viernes, 23 de agosto de 2013

Nueva oportunidad para Paraguay y Venezuela en MERCOSUR


Laura Guzmán

Varias son las opiniones emitidas respecto al polémico ingreso de Venezuela al MERCOSUR durante la ausencia temporal paraguaya tras la suspensión realizada por parte del resto de los mandatarios que integran el acuerdo, alegando que el juicio político que acarreó la destitución del entonces Presidente Fernando Lugo en junio de 2012, fue contraria a lo establecido en el Tratado de Asunción.
Hoy nos encontramos ante una realidad totalmente distinta a la vivida hace un año en ambos países. En Venezuela, el Presidente Hugo Chávez (aliado de Lugo), ha fallecido tras una dura batalla contra el cáncer, siendo elegido como su sucesor el Ex-Vicepresidente y Ex-Canciller, Nicolás Maduro; mientras que en Paraguay, luego de un duro proceso político, finalmente cuentan con un nuevo Presidente. En conclusión dos mandatarios diferentes, con dos corrientes políticas nada parecidas -aunque aún está por ver cuál será el estilo  de gobierno de Horacio Cartes.
La indudable interrogante para el futuro del MERCOSUR, es si Paraguay y Venezuela lograrán resolver sus diferencias y pasar página de lo ocurrido, cerrando un capítulo difícil para la integración latinoamericana.
Una de las condiciones exigidas por Horacio Cartes desde que era candidato presidencial para regresar a MERCOSUR, era que se le otorgara la Presidencia pro témpore del bloque a Paraguay, pero en la reciente Cumbre de Montevideo esta pasó a manos de Venezuela. Si bien muchos opinan que acceder a esta petición constituía la perfecta oportunidad para Venezuela de subsanar sus problemas con Paraguay, lo cierto es que esto no ocurrió. Es un secreto a voces que el Presidente Maduro busca desesperadamente llenar los zapatos que dejó el Ex-Presidente Chávez en Latinoamérica luego de su muerte, por lo cual parece haber considerado más importante ostentar la Presidencia pro témpore de MERCOSUR que resolver los problemas con Paraguay en el corto plazo, para así demostrar que es capaz de continuar impulsando el proyecto del “Socialismo del siglo XXI” en la región. Además, esta posición le permitió a Maduro continuar recabando legitimidad internacional después de las polémicas elecciones del 14-A.
Entre las asperezas que deben limarse con el ahora Presidente Cartes, figuran en primer lugar lo concerniente al apoyo brindado por el difunto Chávez al caso de Lugo y la injerencia que pretendió ejercer Venezuela en este asunto a través del propio Nicolás Maduro, y en segundo lugar el cierre de la Embajada venezolana en la Asunción y la suspensión de suministro de petróleo en 2012. Será sin duda interesante observar si Maduro optará por acercarse al mandatario paraguayo de turno o si atacará las políticas que despliegue de aquí a futuro, cuestión que seguramente no se hará esperar por mucho tiempo, puesto que hasta ahora hemos estado acostumbrados a un discurso de Venezuela catalogado de “intervencionista” por parte de muchos, donde las opiniones sobre la forma de negociar y actuar de otros países son públicamente criticadas.
La atención pública fue invocada una vez más hacia esta situación, cuando   el Presidente Maduro manifestó no haber sido invitado a la ceremonia de investidura de Horacio Cartes, mientras que el Presidente ecuatoriano Rafael Correa -quien también busca ocupar el lugar vacío de Chávez dentro de Latinoamérica-, declaró que a pesar de ser invitado no asistiría en solidaridad con Venezuela.
Las  expectativas sobre un período de negociación se hacen cada vez más fuertes, sobre todo ahora que con la toma de posesión del Presidente Cartes del pasado jueves 15 de agosto, se levanta la suspensión contra Paraguay significando su acceso al lugar que ocupaba dentro del MERCOSUR y la UNASUR.
Cartes por su parte no ha dejado claro si desea o no retornar al MERCOSUR, pero al asegurar haber discutido abiertamente con sus homólogos suramericanos la preocupación que existe por resolver el conflicto y la invitación al resto de los países que integran el bloque a la ceremonia de investidura, pareciera dar señales de un interés en reconciliar a Paraguay con el MERCOSUR, e insiste en que su país no tiene ninguna intención política en permitir la entrada de Venezuela al bloque, señalando que “el problema es jurídico” en alusión a la falta de aprobación paraguaya.
Pareciera entonces que la mejor forma de abordar un proceso de diálogo es bilateralmente para luego llevar los resultados de esta negociación a nivel del bloque regional, y sobre todo evaluar las opiniones que emita Cartes con respecto a las decisiones que como Presidente pro témpore, Nicolás Maduro haga dentro del MERCOSUR. Además, se espera que ambos mandatarios se encuentren cara a cara en la VII Cumbre Ordinaria de la UNASUR que se celebrará en Surinam el próximo 30 de agosto, lo cual supone una nueva y magnífica oportunidad para empezar a resolver este impasse.
La Presidencia venezolana del MERCOSUR se da en un momento crucial para la integración latinoamericana. La novedosa Alianza del Pacífico con una visión estrictamente comercial y en vinculación a EEUU, está buscado frenar el liderazgo e influencia de los gobiernos izquierdistas suramericanos -principalmente los de Brasil y Venezuela-, así como contrapesar sus proyectos de integración –de la ALBA al MERCOSUR y UNASUR. De hecho, en mayo pasado durante la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico celebrada en Cali, el Ex–Presidente paraguayo Franco buscando romper el aislamiento internacional, propició la incorporación del país guaraní como observador de este nuevo esquema de integración, lo cual puso en tela de juicio la cohesión del MERCOSUR.
En consecuencia, los intereses de Venezuela empujan al Presidente Maduro a utilizar su posición al frente del bloque suramericano para cerrar cuanto antes el impasse con Paraguay y consolidar el MERCOSUR ampliado.

lunes, 19 de agosto de 2013

Abenomics: ¿Hacia dónde va Japón?


Salvador Miguel

El 9 de Agosto de este año, el Ministerio de Finanzas de Japón anunció que se alcanzó, por primera vez en la historia, el límite de 1.000 billones de yenes (10,3 billones de dólares). ¿Qué significa ésta inquietante cifra para Japón?
 
Durante casi 40 años la economía japonesa se mantuvo como la segunda a nivel mundial en términos de PIB. No obstante, desde hace una década lucha contra la deflación que ha estancado su crecimiento -hasta hacerle caer hasta al puesto de tercera economía mundial- y la ha sometido a fuertes compromisos monetarios dentro y fuera de sus fronteras. Mientras que la dimensión de los conglomerados industriales japoneses no concuerda con el tamaño del mercado local, lo que llevó, desde inicios de la década de los 90, a la nacionalización de múltiples empresas ineficientes y sobrealimentadas por créditos de bajísimo interés, al mismo tiempo que aumentó la deuda nacional para cubrir el gasto público y los compromisos sociales con una población en evidente envejecimiento.
 
Este incremento en el endeudamiento japonés, a su vez, está asociado a tres elementos. El primero es el conservadurismo de las empresas, que si bien les otorga excelentes estándares de producción y organización, no les permite invertir en bonos de la deuda. Si bien los índices bursátiles japoneses no han estado a los niveles de la década de los 80, cuando la inversión extranjera superaba los 60.000 millones de dólares, la evidente crisis económica hace que los gobiernos extranjeros no quieran invertir en Japón, al igual que las empresas locales, que aun teniendo capital suficiente para emprender proyectos de expansión, no invierten, debido al tamaño del mercado de demanda local y las fuertes barreras arancelarias, que aíslan los sectores no tradicionales del resto del Mundo. Esta desconfianza en el mercado local está relacionada con el segundo factor de endeudamiento, que es el envejecimiento progresivo de la población. Buena parte de la crisis económica está relacionada con una mano de obra en franco desnivel con las capacidades productivas de empresas que tienen capacidad de inversión, pero que no confían, además, en una población de avanzada edad -cerca del 25% de la población de Japón tiene 65 años o más, y las proyecciones tienden a ver este número aumentado- que tiene bajos índices de consumo asociado a sus ahorros, y no a actividades productivas que estimulen el movimiento de la economía. Éste sector demográfico no sólo tiene incidencia en la economía, sino también en el tercer elemento de desconfianza: Inestabilidad política.

Desde el estallido de la burbuja financiera japonesa -muy parecida a la crisis de EEUU en 2008-, el Parlamento japonés se ha visto sumergido en interminables disputas entre las coaliciones dirigidas por los partidos Democrático Liberal (PDL) y Democrático de Japón (PDJ). Desde entonces, la Dieta no se había podido poner de acuerdo en reformas económicas de gran envergadura, debido al peso de cada uno de los partidos, y a los intereses que representan.

El gobierno de Shinzo Abe, bien consciente de estos flagelos, se ha dedicado a poner en práctica programas de estímulo agresivos -como nunca antes se habían visto en Japón- para apalear estos elementos de desconfianza. Desde su victoria de diciembre de 2012, potenciada por el nacionalismo resultante de las disputas territoriales con China y el arrastre popular conseguido con las promesas de cambios reales en las políticas económicas, la Administración Abe alcanzó un desenlace a la conocida como “Política torcida” que se había visto desde la Administración Koizumi. Esta dinámica no permitía la aprobación de leyes de endeudamiento, presupuesto o gasto público para trazar un plan de acción efectivo, y fue lograda conquistando 135 de los 242 curules de la Cámara Alta, lo que significa un 52%, más que suficiente para dar luz verde a la mayoría de los ambiciosos proyectos.

La victoria política de Abe le permitió la implementación de leyes de endeudamiento abocadas a implementar paquetes de estímulo a gran escala que potenciarán el consumo interno, la inversión extranjera y conseguirán la progresiva derrota de la deflación que necesita la economía. A pesar de que estos planes fueron anunciados desde hace más de diez años, no se habían podido cumplir debido a la inestabilidad política y conservadurismo empresarial. La venta de bonos y la monetización de la deuda han mantenido a flote la confianza en la bolsa japonesa, que si bien muestra tímidos números de crecimiento, marca importantes cambios en las tendencias demostradas en años anteriores.

Una vez resuelto el problema político, Abe ahora se enfrenta con el problema de los mercados de demanda. En caso de decidirse por estimular la demanda local, hay dos formas de lograrlo. La primera, que arrojaría resultados a muy largo plazo, es el estímulo de las tasas de natalidad a través del potenciamiento de programas de planificación familiar. La segunda es la liberalización de las leyes de inmigración, lo que aumentaría de forma rápida el mercado de consumo y expandiría la producción empresarial. Por otra parte, en caso de decidirse por el crecimiento de la demanda extranjera, sería necesario expandir los canales comerciales entre Japón y sus socios en ultramar, y liberar los controles existentes sobre los sectores no tradicionales.

Al respecto, Abe parece haberse decidido por el incentivo a los mercados internacionales basado en lo que ha llamado “diamante estratégico”: EEUU – India – Australia – Japón, y en concreto, con la inminente adhesión japonesa a la Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (por sus siglas en inglés, TPP) -el primer acuerdo de libre comercio tri-continental. Asimismo, Abe ha incrementado el gasto en materia militar, lo cual se traduce en inversión en industrias pesadas.

La “Abenomics” ya ha dado algunas alegrías: el Ministerio de Finanzas ha señalado que ha sido superada la recesión, aunque sólo con un crecimiento del PIB de 2,6% según tasa anualizada –por debajo del 3% esperado-; el índice Nikkei de la bolsa de Tokio ha crecido 30% desde que Abe asumió el cargo; y el valor del yen ha caído 16% frente al dólar y 28% frente al euro. Esto ha sido suficiente para recuperar competitividad de las empresas locales y para que las exportaciones –que representan 35% del PIB- hayan vuelto a crecer -3% el primer trimestre de 2013. Por su parte, el consumo interno también se ha reactivado, apuntando a 1,9% de crecimiento según tasa anualizada.

Pese a estas mejoras, falta ver el resultado de estas políticas a largo plazo sobre los propios consumidores japoneses y el desarrollo de problemas sin resolver, como las disputas territoriales, los programas de reconstrucción de desastres aún en marcha y el aumento del endeudamiento sin precedentes. Sin embargo, el claro cambio de tendencia en el desarrollo de la política económica, y más importante aún, la respuesta positiva de los actores, nos hacen vislumbrar un futuro prometedor para Japón bajo la “Abenomics”.

sábado, 17 de agosto de 2013

La tormenta egipcia



Dr. Kenneth Ramírez
La “Primavera Árabe” en 2011, que abrió tantas esperanzas con la caída del rais Hosni Mubarak, ha dado paso a una tormenta de arena en Egipto. El 3 de julio de 2013, con la deposición del primer mandatario escogido en elecciones democráticas, Mohamed Morsi, a manos del Ejército y con el respaldo de parte de la población, ha abierto un escenario de gran incertidumbre y violencia. El gobierno interino encabezado por el juez Adly Mansour y respaldado por el Ejército no ha iniciado un nuevo proceso de transición inclusivo, sino que ha intentado imponerse por la fuerza, tal como demuestra la escalada de víctimas en las protestas: 36 muertos el 5 de julio, 50 muertos el 8 de julio, 80 muertos el 27 de julio, y finalmente, la masacre de más de 600 muertos el pasado 14 de agosto.

En respuesta, el Presidente Obama canceló un ejercicio militar conjunto con el Ejército egipcio, previsto para el próximo mes, y ha asomado como amenaza tácita que la ayuda militar estadounidense -1,3 millardos de dólares- podría ser congelada. Esto constituye una dura amenaza a los líderes de Egipto, en particular para el poderoso Ejército y su Comandante, el General Abdel Fatah al-Sissi, que arriesgan un importante aliado que le proporciona entrenamiento y fondos.
Empero, la situación sigue siendo un problema difícil para EEUU, que quiere seguir teniendo en Egipto un aliado, ya que es el país más poblado del Mundo árabe, y resulta clave para garantizar la seguridad de Israel y tener acceso al Canal de Suez –que junto al oleoducto SUMED, facilitaron el tránsito de 3 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados en 2012. La Administración Obama aceptó, pero nunca se hizo grandes ilusiones, con el depuesto Presidente Morsi debido a su islamismo político. Cuando los militares derrocaron a Morsi, EEUU se abstuvo de calificarlo como “un golpe de Estado”, para evitar un congelamiento automático de la ayuda bilateral y tener margen para influir en los acontecimientos. Recientemente, EEUU ha señalado que si bien Morsi fue elegido democráticamente, su gobierno no era incluyente y no respetaba las opiniones de todos los egipcios. Es decir, tenía legitimidad democrática de origen pero había perdido legitimidad democrática de ejercicio, un tema sumamente complicado que está demostrando cada vez más que requiere reflexión y desarrollo en los organismos internacionales. Sin embargo, la Administración Obama tomando en cuenta la gran penetración social y representatividad política de los Hermanos Musulmanes, instó al gobierno interino y al Ejército a llamar a la reconciliación nacional, pero éste último ha lanzado en lugar de ello, una ofensiva para afirmarse en el poder, hasta el punto de tener que volver a imponer el estado de emergencia por un mes, el cual recuerda a los egipcios los días de la dictadura de Mubarak.
La UE ha condenado la violencia y ha llamado a la moderación. Pero los aliados internacionales de los Hermanos Musulmanes, y sobre todo, el Primer Ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha sido más estridente al señalar que EEUU y la Unión Europea están “a punto de fallar la prueba de la democracia” en el Medio Oriente, y ha llamado a su Embajador a consultas. Además, a instancias de Erdogan se ha efectuado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la Presidencia pro témpore argentina ha llamado a poner fin a la violencia y ejercer la máxima moderación.
Venezuela ha retirado su Embajador en Egipto, Victor Carazo, este 16 de agosto y ha abogado por el regreso de Morsi al poder. Esto además de irrelevante y utópico a estas alturas, nos hace tomar partido innecesariamente y nos coloca una vez más en la otra acera de Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes –porque seguimos respaldando a Assad en Siria. Esto ya ha generado una reducción de nuestro margen de maniobra en la OPEP, cuando justamente nuestra posición geográfica nos invita a mediar al surgir conflictos entre nuestros socios petroleros que puedan menoscabar la cohesión política de la Organización. Lo idóneo es respaldar desde la ONU, los esfuerzos de la Comunidad Internacional para buscar el cese de la violencia, la reconciliación y una transición política pacífica en Egipto.
De hecho, EEUU, la Unión Europea, Emiratos Árabes y Qatar han realizado gestiones diplomáticas para alcanzar un compromiso entre el gobierno interino y los Hermanos Musulmanes desde la salida de Morsi, pero han sido hasta ahora en vano.
En todo el Mundo, desde China hasta España, han llamado al diálogo. Alemania y Francia han anunciado que revisarán sus relaciones con El Cairo. Pero la presión internacional se ha mostrado hasta ahora insuficiente. El Ejército egipcio ha cruzado la línea de lo tolerable con el propósito de mantener sus privilegios como “Estado profundo”: a fin de cuentas ellos han gobernado el país del Nilo desde el derrocamiento del Rey Faruk en 1952. El gobierno interino ha insistido en que tiene una hoja de ruta para el retorno de Egipto a la democracia a través de elecciones dentro de seis meses, aunque muchos, y en especial los Hermanos Musulmanes después de la masacre, dudan de que esto se cumpla realmente.
La figura clave es el General al-Sissi, quien con la popularidad que le dio la deposición de Morsi y la fuerza de las armas, es el actual hombre fuerte de Egipto. No obstante, justo por esto, quizás el General al-Sissi ya esté pensando en permanecer en el poder. Bien sabe que EEUU le necesita y Arabia Saudita –incómoda con los ensayos democráticos tras la “Primavera Árabe”- puede ofrecerle ayuda financiera al menos temporalmente. Además, la historia reciente de Egipto le puede estar tentando a creerse el siguiente en la línea de los rais militares después de Nasser, Sadat y Mubarak. Sin embargo, las numerosas víctimas deberían prevenirle contra cualquier ilusión de regresión autoritaria.
A menos que Turquía y Qatar como aliados de los Hermanos Musulmanes, y Arabia Saudita, Emiratos Árabes y EEUU como aliados del Ejército, junto a la Unión Europea, presionen con contundencia hacia un compromiso político efectivo en torno al cese la violencia, la adopción de una constitución inclusiva y la celebración de elecciones libres y justas en el primer trimestre de 2014, Egipto puede descarrilarse irremediablemente. La tormenta de arena abriría así paso al peor escenario: un caluroso verano marcado por la guerra civil, cuyas consecuencias se sentirán en todo el Medio Oriente y el Mundo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Japón vs. China: Redefiniendo el equilibrio político en Asia


 
Victor Hugo Matos
El sureste asiático siempre ha sido un escenario constante de conflictos políticos y militares, que se remontan a las luchas entre la antigua China imperial y Corea, los intentos del Japón feudal de expandirse más allá de las islas o las guerras al sur de Asia. De estos constantes  terminaron por surgir dos actores importantes en la región como son China y Japón, cuya rivalidad influyó en la estructuración del escenario geopolítico actual de la zona, dado el empuje de sus intereses y liderazgos.
 
La rivalidad sino-japonesa se ha caracterizado por una fuerte competencia entre ambos Estados que además de las usuales diferencias en los aspectos comerciales o políticos, se exacerba debido a las disputas territoriales como las de las islas Sensaku / Diaoyu, que abren viejas heridas históricas entre ambos países, que se remontan a la participación del imperio japonés en la rebelión de los Bóxers en China y a las dos guerras sino-japonesas. Esta rivalidad, que había estado latente pero era controlada por la interdependencia económica que existía entre ambos países, empezó a tomar fuerza durante la Administración de Juinichiro Koizumi cuya posición abiertamente nacionalista y su revisionismo sobre el estatus de las autodefensas japonesas generó fricciones con el gigante asiático, situación que  parece  repetirse de forma más pronunciada con el sucesor de Koizumi al frente del Partido Democrático Liberal, Shinzo Abe.
 
No obstante, a primera vista esta no parece ser razón suficiente para que los gobiernos de ambos países permitan o hasta favorezcan la aparición de una retorica agresiva con visos nacionalistas, muy propios del siglo XIX; lo cual, lleva a pensar que la verdadera causa de esta conflictividad se encuentra en un choque entre las visión de Japón y China respecto al futuro del sureste asiático y del continente en general.
 
Vemos de un lado que la imagen de “ascenso pacífico” que siempre intentó vender China al resto del Mundo resulta cada vez más difícil de mantener, sobre todo cuando el gigante asiático asume actitudes agresivas a la hora de lidiar con problemas territoriales con vecinos grandes y pequeños, a la vez que la presencia de EEUU y su nueva visión estratégica del “pivote al Pacífico”, la cual se apoya en su relación con varios países de la región como Japón, genera mucha suspicacia en Beijing, cuyas autoridades consideran cada vez más importante el poder duro como herramienta para lidiar con amenazas y para imponer intereses en la zona, aún a costa de aumentar su percepción como amenaza para el resto de los países de la región.
 
Del otro lado, la Administración Abe en Japón está liderando un cambio en la visión estratégica sobre el papel de Japón para la región,  permitiendo así romper el letargo en el que había estado sumido este país desde la década perdida de los años 80 y que sólo Koizumi pudo quebrar brevemente. Esta nueva visión, pasa por un renovado esfuerzo de Tokio por redefinir el papel de las autodefensas japonesas para ampliar su margen de acción frente a cualquier posible conflicto y permitir un apoyo más efectivo a cualquier operación que realicen los EEUU en la zona; lo cual coincidiría, con el hecho de que en mayor o menor medida Japón ha intentado mejorar sus relaciones y resolver sus diferencias con algunos Estados en la región, que también se sienten amenazados por las intenciones del gigante asiático, como la India, Vietnam o las Filipinas.
 
En conclusión, nos encontramos con que se están produciendo cambios geopolíticos interesantes en el sureste asiático, impulsados en gran medida por esta competencia entre China y Japón, la cual va redefiniendo poco a poco el equilibrio político en la región, obligando a los países a alinearse, muchas veces y de forma muy sutil, en contra de China.

martes, 13 de agosto de 2013

La reforma de PEMEX: implicaciones para Venezuela



Dr. Kenneth Ramírez

El Presidente de México, Enrique Peña Nieto, envió al Congreso su proyecto de “Reforma Energética” este 12 de agosto. Así, nuevamente la reforma de PEMEX vuelve a ocupar el centro del debate político mexicano. Desde 2004, la empresa petrolera nacional ha mostrado una disminución del 31% de sus reservas que pasaron desde 20,08 millardos de barriles de petróleo equivalente (MMMBPE) hasta 13,81 MMMBPE en la actualidad; y una declinación de su producción petrolera en 26%, desde 3,4 millones de barriles diarios de petróleo (MMBD) hasta 2,5 MMBD en la actualidad. Aunque PEMEX sigue siendo una empresa rentable –sobre todo a 100 $/Bl-, sus problemas de productividad, la falta de autonomía  operacional y presupuestaria, las exigencias fiscales del Estado mexicano y el poderoso sindicato petrolero mexicano han mermado su capacidad de crecimiento y amenazan la seguridad energética de México. Además, los cambios regulatorios introducidos en 2008, no lograron reactivar la producción, ni atraer tecnología para la exploración y producción de sus prometedores recursos petroleros no convencionales: en aguas profundas se estima la existencia de 29,5 MMMBPE; además los estudios apuntan a un alto potencial en petróleo y gas de esquistos con 13 millardos de barriles y 545 billones de pies cúbicos.
La Administración Peña Nieto ha tomado como fuentes de su Reforma Energética su propia historia y el modelo petrolero brasileño. En primer lugar, ha señalado que el Presidente Lázaro Cárdenas, quien nacionalizó PEMEX en 1938, contemplaba la rectoría del Estado de la explotación de los recursos petroleros y una empresa petrolera nacional, pero permitía la celebración de contratos con terceros con compensaciones para realizar estas actividades. Fueron posteriores reformas, y en especial con el Presidente Adolfo  Ruiz Cortines en 1958, las que cerraron la participación privada en el sector petrolero. En segundo lugar, el Presidente Peña Nieto ha señalado que su reforma contempla la adopción de contratos de utilidad compartida sin que ello implique privatizar PEMEX, y mayores márgenes de autonomía y flexibilidad fiscal, siguiendo el ejemplo de PETROBRAS como empresa petrolera nacional exitosa. Los grandes objetivos propuestos son elevar la producción hasta 3 MMBD en 2018 y 3,5 MMBD en 2025, lo cual generaría 500 mil empleos en 2018 y 2 millones en 2025, y dispararía la inversión en otras áreas conexas, elevando el PIB mexicano en 1% en 2018 y 2% en 2025, permitiendo a México relanzarse como potencia emergente.
El Presidente Peña Nieto cuenta con los votos de su partido PRI, a los que podrían sumarse los del PAN que intentó infructuosamente reformar PEMEX en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón –aunque con otra filosofía. Por ello, luce probable que sea aprobada la “Reforma Energética”, siendo su principal escollo la oposición del izquierdista López Obrador quien busca un nuevo aliento.
Si Peña Nieto alcanza sus objetivos, consolidará el cambio en la situación energética de América del Norte hacia una mayor autosuficiencia en las próximas décadas, gracias a las arenas bituminosas de Canadá, el petróleo y gas de esquistos de EEUU, y una mayor producción en México. Esto empujará los precios del petróleo a niveles de 85-90 $/Bl en la presente década e intensificará la competencia para abastecer los mercados asiáticos, incluso entre socios OPEP que están siendo desplazados de América del Norte como Nigeria y Angola.
Todo esto deja a Venezuela frente a una serie de lecciones y retos. En primer lugar, las empresas petroleras nacionales realmente eficientes, son aquellas que se centran en sus actividades medulares, maximizan los ingresos a sus ciudadanos y evitan la politización, como Statoil y PETROBRAS. En este sentido, PDVSA debe regresar a sus tareas petroleras, reducir su implicación en la política partidista y los cargos de Ministro de Energía –agente regulador- y Presidente de PDVSA –operador- deben ser ejercidos por personas diferentes para reducir la discrecionalidad, lo que lleva a la ineficiencia, la mala gestión y la corrupción.
En segundo lugar, nuestro modelo de empresa mixta es demasiado rígido -en comparación con PETROBRAS y ahora PEMEX-, reduciendo al socio a un mero inversionista financiero minoritario sin mayor implicación en las decisiones. Aunque esto da en el papel mayor margen de maniobra a PDVSA, en la práctica al no tener suficiente capital, ha retrasado los proyectos de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO); ya que PDVSA no sólo espera que el socio coloque su parte, sino que aspira también le preste el monto que le corresponde invertir.
En tercer lugar, nos deja ante el reto de aumentar nuestra producción sin lesionar la cohesión de la OPEP y con una diversificación de mercados pragmática y no ideologizada. Las necesidades del pueblo venezolano han aumentado y la economía necesita empuje; ya no son suficientes los ingresos que genera una producción estancada en los últimos años, la cual se ubicó en 2,75 MMBD en el primer semestre de 2013 –por debajo de la cuota OPEP. Resulta necesario empezar a construir cuanto antes un mejorador en la FPO para no perder la competencia, lo cual supone agregar al menos +0,4 MMBD en esta década. Al respecto, el Presidente Maduro debería considerar la salida del Ministro Rafael Ramírez, quien ha fracasado reiteradamente en el cumplimiento del Plan Siembra Petrolera. Una vez que la producción aumente, podemos considerar colocar producción en diferentes mercados, lo cual si bien es sano para nuestra seguridad energética, no está reñido con mantener una sólida posición en EEUU y Europa, ya que la competencia en Asia aumentará y los niveles de precios serán menores.

miércoles, 31 de julio de 2013

El declive de la ALBA


 
Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se reunieron en Guayaquil este martes 30 de julio para celebrar su XII Cumbre Presidencial. Dicha Cumbre estuvo llena de significación, ya que fue la primera tras la muerte de Chávez -su carismático líder fundador-, quien fue capaz de influir en los destinos de la región y atraer los reflectores de la prensa mundial.
En consecuencia, lo más importante de esta Cumbre de Guayaquil fue que dejó entrever la falta de liderazgo político y capacidad económica para movilizar a otros actores en torno a este proyecto alternativo. Rafael Correa ha tratado de erigirse en el nuevo líder, y cuenta con la formación, la base política y cierto carisma para evitar que la ALBA quede huérfana, pero le faltan los recursos económicos. Evo Morales y Daniel Ortega adolecen de todos los requisitos; mientras Cuba debe ocuparse de su propia transición política, con el anunciado cambio en la cúpula dirigente en el próximo lustro. En el caso de Nicolás Maduro, la cuestionada victoria en las elecciones del 14-A, la crisis económica que atraviesa Venezuela, el estancamiento de la producción de PDVSA y unos precios del petróleo que apuntan a niveles de 85-90 $/Bl para 2016 debido a la producción de petróleo de esquistos en EEUU, no favorecen el que asuma el liderazgo internacional que dejó Hugo Chávez. Tampoco tiene la figura y carisma de aquél; pero aún la ALBA cuenta con los recursos petroleros venezolanos para mantenerse a flote.
En este sentido, lo que hemos visto en Guayaquil ha sido una soterrada rivalidad entre Rafael Correa y Nicolás Maduro por la herencia internacional de Chávez y el liderazgo de la ALBA, al tiempo que colectivamente han intentado demostrar unidad, y que este mecanismo de coordinación política e ideológica sigue teniendo vigencia y sentido. En este contexto, la crítica de Correa a la “tibieza” del borrador de Declaración preparado por los Cancilleres y sus equipos, y su discurso apasionado, recordó más al finado Chávez que el propio Maduro. Quizás sea que Correa tiene su propio perfil dentro del “socialismo del siglo XXI” o quizás sea que tiene mayor carisma y elocuencia, pero lo cierto es que resulta más atractivo a la prensa mundial -y pareciera que hasta al mismo Fidel Castro-, que un Maduro que intenta mimetizar a la saciedad las palabras y gestos de Chávez.
Por otra parte, y como era de esperarse, en Guayaquil se agitó el caso Snowden como punta de lanza contra el “imperialismo” de EEUU, el “neocolonialismo de sus transnacionales” y su “red mundial de espionaje” como manifestó el Presidente Correa. También fue aprovechada la ocasión para respaldar una vez más a Evo Morales, por la desafortunada e irrespetuosa forma en que se denegó el espacio aéreo a su avión presidencial en Europa. Pero resultó aún más interesante el que los países de la ALBA han encontrado un nuevo enemigo: la “Alianza del Pacífico”.
Recordemos que la Alianza del Pacífico creada en 2011, es un tratado de libre comercio entre México, Colombia, Perú y Chile –Costa Rica se encuentra en proceso de adhesión-, que constituye el 42% del PIB de América Latina –segunda economía de la región después del MERCOSUR-, cuyos miembros tienen a su vez tratados comerciales con EEUU, la Unión Europea y países de Asia-Pacífico. Por ello, este mecanismo ha llamado la atención mediática y política a nivel mundial, viviendo uno de sus momentos estelares en la VII Cumbre Presidencial celebrada en Cali en mayo de este año. Además, el pasado 5 de julio, los países suramericanos de la Alianza del Pacífico evitaron darle carácter de “Cumbre” a la Reunión de UNASUR efectuada en Cochabamba para desagraviar a Evo Morales por el incidente con su avión presidencial en Europa, ya que quisieron evitar una escalada con sus socios europeos. Esto fue duramente criticado por el Presidente Correa quien les invitó a “graduarse de colonias”.
Es decir, la ALBA ha anunciado en Guayaquil que aprovechará la presencia de la Alianza del Pacífico en la nueva cartografía de la integración regional para polarizar y movilizar al resto de los actores de la región. No en balde titularon el documento final como “Declaración de la ALBA desde el Pacífico”: toda una manifestación de propósitos. En palabras del Presidente Correa “se enfrentan dos visiones del Mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantía de derechos, en zonas libres pero no para el libre comercio, sino libre de hambre, libre de pobreza”. Aun así, no será tarea fácil re-polarizar la región, ya que en Washington gobierna Barack Obama y no George W. Bush; y los Presidentes de la Alianza del Pacífico tienen posturas pragmáticas hacia la ALBA, y en el caso de los mandatarios mexicano y el peruano, son de centro-izquierda y han manifestado admiración por el Ex–Presidente Lula, quien les ha enviado incluso asesores. Esto por no hablar de una posible victoria de Michelle Bachelet en Chile en las elecciones del próximo 17 de noviembre.
Además, otro hecho que fue destacado en la Cumbre de Guayaquil fue el ingreso de Santa Lucía a la ALBA, ante lo cual el Presidente Maduro exclamó “ahora somos nueve países”. Empero, lo cierto es que debido a su situación económica, Venezuela ha manifestado que aumentará los intereses de la factura petrolera financiada en PETROCARIBE a partir del mes de octubre, salvo a socios especiales –léase miembros de la ALBA- como Cuba y Nicaragua. Es decir, el paso dado por Santa Lucía ha sido absolutamente calculado y no ideológico.
En definitiva, la ALBA ha entrado en una fase de declive. La nueva geopolítica regional está marcada por la Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. No obstante, esto no implica que la ALBA vaya a desaparecer de manera inmediata. Por lo pronto, seguirá estando presente en la región con una capacidad mermada, y ocupando un rol crítico a la Alianza del Pacífico como “retorno del ALCA” y los posibles excesos que pueda cometer Washington. En esto, la ALBA seguirá siendo utilizada de manera sofisticada por Brasil para desgastar la influencia de EEUU en la región, al tiempo que mantiene un diálogo estratégico y una cooperación pragmática con Washington a nivel bilateral, y Dilma Rousseff efectúa su anhelada visita de Estado a la Casa Blanca para octubre próximo, donde será recibida como líder de una potencia emergente y árbitro regional. Bien le vendría a Venezuela más realismo en su política exterior.

Publicado originalmente en RunRun.es

China ¿el fin del sueño?



Marianela Fernández
China es otra desde su apertura económica. Han sido 30 años de crecimiento económico –10% anual entre 1980 y 2010- basado en exportaciones dinámicas, gracias a los bajos salarios y a una política monetaria que se ha centrado en mantener el renminbi subvaluado. La cereza del pastel fue cuando en 2008, China superó a Japón y pasó a ser la segunda economía del Mundo según su PIB nominal, demostrando lo competitiva que se había hecho su economía.
 
Una vez que China comenzó a hacerse sentir cada vez más por su rápido crecimiento en la década de 2000, se termina de consolidar como destino de grandes cantidades de inversión extranjera. La crisis económica mundial que hundió en la recesión a EEUU y Europa en 2008, apenas bajó levemente los números de crecimiento económico chino que fue debidamente estimulado con gasto público. Esto, sin embargo, se ha probado transitorio, pues la economía china poco a poco ha ido creciendo a menos velocidad, llegando incluso a 7,8% en 2012, la primera vez que China pone su crecimiento por debajo de 10% en décadas, situación la cual se atenuó y salió de la palestra temporalmente debido a la elección de las nuevas autoridades del Partido Comunista Chino (PCCh) celebradas el año pasado, las cuales dieron cierta tranquilidad sobre el futuro del país.

No obstante, los dos trimestres de 2013 han mantenido la tendencia de desaceleración, con un crecimiento de 7,7% y 7,5% respectivamente, y los reflectores se han posado sobre este asunto. Aunque el gobierno chino ha tratado de mantener la mayor cantidad de tiempo posible una sensación de estabilidad y confianza, se ha abierto paso el debate –recurrente cada ciertos años- en círculos académicos, políticos y económicos sobre un posible descalabro de China, y un cambio concomitante en la dinámica de la economía global. Los signos de esta crisis son cada vez más notorios, y el modelo económico que impulsó las tres décadas de increíble crecimiento chino puede estar llegando a su límite.
Esta realidad china se hizo más notoria cuando hace tres meses los inversionistas estaban apostando a que las autoridades chinas nuevamente inyectarían dinero a la economía para estimular el crecimiento, lo que sucedió fue que los mercados se han quedado esperando, y han “aceptado” el hecho que el crecimiento más lento será su nueva realidad; por otra parte hacen ruido las cifras que han dado a conocer Goldman Sachs, New York Times y Barron’s, en las cuales se estima que el crecimiento chino para 2013 sería del 7,4%, lo cual es una cifra más modesta que el pronóstico inicial y creando la sensación de encontrarnos al borde de un cambio importante.
Otro elemento a considerar, percibido por muchos, y en realidad un secreto a voces, es que las mismas cifras de crecimiento, se consideren malas o no, distan mucho de la realidad, y es que el gobierno de Beijing lleva tiempo maquillándolas, lo cual no es sorprendente considerando lo grande que es el país asiático y su igualmente enorme población, lo cual de todas formas haría en extremo complicado conseguir cifras certeras cada año aún si se intentara hacerlo, y vale recalcar que el gobierno chino dista mucho de tratar de recabar estas cifras exhaustivamente.
Por otra parte, China ha buscado sostener su crecimiento con políticas que más temprano que tarde podrían causar un estallido interno, como son los bajos salarios que le permitieron que ganara una enorme competitividad en sus exportaciones y a la vez atrajera inversión; esto no aguantará mucho tiempo porque es imposible mantener ese diferencial de salarios debido a que Beijing está en una guerra eterna contra el desempleo, que es catalizador de estallidos sociales, una de las situaciones que menos le agradan al gobierno del PCCh. Incluso se puede considerar paradójico que un Estado dependa de salarios bajos para ser competitivo pero que a su vez tenga políticas de reducción de la pobreza, las cuales necesariamente llevan a aumentos salariales sea directa o indirectamente.
Por otro lado, los préstamos bancarios son utilizados por China para construir infraestructura masiva, propiedades comerciales y residenciales, cosa que también crea la sensación de estabilidad, pero que con el tiempo igualmente se ha mostrado dañino, porque hace crecer artificialmente a la economía, lo cual no genera aumento de la productividad ni retorno de lo invertido, y que más aún, puede acarrear costos a mediano y largo plazo, por no hablar de una burbuja inmobiliaria. Más aún, muchas empresas chinas se han vuelto cada vez menos rentables, han aumentado sus costos de producción generando inevitablemente una inflación tangible, además de que se manejan gracias a los créditos y la inyección de capital, esto para mantener la economía en marcha y no generar desempleo. La estrategia de los dirigentes chinos ha sido buscar estimular la economía para hacerla depender más del consumo interno que de las exportaciones y las inversiones extranjeras, pero esto se hace difícil ya que existen 900 millones de personas en la pobreza. Esto lleva a un callejón sin salida en el cual sólo es posible seguir subsidiando a empresas ineficientes para mantener a la población ocupada y conservar niveles mínimos de consumo y producción.
De esta manera los chinos están entre la espada y la pared, si continúan los préstamos hacia las empresas, crecerá cada vez más la inflación lo que aumenta los costos y más allá de reducir el poder de consumo interno, los hace menos competitivos a la hora de querer exportar, lo cual se suma que Europa y EEUU han retomado este año las largamente postergadas conversaciones para alcanzar un Tratado Trasatlántico de Libre Comercio (por sus siglas en inglés, TAFTA), lo cual podría afectar negativamente las exportaciones chinas a ambos lados del Atlántico.
Mientras los chinos no consigan quitarle peso a las exportaciones y desarrollar un mercado interno más fuerte pero sin restar tanta competitividad, la caída será constante, y un efecto secundario de toda esta situación se puede llegar a sentir en nuestra región, en las cuales existen posibilidades de que las inversiones chinas si bien no cesen ni disminuyan considerablemente, si se vean afectadas de forma negativa, especialmente en países como Perú, Chile o Brasil donde China es un socio primordial. Además, podría disminuir la demanda china de materias primas latinoamericanas, lo cual ha sido un factor esencial para la década de prosperidad que ha experimentado en la región.
Desde las altas esferas del poder en China, se ha querido detener a como dé lugar lo que parece estar por suceder, pero quieren una solución que no afecte el statu quo. Este ha sido el espíritu del 12° Plan Quinquenal de 2011, que apuesta por rebalancear la economía mediante el estímulo al consumo interno y el crecimiento del sector servicios que además de ser un gran empleador, ha mostrado un excelente desempeño en los últimos años  –creciendo en los dos primeros trimestres de 2013 en 8,3%, por encima del 7,6% del sector manufacturero y construcción. Además, el nuevo Presidente Xi Jinping ha puesto énfasis en el combate a la corrupción.
Sin embargo, debe entenderse que no existe una solución que no suponga ciertos sacrificios y cambios en el sistema existente, lo cual necesariamente devendrá en cambios, así sean sutiles, en muchas de las actitudes y comportamientos de Beijing.
China no dejará de ser una superpotencia de la noche a la mañana por atravesar una crisis a nivel económico, sin embargo, y por cómo van las cosas, perderá la hiper-competitividad que la había caracterizado y su crecimiento económico se estabilizará en números más modestos –alrededor de 7%- en los próximos años. Por ello, China tendrá que buscar nuevas y más innovadoras estrategias para mantener su vigencia como la superpotencia emergente en el sistema internacional, además de seguir mostrándose sólida para no minar más profundamente la imagen que hasta hace poco daba al Mundo.

miércoles, 24 de julio de 2013

EEUU y América Latina ¿cómo deben ser sus relaciones?


 
Prof. Juan González (*)
Las relaciones de América Latina con Estados Unidos (EEUU) se configuraron en base a la Doctrina Monroe que expresa: “América para los Americanos”. Al plantear esta doctrina en la primera mitad del siglo XIX, EEUU como potencia emergente dejaba delimitado su área de influencia ante las potencias europeas de aquel momento.
Con la Doctrina Monroe América Latina quedó subordinada a EEUU en un proceso que inició con la expansión hacia el sur a través de la Guerra México-Americana en la que arrebató aproximadamente el 50% del territorio al país azteca. Así como la Guerra hispano- Americana de 1898 en la que EEUU derrotó a España y se quedó con el control de Cuba y Puerto Rico.
En el ámbito financiero, varios países de la región que habían tomado préstamos a las potencias europeas para organizarse luego de la independencia estaban bajo amenaza de invasiones al no poder cumplir con sus compromisos crediticios. En 1862 las tropas francesas invadieron a México por la cesación de pagos. Aunque Venezuela no fue invadida en 1902 las tropas británicas bloquearon sus puertos. Ante esta situación EEUU, decidió comprar los títulos que tenían los europeos con deudas de América Latina para aumentar su control sobre la región.
Desde el final del siglo XIX, EEUU, ha promovido reuniones e instituciones de carácter continental para mantener a la región apegada a sus valores y bajo su dominio: la Conferencia Panamericana, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Cumbre de las Américas, entre otras.
Con el surgimiento de la Guerra Fría y la posterior Revolución Cubana en 1959, algunos países latinoamericanos pidieron a EEUU revisar sus relaciones con la región. Planteaban que estas solo se circunscribían a lo jurídico, político y militar, pero excluía las cuestiones económicas y sociales.
Los reclamos aumentaron con la visita del Vicepresidente de EEUU, Richard Nixon en 1958 a Caracas y Lima, que inicialmente incluía siete países pero las protestas escenificadas en estas dos ciudades por la llegada del segundo hombre al mando del gobierno estadounidense varió la agenda.
Ese momento de enfriamiento en las relaciones de EEUU y AL fue aprovechado por el Presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, para proponer la Operación Panamericana. Una propuesta que se inspiraba en la Plan Marshall, implementado por EE.UU. para reconstruir varios países de Europa devastados por los efectos de la Segunda Guerra Mundial.
La Operación Panamericana sirvió de paradigma al Presidente de EEUU John F. Kennedy para lanzar en 1961 la Alianza por el Progreso, en Punta del Este, Uruguay.
La Alianza por el Progreso fue el más ambicioso proyecto de ayuda y cooperación de EEUU hacia América Latina. Contemplaba el desarrollo de infraestructuras, educación, salud, promoción de la democracia, libre comercio y la implementación de una reforma agraria en cada uno de los países. Sin embargo, ese gran sueño de cooperación continental no llegó a hacerse realidad, lamentablemente se fue a la tumba con el Presidente Kennedy.
En estos momentos las relaciones de EEUU y América Latina se encuentran en una situación similar a la que se vivió después de la Revolución Cubana.
La influencia de EEUU en la región se ve amenaza por la presencia de China. El año 2000 el intercambio comercial entre China y América Latina fue de tan solo $10 mil millones de dólares y en la actualidad supera los $200 mil millones de dólares.
Otro ejemplo, es que China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, desplazando a EEUU. Además, debemos agregarle la concesión dada a una empresa de China para construir un canal interoceánico en Nicaragua similar al de Panamá con una inversión estimada en 40 mil millones de dólares.
El pasado mes de mayo de este año 2013, el Presidente de EEUU, Barack Obama y su Vicepresidente Joe Biden, realizaron visitas puntuales a América Latina. Barack Obama, se reunió con el Presidente de México, los presidentes de los países centroamericanos y el de la República Dominicana, teniendo como temas de agenda principalmente, el comercio y el narcotráfico.
Mientras que Joe Biden, realizó su periplo por Suramérica (Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago) para tratar la situación post-electoral de Venezuela, los acuerdos de paz con la guerrilla (Colombia) y el intercambio comercial.
EEUU mantiene un déficit comercial anual que se aproxima a los 450 mil millones de dólares y quiere reducirlo ampliando su intercambio comercial con la región que posee un mercado con más de 500 millones de consumidores.
Las relaciones de EEUU con América Latina no deben centrarse únicamente en el comercio, en los temas migratorios y en el combate al narcotráfico, es necesaria una nueva “Alianza para el Progreso” que impulse el desarrollo de la región.
EEUU será el mayor beneficiario del progreso de América Latina porque recibirán menos inmigrantes, venderán más productos a la región, tendrán más seguridad en las fronteras, se reducirá el flujo de drogas y podrán tener acceso a recursos humanos de alta calificación.
Finalmente, pienso que EEUU debe de dejar de considerar a América Latina su patio trasero y cultivar una vecindad armoniosa que descanse en el respeto a la soberanía y en la no injerencia de los asuntos interno de los países de la región. América Latina y EEUU tienen intereses comunes que deben preservar y cultivar mediante la cooperación.
(*) Profesor Universidad Autónoma de Santo Domingo - República Dominicana
 

martes, 23 de julio de 2013

Reconciliación en Puerto Ayacucho



Dr. Kenneth Ramírez

Los mandatarios Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro han logrado reconciliarse y han prometido relanzar las relaciones bilaterales durante la reunión sostenida este lunes 22 de julio en Puerto Ayacucho. La cita fue el primer encuentro bilateral desde que el Presidente Santos asistió por poco tiempo a la toma de posesión de Nicolás Maduro el pasado 19 de abril, y vino a cerrar el impase provocado posteriormente por la audiencia privada concedida por el Presidente Santos a Henrique Capriles Radonski el pasado 29 de mayo, quien ha desconocido los resultados de las elecciones del 14-A y ha solicitado a varios gobiernos y parlamentos latinoamericanos que presionen al gobierno venezolano para la celebración de una auditoría electoral a todos los materiales de votación de conformidad a la “Declaración de Lima” adoptada por UNASUR.
Recordemos que el Presidente Maduro reaccionó desproporcionadamente a la reunión Santos-Capriles, denunciando que desde “los más altos poderes del Estado colombiano” se conspiraba para derrocarlo y hasta asesinarlo; por lo cual en su opinión, se habían quebrantado los Acuerdos de Santa Marta del 10 de agosto de 2010, según los cuales el Presidente Santos convino preservar las buenas relaciones políticas, mientras que Venezuela aceptó reactivar el comercio bilateral. Tal situación develó el objetivo central de la diplomacia de Maduro en sus primeros 100 días: lograr reconocimiento y legitimidad internacional. Sin embargo, una vez alcanzado este objetivo, y habiendo recordado al gobierno colombiano y al Mundo los costos de intervenir en los asuntos internos de Venezuela, la reconciliación ha sido posible.
Desde la Casa de Nariño, el Presidente Santos sostuvo en variadas ocasiones que  todo esto había sido producto de un “mal entendido”. En realidad, resulta bastante normal en nuestros tiempos, que un Presidente democrático reciba al líder opositor de un país vecino y escuche sus puntos de vista, sobre todo cuando existen simpatías ideológicas y diferentes actores políticos colombianos lo exigían –incluyendo los Ex-Presidentes Pastrana y Uribe.
Lo cierto es que la reunión de Puerto Ayacucho ha reactivado una relación que estaba “un poco fría” en palabras de la Canciller Holguín. Santos apeló a Bolívar como Padre común y a una relación constructiva como parte del legado de Chávez, para acercarse psíquicamente a Maduro y reparar los vínculos. También parece que acudió a los buenos oficios del Presidente Correa y del Ex–Presidente Lula, a quienes Maduro manifestó agradecimiento por su interés en el encuentro. Aun así, la diferencia de estilo entre Chávez y Maduro quedó en evidencia en la rueda de prensa, ya que si bien se mostró cordialidad diplomática, hubo ausencia de sonrisas, discursos inflamados y gestos grandilocuentes.
No obstante, más allá de estilos e ideologías, ha quedado demostrado una vez más, que los intereses son los lazos más sólidos que unen a los gobiernos de dos países vecinos. El enfoque pragmático seguido por el Presidente Santos hacia Caracas, le ha permitido no sólo cobrar la mayor parte de la deuda que el gobierno venezolano tenía con los exportadores colombianos, sino impulsar el comercio bilateral. En este sentido, aunque aún se encuentra lejos de los 7 millardos de dólares que alcanzó en 2008 antes de la última gran ruptura Chávez-Uribe, ha venido creciendo sostenidamente desde la llegada de Santos al poder, pasando desde 1,7 millardos de dólares en 2010 hasta 3,2 millardos de dólares en 2012.
Igualmente, el Presidente Santos ha logrado que se mantenga la presencia del gobierno venezolano –con el que las FARC tiene afinidades ideológicas- como acompañante del proceso de paz que atraviesa una coyuntura decisiva, luego del histórico acuerdo sobre desarrollo agrario alcanzado en la mesa de negociaciones de La Habana a finales de mayo. Los resultados de estas negociaciones son vitales de cara a una posible reelección de Santos en 2014. Por último, pero no menos importante, el Presidente Santos desea tener en Venezuela un colaborador para combatir el narcotráfico y los grupos ilegales que operan en la frontera, así como un posible interlocutor frente a cualquier aventura expansionista de Nicaragua –animada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia- en la fachada caribeña colombiana.
Por su parte, el Presidente Maduro ha conseguido que Colombia le reitere su reconocimiento como mandatario legítimo de Venezuela e interlocutor necesario para la paz, continúe abasteciendo el mercado local –aunque aquí sigue pendiente el reto de equilibrar la balanza comercial claramente deficitaria- y no preste ningún tipo de apoyo a la oposición venezolana. Asimismo, el gobierno venezolano ha manifestado interés en combatir el costoso contrabando de gasolina hacia Colombia, que representa alrededor de 29 mil barriles diarios y más de un millardo de dólares que cada año se escapan de las arcas venezolanas, ya que se importan actualmente aditivos para fabricar gasolina.
Además, sí el Presidente Maduro realmente se ha tomado en serio las denuncias del periodista y dirigente del PSUV, José Vicente Rangel, sobre un supuesto plan estilo “Misión Imposible” que tendría algún sector de la oposición venezolana, el cual habría adquirido un lote de 18 aviones desincorporados por las Fuerzas Armadas de EEUU para atacar en el futuro a Venezuela desde suelo colombiano, seguramente fue tratado en la reunión. De igual forma, quizás también se discutió sobre el alcance del acuerdo de cooperación firmado recientemente entre Colombia y la OTAN, que el gobierno venezolano ha calificado como una “agresión a la unidad latinoamericana”.
En definitiva, como dijo el Presidente Santos en Puerto Ayacucho, ambos gobiernos tienen visiones diferentes, pero también tienen la necesidad de trabajar juntos en función a sus intereses respectivos; mientras que el Presidente Maduro habló de abordar los retos comunes con base en el respeto, la comunicación permanente, la cooperación creciente y la co-existencia –término que recuerda peculiarmente a la Guerra Fría.
Una lluvia selvática sirvió de telón de fondo para la clausura del encuentro, lo cual fue visto como de buen augurio por el Presidente Santos, quien sentenció: “dicen que los matrimonios, cuando llueve, tienen buena suerte”. Desde luego no sabemos si este matrimonio tendrá suerte, lo que sí sabemos es que será mutuamente conveniente para ambos gobiernos, y quizás por ello sea duradero.
Publicado originalmente en RunRun.es

domingo, 14 de julio de 2013

El espionaje en Suramérica y la paradoja del caso Snowden


 
Victor Hugo Matos
El caso de Edward Snowden ha tenido amplia repercusión internacional, en la medida en que sus “revelaciones” han demostrado la existencia de una red estadounidense de espionaje de alcance internacional, la cual se enfoca en el uso de la Meta-data (grandes cantidades de información) y la vigilancia de equipos electrónicos por parte de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU (por sus siglas en inglés, NSA) mediante el programa PRISM, lo cual a pesar de sonar bastante novedoso resulta ser una extensión de programas como “Echelon” o “Carnivore” cuyas características son de dominio público.

No obstante, a pesar de que en muchos países de la región se ha criticado la existencia de esta red estadounidense de espionaje, considerándola como una situación “grave” y “asombrosa”, en los últimos años se han producido diversos casos donde se han producido verdaderas escuchas ilegales sobre ciudadanos y políticos, lo cual revela como es el comportamiento de la Comunidad de Inteligencia en Suramérica y como se tiende a mirar a otro lado cuando el espionaje “ilegal” lo realizan los Estados de la región.

En primer lugar, toca hacer mención de un caso  muy sonado en Argentina, donde se develó una trama de escuchas ilegales realizados por la Gendarmeria Nacional conocida como “Proyecto X”, las cuales se integraban a un programa que, según se descubrió, generaba  informes de personas, donde se describían sus actividades políticas, su poder de convocatoria, y sus filiaciones partidarias. A esto se le añade el establecimiento de un sistema de registro biométrico de información, cuyos efectos sobre la información privada generan tanta suspicacia que hasta el propio Julian Assange ha llegado a criticar a Argentina por su sistema de vigilancia rígido e “invasivo”.

Otro caso donde las escuchas ilegales también generó un fuerte impacto mediático, al menos a nivel nacional, fue el caso de la vigilancia ilegal de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) a políticos brasileños como Gilmer Mendes, quien es ministro del Tribunal Supremo Federal de Brasil y que implicó la participación de 56 agentes de dicha agencia, que supuestamente estaban participando en la “Operación Santiagraha”  de anticorrupción,  sobre los cuales recayó la acusación de  colocar micrófonos de forma ilegal.

A estos ejemplos de espionaje en la región hemos de sumarles otros casos como el de el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en Colombia, donde se vigiló a diversos elementos dentro de la sociedad civil mediante grabaciones ilegales durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos o las grabaciones que se sacan a la luz en Venezuela de forma recurrente, por parte de ambos sectores del espectro político y cuya facturación reúne todas las características de una grabación ilegal.

Es visible entonces, que si tuviera que definirse cuáles son las características de la Comunidad de Inteligencia en Suramérica, nos encontraríamos con una serie de organismos que actúan de forma desproporcionada, muchas veces sin una ley que limite su funcionamiento y, sobre todo, sin una correcta supervisión parlamentaria, algo que es esencial si se quiere insertar eficazmente las labores de inteligencia dentro del sistema democrático -lo que, en mayor o menor medida se realiza en EEUU.

Resulta paradójico entonces que algunos países de Suramérica se hayan mostrado asombrados por las acciones de espionaje realizado en sus países por EEUU y le hayan abierto las puertas a Edward Snowden, declarándose a sí mismos adalides del derecho a la privacidad, cuando en casa se permite la vigilancia a partir de escuchas ilegales a políticos de oposición, periodistas y magistrados, lo cual irónicamente va mas allá  del alcance actual sobre el cual puede actuar la NSA mediante el PRISM.

Tampoco luce muy ética -a la luz de todo lo expuesto-, la Declaración emitida por la XLV Cumbre de Jefes de Estado de MERCOSUR expresando su solidaridad con los gobiernos de Bolivia, Nicaragua y Venezuela por el ofrecimiento de asilo en beneficio del ex-agente Snowden y rechazando las presuntas acciones de espionaje de EEUU contra la región.

Cuando la moral no nos asiste completamente, y tampoco existen intereses vitales directamente involucrados en un asunto, quizás sea mejor guardar un discreto silencio. De lo contrario, caemos en un torneo de retórica llena de sofismas y corremos el riesgo de tomar acciones imprudentes.