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martes, 15 de abril de 2014

El Consejo de Lula




Dr. Kenneth Ramírez
En cierta ocasión, un diplomático me dijo, que el Ex-Presidente Lula da Silva es el brasileño que mejor conoce y aprecia Venezuela; y los últimos hechos lo confirman. Lula ha estado siguiendo con mucha preocupación la crisis política abierta en Venezuela con las protestas iniciadas en febrero pasado, y le ha dado al Presidente Maduro un consejo de gran valía que debe analizarse en detalle.
El pasado 5 de marzo, a un año de la muerte de Chávez, Lula le envió una carta al Presidente Maduro, donde después de saludar el legado del finado líder venezolano, señaló que “en este delicado momento” resulta “necesario un diálogo con todos los demócratas que quieren lo mejor para el pueblo”. Mientras el pasado 9 de abril, fue más allá de la recomendación de dialogar, aconsejando al Presidente Maduro alcanzar un gran acuerdo nacional entre oficialistas y opositores para reducir la tensión política y recuperar la economía del país. “Maduro debería intentar disminuir el debate político para dedicarse enteramente a gobernar, establecer una política de coalición, construir un programa mínimo y disminuir la tensión. Estoy haciendo fuerza para que se encuentre una solución en la negociación porque para Brasil, Venezuela es estratégica (…) Venezuela debería tener un pacto de cinco años, para trabajar contra los apagones, luchar contra la inflación y ser autosuficiente en la producción de alimentos”.
En primer lugar, debemos señalar el contexto del consejo del Ex-Presidente Lula; es decir, el cambio gradual que ha venido experimentando la política brasileña hacia Venezuela en relación a la ola de protestas –que ha dejado un penoso saldo de víctimas, heridos y detenciones-, desde un apoyo cauto al Presidente Maduro hacia un mayor liderazgo para impulsar una nueva gobernabilidad democrática. Para Brasilia, Venezuela es estratégica por la construcción conjunta de la UNASUR y la CELAC como foros políticos regionales, y por la adhesión de Venezuela al MERCOSUR como bloque de integración. A esto debe sumarse una balanza comercial superavitaria para Brasil -que asciende a 6 millardos de dólares-, y grandes inversiones abanderadas por Odebrecht. No obstante, la relación económica se ha erosionado debido a la crisis en Venezuela. Además, la Presidenta Rousseff se encuentra bajo presión interna y externa -en año de elecciones y Copa Mundial de Fútbol-, para impulsar un diálogo en Venezuela.
En segundo lugar, tenemos que analizar el fondo del consejo del Ex-Presidente Lula; aquí propone indirectamente el exitoso modelo brasileño como salida a la crisis venezolana, lo cual resulta interesante y debería ser considerado por el Presidente Maduro tanto para el diálogo con la MUD y el resto de los sectores del país –en el marco de la Conferencia Nacional de Paz y con Brasil, Colombia, Ecuador y el Vaticano como testigos de buena fe-, como de cara al III Congreso Nacional del PSUV que se celebrará en julio. Dicho modelo puede resumirse como una democracia vibrante y sin polarización, economía competitiva con inclusión social, y una política exterior “activa y altiva” -como le gustaba decir al propio Lula.
El Presidente Lula llegó al Palacio de Planalto en enero de 2003 con grandes retos: mantener la estabilidad económica; la necesidad de persuadir a las bases del Partido dos Trabalhadores (PT) de aceptar algunas políticas contrarias a sus tradicionales valores e intereses; la carencia de una mayoría legislativa estable; y la necesidad de administrar las grandes expectativas que había creado. Todo ello lo alcanzó Lula con paciencia estratégica, esto es, una mezcla de pragmatismo, talante y esfuerzo conciliador, sin renunciar a su compromiso social y político.
El legado de Lula al dejar el poder en diciembre de 2010 fue sorprendente. Mantuvo la estabilidad macroeconómica con austeridad en el gasto público burocrático y aumentó la competitividad con políticas de apoyo al empresariado, fomento de las exportaciones y el consumo interno, lo cual permitió un crecimiento promedio del PIB de 4,1% anual, pagar toda la deuda del país con el FMI y lograr una reducción del desempleo, que pasó del 10,5% en 2002 al 5,7% en 2010. Así, logró transformar a Brasil en una dinámica potencia emergente, líder regional y actor esencial en foros globales como la ONU y el G-20. Todo esto sin ceder al ala radical del PT, y sin perder el norte de reducir las desigualdades en Brasil.
De hecho, en materia social, Lula logró sacar a 29 millones de brasileños de la pobreza gracias a programas sociales como “Bolsa Familia” –un subsidio a 12,7 millones de familias con ingresos menores a 80 dólares/mes- y triplicó el presupuesto educativo. Al final de sus dos mandatos, la clase media representaba el 51% de la población; éxito que se tradujo en un gran liderazgo dentro y fuera de Brasil, y en la elección de su candidata y actual Presidenta, Dilma Rousseff.
Lula también logró consolidar PETROBRAS como empresa petrolera nacional: aumentó las reservas gracias a los hallazgos en las áreas pre-sal, elevó la producción para fortalecer la seguridad energética y consolidó de la posición del Estado brasileño como accionista mayoritario mediante una reforma regulatoria.
En síntesis, y siguiendo al Profesor brasileño Amado Luiz Cervo, Lula desarrolló un “modelo de Estado logístico”, que planifica el desarrollo en concertación y co-participación con el empresariado nacional y liderazgos no gubernamentales, impulsa la internacionalización de la economía, disminuye la dependencia financiera y tecnológica, y construye una integración sólida en América del Sur.
La historia le ha asignado al Presidente Maduro el rol de un reformador, y mientras antes lo entienda, toda Venezuela ganará. En este sentido, debería prestar oídos al consejo del Ex-Presidente Lula y mirar más hacia Brasil como ejemplo de éxito.
Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

martes, 8 de abril de 2014

Una crisis incómoda: Brasil ante las protestas en Venezuela



Dr. Kenneth Ramírez

El estallido de las protestas en Venezuela en febrero pasado, le ha planteado a la Presidenta Dilma Rousseff un asunto muy incómodo, en pleno año electoral y de celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Brasil.
Desde el principio, el entorno de la Presidenta Rousseff, entendió que más allá del detonante que han sido las protestas estudiantiles y el progresivo descontento social ante la crisis económica, la causa real se encontraba en la mala lectura que los sectores radicales de la oposición venezolana habían hecho de los resultados de los procesos electorales de 2013, los cuales redujeron las distancias y dibujaron un país dividido. En este sentido, observaron #LaSalida como una estrategia de acoso y derribo al Presidente Maduro, la cual Brasil no podía convalidar dado sus intereses y afinidades ideológicas con el gobierno venezolano. Por tanto, era preferible guardar silencio y no pisar esta “concha de banana” en un año tan sensible como 2014; al fin y al cabo ellos también estaban terminando de gestionar su propia ola de protestas iniciada en junio de 2013.
Geopolíticamente, el gobierno de Venezuela ha servido en la última década como ariete contra la OEA, el ALCA y la Comunidad Iberoamericana; es decir, proyectos liderados por EEUU y España, potencias a quienes Brasil debe expulsar del espacio suramericano entendido como su “esfera de acumulación y legitimación”: léase esfera de influencia exclusiva. Hasta 2007, el Presidente Lula debió cohabitar con un alto protagonismo del Presidente Chávez, pero a partir de allí, con los hallazgos petroleros en el área pre-sal y el modelo chavista empezando a mostrar sus límites, Caracas empezó a entrar en la órbita de Brasilia. Con la muerte de Chávez y la crisis económica, el declive de la ALBA se aceleró; dejando al MERCOSUR como el proyecto de integración, y la UNASUR y la CELAC como los foros políticos, desde donde Brasil desea organizar la región: la estrategia de los círculos concéntricos. En consecuencia, algunos asesores de la Presidenta Rousseff estiman que un hundimiento de Maduro es un severo revés para el proyecto geopolítico de Brasil, sobre todo porque consideran que la oposición se alinearía con EEUU; olvidando que el “Protocolo de La Guzmania” –que recién cumplió 20 años- abrió las puertas para una nueva relación antes de Chávez.
Además, tenemos el comercio bilateral -6 millardos de dólares- y las inversiones -abanderadas por Odebrecht- que han ascendido considerablemente en la última década, y que son abiertamente favorables a Brasil –aunque con el Presidente Maduro se han acumulado deudas con empresas brasileñas por 2,5 millardos.
En consecuencia, la Presidenta Rousseff esgrimió en un primer momento, el principio de No Intervención y se colocó detrás de MERCOSUR/UNASUR: "No cabe a Brasil discutir lo que Venezuela tiene que hacer (…) Brasil no se manifiesta sobre la situación interna de ningún país". Así, Brasil evitaba pronunciarse sobre la situación en Venezuela y también eludía discutirla en la OEA, la cual consideraba el foro que podía dar respaldo internacional a la #LaSalida -sobre todo cuando Panamá pidió darle voz a María Corina Machado el pasado 21 de marzo. De allí, la frase del Representante brasileño en la OEA, Breno de Souza: “El objetivo de esta reunión no es transformarse en un circo para una platea externa”.
No obstante, el 5 de marzo, a un año de la muerte de Chávez, la Presidenta Rousseff prefirió no viajar a Caracas y enviar en su lugar a su asesor Marco Aurelio García, con lo cual transmitía su preocupación sobre la manera como se estaban encarando las protestas. De hecho, este funcionario le entregó una carta al Presidente Maduro del Ex–Presidente Lula, donde después de recordar a Chávez y saludar ampulosamente su legado, señaló que “en este delicado momento” resulta “necesario un diálogo con todos los demócratas”.
Esto último, obedeció al nuevo análisis que realizó el entorno de la Presidenta Rousseff, donde empezó a subrayarse los tiempos difíciles que atraviesa Maduro: no reúne el apoyo de los militares y tiene a Diosdado Cabello como rival. No tiene carisma y sobrevive gracias al capital político heredado de Chávez. Por tanto, y tomando en cuenta que la relación presidencial carece de la empatía que existía en la era Lula-Chávez, debían descartarse las declaraciones estridentes que serían contraproducentes y generarían presión adicional. En lugar de ello, debían realizarse gestiones diplomáticas discretas, dejando claro que no se tolerarán los excesos represivos y la necesidad de diálogo con la oposición moderada.
En este contexto, la Presidenta Rousseff optó por convocar una Reunión de Cancilleres de la UNASUR al margen de la investidura de la Presidenta Bachelet en Santiago el pasado 12 de abril, y no dar así total respaldo al Presidente Maduro con una cumbre presidencial; al tiempo que dialogó con el Vicepresidente  de EEUU, Joe Biden, para expresarle su preocupación sobre la oposición radical venezolana, quien a su vez le transmitió su petición de mayor firmeza con Caracas. Esto terminó desembocando en la primera visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, que tuvo algunos resultados prometedores.
Sin embargo, la nueva escalada represiva y la no designación del testigo de buena fe, ha colocado en tela de juicio el compromiso del gobierno venezolano para cumplir las recomendaciones de la UNASUR.
De hecho, el error político que ha supuesto el desafuero sumario de María Corina Machado, hizo que el tema Venezuela se haya deslizado de lleno a la campaña electoral brasileña –elemento que agrega mayor presión a la Presidenta Rousseff. Por ello, el Senador Ricardo Ferraço -Presidente de la Comisión de Política Exterior y aliado del candidato presidencial opositor Aécio Neves-, invitó a María Corina Machado a una audiencia para escuchar su postura el pasado 2 de abril e impulsó un acuerdo para enviar una comisión parlamentaria plural a Venezuela. Como antecedente de esto, tenemos la carta firmada por el Ex–Presidente Cardoso junto a otros ex–presidentes latinoamericanos pidiendo diálogo en Venezuela y respeto a la Carta Democrática Interamericana a principios de marzo; y las críticas plasmadas en medios brasileños por el Ex-Canciller Lampreia y el Ex-Embajador Rubens Barbosa, quienes han señalado como “vergonzosa” la “timidez” brasileña en el caso venezolano –que dista mucho de su actuación en otras crisis como la de Bolivia en 2008 y Paraguay en 2012- y una “mancha” a la credibilidad del país.
Brasil está llamado a jugar un rol destacado en el proceso de transición abierto en Venezuela con la muerte de Chávez. En este sentido, su ligero cambio de política desde el silencio solidario con el Presidente Maduro hacia un apoyo cauto, ha sido un paso en la dirección correcta, pero resulta aún insuficiente. Una potencia emergente debe ejercer liderazgo con responsabilidad cuando surgen crisis en el vecindario. Esperemos que Brasil, en el marco de la segunda visita de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR, empiece a mostrar ese liderazgo necesario.
@kenopina

miércoles, 2 de abril de 2014

UNASUR en Venezuela: Balance inicial


Dr. Kenneth Ramírez

La Comisión de Cancilleres de la UNASUR designada en la “Resolución N° 02/2014 sobre la Violencia en Venezuela” del pasado 12 de marzo, para acompañar, apoyar y asesorar un diálogo político “amplio y constructivo” orientado a “restaurar la convivencia pacífica en Venezuela”, ha finalizado su primera visita. 
 
Muchos no esperaban resultados tangibles debido a los intereses y afinidades ideológicas de los países que conformaban el grupo. De hecho, la no asistencia de los Cancilleres de Perú, Chile y Paraguay fue percibida como un mal comienzo, ya que concentraba aún más el peso de los países aliados del gobierno venezolano. En particular, resultó impactante la ausencia del Canciller chileno Heraldo Muñoz, quien prefirió excusarse con reuniones en La Haya y evitar el tema Venezuela, al ser divisivo en la coalición “Nueva Mayoría” que apoya a la Presidenta Bachelet.
 
El Presidente Maduro se apresuró a dar una calurosa bienvenida a la UNASUR aunque manifestó que la oposición venezolana no quería diálogo; mientras los líderes de la MUD y los miembros de la sociedad civil se mostraron cautos, aunque señalaron que aprovecharían la ocasión para presentar sus argumentos. En consecuencia, al ser las expectativas de partida de bajas a moderadas, los resultados positivos alcanzados resultan gratos y sorpresivos. Veamos.
 
En primer lugar, la redacción del “Comunicado de la I Reunión de la Comisión de Cancilleres de la UNASUR” publicado al final de la visita este 27 de marzo, es bastante moderada y equilibrada tomando en cuenta la gran polarización política existente, el despliegue de dos narrativas ideológicas sobre los acontecimientos en Venezuela –incluso el Presidente Maduro señaló a tres generales de conspirar para un golpe militar el primer día de la visita-, y los citados intereses en juego. En este sentido, cabe destacar la participación altamente profesional de la Canciller colombiana María Ángela Holguín con todo su conocimiento de negociaciones de paz, y la posición ecuánime del Canciller uruguayo Luis Almagro.
 
En segundo lugar, tras describir el conjunto de reuniones que sostuvo la Comisión con los diferentes sectores del país, recoge los puntos de consenso mínimo que constató en todos los actores: 1) Disposición al diálogo y necesidad de moderar el lenguaje para “generar un ambiente” que favorezca las conversaciones; 2) Firme rechazo a los actos de violencia; 3) Condena a cualquier tentativa de ruptura del orden constitucional; 4) Compromiso con el respeto de los Derechos Humanos.
 
De aquí se desprenden tres aspectos positivos. La constatación de la existencia de una crisis política en Venezuela bastante peligrosa. El reconocimiento de la MUD como un actor político legítimo y respetuoso del marco constitucional. Y por último, la necesidad de dialogar y deponer la violencia en todas sus formas como elemento central para pasar de un peligroso escenario conflictivo en un país polarizado hacia el diálogo y reconocimiento para una nueva gobernabilidad. Todo lo cual no resulta baladí al venir de gobiernos aliados del Presidente Maduro.
 
En tercer lugar, reconoce la disposición del Presidente Maduro a asumir un conjunto de recomendaciones realizadas por la Comisión de Cancilleres que curiosamente no menciona el Comunicado –pero que se habrían presentado el pasado 26 de marzo en una reunión nocturna en el Palacio de Miraflores-, y a continuación sólo apunta específicamente que “celebra la voluntad de acordar un testigo de buena fe que facilite el diálogo entre las partes”. Asimismo, expresa la disposición a dar seguimiento al proceso de acompañamiento a través de un grupo de Cancilleres que tampoco señala; y agrega que la Presidencia pro-témpore -en manos de Surinam- presentará un informe detallado.
 
Por declaraciones del Presidente Santos, trascendió que serían tres los cancilleres que darían seguimiento –extraoficialmente fuentes diplomáticas han señalado a los Cancilleres de Colombia, Brasil y Ecuador. Mientras que por declaraciones del propio Presidente Maduro trascendió que aceptaba no sólo la presencia de este grupo de cancilleres sino la designación del testigo de buena fe para facilitar el diálogo, mencionando expresamente al actual Secretario de Estado del Vaticano y Ex-Nuncio Apostólico en Venezuela, Su Eminencia el Cardenal Pietro Parolin, de cualidades diplomáticas extraordinarias y gran conocimiento del país.
 
Además, aunque el Comunicado no proporciona mayores detalles, el Presidente Santos también dijo que el Presidente Maduro “aceptó las condiciones para el diálogo que dio la MUD”, las cuales estarían dentro de las recomendaciones de los Cancilleres. Por su parte, el Presidente Maduro señaló “que no acepta condiciones ni agenda previa para dialogar”, pero lo cierto es que ha dado su asentimiento para nombrar el testigo-facilitador y para moderar la diatriba política, al tiempo que ha empezado a dar otros pasos que reafirman lo dicho por el Presidente Santos.
 
De hecho, fue creado el Consejo Nacional de Derechos Humanos a sugerencia de la Canciller Holguín, que siguiendo el modelo colombiano, servirá como plataforma de diálogo, coordinación de políticas, monitoreo y seguimiento de la situación de los Derechos Humanos en Venezuela entre todos los poderes públicos, representantes políticos y organizaciones no gubernamentales. Interesante decisión de cara a la investigación imparcial de los actos violentos y excesos represivos de los cuerpos de seguridad –incluida las graves denuncias de tortura-, la liberación de los presos políticos y estudiantes aún detenidos, anulación de juicios de criminalización de la disidencia, así como el desarme de los colectivos y el cese de los ataques a la libertades de expresión, información y manifestación.
 
Por otra parte, el Presidente Maduro anunció que la Asamblea Nacional iniciará el proceso de designación de las autoridades con mandatos vencidos, entre los que se encuentra el Contralor, tres Rectores del CNE y varios magistrados del TSJ, lo que también puede leerse en el contexto de las recomendaciones de la UNASUR.
 
En conclusión, se ha iniciado positivamente el proceso de acompañamiento de la UNASUR al diálogo en Venezuela. De ahora en adelante, el testigo-facilitador y la troika de Cancilleres de la UNASUR como mecanismo coadyuvante y de seguimiento, tienen el reto de realizar una labor creíble, imparcial y efectiva.
 
En todo caso, el rol de Brasil será fundamental en la posibilidad de llevar al gobierno venezolano hacia un diálogo real para la transición hacia una nueva gobernabilidad democrática, por lo cual el resto de la Comunidad Internacional debe impulsarle para que ejerza un liderazgo claro tras bastidores que permita la consecución de resultados substantivos –entre ellos que el Presidente Maduro siga el modelo brasileño, en lugar del modelo cubano-, ya que cualquier fracaso o cierre en falso de esta crisis no resulta ni viable ni duradero en una Venezuela pos-Chávez y en plena crisis económica. Recordemos que para el gobierno venezolano, Brasil es la diferencia entre paralizar la OEA y tener cobertura diplomática legítima, o paralizar la OEA y quedar aislado en el Hemisferio.
 
@kenopina