jueves, 2 de julio de 2015

Rusia y la OPEP: una difícil coordinación


Dr. Kenneth Ramírez

Rusia enfrenta una nueva crisis asociada al mercado petrolero. En 1986, el desplome de los precios tras el abandono de Arabia Saudita de su rol como productor de equilibrio –swing producer- condujo a la caída de la Unión Soviética (URSS). El hundimiento de los precios debido a la Crisis Asiática y la guerra entre productores –entre ellos Venezuela y Arabia Saudita-, produjo una fuerte recesión económica y el impago de la deuda -el llamado “Efecto Vodka”- en 1998, lo cual llevó a renunciar a un enfermo Boris Yeltsin y trajo a un desconocido Vladimir Putin al poder. Posteriormente, Rusia se vio brevemente afectada por la corta caída de precios a raíz de la crisis financiera de 2008. Y, finalmente, la caída de los precios de este último año debido a la débil demanda petrolera y la guerra de jeques contra esquistos, aunado al efecto de las sanciones impuestas por el conflicto de Ucrania, han generado pérdidas de alrededor de 160 millardos de dólares, una dura recesión económica -el FMI estima una contracción del PIB de 3,8% en 2015 y 1,1% en 2016- y un escollo para las ambiciones globales de Putin.

La diplomacia petrolera venezolana se esforzó en los últimos meses en materializar una coordinación entre Rusia y la OPEP para realizar recortes conjuntos y apuntalar los precios. Esto se tradujo en tres visitas del Presidente Maduro a Moscú, y cuatro del Ministro de Petróleo, Asdrúbal Chávez, desde diciembre de 2014. Sin embargo, en lugar de recortes, la producción petrolera rusa ha aumentado en 200 mil barriles diarios (MBD) respecto a 2014, hasta alcanzar 10,7 millones de barriles diarios (MMBD) en junio de 2015 –récord de la era pos-soviética. Existen varias razones que explican esta posición de Rusia.

En primer lugar, el rol de las ideas. Cuando los precios empezaron a caer, la incertidumbre era creciente y Venezuela iniciaba contactos para eventuales recortes coordinados; el Ministro de Energía ruso, Alexander Novak, contrató un estudio del centro de pensamiento –think tank- Instituto Skolkovo liderado por el experto Grigory Vygon. Dicho informe concluyó que la OPEP no cooperaría debido a la posición saudita de expulsar del mercado a los productores menos eficientes; agregando que, si Rusia decidía recortar, Arabia Saudita y Libia tomarían su cuota de mercado en Europa. Además, esto agravaría los problemas presupuestarios de Rusia. Por ello, el Ministro Novak y el Presidente de Rosneft, Igor Sechin, optaron por no acordar recortes en una reunión a puerta cerrada en el Hotel Grand Hyatt de Viena, donde acudieron el Ex-Canciller Rafael Ramírez; el Ministro saudita Alí Al-Naimi, y el Ministro de Energía de México, Pedro Joaquín Coldwell, días antes de la 166° Reunión Ministerial de la OPEP, el 25 de noviembre de 2014.

En segundo lugar, la desconfianza entre Moscú y Riad. Putin considera que el finado Rey Fahd ayudó a Ronald Reagan a destruir la URSS inundando el mercado en 1986, y años después lanzó una guerra de precios para frenar la recuperación de su industria petrolera rusa ocasionando el “Efecto Vodka”. Tomando en cuenta estos antecedentes, Putin entendió que “hay un elemento político” en la caída de precios. Es decir, la posición saudita de no defender los precios también buscaba castigar a Rusia por apoyar a Irán y Assad en Siria, y ayudar a su aliado Barack Obama en el pulso con Putin por Ucrania. Por su parte, Riad considera que Moscú jamás ha colaborado con la OPEP, e incluso cuando ha acordado hacer recortes conjuntos como en 1999 y 2008, realmente no los ha materializado y ha aprovechado para tomar la cuota de mercado del grupo.

En tercer lugar, consideraciones técnicas y económicas. El 85% de la producción proviene de campos maduros en zonas con un clima hostil. No resulta fácil para Rusia realizar recortes y luego recuperar producción. Por lo tanto, Moscú ha estimado conveniente dejar caer el rublo en 50%, disminuir los impuestos petroleros y aumentar la producción. Adicionalmente, de su participación en el 6° Seminario Internacional de la OPEP realizado el 3 de junio de 2015, el Ministro Novak extrajo un potente argumento: Los precios se han estabilizado en 60 $/Bl y se recuperarán en los próximos dos o tres años; ergo, Rusia tiene reservas financieras suficientes -398,9 millardos de dólares- para capear el temporal.

No obstante, estos cálculos parecen estar minusvalorando algunos elementos. Los productores de esquistos de EEUU están siendo mucho más resistentes de lo esperado y algunos informes señalan que sin recortes los precios apenas se recuperarán desde el nivel actual para alcanzar los 75 $/Bl en 2025. Con precios deprimidos y sanciones, la industria petrolera rusa no va a ser capaz de repetir el “milagro de Siberia Occidental” que siguió a 1998. Se han agotado los campos baratos. Las reservas por explotar están en zonas remotas de Siberia Oriental, en aguas del Ártico, o son yacimientos de esquistos, que requieren tecnología que ha sido objeto de sanciones. Además, el clima de inversión se ha deteriorado con el arresto de Vladimir Yevtushenkov y la toma de su empresa Bashneft –sexto productor ruso con 320 MBD- en 2014, lo cual recordó el caso de Mikhail Khodorkovsky y la nacionalización de los activos de Yukos en 2004 –que consolidó a Rosneft como empresa petrolera nacional con 40% de la producción rusa. En consecuencia, la Agencia Internacional de Energía ha señalado una caída de producción de 560 MBD en 2020. Antes pronosticaba que alcanzaría 11 MMBD en 2019, cerca del récord de la URSS de 11,4 MMBD en 1988.

Esta crisis debería estimular a Rusia a introducir reformas para disminuir su dependencia de los hidrocarburos -68% de sus ingresos por exportaciones-, cerrar el capítulo de Ucrania a través de los acuerdos de Minsk y coordinarse con la OPEP para rescatar los precios del petróleo -siendo positiva la reciente visita del Príncipe heredero Mohamed bin Salman a San Petersburgo. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

Metamorfosis mundial


Dr. Carlos Romero

Uno de los debates más importante en las relaciones internacionales es aquel dedicado a analizar los límites entre la política exterior y su entorno global. La multiplicación de actores multilaterales y supra-estatales está retando la soberanía de los Estados, al tiempo que asumen algunas de las funciones que corresponden por tradición a los entes públicos. De esta manera, los límites entre estos tres tipos de organizaciones no están claros al momento en que se originan diversos conflictos al tratar de reservar, ocupar o simplemente tomar acciones que según el criterio de algunos no sean de su competencia.

La doctrina nos habla sobre que en la actualidad hay problemas "globales" que no pueden ser resueltos por los Estados; vale decir, el deterioro del ambiente, el terrorismo, armas nucleares, los medios de comunicación y las migraciones y que, por lo tanto, deben tomarse decisiones conjuntas y consensuadas. Sin embargo, algunos de sus críticos alertan sobre que la legitimidad de los Estados no puede ser ni suplantada ni calificada, en cuanto su orden interno por otros actores. 

Lo cierto es que algunas materias como lo son el tema de los derechos humanos y la idea de la supranacionalidad están en discusión, así como la injerencia de algunos Estados en los asuntos internos de otros países, por la vía directa o por una vía indirecta, a través de la resonancia mundial de algunos actores domésticos, incluyendo los así llamados "líderes mundiales".

Venezuela no escapa a esta metamorfosis. El Gobierno ha hecho uso de su discrecionalidad diplomática para alcanzar sus objetivos particulares y para fomentar su proyecto en otras latitudes, lo que veces pone en duda la legalidad de las actividades de sus funcionarios en el exterior. Y la Oposición ha encontrado en la esfera no estatal una caja de resonancia de sus legítimas advertencias sobre el deterioro de la democracia en el país. Ambos toman partido de una nueva realidad que exige respuestas diferentes a novedosos y complejos problemas. 

Publicado originalmente en El Universal

Crimea: A un año del Jaque Mate de Rusia


Lic. Jonás Estrada Aguilera

El pasado 11 de marzo, en Crimea y Sebastopol, celebraron el primer aniversario de la polémica reunificación de la República de Crimea con la Federación de Rusia. Esta reunificación se produjo a raíz de la crisis política desencadenada por las protestas en Ucrania contra el derrocado Presidente Viktor Yanukovich; y tuvo como grandes protagonistas a los servicios secretos rusos y la Flota del Mar Negro que tiene su base en el puerto de Sebastopol.

Hay que tomar en cuenta que desde hace mucho tiempo, tras la caída de la URSS, los ciudadanos crimeos -incluyendo a los habitantes de Sebastopol-, querían formar parte de Rusia, y eso se demostró con el referéndum de 2014.

Vale acotar el factor demográfico de Crimea que es muy importante a la hora de analizar los resultados de estos comicios que hicieron posible la reunificación. De acuerdo a las cifras más recientes, la mayoría étnica de Crimea son rusos, que forman el 60% de la población, la segunda población étnica con más representantes son los ucranianos, que forman el 25%, y en el tercer lugar están los tártaros con el 12%. Mientras en Sebastopol, la ciudad más grande de Crimea, el 70% de la población es rusa; el 22%, ucraniana; y casi no hay tártaros.

El 97% de la población de Crimea tiene el ruso como lengua principal. Esto significa que a Crimea le afectó mucho una de las primeras decisiones del Gobierno interino de Kiev que se formó tras el triunfo de la “Revolución EuroMaidán”, el cual canceló la ley que permitía que el ruso (y otros idiomas minoritarios) fuera oficial en las regiones multiculturales.

También es importante estudiar y analizar los antecedentes históricos. La primera guerra turco-rusa (1768-1774), permitió a Moscú controlar de facto todo el sur de Ucrania -hasta entonces dominada por el Imperio Otomano a través de su Estado títere, el Kanato de Crimea (Balta)-, mediante el Tratado de Küçük Kaynarca. Los otomanos fueron forzados a reconocer la independencia de Balta bajo influencia rusa, y cedieron a Rusia la parte de la región Yedisán entre los ríos Dniéper y Bug Meridional. Este territorio incluía el puerto de Jersón y proveyeron al Imperio ruso de su primer acceso directo al Mar Negro. Asimismo, el Tratado otorgó a Rusia los puertos crimeos de Kerch y Enikale y la región de Kabardino-Balkaria en el Cáucaso.

La segunda guerra ruso-turca (1787–1792), se debió al intento frustrado del Imperio Otomano por reconquistar territorios cedidos a Rusia en el curso de la anterior guerra, cuyo resultado fue una victoria definitiva del Imperio Ruso sobre el Imperio Otomano, a través del Tratado de Iași, que pone punto final al conflicto otomano-ruso y otorga a Moscú el control sobre toda la costa septentrional del Mar Negro.

Cuando Crimea fue recuperada por la Unión Soviética en la II Guerra Mundial, la población autóctona de tártaros musulmanes fue víctima de la represión estalinista, bajo de la acusación de colaboracionismo con la ocupación alemana. En mayo de 1944, la NKVD (antecesor de la KGB y actual FSB), deportó cerca de 200.000 tártaros de Crimea a Asia Central, en un proceso conocido como “Sürgün”. La represión también supuso la abolición de la autonomía: el 30 de junio de 1945, la República Autónoma fue convertida en el óblast (provincia) de Crimea, dentro de la República Socialista Soviética de Rusia. Tres años más tarde la ciudad de Sebastopol, base de la Flota del Mar Negro, recibió el estatus de centro administrativo y económico independiente de la óblast de Crimea.

El 19 de febrero de 1954, siendo Nikita Krushchev el Primer Secretario del PCUS, el Presidium del Sóviet Supremo de la Unión Soviética aprobó un decreto para transferir el óblast de Crimea de la RSS de Rusia a la vecina RSS de Ucrania.

Pero Krushchev jamás pensó que esa decisión de que Crimea fuese a formar parte de Ucrania, la iba a separar totalmente de Moscú, como ocurrió con la caída de la URSS, y la eclosión de Ucrania y la Federación de Rusia como Estados separados y enfrentados. Esto ha generado malestar a los rusos, que siempre han considerado Crimea parte de integral de la Federación de Rusia. A su vez, tampoco pensó que los mismos rusos que habitan en dicha península jamás se consideraron ucranianos sino ciudadanos rusos.

En conclusión, más allá de las críticas, podemos decir, que tomando en cuenta los antecedentes históricos y realidades demográficas, Crimea y Sebastopol son parte integral de la Federación de Rusia, y sencillamente Vladimir Putin actuó acorde a su patriotismo y en defensa de sus intereses nacionales, lo cual le ha granjeado un gran apoyo popular tanto en Rusia como en Crimea.

No obstante, hay que tener presente que tras la reunificación de Crimea y Sebastopol, la Federación de Rusia tiene el objetivo fundamental de dotar a la península de Crimea de todas las infraestructuras necesarias que ha perdido con la anexión a Rusia. También busca unir la península a la parte continental rusa a través de un puente que está previsto construir en el Estrecho de Kerch. Se calcula que todo el proceso, incluido el cambio de la moneda ucraniana (Grivna) a la moneda rusa (Rublo), le va a costar a Moscú varios miles de millones de euros.

El Primer Ministro ruso, Dmitri Medvédev anunció que hay planes para establecer una zona económica especial en la península, con el objetivo de que Crimea pase de ser una región que depende de los subsidios a una región contribuyente. Ucrania dotaba a Crimea de dos tercios de su presupuesto. Pero no se sabe hasta ahora de esos planes y cómo se van a hacer realidad. Se ha hablado de algún tipo de exención fiscal que ayude a atraer inversiones. Se considera a Crimea una zona muy prometedora sobre todo por su privilegiada situación geográfica, y todo el territorio podría convertirse en una zona económica especial mixta, con diversos ámbitos de desarrollo.

Antes de la reunificación, la principal actividad económica de Crimea era el turismo, pero no va a ser fácil que se recupere porque el 80% de los turistas eran ucranianos. Esto supone que Moscú tendrá que hacer un esfuerzo económico mayor para poder levantar su nuevo miembro federal.

También Rusia tendría que desarrollar los transportes y renovar los puertos -que son de los más viejos del Mar Negro-, lo que será necesario si se quiere aumentar su potencial comercial. El objetivo es conseguir que Crimea sea autosuficiente en un plazo de entre tres y cinco años, y se espera que a las empresas estatales les sigan las privadas. A largo plazo, una vez se resuelva el estatus de Crimea a nivel internacional, se espera regresen los inversionistas extranjeros, sobre todo los de la Unión Europea.

Otro problema que posee Crimea que debe resolverse de manera inmediata, es el suministro de agua, porque, aunque para el consumo humano está garantizada, no lo está para la agricultura, ya que procede de Ucrania y ésta ha limitado el suministro. Esto supone que Rusia debe negociar con Kiev o tomar otros territorios del Este de Ucrania -para romper el aislamiento de la península- en el conflicto que mantiene abierto con Kiev.

@jonaspatriota

¿Es América Latina parte de Occidente?


Embajador Alfredo Toro Hardy

La civilización occidental tiene su punto de partida en el Emperador romano Constantino, cuando imperio e Iglesia cristiana se fusionan. En esta amalgama entre cristiandad y tradición clásica se origina un modelo de vida y de sociedad de rasgos particulares. De acuerdo a J.M. Roberts: “En el corazón del cristianismo, una vez que San Pablo hizo su trabajo, se encontrará el concepto del alma individual. Ese respeto por la individualidad venía a la vez de Roma a través de sus nociones de la ley y de los derechos legales, habiendo heredado de la antigua Grecia el énfasis en la autonomía moral… Su importancia (la del individuo) puede ser debidamente valorada en la medida en que se encuentra ausente de las otras grandes culturas” (The triumph of the West, Boston, 1985).

¿Qué es Occidente?

Según señala Tom Holland, el hecho de que Grecia hubiese prevalecido milagrosamente en contra de la invasión de los persas en el 480 a.C., permitió que se sentaran las bases de Occidente. De acuerdo él: “como súbditos de un rey extranjero, los atenienses nunca hubiesen tenido la oportunidad de desarrollar su cultura democrática única. Mucho de lo que distinguió a la civilización griega hubiese sido abortado. El legado heredado por Roma y trasladado luego a la Europa moderna se hubiese encontrado sustancialmente empobrecido… Si los griegos hubiesen sucumbido a la invasión de Jerjes es muy poco probable que hubiese logrado forjarse esa entidad llamada ‘Occidente'” (Persian fire, London, 2005).

A la vez, y según refiere Roberts, las islas de espiritualidad representadas por los monasterios europeos, en tiempos de las invasiones bárbaras, permitieron preservar el legado de una civilización que de lo contrario hubiese podido perderse. Según sus palabras: “los monasterios se transformaron en las células que preservaron y transmitieron la carga genética de una civilización… manteniendo viva una cultura cuando las escuelas y bibliotecas que le daban vida, en las ciudades del viejo Mundo clásico, habían ya colapsado”.

Esta matriz civilizatoria, resultado de un proceso evolutivo muy particular, habría de afianzarse en Europa y por extensión también en otras latitudes. De acuerdo a Roberts, esta herencia se transplantaría a América del Norte, Australia, Nueva Zelandia y África del Sur.

¿Es América Latina parte de Occidente? Roberts no la incluye en su lista. Más aún Samuel Huntington, quien sin duda es el intelectual que más ha trabajado ese concepto en nuestros tiempos, no sólo excluía a América Latina del mundo occidental sino que la visualizaba como una amenaza a los valores de éste. En efecto, para él la invasión silenciosa proveniente de Hispanoamérica representaba el mayor peligro que confrontaba Estados Unidos en la preservación de su identidad occidental.

El tradicional menosprecio anglosajón por América Latina y sus valores no puede obviar, sin embargo, nuestra indudable vinculación al mundo occidental. Tal como señalaba Arturo Uslar Pietri en su obra Fantasma de dos mundos: “la familia, la casa, la urbanización, la relación social, la situación de la mujer y del hijo, nos vinieron por la Iglesia y por las leyes de Indias, a través de las Siete Partidas, de la herencia romana del derecho. El concepto de la ley, el del Estado, el del delito y la pena, el de la propiedad, nos vienen en derecha línea de la gran codificación de Justiniano”. En efecto, nuestra cultura está impregnada de una herencia católica-romana, latina, escolástica y tomista.

Somos indudablemente una parcela del Mundo occidental. Eso sí, una parcela de rasgos muy particulares. Como bien decía Bolívar: “constituimos una especie de pequeño género humano”. No somos europeos ni tampoco amerindios o africanos. Somos una combinación de esas razas y de sus respectivas claves culturales. A lo largo de la mayor parte de nuestra historia, sin embargo, la raíz rectora, aquella sustentada en los valores predominantes, fue la occidental. Nada más cónsono con una sociedad regida por sus élites.

No obstante nuestra peculiaridad ante el Mundo, aquello que nos distingue y da fuerza a nuestro pensamiento, es precisamente nuestro mestizaje cultural. Este nos sitúa dentro de un espacio de identidad muy particular: en la frontera del mundo occidental. Ello se traduce en una estructura mental ecléctica, capaz de moverse con igual facilidad al interior o al exterior de los parámetros occidentales. De manera innata podemos comprender las claves de esa civilización y ser parte de ella o situarnos al exterior de sus muros y mirarla con la curiosidad de un extraño. Esto potencia un pensamiento lateral de inmensa vitalidad.

No hay porque despreciar nuestra herencia occidental, lo que equivaldría a negar a uno de nuestros padres. Pero tampoco puede menospreciarse al otro, el cual ha enriquecido con su aporte nuestra identidad y nuestra visión del Mundo. En cualquier caso, en la parcela de pequeño género humano que somos, Occidente está presente.

Publicado originalmente en El Universal

¿Diplomacia para el siglo XXI?


Prof. Eloy Torres

Diálogo y diplomacia van de la mano. Ambos abordan la comunicación. Es esencial. Por lo que no debemos desechar los instrumentos tecnológicos de comunicación. Con la aparición de las nuevas tecnologías se ve un “nuevo diplomático”. El siglo XX fue el escenario de los gobiernos para comunicar sus “problemas” con los instrumentos que disponían, más allá de sus fronteras. El siglo XXI es más complejo. La difusión de información  a través de los medios de comunicación y redes sociales como Twitter, Facebook, YouTube, Instagram, WordPress, WhatsApp y otros, gracias a la innovación tecnológica, supera obviamente, la tradición. Esa innovación tecnológica socializadora, pone al hombre frente al hombre. Por supuesto, la tecnología por sí sola, no ofrecerá, las respuestas, pues es pura información. La solución la encontraremos en el conocimiento.

Los medios de comunicación influyen de manera conspicua en las Relaciones Internacionales, por supuesto, no al estilo de William Randolph Hearst y sus mentirosos artículos del New Journal, durante la guerra de los EEUU contra España; empero, no generan conocimiento. En el Mundo real del poder lo que importa es la  superioridad militar, económica y política. Las decisiones de los países en materia de política exterior deben apuntar al crecimiento de su poder. Nunca a compartirlo con otros.

Los avances técnico-científicos alcanzan las comunicaciones. Los gobiernos sacan provecho de éstas y construyen “historias” contra los sectores que les adversan, sobre la base de informaciones fácilmente digeribles. Nunca en el conocimiento. La guerra del Vietnam, las revoluciones árabes, la caída del Muro de Berlín, la guerra contra Irak son ejemplos de cómo se utiliza la TV para transmitir imágenes, es decir, información. El conocimiento que explica las cosas no estuvo presente en ellas.

El sistema internacional se modificó con la bomba atómica en 1945. Se impuso la Guerra Fría hasta que uno de los contendientes tiró la toalla. Fue la tecnología y el conocimiento los elementos utilizados por una sociedad abierta para derrotarlos. Los satélites, radios, celulares, televisión, internet, todos productos del conocimiento. Lo que permite hoy prefigurar a un nuevo diplomático como un mediador apoyado en la tecnología, distinto a la vieja concepción del diplomático tradicional. Esa profesión es observada, gracias a la tecnología y al conocimiento, mejor y más consustanciada con el hombre y no el Estado. La imprenta acabó con la cultura oral, hoy las redes sociales acercan el diálogo. Pero, eso sí, hay que buscar en el futuro: en la computadora y no en  el nostálgico pasado, en espadas liberadoras de antaño. Es en el conocimiento y no en la ideología trasnochada del siglo XIX. Hoy la diplomacia es conocimiento y no gritos revolucionarios. Estamos en el siglo XXI.

@eloicito

miércoles, 17 de junio de 2015

Unidad nacional frente a Guyana


Dr. Kenneth Ramírez

El pasado 11 de mayo, se produjo un histórico cambio de gobierno en Guyana. David Granger del partido Congreso Nacional del Pueblo, en alianza con partidos minoritarios, ganó las elecciones por un estrecho margen de 1,3% de los votos. Así se cerró un largo ciclo político en Georgetown, ya que el Partido Progresista del Pueblo había gobernado desde 1992, y quedó fuera de juego el Ex-Presidente Donald Ramotar, quien demostró con creces su animosidad contra Venezuela. Lamentablemente, para evitar mostrar debilidad ante una Asamblea Nacional donde apenas tiene un representante más que la oposición, el Presidente Granger decidió ratificar la línea ofensiva de su antecesor contra Venezuela, y confirmó las abusivas concesiones petroleras entregadas en aguas que corresponden tanto al Esequibo como a nuestra Fachada Atlántica. Aquí destaca las actividades exploratorias del buque DeepWater Champion en el bloque Stabroek –participado al 45% por Exxon, 30% por Hess y 25% por la empresa china CNOOC-, donde fue declarado un “significativo descubrimiento de petróleo” el pasado 7 de mayo.

Dado que el Servicio Geológico de EEUU señala que en toda la zona marítima por delimitar entre Venezuela y Guyana pueden existir recursos prospectivos entre 13,6 y 15,2 millardos de barriles de petróleo liviano –similar en envergadura al descubrimiento de Brasil en áreas pre-sal desde 2007-, y entre 32 y 42 billones de pies cúbicos de gas natural, los políticos guyaneses han empezado a hablar de su país en medios diplomáticos como la “Kuwait de El Caribe”. En efecto, si estos recursos son certificados y se transforman en reservas comercialmente explotables, Guyana podría producir en una década al menos 1 millón de barriles diarios de petróleo, pasando a ser un exportador petrolero neto.

Por ello, en los últimos años, Guyana ha pretendido hacer avanzar con una serie de actos unilaterales hostiles su tesis marítima maximalista, ya no sólo desconociendo nuestros derechos sobre las aguas del Esequibo que deben negociase en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, sino incluso intentando cerrarnos nuestra estratégica salida al Atlántico. Su propósito no es otro que crear un conflicto y por esta vía forzarnos a ir a un arreglo judicial: Una estratagema que le resultó con Surinam. Empero, Venezuela a diferencia de Surinam no es signataria de la Convención del Derecho del Mar ni firmó el Protocolo Facultativo sobre Jurisdicción Obligatoria de la Corte Internacional de Justicia. Es decir, que cualquier vía judicial que se quiera explorar requiere la aquiescencia venezolana. Por ello, Guyana también busca victimizarse y promover la intervención de terceras potencias que forzarían eventualmente a Venezuela a aceptar esta vía.

Ya que Georgetown parece haber entendido como debilidad la postura venezolana de profundizar la cooperación bilateral más allá de nuestro legítimo reclamo del Esequibo, y ha interpretado la muerte de Hugo Chávez y la crisis económica como un momento propicio para pasar a la ofensiva, debemos mostrar firmeza y unidad frente a sus pretensiones. En este sentido, el Decreto Presidencial 1787 del 27 de mayo, declarando una Zona Operativa de Defensa Integral Marítima e Insular (ZODIMAIN) en toda la Fachada Atlántica y áreas marinas del Esequibo, es un buen primer paso al enviar un mensaje contundente: Venezuela también tiene una tesis marítima maximalista y puede jugar unilateralmente, de manera que, resulta más conveniente retomar los buenos oficios en el marco del Acuerdo de Ginebra.

Recientemente, el Canciller de Guyana, Carl Greenidge, señaló que acudiría ante el Secretario General de la ONU invocando el Acuerdo de Ginebra para “solicitar un arreglo judicial” sobre el “cuestionamiento” venezolano a la “validez del Laudo Arbitral de 1899”. Esta posición guyanesa absurda –al retrotraerse al Laudo Arbitral y dejar a un lado lo dispuesto en el propio Acuerdo de Ginebra que invoca- e inamistosa –al no tomar la posición de Venezuela-, debe ser enfrentada con decisión. El patrullaje de la Armada Nacional a lo largo de la ZODIMAIN, y una evaluación del acuerdo de petróleo por arroz en el marco de PETROCARIBE que genera tantos beneficios económicos a Guyana -Venezuela suministra 5 mil barriles diarios, esto es, 50% de su consumo; y adquiere 50% de sus exportaciones de arroz-, deberían catalizar una reunión de cancilleres.

No obstante, es crucial forjar una unidad nacional amplia, para lo cual proponemos que el Presidente Maduro explore la creación de una Comisión Presidencial para la Defensa del Esequibo y la Fachada Atlántica, que reúna a miembros de todas las fuerzas políticas, la Fuerza Armada y expertos en el tema, con el propósito de consensuar una sólida posición venezolana frente a Guyana. En este contexto, los partidos de oposición deben ofrecer apoyo –aunque sea crítico- al gobierno. La defensa de la integridad territorial y recursos vitales para futuras generaciones, no debe ser obstaculizada por diferencias ideológicas ni mezquindades políticas. Venezuela dividida no puede prevalecer. Además, debemos aprovechar el interés que por primera vez tiene Guyana en buscar una solución.

Finalmente, resulta de capital importancia designar un negociador venezolano a tiempo completo, el cual a su vez debe encabezar una campaña diplomática para explicar nuestra posición y exigir al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, el nombramiento de un nuevo buen oficiante que no tenga pasaporte de la CARICOM, dado los vínculos históricos que le harían proclive a la posición guyanesa. Ya hemos tenido suficiente con Alister McIntyre (1989-1999) de Grenada, Oliver Jackman (1999-2007) de Barbados, y Norman Girvan (2010-2014) de Jamaica. Desde esta tribuna proponemos al Ex–Secretario General de la ONU, Kofi Annan, quien cuenta con una excepcional experiencia para propiciar una solución para este histórico diferendo limítrofe. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

lunes, 15 de junio de 2015

A 40 años de Vietnam: una guerra absurda


Prof. Eloy Torres

El pasado 30 de abril, el pueblo de Vietnam celebró el 40 Aniversario de su triunfo frente a EEUU. La caída de Saigón –hoy Ciudad Ho Chi Minh- supuso el fin de un sangriento conflicto bélico y la unificación del país bajo las banderas comunistas.

La guerra del Vietnam fue un absurdo, propio del maniqueísmo  entre  buenos y malos. Para EEUU fue tan nefasta como la guerra de secesión. Vietnam fue para EEUU una humillación. Una guerra sin sentido, durante mucho tiempo; con muertos, múltiples heridos, mutilados de guerra y una sociedad polarizada absurdamente. Un despropósito. Ese conflicto cambió la perspectiva de la relaciones del estadounidense medio con su gobierno. La crisis en el Medio Oriente lo confirma. Alguien la bautizó  “una tragedia en 5 actos”. Es decir, cada Presidente la dirigió con los mismos actores, guión, igual escenario e idéntico resultado: una catástrofe. La intensidad de cada Presidente mostró una ceguera extraordinaria. Errores, tras errores de 5 Presidentes de los EEUU que llevaron, sobre su hombros, la muerte de 60.000 soldados, miles de heridos y mutilados estadounidenses, además de casi 2.000.000 de ciudadanos vietnamitas. Junto a esos elementos hay otro que les marcó: la derrota. Ese pueblo ganó esa guerra y “La posición de EEUU como superpotencia se vio inexorablemente debilitada por la prevista derrota en Vietnam, país del que la mayor potencia militar del Mundo tuvo que retirarse en 1975” (E. Hobswban, Historia del siglo XX, pág. 450).

El drama lo inició Truman quien acosado por el endurecimiento de la pos-guerra en Europa intervino en Indochina y no observó que Asia estaba afectada por el colonialismo. Un hombre que  rechazaba al colonialismo, observó, al principio, a Ho Chi Minh con buenos ojos e incluso fue ambiguo con los franceses en Indochina. La realidad cambió. Apareció la Guerra Fría. Europa era el centro. Grecia, los tanques soviéticos en Europa del Este, la Cortina de Hierro, entre otros, se impusieron; la guerra, de nuevo, se calentaba. La percepción de Truman, sobre Asia inició un proceso de cambio. Asia debía abordarse con la simplicidad maniquea: el Mundo libre contra el comunismo. Ho Chi Minh se convirtió en el enemigo. Los EEUU no vieron la posibilidad de encontrar en éste a un líder ponderado. Nada; para ellos, Mao Tse Tung, Kim Il  Sung y Ho Chi Minh eran lo mismo. Desconocían las fuerzas profundas de la historia de esos pueblos. Excluyeron que entre Vietnam y China existiera un contencioso histórico. Truman se lanzó a la aventura, luego de que Francia fuese derrotada en Dien Bien Phu, por el Mariscal Nuyeng Van Giap al frente de las tropas vietnamitas. La Guerra Fría determinó que Asia era vital. Truman expandió el conflicto europeo al Asia. Desconoció la realidad del Sudeste Asiático. Error.

Luego, Eisenhower y John Foster Dulles, decidieron actuar rápido para evitar que China interviniese en Vietnam. Falso. Beijing no quería intervenir. Francia perdió el conflicto y los estadounidenses lo hicieron en la idea de crear un esquema similar al de Corea. Es decir el Norte y el Sur. Hasta el final de su mandato, Eisenhower apoyó al régimen corrupto del Saigón. Ignoró la historia. Los EEUU enviaron consejeros. A pesar de la reciente derrota de los franceses la Administración Eisenhower en nombre del “Mundo libre”, decidió intervenir en ese diminuto país, que además no representaba una amenaza para la seguridad de los EEUU.

El corto mandato del más carismático Presidente de EEUU, John F. Kennedy, destacó por su  implicación en el conflicto con Cuba, tema clave y peligroso, la crisis de Berlín, además el fracaso de las conversaciones con Jrushov aumentaron la presión. El complejo industrial militar se impuso y Kennedy, a pesar de estar en contra del envío de tropas a ese país, mostró una mayor implicación en un conflicto que nadie quería. Lyndon Johnson, visitó en 1961 al Vietnam. Éste estimuló el apoyo a los líderes vietnamitas a pesar de lo corrupto que eran. Se propuso enviar 10.000 soldados y una flota de aviones para salvarlos del comunismo. Kennedy autorizó enviar 15.000 asesores militares y unidades de apoyo.

El corrupto ejército de Vietnam del Sur se mostraba indefenso frente a los guerrilleros. La situación no pintaba clara. Es cuando aparece Robert McNamara, Secretario de Defensa, un hombre convencido de derrotar a los diminutos guerrilleros. Su filosofía: el uso de la alta tecnología, más la fanática creencia de controlar todas las variables relevantes, por lo que el éxito sería cuestión de tiempo. Kennedy fue asesinado y no alcanzó a comprender que había subestimado a los  vietnamitas. Vietnam no era Corea. La guerra con ese país fue convencional, pero con Vietnam no. Eran guerrilleros, fortalecidos por la idea del rechazo al colonialismo y la invasión  extranjera. Los estadounidenses calcularon que sus recursos financieros, tecnológicos, y sofisticadas armas serían suficientes para acabar con el “ejército de campesinos” de Ho Chi Minh. McNamara confesó tardíamente haberse equivocado terriblemente. Su error emanó de la creencia sobre el  “supuesto” papel negativo de Vietnam en la Guerra Fría.

Johnson, asumió el poder, tras morir Kennedy y envió tropas al Vietnam. Acentuó los errores e involucró a EEUU en una guerra cada vez más rechazada por su país y el Mundo, y lo colocó al borde de un desastre nacional. Durante todo su mandato, más el restante que había heredado de  Kennedy, Johnson envió 500.000 soldados a Indochina. No obstante, su enemigo seguía vivo y golpeaba. La sociedad estadounidense se dividió. Su aviación bombardeaba al Vietnam pero, sus efectos se sentían con fuerza en la población estadounidense que rechazaba la guerra. Sin embargo, la consigna era “más tropas y más bombardeos”. Durante 3 años, Johnson, con la complicidad de McNamara y Dean Rush, engañaron al Congreso e intensificaron la presencia de EEUU en Vietnam. Los bombardeos se multiplicaron y los ataques de las guerrillas también. El fracaso se percibía. Hubo un verdadero “sacudón”.

Johnson comprendió tarde el desastre por su propia culpa. Ignoró la realidad. Por lo que Johnson se retiró de la contienda presidencial. No tenía oportunidad. Su único tema: la lucha contra el comunismo, era insuficiente. Johnson nunca comprendió la diferencia entre Vietnam del Norte y el del Sur: los soldados de Ho Chi Minh daban su vida por su líder y la reunificación de su patria, mientras que los de Saigón no tenían preciso por qué luchaban. Además, Johnson no comprendió que Ho Chi Minh no se dejaba impresionar por la fuerza que exhibía el poder estadounidense. El líder vietnamita había infundido en sus hombres la idea de luchar hasta el final. Los estadounidenses se encontraron ante el dilema que le imponía la realidad: la derrota o una escalada y bombardear todo el Vietnam y destruirlo. ¿Quién pagaría las consecuencias? Vietnam le había vencido.

La decisión final recayó en Nixon, su sucesor, quien junto a Kissinger, impuso la política de  “vietnamizar” el conflicto; es decir, abandonar espacios ocupados por sus tropas y dejar en manos de soldados vietnamitas la responsabilidad de hacer la guerra. La intención era retirarse del conflicto y dejar atrás un gobierno anticomunista estable. Las tropas guerrilleras fortalecidas iniciaron, gradualmente, su avance sobre Saigón. Ante ese reto, Nixon respondió mediante la destrucción de los santuarios comunistas en Camboya y Laos además del reinicio de los bombardeos a Hanói. Se buscaba la paz, pero la guerra mostraba que, para alcanzarla, su búsqueda podía ser más feroz. ¡Una paradoja! A Nixon le tocó ocupar el lugar de los hombres de las decisiones que no se pierden en recuerdos ni creen en sueños. Fue realista. Tomó el toro por los cuernos y domó el monstruo bélico, en su interior y en el del complejo militar estadounidense, y buscó una paz honorable. Inició un complejo y difícil proceso de paz. Ello, bajo formas un tanto enrevesadas, que le costó su salida del poder.

El proceso de negociación se inició en París. Había esperanza de alcanzarla. Fue tortuoso el camino de las negociaciones diplomáticas; mientras seguían los bombardeos y en las selvas asiáticas se mataban los soldados. El primer año, la discusión se centró en el tipo de mesa donde discutir. Luego los años siguientes, fueron todo un torneo de diplomacia. Nixon y Kissinger, Le Duc Thoc y Madame Bihn la alcanzaron. En sus países, particularmente en Vietnam, por negociar, (que no hacer negocios) nadie, les gritó: ¡traidores! 

Para EEUU, Vietnam fue una catástrofe que pudo haberse evitado si esos 5 Presidentes, o por lo menos 4 de ellos que dirigieron el conflicto no hubieren confundido decisiones trascendentales de política exterior, a partir de percepciones surgidas de un maniqueísmo: la lucha entre el bien y el mal. Kissinger, gracias a sus conocimientos de historia, comprendió que Vietnam estaba inmersa en una sutil confrontación con China y la URSS. Un Vietnam comunista con Ho Chi Min al frente desde los años 50 no habría cambiado el equilibrio de poder en la Guerra Fría; pero, tomando en cuenta la personalidad de éste, él habría sido un Tito asiático y ese absurdo bélico que costó tantos muertos y heridos y destrucción de la naturaleza se hubiera evitado.

@eloicito

domingo, 7 de junio de 2015

Elecciones en Turquía: El fin de la hegemonía de Erdoğan


Iván Rojas Álvarez

Después de una jornada electoral seguida muy de cerca por la Sociedad Internacional, y ya con casi la totalidad de las papeletas escrutadas -99,94% cuando se escribe este artículo-, podemos decir que la hegemonía que detentaba el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) desde 2002 ha terminado, en lo que puede significar un giro realmente importante no solo para Turquía sino para toda la región. Porque a pesar de haber ganado la contienda electoral con 40,8% de los votos, el AKP ha perdido la capacidad de formar un gobierno sin necesidad de hacer coaliciones con los otros partidos, es decir, no ha logrado ganar suficientes sillas como para formar una mayoría tal y como había hecho en la última década durante tres elecciones consecutivas.

El principal partido de oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP) obtuvo el 25% de los votos, el Partido de Acción Nacionalista (MHP) obtuvo el 16,3% y el Partido Democrático del Pueblo (HDP) obtuvo el 13,1%. Esto tendría como consecuencia que estos partidos obtuvieran alrededor de 132, 81 y 79 escaños respectivamente, en la Gran Asamblea Nacional Turca, mientras que el antes mencionado AKP obtendría 258. Es importante recordar que el sistema electoral turco tiene el umbral electoral, porcentaje mínimo de votos para obtener representación, más alto del Mundo, el cual se ubica en 10%, lo cual hace en general que partidos pequeños encuentren muchas dificultades obteniendo escaños.

Un elemento que puede considerarse importante en el desenlace de esta contienda, la cual era considerada por muchos como trascendental para el futuro de Turquía y de todo el Medio Oriente, eran las ambiciones del actual Presidente Recep Tayyip Erdoğan y su partido AKP de transformar el sistema de gobierno turco, de parlamentario a presidencialista, aumentando así los poderes del Presidente Erdoğan, quien ya de por sí ha sido acusado durante la última década tanto dentro como fuera de las fronteras de su país, de tener un talante autoritario, y de socavar parte de la institucionalidad del país concentrando más poder en su persona y su partido.

Tanto el líder del HDP, partido pro-kurdo y abierto a todas las etnias y sectores del país, Selahathin Demirtas, como el líder del CHP,  Murat Karayalcin, coincidieron en declaraciones hechas durante este domingo, en que se había demostrado a través de los votos que el pueblo turco no quería un sistema presidencial de gobierno. Para hacer los cambios constitucionales necesarios para este cometido, el AKP hubiese necesitado dos tercios de los escaños, es decir, 367 de los 550 del Parlamento o, en su defecto, 330 escaños para lograr tres quintos y tratar de lograr esos cambios a través de un referéndum.
En los próximos días se exploraran las opciones que tiene el AKP para formar gobierno; el HDP ya ha descartado públicamente la posibilidad de hacer una coalición con el hasta ahora partido dominante, al igual que lo hizo el líder del CHP Kemal Kılıçdaroğlu cuando fue preguntado sobre este asunto antes de las elecciones. Y aunque hay varias combinaciones que matemáticamente le darían un gobierno de mayoría, lo más probable es que el AKP busque formar un gobierno de minoría, lo cual tendría, como en todos los Estados de corte parlamentario, una estabilidad mucho menor que un gobierno de mayoría, fuese este de un solo partido o de coalición. Este escenario le daría a los partidos de opción bastante capacidad de bloquear las acciones gubernamentales cuando así lo consideraran necesario.

Por otra parte hay que decir que la “derrota” del AKP podría ser achacada no solo a la intención del cambio de sistema de gobierno y al proceso de centralización del poder, sino además al carácter cada vez más represivo que el gobierno había tomado, tanto con Erdoğan como Primer Ministro como durante su más reciente ejercicio como Presidente. A nivel de la prensa internacional fue bastante seguido el caso de las protestas en el Taksim Gezi Park de Estambul, las cuales aunque iniciaron a partir del descontento por un plan de rediseño urbano evolucionaron, en parte debido a la represión, en protestas con una agenda mucho más amplia, que incluía la contrariedad hacia múltiples temas políticos y sociales. Otros casos polémicos han sido los constantes ataques contra la libertad de expresión en el país, siendo el más conocida la censura a la red social Twitter hecha en marzo del año pasado, a raíz de acusaciones de corrupción hechas en dicha red social hacia el circulo interno del entonces Primer Ministro Erdoğan.

Esta derrota entonces se puede entender como una repuesta sobre todo de los grupos minoritarios como lo son las mujeres, los kurdos, los activistas LGTB y otros muchos grupos étnicos, políticos, religiosos y sociales que podían sentir que un gobierno más autoritario podría acabar con sus ya limitadas libertades, razón sobre todo por la cual la oferta del HDP, el cual incluyó en su lista de candidatos a miembros de todos estos grupos, por ejemplo armenios, azeríes, asirios y muchos otros, además de 268 mujeres, resultó especialmente atractiva para muchos. Este partido, a pesar de su inclinación anti-sistema y anti-liberal, lo cual ha traído comparaciones con el partido español Podemos, representaba para muchos observadores externos un contra peso necesario para el AKP, que había convertido a la República laica por excelencia en el Medio Oriente en un Estado de corte bastante más religioso y bastante más conservador.

Finalmente, es interesante recordar que esta coyuntura electoral se ha dado a pesar de que Turquía en la última década y media ha experimentado un importante crecimiento y desarrollo económico, siendo la prosperidad alcanzada por muchas zonas antes deprimidas la base de la popularidad del AKP. Esto se ve reflejado en cifras como la disminución de la pobreza de 16,4% en 2005 a 2,3% en 2012 según cifras del Banco Mundial (la misma fuente ubica la pobreza de Venezuela en 25,4% en ese año); un ascenso en el PIB per cápita de 2.850 a 10.790 dólares entre 1995 y 2013 según la fuente antes citada.  Además, Turquía ha sido incluido en varios grupos de países considerados por analistas como de las economías emergentes más importantes como los “Next Eleven” y los “MINT” (México, Indonesia, Nigeria y Turquía) o los “MIKTA” (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia); aparte de ser junto con Arabia Saudita el único Estado de Medio Oriente que es parte del G-20.

Entonces queda esperar la formación de un gobierno y el intercambio inicial entre los ahora bloques parlamentarios para poder vislumbrar el futuro de la agenda política turca, la cual por lo estratégico del país afectará la política internacional de lo que queda de década, especialmente en Europa, el Medio Oriente y los EEUU. 

@IvanRojas92

miércoles, 3 de junio de 2015

Reunión OPEP: Parte de guerra


Dr. Kenneth Ramírez

Este viernes 5 de junio tendrá lugar la 167° Reunión Ministerial de la OPEP en Viena. En los pasillos de la sede del grupo, así como en el Palacio de Hofburg donde dos días antes se celebrará el 6° Seminario Internacional de la OPEP, los delegados de los Estados miembros discutirán la situación del mercado petrolero, las diferentes tesis esgrimidas por los analistas y la estrategia a seguir.

En primer lugar, vale la pena señalar que se espera que la OPEP deje su producción sin cambios. No hay consenso para realizar recortes. Arabia Saudita ha impuesto la histórica decisión de defender la cuota del grupo, con el propósito de expulsar a los competidores menos eficientes –es decir, con mayores costos de producción- del mercado, y más concretamente, a los productores de esquistos de EEUU. Así, Arabia Saudita, las petro-monarquías e Irak han elevado su producción en 1,4 millones de barriles diarios (MMBD) respecto a la pasada reunión de la OPEP, lo cual generó una caída de más de 50 $/Bl en los precios del petróleo respecto a junio del año pasado. Además, Irak espera aumentar en 750 mil barriles diarios (MBD) sus exportaciones en los próximos meses; por no mencionar los avances en las negociaciones nucleares con Irán.

La puerta que dejó abierta el Ministro de Petróleo saudita, Alí Al-Naimi, para realizar recortes junto a productores No-OPEP, y en concreto Rusia, no se ha traducido en resultados. La diplomacia venezolana se ha esforzado en desarrollar esta estrategia, con tres visitas del Presidente Maduro este año a Moscú, además de varias visitas de la Canciller Rodríguez y el Ministro de Petróleo Chávez; pero a pesar de las intensas consultas, Rusia ha optado hasta ahora por no coordinarse. Se espera que el Ministro ruso Alexander Novak asista al Seminario OPEP en Viena, pero ya ha señalado que sus campos son más difíciles de gestionar, por lo cual su compromiso se remitiría a mantener su actual producción. Empero, en la práctica, Rusia también ha aumentado su producción en 200 MBD respecto a 2014, alcanzando 10,7 MMBD en mayo -nivel récord en la era pos-soviética.

Esto nos lleva a la necesidad de hacer un parte de la guerra declarada por Naimi contra los esquistos desde la pasada reunión de la OPEP en noviembre. En una posición optimista debemos citar las últimas declaraciones de funcionarios sauditas, quienes han subrayado que existen claros signos que apuntan a una victoria de la OPEP; entre ellos, la estabilización de los precios en torno a 60 $/Bl y la caída de taladros en EEUU. De hecho, el Departamento de Energía de EEUU ha señalado que la producción de esquistos disminuirá en 54 MBD en mayo y en 86 MBD en junio de 2015 –primer descenso mensual en 4 años. A partir de aquí hay diferencias de opinión en torno a que sucedería. Para los sauditas, la producción de esquistos decrecería y el exceso de oferta de 2 MMBD empezaría a drenarse del mercado en 2016, con lo cual los precios se recuperarán hasta ubicarse en 70 $/Bl. Para la empresa petrolera italiana ENI, el sector de esquistos terminará desplomándose, y los precios rebotarán a 100 $/Bl en 2017, alertando sobre los efectos en la economía mundial. Los productores OPEP más débiles debido a sus necesidades de ingresos y exposición financiera –entre ellos Venezuela- seguirán sufriendo en el mediano plazo.

No obstante, los analistas de la OPEP, la Agencia Internacional de Energía y las grandes consultoras son más pesimistas, y han apuntado a que la guerra entre jeques y esquistos apenas acaba de empezar. Señalan que la producción de esquistos en EEUU está siendo más resistente de lo esperado, y agregan que seguirá aumentando en los próximos años, aunque a un ritmo más lento. Goldman Sachs espera que este año la producción de esquistos aumente 170 MBD en 2015 y 225 MBD en 2016. Wood Mackenzie 670 MBD en 2015 y 420 MBD en 2016. El débil crecimiento demanda petrolera y el aumento de la oferta No-OPEP, reduciría el espacio para el crudo OPEP –call on OPEP-, desde 30 MMBD en 2014 hasta 28,2 MMBD en 2017, lo cual tendría que llevar al grupo a la decisión de recortar desde los 31,22 MMBD que produce hoy por hoy, o aceptar precios aún más bajos. Para 2019, el espacio de la OPEP se recuperaría levemente hasta 28,7 MMBD –todavía por debajo de 2014-, y alcanzaría 40 MMBD en 2040. No obstante, sin recortes, los precios se ubicarían en 75 $/Bl en 2025; es decir, de mantenerse la estrategia saudita, los precios estarían por debajo de 100 $/Bl por una década.

Aunque es cierto que los taladros en EEUU han caído en 59% desde octubre de 2014 –su menor nivel desde septiembre de 2010-; Goldman Sachs ha señalado que a finales de mayo la caída se ha detenido, y que los pozos sin fracturación –los llamados fracklog- se han multiplicado a la espera de un repunte de precios –bien por aumento de demanda o recortes OPEP. En otras palabras, un “baño de sangre” de los productores de esquistos habría sido evitado gracias a sus esfuerzos por reducir costos y su estrecha relación con los bancos de EEUU que han permitido refinanciar sus deudas, mantener producción y prepararse para aumentarla cuando mejoren los precios vía la estrategia fracklog, lo cual mantendría los precios presionados a la baja. Esto, sumado a posibles mejoras tecnológicas, lleva a los más osados a señalar que la OPEP habría perdido su rol como productor de equilibrio –swing producer- al menos por una década, a manos de EEUU. Por supuesto, esto ya no sería política petrolera sino decisiones comerciales de los productores de esquistos, quienes optarían por mantener o ampliar producción en meses para balancear el mercado, haciendo que los precios sean muy volátiles en torno a un punto de equilibrio.

La clave para la OPEP se encuentra en mantener la cohesión para llegar en una sola pieza al final de una guerra que puede durar unos años o una década. ¿Y usted qué opina?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina

Eurasia y el Atlantismo en el siglo XXI


Prof. Eloy Torres

Barry Buzan y Richard Little en su trabajo International Systems in World History. Remaking the Study of International Relations, analizan el desarrollo de la idea de la supremacía, por ejemplo, del poder marítimo en la historia de la Humanidad. El trabajo destaca el llamado de atención que hiciera Alfred Mahan, sobre el peligro que representa, para la “civilización marítima”, países como Alemania, China y Rusia. Por lo que era necesaria una victoria sobre Rusia, esa masa continental “sin interrupción” que se extiende desde Europa hasta tocar la nariz del país del sol naciente. Había que evitar su fortalecimiento. Ahora bien, según los autores citados, una estrategia bien asentada era el bloqueo de los territorios enemigos en el mar y a lo largo de las líneas costeras, hasta agotarlos. Se ha estudiado la aportación del geógrafo Mackinder quien ha mostrado la importancia de la geopolítica de la zona geográfica. Eurasia es clave en el análisis del Mundo y Rusia su exponente.

Eurasia, un modelo de civilización que no se inscribe en los ideales de democracia y libertad occidentales (el Atlantismo). Éstos no se corresponden con los de los euroasiáticos y difícilmente lo aceptan en sus zonas geográficas. Halford Mackinder fue visionario cuando argumentó que había que considerar a China con sus implicaciones. Los rusos, tras una pausa de 74 años de socialismo sangriento, como confiscador lo comprendieron y hoy vuelcan su mirada hacia ese gigante; hoy  mantienen,  en común, con los chinos, elementos axiológicos, entre ellos la animadversión hacia el Atlantismo; ambos “ninguneados” por éste y Crimea es una respuesta.

El drama ucraniano se inscribe en la preocupación de Mackinder. Crimea es el resultado de una lógica evolutiva. Europa y los EEUU no tienen razón por lo de Ucrania. La historia lo afirma. Ella es rusa, fue ucraniana durante 60 años; gracias a un obsequio del Jrushov. Rusia la perdió sin disparar un tiro y la reconquistó de la misma forma, pacíficamente; por lo menos el conflicto fue mediático, no real. Lo mediático, al principio fue ruido y punto. Luego ciertos movimientos casi llevan a una guerra generalizada. Hubo amagos sangrientos, es verdad, pero las cosas no fueron más allá. Todavía el peligro se mueve a “lo ruso” en la zona. A pesar de todo creemos que los representantes del pensamiento atlantista, contrario a lo apuntaban Mahan y Mackinder, no se salieron con la suya. Algo se mueve. Decíamos en otros contextos que el paradigma del constructivismo liberal en las Relaciones internacionales había fracasado en el caso de Ucrania y Rusia; es decir esa corriente de pensamiento de moda que se opone a las teorías realistas. Esta tesis no contempla lo que Renouvin, llamó: las fuerzas profundas de la historia. Para no hablar sobre aquellos que optan por privilegiar el discurso económico y olvidan el político, o bien osadamente, hablan del fin de las fronteras entre los Estados y que la economía lo resuelve todo. Luego critican a todo aquel que toque la historia. Éstos son acusados de cultores del “isomorfismo histórico”. Veremos más adelante.

Eurasianismo es una corriente de pensamiento, una doctrina que imperceptiblemente se fue difundiendo entre las dos guerras que sacudieron al Mundo durante el siglo XX. Elaborada por la intelectualidad rusa sacrificada sanguinariamente por Lenin y luego por Stalin. Solzhenitsin en su literatura apuntaba esa dirección. Rusia debe buscar su redefinición en el Mundo. Los eurasianistas, enemigos de las tesis marxistas, por el “internacionalismo comunista” que, según ellos, emanan de las corrientes europeístas, particularmente de la intelectualidad de los grupos judíos, cuyas brillantes mentes arroparon a Europa. No es casual el odio de Hitler y Stalin contra esa comunidad. Un germano, no alemán y un paneslavo no ruso, sino georgiano. Hoy los eurasianistas ven florecer las condiciones que habían prefigurado. Putin –con su proyecto de Unión Euroasiática- es hoy su máximo exponente.

Es toda una discusión en la intelectualidad de ese país, que no “inteligentza” rusa. Esta última es  otra cosa, pues siempre manifestaron su apego a la cultura europea, en tanto que la intelectualidad rusa con Berdiaeff, Vernadsky, entre otros, alimentados con la savia dostoievskiana según la cual, Rusia no es europea ni asiática; ella es una etnia separada cuyo fundamento axiológico se inscribe en la ortodoxia cristiana. Es decir en algo que no es ni lo uno ni lo otro; en referencia a Europa y a Asia. Para los eurasianistas, el concepto o ideal de democracia europea no es válido para Rusia, tampoco el marxismo leninismo. La forma política de éstos debe ser la “ideocracia”. Vale decir  la  unidad basada en la ortodoxia cristiana. Esa unidad según los euroasiáticos, fue la clave de Lenin, pero su error: substituir la ortodoxia cristiana con esas ideas paganas del bolchevismo. Era una arbitraria substitución por parte de ese régimen. La idea de Eurasia fue adormida por los tiempos.

Hoy Rusia, con Putin a la cabeza, observa la posibilidad de reconstruir el concepto de Eurasia. Crimea es un hecho cuya razón es innegable y sirve de catalizador para el reacomodo  internacional de Rusia. Tras la desaparición del imperio zarista y luego de la URSS, Rusia con el concepto de Eurasia, busca una redefinición frente a Occidente. Se observa un  nacionalismo imperial. Eurasia es un concepto que moldea una actitud. Ella substituye a la ideología comunista, pero cumple el mismo papel. Dicen los expertos que así como el marxismo leninismo substituyó la idea imperial del carácter misionero de la religión ortodoxa de Rusia, es decir como idea civilizatoria, el concepto de Eurasia substituye al internacionalismo soviético. Rusia va por sus fueros y Crimea es apenas la punta del iceberg; ella en conjunción con otros factores dinamizadores de las relaciones internacionales, como China, por ejemplo, constituye un elemento que Occidente debe ponderar. 

@eloicito

miércoles, 20 de mayo de 2015

Petróleo y sucesión saudita


Dr. Kenneth Ramírez

Con apenas tres meses y medio en el poder, el Rey Salman bin Abdulaziz Al-Saud ha introducido grandes cambios en el liderazgo saudita. Hay por lo menos dos maneras de entenderlos. Por un lado, como una decisión positiva hacia una transición generacional largamente esperada desde los hijos a los nietos del Rey fundador, Ibn Saud - quien dispuso que la corona pasara de hermano a hermano a través de cada generación-; así como el empoderamiento de algunos de los más brillantes príncipes de esta nueva generación. No obstante, esta historia tiene otra lectura sombría, la cual apunta a un golpe de Estado de la rama Sudairi de la Casa Saud. Los Sudairi son los hijos y nietos nacidos a partir de la unión del Rey Ibn Saud con su esposa favorita, Hassa bint Ahmed al-Sudairi. Esa unión produjo siete hijos, el mayor bloque de hermanos completos dentro de los treinta y siete hijos varones del Rey fundador. El fallecido Rey Fahd era el mayor de ellos, pero  también el fallecido Ex-Ministro de Defensa y Príncipe heredero Sultan, el fallecido Ex-Ministro del Interior y Príncipe heredero Nayef, y ahora el Rey Salman. Durante décadas, los Sudairi han constituido una agrupación muy fuerte dentro de la familia real, y en los años de reinado efectivo de Fahd (1982-1995) controlaron el país. Empero, su cohesión y ambición han provocado rivalidades con sus medios hermanos, a quienes disgusta sus políticas autoritarias, agresivas y dispendiosas, tanto como sus intentos de monopolizar el poder.

Tras los cambios, casi todos los cargos importantes en el gabinete saudita lo detenta un Príncipe Sudairi o un funcionario capaz sin sangre real como el nuevo Canciller, Adel Al-Jubeir. Sólo el Príncipe Mutaib, hijo del difunto Rey Abdullah, permanece como miembro de otra rama de la Casa Saud en un cargo clave (Jefe de la Guardia Nacional). Aunque se cree que debido a su edad y frágil salud, el Príncipe Saud Al-Faisal renunció como Canciller –tras ocupar este cargo por 40 años-, lo cierto es que su salida también eliminó una figura poderosa de otra rama.

Lo más impresionante de todo, fue que el Rey Salman removió a su medio hermano el Príncipe Muqrin como heredero –quizás facilitado por ser de madre yemenita. El Príncipe Muqrin era el último hijo de Ibn Saud en la línea de sucesión, siendo relativamente joven para los estándares sauditas (69 años). Además, fue elegido por el finado Rey Abdullah para suceder a Salman y evitar así una concentración de poder en los Sudairi. Esta acción sin precedentes desde la formación del moderno Estado saudita en 1932, ha dejado a dos príncipes Sudairi como próximos en la línea de sucesión, con Mohamed bin Nayef (sobrino del Rey Salman, 55 años) y Mohamed bin Salman (hijo del Rey Salman, 30 años). De esta manera, el clan Sudairi podría reinar al menos los próximos 50 años. En consecuencia, bien podría decirse que Arabia Saudita ha sido transformada en “Arabia Sudairi”, lo cual no debe tener al resto de la familia real complacida.

Por ello, para aumentar la legitimidad de los cambios, se dieron bonos a los cuerpos de seguridad y empleados públicos. En efecto, el Rey Salman ha gastado 36 millardos de dólares en estos meses, y aunque esto sólo representa 5% de las ingentes reservas sauditas, muestra un ritmo de gasto importante.

Todo esto dio origen a una remodelación del sector petrolero, que si bien es la base del Estado, ha estado tradicionalmente protegido de interferencias políticas. Khalid Al-Falih, funcionario de la empresa petrolera nacional Saudi Aramco, y su Director Ejecutivo desde 2008, ha pasado a ser Presidente de su Junta Directiva, en sustitución de Alí Al-Naimi, y -en un movimiento sorprendente- también fue nombrado Ministro de Salud. Por su parte, el octogenario Naimi permanece como Ministro de Petróleo –cargo que ocupa desde 1995-, aunque no ha ocultado su deseo de retirarse y concentrarse en su Presidencia de la Universidad Rey Abdullah de Ciencia y Tecnología. De hecho, se ha especulado sobre si el extraño nombramiento de Khalid Al-Falih como Ministro de Salud, es una manera de prepararlo en materia de política palaciega para relevar a Naimi en unos meses.

El Príncipe heredero Mohamed bin Salman ha pasado a liderar el Consejo Supremo de Saudi Aramco y el Consejo Supremo de Economía –nuevos entes supervisores-, desde los que podrá consolidar su poder. Su visión es hacer responder a Saudi Aramco ante su autoridad y no la del Ministerio, e involucrarla en iniciativas económicas más allá del petróleo. Otro de los hijos del Rey Salman, Abdulaziz bin Salman –a quien conocimos liderando activamente la delegación saudita en el Foro Internacional de Energía-, ha sido promovido desde el cargo de Asistente del Ministro de Petróleo –cargo que también ha ocupado desde 1995-, a Viceministro de Petróleo. Por tanto, es otro candidato para relevar a Naimi, y aunque esto rompería la tradición saudita de no nominar a ningún miembro de la familia real en el Ministerio de Petróleo, la ambición del clan Sudairi, su experiencia y el debilitamiento del Ministerio, podrían abrirle las puertas.

No hay ninguna señal de que un nuevo Ministro de Petróleo -bien sea Khalid Al-Falih, o el Príncipe Abdulaziz- se vaya a apartar de la política petrolera actual de defender la cuota de mercado y tolerar menores precios del petróleo. De hecho, el último informe de la Agencia Internacional de Energía, que señala una caída de taladros de 60% en EEUU y una reducción en los pronósticos de producción de esquistos, ha fortalecido el compromiso con la estrategia de Naimi en Riad.

La política petrolera y el liderazgo emergente parecen claros. Pero se abren interrogantes sobre si Saudi Aramco o el Ministerio de Petróleo van a convertirse en un vehículo para ambiciones y pugnas dentro de la familia real, o si la empresa petrolera nacional se verá sobrecargada con proyectos no petroleros que pueden terminar erosionando su eficiencia: ¿Estamos ante una nueva “Sudairi Aramco”?

Publicado originalmente en El Mundo Economía y Negocios

@kenopina