisiones de gases de efecto invernadero como lo hizo el Protocolo de Kioto –prorrogado hasta 2020 mediante la Enmienda Doha aprobada en 2012-, sino que descansa en un conjunto de contribuciones nacionales presentadas voluntariamente.

Asimismo, busca que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible”, reconociendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en desarrollo –principio de responsabilidad común pero diferenciada-, y que se efectúen reducciones rápidas para encontrar “un equilibrio entre las emisiones provocadas por la acción del hombre y lo que puede absorber la atmósfera” en la segunda mitad de siglo. El texto además recoge las necesidades de financiación para la mitigación y la adaptación de los países en desarrollo –los países desarrollados deben movilizar un mínimo de 100 millardos de dólares anuales a partir de 2020-, e introduce un mecanismo de pérdidas y daños por el cambio climático –sin apoyos financieros concretos-, con arreglo al principio de justicia climática.

No obstante, el acuerdo señala explícitamente que los esfuerzos de mitigación que los países han puesto sobre la mesa no son suficientes, para cumplir el objetivo general. En 2030, la ONU estima que las emisiones de gases de efecto invernadero tendrían que estar rondando las 40 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente al año, pero los compromisos nacionales presentados para recortar emisiones suponen un aumento de las emisiones brutas hasta alcanzar las 55 gigatoneladas –si bien reducen en 9% las emisiones per cápita. Por ello, el Acuerdo de París establece un mecanismo de revisión cada cinco años, que implica que los programas de reducción de cada país aumenten gradualmente para corregir esa brecha. La primera revisión al alza de los planes nacionales sería en 2020, año en que debe entrar en vigor el acuerdo tras la ratificación de 55 países que representen al menos 55% de las emisiones.

Según estudios de la ONU y la Agencia Internacional de Energía, la producción y uso de energía generan dos tercios de las emisiones. En consecuencia, este acuerdo presenta retos para los países OPEP y la industria petrolera. Aunque los países OPEP sólo representan 10% de las emisiones mundiales –Venezuela el 0,48%-, producen el 33% del petróleo y el 20% del gas natural a nivel mundial, y poseen 80% de las reservas. Esto explica por qué los países OPEP han sido muy activos en las negociaciones, para salvaguardar sus intereses estratégicos. La limitación que sufrirá la demanda de los combustibles fósiles a largo plazo debido a las regulaciones climáticas, que según cálculos de la Agencia Internacional de Energía puede ubicarse en torno a 16% en los próximos 20 años, se traducirá en una pérdida de ingresos de 4 billones de dólares para la OPEP. Barclays estima que la industria petrolera perderá ingresos por el orden de 22 billones de dólares.

Venezuela mostró una posición mucho más pragmática y menos ideológica en esta Conferencia respecto a Copenhague hace 6 años, impulsando un acuerdo flexible junto al grupo de Países en Desarrollo de Pensamiento Afín (Link-Minded Group), donde hay países OPEP -como Arabia Saudita e Irán-, y economías emergentes –como China e India- que representan 50% de la población mundial.

Toca ahora al gobierno desarrollar nuestra contribución nacional –sólo se presentó el objetivo general de reducir 20% de las emisiones para 2030, esto es, 0,18 gigatoneladas/año. Aquí se abren grandes oportunidades en la limitación de las emisiones de metano en la producción de petróleo y gas, el relanzamiento de los proyectos gasíferos, así como el desarrollo de un plan de eficiencia energética y energías renovables –donde destaca el proyecto eólico de La Guajira con una capacidad de 10 mil megavatios, el equivalente a una hidroeléctrica del Guri.

Finalmente, PDVSA debe estudiar unirse a la Iniciativa Climática del Sector Petróleo y Gas (por sus siglas en inglés, OGCI), presentada por 10 empresas petroleras que producen 20% del petróleo y gas a nivel global; 7 de ellas europeas –Shell, Total, BP, BG, Repsol, Statoil y ENI- que ya se encuentran dispuestas a aceptar un sistema de techo nacional y comercio de emisiones, a las cuales se sumaron PEMEX, Reliance y Saudi ARAMCO. Todas estas empresas se han comprometido a trabajar conjuntamente para optimizar sus operaciones, invertir en investigación y desarrollo de tecnologías eficientes y limpias como el secuestro y captura de carbono, e impulsar proyectos de gas natural y energías renovables.

Total es el segundo gran inversionista en energía fotovoltaica a través de su filial, SunPower. Shell es uno de los grandes inversionistas en biocombustibles avanzados. BP, Repsol y Statoil son grandes inversionistas en proyectos eólicos costa afuera en Europa y EEUU. Shell está trabajando con GlassPoint para desarrollar generadores solares de vapor a gran escala para la recuperación petrolera mejorada en Medio Oriente –disminuyendo en 80% el uso de gas natural para tales fines. PDVSA puede aprovechar todas estas experiencias y conseguir socios valiosos para encarar el reto climático. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 6 de octubre de 2015

Agenda 2030: Energía y Venezuela


Dr. Kenneth Ramírez

El Septuagésimo Aniversario de la ONU será recordado por la aprobación el pasado 25 de septiembre, de la llamada Agenda 2030 (“Transformar nuestro Mundo: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, Resolución A/RES/70/1), después de tres años de amplias consultas. Tras un cumplimiento parcial de los 8 “Objetivos del Desarrollo del Milenio” adoptados hace tres lustros, resulta importante que se haya podido establecer un compromiso global para atender a cuestiones tan urgentes como el cambio climático, la pobreza extrema, trabajo decente y crecimiento económico, salud, el acceso universal a la energía, la educación de calidad, entre otros, en los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

No obstante, han sido múltiples las críticas, ya sea por la proliferación de los nuevos objetivos respecto a sus antecesores; la variedad temática debido a la confluencia de las agendas de pobreza y cambio climático que puede llevar a una dispersión de esfuerzos y dilución de compromisos; la especificación de 169 metas que no siempre son tales debido a su vaguedad y distintos niveles de exigencia, dificultando así su gestión; y la ausencia de un debate sobre la reforma de la ONU como institución que pueda implementar y dar seguimiento efectivo.

En materia de energía, el séptimo Objetivo de Desarrollo Sostenible pide “asegurar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos” en 2030, con cinco metas: 1) Asegurar el acceso universal a los servicios de energía asequibles, fiables y modernos; 2) Aumentar la participación de las energía renovables en la matriz energética mundial; 3) Duplicar la tasa global de mejora de la eficiencia energética; 4) Aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a las tecnologías de energía limpia y su investigación, incluida las renovables, la eficiencia energética y tecnologías limpias de combustibles fósiles; 5) Ampliar la infraestructura y mejorar la tecnología para el suministro de servicios de energía modernos y sostenibles para los países en desarrollo, en especial, los pequeños Estados insulares y sin litoral.

Como vemos este objetivo plantea la búsqueda de un modelo energético sostenible, que aumente el número de personas con acceso a formar modernas y asequibles de energía, y eleve el porcentaje de energía consumida que procede de energías renovables. En este sentido, se propone abatir los dos desafíos globales más urgentes relacionados con la energía, a saber: la pobreza energética ocasionada por la falta de acceso a servicios modernos de energía en los países en desarrollo –una de cada cinco personas en el planeta no tiene acceso a la electricidad; y casi la mitad de la Humanidad depende de la quema de madera, estiércol y carbón para cocina y calefacción-, y el altísimo despilfarro y polución en los países desarrollados que ocasionan el cambio climático.

En la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Riad en noviembre de 2007, los Estados miembros se comprometieron a la erradicación de la pobreza energética a escala global, y encomendaron al Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional (por sus siglas en inglés, OFID) movilizar un fondo rotativo de más de 1 millardo de dólares para tal fin; el cual ha permitido financiar proyectos de electrificación rural, generación eléctrica renovable, construcción de infraestructuras energéticas, y donaciones de cocinas modernas en más de 120 países en desarrollo. Además, el OFID forma parte de la plataforma “Energía Sostenible para Todos” (por su acrónimo en inglés, SE4ALL) impulsada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, desde 2011, la cual preparó desde la “Conferencia Rio+20” la dimensión energética de la Agenda 2030. Asimismo, los Estados miembros de la OPEP han desplegado mecanismos de cooperación que han mejorado el acceso a la energía, como Venezuela con PETROCARIBE que fundó en junio de 2005 –garantizando en promedio un 32% de la demanda petrolera de los 18 beneficiarios y financiando 50% de la factura que ascendió a 28 millardos de dólares en este período de 10 años, lo que tuvo un impacto positivo en sus economías de 2,5% del PIB/año, según el SELA y el FMI-, y Arabia Saudita con la “Iniciativa de Energía para los Pobres” que lanzó en junio de 2008.

No obstante, lejos de la complacencia, Venezuela tiene mucho por hacer en relación a la Agenda 2030 y su objetivo séptimo. El nuevo Plan Estratégico de PDVSA 2016-2025 debe considerar como prioridad la reducción del venteo y quemado de gas natural en sus operaciones (Venezuela se ubica en el octavo lugar a nivel mundial), la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en todas sus instalaciones –sobre todo refinerías y mejoradores-, mejora de la eficiencia energética en todos sus instalaciones y procesos, considerar el impacto ambiental en el desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco, la aceleración de los muy retrasados proyectos de gas natural, y el impulso a la investigación del INTEVEP de tecnologías para el uso y consumo limpio de los hidrocarburos como el secuestro y captura de carbono. Asimismo, los Ministerios de Petróleo, Energía Eléctrica y Eco-socialismo deben desarrollar un plan de energías renovables y eficiencia energética que se beneficie pragmáticamente de la cooperación internacional, reactive proyectos renovables como los parques eólicos en Paraguaná y la Guajira y las plantas de bioetanol proveniente de caña de azúcar, mejore la eficiencia de las infraestructuras energéticas, asegure el servicio eléctrico fiable en zonas rurales, fomente la educación y la investigación para la eficiencia y el ahorro energético, y tome en consideración iniciativas como el Plan de Energía Solar de Arabia Saudita –que se fijó como meta satisfacer 20% de su demanda eléctrica con energía solar para 2032- y el Plan de Energías Renovables de Brasil –que se fijó como meta satisfacer 20% de su consumo con renovables para 2030, sin considerar las hidroeléctricas. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

martes, 22 de septiembre de 2015

Obama verde


Embajador (r) Luis Xavier Grisanti

No hay duda que el presidente Barack Obama está centrando su actuación durante su segundo y último período constitucional en los asuntos de política pública, en los cuales desea dejar una huella para la posteridad. Los ejemplos son evidentes: el histórico acuerdo nuclear con Irán; la reapertura de relaciones diplomáticas con Cuba y el eventual cese del embargo; los acuerdos económicos, ambientales y de cooperación militar con China; y la (ardua) negociación de los Tratados de Asociación Transpacífico y Unión Europea-EEUU. 
El 3 de agosto el presidente Obama anunció un Plan de Electricidad Limpia (Clean Power Plan), que prevé metas de reducción de emisiones tóxicas de efecto invernadero para cada uno de los estados de la Unión. Conforme a la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act), el plan se propone bajar en un 32% las emisiones de las plantas eléctricas respecto de los niveles del año 2005. 

El plan de Obama incluye un conjunto de incentivos para estimular el uso de la energía solar y eólica y minimizar la sustitución de carbón por gas natural. Aquellas plantas eléctricas que introduzcan medidas de eficiencia energética y muestren una mayor proporción de energías renovables, recibirán créditos de emisión para el futuro. El plan haría posible que la participación de las energías renovables en la generación de electricidad suba de 13% actualmente, a 28% en 2030. 

Por primera vez, un Presidente de EEUU establece estándares nacionales para combatir la contaminación ambiental en el sector eléctrico, el cual es el mayor emisor sectorial de gases de efecto invernadero. Los estados deberán presentar sus planes individuales a más tardar en 2018, y ejecutarlos a partir del 2022. Previamente, Obama había fijado estándares más estrictos para el sector transporte.

Dieciséis estados (principalmente productores de carbón) se han opuesto al plan de Obama, amenazando con ir a las cortes; varios precandidatos presidenciales republicanos también. Ellos alegan que gracias a la revolución del gas de esquistos/lutitas (shale gas), las emisiones han caído un 15% en la última década. Pero EEUU expide el 15% de las emisiones tóxicas del Mundo, y el Presidente Obama apuesta al éxito de la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático de París, en diciembre de 2015. 

@lxgrisanti


Publicado originalmente en El Universal

jueves, 12 de junio de 2014

El trilema energético de China


Dr. Kenneth Ramírez

La Comunidad Internacional sigue en detalle todas las acciones de Beijing para intentar resolver su “trilema energético”: garantizar la seguridad de suministros a precios competitivos, proporcionando a su vez el acceso universal a la energía y mitigando el impacto ambiental. Todo esto, en concordancia con el “sueño chino” del Presidente Xi Jinping: lograr el progreso de una nación moderna -léase, lograr la paridad con EEUU- en el Centenario de la Revolución China en 2049.

Durante los últimas tres décadas la economía china ha crecido a un ritmo medio de 9,9%, y desde 2010 sobrepasó el PIB de Japón para convertirse en la segunda economía mundial -a la zaga de EEUU. No obstante, el PIB per cápita chino de 9.300 dólares (puesto 122 a nivel mundial), todavía se encuentra muy alejado de los 50.700 dólares de EEUU (puesto 14), y aún se encuentra por debajo de la media mundial de 12.700 dólares, lo que asoma la inequidad social existente en el país. Además, este asombroso crecimiento económico, ha disparado el consumo de recursos energéticos -fundamentalmente fósiles- y la tasa de contaminación.

En materia energética, el cambio ha sido vertiginoso. A finales de los años noventa, China sólo consumía la mitad de energía que EEUU. A finales de la década de 2000, sobrepasó a EEUU como principal consumidor de energía; y se espera que a finales de 2014, lo desplace como principal importador petrolero.

China consume 115.500 billones de BTU -21,3% del total mundial-, aproximadamente igual al consumo de América del Norte, y muy por encima del consumo europeo y las otras potencias asiáticas. Sin embargo, dos problemas saltan a la vista. En primer lugar, la principal fuente de energía es el carbón, con 79.200 billones de BTU, aproximadamente la mitad del consumo mundial, lo cual ha aumentado dramáticamente sus emisiones de dióxido de carbono. Incluso desplazó a EEUU como principal emisor en 2009, y representa ahora 29% del total mundial, frente a 16% de EEUU. En segundo lugar, el consumo energético per cápita de China es hoy por hoy apenas similar al de EEUU en 1955, lo que plantea grandes desafíos geopolíticos y ecológicos debido a la anhelada paridad.

Debido a su base de recursos limitada, China no tiene más remedio que mirar más allá de sus fronteras para satisfacer sus necesidades petroleras. Según la OPEP, consumió 10,1 MMBD en 2013 -una novena parte del total mundial-, y sólo produjo 4,24 MMBD. Es decir, debe importar casi 60% del petróleo que consume -los pronósticos muestran que será 75% en 2040-, desde lugares que presentan riesgos geopolíticos y a través de rutas que escapan de su control.

De hecho, el Ex-Presidente Hu Jintao formuló el llamado “dilema de Malaca”: la dependencia china de importaciones de energía a través de estrangulamientos marítimos como los estrechos de Ormuz y Malaca controlados por otras potencias, principalmente EEUU. La conclusión es que China se encuentra en una posición geopolítica vulnerable similar al Japón Imperial en el período entreguerras.

Esto explica los esfuerzos de China para desarrollar su capacidad naval, a pesar de que le tomará al menos dos décadas tener una proyección suficiente. Por otra parte, muchos analistas creen que Beijing ha realizado inversiones en puertos marítimos a lo largo del Océano Índico siguiendo la llamada “estrategia de collar de perlas”, que está orientada a aumentar la proyección de la Armada china para proteger los buques petroleros que transportan suministros a China, principalmente desde Arabia Saudita, Angola, Irán, Omán, Irak, Sudán, Venezuela y Kuwait. Además, China está impulsando la construcción de un corredor de gasoductos y oleoductos que atraviesan Myanmar como alternativa a Malaca.

Asimismo, el interés de China en reclamar soberanía sobre la mayor parte del Mar del Este y el Mar del Sur -que ya ha provocado incidentes navales con Vietnam, fricciones diplomáticas y planes de rearme de Japón debido a la disputa por las islas Diaoyu/Senkaku, y preocupaciones en EEUU y el resto de sus vecinos-, se relaciona en buena medida a los recursos que se calcula existen en esas aguas. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos prospectivos de petróleo entre 5 y 22 millardos de barriles, y de gas natural entre 70 y 290 billones de pies cúbicos sólo en el Mar del Sur. Por su parte, la empresa petrolera china CNPC, incrementa estas estimaciones hasta 125 millardos de barriles y 500 billones de pies cúbicos, aunque incluye todas las zonas marítimas en disputa.

El gas natural representa una gran oportunidad para China. Con un consumo de 4,7 billones de pies cúbicos (4% del total mundial), está al nivel de Japón pero muy por debajo de Europa y EEUU. Sin embargo, existe un enorme potencial de crecimiento apalancado en sus recursos de gas de esquistos, lo que le permitiría llegar en 2040 hasta los 17,5 billones de pies cúbicos. Según estimaciones del Departamento de Energía, China tiene recursos prospectivos de gas de esquistos que ascenderían a 1.115 billones de pies cúbicos -primer puesto a nivel mundial, con una cantidad similar a EEUU. No obstante, China se encuentra con unas condiciones muy diferentes a EEUU para tratar de generar una “Revolución de Esquistos”. Desde la capacidad tecnológica limitada de las empresas chinas al régimen de propiedad de la tierra, las características geológicas complejas de las cuencas -sobre todo Tarim y Junggar en Xinjiang- y el marco regulatorio.

La otra carta de China es Rusia. Según un acuerdo firmado entre la empresa petrolera rusa Rosneft y CNPC durante la visita del Presidente Xi Jinping a Moscú en 2013, las exportaciones petroleras rusas se triplicarán hasta alcanzar 1 MMBD en 2018. Además, durante la reciente visita del Presidente Putin a Beijing, fue firmado un nuevo acuerdo que compromete a Rusia a suministrar 38 billones de metros cúbicos de gas natural anualmente -esto es, 15% de la demanda actual china- a partir de 2018 por 30 años, lo cual mitigará la dependencia china del carbón y los estrangulamientos marítimos, y abate los pronósticos de emisiones.

La mejora del nivel de vida de la inmensa población de China como objetivo central del “sueño chino” de Xi Jinping, es observado por el resto del mundo con una mezcla de interés y cautela. En este contexto, la energía tendrá un papel crítico, ya que puede convertir el sueño chino en pesadilla global.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

lunes, 7 de abril de 2014

Integración energética regional

 
Prof. Rafael Quiroz Serrano
 
En el actual contexto latinoamericano, las políticas energéticas vienen desempeñando un papel creciente y de aspecto fundamental en los procesos de integración regional.
 
Ello se explica debido a que la energía es una de las bases sobre las cuales se sustenta la globalización, en tanto que es el fundamento de las sociedades en sus actividades económicas, sociales y políticas. Los hidrocarburos, en particular el petróleo, se convirtieron, desde la segunda mitad del siglo pasado en la principal fuente de energía, base de la matriz energética que rige el progreso social y económico de los países del mundo, tanto desarrollado como emergentes.
 
La integración como fórmula prioritaria y vital
 
En tiempos tan conflictivos y dilemáticos, como también exigentes y competitivos, la integración resurge fortalecida como fórmula prioritaria y vital para los países emergentes, aun en vías de desarrollo. Si estos países no concurren en torno a una integración real y definitiva, corren el gran riesgo, no sólo de rezagarse ante los demás países que conforman los diferentes bloques, sino de perecer devorados por un mercado un tanto inhumano y descarnado, donde impera la ley del más fuerte, y donde se podría escenificar “una pelea entre lobos y corderos”, y donde los corderos están obligados a pelear. Porque de lo que se trata es precisamente de eso: que se está obligado a competir; y a competir con monstruos del negocio, y en un mercado y comercio internacional abiertos y globalizados, por lo que la respuesta es sí o sí. Nada más anti dialéctico.
 
Ante esta realidad, la integración regional hoy en día constituye una vertiente o fórmula de inserción a la globalización y a la economía internacional, donde se acepten las peculiaridades y diferencias, y se respeten las diversidades y lo fundamental de las culturas nacionales; y no inserciones subordinadas que nos sigan condenando permanentemente a la dependencia y al atraso.
 
Cuando se habla de integración en Latinoamérica, prácticamente se hablan del Tratado de Montevideo de 1960 hasta el presente, es decir, más de cinco décadas en proceso, algunos lentos, otros tediosos o lánguidos. Desde luego que esto resulta corto si se compara con los procesos de integración que vivió la Unión Europea, que se tomó más de cincuenta años, además de una guerra mundial que sobrepasó los 55 millones de muertos, y además se trataba de pueblos heterogéneos, con múltiples culturas, variados sistemas, diversidad de idiomas y diferentes historias, y sin embargo lo lograron después de una larga travesía por todo un desierto de años. América Latina es mucho menos heterogénea y mucho menos diversificada en todo; los países latinoamericanos son raíces de un mismo tronco, entonces por qué no lograrlo, más aun cuando los tiempos y las mismas circunstancias convocan para tan nobles propósitos.
 
En este sentido, son valiosos los aportes que se han obtenido hasta ahora en los esquemas de integración subregional en América Latina, como la Comunidad Andina de Nacionales (CAN), de la cual Venezuela se retiró sin razón cierta alguna, la Unión de naciones Suramericanas (UNASUR) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), porque no sólo han definido aranceles externos comunes, sino que también han configurado Zonas de Libre Comercio. Por lo que es fundamental seguir consolidando los vínculos interregionales para llegar a una integración real y cierta, tan prioritaria y vital en estos tiempos saturados de controversia.
 
Integración y desarrollo
 
Toda integración implica esfuerzos, a veces hasta ciertos sacrificios, porque la integración es absoluta, completa y total, o no es integración. Por ello, cuando se habla de integración, se habla de un proceso no sólo comercial, sino también económico, cultural y político; es decir, una integración fundamentalmente humana, que abarque a todos los sectores y niveles de una región, y a todas las actividades que el hombre realiza en sociedad para vivir mejor y desarrollarse. De allí que toda integración tiene como objetivo principal el desarrollo, y todo desarrollo tiene como objetivo principal al hombre, al ser humano, que tiene que seguir siendo el hito y el destinario de toda acción humana. De manera tal que los pueblos se integren a estos procesos con resultados sociales positivos, y no sigan ausentes y marginados, haciendo meramente el papel de testigos mudos de la integración.
 
Un desarrollo sustentable, como se ha venido conceptualizando en los últimos años, que no sólo garantice la conservación de los recursos naturales y del medio ambiente, sino también las condiciones y los equilibrios sociales que deben ser sustentables. Hoy por hoy, el desarrollo sustentable de los países latinoamericanos pasa necesariamente por el meridiano de la integración. Por lo que integración y desarrollo van juntos de la mano, como un binomio inseparable. Integración y desarrollo sustentable que tienen que lograrse para realidades sociales, políticas y económicas propias, diseñados y elaborados por, para y desde América Latina, y que por tanto sean realmente nuestros, de manera que constituyan camino y no laberinto, como hasta ahora han constituido.
 
El nuevo siglo XXI junto el nuevo mileno trajeron consigo una revisión profunda de las políticas energéticas liberalizadoras, y su sustitución por políticas que privilegian un rol mucho más activo de los Estados en la planificación de los mercados energéticos, y en la regularización/coordinación de las inversiones, tanto públicas como privadas, en el sector. Igualmente, los enfoques de integración energética han trasladado su centro de atención, pues han ido de lo hemisférico a lo estrictamente latinoamericano, suramericano y caribeño. De tal manera, que no hay duda que la integración energética comienza a tomar fuerza como tema de las políticas nacionales de desarrollo y como estrategia de la geopolítica regional.
 
Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

lunes, 17 de marzo de 2014

La batalla por Ucrania: Algunos Escenarios



Dr. Kenneth Ramírez
En las últimas tres semanas, Ucrania ha experimentado dos grandes crisis. El triunfo de la “Revolución EuroMaidán” (Plaza de la Independencia/Plaza de Europa), y la intervención rusa en Crimea -el mayor reto al orden estratégico pos-Guerra Fría que ha dado estabilidad a Europa en los últimos 25 años.
La piedra angular de este orden es el acuerdo mutuo por parte de Rusia, EEUU y el resto de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) -a raíz de la desintegración de la Unión Soviética-, en torno a dos principios básicos respecto a Ucrania. El primero es que Rusia nunca usará la fuerza contra Ucrania o intentará violar su independencia (Memorándum de Budapest de 1994, Documento A/49/765 de las Naciones Unidas y Declaración Conjunta de 2009). El segundo es que ni la OTAN ni Rusia se darán un tratamiento mutuo como rivales estratégicos (Acta Fundacional de Relaciones Mutuas, Cooperación y Seguridad OTAN-Rusia firmada en Paris en 1997).
Pero al desplegar tropas rusas en Crimea desde la base de su flota del Mar Negro en Sebastopol, el Kremlin ha atentado contra dichos acuerdos y parece mostrar su intención revisionista. Putin  ha expresado que la caída de la Unión Soviética fue la  mayor “catástrofe geopolítica del siglo XX”, y ha visto una “conspiración para cercar Rusia” en la ampliación de la OTAN hacia el Este, el proyecto de escudo anti-misiles y en las “revoluciones de colores” en el antiguo espacio soviético.
En consecuencia, podemos señalar, que estamos frente a un conflicto de naturaleza geopolítica. La independencia de Ucrania crea un tapón entre la Unión Europea y Rusia, lo cual cierra las puertas de Europa a Moscú y frustra cualquier intento de reconstruir su imperio. Con una población cristiana griega y católica romana mayoritariamente de origen ucraniano al Oeste, y una población ortodoxa oriental mayoritariamente de origen ruso al Sur y el Este; el Oeste de Ucrania -con Kiev a la cabeza- es un caldo de cultivo para el nacionalismo y la vinculación a Europa, mientras el Este se decanta a favor de relaciones estrechas con Rusia.
Esto explica perfectamente la razón del estallido de las protestas en Kiev, cuando el Ex-Presidente Yanukovich –aliado de Putin y hoy exiliado en Moscú- se negó a firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, con el objeto de favorecer la firma de acuerdos financieros y energéticos con Rusia tendientes a integrar a Ucrania en el proyecto de Unión Euroasiática impulsado por Putin desde 2010. También explica por qué la población mayoritariamente rusa de Crimea, que es producto de la conquista histórica en tiempos de Catalina “La Grande” y la deportación a Siberia del pueblo tártaro originario por Stalin -acusado de colaborar con los nazis-, reclaman su independencia y anexión a Rusia a través del principio -inaplicable en este caso, por lo ya señalado y por gozar de autonomía- de Autodeterminación de los Pueblos consagrado en el Derecho Internacional.
Además, Ucrania es un Estado en tránsito para el suministro de gas natural de Rusia a la Unión Europea. Bruselas importa 62% de su consumo de gas natural, siendo Moscú su principal proveedor desde donde obtiene el 34% de sus importaciones. El 65% de este suministro, es decir, 175 mil millones de pies cúbicos diarios, se realiza a través de gasoductos que atraviesan Ucrania; por lo cual Moscú también busca controlar a Kiev, y cualquier conflicto entre ambos, atenta contra la seguridad energética europea. En 2006 y 2009, después de no llegar a un acuerdo sobre precios y tarifas de tránsito con Kiev, Moscú suspendió las exportaciones de gas a través de Ucrania, lo cual generó graves problemas en 18 países europeos. La empresa rusa Gazprom ha anunciado que en abril anulará el acuerdo de venta de gas a Ucrania con descuento, debido al cambio político en Kiev y al impago de 2,6 millardos de dólares. De manera que ya se ha asomado la posibilidad de un nuevo corte de suministros: una amenaza a la incipiente recuperación económica europea.
Durante la última década, Rusia ha intentado erosionar la independencia de Ucrania y reincorporarla a su área de influencia, bajo los moldes de la doctrina del eurasianismo, que viene a ser el sustituto del comunismo como justificación moral de esta nueva oleada imperialista. La intervención en Crimea representa una escalada en esta estrategia desde el uso de instrumentos financieros, energéticos y diplomáticos, al uso de la fuerza. Una erosión de la soberanía ucraniana redundaría en un aumento de la percepción de amenaza en la Unión Europea y la OTAN, sobre todo en Polonia, los Países Bálticos, Hungría, Eslovaquia y Rumania.
Aunque no sabemos cómo se desarrollará este conflicto, podemos señalar cuatro escenarios posibles:
Ucrania euroasiática o el triunfo de Putin: la presión diplomática, militar y energética de Moscú llevan al colapso del gobierno interino de Kiev. El nuevo gobierno lleva a Ucrania a la esfera de influencia rusa a través de su adhesión a la Unión Euroasiática. Crimea acepta su total subordinación a Kiev. Poco probable.
“Transnitrización”: justo como pasa ahora, la población de mayoría rusa en la región de Transnitria de Moldavia realizó un referéndum secesionista en 2006, donde el 98% votó a favor de su anexión a Rusia. La anexión formal nunca ocurrió, aunque se encuentra bajo dominio efectivo de Moscú. Rusia podría aceptar abrir largas negociaciones como ha ocurrido en el caso de Moldavia-Transnitria, sin que estas lleguen a ningún resultado concreto. Moscú subsidiaria el gobierno de Crimea y mantendría la base naval de Sebastopol, dejando latente la amenaza de anexión de Crimea en caso de que Kiev estreche relaciones con la UE y la OTAN. Una opción poco costosa y efectiva para Moscú. Probable.
Partición de Ucrania o “Nueva Guerra Fría”: Tras el referéndum, la Duma rusa acepta la anexión de Crimea. Este ejemplo podría ser seguido por otras provincias orientales, así como Odesa al sur –la cual es fronteriza con Transnitria. El resto de Ucrania conserva su independencia con la protección en la OTAN. EEUU y la Unión Europea imponen duras sanciones económicas a Rusia y la expulsan del G-8. Las relaciones entre la OTAN y Rusia quedan severamente dañadas, y se empieza a hablar de una “Nueva Guerra Fría”. EEUU levanta la prohibición de exportaciones de petróleo y gas natural aprovechando la “revolución energética” de América del Norte, fomenta la producción de esquistos en Europa e impulsa la construcción del proyecto de gasoducto “Nabucco” para conectar los yacimientos de gas natural de Azerbaiyán y Turkmenistán con Austria y el resto del mercado interior europeo vía Georgia y Turquía, intentando así aminorar la dependencia energética europea de Rusia. Aunque este escenario resulta en principio poco probable, la pérdida de credibilidad de Obama tras el incumplimiento de su “línea roja” en Siria, podría llevar a Putin a un mal cálculo.
“Finlandización”: el conflicto es resuelto diplomáticamente tomando el ejemplo de Finlandia en la Guerra Fría; es decir, se mantiene la integridad territorial de Ucrania y se consagra su status como Estado tapón neutral, con lo cual podría tener acuerdos de cooperación con Rusia y la Unión Europea, pero no incorporarse a la OTAN ni a la Unión Euroasiática. Se garantiza la autonomía de Crimea y la permanencia de la flota rusa en la base de Sebastopol. Probable y deseable…
@kenopina

martes, 26 de marzo de 2013

La visita de Xi Jinping a Moscú: De la desconfianza al beneficio mutuo


Marianela Fernández

El Secretario General del Partido Comunista Chino y desde hace poco Presidente de la República Popular, Xi Jinping, realizó recientemente su primera visita de Estado a Moscú, lo cual ha reafirmado la importancia estratégica de la relaciones sino-rusas.
 
El Presidente Xi decidió reunirse primeramente con el Presidente Putin -al igual que lo hizo su antecesor Hu Jintao en 2003-, comprendiendo que Rusia es vital para los intereses de China en una amplia gama de temas de política internacional: desde la búsqueda de un equilibrio frente a EEUU hasta la cooperación política en Asia Central, Medio Oriente y Asia-Pacífico, así como para el fortalecimiento de la seguridad energética china.
 
El resultado concreto de esta visita, fue la firma de una serie de acuerdos que han profundizado la cooperación energética y prometen impulsar el comercio bilateral hasta los 150 millardos de dólares anuales en la próxima década. En virtud de estos acuerdos, China tendrá un mayor acceso a los hidrocarburos rusos -cuando las estadísticas apuntan que se convertirá en primer importador de petróleo a nivel mundial este año-; mientras que abrirá a Rusia otro mercado para sus exportaciones de petróleo y gas natural distinto a la Unión Europea.
 
Rosneft -la gigante empresa petrolera nacional rusa- ha acordado incrementar sus exportaciones de crudo a China desde 300 MBD en 2012 hasta 1 MMBD en 2018, transformándose en uno de los principales proveedores de crudo del gigante asiático. Además, el acuerdo ha implicado un préstamo por 2 millardos de dólares del Banco de Desarrollo de China –respaldado con suministro de crudo a 25 años- para Rosneft, que se encuentra en un proceso de adquisición de la empresa petrolera anglo-rusa TNK-BP por 55 millardos de dólares.
 
Otro acuerdo ha implicado la apertura de varias áreas rusas a China para la exploración conjunta de petróleo y gas. Así, CNPC se ha asociado en 3 bloques costa afuera con Rosneft en el Mar de Barents y el Mar de Pechora en el Ártico ruso; en 8 bloques en tierra; y en el proyecto Sakhalin-3 en el Lejano Oriente ruso. Por último, Rosneft y CNPC convinieron construir una refinería con una capacidad de 260 MBD y un complejo petroquímico asociado en el puerto chino de Tianjin, alimentadas con petróleo ruso.
 
Por su parte, la empresa gasífera nacional rusa Gazprom, firmó un Memorándum de Entendimiento con CNPC con miras a elevar el suministro a China mediante la construcción de un nuevo gasoducto, que permitiría un volumen adicional de 38 millardos de metros cúbicos (BCM) de gas/año desde los campos de Siberia Oriental en 2018. En ese año, las exportaciones de gas ruso a China se elevarían hasta 60 BCM/año. El documento final tiene previsto firmarse a finales de 2013, ya que subsisten diferencias en torno al precio de venta.
 
Estos acuerdos buscan mejorar el estado actual de las relaciones bilaterales, que si bien son cordiales y se basan en intereses comunes, han tenido un trasfondo de desconfianza. De hecho, la percepción de Moscú sobre China en los últimos años, ha estado dominada por la idea de que Beijing considera a Rusia como una mera mina de recursos naturales, y no como un socio estratégico. Esto ha generado ciertos obstáculos implícitos en la negociación para el suministro de gas natural a largo plazo con Gazprom. Al respecto, el Presidente Xi se esforzó en Moscú por transmitir la idea de una relación de “beneficio mutuo”, donde Beijing invertirá considerablemente en la aletargada economía rusa, sobre todo en el sector energético y tecnológico, y favorecerá el diálogo político de alto nivel.
 
Lo innegable es que llevar a cabo el proyecto del gasoducto le abriría a Rusia un importante mercado por dos razones base: China demanda cada vez más energía, y por otro lado, la demanda europea se ha ido debilitando por la crisis económica y la búsqueda de diversificación de suministros. Entonces, a través del fortalecimiento de las relaciones energéticas y comerciales, y teniendo en cuenta los intereses comunes de ambos Estados en diferentes temáticas geopolíticas, ambos actores pueden aprovechar esta oportunidad para fortalecer su alianza estratégica y presentar un frente de mayor peso para balancear a los EEUU. Recordemos que el “pivote al Pacífico” del Presidente Obama y su falta de interés con Rusia en los últimos años, han creado descontento en Beijing y Moscú respectivamente; además de las discrepancias diplomáticas que se han presentado entre Washington y las dos potencias de Eurasia en temáticas diversas como Corea del Norte, Siria y el programa nuclear de Irán.
 
En este sentido, se puede considerar que EEUU ha menospreciado el papel que Rusia juega -o pretende jugar- en la región del Asia-Pacífico, así como su importancia para balancear a Washington junto con una China que carece de aliados de peso. Por estas razones, se puede considerar un error del Presidente Obama no haber realizado una vista a Moscú desde 2009, y un acierto chino el volver a hacerlo tras el relevo de la cúpula dirigente en el Zhongnanhai. Asimismo, hay que considerar que la expansión del sistema de defensa anti-misiles estadounidense en Asia puede convertirse en un factor catalizador extra para la consolidación de la alianza entre Moscú y Beijing.
 
EEUU debe tener en cuenta que a pesar de las importantes relaciones que guarda con la segunda economía global, hay intereses vitales que ésta última no puede abandonar, y esos intereses no son precisamente económicos, ni vinculan algún tipo de contrato comercial; son intereses geopolíticos que colocan a Rusia como aliado lógico para hacerle contrapeso a EEUU en Asia-Pacífico, ante cualquier discusión que se diera en el Consejo de Seguridad, pero sobre todo ante conflictos territoriales como la disputa que China mantiene con Japón por las islas Senkaku/Diaoyu.
 
Las relaciones China-Rusia están alcanzando una etapa muy positiva, como nunca desde la primera etapa de la Guerra Fría. Rusia ve en China un aliado casi natural por tener visiones similares en cuanto a temas geopolíticos tan importantes como los ya mencionados; lo cual es una realidad no una percepción. Además, Rusia es el aliado que China debe consolidar para equilibrar a EEUU, razón por la cual la visita de Xi Jinping a Moscú revistió tanta importancia.
 
Después de Moscú, tanto el Presidente Xi como el Presidente Putin se encontrarán nuevamente ante la V Cumbre de Líderes de los BRICS que se llevará a cabo en Durban (Sudáfrica) entre el 26 y el 27 de marzo de 2013, donde ambos seguirán consolidando su alianza estratégica bilateral, la cual se traduce en un Mundo que para ellos sea más equilibrado y justo, o en otras palabras, con menor dominio estadounidense.

martes, 17 de abril de 2012

Discontinuidad Energética y Proyección Global: Prioridades de Venezuela y Colombia en la VI Cumbre de las Américas

Prof. Angel Castillo Siri

La VI Cumbre de las Américas, celebrada el pasado fin de semana en Cartagena, Colombia, concluyó sin la declaración final que caracteriza este tipo de eventos. Desde la Primera Cumbre, realizada en Miami en 1994, los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) han establecido acuerdos y programas de acción para atender los problemas de la región. Si bien nunca existe consenso pleno en la complicada agenda regional, al menos se logra acordar una declaración amplia, basada en mínimos y directrices generales. En esta oportunidad, el documento oficial de la Cumbre fue elaborada por el Grupo de Revisión de la Implementación de Cumbres (GRIC) de la OEA, titulado “Mandatos Derivados de la Sexta Cumbre de las Américas”. Los cinco mandatos corresponden a desarrollar políticas respecto a los desastres naturales; la seguridad ciudadana, la integración en infraestructura, el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones, y la erradicación de la pobreza, la desigualdad y la búsqueda de equidad.
 
La V Cumbre, celebrada en 2009, en Puerto España, culminó con una Declaración, el Compromiso de Puerto España, que, en 16 páginas, planteó los siguientes compromisos: Promover la prosperidad humana; Promover la seguridad energética; Promover la sostenibilidad ambiental; Reforzar la seguridad pública; Reforzar la gobernabilidad democrática; y Reforzar el seguimiento de la Cumbre de las Américas y la efectividad de la implementación.
 
Los aspectos que mantienen continuidad en agenda son el tema de la pobreza y de la seguridad. Respecto a la V Cumbre, poco se dijo en torno al fomento de la democracia, medio ambiente y energía. Más pesó en Cartagena el tema de la incorporación de Cuba y de la disputa por Malvinas. Esto indica nuevamente lo difícil que está resultando en América encontrar puntos comunes y darles continuidad a pesar de que gran parte de lo gobiernos son los mismos de 2009.
 
Es de notar que en Puerto España, las directrices para promover la seguridad energética incluían aspectos como integración energética, respeto a la soberanía en el manejo de recursos energéticos, cooperación en infraestructura, tecnología, consumo sustentable y eficiente, cuidado del medio ambiente y la diversificación de la matriz energética. Este aspecto, en el que Venezuela posee un liderazgo natural, no se desarrolló en esta oportunidad, lo cual es señal de un planteamiento errado de las prioridades de agenda en la política exterior venezolana hacia la región en la Cumbre: si en los últimos años ha habido un esfuerzo significativo por diversificar las relaciones en materia de energía y dar peso a los recursos venezolanos en la región a través de acuerdos de suministro y de Seguridad Energética, la prioridad debió haber sido seguir profundizando estos lineamientos. Esto indica una notable falta de continuidad en la persecución de los objetivos estratégicos de política exterior que no puede circunscribirse al paralelismo ALBA-TCP, sino que debe proyectarse en todos los foros y no subordinarse a temas que no tengan incidencia inmediata sobre nuestros recursos.
 
Por su parte, Colombia, sin declaración final, alcanzó dos objetivos importantes, ambos vinculados a los Estados Unidos:
 
1) En la declaración de los Presidentes Santos y Obama luego de su reunión bilateral el 15 de abril, se anunció que el Tratado de Libre Comercio Colombia-EE.UU. finalmente empezaría a aplicarse a partir del 15 de mayo de 2012. Es la consumación del esfuerzo de 20 años cuando el hoy Presidente Santos era Ministro de Comercio y propuso lograr el TLC con el mercado más importante de la región.
 
2) En su declaración, el presidente Obama indicó su apoyo a la aspiración colombiana de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), al afirma que “cuando Colombia busque membresía en esta organización, Estados Unidos va a apoyar su candidatura.” En la región, solo México es miembro de dicho grupo que gestiona acciones coordinadas en foros de alto nivel como el G-20. De este modo, Colombia busca su propio camino para proyectarse en el escenario internacional tal como lo hacen Brasil, México y Argentina, sin una verdadera representación de la región.