miércoles, 13 de agosto de 2014

Irak: La tragedia de Obama


Dr. Kenneth Ramírez

Barack Obama ha sufrido un duro revés desde que el pasado 10 de junio, el Estado Islámico de Irak y Levante (por sus siglas en inglés, ISIS) invadió Irak desde Siria, tomando Mosul –tercera ciudad del país. A partir de allí, el líder del ISIS, Abubaker Al-Bagdadi, declaró el Califato Islámico y siguió expandiendo sus fuerzas en dirección a Bagdad y Erbil –capital del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK). Con 10 mil yihadistas controla un territorio del tamaño del Reino Unido y una población de 6 millones de habitantes, donde ha impuesto la sharia y ha perseguido a las minorías religiosas, sobre todo cristianos y yazidíes. Ante el avance del ISIS, el Primer Ministro Maliki se apoyó en una polémica fatwa –edicto islámico- del Ayatollah iraquí Alí al-Sistani que llama a los shiítas a defender el país, alentando el inicio de una guerra sectaria similar a la que vivió Irak después de la voladura de la Mezquita Dorada de Samarra en 2006. Todo esto ha abierto un capítulo que Obama quería olvidar y que puede acabar definiendo su legado.
La actual crisis iraquí ha sido generada en buena medida por la decisión de Obama de incumplir su línea roja y no bombardear a Siria después de que Assad utilizó armas químicas en agosto de 2013, así como su renuncia a armar a los rebeldes moderados sirios, lo cual terminó desbordando aquella guerra civil hacia Mesopotamia. Empero, la crisis también está asociada a la política sectaria de Maliki, quien ha gobernado con los shiítas, excluyendo a los sunitas del poder.
En consecuencia, el Presidente Obama que se enorgullecía por “haber cerrado una década de guerras agotadora” para EEUU en Medio Oriente, tuvo que iniciar el pasado 7 de agosto una campaña de bombardeos aéreos limitados en el norte de Irak, suministrar armas a los peshmergas –brazo armado del GRK- y ayuda humanitaria a las minorías en peligro. Así, el destino le ha arrastrado trágicamente de vuelta a Mesopotamia, ocupando para su disgusto, un lugar en la historia al lado de George H. W. Bush que bombardeó Irak en 1991, de Bill Clinton que lo hizo en 1998, y del propio George W. Bush, quien lideró la invasión a la que se opuso como Senador de Illinois en 2003 y que creyó cerrar como Presidente en 2011. Por ello, y dada la oposición del público estadounidense a participar en nuevas guerras, Obama ha fijado límites a la operación: 1) No habrá tropas en el terreno –aunque envió 775 fuerzas especiales en julio para protección y asesoría-; 2) El objetivo militar se centra en detener el avance del ISIS hacia Erbil y Bagdad; 3) Cualquier solución a largo plazo, destinada a derrotar al ISIS, pasa por el liderazgo de Irak, lo que supone superar la crisis política provocada por Maliki.
Aunque el Presidente Obama ha señalado la necesidad de estos bombardeos limitados para evitar “un genocidio masivo” de las minorías religiosas perseguidas por ISIS, las razones humanitarias no son suficientes para explicar su regreso a Mesopotamia, menos aun cuando se toma en cuenta los alrededor de 200 mil sirios que han muerto sin que haya tomado acciones militares contra Assad.
En primer lugar, los bombardeos buscan evitar una eventual caída del Kurdistán iraquí en manos del ISIS, lo cual implicaba perder una base militar y dejarlo fortalecerse aún más con los campos petroleros kurdos que actualmente producen alrededor 400 mil barriles diarios, mientras en la actualidad ISIS apenas controla pequeños campos sirios que le permiten vender 10 mil barriles diarios. Esto además, alinea a EEUU con Turquía, que ve en el GRK un proveedor petrolero y un aliviadero para su conflicto con los kurdos turcos, aunque Ankara recela del suministro de armas de EEUU al GRK -ya que alienta su independentismo.
En segundo lugar, y por sorprendente que pueda parecer, Obama busca aprovechar el conflicto iraquí como oportunidad para consolidar su acercamiento con Irán. En este sentido, Obama se ha aliado tácitamente con Teherán para salvar la unidad de un Irak controlado por la mayoría shiíta –sin excluir a sunitas, kurdos y otras minorías-, y para combatir ISIS que amenaza con su yihad tanto a Bagdad como a Assad en Damasco, y ulteriormente a Teherán y al propio Washington. Al respecto, Obama ha señalado que la solución para Irak es política y no militar; enviando un claro mensaje a Irán: No desea expulsarle de Bagdad, sino propiciar un gobierno de unidad nacional que pueda enfrentar al ISIS, lo cual implica la salida de Maliki. El Ayatollah Khamenei desconfiado al principio, parece haber aceptado el envite al juzgar por sus recientes acciones y declaraciones.
No obstante, la forma en que Obama ha regresado a Irak resulta riesgosa. Los bombardeos limitados no derrotarán al ISIS, que puede optar por replegarse y jugar con el atractivo de haber resistido un conflicto contra EEUU para reclamar el liderazgo a Al-Qaeda, mientras adopta una política de “esperar y ver” entendiendo el rol limitado de Washington, que los kurdos no están interesados en combatirles más allá de su territorio, y que Bagdad puede seguir paralizada. En este sentido, aunque el 10 de agosto, el Presidente Fuad Masum nominó al shiíta Haider al-Abadi como candidato a Primer Ministro con el apoyo de EEUU e Irán, para evitar un tercer período de Maliki, este aún controla las fuerzas de seguridad como Primer Ministro en ejercicio. Por ello, se ha hablado de la posibilidad de un golpe de Estado, lo cual podría abrir un conflicto dentro del propio conflicto.
Por otra parte, el acercamiento de Obama con Teherán en Irak cobrará sentido, sólo si logra cristalizar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní, cuyas negociaciones fueron prorrogadas hasta noviembre y aún se antojan complicadas. Además, Arabia Saudita se encuentra muy descontenta con un Obama que percibe tomando partido por su rival Irán, contando con capacidad suficiente para perturbar su política a través de sus alianzas con grupos sunitas en Irak y Siria.
En conclusión, Obama ha tenido que regresar a Irak inesperadamente, con una respuesta limitada que no resolverá el problema de fondo, que le hace depender de un rival como Teherán, que le alinea con un enemigo como Assad y le posiciona contra un aliado como Riad, que alienta el independentismo de Erbil, por no mencionar otras variables que escapan de su control. Una tragedia que puede manchar su legado si todo acaba en fracaso: El Presidente de EEUU que permitió la formación de un “Yihadistán” entre los ríos Éufrates y Tigris, a poca distancia del Mediterráneo.
@kenopina

lunes, 4 de agosto de 2014

Israel-Hamás: La Guerra de los Siete Años





Dr. Kenneth Ramírez

Desde la expulsión de Fatah y la toma de Gaza por Hamás en 2007, Israel ha establecido un bloqueo absoluto sobre este pequeño territorio de 360 kilómetros cuadrados donde viven apilados 1,8 millones de palestinos, y lo ha invadido en tres ocasiones: Operación Plomo Fundido (2008), Operación Pilar Defensivo (2012) y Operación Margen Protector (2014). Para Israel se trata de extirpar un “grupo terrorista”, mientras para Hamás se trata de una “guerra santa” de resistencia contra el “enemigo sionista”. Dos visiones extremistas y excluyentes del otro, que se han empecinado en luchar una guerra asimétrica que ya dura siete largos años –un capítulo propio dentro del largo conflicto árabe-israelí-, donde los precarios altos al fuego como el que fue alcanzado a última hora del pasado jueves a instancias del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no se traducen en acuerdos de paz duraderos. Una y otra vez acusaciones recíprocas sobre quién ha empezado, una y otra vez sangrientos combates, declaraciones incendiarias y gran sufrimiento para la población asediada –esta vez con un terrible saldo de 1428 palestinos muertos y 8265 heridos en 24 días-, que terminan en una precaria tregua unilateral o negociada hasta la nueva escalada.
 
Sin importar la superioridad militar de Israel y su avanzado sistema anti-misiles “Cúpula de Hierro”, y por más contundente que sea la destrucción que genere en Gaza, Hamás no será eliminado. Tanto Israel como Hamás se necesitan, ya que han sustituido la política por la guerra. Demonizar al enemigo, jugar con el temor y el resentimiento hacia el otro, y asumir una postura de superioridad moral, genera réditos políticos en cada bando. Netanyahu se convierte en el hombre fuerte de la política israelí y garantiza que un debilitado Hamás gobierne Gaza sin que esta se convierta en un caos yihadista, mientras a su vez debilita a Fatah y justifica la ausencia de concesiones en la mesa de negociaciones de paz que israelíes y palestinos instalan cada cierto tiempo debido a la presión internacional. Muchos recordarán que Israel facilitó la formación de Hamás como contrapeso a Fatah y el liderazgo de Arafat en los años ochenta. Por su parte, Hamás brinda a los famélicos palestinos victorias morales y el sufrimiento que pueda perpetrar al enemigo en cada incursión –63 soldados israelíes muertos y 150 heridos en esta ocasión, mucho más que en las anteriores invasiones- como sustituto tanto de una victoria definitiva que no pueden alcanzar, como de una gestión pública eficiente y un bienestar social que no pueden proporcionar. Los dos se odian, y se necesitan.
 
No obstante, Netanyahu le hace un flaco favor a la causa israelí invadiendo a Gaza cada dos o tres años; mientras Hamás hace lo propio con la causa palestina al mantener la división con Fatah –que controla la Autoridad Nacional Palestina desde Cisjordania-, así como al provocar o responder a los envites de Netanyahu.
 
A todo lo expuesto se le ha añadido otro elemento que atiza el conflicto: los recursos de hidrocarburos de la Cuenca de Levante -que el Servicio Geológico de EEUU estima en 1,7 millardos de barriles de petróleo y 122 billones de pies cúbicos de gas natural-, que comparten tanto Israel como El Líbano y Palestina –sobre todo a través de la fachada marítima de Gaza. Aunque modestos –al compararlos con reservas como las que posee Venezuela-, estos recursos son lo suficientemente atractivos para que Israel busque como mínimo evitar que los correspondientes a Gaza –con un valor estimado de 7 millardos de dólares- sean explotados por los palestinos, y como máximo utilizarlos en su propio beneficio. De manera que mantener el conflicto en Gaza sirve para evitar su explotación, lo cual Fatah desde la Autoridad Nacional Palestina ha estado a punto de lograr en varias ocasiones, llegando incluso a sostener conversaciones a principios de 2014 con el Presidente Putin y la empresa rusa Gazprom. Este resultado tampoco lo desea Hamás, que tiene interés en capitalizar estos recursos en su beneficio exclusivo.
 
Hay una sola salida para este conflicto. Las partes y los mediadores deben utilizar este nuevo cese al fuego como impulso definitivo del proceso de paz, lo cual implica reanudar las negociaciones para la creación de un Estado palestino con las fronteras de 1967, y el compromiso de los miembros del denominado Cuarteto para Medio Oriente (Naciones Unidas, EEUU, la Unión Europea y Rusia) de usar toda su influencia para impedir otro fracaso. Además, es necesario un ambicioso programa de reconstrucción de Gaza y de mejora de sus condiciones sociales. Esto supone el fin del bloqueo, la reconciliación entre Hamás y Fatah en el marco de las instituciones del nuevo Estado palestino, la explotación de los recursos de hidrocarburos presentes en los territorios palestinos en beneficio de su pueblo y la inserción de Palestina en el Mundo. A cambio, Hamás debe desarmar Gaza bajo supervisión internacional, y Fatah debe controlar los pasos fronterizos.
 
Israel no puede continuar con la guerra con Hamás sin erosionar su legitimidad internacional; y Hamás no puede continuar jugando con fuego, ya que la permanente división de las facciones palestinas no contribuye a materializar el Estado palestino y las revueltas árabes desde 2011 le han hecho perder aliados. El mayor revés fue la caída de Mohamed Morsi y la ilegalización de los Hermanos Musulmanes en El Cairo –rama ideológica a la cual pertenece Hamás-, lo cual ha llevado al Egipto de Al-Sissi a proponer altos al fuego claramente desfavorables a Hamás en esta tercera invasión a Gaza, y al duro silencio de Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Jordania, quienes temen revueltas instigadas por los Hermanos Musulmanes en sus respectivos países. Por otra parte, la guerra civil siria hizo que Hamás tuviera que tomar parte por la mayoría sunita en contra de Assad. Esto significó la ruptura de su alianza histórica con Irán y el distanciamiento con la milicia shiíta libanesa Hezbollah. Todo ello ha generado el aislamiento regional de Hamás, que hoy por hoy, sólo cuenta con el apoyo de Qatar y Turquía. Aunque se estima que este nuevo conflicto de Hamás con Israel podría acercarle a Irán, no parece fácil debido a la lucha regional abierta entre sunitas y shiítas.
 
Venezuela puede contribuir desde Naciones Unidas en los esfuerzos internacionales que permitan un cambio en la dinámica actual, para lo cual debe evitar seguir teniendo posturas parcializadas en este conflicto. Asimismo, a través de la recientemente creada Petro-Palestina, Venezuela podría facilitar cooperación e intercambio de experiencias para contribuir al desarrollo de los hidrocarburos presentes en Palestina y la transformación de estos recursos naturales en oportunidades de desarrollo y beneficios sociales para el pueblo palestino.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios
@kenopina

martes, 8 de julio de 2014

Irak, otra vez: Intriga, petróleo y guerra


Dr. Kenneth Ramírez

A principios de junio de 2014, justo cuando la producción petrolera iraquí alcanzaba 3,18 millones de barriles diarios (MMBD) según la OPEP, excediendo los niveles de la Era Hussein; el grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Levante (por sus siglas en inglés, ISIS) invadió el país desde Siria hasta tomar Mosul –la segunda ciudad más importante- y varias localidades del noroeste, colocando bajo amenaza a la propia Bagdad. El Ayatollah iraquí Alí al-Sistani dictó una fatwa –edicto islámico- en la ciudad santa de Kerbala, llamando a los shiítas a la yihad -guerra santa- para defender el país. La sombra de una nueva guerra civil entre sunitas y shiítas, tan sangrienta como la que estalló después del atentado a la Mezquita Dorada de Samarra en 2006, vuelve a asomarse en Mesopotamia.

Todo esto resulta bastante sospechoso, en tanto que, Abubaker al-Bagdadi –jefe del ISIS-había rechazado varios llamados del Emir de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, para que abandonara la guerra civil siria desde 2013 y se concentrara-como ahora hace- en Irak para el establecimiento de un Califato Islámico; lo cual llevó incluso a que Al-Qaeda emitiera un comunicado en febrero de 2014 donde desconoce al ISIS y afirma que su único afiliado en Siria es el Frente Al-Nusra. Quizás la respuesta la encontremos en los otros grupos que están luchando al lado del ISIS en Irak: las tribus del “Consejo del Despertar Sunita” –aliados de EEUU en la lucha contra Al-Qaeda en Mesopotamia desde 2007 hasta su retirada de Irak en 2011-, el “Consejo de Insurgentes de Al Anbar” y antiguos miembros del Partido Ba’ath de Saddam Hussein. Estos grupos sunitas tienen estrecha relación con Arabia Saudita, y su jefe de inteligencia Yusef bin Ali al-Idrisis. Esto explica por qué un miembro no identificado de la Administración Obama, manifestó recientemente,el deseo de EEUU de que Riad“deje de financiar a los yihadistas”.

Durante el último año, Arabia Saudita ha estado muy preocupada por varias cuestiones: 1) El avance de las negociaciones nucleares entre EEUU e Irán, que puede llevar en última instancia a una alianza y a un considerable aumento de la producción petrolera persa; 2) La relativa autonomía energética de EEUU debido a la “Revolución de Esquistos”; 3) El vertiginoso aumento de la producción petrolera de Irak, que lo ha convertido en segundo productor OPEP y cuya meta de alcanzar 6 MMBD en 2017 amenaza el liderazgo saudita; 4) Un posible descenso del petróleo desde los niveles de 100 $/Bl, si todo esto llega a producirse.

De manera que, una invasión de ISIS desde Siria a Irak beneficia mucho a Arabia Saudita, ya que prepara la eclosión de un nuevo orden regional y petrolero bajo sus propios términos. Además, el Primer Ministro iraquí Nouri al-Maliki ha irritado a Riad, ya que ha desplegado una política sectaria para perpetuarse en el poder -privilegiando alianzas con partidos shiítas e Irán- dejando de lado a los sunitas aliados de Arabia Saudita -que antes gobernaban con Saddam Hussein.

A pesar de lo altamente impredecible del devenir de este conflicto que tiene fuertes vinculaciones con actores externos, al tomar en consideración el elemento sectario, luce probable que se produzca un estancamiento como ocurre en Siria, donde ni ISIS logre avanzar a Bagdad ni logre ser aplastado por Maliki. En este sentido, la producción petrolerairaquí concentrada en los campos del sur del país de mayoría shiíta, y sus exportaciones desde terminales en el Golfo Pérsico, probablemente no resultarán afectadaspor el conflicto en el corto plazo, aunque puede verse impactada su capacidad para llevar a cabo sus ambiciosos planes de expansión. Los riesgos más importantes podrían venir de sabotajes y actos terroristas, una gestión poco eficiente y transparente, así como posibles brotes anárquicos en el sur si el esfuerzo bélico genera un vacío de seguridad.

Incluso una eventual toma de Bagdad por ISIS tendría efectos limitados. En el peor de los casos, podría afectar las exportaciones si los yihadistas son capaces de alterar los flujos de agua hacia el sur, importantes para la producción petrolera y la generación eléctrica. Además, la pérdida de la sede de gobierno generaría problemas de gestión en el corto y mediano plazo.A pesar de todo esto, debido a las expectativas, el crudo Brent subió más de 4 $, llegado a precios puntuales de 113-115 $/Bl en junio, sobre el rango 105-110 $/Bl en el que ha estado en 2014.

El Kurdistán iraquí merece tratamiento aparte. Aprovechando el ataque de ISIS, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) utilizó su brazo armado -los peshmergas-, para tomar la ciudad de Kirkuk, donde se encuentra el yacimiento petrolero más grande del norte con 8,7 millardos de barriles. Aunque tiene una infraestructura muy dañada y requiere inversiones considerables, en tiempos de Saddam Hussein llegó a producir 650 mil barriles diarios, y por ello Bagdad alcanzó un acuerdo con la empresa BP para su reactivación en 2013, a lo cual se opuso el GRK. El Kurdistán iraquí produce actualmente unos 400 mil barriles diarios, y con esta adición podría aumentar su producción considerablemente. Los objetivos del GRK son alcanzar 1 MMBD en 2015 y 2 MMBD en 2020, ya que afirman tener recursos prospectivos por 45 millardos de barriles, por lo cual con Kirkuk, pasarían a tener más petróleo que Libia. Todo esto, ha alentado sus deseos de independencia. Hasta ahora, Turquía le ha permitido realizar las primeras exportaciones directas, y un primer cargamento partió en mayo pasado desde la terminal de Ceyhan, a pesar de las protestas de Bagdad y Washington. No obstante, aunque Turquía ve en esto un negocio lucrativo y una válvula de escape para su conflicto histórico con el Kurdistán turco, parece poco probable que apoyen su independencia.

En definitiva, se ha abierto un nuevoconflicto regional. La Administración Obama ha tenido que volver a reforzar su despliegue militar en el país en contra de sus deseos, anunciando el envío de un total de 775 soldados en labores de protección y asesoría en las últimas dos semanas, además de drones. Washington también ha hecho llamados para la conformación de un gobierno de unidad nacional, lo que en el fondo implica prescindir de Maliki. Todo esto, ha disgustado a Irán a pesar de tener en ISIS un enemigo común con EEUU. En consecuencia, la desconfianza ha empezado a perturbar lacomplicada mesa de negociaciones nucleares. De hecho, el Ayatollah Khamenei señaló desde Teherán, que la lucha en Irak no se trataba de shiítas contra sunitas, sino de “un Irak libre y uno dominado por Occidente”. Seguramente el Rey de Arabia Saudita sonrió al saber la noticia y recordó al Cardenal Richelieu: “Resulta mucho mejor matar con un cuchillo ajeno”.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

jueves, 3 de julio de 2014

Revisitando 1914



Dr. Kenneth Ramírez
El pasado 28 de junio, se cumplió un siglo del asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Habsburgo –heredero del Imperio Austrohúngaro- en Sarajevo, lo cual desembocó en el estallido de la I Guerra Mundial. Cuatro imperios quedaron liquidados y el Imperio Británico quedó debilitado, dos potencias emergían por el Este y por el Oeste de una Europa destruida, alrededor de veinte millones de muertos, hambruna, auge de los extremismos, y como si fuera poco, una Paz de Versalles –tan utópica como miope- que condujo a la siguiente guerra aún más destructiva.
La larga sombra de la “Gran Guerra” se extiende hasta nuestros días para plantearnos algunos paralelismos inquietantes. Hoy, como entonces, las comunicaciones, el comercio y las nuevas tecnologías –el teléfono, el tren, el barco de vapor y la lámpara incandescente, entre otros- vivían una Edad de Oro –incluso llamada por algunos “primera globalización”. Sin embargo, nada de ello impidió el inicio de una gran conflagración como nunca antes había visto el Mundo, donde incluso se utilizaron por primera vez armas químicas.
Si en 1914 teníamos a Gran Bretaña como potencia hegemónica en declive relativo frente a Alemania como potencia emergente, hoy tenemos una historia similar con EEUU y China. De hecho, el “Pivote al Pacífico” de la Administración Obama en 2014, recuerda al “Compromiso Continental” de Gran Bretaña en 1914 –ambos orientados a crear un sistema de alianzas para fortalecer el statu quo-; así como el “Sueño Chino” de Xi Jinping en 2014, recuerda a la “Weltpolitik” del Káiser Guillermo II en 1914 -ambos obsesionados con la paridad estratégica con la potencia hegemónica.
La remembranza de 1914 se acentúa en Asia Oriental con la rivalidad entre China y Japón -que recuerdan al Imperio Alemán y Francia respectivamente, este último además, aliado del hegemón y una potencia regional declinante-; con las disputas territoriales; con el regreso del nacionalismo de la mano de Xi Jinping en China, Shinzo Abe en Japón y Narendra Modi en India; la competencia económica; las carreras armamentistas y la proliferación nuclear; la división de la Península Coreana; una obsesión con el prestigio; y la casi inexistencia de mecanismos de cooperación para resolver conflictos. La desconfianza y la política de poder están a la orden del día en la Asia de 2014, como lo estuvieron en la Europa de 1914.
Abriendo aún más el lente, se encuentra el Medio Oriente -los “Balcanes Globales”-, de los cuales depende cada vez más energéticamente Asia Oriental en general, y China en particular. El mapa de Medio Oriente fue redibujado después de la I Guerra Mundial siguiendo el Tratado Sykes-Picot de 1916, mediante el cual fue liquidado el Imperio Otomano, mientras Francia y Gran Bretaña como potencias coloniales se encargaban de gestionar conflictos y mantener las fronteras trazadas, que posteriormente constituyeron los actuales Estados. Asimismo, la Declaración Balfour de 1917, puso en marcha el proceso de creación de Israel en Palestina, dando origen a un conflicto que aún sigue abierto.
Después de la crisis de Suez en 1956, EEUU asumió el rol hegemónico en la región. Empero, hoy por hoy, un EEUU agotado y dubitativo tras las guerras de Irak y Afganistán, ha hecho que el “Orden de Sykes-Picot” luzca insostenible. El vacío de poder ha sido ocupado por potencias regionales como Irán, Arabia Saudita y Turquía, grupos terroristas y movimientos islámicos. De hecho, durante la reciente invasión del grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Levante –ISIS, por sus siglas en inglés- a Irak desde Siria, los yihadistas han colocado como etiqueta en Twitter “fin de Sykes-Picot” (#SykesPicotOver), cuestionando las fronteras existentes –más específicamente, la existencia de Siria, Irak, Jordania, Líbano e Israel- con su proyecto de construcción de un Califato Islámico en el Mediterráneo Oriental. En todo caso, las alianzas de estos diversos actores regionales con potencias globales, señalan los riesgos de escalada global de un conflicto local, tal como sucedió en 1914 con los Balcanes.
Mucho hemos progresado desde 1914, y la existencia de armas nucleares como elemento destructivo y disuasivo a la vez, invita a pensar que los altos costos de una guerra a gran escala la hacen absolutamente irracional. Sin embargo, siempre resulta necesario revisitar las lecciones del pasado para construir un Mundo más seguro. No olvidemos que meses antes del estallido de la I Guerra Mundial, los principales actores políticos involucrados consideraban el desastre inminente como “imposible”; y la opinión pública europea en la “Era Eduardiana” creía que la guerra era una “reliquia del pasado”, ya que el último conflicto a gran escala en Europa había sido zanjado en el campo de batalla de Waterloo y los salones diplomáticos de Viena en 1815. Como ejemplo de ello, el escritor y político británico, Sir Norman Angell, publicó La Gran Ilusión en 1910, donde señalaba que una guerra entre Gran Bretaña y Alemania resultaba “impensable” e “irracional”, debido a su gran “interdependencia económica”. Esto nos lleva a concluir, que los mayores peligros pueden estar en el pensamiento utópico, en la complacencia de la opinión pública y la falta de un liderazgo político responsable.
Las Relaciones Internacionales como disciplina científica nació producto de los horrores de la I Guerra Mundial, que políticos, diplomáticos y académicos buscaban que no volvieran a repetirse; de manera que, los Internacionalistas como sus cultores, debemos invitar a reflexionar un día como hoy sobre los ecos de 1914 y los riesgos de repetir errores que nos lleven a un nuevo infierno.
@kenopina

jueves, 12 de junio de 2014

El trilema energético de China


Dr. Kenneth Ramírez

La Comunidad Internacional sigue en detalle todas las acciones de Beijing para intentar resolver su “trilema energético”: garantizar la seguridad de suministros a precios competitivos, proporcionando a su vez el acceso universal a la energía y mitigando el impacto ambiental. Todo esto, en concordancia con el “sueño chino” del Presidente Xi Jinping: lograr el progreso de una nación moderna -léase, lograr la paridad con EEUU- en el Centenario de la Revolución China en 2049.

Durante los últimas tres décadas la economía china ha crecido a un ritmo medio de 9,9%, y desde 2010 sobrepasó el PIB de Japón para convertirse en la segunda economía mundial -a la zaga de EEUU. No obstante, el PIB per cápita chino de 9.300 dólares (puesto 122 a nivel mundial), todavía se encuentra muy alejado de los 50.700 dólares de EEUU (puesto 14), y aún se encuentra por debajo de la media mundial de 12.700 dólares, lo que asoma la inequidad social existente en el país. Además, este asombroso crecimiento económico, ha disparado el consumo de recursos energéticos -fundamentalmente fósiles- y la tasa de contaminación.

En materia energética, el cambio ha sido vertiginoso. A finales de los años noventa, China sólo consumía la mitad de energía que EEUU. A finales de la década de 2000, sobrepasó a EEUU como principal consumidor de energía; y se espera que a finales de 2014, lo desplace como principal importador petrolero.

China consume 115.500 billones de BTU -21,3% del total mundial-, aproximadamente igual al consumo de América del Norte, y muy por encima del consumo europeo y las otras potencias asiáticas. Sin embargo, dos problemas saltan a la vista. En primer lugar, la principal fuente de energía es el carbón, con 79.200 billones de BTU, aproximadamente la mitad del consumo mundial, lo cual ha aumentado dramáticamente sus emisiones de dióxido de carbono. Incluso desplazó a EEUU como principal emisor en 2009, y representa ahora 29% del total mundial, frente a 16% de EEUU. En segundo lugar, el consumo energético per cápita de China es hoy por hoy apenas similar al de EEUU en 1955, lo que plantea grandes desafíos geopolíticos y ecológicos debido a la anhelada paridad.

Debido a su base de recursos limitada, China no tiene más remedio que mirar más allá de sus fronteras para satisfacer sus necesidades petroleras. Según la OPEP, consumió 10,1 MMBD en 2013 -una novena parte del total mundial-, y sólo produjo 4,24 MMBD. Es decir, debe importar casi 60% del petróleo que consume -los pronósticos muestran que será 75% en 2040-, desde lugares que presentan riesgos geopolíticos y a través de rutas que escapan de su control.

De hecho, el Ex-Presidente Hu Jintao formuló el llamado “dilema de Malaca”: la dependencia china de importaciones de energía a través de estrangulamientos marítimos como los estrechos de Ormuz y Malaca controlados por otras potencias, principalmente EEUU. La conclusión es que China se encuentra en una posición geopolítica vulnerable similar al Japón Imperial en el período entreguerras.

Esto explica los esfuerzos de China para desarrollar su capacidad naval, a pesar de que le tomará al menos dos décadas tener una proyección suficiente. Por otra parte, muchos analistas creen que Beijing ha realizado inversiones en puertos marítimos a lo largo del Océano Índico siguiendo la llamada “estrategia de collar de perlas”, que está orientada a aumentar la proyección de la Armada china para proteger los buques petroleros que transportan suministros a China, principalmente desde Arabia Saudita, Angola, Irán, Omán, Irak, Sudán, Venezuela y Kuwait. Además, China está impulsando la construcción de un corredor de gasoductos y oleoductos que atraviesan Myanmar como alternativa a Malaca.

Asimismo, el interés de China en reclamar soberanía sobre la mayor parte del Mar del Este y el Mar del Sur -que ya ha provocado incidentes navales con Vietnam, fricciones diplomáticas y planes de rearme de Japón debido a la disputa por las islas Diaoyu/Senkaku, y preocupaciones en EEUU y el resto de sus vecinos-, se relaciona en buena medida a los recursos que se calcula existen en esas aguas. El Servicio Geológico de EEUU estima recursos prospectivos de petróleo entre 5 y 22 millardos de barriles, y de gas natural entre 70 y 290 billones de pies cúbicos sólo en el Mar del Sur. Por su parte, la empresa petrolera china CNPC, incrementa estas estimaciones hasta 125 millardos de barriles y 500 billones de pies cúbicos, aunque incluye todas las zonas marítimas en disputa.

El gas natural representa una gran oportunidad para China. Con un consumo de 4,7 billones de pies cúbicos (4% del total mundial), está al nivel de Japón pero muy por debajo de Europa y EEUU. Sin embargo, existe un enorme potencial de crecimiento apalancado en sus recursos de gas de esquistos, lo que le permitiría llegar en 2040 hasta los 17,5 billones de pies cúbicos. Según estimaciones del Departamento de Energía, China tiene recursos prospectivos de gas de esquistos que ascenderían a 1.115 billones de pies cúbicos -primer puesto a nivel mundial, con una cantidad similar a EEUU. No obstante, China se encuentra con unas condiciones muy diferentes a EEUU para tratar de generar una “Revolución de Esquistos”. Desde la capacidad tecnológica limitada de las empresas chinas al régimen de propiedad de la tierra, las características geológicas complejas de las cuencas -sobre todo Tarim y Junggar en Xinjiang- y el marco regulatorio.

La otra carta de China es Rusia. Según un acuerdo firmado entre la empresa petrolera rusa Rosneft y CNPC durante la visita del Presidente Xi Jinping a Moscú en 2013, las exportaciones petroleras rusas se triplicarán hasta alcanzar 1 MMBD en 2018. Además, durante la reciente visita del Presidente Putin a Beijing, fue firmado un nuevo acuerdo que compromete a Rusia a suministrar 38 billones de metros cúbicos de gas natural anualmente -esto es, 15% de la demanda actual china- a partir de 2018 por 30 años, lo cual mitigará la dependencia china del carbón y los estrangulamientos marítimos, y abate los pronósticos de emisiones.

La mejora del nivel de vida de la inmensa población de China como objetivo central del “sueño chino” de Xi Jinping, es observado por el resto del mundo con una mezcla de interés y cautela. En este contexto, la energía tendrá un papel crítico, ya que puede convertir el sueño chino en pesadilla global.

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

EEUU, Libia y la sombra del yihadismo


Victor Hugo Matos

Desde la llegada de Barack Obama a la presidencia, uno de los pilares sobre los que ha querido sustentar su política exterior es la idea de que EEUU debe plantear una nueva aproximación hacia el Medio Oriente; sobre todo, después del fiasco de las intervenciones militares en Irak y Afganistán, que han dejado 8000 bajas. A partir de esto, el hecho de que el inicio de su primer mandato coincidiera con la eclosión de la “Primavera Árabe” -que generó expectativas optimistas respecto a una posible democratización del Medio Oriente-, fue aprovechado por la Casa Blanca como una oportunidad para corregir el rumbo y rescatar la imagen de EEUU en la región, lo cual ya había comenzado con el discurso de Obama en la Universidad de El Cairo.

Siendo esta la base de la nueva política de Obama hacia Medio Oriente, fue la desestabilización temprana del régimen libio la que convirtió a este país en el campo de pruebas de una nueva estrategia del Departamento de Defensa y la Casa Blanca, de realizar intervenciones limitadas sustentadas en la acción conjunta con miembros de la OTAN y apoyando a elementos locales sobre el terreno,  sumado a la búsqueda de apoyo de la Comunidad Internacional, la cual quedó plasmada en la Resolución 1973 (2011) del Consejo de Seguridad que enmarcó dicha intervención. No obstante, en retrospectiva, se hacen palpables las interrogantes de cuáles fueron los intereses concretos de EEUU en dicha operación, en la medida en que la movilización de recursos operativos realizada por EEUU no se correspondía con la reducida importancia que tenía Libia mas allá de su posesión de petróleo, armas químicas y una alicaída influencia en África y el Mundo árabe,  sobre todo si se toma en cuenta el reposicionamiento de Gaddafi después del 11-S, y la cooperación entre los gobiernos europeos y Trípoli en materia energética y comercial con Italia como principal socio -mucho mayor que la participación de EEUU en este sentido.

A pesar de ser una de las intervenciones más limpias de EEUU desde la Guerra del Golfo, los años subsecuentes a la misma han demostrado que la caída de Gaddafi no necesariamente ha implicado un cambio positivo para Libia,  sobre todo cuando dicho país se ha transformado en un clásico Estado fallido, donde las milicias armadas ostentan más poder real que los miembros del recién reformado ejército libio, sobre todo cuando las mismas han tomado desde hace casi un año, el control de las terminales más importantes hasta provocar una drástica caída de sus exportaciones petroleras.

Además de las milicias, Libia se ha convertido en un eje para la actividad yihadista en la zona,  lo que quedó evidenciado con el ataque al consulado estadounidense de Bengasi en 2012 realizado por Ansar-Al Sharia, un grupo asociado a Al-Qaeda, que además mantiene contactos irregulares con otros grupos presentes en territorio libio como Al Qaeda del Magreb Islámico,  Al Qaeda de la Península Arábiga y miembros de la brigada Al-Mulathameen -conocido grupo terrorista argelino. Añadido a esto, el propio gobierno libio sufre una profunda división entre sus filas, donde desde hace algunas semanas el general retirado Jalifa Hifter -exiliado hasta 2011 en EEUU- se ha alzado en armas contra el gobierno libio, ya que  considera que este ha hecho poco por desarmar a las milicias que se han incorporado dentro del ejército regular y que considera extremistas apoyados directamente por  el gobierno libio de Ahmed Maiteq, lo que lo ha llevado a atacar tanto el Parlamento libio, por considerarlo influenciado por fuerzas islamistas, como a campamentos militares tales como el de la Brigada de Mártires del 17 de Febrero, que fue bombardeado el pasado 27 de mayo.

Dados todos estos elementos, cabe preguntarse si la Administración Obama habrá cometido en Libia los mismos errores que cometió la Administración Bush en Afganistán e Irak, al asumir que un Estado con una debilidad institucional tan clara,  claramente dividido en estamentos tribales y extremadamente dependiente del liderazgo carismático, podía  realizar una transición rápida hacia un sistema con al menos algunos rasgos de gobernabilidad democrática; cuando es claro,  que el gobierno de transición libio no entendió las necesidades y deseos de los  habitantes de Misrata o Bengasi, quienes rechazaron el nuevo modelo político centralista que se ha querido imponer desde Trípoli.

Es inevitable asumir entonces, que poco a poco Libia se está convirtiendo en un riesgo de seguridad  para sus propios ciudadanos y el Mediterráneo, en la medida en que el factor desestabilizador de las milicias y los grupos yihadistas vinculados a Al-Qaeda pueden ir transformando a Libia en una nueva Somalia o Yemen, donde la violencia y el derramamiento de sangre están a la orden del día. A esto se le añade el impacto negativo que está teniendo la situación en Estados vecinos, como fue la movilización hacia Mali de miembros de la etnia Tuareg aliados de Gaddafi y que fue un factor clave durante la breve existencia del Estado Islámico de Azawad, o también el hecho de que algunos terroristas argelinos usen el territorio libio como santuario –recordemos el ataque a la planta de gas ubicada en In Amenas (Argelia), el 16 enero de 2013, donde murieron al menos 67 rehenes.

Lo que sí es cierto, es que Libia estará presente en los intereses de EEUU, dado las consecuencias potencialmente negativas para la seguridad de Europa, África, y Medio Oriente, sobre todo por la posibilidad de convertirse en un corredor para elementos yihadistas como Al Qaeda y sus afiliados, Boko Haram de Nigeria o Al-Shabab de Somalia, que podrían afectar los frágiles gobiernos africanos y plantearse ataques en territorio europeo. Por otra parte, las inmensas reservas de petróleo y gas de Libia, la convierten en clave para una seguridad energética europea que hoy por hoy se encuentra amenazada por los sueños neo-imperiales de Putin en Europa del Este. Además, queda claro que la actuación de la Administración Obama hacia Libia seguirá siendo debatida en el seno de la política estadounidense, con la posibilidad de que sea uno de los temas claves en las próximas elecciones presidenciales, pudiendo llegar a ser una piedra en el zapato para las aspiraciones presidenciales de Hillary Clinton en 2016, dado el puesto que ocupaba durante el ataque al consulado de Bengasi.

martes, 27 de mayo de 2014

El "renacimiento" energético de EEUU



Prof. Rafael Quiroz Serrano
La revolución de esquisto o lutitas (“shale oil”/”shale gas”) que muchos han magnificado, no es tan “revolución” o tan novedosa como la quieren hacer ver, pues esta tecnología se remonta desde 1947 cuando se estudia por primera vez la posibilidad de utilizar agua, y en 1949 al iniciarse su aplicación industrial.
De hecho, esta revolución tecnológica que, mediante el método de fracturación hidráulica (“fraking”), permite extraer crudo o gas desde la roca madre, comenzó propiamente en los años 90 cuando el primer pozo de esquisto moderno fue perforado cerca de Fort Worth, Texas, Estados Unidos (EEUU); por lo tanto, es el país del norte el que posee la tecnología más avanzada para la explotación de este hidrocarburo no convencional.
El desarrollo de los yacimientos de esquisto, como crudo no convencional, por parte de Estados Unidos, llega en momentos en que el país del “Tío Sam” hace esfuerzos por asegurarse el suministro, debido principalmente a que su actividad de transporte depende de los hidrocarburos, su consumo energético aumenta, su producción petrolera disminuye; lo cual, aunado a la escasez de sus reservas, lo hacen altamente vulnerable del impredecible mercado petrolero.
Emancipación y seguridad
Esta es la razón fundamental por la que la seguridad y emancipación energéticas de los EEUU son una variable clave para el desarrollo de petróleo de esquisto, a pesar de su gran impacto ambiental y social; pues, la cada vez más creciente dependencia petrolera extranjera, ha venido convirtiéndose en un peligro significativo para su seguridad nacional, pues la garantía del abastecimiento energético interno aún está en manos de países extranjeros, algunos básicamente miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
En la medida que la producción de petróleo de esquisto satisfaga la demanda interna estadounidense, se espera que los precios de los principales crudos livianos/dulces disminuyan progresivamente en EEUU, y ello arroja la posibilidad de que una considerable porción del parque refinador estadounidense pueda acometer interesantes inversiones para adecuarse al procesamiento de este petróleo, aumentando así el volumen de procesamiento.
Precios y costos
He aquí la importancia del desarrollo del “shale oil” y “shale gas” dentro de la política energética estadounidense; siendo este uno de los dos aspectos sustanciales para el desarrollo de este petróleo. El otro es, los altos precios de realización o venta del crudo, sobre todo desde que estos sobrepasaron los 90 dólares el barril (U$/B), y con la tendencia de seguir subiendo. Debido a esto, el “nuevo” petróleo no convencional, desde hace tres años viene haciéndose presente, en forma destacada, en el mercado petrolero estadounidense y canadiense; de hecho, en la actualidad, la producción de petróleo de esquisto se lleva a cabo en su totalidad en Norteamérica.
Para evaluar las perspectivas de este petróleo, se debe considerar el nivel de los costos de producción y desarrollo, los cuales promedian actualmente los 50 U$/B, sin incluir impuestos y regalías; y entre 6 y 9 millones de dólares de inversión en perforación y operación por cada pozo horizontal. La Industria petrolera estadounidense necesita precios altos de petróleo para poder desarrollar las cuantiosas reservas de crudos no convencionales que posee, por lo que precios por debajo de los 90 U$B no hacen comercializable los esquistos.
Ventajas competitivas de EEUU
No hay duda que el petróleo y el gas natural de esquisto representan una especie de “renacimiento” energético para EEUU y Canadá; sin embargo, exportar esta revolución a diferentes países resulta mucho más difícil de lo previsto, pues tanto gobiernos como empresas petroleras están encontrando obstáculos a medida que intentan replicar la experiencia estadounidense a otros países, donde se podría tardar desde una hasta dos décadas en alcanzar una producción importante de este crudo.
No es tan simple ni sencillo lo de esquisto, y su cronograma de desarrollo llevará mucho más tiempo del calculado; entre otras cosas, por la disponibilidad limitada de taladros con capacidad de perforación horizontal, lo que es una variable clave en el desarrollo de este petróleo allende las fronteras estadounidense. Claro está, que ello le da una significativa ventaja competitiva a EEUU, que junto a Canadá seguirán siendo, y durante un buen tiempo, los únicos países en aprovechar las ventajas económicas de este desarrollo. La declinación de la producción de crudos convencionales se mantendrá en EEUU, mientras que el petróleo de esquisto y las Aguas Profundas del Golfo de México representarán los principales incrementos de la producción de Norteamérica.
No es para tanto
No hay duda que la “aparición” de este tipo de hidrocarburo alternativo amenaza con modificar el mapa energético mundial y trastoca en parte la balanza del poder energético; sin embargo, hay una especie de exuberancia irracional mundial respecto al desarrollo de esquisto, y tal como ya hemos señalado, dicho crudo tampoco las tiene todas consigo; pues países como Francia y Bulgaria, por solo citar dos europeos, fueron más allá y prohibieron la fracturación hidráulica por completo, debido a preocupaciones ecológicas y sísmicas, lo que detuvo en seco el desarrollo de esta industria; y Francia, no obstante todas las reservas que tiene, ya dijo no a tal proyecto. Los movimientos ambientalistas están cabildeando por todo el mundo, destacando lo dañino que es para el ecosistema tal explotación; de tal manera que EEUU y Canadá aun no podrán montar indefinida fiestas patronales.
Así las cosas, la aparición de este “nuevo” petróleo tampoco es para que los demás países productores de petróleo se pongan a llorar. Los crudos no convencionales venezolanos (extra-pesados de la Faja) le ganan en costos a los crudos no convencionales de esquisto. EEUU podrá reducir bastante su dependencia energética de las actuales importaciones petroleras, pero no logrará auto abastecerse del todo, mucho menos en convertirse en exportador de petróleo, como algunos han afirmado, y quisieran, por allí. Ya como colofón, se podría afirmar que con el renacimiento energético de EEUU, gracias a esquisto, la era del petróleo barato ha quedado atrás, pero ello no significa el final de la matriz energética sustentada en fuentes energética fósiles; pues pasará aún mucho tiempo antes que nazcan los modelos energéticos post-fosilistas.
Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

miércoles, 14 de mayo de 2014

La incógnita petrolera libia



Dr. Kenneth Ramírez

En 2014, existen 6 grandes factores que están afectando el mercado petrolero: la crisis de Ucrania, la incertidumbre sobre la demanda china, las negociaciones nucleares con Irán, la revolución de esquistos en EEUU, la producción de Irak excediendo la Era Hussein y la incertidumbre sobre las exportaciones de Libia.
Después del derrocamiento de Gaddafi en octubre de 2011 por los rebeldes agrupados en el Consejo Nacional de Transición (CNT) -tras 8 meses de guerra civil y gracias al apoyo de la OTAN-, la situación de Libia ha ido evolucionando negativamente hasta casi convertirse en un Estado fallido. En los últimos 3 años, se ha convertido en una fuente de armas ilícitas, alimentando conflictos regionales e incluso el terrorismo en el Mediterráneo y el Sahel. Más de 2 millones de libios siguen en el exilio, muchos países han cerrado sus embajadas, las líneas aéreas han dejado de operar y la producción petrolera ha disminuido.
Las brechas sectarias han aumentado en un país poco cohesionado tras la experiencia colonial italiana (en las regiones de Tripolitania en el Oeste y Cirenaica en el Este) y francesa (región de Fezzam en el Sur), la posterior monarquía Sanusi, y el largo autoritarismo de Gaddafi. En consecuencia, no ha sido posible crear instituciones que superen estas barreras tradicionales (regionales y tribales), lo que redunda en la debilidad del actual gobierno.
En julio de 2012, Libia eligió el Congreso Nacional General (CNG) que sustituyó al CNT, y tenía como principal misión la redacción de una constitución en el plazo de un año. Empero, el CNG ha estado desbordado por las luchas internas, la corrupción y la acción de las milicias que se resisten a su desarme e integración a las fuerzas de seguridad. La falta de resultados ha llenado de ira y frustración a la mayoría de los libios. A finales de 2013, una ola de manifestaciones generó un llamado a elecciones legislativas y presidenciales anticipadas para junio de 2014.
Asimismo, en un esfuerzo por encarrilar la transición, se eligió la Asamblea Constituyente el 20 de febrero de 2014, sobre la base de la fórmula territorial de 1951 (20 miembros para cada  región), las cuales tuvieron muy baja participación producto del desencanto popular y la violencia. La Asamblea debe entregar un proyecto de Constitución en un plazo de 4 meses, para luego someterla a referéndum. Esto luce difícil por las diferentes visiones de árabes y beréberes, federalistas y nacionalistas, laicos e islamistas, así como las divisiones tribales.
Por otra parte, el bloqueo de las grandes terminales petroleras en el Golfo de Sirte (Es Sider, Ras Lanuf, Zueitina y Marsa al-Hariga) desde julio de 2013 por la milicia Barqa, para pedir mejoras salariales y autonomía para Cirenaica -que concentra dos tercios de la producción petrolera libia y que muchos entendieron como un llamado camuflado a la independencia-, ha causado la interrupción de buena parte de las exportaciones petroleras –98% de los ingresos nacionales- debilitando aún más el gobierno y la industria petrolera; justo cuando Libia se acercaba al nivel de producción anterior a la caída de Gaddafi: 1,6 millones de barriles diarios (MMBD). Según la OPEP, en octubre de 2013 la producción libia había descendido a 513 mil barriles diarios (MBD), mientras en marzo de 2014 se ubicó en 241 MBD.
El 11 de marzo de 2014, el conflicto se agudizó, cuando la milicia Barqa decidió vender sin autorización un primer cargamento de crudo al buque pirata de bandera norcoreana Morning Glory, en la terminal de Es Sider. El barco tuvo que ser rescatado finalmente por fuerzas especiales estadounidenses en Chipre, y el Primer Ministro Alí Zeidan fue removido del cargo. Asimismo, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 2146 (2014) presentada por EEUU el 19 de marzo, para prohibir la exportación ilegal de hidrocarburos desde Libia.
El pasado 6 de abril, ante la amenaza del uso del Ejército con el apoyo de fuerzas especiales de EEUU para reabrir las terminales, fue alcanzado un acuerdo mediante el cual el gobierno se comprometió a no usar la fuerza, a retirar acusaciones judiciales, así como pagar los salarios caídos de la milicia Barqa. A cambio, las terminales serían desbloqueadas. De acuerdo a la empresa petrolera libia NOC, a mediados de abril empezaron los despachos desde Marsa al-Hariga (capacidad 110 MBD), y a principios de mayo desde Zueitina (capacidad 70 MBD). La cuestión es: ¿Continuarán aumentando la producción y exportaciones de Libia?
En un escenario optimista o “Nueva Libia”, la producción y exportaciones petroleras se recuperan rápidamente como ocurrió después de la caída de Gaddafi, cuando -para sorpresa de muchos- la producción ascendió desde 86 MBD en septiembre de 2011 a 1 MMBD en enero de 2012, y desde allí hasta 1,4 MMBD en agosto de 2012. En este escenario, la producción aumentaría rápidamente hasta alrededor de 1 MMBD en el tercer trimestre de 2014; 1,4 MMBD en el tercer trimestre de 2015; y 1,8 MMBD en 2017. Aquí, la incorporación de 24 mil soldados y policías que están siendo entrenados por la Unión Europea y EEUU, para fortalecer al gobierno frente a las milicias y garantizar las operaciones petroleras, resulta clave. Libia recuperaría su prosperidad, lo que aunado a una nueva Constitución de corte federalista y la elección de nuevas autoridades, permiten estabilizar el país. El regreso del crudo libio al mercado petrolero presiona los precios a la baja, y coloca a la OPEP ante el reto de realizar ajustes.
En un escenario pesimista o “Somalización”, la producción y exportaciones no logran recuperarse. Libia se sumerge en una recesión económica, la nueva Constitución y las nuevas autoridades nacen débiles, las tendencias centrífugas se acentúan, y Libia se sumerge en el caos: un Estado fallido en el vientre de Europa.
@kenopina

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

miércoles, 7 de mayo de 2014

La visita de Putin a China: Agenda e implicaciones


Marianela Fernández

Estamos a días de la próxima visita del Presidente ruso Vladimir Putin a China, la cual es sumamente estratégica para Moscú, pues con ella busca tanto afianzar las relaciones bilaterales con Beijing, como también compensar la ruptura del G-8 y un eventual aislamiento.
En los temas de relevancia bilateral está la consolidación comercial, pues Putin buscará aumentar el suministro de gas a China, y en consecuencia, mejorar la relación económica y comercial entre ambos con el fin de lograr la meta ya planteada para el 2020 de superar los 200.000 millones de dólares en comercio bilateral -el doble de hoy en día. Otro de los temas que está por tratarse es el militar, pues tanto Putin como su homólogo Xi Jinping, han mencionado que buscarán garantizar la seguridad y la estabilidad en Asia y el resto del Mundo.
Esta visita se plantea formalmente luego de que Arkady Dvorkovich –hombre de confianza de Putin- fuese enviado a China a reforzar los lazos, mientras paralelamente estaba siendo anexionada Crimea, lo cual ha desatado una sucesión de sanciones a Moscú por parte de EEUU y la Unión Europea. No obstante, para Rusia, si Washington y Bruselas buscan con esto aislarla, no tiene problemas en buscar nuevos negocios y mayor acercamiento energético, político, militar y en general comercial con China, siendo esta visita la mejor evidencia.
Son muchas las visiones e intereses que Moscú y Beijing han tenido y tienen en común. Ambas potencias no sólo quieren equilibrar a EEUU, sino que buscan ser protagonistas de un Mundo multipolar. Beijing y Moscú también comparten su aversión a principios occidentales como la R2P (Responsibility to Protect), el cual llama a la Comunidad Internacional a evitar crisis políticas y humanitarias en cualquier país, pues es su responsabilidad proteger a los ciudadanos sin importar las fronteras. Además, Rusia y China tienen en común las fuertes críticas recibidas por incurrir en violaciones de los DDHH en sus propios territorios, además ambos suelen vetar conjuntamente resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU que impliquen intervenciones militares, que reconozcan a nuevos Estados, y otros temas sensibles para sus respectivas políticas domésticas.
Perspectiva rusa:
Ante esta visita no puede dejarse de lado la realidad que atraviesa Rusia por lo sucedido en Ucrania, a partir de la cual está siendo aislada. Moscú ha recuperado la simbólica Crimea, pero pierde las buenas relaciones que venía manteniendo con toda la Unión Europea, EEUU e incluso Japón, e incluso su exclusión del G-8 tras la cancelación de la Cumbre de este grupo en Sochi.
En consecuencia, un fortalecimiento de las relaciones entre Rusia y China –segunda economía mundial- con la visita de Putin a Beijing, mitigaría cualquier intento de aislamiento a Moscú, e incluso podríamos observar a partir de aquí un reimpulso de varias organizaciones regionales de gran importancia para ambos como la OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), con las que se tiene el objetivo tomar un papel preponderante en la gobernanza de Eurasia, así como un pivote de Rusia a Asia-Pacífico siguiendo el ejemplo de lo que ha intentado hacer la Administración Obama.
Sin embargo un signo poco alentador para Putin ha sido lo sucedido en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuando China se abstuvo ante el proyecto de resolución que anulaba el referéndum realizado en Crimea declarándolo inconstitucional e írrito; con esta votación evitó apoyar claramente las decisiones rusas, en consonancia con su política de no dejar precedentes aplicables a la situación que el gobierno chino mantiene con Taiwán, el Tíbet y Xinjiang. Por ello, es que China ante todo este conflicto se ha negado a tomar una posición contundente.
Para Moscú, China también implica una alternativa a lo que le está sucediendo con el resto del Mundo en materia energética. Rusia es un Estado dependiente de su exportaciones de hidrocarburos, y si bien es cierto que es el mayor suministrador de energía a la Unión Europea cumpliendo con casi un tercio de la demanda, y que esa interdependencia estaba alcanzando cifras impactantes; este año China ha superado a Alemania como el mayor comprador de gas ruso y ha aumentado sus compras de crudo, todo esto gracias a la apertura de los oleoductos Siberia Oriental-Océano Pacífico y Kazajstán-China, por los cuales pasan cada vez mayores cantidades de petróleo hacia el Este. Todo esto, sumado a los propósitos de la Unión Europea en general y Alemania en particular de ir reduciendo la dependencia energética –cuestión bastante difícil cabe destacar-, hace que la relación energética con China se haya constituido en cada vez más estratégica para Rusia.
Así, el aumento del suministro de gas natural ruso a China tendrá un lugar destacado en la agenda de Putin en Beijing, ya que después de años de negociaciones resulta probable el cierre del acuerdo con el que a partir del 2018, la principal empresa gasífera rusa Gazprom espera bombear a China alrededor de 38.000 m³/año. Asimismo, la principal empresa petrolera rusa Rosneft, tiene planteado triplicar el suministro de petróleo a China.
Finalmente, Moscú y Beijing pueden profundizar sus relaciones más allá de lo energético, como por ejemplo lo militar, donde Rusia aspira vender aviones de combate Sukhoi a China.
Perspectiva China:
El  Presidente chino Xi Jinping ha hecho de Rusia una prioridad en su política exterior, siendo de hecho el primer país en visitar una vez tomó posesión del cargo el año pasado. Hasta ahora ha realizado tres visitas a Rusia, incluida la realizada para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Sochi -a los que importantes líderes mundiales no asistieron, como los de Alemania, EEUU, Reino Unido, Francia y Canadá, debido a lo que sucedía en Crimea-, y también ha venido apoyando a Rusia en temas controversiales en la ONU, como Siria.
China también está pasando por momentos preocupantes, debido a que el uso del carbón le ha llevado a grandes niveles de contaminación y necesita una energía más limpia, la cual Rusia perfectamente podría suplir con el aumento del suministro de gas natural. Según la OMS, menos de una quinta parte de las ciudades chinas cumplen con los estándares de SO2 y NO2 en el ambiente y por su cantidad de pobladores es el mayor responsable de, por lo menos, una cuarta parte de las emisiones de CO2 y SO2 al ambiente. Por eso, lo más sano para China es alejarse del carbón, aunque esto traiga consigo una variedad de nuevos retos y problemas.
En cuanto al carbón, que hoy día representa el 30% del consumo global de energía aproximadamente, sigue siendo un producto del cual depende altamente China, con una tendencia que un gigante económico en evolución encuentra cada vez más difícil de controlar, pues su población está en un proceso de mejora del nivel de vida además de que el país sigue industrializándose, lo cual empuja continuamente el consumo de energía.
China espera convertirse en productor de gas natural, pero eso no le será suficiente para abastecerse, y por ello deberá recurrir a las importaciones, las cuales podrían aumentar a raíz de esta visita de Putin. Así que los rumores del cierre del acuerdo de suministro con Gazprom no son inverosímiles ni apresurados. Existen intereses muy fuertes de ambas partes, pero no todo es absolutamente favorable: China ha endurecido su posición y quiere precios preferenciales. Beijing si bien necesita de la alianza tal como fue señalado anteriormente, se encuentra en una posición más holgada después de Crimea, por lo que pretende sacar provecho y presionar más a Rusia.
Por último, China está altamente interesada en invertir en Rusia en varias áreas: energética, militar, infraestructura y materias primas. Esto implicaría una compensación para Rusia a la reducción de los negocios con Occidente, pero podría ir obligando a Moscú a darle tratos preferenciales a Beijing en diversas áreas.
Conclusiones:
La visita parece pintar muy bien, puesto que ambos países quedarían muy satisfechos con acuerdos y acercamientos, ya que son muchas cosas las que unen a Rusia y a China. No obstante, eso no es excluyente al hecho de que China va a aprovechar el momento de vulnerabilidad en el que se encuentra hoy Rusia para alcanzar concesiones en la mesa de negociación e ir cultivando una dependencia económica rusa frente a Beijing. Putin comprende muy bien que no todo será como espera, y que detrás de la cordialidad de su homólogo asiático, se esconde el peligro de irse convirtiendo en una periferia de la economía china.