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domingo, 19 de octubre de 2014

Seísmo petrolero


Dr. Kenneth Ramírez

Desde mediados del mes de junio de 2014 -cuando el precio del crudo marcador Brent se ubicó en 115 $/Bl debido a los temores de una posible interrupción del flujo petrolero iraquí ante el avance del Estado Islámico de Irak y Siria-, el precio del petróleo ha caído 27%, hasta ubicarse en 84 $/Bl a mediados de octubre de 2014 -su nivel más bajo desde noviembre de 2010.

Una serie de factores están detrás de este descenso del petróleo. La desaceleración de las economías emergentes –sobre todo China, Rusia y Brasil- y la frágil recuperación de Europa, que se han traducido en una débil demanda petrolera mundial. Además, tenemos una fuerte expansión de la producción de petróleo de esquistos (shale oil) en EEUU –70% en los últimos 6 años, hasta alcanzar 8,6 millones de barriles diarios (MMBD), el nivel más alto desde 1986-, lo cual ha generado una sobreoferta de alrededor de 1,5 MMBD. Finalmente, tenemos un mercado que ha asumido que el complicado panorama geopolítico -de Ucrania a Irak- no afectará el suministro; y la apreciación del dólar.

EEUU ha reducido considerablemente su importación de crudos desde Nigeria y Angola, los cuales se han dirigido al mercado asiático donde los productores del Medio Oriente han concentrado su apuesta en los últimos años. Asimismo, el crudo de Alaska -exceptuado de la prohibición de exportaciones vigente en EEUU- no encuentra espacio en las refinerías de la Costa Oeste satisfechas con esquistos, y por ello también ha empezado a fluir a Asia -se produjo un despacho a Corea del Sur por primera vez desde 2000. Y, por si fuera poco, tenemos la espada de Damocles de un eventual levantamiento de sanciones a Irán.

Esto llevó a Arabia Saudita a enviar un mensaje contundente: Defenderá su cuota de mercado incluso si esto significa precios más bajos. De hecho, aumentó su producción en septiembre hasta alcanzar 9,7 MMBD y ha establecido descuentos en sus ventas a Asia, lo cual ha generado una incipiente guerra de precios.

Venezuela ha señalado que esto no conviene a nadie y ha llamado a una reunión de emergencia de la OPEP para tratar el problema, ya que la próxima reunión ordinaria de la organización -el 27 de noviembre en Viena- luce lejana. No obstante, funcionarios sauditas realizaron una declaración que ha supuesto un auténtico seísmo en el mercado petrolero: “nadie debería sorprenderse de precios del petróleo por debajo de los 90 $/Bl, incluso por debajo de 80 $/Bl” en los próximos años. Es decir, Arabia Saudita ha decidido cambiar su política de precios y buscar niveles de 80 $/Bl para expulsar a los productores marginales del mercado, y más concretamente, frenar la “revolución de esquistos” en EEUU. Esto le permitirá a Riad recuperar su centralidad en el mercado petrolero.

Arabia Saudita y las petromonarquías del Golfo Pérsico tienen ingentes reservas en fondos soberanos que pueden permitirle resistir varios años con precios más bajos. Sin embargo, otros países petroleros como Irán, Irak, Rusia y Venezuela sentirán un fuerte impacto económico. Venezuela necesita al menos 90 $/Bl para poder equilibrar su presupuesto y no tiene reservas cuantiosas, lo cual implica que se tendrán que realizar dolorosos ajustes en plena crisis económica: El tiempo de las vacas flacas parece haber llegado.

Publicado originalmente en Últimas Noticias

@kenopina

viernes, 14 de marzo de 2014

La Cumbre de América del Norte en Toluca



Victor Hugo Matos
Hace unas semanas,  la ciudad de Toluca en México fungió como sede de la reunión de líderes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN/NAFTA), o la llamada “Cumbre de los Three Amigos”: Canadá, México y EEUU.
Para los círculos políticos y económicos de estos  países, esta reunión  reviste bastante importancia, ya que consideran que se debería enmarcar en una búsqueda de una revisión profunda de las condiciones dentro del acuerdo para adaptarlas a un entorno comercial y político cambiante. Esto se debe en parte a las consideraciones de que pese a ser uno de los acuerdos más importantes firmados entre los tres países, el paso del tiempo y la aparición de nuevos elementos han mellado la efectividad de dicho acuerdo,  demostrando que a pesar de que ha reportado beneficios derivados del comercio; esto no significa,  que este tratado comercial sea la gran solución a los problemas de Norteamérica.
En este sentido,  las principales víctimas de esta ineficiencia ha sido la innovación y el emprendimiento,  cooperación académica, un elemento importante dados sus impacto en el crecimiento económico y en la creación de nuevas empresas. A esto se le añade las barreras importantes que aún existen entre los miembros del TLCAN, sobre todo aquellas relacionadas con el tránsito de personas y bienes, siendo destacable el caso de la aplicación de programas de visas para empresarios, minimizando las posibilidades de crecimiento de un tejido empresarial regional más denso.
Todas esas variables fortalecen la idea que, aún a 20 años de firmado el tratado, las fronteras siguen cerradas entre estos tres países,  lo cual  no es muy positivo en un momento de recuperación económica y de cambio en el panorama comercial como el actual, afectando inevitablemente la imagen del TLCAN dentro y fuera de los países miembros.
Un ejemplo de esta percepción negativa sobre el tratado es que el país más beneficiado por los acuerdos derivados del TLCAN ha sido México, pese a lo cual el acuerdo es criticado dentro de este país; donde muchos dicen que no ha tenido un impacto muy positivo en la calidad de vida de los mexicanos. En ese sentido, el Presidente Enrique Peña Nieto planteó como ejes temáticos de la Cumbre de Toluca: la prosperidad incluyente y compartida, nuevas áreas de oportunidad, la seguridad ciudadana y, temas regionales y globales; reflejando así los nuevos elementos con los que se propone lidiar la triada norteamericana.  Quizás el más relevante de estos elementos es el sector energético,  ya que grandes proyectos como la Reforma Energética mexicana o el oleoducto Keystone XL -todavía por aprobarse por parte del presidente Barack Obama-  pueden convertirse en una palanca importante para renovar los esfuerzos de integración entre los miembros del TCLAN.
No obstante,  a pesar de estas declaraciones de intención y buenas posibilidades que se visualizaron en la Cumbre de Toluca,  al final dejó la sensación de que se hizo poco por estructurar una visión estratégica para la reforma del TLCAN entre los líderes norteamericanos y que las acciones puntuales se dejarían a distintas comisiones que podrían tardarse meses en reunirse.
En este sentido, la conclusión que parece permear de esta reunión refleja que es necesario adaptar un tratado de esta magnitud a las nuevas tendencias en el desplazamiento del  comercio mundial a nuevas áreas, como Asia-Pacífico,  en la medida en que este nuevo impulso que se le quiere dar al TCLAN pueda convertirlo en una herramienta para acercar los intereses comunes y crear una estrategia regional conjunta para el siglo XXI, siendo incluso valioso para fortalecer la posición de estos tres países con miras a las negociaciones del Acuerdo de Asociación Trans-pacífico (por sus siglas en inglés, TPP); con la ventaja añadida para México, de tener otras conexiones comerciales como la Alianza del Pacífico que le sirven en la mesa de negociaciones del TPP.
Sólo en el largo plazo se sabrá si el reimpulso del TLCAN y el TPP tendrán un impacto importante en América Latina y en el comercio mundial.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Japón vs. China: Redefiniendo el equilibrio político en Asia


 
Victor Hugo Matos
El sureste asiático siempre ha sido un escenario constante de conflictos políticos y militares, que se remontan a las luchas entre la antigua China imperial y Corea, los intentos del Japón feudal de expandirse más allá de las islas o las guerras al sur de Asia. De estos constantes  terminaron por surgir dos actores importantes en la región como son China y Japón, cuya rivalidad influyó en la estructuración del escenario geopolítico actual de la zona, dado el empuje de sus intereses y liderazgos.
 
La rivalidad sino-japonesa se ha caracterizado por una fuerte competencia entre ambos Estados que además de las usuales diferencias en los aspectos comerciales o políticos, se exacerba debido a las disputas territoriales como las de las islas Sensaku / Diaoyu, que abren viejas heridas históricas entre ambos países, que se remontan a la participación del imperio japonés en la rebelión de los Bóxers en China y a las dos guerras sino-japonesas. Esta rivalidad, que había estado latente pero era controlada por la interdependencia económica que existía entre ambos países, empezó a tomar fuerza durante la Administración de Juinichiro Koizumi cuya posición abiertamente nacionalista y su revisionismo sobre el estatus de las autodefensas japonesas generó fricciones con el gigante asiático, situación que  parece  repetirse de forma más pronunciada con el sucesor de Koizumi al frente del Partido Democrático Liberal, Shinzo Abe.
 
No obstante, a primera vista esta no parece ser razón suficiente para que los gobiernos de ambos países permitan o hasta favorezcan la aparición de una retorica agresiva con visos nacionalistas, muy propios del siglo XIX; lo cual, lleva a pensar que la verdadera causa de esta conflictividad se encuentra en un choque entre las visión de Japón y China respecto al futuro del sureste asiático y del continente en general.
 
Vemos de un lado que la imagen de “ascenso pacífico” que siempre intentó vender China al resto del Mundo resulta cada vez más difícil de mantener, sobre todo cuando el gigante asiático asume actitudes agresivas a la hora de lidiar con problemas territoriales con vecinos grandes y pequeños, a la vez que la presencia de EEUU y su nueva visión estratégica del “pivote al Pacífico”, la cual se apoya en su relación con varios países de la región como Japón, genera mucha suspicacia en Beijing, cuyas autoridades consideran cada vez más importante el poder duro como herramienta para lidiar con amenazas y para imponer intereses en la zona, aún a costa de aumentar su percepción como amenaza para el resto de los países de la región.
 
Del otro lado, la Administración Abe en Japón está liderando un cambio en la visión estratégica sobre el papel de Japón para la región,  permitiendo así romper el letargo en el que había estado sumido este país desde la década perdida de los años 80 y que sólo Koizumi pudo quebrar brevemente. Esta nueva visión, pasa por un renovado esfuerzo de Tokio por redefinir el papel de las autodefensas japonesas para ampliar su margen de acción frente a cualquier posible conflicto y permitir un apoyo más efectivo a cualquier operación que realicen los EEUU en la zona; lo cual coincidiría, con el hecho de que en mayor o menor medida Japón ha intentado mejorar sus relaciones y resolver sus diferencias con algunos Estados en la región, que también se sienten amenazados por las intenciones del gigante asiático, como la India, Vietnam o las Filipinas.
 
En conclusión, nos encontramos con que se están produciendo cambios geopolíticos interesantes en el sureste asiático, impulsados en gran medida por esta competencia entre China y Japón, la cual va redefiniendo poco a poco el equilibrio político en la región, obligando a los países a alinearse, muchas veces y de forma muy sutil, en contra de China.

viernes, 31 de mayo de 2013

La Alianza del Pacífico y la reedición del Tratado de Tordesillas


 
Victor Hugo Matos

El Tratado de Tordesillas fue un acuerdo firmado entre España y Portugal en 1494  que en parte planteaba la división de la América colonial en 2 partes, una española y otra portuguesa, las cuales desde entonces estarían separadas por una barrera cultural que impediría un acercamiento efectivo entre los habitantes de ambas zonas hasta la segunda etapa del siglo XIX.
 
En la actualidad, el proceso de integración regional en América Latina parece haber generado una réplica de la división que se generó el citado tratado, ya que ahora América Latina se encuentra dividida en dos partes nuevamente: los miembros del MERCOSUR bajo la égida de Brasil y los Estados que forman parte de la Alianza del Pacífico; cada una  con  sus propias dinámicas de  cooperación e integración, sus propios valores y modelos institucionales.
 
Respecto a la Alianza del Pacífico, que ya va por su séptima cumbre presidencial,  se trata de un mecanismo de liberalización comercial que surge  entre un conjunto de países con costa en el Océano Pacífico con afinidades políticas y con un peso importante en la economía latinoamericana, capaz de rivalizar en fuerza económica con Brasil y el MERCOSUR. Esto se vislumbra a partir de la forma en que se han comportado económicamente ambas organizaciones durante el último año, en el cual la Alianza del Pacífico consiguió un crecimiento combinado del 5%, que contrasta con el 2,9% que alcanzó MERCOSUR; esto sin contar que existe un mayor comercio intra-bloque en la Alianza del Pacífico.
 
No obstante, la competencia entre los dos bloques no se limita simplemente a los indicadores macroeconómicos, sino que se da también en una suerte de competencia por expandir la zona de influencia propia, las cuales a la larga pueden buscar integrar a otros actores regionales, que en este momento, o sienten la sensación de estar en orfandad por el declive de organizaciones como los miembros de la CAN (caso de Bolivia y Ecuador), o, están decepcionados por el comportamiento de los actores a lo interno de su propio mecanismo de integración, donde encontramos los casos de Paraguay y Uruguay en MERCOSUR.
 
Uruguay ha esbozado desde hace algunos años una posición crítica en el MERCOSUR –debido al desequilibrio existente entre los actores pequeños respecto a Argentina y Brasil, así como el estancamiento del mecanismo debido al proteccionismo-, y tiene actualmente una participación cada vez más activa como observador en la Alianza del Pacífico. De hecho, el Vicepresidente Astori expresó en la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico celebrada recientemente en Cali (Colombia), el deseo de Montevideo de convertirse en miembro pleno del nuevo mecanismo.
 
Frente a esto, el Alto Representante del  MERCOSUR, Ivan Ramalho, respondió que cualquier entrada de un Estado miembro a otro acuerdo de integración debe darse en bloque y no de forma separada, evidenciando así cierta preocupación de que alguno de los actuales miembros del MERCOSUR decida unirse a la Alianza del Pacífico. Además, señaló que cualquier oportunidad de relacionamiento con los países de Asia puede buscarse en conjunto, subrayando como ejemplo el Diálogo MERCOSUR-CER (Australia y Nueva Zelanda) para promover el comercio bilateral, las inversiones y la convergencia de posiciones en materia de negociones comerciales multilaterales.
 
Asimismo, la diplomacia brasileña se esforzó para bloquear los intentos de Paraguay de convertirse en miembro observador de la Alianza del Pacífico, invocando el párrafo cinco de la Decisión 26/2012 de los Jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que obliga a “Promover la suspensión de la República del Paraguay en los foros y mecanismos de diálogo y concertación” originada tras la destitución de Fernando Lugo. Asimismo, fue postergada la próxima Cumbre de MERCOSUR –que estaba prevista celebrase en Montevideo el próximo 28 de junio- hasta la toma de posesión el 15 de agosto del nuevo Presidente paraguayo, Horacio Cartes, para propiciar en este período el levantamiento de la suspensión de Paraguay en MERCOSUR/UNASUR y su aceptación del ingreso de Venezuela como hecho consumado, conjurando así cualquier intento de reacomodo de Asunción en el tablero de la integración regional.
 
La pregunta que queda sin respuesta, es la siguiente: ¿Se mantendrán ambos esquemas de integración dentro de sus zonas de influencia comercial y política, o decidirán expandirse más allá de los límites que ha establecido el acuerdo tácito entre ambos bloques en una suerte de reedición del Tratado de Tordesillas?

martes, 14 de mayo de 2013

Obama y la piscina vacía siria



Dr. Kenneth Ramírez
La revuelta siria lleva más de dos años, 90 mil muertos, más de 4 millones de desplazados y 1 millón de refugiados. No debe ser fácil para el Presidente Obama lidiar con el imperativo moral de estas cifras y recordar el Premio Nobel de la Paz, en sus instantes a solas en el Despacho Oval. No obstante, entendiendo los intereses nacionales de EEUU, el Presidente Obama desea mantenerse lejos de este “segundo Irak” potencial y pivotar a Asia-Pacífico.
 
A la catástrofe humanitaria siria, se le ha añadido recientemente, tanto la noticia de que Bashar al-Assad podría haber cruzado la “línea roja” de Obama utilizando armas químicas, como los supuestos intentos de hacerle llegar armamento a su aliado libanés Hezbollah para atacar Israel. Todo esto arrastra cada vez más al Presidente Obama hacia el conflicto sirio en contra de sus mejores cálculos.
 
Hoy por hoy, se ha instalado nuevamente en Washington el debate de si EEUU debe imponer una zona exclusión aérea y armar a los rebeldes sirios, incluso sin el aval del Consejo de Seguridad, en una solución “tipo Bosnia”. La facilidad con la cual Israel ha bombardeado en dos oportunidades –la última de ellas el 4 de mayo de 2013- supuestos cargamentos de misiles que iban dirigidos a Hezbollah, ha generado que se esté hablando de los bajos costos que un ataque aéreo implicaría para EEUU y la posibilidad de realizarlo desde bases ubicadas en suelo israelí o turco. La novedad del debate, es que ya no son sólo los neoconservadores los que alientan al Presidente Obama a tomar medidas, sino los propios asesores de tendencia liberal dentro de la Administración, así como sus aliados Francia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudita y Qatar.
 
Dennis Ross, quien se desempeñó hasta noviembre de 2012 como principal Asesor sobre Medio Oriente de la Administración Obama, ha pasado a defender públicamente la necesidad de proporcionar “ayuda letal” a los rebeldes sirios. El propio Secretario de Estado, John Kerry -al igual que su antecesora Hillary Clinton-, parece ganado para un rol más activo de EEUU en la solución de la guerra civil siria. Aun así, el Presidente Obama ha sido muy prudente ante una decisión que considera costosa y muy riesgosa.
 
El grupo de partidarios de un mayor involucramiento en Siria afirma, que a menos que EEUU tome medidas perderá credibilidad internacional; seguirá subiendo dramáticamente la terrible cifra de muertos, heridos, desplazados y refugiados; se producirá un desbordamiento regional del conflicto –hacia Líbano, Israel, Turquía e Irak-; y aumentará la posibilidad de que islamistas radicales tomen del poder en Damasco.
 
Sin embargo, el Presidente Obama desea asegurarse de que con una participación de EEUU la situación en Siria en particular y el Medio Oriente en general no sólo no va a empeorar, sino que realmente mejorará. Desde su óptica, EEUU tiene muy poco que ganar –más allá de privarle un aliado a Irán- y mucho que perder en las arenas de Damasco. Los temores presidenciales van desde que las armas proporcionadas a los rebeldes acaben en manos equivocadas –como el Frente Al-Nusra, que se afilió en abril pasado a Al-Qaeda- hasta que la caída de Assad desemboque en una guerra sectaria incontrolable -y no en una nueva democracia islámica-, transformando a Siria en un “nuevo Irak” justo al lado de Bagdad -que todavía no termina de estabilizarse- o en un nuevo santuario para Al-Qaeda. En el peor de los escenarios, EEUU y sus aliados podrían verse forzados, aunque el Presidente Obama lo ha negado reiteradamente, a poner “botas sobre el terreno”.
 
Aunque todos estos cálculos lucen razonables, son utilizados por los neoconservadores y otros miembros del Partido Republicano como los Senadores John McCain y Lindsay Graham, para delinear una imagen de Obama como “Presidente débil”. Esto no ha hecho mella en el Presidente Obama debido a la clara oposición de la opinión pública estadounidense a un rol más activo de EEUU en Siria. Las encuestas muestran que los estadounidenses se inclinan a cerrar la larga década de guerras que siguió al 11-S.
 
Si de todas formas Obama termina por ser arrastrado al país de Sham, esto implicaría un claro desafío a la “Gran Estrategia” que delineó en su primer mandato, la cual está compuesta de tres elementos, a saber: 1) Evitar involucrarse en nuevas guerras en Medio Oriente; 2) El “pivote al Pacífico”, concentrando el poder de EEUU en la región económica más dinámica del Mundo y donde se presenta el ascenso de China como desafío estratégico; 3) La reconstrucción de las capacidades de EEUU con reformas económicas y sociales domésticas, lo que denominó el Presidente Obama en su discurso inaugural “construcción nacional en casa” (“national-building at home”).
 
La nueva “Gran Estrategia” fue puesta a prueba en Libia en 2011, pero la Administración Obama dejó que sus aliados europeos tomaran el liderazgo diplomático y militar, lo cual llevó a acuñar la frase “Liderar desde atrás” (“Leading from Behind”). Sin embargo, Siria no es Libia, y en esta situación más difícil, los aliados europeos de EEUU se muestran incapaces de tomar la iniciativa.
 
Por otra parte, las negociaciones nucleares con Irán no avanzan suficientemente, e Israel continúa presionando al respecto, por lo cual la Administración Obama busca conservar suficiente margen de maniobra para hacer creíble la posibilidad del uso de la fuerza y tener así una baza para obligar a Teherán a negociar. Las próximas elecciones presidenciales iraníes en junio próximo serán cruciales para saber el curso que tomará este asunto.
 
Empero, la lógica del “pivote al Pacífico” -como la de cualquier estrategia- es de largo plazo y alcance. El argumento central es que Asia-Pacífico es el nuevo centro de la economía global, y que si EEUU no muestra compromiso estratégico con Japón, Corea del Sur y otros aliados asiáticos, así como su voluntad de permanecer como la potencia pre-eminente en esta región, la misma se convertirá gradualmente en una esfera de influencia china. Además, cualquier respuesta al ascenso de China pasa por aumentar el peso relativo de la economía estadounidense frente a la economía china, por lo cual EEUU requiere realizar reformas domésticas para salir del letargo económico que le provocó la crisis financiera de 2007-08.
 
No obstante, los partidarios de un mayor involucramiento en Siria, responden que a menos que EEUU haga algo para culminar esta crisis, perderá su credibilidad a nivel internacional, y los aliados asiáticos de EEUU concluirían que ya no tiene la voluntad de seguir siendo la potencia global más importante.
 
Si tomamos este último argumento como cierto, China temería una acción estadounidense decisiva en Damasco. Pero lo cierto es -retórica diplomática y vetos en la ONU aparte-, que los estrategas chinos celebrarían tras bastidores una nueva intervención estadounidense en Medio Oriente que implique un debilitamiento del “pivote al Pacífico”. De hecho, la Cancillería china celebró la salida de Hillary Clinton –arquitecto de esta política- y su reemplazo por John Kerry, quien se cree tiene mayor interés por el Medio Oriente.
 
Todos estos cálculos explican por qué Obama sigue intentando agotar todas las vías diplomáticas en Siria. Por ello, la Casa Blanca envió a John Kerry a Moscú –en su primera visita como Secretario de Estado a Rusia-, el pasado 7 de mayo. Producto de sus gestiones diplomáticas, Washington y Moscú acordaron resucitar el “Comunicado de Ginebra” de junio de 2012 que estipula la formación de un gobierno de transición, el llamado a una Conferencia entre las partes beligerantes para junio próximo y el acuerdo de colaboración entre los servicios secretos para determinar si Assad utilizó efectivamente armas químicas. Es decir, Washington trabaja ahora en una salida diplomática para acabar con la guerra civil y establecer una Nueva Siria en condominio con Rusia y menos alineada a Irán. Empero, el gran escollo aquí sigue siendo la negativa de los rebeldes sirios a aceptar la permanencia de Assad en un nuevo gobierno, y la negativa absoluta del mismo a marcharse.
 
Osama bin Laden logró distraer a EEUU por un década respecto al ascenso de China; ahora sólo resta saber si el Presidente Obama evitará ser lanzado de cabeza en la piscina vacía siria, y logrará sacar a EEUU de las arenas movedizas del Medio Oriente para pivotar a Asia-Pacífico.

jueves, 4 de abril de 2013

El ascenso del Sur: ¿sostenible o en la cúspide?


María Fernanda Hernández

Asia y América Latina son regiones parte de los llamados “ascendentes del Sur”, según lo catalogó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe anual sobre Desarrollo Humano “El ascenso del Sur: Progreso Humano en un Mundo diverso”, donde se habla del crecimiento del Sur, el cual puede mantenerse sostenible o simplemente haber llegado a la cúspide de sus posibilidades.
Las estrategias que desarrollen actualmente estas regiones determinaran indirectamente la sostenibilidad de su auge. Las regiones del Sur, coinciden en algunas características de su status quo, pero al mismo tiempo guardan entre sí diferencias profundas en sus estrategias –o muchas veces, en la presencia y ausencia de planes estratégicos-, lo que generan una amplia grieta a nivel de sus proyecciones de desarrollo.
Una región milenaria como Asia, luego de recuperar su autonomía en el siglo pasado, se encuentra hoy en día llena de prosperidad económica, tigres e innovación, pero también tiene rivalidades geopolíticas y barreras. Sin duda, es el nicho de potencias consolidadas y emergentes, con una capacidad productiva bastante envidiable. Para nadie es un secreto que existe una gran concentración de países en el Sur y Este de  Asia que han generado un foco de tecnología y han desarrollado estrategias de inversión a largo plazo.
América Latina es parte de este Sur en propulsión, luego de superar desde guerras de guerrillas, fuertes crisis económicas y dictaduras brutales. Hoy en día, es una región que tiene -a pesar de algunas excepciones- una amplia estabilidad política y sistemas democráticos consolidados, prosperidad económica y diversos mecanismos de integración, siendo muchas veces envidiada por su “suerte” -recordemos su exitosa gestión e impacto casi nulo de la crisis económica mundial del 2008-. Aunque América Latina posee en común con Asia la prosperidad económica y las múltiples barreras existentes, no posee tigres ni innovación.
Sin embargo, es utópico augurar escenarios sin obstáculos que superar para estas regiones. Ante desafíos transnacionales –erradicación de la pobreza, disminución de la desigualdad, la seguridad ciudadana o el Cambio Climático- no hay una vía más efectiva que la cooperación y la integración regional -como primer paso- e internacional como el ideal.
Si bien es cierto que para Asia, el proceso de integración regional se ha venido desplegando con elementos –como lo son la eficiencia y el pragmatismo de sus acuerdos y mecanismos- que han catapultado diversos grados de desarrollo económico en los distintos países, esto no es sinónimo de un aumento asegurado de desarrollo humano en todas las regiones del continente. Podemos visualizar esta afirmación en la reciente aprobación de nuevas normativas por parte del Ministro de Educación del movimiento islamista Hamas, quienes gobiernan la Franja de Gaza en Oriente Próximo; normas las cuales impedirán que los hombres impartan clases a las niñas de las Escuelas y se dividirán a los niños de las niñas al cumplir los nueve años. 
En el caso de América Latina, observamos una región con países que se encuentra en una permanente carrera de relevo que promueve el enfoque a resolver coyunturas domésticas y no encargarse de un trabajo estructural. Además, existen elementos básicos que mitigan el proceso de integración con visión de desarrollo, y uno de los principales son las diferencias de los modelos ideológicos que debilitan u obstruyen los distintos mecanismos de integración que han sido creados. Es menester destacar que con la reciente desaparición física de Hugo Chávez, este elemento a nivel regional ha perdido fuerzas y quienes esperaban que el Presidente Correa pudiese liderar de manera similar la ALBA, se quedaron con mucho que desear con el resultado de la propuesta de reforma del Sistema de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la OEA; situación que resulta entendible, con la falta de los niveles de carisma y acceso a recursos similares a los que poseía el finado Presidente venezolano.
No cabe duda que los contextos de estas dos regiones que describimos se encuentran en proceso evolutivo -seguramente hace veinticinco años, en términos de desarrollo humano, Polonia en medio de la escasez, el comunismo y la pobreza no imaginaba que algún día iba a estar a la altura de la Unión Europea-. La diferencia entre el grado de prosperidad que pueda alcanzar cada región, radicará en la efectividad de las estrategias de promoción del desarrollo y mecanismos de integración que se apliquen.
Si nos ubicamos desde una perspectiva a largo plazo, definitivamente el principal reto a superar para el continente asiático, será penetrar la barrera cultural que mitiga el proceso integrado de crecimiento, donde se pueda generar una ampliación de las capacidades tecnológicas e inversión en educación al resto del continente, que aumente aún más la productividad y despliegue un amplio y fuerte bloque regional. Por otra parte, para América Latina es vital un cambio en los modelos de desarrollo que se han venido aplicando, y diseñar planes para el progreso en el área de innovación; debido a la ausencia de oportunidades, la gran mayoría de los profesionales prefieren invertir sus conocimientos en países que no solo valoren sus capacidades, sino que puedan ofrecerles un alto nivel de calidad de vida, convirtiéndose esto en una profundad perdida no sólo de capital, sino de talento humano.
Será cuestión de tiempo y políticas aplicadas, las que nos darán respuesta de si este auge del Sur se convertirá en sostenible, o si simplemente muchas de estas regiones ya encontraron la cúspide de sus posibilidades.