miércoles, 30 de octubre de 2013

El Esequibo y la fachada atlántica


Embajador (r) Sadio Garavini di Turno

La reclamación del Esequibo y la defensa de nuestros derechos en la fachada atlántica del Delta del Orinoco son dos temas relacionados pero distintos. El buque Teknic Perdana, contratado por Guyana para actividades de exploración petrolera, fue interceptado recientemente en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que proyecta el Delta del Orinoco y que ha sido tradicionalmente patrullada por la Armada. Guyana, por su parte, ha presentado unilateralmente a la comunidad internacional una línea de delimitación de áreas marinas y submarinas entre la zona en reclamación y el estado Delta Amacuro orientada hacia occidente, que le cercena a Venezuela centenares de miles de kilómetros cuadrados de ZEE, cerrándole además la libre salida al Atlántico.
 
Antes y durante las negociaciones que anunciaron recientemente los cancilleres Jaua y Rodrígues Birkett en Trinidad, Venezuela debe afirmar públicamente que la salida libre al Atlántico no es negociable y la Armada debe continuar su tradicional patrullaje en la zona. En cambio, hay que aprovechar el interés de Guyana en ampliar su Plataforma Continental y en explorar el potencial de hidrocarburos en "su" fachada atlántica para reactivar el proceso de negociación sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, empezando por nombrar un negociador-facilitador por Venezuela a tiempo completo, apoyado además por un pequeño equipo de apoyo que le permita hacer un adecuado "lobby" en la ONU y en la comunidad internacional en general, particularmente en el Caribe.
 
El hecho que el actual negociador Roy Chaderton es también embajador en la OEA, representante de Venezuela en las negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, miembro del Consejo de Estado y diputado principal en el Parlamento Latinoamericano demuestra la falta de interés y la irresponsabilidad que el Gobierno ha tenido respecto a la reclamación. Es importante también aclarar que el representante del Secretario General de la ONU en el proceso de los "buenos oficios", Norman Girvan, debe limitarse a ayudar a las partes a buscar una solución satisfactoria para el arreglo práctico de la controversia sobre el Esequibo, en el marco del Acuerdo de Ginebra.
 
Por cierto, es importante resaltar que Guyana, en estos últimos tiempos, dado que el reglamento de la Comisión de Límites de la Convención del Mar de la ONU impide que la Comisión pueda analizar una solicitud de ampliación de Plataforma Continental en una zona en disputa, ha reiterado en varias ocasiones que no existe una controversia territorial con Venezuela, desconociendo la letra y el espíritu del Acuerdo de Ginebra. Un análisis de este delicado y grave tema escaparía a la economía de estas breves notas, sin embargo en esta materia la posición del gobierno venezolano debe ser muy firme y el buen oficiante Norman Girvan puede y debe intervenir.
 
Publicado originalmente en El Universal

viernes, 25 de octubre de 2013

6 meses de política exterior de Maduro


Dr. Kenneth Ramírez
 
Han pasado poco más de 6 meses desde que Nicolás Maduro juró el cargo como Presidente de Venezuela. Maduro ha empleado 33 de sus 190 días en el Palacio de Miraflores, para realizar 15 viajes al exterior por 19 países diferentes –visitando Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Uruguay en más  de  una  oportunidad-, ha participado en cumbres de la ALBA, MERCOSUR, UNASUR, PETROCARIBE, CARICOM y el FPEG, y ha recibido altos representantes de diferentes países.
 
Para efectos de análisis, podemos dividir su política exterior en dos etapas. La primera que se extiende desde su rauda asistencia a la Cumbre Extraordinaria de UNASUR celebrada en Lima el 18 de abril –horas antes de su juramentación- para discutir la situación política venezolana marcada por la tensión posterior a las elecciones del 14-A, hasta la Cumbre del MERCOSUR celebrada en Montevideo el 12 de julio; caracterizada por un gran activismo internacional de Maduro para lograr reconocimiento y legitimidad. Mientras la segunda etapa podemos identificarla desde la Cumbre Binacional con Juan Manuel Santos en Puerto Ayacucho el 22 de julio hasta el presente, caracterizada por un menor activismo, la reivindicación del legado internacional de Chávez y la crisis económica doméstica.

Debido a su ajustada y controvertida victoria en las elecciones del 14-A y la impugnación de la misma por la MUD a nivel interno y externo, Maduro no gozó de la luna de miel que acompaña a los mandatarios en sus primeros días. Después de la Cumbre Extraordinaria de Lima, UNASUR saludó a Nicolás Maduro como Presidente, hizo un llamado a que todo reclamo se realizase dentro del ordenamiento jurídico y tomó nota positiva de la decisión del CNE de implementar “una metodología” –sin ahondar en detalles- para auditar el total de las mesas electorales. Acto seguido los líderes de Argentina, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Cuba, Honduras, República Dominicana, Nicaragua e Irán asistieron a la toma de posesión de Maduro. Esta fue, sin duda, una primera victoria diplomática.

A pesar de esto, en sus primeros días, Maduro acumuló varios desencuentros internacionales debido a la crisis electoral. Al canciller español, José García-Margallo, lo mandó a “sacar sus narices de Venezuela” cuando manifestó su disposición a ayudar. Al Ex-Canciller peruano, Rafael Roncagliolo, le dijo haber “cometido el error de su vida” al presentar un pedido a la UNASUR para evaluar una segunda declaración que solicitara “tolerancia y diálogo”. Tildó al Presidente Obama de ser “el jefe mayor de los diablos” y acusó al Ex-Presidente Uribe de encabezar un “complot” para derrocarlo, lo cual hizo extensivo al Presidente Santos cuando sostuvo una reunión privada con Henrique Capriles. Además, acusó al Secretario de la OEA de “cínico e injerencista”, por solicitar diálogo.

Maduro utilizó PETROCARIBE, ALBA y MERCOSUR para desactivar los intentos de la MUD de formar un bloque de parlamentos y gobiernos a nivel hemisférico para presionar a favor de la realización de una auditoría integral de todo el material electoral desde UNASUR y la OEA, así como toda posible activación de la Carta Interamericana Democrática.

Además, desplegó iniciativas diplomáticas de apertura –hoy vistas como meras tácticas tendientes a afianzar su reconocimiento-, como la Reunión Jaua-Kerry al margen de la Asamblea General de la OEA celebrada en Guatemala el 5 de junio y la gira europea realizada del 16 al 20 de junio por Italia, El Vaticano, Francia y Portugal, que incluyó la simbólica audiencia con el nuevo Papa Francisco. Esas dos reuniones, fueron nuevas victorias diplomáticas, ya que le dieron mayor legitimidad y cerraron la puerta a las denuncias que realizaba la MUD. Maduro coronó esta etapa con una gira por Rusia y Belarús, y su asunción de la Presidencia pro-témpore del MERCOSUR en la Cumbre de Montevideo -a pesar de las objeciones del nuevo Presidente de Paraguay, Horacio Cartes.

Una vez superada la crisis electoral y con amplio reconocimiento, Maduro ha disminuido la frecuencia de sus viajes al exterior y ha retomado el discurso anti-imperialista. Esto pudo observarse con la visita a Cuba en el 60° Aniversario del asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio, la definitiva salida de la Convención Americana sobre DDHH, y las protestas de la ALBA por el espionaje denunciado por Snowden y la irrespetuosa retención del avión del Presidente Morales en Europa. No obstante, estos últimos eventos mostraron también que su liderazgo en una ALBA en declive, se encuentra disputado por Rafael Correa. Asimismo, en esta segunda etapa, Maduro ha buscado apoyos para paliar la crisis económica -al tiempo que intenta desviar la atención de la misma-, mediante la profundización de las relaciones con los socios considerados estratégicos, la reconciliación con el Presidente Santos y por nuevas puestas en escena frente a EEUU.

Cuando lucía inminente un ataque de EEUU a Siria a principios de septiembre, el Presidente Maduro le envió una carta –tan poco diplomática como intrascendente- al Presidente Obama para intentar liderar la opinión pública mundial contra EEUU, tratando de emular a Chávez en la antesala de Irak. No obstante, el Acuerdo de Ginebra entre EEUU y Rusia para destruir el programa químico sirio, le tomó con el pie cambiado y prefirió por ello no acudir a la Asamblea General de la ONU.

La crisis económica le obligó a viajar a China en septiembre para pedir un nuevo préstamo y ofrecer nuevos bloques de la Faja, así como solicitar nuevos préstamos a empresas petroleras a través de PDVSA. Asimismo, le llevó a cerrar el canal de diálogo con EEUU a finales de septiembre, mediante la expulsión de su Encargada de Negocios, Kelly Keiderling, para tratar de desviar la atención de los problemas económicos. En octubre, la agudización de la crisis y la cercanía de las elecciones municipales, han generado sendas ausencias de Maduro en una cita con Morales y Correa en Bolivia y en la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, y el ofrecimiento de ayuda de Brasil a través de Marco Aurelio García.

En definitiva, hemos visto a un Maduro que ha optado por retomar la política exterior de Chávez -incluyendo su falta de contundencia respecto al Esequibo. Sin embargo, la ausencia del líder carismático, las capacidades económicas y petroleras mermadas, y el cambio de la coyuntura internacional –marcada por el repliegue de EEUU y la transición a la multipolaridad- introducen varias incógnitas sobre la viabilidad del proyecto internacional del chavismo a largo plazo.

Irán: un nuevo camino

 
Embajador (r) Julio César Pineda
 
Arabia Saudita ha sorprendido al mundo con la renuncia al puesto en el Consejo de Seguridad, que recientemente había conquistado a pesar del interés que había manifestado para formar parte del más importante órgano de decisión de la ONU.

La molestia la justificaba por la necesaria reforma del actual sistema de Naciones Unidas y especialmente los cambios en el Consejo de Seguridad, para servir a la paz y la seguridad internacionales. Criticaba la ausencia de una solución justa y permanente a la causa palestina luego de 65 años de confrontaciones, como la ineficacia de este organismo frente al "gobierno de Siria" que "mata y quema a su pueblo con armas químicas"; y la incapacidad de la ONU para implementar una región libre de armas de destrucción masiva, seguramente refiriéndose a Israel e Irán. Esto ratifica la actitud asumida en la 68 Asamblea General, cuando el canciller de Arabia Saudita sin previo aviso retiró su derecho de palabra en el tradicional discurso que pronuncian los Jefes de Estado y los ministros de Relaciones Exteriores. Tratándose del mayor productor y exportador de petróleo y un cercano aliado de Washington, llama la atención y obliga a una explicación. La monarquía saudita está molesta con la diplomacia de Barack Obama en el Medio Oriente, especialmente con el acercamiento y el diálogo con el nuevo presidente iraní Hassan Rouhani. Irán es la expresión opuesta del Islam sunita que dirige la casi totalidad de Estados árabes, el arco chiíta manejado por Teherán tiene una fuerte presencia en Siria, pero también en Iraq y una importante representación en el Líbano con el Hezbolá, por eso las críticas de Riad, que hubiera preferido el ataque militar contra Siria y una línea más fuerte contra los Hermanos Musulmanes en Egipto.

El calentamiento de los vínculos diplomáticos entre Teherán y Washington no solo preocupa a Arabia Saudita y a otros gobiernos árabes que ven el régimen iraní como rival político-hegemónico y como factor religioso y etnocéntrico. En muchos de los gobiernos árabes sunitas, hay fuertes contestaciones chiítas que miran siempre hacia Teherán.

Paradójicamente la nueva política de Arabia Saudita la acerca a Israel, frente al deshielo diplomático de Washington y Moscú. El Primer Ministro Netanyahu ha advertido, que a diferencia de Ahmadinejad que era un lobo vestido de lobo, Rouhani se presenta como un lobo vestido de cordero, y que lo que está tratando al ofrecer el diálogo a Occidente, es ganar tiempo para su programa nuclear militar, Israel no olvida la amenaza de Ahmadinejad de borrar al Estado judío del mapa. Sin embargo el Ministro israelí de Finanzas Yair Lapid, recomendó a su pueblo estar abierto a todas las negociaciones, para soluciones pacíficas e incluso criticó la orden de Netanyahu de retirar sus diplomáticos de la sala de ONU cuando hablaba el presidente Rouhani. Siempre Israel ha afirmado la posibilidad de un golpe preventivo, para impedir el acceso de Irán al arma nuclear. Con Barack Obama ha habido discrepancias también en relación a su propuesta de un Estado Palestino independiente en Cisjordania, región ocupada por Israel.

Estuvimos presentes en Nueva York en esta Asamblea General que marca una nueva era en las relaciones internacionales, con un nuevo espíritu de diálogo y de cooperación. Todo producto del discurso del presidente Hassan Rouhani, cuando tendió su mano y ofreció el diálogo y la negociación al mundo occidental. Seguimos la respuesta favorable del presidente Barack Obama primero en los medios de comunicación y luego la llamada telefónica de 15 minutos al Presidente Rouhani, rompió el hielo de 34 años desde la última llamada del presidente Carter al Sha de Irán, días antes de su derrocamiento.

Un proyecto de paz entre Washington y Teherán ayuda como estamos viendo a resolver el caso sirio, con un primer paso en la destrucción de las armas químicas, donde Rusia y China en armonía con Irán, se han puesto de acuerdo con Francia, Inglaterra y EEUU. El 23 de noviembre será la Conferencia de Paz de Siria. Pero también puede ayudar a una solución definitiva del diferendo palestino-israelí y de otras confrontaciones en el Medio Oriente, donde es posible que ahora Irán no sea visto como una amenaza para Occidente, ni para sus vecinos árabes e Israel. El nuevo gobierno iraní debe dar garantía de uso pacífico del átomo y facilitar los controles internacionales de su industria nuclear, como lo hacen los 60 Estados que desarrollan la energía nuclear con fines pacíficos.

América Latina y particularmente Venezuela no puede estar ajena a estos cambios en el sistema internacional.
 
Publicado originalmente en El Universal

jueves, 19 de septiembre de 2013

El Acuerdo de Ginebra sobre Siria


Dr. Kenneth Ramírez

Lunes 9 de septiembre. Mañana fresca y parcialmente nublada en Londres. El Secretario Kerry se aprestaba a realizar la rueda de prensa con el Canciller británico Hague, en el palacio neo-renacentista italiano que alberga el Foreign Office en Whitehall. Las noticias en Washington resultaban preocupantes. Las últimas encuestas mostraban un aumento de la oposición de los estadounidenses a un ataque a Siria. En consecuencia, se estaba gestando una revuelta silenciosa en la Cámara de Representantes. El Presidente Obama había conseguido victorias tempranas con la aprobación de una Resolución en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el 4 de septiembre, y el respaldo de los líderes de los partidos en ambas cámaras. Empero, los representantes con la mente puesta en las elecciones de medio término a finales de 2014, estaban dispuestos a revelarse contra sus autoridades. El frente internacional volvía a cobrar fuerza.
 
Después de exponer su posición y subrayar el respaldo de 33 países a la declaración que pedía una “respuesta internacional firme en Siria”, le hicieron la pregunta de rigor sobre la posibilidad de evitar el ataque. En lugar de responder negativamente, el Secretario Kerry intentó desarmar al periodista: “Seguro que sí, si Assad entrega todas y cada una de sus armas químicas a la Comunidad Internacional la próxima semana -entregarlas todas y sin retraso. Pero no lo va a hacer y además no se puede hacer” dijo despreocupadamente. No sospechaba que su comentario activaría al ágil Canciller ruso Lavrov, quien en cuestión de horas, presentó una propuesta para colocar todas las armas químicas sirias bajo control internacional y logró el respaldo público de Assad. Acto seguido, el Presidente Putin se permitió publicar una columna en el New York Times dirigida al “pueblo estadounidense” -recurso muy manido por EEUU desde los tiempos de Wilson- donde hacía un llamado a la “cautela”, ya que atacar Siria traería como consecuencia “más víctimas inocentes y una escalada”, además “desataría una nueva ola de terrorismo”. EEUU había sido puesto contra las cuerdas.
 
La maestría de la jugada diplomática rusa estribaba en que ofrecía protección a su aliado Assad, al tiempo que una salida para un Presidente Obama que no quería atacar, que no tenía respaldo de la ONU ni de los estadounidenses y ahora corría el riesgo de una derrota en la Cámara de Representantes; pero que tampoco podía voltear hacia otro lado sin daño a su credibilidad y capacidad disuasiva. El Presidente Obama desde el Salón Este de la Casa Blanca el jueves 12 de septiembre, aceptó la propuesta rusa y la valoró como producto de su amenaza creíble de utilizar la fuerza. Le pidió al Congreso que retrasara la votación sobre Siria – sin descartar un ataque en caso de fracasar esta iniciativa diplomática.
 
El acuerdo final fue alcanzado el sábado 14 de septiembre en Ginebra, tras intensas negociaciones entre el Secretario Kerry y el Canciller Lavrov, el cual quedó compuesto por cuatro grandes aspectos: 1) Siria debe firmar la Convención de Prohibición de Armas Químicas, con el compromiso de EEUU y Rusia de asegurar la destrucción del programa de armas químicas sirio a través de una Resolución en el Consejo de Seguridad; 2) Siria debe presentar en una semana una lista completa de nombres, tipos y cantidades de sus agentes de armas químicas, municiones y sitios de almacenamiento, producción e investigación; 3) Siria debe proporcionar apoyo a los inspectores de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) y la ONU, que deben culminar su verificación en noviembre de 2013; 4) Destruir todos los equipos de producción, mezcla y llenado para noviembre de 2013; y eliminar todas las armas químicas en el primer semestre de 2014.
 
Aún no sabemos si este acuerdo, difícil de implementar en medio de una guerra, tendrá éxito. Lo que sí sabemos es que el Presidente Putin se ha apuntado una victoria diplomática al erigirse como gran árbitro. Por otra parte, el Presidente Obama ha dejado claro que seguirá apoyando a los rebeldes sirios: los perdedores de este acuerdo. Todo esto nos remite a dos escenarios posibles:
 
a) Éxito diplomático: Assad accede a la entrada de los inspectores de la ONU y la OPCW, entrega las armas químicas y se ve forzado a abrir unas negociaciones de paz que le llevarán a ceder el poder a un gobierno provisional. La guerra civil termina y Assad se exilia en Moscú. La experiencia de Irak servirá para no cometer el error de desmontar las instituciones del Estado y el Ejército. Las minorías alawita, kurda, cristiana y drusa son incluidas junto a la mayoría sunita en un sistema de reparto de poder donde es necesario el consenso, siguiendo el modelo del Acuerdo de Taif de 1989 que cerró la guerra civil libanesa. EEUU y Rusia ejercen influencia compartida. Se genera una dinámica que permite incluir a Irán y entrar en negociaciones fiables sobre su programa nuclear. El Presidente Obama deja como legado la culminación de las guerras en el Medio Oriente y el “pivote al Pacífico” para encarar el ascenso de China.
 
b) Estratagema: Assad evita los bombardeos de EEUU gracias a un cumplimiento limitado del Acuerdo de Ginebra, y aprovecha la estratagema diplomática para afirmarse en el conflicto gracias al apoyo de Hezbollah y las armas que le suministran rusos e iraníes. Juega con los inspectores de la ONU y la OPCW y les entrega sólo una parte de su arsenal químico. EEUU y las monarquías del Golfo suministran armas y entrenamiento a los rebeldes. La cruenta guerra civil continúa y la credibilidad internacional de EEUU sufre un serio revés. Siria empaña el legado de Obama y los republicanos le acusan de haber debilitado a EEUU en el Mundo. Lamentablemente el escenario más probable, ya se observan dilaciones.

Escenarios de pos-conflicto: errores y recomendaciones

 
Dr. Gustavo Palomares Lerma
 
Las distintas experiencias internacionales en gestión del posconflicto, siendo todas radicalmente diferentes y no comparables —ni tan siquiera como hipótesis— parten de una evidencia que se convierte en axioma: lo fácil es firmar, lo difícil es cumplir.
 
Las dificultades para ejecutar y llevar a cabo los acuerdos en el nuevo escenario propicio de paz no sólo se encuentran en la acomodación de éstos a una realidad diversa, desigual y descentralizada, como es la colombiana, sino también en no cometer errores que provoquen “cierres en falso” que abran espacios a la frustración, al sentimiento de engaño, a la falta de justicia o a la insuficiente reparación.
 
Si revisamos situaciones tan dispares como pueden ser la española, derivada de una guerra civil —sin ser extensible a otra realidad española como la del conflicto vasco—, la de los enfrentamientos sangrientos en Centroamérica, por no hablar de las luchas tribales en el centro de África, los procesos de transición y consolidación democrática en el cono sur latinoamericano o, incluso, la nueva realidad interracial sudafricana; todos estos casos demuestran que, para que no exista vuelta atrás en estos procesos, es fundamental conocer la verdad; no “enterrar” la memoria histórica y resarcir económica y, sobre todo, moralmente a las verdaderas víctimas inocentes. La reconciliación no es posible si las víctimas sienten que existe impunidad.
 
Leyes de víctimas cortas y planes de reinserción mal orientados —origen de bacrim y maras— como ocurrió en Centroamérica; leyes de perdón y “punto final” que suponían claros ejercicios de impunidad —incluso con delitos graves de lesa humanidad— como ocurrió en el cono sur; o incluso, leyes de memoria histórica y de reparación insuficientes, o también amnistías y grandes silencios, como ocurre respectivamente en España y Chile, provocan que estos procesos superadores de la violencia se encuentren condenados a repetirla en sus distintos tipos y formas, reabriendo cada cierto tiempo esas heridas no cerradas.
 
Un error repetido y grave en estos escenarios posteriores a situaciones conflictivas en proceso de transición es la falta de un proceso de legitimación de “abajo arriba” que suponga una apropiación del mismo por parte de la ciudadanía implicada. Es el caso de acuerdos de paz firmados en la mesa de negociación, incluso con proceso constituyente en marcha, con gran despliegue mediático y gran cobertura internacional, que son rechazados electoralmente —como ocurrió en Guatemala— o que no logran una aceptación homogénea dentro de cada una de las filas de los contendientes y que provocan brotes de recrudecimiento de la violencia en escenarios de posconflicto, como ocurrió en el caso de Irlanda del Norte. Es imprescindible crear condiciones sociológicas, simbólicas e, incluso, míticas, capaces de propiciar un imaginario colectivo superador de la violencia, como ocurrió en Sudáfrica. Mandela y su Invictus es un ejemplo de refundación personal y nacional.
 
La pedagogía de la paz es un ejercicio imprescindible para preparar al tejido social en una dura labor de comprensión, aceptación y abandono de la violencia como un elemento de normalidad social. Este ejercicio debe partir de un reconocimiento responsable de los errores cometidos durante el conflicto para desde ahí, plantear nuevos compromisos éticos e, incluso, morales de protagonismo en la paz. Nuevos “pactos” individuales y colectivos transformadores de la violencia y, sobre todo, de las causas que la provocan. En conclusión, crear un nuevo escenario, de verdad; no cambiarlo todo —también la Constitución— para que todo siga igual.

martes, 17 de septiembre de 2013

Gibraltar: estrecho de la discordia


 
Rossa Charum
Luego de tres siglos de un disperso, pero latente conflicto entre Reino Unido y España por el pequeño territorio de Gibraltar, la tensión en las relaciones hispano-británicas no para de crecer desde que a finales del mes pasado el gobierno de Gibraltar decidió hacer uso de aguas territoriales, cuya posesión aún disputa España, y de las cuales obtiene ganancias.
Gibraltar fue cedido por España, al Reino Unido, como lo estableció el Tratado de Utrecht en 1713. Tiempo después, en 1969, Gibraltar pasó de ser una colonia británica, para convertirse en un Territorio de Ultramar, donde el gobierno de Reino Unido ejerce soberanía en materia de política exterior y asuntos económicos. La autodeterminación del pueblo de Gibraltar no ha sido oficialmente reconocida por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, sin embargo, a lo largo de la historia se han realizado varias consultas referendarias a la población de Gibraltar sobre si desean continuar bajo la soberanía británica -cuya respuesta siempre ha sido afirmativa.
España, históricamente, ha mantenido una política exterior de reclamo para obtener la re-cesión de este territorio a su poder; y en este conflicto en concreto, ha decidido radicalizar sus acciones en lo que se conoce como el Istmo o Verja de Gibraltar (barrera que divide Gibraltar de España) obstaculizando la actividad económica de los gibraltareños y generando retraso y pérdida para los que por allí circulen, alegando la intención de prevenir el contrabando en una zona de tanta importancia. Incluso, el Ministro de Asuntos Exteriores de España, manifestó la convicción española de dirimir esta controversia, bien en el Tribunal de la Haya o en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde ha manifestado querer establecer una alianza con Argentina, quien será miembro pro-témpore de dicho órgano, y que mantiene un conflicto similar con Reino Unido por el territorio británico de ultramar conocido como islas Malvinas. Esta última expectativa ha sido foco de críticas por parte de la oposición creciente al gobierno español, quien califica de riesgoso establecer alianzas que podrían resultar perjudiciales a largo plazo, refiriéndose específicamente al gobierno argentino, y dejando claro, que a pesar de sus diferencias, España y Reino Unido mantienen una relación muy estrecha como miembros de la Unión Europea.
Reino Unido, arguye que España sólo quiere desviar la atención, debido a que ha sido uno de los más afectados por la crisis del Euro, y su situación interna tanto política como económica, es dificultosamente sostenible. Su alegato se resume a que la autodeterminación de Gibraltar es más importante que la integridad territorial de España, y que las recientes acciones de la primera, no afectan en lo absoluto a la segunda. Además, Londres ha calificado de ilegal las acciones que ha llevado a cabo Madrid, pues serían violatorias del marco normativo de quienes pertenecen a la Unión Europea, y ha manifestado la voluntad de ejercer acciones “sin precedentes” contra España.
Empero, ni Reino Unido, ni Gibraltar forman parte del Acuerdo de Schengen, que permite el libre tránsito de cualquier ciudadano en los países que forman parte de dicho instrumento jurídico internacional, lo que es usado por España, quien aún considera suyo parte del territorio de Gibraltar así como las aguas que fueron usadas para la pesca, por esta última. Gibraltar ha calificado de violentas, injustificadas y perjudiciales las acciones españolas, y apoya contundentemente la posición británica, que vela por la economía y estabilidad de las casi 35.000 personas que viven en este territorio.
Mientras España sugiere llevar esta controversia nuevamente a un plano internacional, Reino Unido ha exigido una respuesta contundente e inmediata de la Unión Europea como órgano de carácter regional. Esto ha resultado peculiar, ya que es bien sabido que Reino Unido ha asomado recientemente la posibilidad de abandonar la Unión Europea a largo plazo, además, su tradicional política exterior los ha proyectado como un Estado euroescéptico, lo cual se ha puesto aún más de manifiesto en el Parlamento británico con la grave crisis que atraviesa Europa.
No hay duda, hoy se encuentra más vivo que nunca un juego de intereses por uno de los territorios que controla la entrada y salida al Mar Mediterráneo, y por tanto, al Océano Atlántico, y que es muy cercano al Continente Africano. Los contrincantes, España y Reino Unido se encuentran en posiciones muy distintas, considerando que Reino Unido ha sido durante este tiempo de crisis, un sostén dentro la UE, mientras que España, una carga.
Se ha considerado como parte de una estrategia política de España el reavivar este conflicto, para distraer la atención de la crisis económica en la que se encuentra. Sin embargo, España ha decidido ir disminuyendo la agresividad con la que en un principio se enfrentó a Reino Unido, pues conoce las debilidades que tiene frente a este socio europeo, y ya hay voces que señalan como daño colateral de este conflicto bilateral, la derrota sufrida una vez más por la candidatura de Madrid –esta vez frente a Tokio- como sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Por su parte, Gibraltar seguirá prefiriendo que su política exterior sea dirigida por Reino Unido mientras sus intereses económicos se vean satisfechos, no está demás recordar que muchos le tipifican como un paraíso fiscal. Es Reino Unido quien ha mantenido una posición tajante en este conflicto, pues más allá de mantener sus posesiones territoriales, desea seguirse proyectando como una potencia de alcance global, por más que sus años dorados hayan pasado.
La solución de este conflicto histórico resulta sin duda muy compleja, y requiere de una buena dosis de pragmatismo y creatividad. Quizás su europeización no sea una mala idea después de todo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La denuncia del Pacto de San José: paradojas y alternativa


Dr. Kenneth Ramírez
Una falta no se convierte en un error hasta que te niegas a enmendarlo. Empero, el gobierno venezolano -a pesar de todas las críticas- decidió seguir adelante con la denuncia de la Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José, hasta hacerla efectiva. Esto plantea varias paradojas e invita a pensar en alternativas.
Una primera paradoja ha sido señalada por el Ex–Procurador y Ex-Fiscal General de la República, Javier Elechiguerra, quien recordó que el decreto que llamó a referéndum en 1999 para convocar una Asamblea Nacional Constituyente se realizó con base en una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reconocía la participación política como derecho fundamental, habida cuenta que esto no estaba contemplado en la Constitución de 1961.
Una segunda paradoja es que la Constitución de 1999 otorga jerarquía constitucional en su artículo 23 a los tratados, pactos y convenciones relativos a Derechos Humanos. En consecuencia, el acto de denuncia del Ejecutivo ha violado el espíritu del constituyente, además de ser inconstitucional en tanto que no se ha activado ninguno de los mecanismos de reforma previstos en el artículo 341. Es decir, no se ha recurrido a la aprobación de la medida por la mayoría de los miembros de la Asamblea Nacional o a un referéndum para enmendar el bloque constitucional en materia de derechos humanos, cuestión que en su momento fue utilizada por el gobierno venezolano ante el Mundo para enfatizar lo avanzada de la Constitución de 1999 al respecto.
Una tercera paradoja es que la denuncia de la Convención se hizo buscando supuestamente una retirada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la cual ha sido atacada con ímpetu por Venezuela por su supuesto aval al golpe de Estado de 2002. De hecho, el 30 de abril de 2012, el Ex-Presidente Chávez, pidió instalar el Consejo de Estado para que proporcionara los argumentos –nunca conocidos- que avalaran la retirada de Venezuela “de la tristemente célebre CIDH (…) un mecanismo que usa EEUU contra el país”. El Presidente Maduro ratificó estos argumentos el pasado 9 de septiembre, agregando que la CIDH y la Corte “se creen un poder supranacional por encima de gobiernos legítimos  del continente”, y las acusó de querer respaldar la denuncia de fraude de la oposición en las elecciones del 14-A.
Sin embargo, la CIDH -creada en 1959- es parte tanto del Derecho Internacional Americano como del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, porque fue incorporada tanto en la Carta de la OEA firmada en 1948 a través del Protocolo de Buenos Aires de 1967, como en la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969. En consecuencia, la denuncia de la Convención, sólo tiene el efecto de retirarnos del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos –y su ente jurisdiccional que es la Corte- pero no de la CIDH. Ya que la Carta de la OEA no admite divisibilidad de sus disposiciones, la única forma de retirar a Venezuela de la CIDH sería retirarla de la organización. Lo que ha hecho Venezuela es unirse a algunas islas de El Caribe y sorprendentemente a EEUU, que forman parte de la OEA pero no de la Convención. En este sentido, la CIDH seguirá vigilando e impulsando el cumplimiento de los Derechos Humanos en Venezuela de conformidad a la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre de 1948; y sus medidas y recomendaciones aunque no serán vinculantes, constituirán un factor de ilegitimidad de no ser acatadas.
Una cuarta paradoja es que nos hemos retirado de la Convención sin haber participado activamente en el debate que se ha producido sobre su reforma, y sin haber podido crear una institucionalidad de protección de derechos humanos alternativa. Recordemos que una propuesta impulsada por Ecuador y Venezuela para crear un Consejo de Derechos Humanos en UNASUR fue derrotada en 2012, y por consiguiente, hacerlo en la CELAC será aún más cuesta arriba, ya que el resto de la región entiende que su propósito es debilitar el sistema interamericano. Esto demuestra además que la decisión no fue calculada suficientemente.
Una quinta paradoja es que la Convención Americana de Derechos Humanos de la cual nos estamos retirando, es base jurídica del Protocolo de Asunción sobre Compromiso con la Promoción y Protección de los Derechos Humanos del MERCOSUR de 2005, esquema de integración regional al cual estamos ingresando. En consecuencia, nuestra acción proporciona más argumentos a quienes califican la adhesión de Venezuela al MERCOSUR como problemática.
Mientras reflexionamos como país, y encontramos una solución que refleje un consenso nacional al respecto, existe –más allá del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos de la ONU- una alternativa clara: el propio MERCOSUR. En este sentido, todos los actores políticos y sociales deben empezar a suscribir –con todo lo que haya que cambiar- el ingreso de Venezuela al MERCOSUR y ocupar sus espacios, ya que posee valiosas instancias para promover y proteger los Derechos Humanos: la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento del MERCOSUR, la Reunión de Altas Autoridades sobre Derechos Humanos (RAADH) -órgano auxiliar del Consejo del Mercado Común-, y el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos. Asimismo, debe exigirse al gobierno venezolano que utilice la Presidencia pro témpore del MERCOSUR para fortalecer estas instancias e impulsar la transformación de la RAADH en un Consejo de Derechos Humanos del MERCOSUR que sea efectivo y creíble.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Siria y la primacía de la Realpolitik

 
Victor Hugo Matos

En los últimos días el gobierno de EEUU, junto a otros países como Turquía o Francia, anunció que estaba preparándose ante la posibilidad de realizar un ataque limitado a estructuras del gobierno sirio como respuesta al supuesto uso de Gas Sarín contra población civil, cuya autoría aún es punto de discordia entre los actores interesados dentro del conflicto. En respuesta a esto, varios miembros de esa estructura abstracta que se hace llamar “Opinión Pública Internacional”, que clamaban anteriormente porque se hiciera algo con el caso de Siria, habiendo sido etiquetada esta como una grave crisis humanitaria, ahora rechazan cualquier tipo de intervención en contra de Al-Assad; para lo cual, se han usado argumentos respecto a la primacía del Derecho Internacional como sustento para criticar cualquier intervención, a pesar de que este es un concepto tan abstracto como difícil de aplicar efectivamente en el Mundo real, compuesto por un conjunto de países con una visión de la legalidad tan antagónica y con intereses tan disímiles que difícilmente puede hablarse de la existencia de una “Comunidad Internacional”.
Además, esta misma estructura, en conjunto con algunos actores interesados dentro del conflicto sirio como Rusia o China, ha pedido que haya una salida negociada, a pesar de que el ambiente actual parece haber destruido cualquier posibilidad de alcanzarla.
Esta situación es un reflejo de cómo se ha condicionado el sistema internacional después del 11-S y la Guerra de Irak, donde los gobiernos a pesar de criticar problemáticas internacionales por sus consecuencias humanitarias, recurren a acciones indirectas para lidiar con las mismas,  siendo el caso más claro el de la Unión Europea,  y donde hasta en EEUU, la idea de intervenir directamente  en cualquier tipo de conflicto trae consigo a los fantasmas de la Administración Bush, inmovilizando cualquier toma de decisiones  eficaz al respecto.
Otro punto interesante en este sentido es la situación de la ONU, cuyo papel como organización por excelencia para dirimir controversias y generar salidas pacificas se ha venido diluyendo durante los últimos tiempos, que ha pasado a ser poco más que un foro político.
Estas tendencias en su conjunto reflejan el cumplimiento de la predicción que hizo Ian Bremmer sobre el ingreso en un Mundo G-0, donde nadie estuviera dispuesto a asumir las responsabilidades y cargar con el peso del liderazgo, en un momento donde las crisis económicas, los problemas internos y las políticas nacionales, reduce la predisposición de los Estados a prevenir o detener conflictos de este tipo.
Este es el nuevo sistema internacional, no uno basado en estructuras internacionales donde los Estados dirimen sus problemáticas en grandes foros y las guerras son evitadas o limitadas por la capacidad de organizaciones y foros como la ONU o el G-20 de sumar voluntades de los Estados más capaces para lidiar con problemáticas internacionales como pretendían algunos estudiosos que sería el Mundo después de la caída de la URSS.
Estamos en un Mundo donde las crisis humanitarias o los conflictos, por más terribles que sean, no impulsarán actos altruistas por parte de grandes coaliciones, sino más bien participaciones puntuales motivadas por intereses nacionales. Un Mundo donde la Realpolitik se impone sobre cualquier otro planteamiento como se ha visto en el conflicto sirio, a pesar de que en los discursos ante la ONU se hable de “interés general” y “primacía del Derecho Internacional”. Bienvenidos al G-0. Venezuela debe tomar nota.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Obama, el Congreso y Siria


Dr. Kenneth Ramírez
Todo estaba dispuesto. El Secretario Kerry había preparado el caso ante la opinión pública, los líderes mundiales estaban informados y los buques de guerra estaban en posición: pero el Presidente Obama seguía dudando… El sorpresivo voto contrario al ataque a Siria en el Parlamento británico el jueves 29 de agosto, trajo de vuelta su escepticismo… Salió a caminar en el Jardín Sur de la Casa Blanca por alrededor de 45 minutos con su Jefe de Gabinete, Denis McDonough. A su regreso, convocó una reunión en la Oficina Oval aquel viernes 30 de agosto a las 7 pm, donde comunicó a sus asesores una decisión inesperada: retrasaría el ataque, pediría autorización al Congreso, y lo anunciaría al día siguiente en el Rosedal de la Casa Blanca.
De esta manera, el Presidente Obama intentaba salirse del cul-de-sac en el que él mismo se había metido. Tras dos años y medio de conflicto sirio, el Presidente Obama ha vacilado entre la inacción y el cambio de régimen. En agosto de 2011 dijo que Bashar al-Assad debía marcharse, en agosto de 2012 fijó la utilización de armas químicas como “línea roja”, y en diciembre de 2012 afirmó que la Coalición Nacional Siria era el legítimo representante del pueblo sirio. Todo esto sin tener una estrategia delineada y una voluntad sólida para participar en una situación donde los intereses de EEUU no son evidentes. Si bien Assad es un dictador que ha provocado un sangriento conflicto, algunas facciones rebeldes tienen vínculos con Al-Qaeda, lo cual deja a EEUU sin un bando claro al cual apoyar y sin un desenlace que le sea conveniente. Empero, después del ataque con gas sarín en Damasco el 21 de agosto, el Presidente Obama quedó atrapado en su retórica.
No hacer nada implicaba a partir de ese momento poner en riesgo la credibilidad y el compromiso de EEUU con la prohibición en el uso de armas químicas. Por ello, el Presidente Obama optó por un ataque limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –en parálisis por el veto ruso para proteger a Assad-; pero otra cosa era hacerlo en la práctica casi unilateralmente –contando sólo con Francia.
Con todas estas consideraciones en mente, Obama decidió acudir al Congreso, lo cual merece varias reflexiones. En primer lugar, el Presidente Obama ha buscado legitimidad interna y compartir el costo político: colocar tantas manos en la daga como sea posible. Hasta ahora, la Casa Blanca se ha mostrado convencida de obtener el respaldo del Congreso.  De hecho una Resolución ya fue aprobada este 4 de septiembre en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (10 a 7) para un ataque limitado a Siria en un plazo de 60 días, cuyo debate en el pleno de las cámaras se realizará la semana del 9 de septiembre. No obstante, aún existe el riesgo de un rechazo de los congresistas, habida cuenta de la oposición de la mayoría de los electores. Si se produce un voto contrario en al menos una de las cámaras, el Presidente Obama se va encontrar ante un terrible dilema: atacar sin la autorización del Consejo de Seguridad ni de su propio Congreso, o no hacerlo y perder credibilidad, lo cual invitaría a otros actores como Irán a desafiar a EEUU.
En segundo lugar, el Presidente Obama ha tratado de trasladar un mensaje claro a la opinión pública mundial: ni Siria es Irak, ni él es Bush. Si bien es cierto que quizás no haya tiempo suficiente para que los inspectores de la ONU presenten su informe –se ha hablado de unas excesivas 3 semanas-, el Presidente Obama ha demostrado su actitud reacia a la guerra y su talante democrático. No tiene dudas de la responsabilidad de Assad y ha presentado pruebas de inteligencia. Si la CIA y el MI6 perdieron confiabilidad por Irak, la DGSE francesa tiene un record distinto.
En tercer lugar, el Presidente Obama no estaba obligado a acudir al Congreso, ya que se trataba sólo de un bombardeo. La Constitución de EEUU proporciona margen de maniobra al Presidente para acciones militares limitadas, requiriendo la autorización del Congreso sólo en casos de participación en una guerra. Sin embargo, la Resolución de Poderes de Guerra aprobada en 1973, trató de limitar este aspecto, por lo que ha sido objetada por todos los mandatarios desde Nixon –incluso el propio Obama eludió al Congreso por Libia en 2011. En consecuencia, lo que ha hecho el Presidente Obama ha sentado un precedente que puede afectar a sus sucesores, ya que un Congreso que tiende cada vez más al aislacionismo en política exterior, podría exigir de ahora en adelante su aprobación para cualquier acción militar, haciendo a EEUU menos activista en el Mundo.
En cuarto lugar, la eficacia de los bombardeos ha sido comprometida. El Jefe de Estado Mayor Conjunto, General Martin Dempsey, le dijo al Presidente Obama el 24 de agosto, que una demora en los bombardeos no era relevante. Sin embargo, evidencia reciente le han obligado a retractarse. La utilidad de bombardeos como los planteados inicialmente ha sido puesta en entredicho, ya que si bien pueden mantener la credibilidad de EEUU y aliviar conciencias sin provocar una escalada militar; no solucionará el conflicto ni eliminará las armas químicas. Por ello, en la Sección 5 de la Resolución del Comité de Relaciones Exteriores se plasmaron como objetivos estratégicos: la necesidad de cambiar el curso de las hostilidades –que favorece por ahora a Assad-, “crear condiciones para una solución negociada”, y degradar la capacidad química de Assad. Algunas voces plantean que para lograr esto, resultan necesarios unos bombardeos de mayor envergadura a los previstos –que infrinjan grandes costos y provoquen disuasión-, proporcionar armas avanzadas a los rebeldes y aislar a los terroristas. Es decir, parece estar emergiendo en EEUU una estrategia hacia Siria: fomentar su “libanización”, es decir, el reparto de poder entre varias facciones y un condominio con Rusia.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El peligroso “romance” de América Latina con China


Kevin Utrera
En una continuación de la lucha por un crecimiento sostenido y una ampliación de su esfera de influencia, China ha estado durante los últimos años llevando su “siembra” a tierras donde espera conseguir una cosecha verdaderamente provechosa: América Latina.
La  consolidación en la última década de gobiernos de tendencias ideológicas afines en la región, ha llevado progresivamente a un acercamiento entre los países latinoamericanos y China, lo cual le ha permitido al gigante asiático incrementar cada vez más una marcada influencia en lo que, en palabras del propio Secretario de Estado, John Kerry, sigue siendo considerado “el patio trasero de EEUU”. Esta influencia es reflejada en la expansión sostenida no sólo en las inversiones chinas en la región, sino también en las cifras en términos de importaciones de la región desde China (considerablemente mayores a las exportaciones), y en el gran número de préstamos que le ha otorgado la potencia asiática a países como Venezuela y Argentina.
Ahora cabe preguntarse, ¿hasta dónde llega la influencia China en América Latina? Esta es la pregunta que muchos se hacen hoy en día, al ver que cada vez es más evidente. Si bien es cierto que hay un nivel de afinidad política entre los países de la ALBA específicamente con China, el nivel de influencia en el ámbito político en la región no ha pasado de ser una mera cooperación pragmática en asuntos de interés compartido, la cual aún no ha desplazado la influencia estadounidense en la región contrario a lo que puedan señalar algunos actores políticos.
Ahora, en términos económicos, la historia es otra totalmente distinta. En la última década, las inversiones chinas en la región han crecido de forma tan acelerada que ya, en países como Brasil y Chile, la nación asiática ha desplazado a los EEUU como principal socio comercial. Casos como el argentino son también importantes de destacar, cuando en 2011 a través del China Development Bank, Beijing le otorgó un préstamo a Argentina de 10 millardos de dólares para ayudar a subsanar la precaria situación económica, cuando otros prestamistas le habían dado la espalda por el gran nivel de endeudamiento de dicho país.
Cuando revisamos las cifras de la CEPAL en términos de inversiones, encontramos que China ha escalado posiciones en los últimos 10 años, de forma que para 2012, pasó a ser el segundo socio de la región, desplazando a la UE, y para 2013 se estiman ya inversiones presentes en más de 65 millardos de dólares.
Lo interesante cuando vemos el nivel de endeudamiento de países como Venezuela ante China, así como también los rubros en los cuales se han incrementado las relaciones comerciales, es que nos encontramos con un refuerzo en la primarización de las economías latinoamericanas, al enfocarse las exportaciones latinoamericanas hacia China en los sectores energético y alimenticio, mientras que las exportaciones chinas hacia América Latina, se enfocan en manufacturas, construcción e importantes préstamos.
Aquí es donde radica el riesgo de la relación América Latina-China, y de la cual surge la interrogante: ¿está siendo América Latina cada vez más dependiente de China? ¿Está China convirtiendo a la región en su periferia, su “patio trasero”?
Al revisar opiniones desde el punto de vista chino, como la del Profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Sun Hongbo, encontramos que la perspectiva que ellos plantean hacia la región es de “complementariedad y competencia”. Sin embargo, la débil posición de la industria latinoamericana en rubros manufacturados en comparación al gigante asiático, hace prácticamente imposible -al menos bajo las actuales condiciones- una competencia importante. Esta relación, parece más bien responder a una búsqueda de un progresivo desplazamiento parcial de socios comerciales y una ampliación de posibilidades como respuesta al debilitamiento económico que han sufrido los principales socios comerciales de China (EEUU, Japón y la UE) tras las crisis económica de 2008.
Parece ser que la afinidad ideológica, y el relanzamiento de un discurso “anti-imperialista” en la región contra EEUU, aunado a un alto nivel de endeudamiento en países como Argentina, que llevaron a un distanciamiento de otras posibilidades de préstamos, han actuado como factores claves en el acercamiento entre América Latina y China. No obstante, al analizar los distintos factores que subyacen detrás de las superficiales opiniones mediáticas, ésta parece ser una peligrosa relación de creciente dependencia que se espera incluso se profundice en el próximo lustro.

martes, 27 de agosto de 2013

Ataque a la vista en Siria

 
Dr. Kenneth Ramírez
Un ataque con gas venenoso fue perpetrado el pasado 21 de agosto en territorio sirio controlado por los rebeldes. Según algunas fuentes las víctimas ascendieron a 355 y de acuerdo a los rebeldes ascendieron a 1300. La versión más ampliamente aceptada señala al régimen de Assad como responsable, mientras que algunas fuentes apuntaron a los propios rebeldes –habrían hecho una suerte de teatro sangriento para generar una respuesta internacional. Sin duda, lo ocurrido constituye uno de los capítulos más oscuros en una guerra civil que lleva dos años y medio, más de 100 mil muertos y millones de refugiados.
EEUU ha evitado hasta ahora la participación en la guerra civil de Siria, ya que la Administración Obama no lo consideraba beneficioso para sus intereses. Esto no quiere decir que Washington tenga algún tipo de simpatía por Assad. Damasco tiene estrechos vínculos con Irán, Rusia, y la milicia Hezbollah en El Líbano. Sin embargo, EEUU ha aprendido en Afganistán, Irak y Libia, a considerar no sólo las amenazas que suponen regímenes hostiles, sino también lo que podría seguir a los mismos. En aquellos casos, cambiar el régimen terminó rápidamente enredando a EEUU en guerras civiles, cuyos resultados no han valido la pena los costos asumidos. En el caso de Siria, los rebeldes son musulmanes sunitas, con algunas de sus facciones -como el Frente Al-Nusra- con vínculos con Al-Qaeda.
Muchos alrededor del Mundo se han mostrado consternados con la cruenta guerra civil siria, y han estado pidiendo a Washington que haga algo. El Presidente Obama ha sido cauto. Washington no tiene un interés directo en el resultado, ya que todos los posibles lucen malos desde su perspectiva. Por otra parte, los que ahora son enfáticos en pedir que se actúe, serán los primeros en condenar a EEUU cuando algunos de sus ataques provoquen víctimas civiles como daño colateral. No hay formas inocuas para poner fin a una guerra civil.
Empero, la estrategia prudente de Obama dejó un cabo suelto. Expresó que no se involucraría en Siria a menos que el régimen de Assad utilizara armas químicas, a modo de disuasión. A pesar de ser Assad un líder despiadado, también es un actor racional; por tanto, la Administración Obama consideró que no haría nada que diese lugar a una intervención directa de EEUU, sin la cual ha podido contener el avance de los rebeldes, a pesar del apoyo de Arabia Saudita, Turquía, Qatar y las potencias occidentales. En consecuencia, el uso de armas químicas ha comprometido al Presidente Obama, en contra de sus mejores cálculos.
El discurso del Secretario de Estado John Kerry el pasado 26 de agosto ha construido políticamente el caso: es “innegable” que se utilizaron armas químicas en Siria, lo cual significa una “obscenidad moral”, y existen “pocas dudas” de que el responsable es el régimen de Assad, ya que es el único con esta capacidad. Aunque Assad se comprometió a permitir el acceso de los inspectores de la ONU al sitio del ataque, el Secretario Kerry sentenció que esto se ha producido “demasiado tarde para ser creíble” y lo ha acusado de “destruir pruebas”.
Ya no se trata sólo de Siria. El Presidente Obama marcó una línea roja, y esta ha sido traspasada -al menos en la verdad más ampliamente aceptada. La credibilidad es la moneda más importante en las Relaciones Internacionales. Si el Presidente Obama no hace nada, otros Estados que le son hostiles como Corea del Norte e Irán, ya no le tomarán en serio. De manera que el Presidente Obama está conminado a usar la fuerza en Siria. Sólo es cuestión de tiempo. El problema es que la mayoría de los estadounidenses está en contra de una intervención. Además, el déficit presupuestario tampoco admite una opción militar costosa.
En consecuencia, lo más probable es que el Presidente Obama se decante por un ataque punitivo limitado sin el aval del Consejo de Seguridad –debido al veto de Rusia-, y con el apoyo de la OTAN y la Liga Árabe en su lugar. Ya tiene 4 destructores emplazados en el Mediterráneo y cada uno de ellos puede lanzar entre 30 y 40 misiles crucero Tomahawk. Esto puede ser respaldado con ataques aéreos lanzados desde las bases aéreas de EEUU en Jordania y Turquía, con apoyo de los británicos y franceses, sin ingresar en la zona de alcance del poderoso sistema anti-aéreo sirio de tecnología rusa. La misión consistiría en destruir los emplazamientos que albergan armas químicas y degradar la fuerza aérea de Assad que tanto daño ha hecho a los rebeldes. Esto supone una operación más parecida al bombardeo de Libia en 1986 o el bombardeo de Irak de 1998, que a la invasión a Irak en 2003 o la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia en 2011. Esta es la opción más barata y segura para la Administración Obama. No obstante, todo esto hace pensar en cuales serían los objetivos estratégicos, ya que una operación punitiva no sacaría del poder a Assad ni eliminaría todo su arsenal químico –mucho del cual puede estar disperso y bajo tierra-; sólo le disuadiría de volver a utilizarlo y equilibraría la guerra.
El riesgo más importante es el potencial de desbordamiento regional. A lado de Assad hoy lucha Hezbollah, enemiga de Israel, financiada y armada por Irán. Teherán ha advertido de graves consecuencias si se ataca a Damasco. De manera que, Assad o Hezbollah podrían intentar atacar Israel. Assad también ha amenazado a Turquía y Jordania.
El reto del Presidente Obama consiste entonces en efectuar una operación limitada para mantener su credibilidad y no dejar como legado otra guerra abierta para EEUU en la región. Nada fácil.
@kenopina

lunes, 26 de agosto de 2013

La “Globalidad” en la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas entre Venezuela y Colombia


Giovanna De Michele (*)

 Ante el reciente anuncio de la reactivación de la CONEG (Comisión Negociadora entre Venezuela y Colombia), han comenzado a circular algunos comentarios, análisis y opiniones en torno al tema de la delimitación de áreas marinas y submarinas entre ambos países, que obligan a quienes hemos participado directamente en tan seria responsabilidad, a recordar algunos aspectos fundamentales como la estrategia de la “globalidad” en el proceso de negociación.
 
Para tal propósito, he considerado necesario hacer un breve recuento histórico de tan ardua tarea; por lo que comienzo enfatizando que el proceso de delimitación de áreas marinas y submarinas entre Venezuela y Colombia se ha caracterizado por ser sumamente largo y complejo, ya que, sin mencionar las negociaciones anteriores, las cuales resultaron infructuosas, se ha venido desarrollando a lo largo de más de un siglo. Desde el Laudo Español de 1891 hasta la presente fecha, sin que se haya logrado aún una solución satisfactoria para ambas partes.
 
No obstante, me voy a ubicar en el 3 de febrero de 1989, cuando el entonces Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, suscribió con su homólogo colombiano Virgilio Barco, una Declaración conocida como Acuerdo de Caracas, en la cual ambos Gobiernos se comprometieron a: 1) Adelantar consultas recíprocas conducentes a la reintegración de las Comisiones de Conciliación previstas en el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial de 1939 2) Designar dos Altos Comisionados por cada país, quienes en breve plazo debían hacer un inventario de las principales cuestiones por examinar entre ambos países a objeto de proponer a los dos Gobiernos una metodología adecuada a su tratamiento y solución y 3) Crear Comisiones de asuntos fronterizos encargadas de tratar cuestiones vecinales, así como el desarrollo económico y social de dichas áreas.
 
En esta oportunidad la decisión de los mandatarios fue la de analizar y buscar salidas eficaces y de consenso nacional y binacional a todas aquellas situaciones que tenían repercusiones bilaterales. De esta manera y con el propósito de garantizar las negociaciones directas, el 27 de marzo de 1989, el entonces Presidente de Venezuela, designó a los ciudadanos Rafael Pizani e Isidro Morales Paúl, sus Altos Comisionados para: 1) la realización de un inventario de las principales cuestiones por examinar entre Colombia y Venezuela y 2) proponer una metodología adecuada para su tratamiento y solución.
 
Esta nueva estrategia de negociación entre Venezuela y Colombia, se formalizó definitivamente el 28 de marzo de 1989, cuando los Presidentes de Venezuela, Carlos Andrés Pérez y de Colombia Virgilio Barco, se reunieron en el Puente Internacional Francisco de Paula Santander, sobre el río Táchira y emitieron la denominada “Declaración de Ureña”, que contiene los nombres de los Altos Comisionados de ambos países, así como la distribución formal de sus competencias.
 
En concordancia con la nueva estrategia de negociación definida por ambos Gobiernos y en cumplimiento de su mandato, los Altos Comisionados elaboraron un inventario de cuestiones pendientes por resolver entre ambos países, en el que se distinguieron 10 temas, figurando entre ellos la delimitación de áreas marinas y submarinas.
 
En este mismo orden de ideas, los Altos Comisionados iniciaron el examen de las metodologías más adecuadas para el tratamiento y solución de cada uno de los temas identificados y en tal sentido, se definió un Proyecto de Acuerdo aplicable a la delimitación de áreas marinas y submarinas, en el cual se mantiene “la posición tradicional de Venezuela, de utilizar la negociación directa entre las partes como la vía más fecunda y eficaz, evitando así la intervención de terceros en cuestiones vitales para nuestro país.”[1]
 
Uno de los aspectos fundamentales del citado proyecto, en pro de las negociaciones directas para el futuro, fue haber superado las diferencias en el sentido de que los Altos Comisionados colombianos aspiraban incorporar al texto del proyecto un plazo de un (1) año máximo para las negociaciones directas.
 
La posición de la delegación venezolana, fue la de no incorporar plazo máximo alguno para las negociaciones directas, quedando así establecido en el Proyecto de Acuerdo; donde se prevé que si tal esfuerzo no llegara a culminarse exitosamente, los dos Gobiernos de común acuerdo, podrían acudir a un procedimiento de solución pacífica no compulsivo a fin de lograr un acuerdo total y definitivo.
 
A los criterios de los propios Altos Comisionados venezolanos, este proyecto “crea un mecanismo de solución de controversias específico aplicable a la delimitación de áreas marinas y submarinas que viene a excluir la eventual aplicación del Tratado de No agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial, suscrito entre Venezuela y Colombia el 17 de diciembre de 1939,”[2] al evitar que se agoten los “medios diplomáticos ordinarios”[3].
 
En este sentido, es pertinente recordar  que en el artículo II del Tratado anteriormente mencionado, Venezuela y Colombia, se comprometen a someter a los procedimientos de solución pacífica, las controversias de cualquier naturaleza o que por cualquier causa surjan entre las partes y que no haya sido posible resolver por los medios diplomáticos ordinarios, exceptuando las que atañen a los intereses vitales, a la independencia o a la integridad territorial de los Estados contratantes. De esta manera y mientras se mantenga vigente el mecanismo de las Comisiones Negociadoras, los dos países se someten voluntariamente y por mandato a las negociaciones directas, partiendo de la base de que la negociación de áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela es un asunto vinculado a los intereses vitales y a la integridad territorial de nuestro país.
 
Es así como el 6 de marzo de 1990, en la histórica Quinta de San Pedro Alejandrino en la ciudad de Santa Marta, se reunieron los Presidentes Carlos Andrés Pérez de Venezuela y Virgilio Barco de Colombia, quienes luego de analizar el informe presentado por los Altos Comisionados, adoptaron las metodologías de tratamiento y solución presentadas (Modus Operandi), para aquellas cuestiones pendientes entre los dos países, procediendo entonces a firmar el Acta de San Pedro Alejandrino, con la cual se dio por terminada la tarea de los Altos Comisionados y se propuso crear una nueva Comisión Negociadora que operaría simultáneamente con la Comisión de Asuntos Fronterizos.
 
Culminada esta fase, se consolidó el inicio formal de un proceso de negociaciones directas, luego de instalar las respectivas Comisiones Negociadoras en cada País; el 16 de junio de 1990 en Colombia y el 14 de julio del mismo año en Venezuela.
 
Tales negociaciones directas se han circunscrito desde entonces a cinco temas: 1) Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas 2) Cuencas Hidrográficas Internacionales 3) Ríos Internacionales 4) Demarcación y Densificación de hitos en la frontera terrestre Y 5) Migraciones.
 
Obsérvese   que  el   tema  de  la   Delimitación   de   Áreas   Marinas y Submarinas, quedó entonces consagrado como un asunto más en la agenda de  negociaciones directas entre Venezuela y Colombia.
 
Igualmente, vale  la pena destacar que al iniciarse las negociaciones directas entre Venezuela y Colombia, en el marco de esta nueva etapa, se plantearon dos opciones: a) Negociar mediante concesiones individuales, es decir tema por tema como asuntos inconexos o aislados y b) Negociar mediante un paquete que abarcara de manera global todos los temas.
 
Considerando que la primera opción, conducía a la solución parcelada de la agenda, sin tener en consideración el necesario balance de logros entre las partes, se asumió la segunda opción, que permite flexibilizar las posiciones y  establecer claramente un balance de intereses garantizando la significación vital de los mismos y augurando la legitimidad de una solución general, permanente y equitativa. Este sistema de negociaciones se conoce como “la globalidad”.
 
En honor a la verdad, lo que se acordó ha permitido dar continuidad a una estrategia de negociación que de forma “quasi empírica” se ha venido aplicando entre los dos Estados desde hace mucho tiempo atrás.
 
Por ejemplo, en las negociaciones Unda-Suárez (1894), Venezuela sostuvo la tesis del dominio exclusivo del Golfo, con lo cual se ratificaron las negociaciones anteriores al Laudo de 1891, tales como Michelena-Pombo (1833) y Guzmán Murillo-Toro (1874-75); mientras que Colombia pretendía a cambio, la rectificación de los ríos Tarra y Sardinata, con el objeto de disponer de la parte llana del territorio para la posterior construcción del ferrocarril de Tamalameque. La misma estrategia se observa en las negociaciones Urbaneja-Restrepo (1907) y en la Rivas-Vasquez Cobo (1909).
 
Del mismo modo, en 1916 se contempló la realización de negociaciones con miras a concluir un Tratado sobre Navegación de ríos comunes, Comercio Fronterizo y Tránsito entre las dos Repúblicas, partiendo de la base de equidad y mutua conveniencia. A su vez se agregó que “cualquier variación proveniente del Tratado de Navegación y Comercio se tendrá en cuenta en los actos y operaciones concernientes a la demarcación o ésta se modificará en caso de suscribirse el Tratado después de iniciada la demarcación.”[4]
 
De allí se desprende que en las negociaciones Losada Díaz (1918), se manejara la rectificación fronteriza a cambio de compensaciones por parte de Venezuela en materia de navegación, comercio fronterizo y tránsito. Los colombianos aspiraban recibir de Venezuela, la cooperación para el empalme del ferrocarril de Cúcuta con el venezolano de Encontrados.
 
Tal como se ha evidenciado a lo largo de la historia, existe un “evidente vínculo estratégico”[5] en las cuestiones pendientes entre Venezuela y Colombia, que impone un tratamiento global y directo por parte de ambos países.
 
“En efecto, la cuestión de la delimitación de áreas marinas y submarinas está íntimamente ligada a la navegación de los ríos. Para Colombia ha sido y sigue siendo un claro objetivo geopolítico obtener la libre navegación de los ríos navegables fronterizos con Venezuela. Es cierto que en el Tratado de 1941 se autorizó esa navegación, pero para hacerla efectiva es necesaria una estrecha cooperación entre ambos países y una clara reglamentación por parte de Venezuela.”[6]
 
Otra clara manifestación de la interdependencia de las cuestiones pendientes entre Venezuela y Colombia y en consecuencia de la alta utilidad de la estrategia de la globalidad, se presenta con el tema de las Cuencas Hidrográficas, aspecto en el cual nuestro país presenta marcados intereses, debido a que estamos aguas abajo con relación al país vecino en cuyo territorio nace aproximadamente el 70% de las aguas superficiales del sur de Venezuela.
 
En este mismo orden de ideas, los intereses venezolanos y colombianos se entrelazan en circunstancias como las que envuelven al río Catatumbo, considerado como la única salida natural de la región fronteriza colombiana (Norte de Santander),  que a su vez suministra el 60% del agua dulce que recibe el Lago de Maracaibo.
 
Mención aparte merece el río Casiquiare que representa la unión natural y necesaria entre el río Orinoco y el río Negro, lo cual sirve de interconexión entre la Cuenca del Orinoco y la Cuenca del Amazonas.
 
De igual forma, la materia de migraciones y el transporte internacional constituyen objetivos prioritarios colombianos de carácter permanente; mientras que para Venezuela, se podría afirmar que representan los temas que permiten un amplio margen de maniobras en una negociación “ganar-ganar”.
 
En virtud de todo lo anterior queda claro que sería un error pensar que la Comisión Negociadora venezolana, omita la pertinente estrategia de la “globalidad”, en sus deliberaciones frente a la contraparte colombiana.
 
(*) Ex-Comisionada Presidencial para la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas con la República de Colombia y otros temas -  Coordinadora Académica de la Escuela de Estudios Internacionales (UCV) – Miembro del Comité Ejecutivo del COVRI



[1] Informe sobre la labor realizada por los Altos Comisionados del Ciudadano Presidente de la República para tratar los problemas a resolver con Colombia, Rafael Pizani e Isidro Morales Paúl, Caracas, 19 de marzo de1990.
[2] Ibidem.
[3] Artículo II del Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial del 17 de diciembre de 1939.
[4] Artículo 6 de la Convención para la Completa Demarcación de la Frontera, 1916.
[5] Denominación dada por los Altos Comisionados venezolanos Rafael Pisan e Isidro Morales Paúl a la interdependencia de los temas o asuntos pendientes entre Venezuela y Colombia, recogida en el informe  presentado el 19 de marzo de 1990.
[6] Informe sobre la labor realizada por los Altos Comisionados del Ciudadano Presidente de la República para tratar los problemas a resolver con Colombia.