jueves, 4 de abril de 2013

El ascenso del Sur: ¿sostenible o en la cúspide?


María Fernanda Hernández

Asia y América Latina son regiones parte de los llamados “ascendentes del Sur”, según lo catalogó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su informe anual sobre Desarrollo Humano “El ascenso del Sur: Progreso Humano en un Mundo diverso”, donde se habla del crecimiento del Sur, el cual puede mantenerse sostenible o simplemente haber llegado a la cúspide de sus posibilidades.
Las estrategias que desarrollen actualmente estas regiones determinaran indirectamente la sostenibilidad de su auge. Las regiones del Sur, coinciden en algunas características de su status quo, pero al mismo tiempo guardan entre sí diferencias profundas en sus estrategias –o muchas veces, en la presencia y ausencia de planes estratégicos-, lo que generan una amplia grieta a nivel de sus proyecciones de desarrollo.
Una región milenaria como Asia, luego de recuperar su autonomía en el siglo pasado, se encuentra hoy en día llena de prosperidad económica, tigres e innovación, pero también tiene rivalidades geopolíticas y barreras. Sin duda, es el nicho de potencias consolidadas y emergentes, con una capacidad productiva bastante envidiable. Para nadie es un secreto que existe una gran concentración de países en el Sur y Este de  Asia que han generado un foco de tecnología y han desarrollado estrategias de inversión a largo plazo.
América Latina es parte de este Sur en propulsión, luego de superar desde guerras de guerrillas, fuertes crisis económicas y dictaduras brutales. Hoy en día, es una región que tiene -a pesar de algunas excepciones- una amplia estabilidad política y sistemas democráticos consolidados, prosperidad económica y diversos mecanismos de integración, siendo muchas veces envidiada por su “suerte” -recordemos su exitosa gestión e impacto casi nulo de la crisis económica mundial del 2008-. Aunque América Latina posee en común con Asia la prosperidad económica y las múltiples barreras existentes, no posee tigres ni innovación.
Sin embargo, es utópico augurar escenarios sin obstáculos que superar para estas regiones. Ante desafíos transnacionales –erradicación de la pobreza, disminución de la desigualdad, la seguridad ciudadana o el Cambio Climático- no hay una vía más efectiva que la cooperación y la integración regional -como primer paso- e internacional como el ideal.
Si bien es cierto que para Asia, el proceso de integración regional se ha venido desplegando con elementos –como lo son la eficiencia y el pragmatismo de sus acuerdos y mecanismos- que han catapultado diversos grados de desarrollo económico en los distintos países, esto no es sinónimo de un aumento asegurado de desarrollo humano en todas las regiones del continente. Podemos visualizar esta afirmación en la reciente aprobación de nuevas normativas por parte del Ministro de Educación del movimiento islamista Hamas, quienes gobiernan la Franja de Gaza en Oriente Próximo; normas las cuales impedirán que los hombres impartan clases a las niñas de las Escuelas y se dividirán a los niños de las niñas al cumplir los nueve años. 
En el caso de América Latina, observamos una región con países que se encuentra en una permanente carrera de relevo que promueve el enfoque a resolver coyunturas domésticas y no encargarse de un trabajo estructural. Además, existen elementos básicos que mitigan el proceso de integración con visión de desarrollo, y uno de los principales son las diferencias de los modelos ideológicos que debilitan u obstruyen los distintos mecanismos de integración que han sido creados. Es menester destacar que con la reciente desaparición física de Hugo Chávez, este elemento a nivel regional ha perdido fuerzas y quienes esperaban que el Presidente Correa pudiese liderar de manera similar la ALBA, se quedaron con mucho que desear con el resultado de la propuesta de reforma del Sistema de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la OEA; situación que resulta entendible, con la falta de los niveles de carisma y acceso a recursos similares a los que poseía el finado Presidente venezolano.
No cabe duda que los contextos de estas dos regiones que describimos se encuentran en proceso evolutivo -seguramente hace veinticinco años, en términos de desarrollo humano, Polonia en medio de la escasez, el comunismo y la pobreza no imaginaba que algún día iba a estar a la altura de la Unión Europea-. La diferencia entre el grado de prosperidad que pueda alcanzar cada región, radicará en la efectividad de las estrategias de promoción del desarrollo y mecanismos de integración que se apliquen.
Si nos ubicamos desde una perspectiva a largo plazo, definitivamente el principal reto a superar para el continente asiático, será penetrar la barrera cultural que mitiga el proceso integrado de crecimiento, donde se pueda generar una ampliación de las capacidades tecnológicas e inversión en educación al resto del continente, que aumente aún más la productividad y despliegue un amplio y fuerte bloque regional. Por otra parte, para América Latina es vital un cambio en los modelos de desarrollo que se han venido aplicando, y diseñar planes para el progreso en el área de innovación; debido a la ausencia de oportunidades, la gran mayoría de los profesionales prefieren invertir sus conocimientos en países que no solo valoren sus capacidades, sino que puedan ofrecerles un alto nivel de calidad de vida, convirtiéndose esto en una profundad perdida no sólo de capital, sino de talento humano.
Será cuestión de tiempo y políticas aplicadas, las que nos darán respuesta de si este auge del Sur se convertirá en sostenible, o si simplemente muchas de estas regiones ya encontraron la cúspide de sus posibilidades.

miércoles, 3 de abril de 2013

¡Debate sí, injerencia no!


Dr. Kenneth Ramírez

Debatir es siempre un ejercicio necesario en democracia; sobre todo cuando los debates se hacen desde el respeto a la diferencia y con argumentos, en lugar de simples descalificaciones al adversario. En este sentido, y en una campaña presidencial tan corta como la actual, los venezolanos merecemos un debate entre los candidatos Nicolás Maduro y Henrique Capriles sobre los principales aspectos que interesan al electorado: seguridad ciudadana, economía, asuntos sociales y política exterior.
Aunque se asume que la política exterior no genera votos, hoy por hoy, es un tema que se utiliza casi cotidianamente en el discurso político. Lo peor no solamente es la manera equívoca en la cual generalmente se utiliza, tratando de subrayar las bondades de tal o cual país y dividiendo falsamente el Mundo entre buenos y malos a partir de una determinada ideología; sino la injerencia a la que nuestra polarización política interna invita a terceros actores.
En este sentido, el video enviado por el Ex-Presidente brasileño Lula da Silva para la clausura de la reunión del Foro de Sao Paulo en Caracas que ha sido transmitido por el sistema de medios públicos, donde después de dar testimonio de sus experiencias con el Ex-Presidente Chávez y Nicolás Maduro, concluye diciendo “Maduro Presidente es la Venezuela que Chávez siempre soñó”; constituye una descarada injerencia en nuestros asuntos internos como quizás no se había visto nunca en una campaña electoral. Un video hecho específicamente para hacer proselitismo político.

Esto es absolutamente inadmisible, y llama mucho la atención que no haya sido rechazado por ninguna de las autoridades de los poderes públicos. Recordemos que hace quince días, la Presidenta del CNE rechazó por “injerencista” e “irrespetuosas” las declaraciones de la Sub-Secretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, por sólo pedir que las elecciones del 14-A se celebren “con los altos estándares democráticos del Hemisferio”. Sin embargo, en el caso del video de Lula, se apoya abiertamente la candidatura de Nicolás Maduro, lo cual a nuestro juicio es aún más grave, y no ha generado aún reacciones oficiales.
Nuestra soberanía debe hacerse respetar. Aquí no caben medias tintas ni doble moral. Toda injerencia es objetable venga de donde venga, ya sea desde Brasil, EEUU, Colombia o Cuba. El Ex-Presidente Uribe es otro actor que se ha dado a la tarea de emitir opiniones sobre asuntos que no son de su incumbencia; y debemos hacer memoria sobre las desafortunadas declaraciones injerencistas emitidas por Raúl Castro en la Cumbre de la CELAC celebrada a finales de enero pasado en Santiago de Chile.
La política exterior venezolana durante la Era Chávez polarizó América Latina, y todas estas acciones muestran que aún allí se encuentran sus repercusiones. Sin embargo, a quien compete decidir entre las candidaturas políticas en liza, es a los venezolanos. La injerencia en nuestros asuntos internos debe cesar.
En lugar de ello, consideramos de importancia que Nicolás Maduro y Henrique Capriles vayan a un debate de altura sobre los grandes temas que interesan a los venezolanos, incluyendo la política exterior. Resulta preferible un debate entre venezolanos que aceptar un intervencionismo vergonzoso.
Ningún país o actor es ingenuo ni absolutamente benigno. Todos tienen sus intereses. En este sentido, la injerencia del Ex-Presidente brasileño y miembros del Foro de Sao Paulo en nuestra campaña electoral, se ha hecho en función de determinados intereses, no de ninguna “solidaridad” inocua o principios abstractos. El gobierno de Venezuela en la última década ha financiado y respaldado a los grupos de este Foro político transnacional. También ha beneficiado indirectamente a los intereses de Brasil con la política exterior de corte ideológico que ha desplegado. Nuestra Cancillería no parece haber caído en cuenta, que mientras los venezolanos nos llevamos los costos de un enfrentamiento abierto con EEUU en la región, Brasilia ha ido construyendo un espacio de influencia como potencia emergente y se ha erigido en árbitro regional, haciendo tratos o discrepando con Washington en función de sus intereses, no por apriorismos ideológicos. Por otra parte, bien es sabido el rol del Ex-Presidente Lula como promotor de los intereses de la empresa brasileña Odebrecht en Venezuela.
Lo más indignante, es que cuando el Ex-Presidente Chávez intentó reunirse con la actual Presidenta Dilma Rousseff durante la campaña electoral brasileña en 2010, ésta evitó reunirse con él a pesar de las simpatías políticas e intereses compartidos. El orgullo de Brasil no podía ponerse en juego. Además, al electorado brasileño podría no gustarle que el líder de un “país simple que sólo tiene petróleo” -como se refirió irrespetuosamente la Presidenta Rousseff respecto a Venezuela en aquella campaña-, se inmiscuyera en sus asuntos internos.
¡Sí al debate, no a la injerencia! Venezuela, al igual que Brasil, merece respeto. Es bueno que nuestros nuevos socios del MERCOSUR lo tomen en cuenta.
Nicolás Maduro fue canciller del Ex-Presidente Chávez por seis años, así que nadie mejor que él para exponer y defender su visión, objetivos y acciones en materia de política exterior. Debido a esta experiencia, y a pesar de su inexistente formación técnica en materia de Relaciones Internacionales, llevaría teóricamente ventaja frente a Henrique Capriles en este asunto, y no debería rehuir al debate.
Los venezolanos merecemos un profundo y rico debate sobre valores, objetivos, intereses, medios, estrategia y posición de Venezuela en el Mundo, que contribuya a desarrollar una política exterior de Estado coherente y eficaz a largo plazo, la cual debe tomar en consideración los cambios extraordinarios que ha experimentado el sistema internacional en la última década y redundar en beneficios para todos los venezolanos.
Acercar posturas teniendo todo esto en mente, disminuir la demagogia, combatir el injerencismo y construir paulatinamente un consenso en materia de política exterior entre los principales actores políticos y de la sociedad civil, es una tarea de urgencia para Venezuela, la cual debe empezar con intercambios de ideas desde el respeto y la razón.
En consecuencia, me pronuncio a favor de un debate y rechazo rotundamente las injerencias vengan desde donde vengan. Ni Lula, ni el Foro de Sao Paulo, ni EEUU, ni Uribe, ni Cuba, tienen vela en este entierro; y deben abstenerse de intervenir en nuestra campaña electoral. Este es un asunto de venezolanos, y es a nosotros mismos a quien corresponde legítimamente opinar, actuar y decidir.

lunes, 1 de abril de 2013

Los recortes fiscales y su impacto en el uso del poder duro de EEUU


Victor Hugo Matos
El poder duro (en inglés, Hard Power) es un concepto de uso común en las relaciones internacionales que describe la capacidad de un Estado de imponer sus necesidades estratégicas a otro mediante el uso de una diplomacia de carácter ofensivo y de su propio poder militar. Es un hecho en sí mismo, que el poder duro ha sido la base de la política exterior estadounidense desde finales de la Guerra Fría, alcanzando su mayor auge durante el período conocido como “Guerra contra el Terrorismo”.
 
No obstante, la crisis económica del 2009 ha terminado por poner en duda la viabilidad del poder duro como elemento predominante en la política exterior de EEUU, como ya ha hecho con las perspectivas positivas que rodeaban la integración europea. La necesidad de revitalizar la economía, ha llevado a las elites políticas estadounidenses a repensar como lidiar con los conflictos internacionales de forma más selectiva, sobre todo en un momento donde los recortes presupuestarios acordados en el Congreso estadounidense reducen el margen de maniobra del gobierno de EEUU en el exterior.
 
Recordemos que el Presupuesto de 2013 estipula un gasto de defensa de 633 MMM$, una reducción importante desde los 728 MMM$ contenidos en el Presupuesto de 2012. Además, la Administración Obama ha planeado reducir en 487 MMM$ el gasto de defensa en la próxima década. Todo ello, reflejando el final de la “Década de Guerras” y dando prioridad a la región Asia-Pacífico. A todo esto debe sumarse, el impacto de los recortes automáticos de gastos (en inglés, sequester) han generado un impacto adicional de 47 MMM$, el mayor recorte del gasto de defensa en la historia de EEUU.
 
La necesaria adaptación que tales circunstancias exigen, no ha tardado en darse en la forma como se enfoca la utilización de los instrumentos diplomático y militar, lo que ha sido favorecido por la Administración Obama. En el aspecto diplomático, EEUU ha decidido cambiar el unilateralismo como principio de su comportamiento internacional que había mantenido desde el 11-S, por una aproximación conjunta, fortaleciendo sus relaciones con países aliados y buscando que la nueva arquitectura internacional sea construida no por EEUU en solitario sino en conjunto con otros Estados para poder repartir la carga que esto implica; una aproximación, que es compatible con el concepto del “gobierno de los más capaces” -en vez del gobierno de un Hegemón- propio defendido por el Neo-liberalismo en el marco de la Teoría de las Relaciones Internacionales.
 
En la perspectiva de la seguridad,  también se observa un cambio importante, dado que por un lado el concepto de conflicto se ha transformado, generando la necesidad de operaciones quirúrgicas y encubiertas para cumplir con un objetivo especifico, por encima del despliegue convencional de grandes contingentes de tropas; y por el otro lado han variado los criterios sobre los elementos que se consideran amenazas para la seguridad nacional dentro de la comunidad militar y de inteligencia de EEUU. Ambos factores, han obrado en tal sentido, que el Pentágono en conjunto con el Consejo de Seguridad Nacional, han comenzando a estudiar cómo adaptar los 5 componentes de las Fuerzas Armadas estadounidenses y las agencias de inteligencia para los conflictos de las próximas décadas.
 
Lo destacable de todo esto, es que el giro en la política exterior estadounidense ha tenido replicas en la forma en que las alianzas se forman o actúan, como el caso del reacomodo dentro de la OTAN para reequilibrar la distribución de fuerzas, y el renovado Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico, que si bien es una alianza economica, tiene ramificaciones politicas y de seguridad; todo lo cual se acopla bien a  esta nueva visión sobre el papel de EEUU en el Mundo.

sábado, 30 de marzo de 2013

Belicosidad y locura: la estrategia de Corea del Norte


 
Dr. Kenneth Ramírez
La estrategia de Corea del Norte es una combinación de belicosidad y locura calculada. En 2013, dos eventos han ejemplificado cada faceta de esa estrategia. Pyongyang mostró su belicosidad el 12 de febrero de 2013, cuando detonó un dispositivo nuclear subterráneo por tercera vez –las primeras dos ocasiones fueron en 2006 y 2009. Días antes, el 7 de marzo de 2013, el único aliado importante del país, China, votó a favor de imponerle nuevas sanciones a Pyongyang en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que demostró el aislamiento internacional de Corea del Norte. En respuesta, Pyongyang anunció recientemente la suspensión del armisticio que puso fin a la Guerra de Corea en 1953 y se declaró en “estado de guerra” con Seúl; una muestra del citado elemento de locura en su estrategia.

Estos dos elementos – belicosidad y locura - forman una estrategia racional coherente. El objetivo principal de Corea del Norte es la preservación del régimen comunista.

Demostrando belicosidad –por ejemplo, pareciendo estar cerca de tener capacidad nuclear militar completa- invita a otros países a la prudencia. Recordemos que Corea del Norte tiene suficiente plutonio para construir entre 6 y 8 ojivas nucleares, y centrifugadoras operativas para enriquecer uranio. A pesar de ello, los informes señalan que Pyongyang no tiene aún un arma nuclear construida que pueda lanzarse y detonarse, sino únicamente dispositivos nucleares de baja intensidad que no pueden utilizarse en un conflicto. No sabemos con certeza por qué Pyongyang no ha dado el paso de construir al menos un arma nuclear. Lo que si sabemos con seguridad por las últimas pruebas realizadas, es que sus misiles no son confiables; además, puede que haya problemas con la construcción de sus ojivas nucleares.

Asimismo, pretendiendo locura – por ejemplo, amenazando con convertir en un “mar de fuego” a las ciudades de EEUU y Corea del Sur-, Corea del Norte intenta parecer completamente impredecible, lo que obliga a todos a ser cautos. Los dos elementos, belicosidad y locura, trabajan juntos para limitar las acciones de otros Estados.

Hasta ahora, Corea del Norte ha actuado dentro de los parámetros de esta estrategia. Ha realizado pruebas nucleares y misilísticas, y ha amenazado con desencadenar las hostilidades en la Península Coreana en más de una ocasión. Incluso, las más graves y provocadoras acciones pasadas, como el hundimiento de la fragata surcoreana “Cheonan” en marzo de 2010 y el bombardeo de la isla surcoreana de Yeonpyeong en noviembre del mismo año, fueron compatibles con su estrategia.

Esta vez, la razón de Corea del Norte para instigar una nueva crisis es el joven líder Kim Jong-un, el cual busca fortalecerse, demostrar que tiene el poder en sus manos y que continuará con la estrategia de su padre Kim Jong-il.

Kim Jong-un tiene sólo 30 años de edad, y muchos fuera de Corea del Norte dudan de su capacidad para liderar el régimen –quizás también algunos lo hacen secretamente dentro del país-. Una manera de demostrar su autoridad es orquestar una crisis internacional como la actual, que involucra a EEUU, Corea del Sur, Japón, China y en menor medida a Rusia; la cual busca afirmar a Kim Jong-un en el escenario internacional, así como conducir a la apertura de negociaciones para levantar al menos parte de las sanciones impuestas a Corea del Norte y obtener cooperación económica internacional.

El régimen de Corea del Norte comprende las potencialidades y límites de su estrategia de belicosidad y locura; y por ello, ha sido muy firme y consecuente en el ejercicio de la misma. A pesar del hecho de que el joven Kim Jong-un formalmente gobierna el país, el régimen norcoreano es un conjunto complejo de instituciones e individuos -el Partido de los Trabajadores, los militares y la familia Kim- que tienen la capacidad de dar forma y controlar el comportamiento del joven líder. De hecho, algunos consideran una suerte de regente al tío político de Kim Jong-un, Jang Sung-taek –casado con la General Kim Kyong-hui, hermana del finado líder Kim Jong-il-, quien ocupa actualmente los cargos de Vicepresidente de la Comisión de Defensa Nacional y Jefe del Departamento Administrativo Central, teniendo por tanto fuerte ascendencia sobre las Fuerzas Armadas y la Policía Secreta.

En consecuencia, todo parece indicar que poco va a cambiar. EEUU hará hincapié en la ferocidad potencial de Pyongyang, reforzará sus alianzas asiáticas y enfatizará la necesidad de una vigilancia extrema. China entenderá que los norcoreanos son agresivos pero débiles, y seguirá jugando un rol diplomático central en esta cuestión como principal aliado del régimen norcoreano, intentando reafirmar su control sobre el mismo. Rusia buscará aprovechar el asunto para obtener prestigio como potencia global en el marco del diálogo a “seis bandas”. Y la mayoría de la Comunidad Internacional, no tendrá en cuenta realmente la amenaza de Pyongyang de reanudar la guerra en la Península Coreana, pero hará votos por una salida diplomática.

No obstante, China se encuentra cada vez más frente a un dilema estratégico: tolerar las acciones de Pyongyang en contra de sus intereses como potencia en ascenso; o retirar su ayuda económica al régimen norcoreano lo que implicaría su final. China como potencia en ascenso busca consolidar Asia Oriental como su esfera de influencia exclusiva, y por tanto, desea que EEUU preste poca atención a la región y se retire a largo plazo de la misma. Empero, las acciones de Corea del Norte logran justamente lo contrario: justificando el “pivote al Pacífico” de la Administración Obama. Por ello, el pasado 7 de marzo, China escogió enviar una clara advertencia a Corea del Norte, cuando su Ex-Ministro de Relaciones Exteriores y actual Consejero de Estado, Yang Jiechi, votó como señalamos a favor de imponerle nuevas sanciones en las Naciones Unidas, pero afirmó que su país seguía comprometido con la supervivencia de Pyongyang.

Como vemos, la reanudación de la Guerra de Corea, no es algo que ninguna potencia global o actor regional realmente quiera. En el peor de los casos, esta vez puede haber un nuevo ataque menor fronterizo a Corea del Sur, lo cual implicaría dar continuidad a la estrategia de belicosidad y locura desplegada por Corea del Norte en los últimos años.

Afortunadamente, una vez más, no habrá guerra en la Península Coreana; a pesar de la retórica belicista de Pyongyang y el alarmismo de algunos analistas.

martes, 26 de marzo de 2013

La visita de Xi Jinping a Moscú: De la desconfianza al beneficio mutuo


Marianela Fernández

El Secretario General del Partido Comunista Chino y desde hace poco Presidente de la República Popular, Xi Jinping, realizó recientemente su primera visita de Estado a Moscú, lo cual ha reafirmado la importancia estratégica de la relaciones sino-rusas.
 
El Presidente Xi decidió reunirse primeramente con el Presidente Putin -al igual que lo hizo su antecesor Hu Jintao en 2003-, comprendiendo que Rusia es vital para los intereses de China en una amplia gama de temas de política internacional: desde la búsqueda de un equilibrio frente a EEUU hasta la cooperación política en Asia Central, Medio Oriente y Asia-Pacífico, así como para el fortalecimiento de la seguridad energética china.
 
El resultado concreto de esta visita, fue la firma de una serie de acuerdos que han profundizado la cooperación energética y prometen impulsar el comercio bilateral hasta los 150 millardos de dólares anuales en la próxima década. En virtud de estos acuerdos, China tendrá un mayor acceso a los hidrocarburos rusos -cuando las estadísticas apuntan que se convertirá en primer importador de petróleo a nivel mundial este año-; mientras que abrirá a Rusia otro mercado para sus exportaciones de petróleo y gas natural distinto a la Unión Europea.
 
Rosneft -la gigante empresa petrolera nacional rusa- ha acordado incrementar sus exportaciones de crudo a China desde 300 MBD en 2012 hasta 1 MMBD en 2018, transformándose en uno de los principales proveedores de crudo del gigante asiático. Además, el acuerdo ha implicado un préstamo por 2 millardos de dólares del Banco de Desarrollo de China –respaldado con suministro de crudo a 25 años- para Rosneft, que se encuentra en un proceso de adquisición de la empresa petrolera anglo-rusa TNK-BP por 55 millardos de dólares.
 
Otro acuerdo ha implicado la apertura de varias áreas rusas a China para la exploración conjunta de petróleo y gas. Así, CNPC se ha asociado en 3 bloques costa afuera con Rosneft en el Mar de Barents y el Mar de Pechora en el Ártico ruso; en 8 bloques en tierra; y en el proyecto Sakhalin-3 en el Lejano Oriente ruso. Por último, Rosneft y CNPC convinieron construir una refinería con una capacidad de 260 MBD y un complejo petroquímico asociado en el puerto chino de Tianjin, alimentadas con petróleo ruso.
 
Por su parte, la empresa gasífera nacional rusa Gazprom, firmó un Memorándum de Entendimiento con CNPC con miras a elevar el suministro a China mediante la construcción de un nuevo gasoducto, que permitiría un volumen adicional de 38 millardos de metros cúbicos (BCM) de gas/año desde los campos de Siberia Oriental en 2018. En ese año, las exportaciones de gas ruso a China se elevarían hasta 60 BCM/año. El documento final tiene previsto firmarse a finales de 2013, ya que subsisten diferencias en torno al precio de venta.
 
Estos acuerdos buscan mejorar el estado actual de las relaciones bilaterales, que si bien son cordiales y se basan en intereses comunes, han tenido un trasfondo de desconfianza. De hecho, la percepción de Moscú sobre China en los últimos años, ha estado dominada por la idea de que Beijing considera a Rusia como una mera mina de recursos naturales, y no como un socio estratégico. Esto ha generado ciertos obstáculos implícitos en la negociación para el suministro de gas natural a largo plazo con Gazprom. Al respecto, el Presidente Xi se esforzó en Moscú por transmitir la idea de una relación de “beneficio mutuo”, donde Beijing invertirá considerablemente en la aletargada economía rusa, sobre todo en el sector energético y tecnológico, y favorecerá el diálogo político de alto nivel.
 
Lo innegable es que llevar a cabo el proyecto del gasoducto le abriría a Rusia un importante mercado por dos razones base: China demanda cada vez más energía, y por otro lado, la demanda europea se ha ido debilitando por la crisis económica y la búsqueda de diversificación de suministros. Entonces, a través del fortalecimiento de las relaciones energéticas y comerciales, y teniendo en cuenta los intereses comunes de ambos Estados en diferentes temáticas geopolíticas, ambos actores pueden aprovechar esta oportunidad para fortalecer su alianza estratégica y presentar un frente de mayor peso para balancear a los EEUU. Recordemos que el “pivote al Pacífico” del Presidente Obama y su falta de interés con Rusia en los últimos años, han creado descontento en Beijing y Moscú respectivamente; además de las discrepancias diplomáticas que se han presentado entre Washington y las dos potencias de Eurasia en temáticas diversas como Corea del Norte, Siria y el programa nuclear de Irán.
 
En este sentido, se puede considerar que EEUU ha menospreciado el papel que Rusia juega -o pretende jugar- en la región del Asia-Pacífico, así como su importancia para balancear a Washington junto con una China que carece de aliados de peso. Por estas razones, se puede considerar un error del Presidente Obama no haber realizado una vista a Moscú desde 2009, y un acierto chino el volver a hacerlo tras el relevo de la cúpula dirigente en el Zhongnanhai. Asimismo, hay que considerar que la expansión del sistema de defensa anti-misiles estadounidense en Asia puede convertirse en un factor catalizador extra para la consolidación de la alianza entre Moscú y Beijing.
 
EEUU debe tener en cuenta que a pesar de las importantes relaciones que guarda con la segunda economía global, hay intereses vitales que ésta última no puede abandonar, y esos intereses no son precisamente económicos, ni vinculan algún tipo de contrato comercial; son intereses geopolíticos que colocan a Rusia como aliado lógico para hacerle contrapeso a EEUU en Asia-Pacífico, ante cualquier discusión que se diera en el Consejo de Seguridad, pero sobre todo ante conflictos territoriales como la disputa que China mantiene con Japón por las islas Senkaku/Diaoyu.
 
Las relaciones China-Rusia están alcanzando una etapa muy positiva, como nunca desde la primera etapa de la Guerra Fría. Rusia ve en China un aliado casi natural por tener visiones similares en cuanto a temas geopolíticos tan importantes como los ya mencionados; lo cual es una realidad no una percepción. Además, Rusia es el aliado que China debe consolidar para equilibrar a EEUU, razón por la cual la visita de Xi Jinping a Moscú revistió tanta importancia.
 
Después de Moscú, tanto el Presidente Xi como el Presidente Putin se encontrarán nuevamente ante la V Cumbre de Líderes de los BRICS que se llevará a cabo en Durban (Sudáfrica) entre el 26 y el 27 de marzo de 2013, donde ambos seguirán consolidando su alianza estratégica bilateral, la cual se traduce en un Mundo que para ellos sea más equilibrado y justo, o en otras palabras, con menor dominio estadounidense.

lunes, 25 de marzo de 2013

La dimensión internacional de la muerte de Chávez


Dr. Kenneth Ramírez

Durante la última década, Hugo Chávez fue una figura tanto central como controversial en los asuntos latinoamericanos. Reflejo de ello fue el aluvión de condolencias recibidas, la amplia cobertura de los medios de comunicación a nivel global, así como la nutrida asistencia de líderes internacionales a sus funerales.
Hugo Chávez nunca vislumbró su proyecto como meramente nacional. Desde su visión, era necesario traspasar las fronteras para ofrecer una resistencia coordinada a las fuerzas del capitalismo global dirigidas, a su entender, desde EEUU: el ubicuo “Imperio”. Para lograrlo, primero revitalizó la OPEP, cambió la legislación petrolera y se aseguró el control de PDVSA, aumentando así la capacidad económica disponible de su gobierno. A partir de allí, desplegó una ambiciosa proyección internacional basada en abundantes petro-dólares y su liderazgo carismático. En sus 14 años en el Palacio de Miraflores, ingresaron alrededor de 383 millardos de dólares por concepto de renta petrolera. Los petro-dólares venezolanos reforzaron el carisma de Chávez, y lo mismo ocurría en sentido inverso.
Chávez podía en efecto levantar toda clase de pasiones. Desde involucrar emocionalmente a líderes tan disímiles como Uribe, Lula, Fox, Morales o el Rey de España, hasta sacar lágrimas de seguidores y dirigentes de países tan lejanos como Bielorrusia, Palestina e Irán. Gracias a ese carisma tan particular, a su elocuencia discursiva y capacidad de convicción, logró envolver a diversos países en un proyecto contra-hegemónico frente a EEUU, sus aliados y empresas transnacionales. Pero el discurso no iba vacío, sino acompañado de mucho dinero en efectivo o suministro petrolero.
A la renovada cohesión de la OPEP tras la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Caracas en 2000, se sumó el fuerte crecimiento de la demanda petrolera de China en 2004, lo cual llevó el precio del petróleo a niveles iguales o superiores a 100 $/Bl. Esto fue  aprovechado por el Presidente Chávez, para acumular recursos útiles en la proyección internacional que diseñó. De ese modo, implementó medidas que iban desde el apoyo petrolero –alrededor de 400 MBD- y financiero a los países ALBA -principalmente Cuba-, los países PETROCARIBE, Argentina y el resto de la región; hasta el polémico respaldo con diesel al gobierno de Assad en la guerra civil siria o el apoyo diplomático a Irán y su programa nuclear. Además, se lanzaron programas de asistencia social internacional que fueron a financiar incluso a familias necesitadas de combustible para calefacción en EEUU a través de CITGO.
Con este alto perfil a nivel internacional, Chávez buscó obtener protagonismo, impacto y capacidad de influencia en distintos países y regiones del Mundo, siempre en aras de oponerse a la política estadounidense, a sus intereses y al capitalismo global; así como esquivar las críticas o eventuales sanciones internacionales por el modelo de democracia iliberal que fue instaurando paulatinamente en Venezuela. Todo esto, sin dejar de vender petróleo a Washington, incluso en plena guerra de Irak cuando pudo haber hecho mucho daño a la seguridad energética de EEUU. Negocios son negocios…
Respecto al llamado “socialismo del siglo XXI” en América Latina, es impensable decir que nada cambiará. En principio faltará Hugo Chávez como líder carismático, capaz de influir en las mentes y corazones de muchos en los foros internacionales. Faltarán las pasiones que levantaba. Seguramente también faltará la base política y la capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a un mismo proyecto alternativo. Rafael Correa cuenta con la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltarán los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba deberá ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro.
Empero, eso no implica que ciertas cosas se transformen radicalmente de manera inmediata. Por lo pronto, lo que sí quedará presente en la región, es la valoración por parte de los países ALBA, y en menor medida de Argentina, Uruguay y Brasil, de que resulta necesario equilibrar de manera coordinada la voluntad de Washington, y que eso no puede cambiar tras la ausencia de Chávez. Quizás Brasil terminará consolidando su liderazgo sobre toda la izquierda latinoamericana, lo cual puede cristalizarse en un eventual segundo período de Dilma Rousseff –quien actualmente lidera las preferencias electorales de cara a las elecciones de 2014.
Sin embargo, hay que enfatizar que Venezuela misma no necesariamente pasará de un alto perfil internacional a un repliegue absoluto. Evidentemente, los escenarios dependen del resultado de las elecciones del 14-A, las cuales según las últimas encuestas, probablemente serían ganadas por el Presidente Encargado Nicolás Maduro. En caso de que estos pronósticos se confirmen, el propio Nicolás Maduro buscará asumir el liderazgo internacional que deja el Presidente Chávez, ya sin la figura y sin el carisma de aquél; pero aún con recursos económicos que resultan cruciales para los países de la ALBA, y con el conocimiento de los líderes de la región y la política exterior de Chávez –al haber sido su Canciller por seis años.
En este escenario, lo que habremos de ver en los años que siguen, será el intento por parte de Nicolás Maduro por aglutinar en torno al legado de Chávez a los países ALBA, intentando demostrar que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En cambio, los adversarios de los países ALBA, que no son pocos, intentarán demostrar lo contrario.
No obstante, también podríamos empezar a observar a una Venezuela relativamente menos volcada a lo externo. Esto debido a la imperativa necesidad de un nuevo gobierno encabezado por Nicolás Maduro de atender una complicada agenda doméstica, a saber: la restructuración del gobierno y el proyecto político ahora sin Chávez, la gestión de una transición política ordenada y la necesidad de conservar la unidad al interior de la élite política chavista; así como resolver los problemas económicos inmediatos y fortalecer la capacidad de producción de PDVSA. Si este es el caso, la política exterior venezolana podría moderarse, la ALBA perder importancia frente a MERCOSUR/UNASUR como mecanismo de relacionamiento externo, y podría alcanzarse una relación con EEUU basada en el respeto mutuo y el pragmatismo.
Existe otro escenario, hoy por hoy menos probable según las encuestas, pero igualmente posible. En el caso de que fuese Henrique Capriles Radonsky quien ganase las elecciones, seguramente las cosas cambiarían no sólo en lo interno, sino también en lo externo. Muy probablemente, en este escenario, Venezuela transitaría hacia una relación de mayor cooperación con EEUU, y reduciría al mínimo sus relaciones con Cuba, además de abandonar la ALBA. Las relaciones con Brasil y Argentina mantendrían un buen nivel por motivos pragmáticos. No sería recomendable en este escenario, que Venezuela se retire de MERCOSUR para re-ingresar a la CAN, que hoy por hoy, no es un mecanismo de integración privilegiado por el resto de sus Estados miembros, e implicaría nuevos costos para el país. En lugar de ello, se debería  buscar profundizar los mecanismos de adaptación y re-negociar aspectos puntuales que sean lesivos a nuestros intereses.
Independientemente de los resultados de las elecciones del 14-A, resulta deseable que Venezuela logre reactivar su producción petrolera –estancada en los últimos años-, manteniendo la cohesión de la OPEP y el diálogo con los países consumidores; lo cual supondría apuntar a una política prudente y equilibrada, que defienda adecuadamente nuestros intereses como país productor y mantenga un buen clima en las relaciones con nuestros socios y clientes en el mercado petrolero global.
Asimismo, resulta muy importante construir en los próximos años, un amplio consenso en materia de política exterior entre las principales fuerzas políticas y actores de la sociedad civil, que permita corregir excesos de voluntarismo o extremismo ideológico, y evite cambios bruscos que deterioren nuestra credibilidad externa y genere nuevos costos. En este sentido, consideramos recomendable privilegiar el MERCOSUR como mecanismo de integración y concertación política, procurando su relanzamiento y ampliación hacia el resto de América del Sur –en franca convergencia con UNASUR. En este contexto, Venezuela debe jugar al equilibrio con los Estados pequeños y Argentina frente a Brasil como potencia emergente, al tiempo que mantiene el buen nivel alcanzado en las relaciones bilaterales con Brasilia en los últimos años.
A partir de allí, podemos desplegar una agenda externa inteligente, la cual implica desde abrir un nuevo capítulo en las relaciones con EEUU basado en el pragmatismo y el beneficio mutuo, hasta impulsar una renovación del sistema interamericano, catalizar un acuerdo de asociación entre MERCOSUR y la UE, y consolidar vínculos interregionales y bilaterales con Asia, Rusia, los Países Árabes y África. Todo esto implica una adecuada combinación de los enfoques del regionalismo, interregionalismo y multilateralismo, que permita apalancar nuestro desarrollo nacional y consolide la proyección externa de Venezuela como potencia media en la próxima década.

viernes, 22 de marzo de 2013

Rol de las Contratistas en la Seguridad Internacional actual


Victor Hugo Matos

Personas armadas con equipamiento militar de primera, que funcionan bajo una estructura jerárquica cuasi-militar pero cuyas actuaciones responden a los intereses de cierto mercado, donde los clientes van desde empresas transnacionales hasta coaliciones de gobiernos. Tal descripción, que  se asemeja mucho a la forma en la que podría ser definido un "Mercenario", es el reflejo de lo que implica por estos días el negocio de ser un contratista de seguridad.
Si bien la idea de que exista un proceso de privatización del conflicto y el uso de la fuerza es considerado una problemática  del mundo internacional moderno por los grupos pacifistas y las ONG’s, resulta que no es la primera vez en la historia de la humanidad que están en auge los servicios de estos "profesionales"; sobre todo, si recordarnos que fueron esenciales durante la Edad Media y el Renacimiento como grueso de los ejércitos, además de su participación en los conflictos coloniales e internacionales de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.  A sabiendas de que esto no es un fenómeno novedoso en el mundo internacional, toca determinar que implicaciones trae para el escenario actual de la seguridad internacional.
En un primer aspecto, que podría catalogarse de "positivo" desde la perspectiva gubernamental; este tipo de empresas puede permitirles a los países con presupuestos  militares ajustados por el efecto de los recortes fiscales, mantener la eficacia de sus operaciones y evitar así que haya un aumento significativo en los riesgos de seguridad que deben enfrentar. No obstante, las implicaciones negativas de esto van, desde la participación de las contratistas en operaciones militares de dudosa legalidad y a veces de carácter completamente ilícito, hasta una situación en donde la capacidad operativa de las contratistas podría incluso superar la del mismo ejército; lo cual en conjunto, implica que los mecanismos de autorregulación de esta industria se hacen menos transparentes y las reglas tacitas del mundo de los contratistas se hacen menos claras.
Lo que parece obvio en todo esto, es que dada la situación del sistema internacional en constante transformación y que actualmente se encuentra sumido en una gran inestabilidad, la existencia de contratistas de seguridad e inteligencia es entendible dado que los cuerpos de seguridad civil y hasta militar no pueden o no quieren asumir su rol efectivo dentro del mundo internacional, lo que genera la necesidad de llenar ese vacío que estas estructuras “publicas” han dejado y que ahora empiezan a llenar las contratistas privadas.
Finalmente, es necesario destacar que, en última instancia, el mercado de este tipo de servicios no está limitado únicamente a proveedores estadounidenses o europeos sino que se está volviendo una tendencia global, ejemplificándose perfectamente esto en el caso de Sudáfrica. Por ello, es importante preguntarse cuanto tardará en llegar esta tendencia a América Latina, que si bien hoy por hoy es políticamente estable, ha tenido que lidiar con la amenaza que representa el crimen organizado transnacional y las actividades subversivas.

jueves, 21 de marzo de 2013

Su legado petrolero


Prof. Rafael Quiroz Serrano

Economista petrolero


Hablar del legado en términos de política petrolera, que deja a su paso por la Presidencia el fallecido Comandante Hugo Chávez, pareciera un tanto prematuro, pues es el tiempo el que sabrá macerar y juzgar inexorablemente todo hecho y a sus protagonistas.
Sin embargo, hay un elemento insoslayable que, a manera de prefacio, sí podríamos adelantar para el análisis sobre lo que ha sido la política petrolera venezolana en el período 1999-2013.
No hay duda que el arribo de Hugo Chávez Frías a la Presidencia de la República trajo consigo un cambio favorable para Venezuela en materia de hidrocarburos, que se tradujo de inmediato en mayores ingresos petroleros para nuestra economía, gracias a la recuperación del precio del petróleo. El día que el Presidente Chávez llega a Miraflores, el 2 de febrero de 1999, el petróleo se cotizó a $7,57 el barril, debido a que la sobreoferta había superado a la demanda y los precios habían caído al nivel más bajo de los últimos 25 años. Venezuela, acompañada de Arabia Saudita, Irán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, venía violando reiteradamente, desde 1988, las cuotas de producción de petróleo que se aprobaban en el seno de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Con esta conducta el país daba así cátedra de mal ejemplo y en el sector petrolero era visto como poco serio, pues no honraba para nada los compromisos acordados en la OPEP. De esta manera concluyó el año 1998: un precio promedio anual de $10,37 el barril y un déficit presupuestario que superó los $9 millardos, y dejó el país en una de las crisis económica-financieras más profundas de su historia.
El viraje dado a la política petrolera por el nuevo gobierno (1999), en el sentido de cumplir con los recortes de producción de petróleo y de comprometerse a honrar la palabra, permitió que Venezuela recuperara su prestigio en el mundo de los hidrocarburos. Esta señal fue suficiente para que los demás países miembros de la OPEP, también animados por algunos de los llamados productores independientes como México, Rusia, Noruega, Egipto, Holanda, Malasia y Omán, se sintieran estimulados a cumplir con los recortes de producción y, de esta forma, recuperar los precios.
En este sentido, hay que reconocer que el actual gobierno tuvo la visión clara de la cooperación comercial entre los países productores de crudo, entendió la empatía que debemos tener con nuestros pares de la causa petrolera, comprendió la afinidad natural que sentimos por los países árabes, y también discernió que nuestros intereses, los de la OPEP y de los países emergentes, por lo general no coinciden con los intereses del grupo de los desarrollados, que son los grandes consumidores de petróleo. Pero, sobre todo, y esto es lo más importante, Hugo Chávez les enseñó a los economistas neoliberales que al mercado no hay por qué santificarlo y a los precios satanizarlos, cuando esto va en contra de los intereses de la Nación.
Soslayar en la actual política petrolera venezolana este acierto, es simplemente cegarse y permitir que la obcecación política prive a la hora de un balance serio y objetivo. No se puede regatear ni mucho menos ser mezquino, cuando los aciertos son evidentes, vengan de donde vengan.
El viraje, desde 1999, en nuestra política petrolera colocó al país, y también a la OPEP, en una posición privilegiada en la Comunidad Internacional, y sobre todo en el mercado mundial del petróleo; recurso que sigue siendo –hoy por hoy- la savia vital del mundo desarrollado.
Este aspecto será uno de los muchos que tendrá que analizarse con responsabilidad, a la hora de hacer un balance objetivo y justo sobre lo que fue la política petrolera del Presidente Chávez, cuya desaparición está muy reciente para ser evaluada en su conjunto con seriedad y objetividad. El tiempo, supremo esclarecedor de la verdad y la razón, dictaminará el juicio serio y certero que la historia depara a sus acontecimientos.
Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios, el 20 de marzo de 2013.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Irak y EEUU, 10 años después


Dr. Kenneth Ramírez
 
Hemos arribado al 10º Aniversario de la polémica invasión a Irak. Por ello, merece la pena preguntarnos: ¿Cuáles han sido las consecuencias de esta decisión en la última década? Y más importante aún, ¿la decisión de llevar los marines a Bagdad fue la correcta?

Los optimistas –en su mayor parte neoconservadores-, señalan el derrocamiento de Saddam Hussein, la creación de un gobierno electo y una economía que crece en casi 9% anual. Además, subrayan que la producción petrolera ascendió a 3 MMBD en 2012 según la OPEP, y las exportaciones a 2,4 MMBD, lo cual supera sus niveles anteriores a la guerra. En esta línea, la Agencia Internacional de Energía pronostica que Irak aumentará su producción petrolera a 4,2 en 2015 y 6,1 MMBD en 2020, convirtiéndose en un transformador (game changer) del mercado petrolero en la presente década, si no empeoran sus precarias condiciones de seguridad y estabilidad política.

Recientemente, los neoconservadores han agregado que los cambios de Irak abrieron la puerta a las grandes transformaciones que se han dado recientemente en la región, dejando por fin atrás los vetustos anclajes geopolíticos de la Guerra Fría.

Los escépticos –en su mayor parte realistas y liberales pragmáticos- responden que sería un error vincular la Guerra de Irak a la “Primavera Árabe” porque los acontecimientos en Túnez y Egipto en 2011 tienen sus propios orígenes internos, además de tener conexión con el impacto de la crisis económica mundial en esos países; mientras que las acciones del Presidente George W. Bush y su retórica, desacreditaron -en lugar de apuntalar- la causa de la democracia en el región.

Aunque la salida de un dictador como Hussein fue importante, Irak es ahora un lugar violento, con fuertes luchas sectarias entre sunitas y shiítas y ataques terroristas frecuentes. De hecho, una serie de atentados terroristas cobraron la vida de sesenta personas en este 10° Aniversario de la invasión, los cuales han sido reivindicados por Al-Qaeda. A este panorama de por sí difícil, hay que agregar, la autonomía kurda que raya casi en la independencia y el autoritarismo del Primer Ministro Nouri al-Maliki.
Cualesquiera que sean los beneficios de la guerra, los escépticos argumentan, son demasiado escasos para justificar los costos inaceptables: más de 150.000 iraquíes y unos 4.500 soldados estadounidenses muertos, y un costo estimado de cerca de 1 billón de dólares –20 veces lo estimado por la Administración Bush-, lo que ni siquiera incluye a largo plazo los costos de salud y discapacidad para unos 32.000 soldados estadounidenses que resultaron heridos.

Tal vez las cosas puedan cambiar dentro de una década, pero en este momento, la mayoría de los estadounidenses consideran que los escépticos tienen razón; y en consecuencia, la Guerra de Irak seguirá influyendo en la política exterior de EEUU en los próximos años. La Administración Obama no sólo retiró las tropas de EEUU de Irak y se encuentra haciéndolo de Afganistán –en un cronograma que se extiendo hasta 2014-, sino que ha sido muy reticente a involucrarse en nuevas campañas exteriores, ya sea en Irán, Siria o Malí. El apoyo del Presidente Obama a la “Operación Protector Unificado” en Libia en 2011, no fue más allá de brindar apoyo aéreo cercano a los entonces rebeldes libios que deseaban derrocar a Muammar Gaddafi; dejando claro a sus aliados y al Consejo Nacional de Transición libio, que no pondría tropas sobre el terreno. Incluso dejó que Reino Unido y Francia llevaran buena parte del esfuerzo militar y diplomático.

En la próxima década, es muy poco probable que EEUU intente otra prolongada ocupación y transformación de un país (national building). Recordemos que el Ex -Secretario de Defensa, Robert Gates, poco antes de dejar el cargo, declaró que cualquier asesor que recomiende tal curso de acción “debería hacerse examinar la cabeza”. Algunos le llaman a esto neo-aislacionismo, pero quizás es mejor llamarlo prudencia y pragmatismo.

Aunque una década puede ser demasiado pronto para dar un veredicto definitivo sobre las consecuencias a largo plazo de la Guerra de Irak, no es demasiado pronto para evaluar el proceso por el cual la Administración Bush tomó sus decisiones.

La Administración Bush utilizó tres argumentos principales para justificar la invasión de Irak. La primera, los vínculos de Saddam Hussein con Al-Qaeda. Las encuestas de opinión pública muestran que muchos estadounidenses aceptaron esta conexión, pero la evidencia no lo sostiene. De hecho, se mostró a posteriori que esos supuestos vínculos eran prácticamente inexistentes, y que fue la caída de Saddam Hussein lo que llevó a la creación de Al-Qaeda de Mesopotamia como afiliado del grupo de Bin Laden.

El segundo argumento fue que la sustitución de Hussein con un régimen democrático era una manera de transformar políticamente el Medio Oriente. Varios miembros neoconservadores de la Administración Bush había instado a una política de “cambio de régimen” en Irak mucho antes de asumir el cargo, pero no fueron capaces de implementarla durante sus primeros ocho meses en la Casa Blanca. Después del 11-S, se movieron rápidamente para impulsar esta política, aprovechando la ventana de oportunidad que le brindaron los ataques terroristas.

Bush habló con frecuencia de “cambio de régimen”, de una "agenda de la libertad" y de un “Nuevo Medio Oriente” con sus partidarios, citando el papel de EEUU en la democratización de Alemania y Japón, tras la ocupación militar que siguió a la derrota de las Potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Pero la Administración Bush no tuvo cuidado en el uso de las analogías históricas e imprudentemente no se preparó para una ocupación efectiva en un país musulmán.

El tercer argumento se centró en prevenir que Saddam Hussein desarrollara armas de destrucción masiva. La mayoría de los países convinieron en que Saddam Hussein había desafiado las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU por años. Por otra parte, la Resolución 1441, aprobada por unanimidad, colocó la carga de la prueba a Hussein.

Mientras la Administración Bush fue criticada más tarde cuando los inspectores no encontraron rastros de un programa iraquí de armas de destrucción masiva; la opinión de que Saddam Hussein habría estado desarrollándolas, fue ampliamente compartida por muchos países, y entre ellos, Reino Unido, España, Italia, Portugal, Polonia, Japón y Australia. La prudencia podría haber comprado más tiempo a los inspectores dirigidos por Hans Blix, pero EEUU ya tenía un pensamiento comprometido al respecto y no estaba solo en este error.

George W. Bush ha dicho que la historia lo rescatará y se compara a sí mismo con el Presidente Harry Truman, quien dejó el cargo con una baja popularidad debido a la Guerra de Corea, y está bien ponderado en la actualidad. ¿Será realmente el juicio de la historia tan benigno con Bush?

Los historiadores e internacionalistas estadounidenses señalan que se requieren cerca de 50 años antes de que se pueda apreciar realmente el legado exterior de un Presidente. Pero una década después de que dejó el cargo el Presidente Truman, el Plan Marshall y la OTAN fueron vistos ya como logros sólidos. Bush carece de éxitos comparables para compensar su mala gestión de Irak, por no hablar de Afganistán.

Incluso si los acontecimientos fortuitos conducen a un Medio Oriente mejor en otros 10 años, los futuros historiadores e internacionalistas probablemente criticarán la forma en que George W. Bush hizo sus decisiones y sopesó los costos y riesgos de sus acciones. Una cosa es tratar de reforzar la hegemonía de una potencia; y otra cosa muy diferente, es colocarla al borde del precipicio.